Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Eriol Hiraguizawa

Vi como la puerta se cerró al salir Tomoyo. Me quede allí por unos instantes hasta que vi que la puerta se abrió de nuevo dejando a la vista la figura de mi guardiana de la luna.

-Na…ku…ru… -dije apenas sin saber cómo pronunciar una palabra coherente.

Después, reaccione.

Cerré los ojos y luego los abrí y vi que me sonreía tristemente.

Algo pasaba, lo presentía.

Pasó con ese andar elegante que había decidido darle al momento de crearla. Se sentó en uno de los sillones que había en la misma sala de hospital y cogió la caja de Mia en sus manos.

-No dejaran entrar a nadie a la junta más que a Syaoran y a Kaname. –dijo levantando la vista pero no mirándome. Parecía no atreverse a mirarme. –Sakura está con Tomoyo y Spi y Kero también están allí. Meilling entró también por ser un Li…

-Ah… -fue lo único que pude decir, así que, ¿Tomoyo prefería estar con Sakura que conmigo? Sentí un dolor punzante en el pecho. Pero no era el momento de analizar lo que YO estaba sintiendo si era eso lo que me pasaba…

Ahora lo importante era Nakuru. Tenía una expresión tan… diferente a la normal que me preocupó. Yo la había creado como una guardiana, amiga y compañera alegre y siempre sonriente.

-¿Nakuru? –pregunte acercándome al momento que ella se revolvía los cabellos con las manos. -¿Sucede algo?

-Eriol… -me dirigió una mirada anhelante como si me pidiera permiso para hablar, como si no se atreviera a decirme…

Eso me preocupó mucho, Nakuru siempre decía lo que quería cuando quería, eso nunca iba a cambiar.

-No soy humana, ¿cierto? Entonces… no debería ser capaz de sentir… ¿cierto?

-Nakuru… -dije empezando a comprender poco a poco lo que estaba diciendo me acerque un poco y me senté a su lado. Ella inclinó su cabeza y se apoyo en mi hombro mientras yo acariciaba sus cabellos.

-Yo… yo… de verdad… no quería…. De verdad… no era mi intención pero… pero… yo sólo…

-¿Por qué te disculpas, Nakuru?

-Porque me enamore de Kaname, Eriol…. De ese chico que no tiene más razón para vivir que su hermana…

Sollozó y yo seguí acariciando sus cabellos.

-¿Qué hay de malo en eso, Nakuru? –pregunté tratando de calmarla.

-No lo sé… ¡No lo sé!

No supe que decirle.

Nakuru, mi guardiana estaba enamorada de Kaname Daidouji, la última persona a la cual quería dirigirle algún pensamiento. Al pensar en él me dolía y no sabía porque. No sabía porque cada vez que pensaba en Kaname Daidouji recordaba la fría mirada amatista de Tomoyo diciéndome que necesitaba a Kaname, que él era mucho más importante que yo. Que lo necesitaba mucho mas que yo. Y eso, aunque no me debería de afectar, me dolía y me afectaba mucho.

Nakuru Akizuki

De verdad no lo sabía.

No sabía incluso porque estaba llorando o porque me estaba disculpando en ese momento. Ni mucho menos sabía porque con Eriol.

Nunca me había enamorado antes.

¿Toya? No. Toya nunca había sido nadie más que un amigo o ni siquiera eso. Me había divertido mucho fingir estar enamorada de él y yo estaba segura que Toya Kinomoto sabía ya había visto a través de mis planes.

¿Yue? Bueno, Yue era otra cosa. Era divertido hacer planes con Kerberos para hacerlo reír de vez en cuando pero en realidad, no era más que eso. Tal vez me pareciera algo lindo pero no más que eso…

Pero Kaname era diferente.

Me había enamorado de Kaname poco después de conocerlo. De ver la pureza y el valor, la inocencia y lo infantil que poseían esos brillantes ojos amatistas. Pero sobre todo, me había enamorado de él la primera vez que vi esos ojos tan llenos de deseos de proteger… de protegerme a MÍ.

-¿Cómo paso, Nakuru? –me preguntó Eriol, mi creador… mi amo. Pude captar el ligero dolor cubierto por la curiosidad en su voz. Eso era lo que temía, ¿o no? Eso era por lo que me estaba disculpando.

Eriol se había enamorado de Tomoyo aunque este no lo admitiera ni siquiera a sí mismo. Pero ese no era el problema, Eriol lo aceptaría pero el problema era definitivamente Tomoyo.

Para Tomoyo en esos momentos lo importante era su hermano. Su hermano gemelo quien no había visto en años y años por una organización mágica y por una familia temerosa de aquella organización. Para Tomoyo en esos momentos no existía nadie más importante que su hermano. Y si bien, Kaname no tenía la culpa de nada, Eriol usaría todas las excusas que le vinieran a la mente para inculparlo. Porque eso era todo lo que le quedaba culpar a otros de cosas que no comprendía.

Y por supuesto, mi enamoramiento por Kaname Daidouji era traición. Aunque no era justo para mí o para Kaname e incluso para Tomoyo, Eriol así lo pensaba, muy en el fondo aunque no lo dijera y me estuviera escuchando con una sonrisa, así era. Eriol nunca cambiaría.

¿Sería capaz de lastimar a su amo, creador y señor con tan solo palabras salidas de sus labios? Si. Era capaz. Por su amor a Kaname y además tenía que hacerlo. Tenía indudablemente que hacerlo, de otra forma lo lastimaría más.

Flashback

Era un día nevado, unos años antes de que decidieras regresar a Japón por consejo de Kaho.

Caminaba con mi padre por los pasillos de la gran clínica.

El señor Akizuki me había acogido desde el momento en que tú me creaste.

Tú lo sabes, Eriol. El me acogió a pesar de no ser humana y ser tan sólo una criatura creada por magia. Me acogió sabiendo que nunca envejeceré después de los 18. No había ningún vínculo de sangre que me uniera con él pero a pesar de todo, yo era feliz. Tal vez la persona más feliz del mundo.

-Kaname Daidouji. –empezó a leer mi padre mientras yo miraba una carpeta llena con sus datos. –Entró hace 3 años por un disparo cerca del corazón y, padece una salud frágil. Tiene pulmones, corazón y una circulación bastante débil, muy débil a decir verdad. –se detuvo un momento suspirando. –Es hijo de Sonomi Daidouji y hermano gemelo de Tomoyo Daidouji. –abrí grande los ojos pero no dije nada y reprimí el gritó en mi garganta. –No hay ningún daño psicológico e increíblemente es la persona más optimista, alegre e infantil que he visto. Pero, Nakuru, hija… Kaname ha sufrido mucho, es optimista pero no sé… cuánto daño a tratado de esconder dentro de sí mismo ni cuánto tiempo más podrá soportarlo.

-Papá… -dije mirando al hombre que consideraba mi padre, con los ojos muy abiertos, y muy sorprendida.

-Escucha, Nakuru…. Le he contado de ti. Kaname tiene magia.

Abrí la boca y los ojos aun más si era posible.

-Nakuru… supo que eras Ruby Moon sin que yo le mencionara algo, Kaname es especial. No podemos dejarlo con una persona normal ya que la Organización no lo permite, y ni sus padres ni yo dejaríamos a un niño como Kaname en manos de un miembro de la Organización.

-¿Es tan importante?

-Es la clave para destruir o salvar a este mundo, según me han contado. –dijo mirándome. –Nakuru… no debes decirle nada a Eriol. Por tu seguridad… por la de Kaname y pro al suya propia.

Asentí para después seguir viendo los papales que tenía en mis manos.

Una fotografía cayó por entre la carpeta y me incliné para recogerla. Pero alguien la recogió antes que yo.

Y entonces, vi al chico más lindo que jamás había visto en mis 17 años aparentes.

Era más alto que yo y tenía piel blanca de porcelana igual que la de su hermana. Era como ver el propio reflejo de Tomoyo Daidouji con algunos cambios pequeños. Sus cabellos eran negros grisáceos con algunos mechones cayendo por su frente. Sus ojos eran amatistas del mismo color que Tomoyo, amatistas o violetas, no supe definirlo bien, pero a diferencia de los de su hermana, estos ojos estaban cargados con una pureza e inocencia pero además de una amargura, soledad y ternura.

Me sonrió y fue la sonrisa más pura que jamás había visto en el mundo, era tan hermosa…

-¿Nakuru Akizuki? –me preguntó depositando un beso en el torso de mi mano a lo cual me sonroje, algo muy inusual en mí.

Asentí con la cabeza a lo cual él me dedico otra de sus sonrisas.

Me dedique a contemplarlo por unos segundos y después a analizarlo.

Ese día en particular usaba unos pantalones de mezclilla, oscuros y unos tenis blancos. Una camisa negra y de su cuello colgaba una cadena de plata con una cruz con un diamante lila brillando en su pecho a su lado, colgaba otra cadena de plata de la cual colgaba un anillo con un zafiro.

-Por fin podrás salir… Kaname. –escuché la voz lejana de mi padre.

Vi que asintió con una leve inclinación con la cabeza. Mi padre le sonrió y se alejó no sin antes darme una última mirada a la cual yo respondí con una igual.

Kaname se dedicó a mirar la foto que antes se me había caído. Vi las ojeras alrededor de sus ojos y me imaginé que era por los duros entrenamientos que le eran obligados a hacer en esa clínica.

¿Cuánto dolor le había causado la Organización Mágica?

-¿Conoces a mi hermana, Nakuru? –me preguntó de repente. Yo lo miré despertando de mi ensoñación, recordando de repente "Oh, claro estoy aquí… sigo aquí despierta y no en un sueño en el que el príncipe vino por fin por su princesa"

-¿Te refieres a Tomoyo Daidouji? –pregunté inclinándome disimuladamente para ver la fotografía con curiosidad.

-Sí, ¿sabes? No recibo muchas noticias de ella… tan sólo fotos como esta y… papeles… pero no sé… no sé en quienes puedo confiar realmente, tu padre es una persona muy amable… -dijo enseñándome la foto, yo la tome y miré a la pequeña Tomoyo tal como la recordaba, con su uniforme de primaria sonriendo a la cámara de la cual posiblemente no sabía que estaba allí.

-Tomoyo está bien, es una persona muy amable. –dije sonriéndole. -¿Quieres ir a algún lado? –vi la confusión en su rostro. Yo reí y el pareció aun más confuso pero me sonrió igual, con esa pureza e inocencia que le había visto antes. –Te llevaré al lugar que quieras ir, Kaname… -dije sonriéndole alargándole una mano la cuál dudó en tomar. En ese momento el viento sopló desordenando los cabellos de ambos lentamente, tomó mi mano.

Dejé la carpeta con la secretaría personal de mi padre y lo tomé fuertemente de la mano.

Parecía nervioso pero seguía tan feliz como siempre.

Primero salimos y me di cuenta que había olvidado por completo que estaba nevando, y Kaname era débil a las enfermedades.

-Oh… lo siento… -dije 30 minutos después en una tienda mientras compraba algo para Kaname. Una decisión muy difícil ya que todo parecía quedarle muy bien.

-No te preocupes, además tú también debes tener frío. –dijo señalándome.

Me sonroje.

Llevaba una blusa de manga corta y una falda de mezclilla clara con adornos blancos. Llevaba unas mallas blancas y unas botas un poco más debajo de las rodillas.

Por fin, elegí un abrigo delgado elegante pero no demasiado de color negro, compre una bufanda color blanco.

Al momento de ponerle la bufanda vi una cicatriz en su cuello la cual me llamó la atención.

-Kaname… esto…

El me cogió de la mano y la apretó un momento deje la bufanda y miré sus ojos que me miraban con calma. Con la misma pureza que había visto desde el primer momento.

Me sonrió y me dejo sin poder decirle nada.

Entonces su mirada cambió y fue remplazada por una casi plateada. Su mirada era seria y casi amenazante. Me cogió de la mano fuertemente y yo miré de reojo que era lo que estaba mirando, un hombre vestido de traje negro, corbata negra y gafas negras. Un agente de la organización.

Pasó su mano por un estante tomando una gorra blanca y la pagó sin quitar los ojos de encima del miembro de la organización, yo le sonreía a la vendedora que nos miraba curiosa, tan curiosa como yo.

Kaname me puso la gorra a modo que me tapara los ojos y acomodó mis cabellos de modo que taparan lo más posible de mi rostro.

Caminó lentamente y yo no supe que hacer me deje guiar. Cuando levanté la vista, vi que nos encontrábamos en una zona desierta, sentí el impulso de saltar a protegerlo… pero sabía que Kaname no me dejaría. Me tenía detrás de él, cogiéndome la mano.

-Nakuru… -me empezó a decir en un murmullo apenas audible. –Escucha, no hagas nada innecesario…

Levanté la vista hacía él, me sonrió.

Se quitó la bufanda y me la puso a mí.

-¿Necesita algo? –preguntó lo más cordialmente que podía. -¿Señor?

-Ruby Moon… ¿eh?

Me apretó la mano con fuerza, busque su mirada, no la encontré.

-¿Necesita algo? –preguntó sonriente. Me sorprendía su tranquilidad y serenidad.

-Nada… por ahora. –dijo el hombre de negro mientras se acomodaba su sombrero y se iba de allí. Luego de eso, no pude reaccionar a tiempo, mis reflejos fallaron, me sentí tan inútil….

El hombre me agarró del brazo fuertemente. Pero antes de que yo grite y pataleara y tratara de defenderme vi unos ojos dorados, antes violetas de Kaname. El anillo zafiro en su cuello brillaba y de su mano salió una espada brillante de plata apuntando directamente hacía el pecho del hombre que no me soltaba, pero lo miraba nervioso.

Me enamoré de esa pureza en sus ojos, por el sólo deseo de proteger que vi en sus ojos, pero no solamente era el deseo. Era la inocencia, la pureza y a la vez fuerza, amenaza y valentía que había en ellos. Me enamoré tanto que no me importó morir en ese mismo momento, ya había visto aquellos ojos, aquella figura, aquel perfil, ya era suficiente para morir feliz.

Entreabrí los labios, sentí mi propio aliento cuando vi que Kaname respiraba dificultosamente…

¡Oh! Así que cuando decían que nada podía obtenerse sin ningún costo era cierto…

Pero… Por Kami-sama… ¿Por qué no dejaba esa espada, por qué no dejaba que me hicieran lo que hicieran?

El hombre sonrió y apretó mi brazo con más fuerza, Kaname agudizó su mirada.

La brisa sopló desordenando sus cabellos y sentí un dolor salado muy poco conocido para mí, mis lágrimas.

-Nakuru… ¿Por qué… lloras?

¿Llorar? ¿Yo estaba llorando? Yo… una criatura mágica que no debería sentir nada… estaba llorando…

Vi como un hilo de sangre brotaba por sus labios y quise gritarle que se detuviera, de hecho, abrí mis labios y agudice mi voz para prepararme. Para lanzarle un buen grito que lo despertara, ¿Por qué veía esa fuerza, esa intención de proteger a una criatura mágica, que ni siquiera era humana, a una criatura a quien apenas acababa de conocer y que sólo había pasado con ella unos cuantos minutos, cuanto mucho una hora?

-Nakuru… esto… pasa seguido… no es tu culpa… no dejaré a nadie más… sufrir por mí…

Se incorporó con gran esfuerzo y me dedicó una de sus muchas sonrisas.

El anillo lo envolvió en una luz celeste y segundos después el hombre desapareció.

-Kaname… -mencione su nombre como si hubiera sido la primera vez. Me acerque a él y le acaricié la mejilla, sentí que tembló bajo mis manos seguramente por lo fría que estaban.

-¿Por… qué? –fue la débil pregunta de mis labios.

-No quiero perder… a nadie más… -dijo aun respirando con dificultad.

Y entonces lo abrace.

-Lo siento… lo siento… me descuide… soy una guardiana… te debí haber protegido pero no sólo no te protegí, no me defendí… ni tampoco… ni tampoco pude evitar esto… -dije tocando la sangre de sus labios. –Lo siento… lo siento…. Lo siento… -dije pasándole los brazos por su cuello y llorando mientras él me miraba y no se movía.

Sentí los copos de nieve volver a caer y él me sonrió después de que me hube calmado, me limpió mis lágrimas y yo sentí el leve roce de sus frías manos por mi piel, por mis mejillas, por mi frente, por todo mi rostro.

-Sonríe. –me dijo. –Sonríe, Nakuru, para mí… para ti… para todos…

Yo asentí y entrelacé mi mano con la suya. Jalé de ella y Kaname se dejó llevar. Cierto, esa no era yo. Tenía que sonreír… sonreír para él, para el mundo, tenía que ser optimista. Si eso era lo que Kaname quería lo haría y además… además… ya había llorado lo suficiente, le enseñaría a Kaname el mundo, le enseñaría los paisajes, las personas. Le enseñaría que en el mundo no solo existían corazones llenos de tristeza, amargura y oscuridad, sino que también existían aquellos llenos de alegría y felicidad, de una luz brillante llamada amabilidad. Esperanza.

Yo le enseñaría lo bueno que aun quedaba de este mundo, lo que quedaba y no se había destruido del mundo.

-¿Un helado en invierno? –me preguntó levantando las cejas curiosa pero divertidamente. En su voz había un tono ligeramente arrogante. Yo le sonreí.

-Por supuesto… ¿Qué hay de malo en eso? –le pregunte cogiendo los dos helados. Le di uno a él y yo me quede con el otro.

-¿Kaname? –le pregunté mientras caminábamos por las calles nevadas de Londres. -¿Te puedo… -dude. –…. Preguntar algo?

Kaname asintió, me di la vuelta para tirar los restos de mi helado al igual que él.

-¿Qué… enfermedad… tienes? –cinco segundos después de eso me arrepentí. Miró hacia el cielo y empezó a caminar con un paso elegante pero infantil, juguetón a lo cual sonreí. Me miró y me perdí en algún punto distante de su sonrisa, a su lado parecía cenicienta en el momento justo en el que había terminado de quitar las cenizas de las chimeneas.

-Los doctores no saben… tu padre no sabe. Los científicos dicen que incluso mi sangre es única… -recordé el liquido color carmesí liquido que había visto horas antes. Me dio un escalofrió y seguí mirándolo. –Pero… ¿sabes? Mamá dice que cada vez que me siento débil, Tomoyo se siente fuerte, así que… yo… no tengo miedo a morir. Tal vez… -dijo mirando hasta el cielo y levantando su brazo como si tratara de alcanzar algo. –Tal vez… si muero… los años que hubiera podido llegar a vivir lleguen a ser suyos…

-Eso… no… -trate de decir. "Eso no era coherente" , ¿ De dónde había sacado esa idea? Era incoherente… extraña e infantil. Apreté mis puños con fuerza. –Infantil… -dije en un murmullo a lo cual el pudo escuchar perfectamente. Me miró y yo le devolví la mirada. –es infantil, Kaname. Tomoyo no estaría feliz sabiendo que estás muerto… -al momento de pronunciar esas palabras una sombría mirada cubrió su rostro pero levantó la vista con el dolor claramente escrito en el rostro.

-Dime, Nakuru… -dijo inclinándose un poco y metiendo su mano a los bolsillos, sonriendo. ¿Cuál era el problema? ¿Había dicho algo malo? -¿Tomoyo Daidouji, mi hermanita, mi hermana gemela es feliz? –me pregunto con gesto infantil pero débil, sonrió aparentando fuerza. –Nakuru, responde. –dijo después de que me hubiera quedado allí estática por un rato. No… no era lo que lo estaba pensando… ¿cierto? Me repetí una y otra vez a mi misma mientras Kaname me miraba. Con esa mirada adolorida.

-Si… es feliz… -le dije solo para consolarlo un poco con la idea de que no todo era en vano y de que al menos, su hermana era feliz. De que al menos, su aislamiento no era en vano. –Tomoyo está muy feliz… -cerré los ojos por lo que estaba a punto de decir.

-Y lo sabes, ¿no? –me preguntó haciendo que abriera los ojos. Desvié mi vista. Me zarandeo hasta que lo miré. –Mi hermanita cree que estoy muerto… y sigue sonriendo… es feliz sin mí… ¿Qué te hace pensar que…? –se le quebró la voz… desvió la vista mientras vi como sus manos se cerraban en mis brazos fuertemente. Mordí mi labio para no lanzar un grito de dolor, eso lo había causado yo, lo arreglaría yo. Dejaría que se desquitará conmigo, que dejara salir todo el dolor que yo le había hecho recordar. –Estoy muerto… ni siquiera tiene una sola fotografía… y ella sigue sonriendo… sonríe… es feliz…. –apretó con más fuerza y tuve que morderme los labios hasta hacerlos sangrar.-Es raro… no debería de estar haciendo esto. –dijo aflojando el agarre y dándose la vuelta, para ocultar su rostro en una mirada sombría. Sonrío pero pude notar la lágrima cristalina en su mejilla.

Sentí que algo se rompió dentro de mí y alcé la mano. Entreabrí mis labios pero no salió sonido alguno.

-No debería estar llorando… No debería ser egoísta… -Dijo aparentemente para sí mismo. Me ordene a mi misma detener mi mano. –Cierto… debo sonreír… porque Tomoyo es feliz… ¿cierto?

Cayó de rodillas antes de que pudiera evitarlo, se cubrió el brazo y se revolvió los cabellos con la otra mano. No sabía qué hacer, el eco de esas tristes palabras resonaban en mi cabeza una y otra vez.

"…Por qué Tomoyo es feliz…"

¿Acaso en todo lo que pensaba era en Tomoyo? ¿Qué había de él?

Se acercó un paso y su huella quedó marcada en la nieve.

Temblaba pero no precisamente por el frío, yo temblaba pro mi propio miedo de no saber cómo consolarlo, que decirle, como comportarme. Y él temblaba por su propio llanto silencioso. ¿Por cuánto tiempo había guardado ese llanto?

Ese llanto estaba lleno de amargura, de dolor. Un llanto silencioso que con su silencio lastimaba a quien lo veía.

A nuestros alrededores gente pasaba y nos miraba y luego se alejaba de allí, murmurando cosas como "no nos interesa", "no veas, es indiscreto", "vamos… esas personas no tienen respeto ni modales..." y otras cosas. A lo lejos sonó una campanada de una iglesia marcando ya las ocho. Y aun más lejos se oyó la marea que subía siguiendo a la luna. Pero eso no me importaba, lo que me importaba era el llanto que se escuchaba cerca de mí, aunque fuera silencioso yo lo escuchaba. Escuchaba el dolor cortante y amargo que estaba saliendo en sus lágrimas. No me atreví a acercarme más en ese momento, ¿Qué y si le decía algo que lo lastimara aun más?

Desvié la vista buscando la respuesta en la punta de mis botas.

-Nakuru…

Por Kami-sama…

Qué hermoso sonaba mi nombre en ese suave tintineo de su voz, con esa suave melodía como del sonido de un arpa o de un piano.

No me atreví a mostrarle la cara. No había hecho nada, no podía ayudarlo en ese momento ni tampoco me podía a ayudar a mi misma a comprender el por qué de mis lágrimas y mis sollozos que sin saberlo, había empezado ya hace mucho tiempo. Tal vez antes de que Kaname empezara a hablar.

Se puso de pie y tomó aire. Se dio media vuelta para mirarme en el mismo instante que yo me enderece y lo mire. Nuestras miradas se encontraron, su mirada amatista contra la mía. Su mirada hermosa y pura. Su mirada valiente y fuerte.

Adoraba esa inocencia y esa pureza de su mirada. Adoraba el suave tintineo de su voz de terciopelo. Adoraba esa piel de porcelana y adoraba como trataba de ser fuerte cuando sólo era un niño asustado. Un pequeño que le fue negado sus juguetes, sus dulces y su propia hermana gemela. Un pequeño valeroso quien trato de ser fuerte, quien trato de ser valiente, cuando en su interior era un niño asustado.

Yo ya había notado antes la arrogancia que podía tener su voz cuando el hombre de la organización me tomo del brazo, yo sabía el orgullo que poseía cuando se giró para no mostrarme su cara sollozante, débil.

Y yo adoraba todo de él. Lo quería, lo adoraba, lo amaba.

Me acerqué a él y tome su rostro entre mis manos, era más alto que yo pero no lo fue más cuando cayó de rodillas sorprendido. Hice que recargara su cabeza en mi hombro y le acaricie los cabellos.

Mis piernas estaban congeladas por la nieve bajo ellas, pero mi hombro estaba tibio por la tibieza de sus lágrimas.

-Lo siento, Kaname. Esto es lo único que puedo hacer. No sé hacer más…. De verdad no lo sé… -le susurré al oído aun con lágrimas fluyendo de mis ojos, pero esta vez ya sabía el porqué de mis lágrimas. Sonreí tristemente. Me había enamorado de Kaname Daidouji.

Me había enamorado de una persona quien consideraba todo el mundo a excepción de su hermana gemela, fuera de su mundo.

¿Podría entrar a su mundo algún día?

¿Podría descubrir cómo era el verdadero Kaname Daidouji antes de que su alma fuera tan rasgada, lastimada y golpeada?

No lo sabía. No lo sabía…. El eco de mis propios pensamientos me llegó a mis oídos en mi propia voz. La brisa desordenó mis cabellos y yo sentí el frío en la cara.

¿Qué hacer ahora?

¿Decirle?, ¿Confesarme?

No. No quería ser rechazada, no quería ser lastimada, tenía miedo. Tenía miedo de que si le decía, si me confesara él se alejará de mí y que no me hablara más. De que se alejara y solo lo pudiera ver al cerrar los ojos engañándome a mi misma diciéndome que todo lo que veía mientras tenía los ojos cerrados era real, cuando todo era mentira. Una vil mentira. Pero no sólo era eso. Tenía miedo de ser comparada, de ser vista como un reemplazamiento de su hermana.

Lo abrace más fuerte como si temiera que se fuera a alejar de mí.

Vi la sombra de un hombre cubriéndonos a ambos y escuche la suave voz de mi padre llamándonos.

Se inclinó hacia donde estaba Kaname, no lo solté por completo, entrelace mi mano con la suya y note lo fría que estaba.

-Kaname, ya es suficiente, ¿cierto? –dijo mi padre limpiándole las lágrimas con la punta de sus dedos. –Ya no tienes que fingir más, ya puedes llorar… -le dijo mi padre a través de su mirada cristalina. –Llora, mi pequeño, llora hasta que tu dolor sane…. Llora aquí… ahora… donde nadie puede verte… donde no hay nadie más que Nakuru y yo. –le dijo y le paso un brazo por su cuello mientras que su otro brazo pasó por el mío. –Nakuru… mi pequeña Nakuru, haz hecho un buen trabajo… ahora tu también… eres libre de amar… de llorar…. Eres humana, Nakuru, ya eres humana. –al momento de pronunciar esas palabras Kaname me apretó más la mano y yo pase mi brazo por el cuello de aquel hombre a quien llamaba padre, tal niña quien busca el consuelo de su padre para calmar su llanto, para calmar su dolor.

Sus palabras me conmovieron tanto que rompí a sollozar y mis gruesas lágrimas cayeron por mis mejillas, no supe si Kaname hizo lo mismo ya que los sollozos de mi propio llanto inundó mis oídos. El llanto cruzó por mis tímpanos y entonces me dije, "Nakuru este es el sonido de tu llanto" Sí, ese era el sonido de mi llanto, el llanto que probaba que era humana, que aunque estuviese creada por magia artificialmente tenía algo humana en mi interior.

Al día siguiente me encontré acostado en un sillón de la oficina de mi padre. Entreabrí los ojos y agudice mis oídos.

Vi la silueta de mi padre y reconocí la voz de Kaname.

-¿Verla? Tomoyo… ¿me dejaran ver a Tomoyo? –fue lo único que escuche antes de caer otra vez dormida. Pero nunca olvidare la alegría y la felicidad que me había embriagado al escuchar aquel tono de voz en Kaname.

No supe nada más, el resto de la historia tu lo sabes.

Eriol Hiraguizawa

Nakuru terminó su relato y la sala quedó en silencio.

No tenía idea…

No tenía idea de que mi propia guardiana sufriera todo eso… sus dudas, sus llantos, todo se lo había guardado para sí misma.

Ese chico Kaname era muy importante para Nakuru, eso lo entendía, de verdad lo entendía.

Sabía que Kaname no era una mala persona, al contrario, como Syaoran lo había dicho era una persona increíblemente pura e inocente. Y como había dicho Nakuru increíblemente fuerte y valiente además de que de cabo en cabo mostraba esa actitud arrogante pero infantil, a veces vanidosa.

Comprendía que no tenía porque sentir esa injusticia. Comprendía que Kaname no había hecho nada malo, comprendía que Kaname en ningún momento había querido lastimar a nadie, e incluso las lágrimas que estaba derramando Nakuru en ese momento no era su culpa.

Pero

¿A quién más culpar?

-¿Nakuru? –le pregunte con la voz más dulce que pude, esta levantó la vista y me miró con una sonrisa. -¿Estás bien?

-Sí. Sólo quería que supieras… es bueno contarle a alguien las cosas de vez en cuando…

-Nakuru… yo… lo siento… soy tu creador y debí de darme cuenta de todo esto…

-No. Eriol. Tu rechazaste la magia… muy pocos magos logran rechazarla por completo. Tu solo la usaste para cosas simples, casi tontas –rio- … solo eso… y eso está bien… no tenías tiempo para preocuparte por mí.

Me dirigió una sonrisa y se puso de pie. Dio unos cuantos saltos y sus cabellos se movieron con ella.

Se limpió las lágrimas y sonrió.

-Iré a ver como esta Sonomi… Meilling dice que está bastante histérica. –dijo con una voz alegre y más animada.

-Nakuru espera….

-Estoy bien. Por eso… deberías preocuparte por ti… ¿Qué estas sintiendo en estos momentos Eriol? ¿Por qué sientes tal vacío desde que se fue Tomoyo?

Me sorprendió su pregunta, o más bien su reflexión.

Era cierto, ¿por qué?

¿Por qué envidiaba al hermano de Tomoyo porque él significaba más para Tomoyo? Si hubiera sido cualquier persona la que hubiera preguntado, hubiera respondido con una sonrisa "Es mi amiga…" y hubiera dicho un gran discurso sobre la importancia de la amistad. Pero en este caso era Nakuru. Su guardiana a quien le debía muchísimo.

Abrió los ojos lo más grande que pudo sorprendido. Se tapo la boca con la mano. Nakuru sonrió y asintió.

-Solo admítelo, Eriol. Eso es todo. No pierdes nada. –cuando levante la vista solo vi el ultimo rastro de sus cabellos rojizos saliendo por la puerta.

Me senté en el sillón más cercano y me revolví los cabellos.

Quería gritar de la frustración y antes de que me pusiera a romper cosas y a gritar lo injusto que era el mundo con él entro Syaoran, al cual miro con odio. Cierto, Tomoyo estaba enamorada de Syaoran… claro como pudo haberse olvidado de él…

Detrás de él estaba Tomoyo.

Parecía frustrada y había notado rastros de lágrimas.

-Eriol… meteré a Tomoyo a la junta pero… tú tienes q entrar. –dijo apuntándolo.

-¿yo? –pregunte extrañado.

-Los ancianos piensan que si Clow está de acuerdo…

-Yo no entraré a ese lugar… esas personas son… -me detuve un momento, al ver a Tomoyo dar unos pasos hasta mí para luego detenerse. –No usare mi magia, ni mi titulo ni… nada que tenga que ver con la magia.

-Eriol… -esta vez fue Tomoyo quien habló y su voz tuvo 10 veces más efecto en mí.

Caminó hacía mi con mirada sombría, me tomó de la mano y se arrodilló ante mí.

"¿Por qué…?"

Sentía la furia creciente en mi interior, o tal vez no era eso, no. No era furia.

-Eriol… -dijo sollozante. –No quiero… que se lleven a mi hermano otra vez… es mi hermano… -dijo abrazándose a mi brazo. Sentí ganas de llorar, mi orgullo me lo impidió. -¡Es mi hermano!

Desvié mi vista para conservar mi dignidad, para que mis lágrimas no fluyeran.

-Te lo ruego… te daré lo que quieras…

Esas palabras… ¿Qué era lo que quería? Lo que yo quería ella no me lo podía dar. No podía obligarla a que se enamorara de mí, no podía hacer algo tan cruel… ¿o sí?

Tomoyo… Tomoyo… ¿Por qué me haces esto?

No quería entrar. No quería involucrarme con la magia otra vez porque si lo hacía nunca iba poder salir.

Cuando me entere que era la reencarnación de Clow mi madre había llorado. Había gritado y sollozado. Recordé su rostro en lágrimas acercándose a mis ojos curiosos, en ese momento era tan solo un niño y no entendía, no sabía porque mi madre lloraba y mi padre tenía los ojos cerrados deteniéndola.

-Eriol… mi hijo, lo siento… -"lo siento" ¿Cuántas veces había repetido esas palabras? El eco de esas palabras resonó en su cabeza. Torturándome con cada silaba.

Había visto a la madre de Syaoran quien era la persona que había tomado responsabilidad de la mala noticia, tenía los ojos llenos de compasión mirando a mi madre. Yo la había mirado curioso mientras mi madre sollozaba pasando los brazos en mis pequeños hombros y mi padre por detrás nos abrazaba a ambos.

Fue hasta después que la misma persona, Ieran Li. Esa persona con rasgos chinos de piel blanca y cabellos negros peinados en un peinado alto había llegado una noche a explicarme lo que era la magia y quien era Clow.

En ese momento me había parecido fascinante, pero pronto supe la razón del silencio de mi padre, de las lágrimas y el llanto de mi madre.

Conforme más me adentraba a los gruesos volúmenes de magia más comprendía.

Cuando finalice la misión que tenía en mis hombros decidí dejar la magia. No la deje por completo porque como había dicho Ieran Li, "un mago no puede vivir sin magia una vez que ya haya descubierto que la tiene"

La use solo para cosas sin sentido. Cosas y detalles simples que podía hacerlo yo mismo, y claro también la usaba para mis pasatiempos. Cosas como leer la mente, hacer bromas, y saber las cosas antes que los demás. Aquello me encantaba, era fascinante como ver la cara sorprendida de la persona cuando me veía después de que le hubiera revelado que yo sabía todo de él, que lo comprendía.

Había desarrollado ese pensamiento justamente por mi soledad, no era mi mundo. Ese no era mi mundo. Yo cargaba esa maldición, la magia… yo la cargaba.

Cuando conocí a Kaho, me había consolado un poco al saber que alguien estaba allí para apoyarme. Cuando cree mis guardianes, tan solo era un niño pequeño, use mi imaginación de infante para crear los seres basados en libros y cosas que veía a mí alrededor. Esos pocos seres me habían consolado un poco. Pero ni siquiera pude ver el dolor que sufría mi guardiana.

Tomoyo continuaba sollozante y yo quise gritarle "No… no… no entres a esta oscuridad… no tienes que cargar con esta maldición…" y creo que lo hice. Creo que su hermano Kaname también se lo había dicho. Así que nos parecíamos en algo…

Una sonrisa sarcástica apareció en mi rostro.

-Quiero entrar… no me importa… es mi hermano… por favor… te lo ruego…

Me seguía rogando. Me seguía implorando. Syaoran me miraba, sentía su mirada penetrante a pesar de que no lo miraba.

-Hare lo que tú quieras…. -¿Por qué seguía torturándome con esa frase? La quería zarandear y gritarle lo que sentía. Lo que yo quería era que me amara, que me viera a mí con la misma intensidad con que veía a Syaoran. Quería probar esos labios, quería estar con ella. Pero ella no lo sabía y seguía torturándome con esas palabras.

Cerré mis puños fuertemente hasta que quedaron pálidos.

Pero eso nunca pasaría, ¡Por Dios!

Para Tomoyo era un amigo…. Solo eso. Ella amaba a Syaoran. Estaba enamorada de Syaoran Li. Y eso me dolía tanto… ¿Pero cuánto le dolía a Tomoyo? Syaoran amaba a Sakura. Y Sakura era la mejor amiga de Tomoyo.

-¿Eriol? –seguía repitiendo mi nombre a la vez que sentía que algo se estrujaba dentro de mí.

Y además… ¿Dónde estaba Sonomi Daidouji?

¿Sabría ella todo lo que sufría su hija?

¿Dónde estaba?

Era su madre, había dado luz a unos gemelos. A unos hermanos que había separado por alguna razón, porque sabía que el amor de una madre hacía sus hijos, hacía su propia sangre no moría tan sólo por una organización.

¿Tenía el valor de lastimar más a Tomoyo de lo que ya estaba?

Me incline y le acaricie sus cabellos como a una muñeca de porcelana. Abrí mis labios para darle a conocer mi decisión.

Tomoyo Daidouji

Le rogué, le implore, le supliqué. Y finalmente ofrecí darle cualquier cosa que él deseara, porque yo lo veía, el deseo de algo en sus ojos. El deseo de algo que solamente yo le podía dar.

Y entonces no me importaba lo que fuera, haría todo, absolutamente todo en todo el sentido de la palabra para poder estar con mi hermano. Por acompañarlo y estar con él en esos momentos difíciles. Lo había dejado solo una vez, no había creído en sus palabras… esta vez lo haría. Sacrificaría lo que fuera.

Syaoran ya había hecho suficiente, le había pedido a los ancianos y otros miembros de la organización que me dejaran entrar arriesgando su puesto como Jefe de la Organización, claro, a petición de Sakura.

Pero Syaoran lo había hecho por Sakura… por mi mejor amiga, por el amor de su vida.

En cambio yo, no era nada para Eriol, ¿Por qué rompería la promesa consigo mismo de no usar magia por un deseo egoísta?

Además, Eriol ni siquiera conocía a Kaname.

Cerré los ojos dispuesta a aceptar mi derrota. A aceptar cualquier palabra hiriente que saliera de sus labios.

Eriol se inclinó y me acarició los cabellos, me sentí como una princesa.

Levanté la vista con ojos cristalinos y me quede hipnotizada por esa mirada azulada… tan hermosa, tan llena de amor… de ternura… ¿por…mi?

Observé a Syaoran de reojo, miraba a Eriol con mirada penetrante, en ningún momento me dirigió una mirada a mí. Estaba segura que en ese momento solo le importaba la prescencia de la reencarnación de Clow en aquella reunión.

O tal vez estaba imaginando cosas.

Volví mi mirada a la anhelante de Eriol… ¿Qué era lo que quería?

Entreabrió sus labios por fin, y yo quise cerrar mis oídos a su respuesta.

Eriol no me debía nada, no tenía la necesidad de lastimarse y presentarse en esa sala.

Cerré los ojos.

Syaoran me dirigió una mirada por fin, no. No quería mostrarme en esos momentos. En esas condiciones cuando me veía tan débil…

"No… No me veas…" –pensé y quise gritarle, pero no lo hice.

Eriol parecía indeciso y en sus ojos brillo el dolor… no lo comprendía.

Por Kami-sama… se veía tan… débil.

-¿Eriol…? –pregunté anhelante. Mis lágrimas eran de esperanza, aunque sabía que él nunca volvería a usar magia, aunque sabía que yo no era nada para él, quería tener esperanza. Yo elegí tener esperanza, entonces, yo misma me lastimaría con la misma esperanza.

Se abrazó a mí cuello y yo no supe que hacer… no respondí el abrazo me susurró algo al oído, abrí grande los ojos y…

-Eriol-sama… Tomoyo-sama… -la pequeña figura de Mia entró con un rostro bañado en lagrimas y un vestido manchado de sangre.

-Mi…a…

-Syaoran-sama… ¡Por favor!...

Syaoran me miró de reojo y yo miré a Mia nerviosa y angustiada, esta tomó de la mano a Syaoran y por fin gritó…

-Kaname-sama… Kaname-sama… ¡Kaname-sama no para de sangrar!

Notas de autora:

¡Nya~! ¡Hola! ¿Me extrañaron? Hehe… aquí está el decimo capitulo. Wow… de verdad no esperaba llegar hasta aquí… yo sé que muchos pensaran "Ah… si… ¿y qué?"

Si lo sé, pero para mí significa mucho. Lágrimas de esperanza es… una historia que al escribirla… me hace sentir libre. Libre de escribir lo que quiero. ¿Por qué? La verdad, ni idea, hehe.

Muchas gracias por sus reviews, por todo su apoyo hasta ahora en adelante. Me seguiré esforzando mucho de ahora en adelante, ¡muchas gracias!

Con amor,

Emiko.