Era tarde en el día cuando Astrid decidió volver. Ella necesitaría revisar a Hipo, y descansar un poco antes de la pelea. Su padre había demostrado ser de mucha ayuda dando consejos y trucos. Él la escoltó a casa, secretamente esperando ver cuánto daño fue hecho, y esperando reconciliarse con el hombre que nunca abandonó a su pequeña hija.
Mientras se aproximaron a la casa, pudieron escuchar los melancólicos llantos de Hipo. Estoico, sin embargo, se sentó afuera sin poder ayudar.
"¡¿Qué sucede?!" La rubia pidió.
"Oh- él es…él estará bien, a su momento. Pero…él no puede-¡está tan confundido!" El hombre arrugó su cara. "Es su cabeza. Sólo sabe una palabra. Sólo…es devastador muchacha. No tienes que ir ahí arriba."
Ella apretó el agarre sobre su arma. "Él estuvo ahí por mí, en mi hora más oscura. Necesito regresar el favor."
Determinada, ella fue adentro seguida por su curioso padre y preocupado jefe.
Ella encontró a su querido amigo sentado en su cama. Su cuerpo estaba envuelto en vendajes. Él estaba envuelto, con sus brazos firmemente alrededor de la cabeza del dragón mientras sollozaba incontrolablemente. Sus nudillos rasgaban sobre las escalas en un decibel que ella podía ori, pero Chimuelo sólo gorjeaba suavemente.
"¿Hipo?" Ella pidió gentilmente, aproximándose a él. El sanador y Bocón estaban en la habitación, observando silenciosamente al chico y esperando para que su convulsión disminuyera.
Con respiraciones acentuadas, él miró hacia ella. Ella pudo ver sus ojos posarse con energía sin explotar mientras rebotaban alrededor.
"Uh-Uh-Uh-Uh..." fue todo lo que él pudo formar.
Ella se sentó a su lado sobre la cama y tiernamente tocó su rostro. "Tendrás bastantes molestias, ¿huh? Me asuste, un poco. Claro que no fue tu culpa." Ella se encogió de hombros.
"FFF-fff-ffff…uh-uh…"
"Oh, ¿ese idiota? Ni siquiera pienses en él. Él está bien…muerto."
"Ah-ah-ah-ah…" Él cerró sus ojos en concentración, mientras descansó una mano sobre su hombro. "SSs-sstrr-…" Su nariz se torció.
"Asssstttrrriiiidddd…" Ella dijo lentamente, acentuando los movimientos de su boca.
"Asstt-tr-rr-rrrRRRRrrrrRRRRrrrr…." Su cabeza se sacudió violentamente. "¡RID!" Él saltó.
Ella sonrió.
"Yo-Yo-Yo te te te-te-aamm.."
Ella sabía lo que él quería decir, y tenía una respuesta para él esta vez. Pero, para su sorpresa, él se detuvo y hundió sus hombros. Él había perdido el coraje con su incapacidad para hablar.
Ella mordió su labio, esperando que él siguiera hablando. "¿Quién es este de aquí?" Ella palmeó a Chimuelo sobre la nariz. "Su nombre es un poco difícil."
Hipo ni siquiera trató. Él descansó su mejilla sobre las escalas frías y dijo sin titubear, "Amigo."
Astrid no pudo evitar sonreír un poco.
"¿Por qué no dejas que Hipo se siente, Chimuelo?" Ella preguntó, calmadamente. El dragón se desenvolvió a sí mismo del chico, y se deslizó detrás de él, para que pudiera recostarse de espalda. Astrid tiró las cobijas arriba un poco más. "Ahí vamos. Bien y cómodo. ¿Quieres algo de agua?"
Él asintió.
Ella consiguió algo de agua fresca, y se la trajo a él. Él se extendió por eso con manos temblorosas.
"Será mejor que me dejes ayudarte, cariño."
Instantáneamente, ella se sonrojó. ¿Cariño? ¿Al igual que un apodo cariñoso? ¿Dónde en Midgard había venido eso? Concedido, su comportamiento se parecía a un niño, e hizo difícil el tratarlo normalmente. Aunque, tal vez en este frágil estado, a él no le importaría.
Ella trajo el cucharón arriba a sus labios y acunó su cabeza para mantenerlo quieto. Él sólo bebió sobre la mitad de eso. El restó se deslizó por su mentón.
"Whoops, vamos a limpiar eso." Y ella rosó su cara con un trapo limpio. "Ahí, mucho mejor."
" -ffff…" Él manejó sus palabras, tenía tanto que quería preguntar, pero nada vendría afuera.
"Está bien. Ve despacio."
Él rápidamente llego a estar frustrado con su incapacidad para comunicarse. "Qquee-…ee-ee-ee-…pas…"
Sus hombros se sacudieron y él gimió miserablemente. Bajo su aliento, él trató de hablar, pero todo fue en vano.
"Al menos ya no está agitándose más." El doctor dijo.
"¿Qué hay de malo con él?" Astrid preguntó suavemente.
"Él está teniendo una convulsión traumática. Estoy empezando a preocuparme sobre cuán larga será."
Hipo entendió todo mientras se extendió hacia ella. Su mano temblando llegó a descansar sobre su caja torácica. Usando tanta fuerza como pudo, se jaló a sí mismo para acercarse a ella. Astrid lo acomodó para que se recostará contra su pecho.
"Si pudieras calmarlo, tal vez eso se detendría. Él está asustado."
"Lo sé." Ella susurró. Gentilmente palmeó su cabeza agrietada y tarareó ociosamente como sollozos agraviados cortaban a través del aire aquí y allá.
"Feliz, un día de sol, esperé y esperé con flores en mis manos el sueño que creé. Esperé hasta que los sueños, como mi corazón, fueran perfectos. Las flores eran vivas y las palabras no necesitaban ser habladas. La alegría que yo sabía estaba delante de toda razón. Suave y calmado fue el latir de mi corazón.
"El más alegre día de sol."
No importaba que su padre estaba ahí. O que el jefe y Bocón estuvieran. El pueblo entero podría haber estado observando, pero a ella no le importaba. Justo ahora, todo lo que importaba era Hipo.
Él la ayudó a sanar, ahora era momento de pagar la deuda.
"Y vino un día de sol cuando tú me encontraste. Todos me evadían y tú no me dejaste. Mis ojos revoloteaban asombrados con alguien junto a mí. La tierra y las flores por siempre junto a mí. Un sonido me buscó y el viento susurró, "¡Amante!"
Y por ti me he preocupado y te bendigo por siempre…
"El mejor día de sol."
Como una roca que rueda desde una precaria perca, Hipo respiró un suspiro de alivio. Sus hombros se relajaron mientras sus respiraciones cruzaban sus brazos. Sus temblores llegaron a parar. "Gr-Gr-Gra…aaa…cias." Él murmuró. Era más fácil hablar ahora, pues la convulsión parecía aligerar.
El sanador se acercó y comprobó los ojos de Hipo. "Ah, sus pupilas son del mismo tamaño ahora, y han dejado de sacudirse." Él asintió una vez más al jefe y los otros hombres en la habitación, indicándoles que deberían irse. "Estaremos abajo si él necesita algo."
Los jóvenes no replicaron mientras Hipo se acurrucó más cerca de ella.
Ella hundió su cabeza para descansar una mejilla en su oído.
"¿Por qué-Por qué-Por qué llorar?" Él tartamudeó.
"¿Qué?" Confusa, ella secó sus mejillas, sorprendida de encontrarlas mojadas con lágrimas que ella estuvo desapercibida de haber llorado.
"No-no-no necesitas…no tú…"
"Yo sé que no soy quien está herido." Ella aclaró.
"N-n-n no tú."
"No Hipo," ella inhaló, "Sólo no me gusta verte con dolor. Te lo dije antes, yo actuó fuerte, pero realmente no lo soy." Él la escuchó tragar. "Esto nunca debería haberte pasado a ti. Sin importar lo que tú podrías pensar. Y…tú eres…muy precioso para mí." Ella mordió su labio un poco, tratando de encontrar las palabras, antes de plantar un beso en su cabeza. "Estoy frustrada por ti." Ella se apartó de él.
"Tú-tú-tú…haaabb…hablas…p-por mí…" Él asintió.
Ella liberó una risa empática. "Soy horrible en las conversaciones de un solo lado. Ya sabes eso." Ella lo ayudó a apoyarse para que pudiera recostarse sobre Chimuelo.
El dragón gorjeó, contento, sabiendo que su chico estaba a salvo ahora y estaba siendo cuidado.
"¿Estás cómodo? ¿Necesitas algo?"
Él le sonrió, contestando ambas preguntas por ella.
"Vaya, cuando estás pensando en algo para decir, es cuando no tienes nada que decir." Ella bromeó.
Él asintió y entonces tosió.
"Te contaría una historia, pero no soy buena en eso."
Hipo torció su nariz, preventivamente. "¿Qu-qu-qu-qu-ee..p-pasa con Ffffrag?"
"¿Qué pasó con Fragonard?" Ella torció sus labios. "Pues, él está…sentenciado a muerte…por así decirlo…"
El chico tenía una señal de confusión.
No hubo ninguna sutiliza en la respuesta. "Lo desafié a un Einvigi…el perdedor muere."
Inmediatamente, él estaba protestando. Palabras inconclusas vomitaban desde su boca mientras él buscó a tiendas por ella, tomando su cara y su brazo.
"Hipo, él necesita ser detenido, y yo soy la que va a hacerlo."
Él sacudió su cabeza frenéticamente en protesta.
"¡Está es mi oportunidad! ¡Puedo recuperar mi honor, Hipo! ¡No tendré que ser humillada más! Si puedo arriesgar mi vida para matarlo, puedo unirme a nuestra sociedad de nuevo."
Sus sacudida llegó a ser más dura mientras él lloraba, "Nnnnnnnooooooo…"
"¡Podrías parar eso! ¡Lo estás haciendo peor!" Ella agarró su cabeza. "No puedes detenerme Hipo. Lo que él hizo fue malo, y tú lo sabes. Necesito hacer esto."
Él se liberó, gritando.
"¡Deja de ser tan infantil! ¡Tú quieres matarlo tanto como yo! Pero, yo estoy fuera de la ley ahora. ¡Yo puedo pelear!"
Lágrimas bajaban por sus párpados hinchados.
"Vamos. Ten un poco de fe en mí. Después de todo, estoy haciendo esto por ti."
Eso no lo hizo sentir mejor sobre la situación. "¿Cu-cu-cu-cuando?"
"Esta noche, a la puesta de sol."
Él se vio devastado.
"¿Por qué es esto tan terrible? Realmente podría usar tu apoyo en esto. ¿Realmente temes tanto eso?"
Él suspiró lentamente, sus cejas frunciéndose. "Nnn-no…tu…fu-fuerte. Ganar." Él confirmó.
"¿Entonces qué es?"
Él miró hacia arriba en ella. "¿Nn-no…b-boda?"
Su corazón retumbó con realización. Él había asumido que ella estaba haciendo esto para salirse de casarse con él. Esas eran lágrimas de rechazo. Ella no pudo evitar sonreír, al menos él pensó que ella ganaría. Ella se inclinó y besó su mejilla, dejando que sus labios permanezcan. "No, cariño," ahí estaba esa palabra de nuevo, "Esa es la última razón por la que haría esto."
Eso pareció calmarlo, al menos por el momento.
Ella reunió su cara en sus manos, para hacerlo ver sus ojos. "Pero preocupémonos sobre eso después de que sanes, ¿ok?"
"Uh-huh." Él susurró.
Ella se sentó con él, y lo ayudó a recuperar su habla. Él no hizo mucho progreso. Como él día se iba, ella llegó a estar más y más asustada.
Él estaba pareciendo literalmente como un niño. Él tomó dragón de peluche que estaba sobre su mesa de cama y jugó con el mientras ella hablaba. Él habló incongruentemente, sin siquiera realizando lo que ella no pudo entenderle.
Astrid comenzó a cuestionarse de cuánto daño había sido hecho.
Fue un poco después que Bocón apareció, que Estoico la mandó a llamar para la pelea. Ella palmeó la mano del chico en seguridad, y entonces se paró, una repentina frialdad y un ajuste irrevocable sobre sus huesos.
El jefe la guio a través de la aldea. Los que estaban a fuera, parados con atención, sus puños sobre sus corazones.
Un signo de buena fe, y respeto. De alguna forma, el gesto hizo que su garganta se sintiera gruesa y duro de tragar.
Estoico la guio un lugar un poco apartado de la arena, donde Goti y sus padres estaban esperando. La armadura familiar estaba presentada y asegurada, aliviándola con el apoyo de su familia. Consejos finales fueron dados al igual que abrazos y disculpas. Finalmente, ellos oraron por ella, pidiendo a los dioses por su seguridad.
Su séquito la siguió a la arena, donde ella entró mientras ellos fueron a las gradas. Astrid colocó su hacha en el suelo y estiró entrar en calor. Sus músculos se movían con facilidad y sin dolor con cada movimiento. Ella estaba lista para esto. Ella había entrenado para esto.
Fue cuando ella había tirado sus brazos sobre su cabeza cuando escucho pasos entrando a la arena. Ella se fijó, sin esperar a su oponente tan pronto. Pero de hecho, no era Fragonard, sino sus hermanos sin carácter. Ellos se arrastraban torpemente, viéndose tímidos.
Ella no sintió ni la más mínima amenaza. Los ojos de la audiencia observaban cuidadosamente, e incluso si su hacha estaba en el suelo, ella podría manejar a esos dos tontos cualquier día de la semana. Aun así, ella fue cautelosa con ellos.
"¿Qué quieren?"
El mayor de los dos dio un paso hacia adelante y levantó su mano a ella. "Desearte suerte."
"Ja, ¿esto es algún tipo de broma?" Ella descansó una mano sobre su cintura.
El más joven miró fervoroso como suplicó. "Te lo rogamos…¡tienes que ganar!"
Sus cejas se fruncieron. "¿Quieren que mate a su hermano?"
"Sólo porque es cuestión de tiempo antes de que él nos mate a nosotros." Empezó el mayor. "Soy Zugno, y mi hermano menor es Gianquinto." El adolescente menor ondeó embarazosamente. "Nuestro padre no conoce el grado de la barbaridad de Fragonard. Tal vez no lo pienses así, pero tú fuiste afortunada. Hubo…hubo otras."
Instantáneamente, la sangre de Astrid empezó a hervir. "¡¿Por qué no lo detuvieron entonces?!"
Giaquinto habló en voz chirriante. "¿Has oído de nuestro hermano mayor, Bertrand? Todos piensan que él fue asesinado por un dragón, pero en realidad, fue Fragonard. Él lo asesinó mientras estaban fuera cazando juntos. Pero, nosotros somos los únicos que lo saben…y si lo decimos…"
Las cosas estaban empezando a ponerse claras como cristal mientras ella miró a los dos hermanos que parecían terriblemente avergonzados de sus acciones. Ella supuso que no los odiaba tanto como a Fragonard. Ellos le ayudaron, pero durante su experiencia, ellos estuvieron en silencio y sosteniéndola. Ellos estaban siguiendo órdenes, porque temían por sus vidas.
"¿Cuánto tiempo esto ha estado pasando?"
"Unos pocos años," replicó Zugno. "No ha pasado un día en el que él no nos amenace. Apenas podemos dormir a la noche, sabiendo lo que hemos hecho y lo que yace ante nosotros…¡Bertrand estaría furioso!"
"¿Por qué mató a su hermano?"
"Bertrand era el mayor de todos, y él estaba en la línea para la jefatura. Él no era perfecto, pero ciertamente era mejor candidato para eso que Fragonard."
Astrid sacudió su cabeza en incredulidad. "Pues, sí, yo planeo matar a este bastardo. Pero, ¿qué van a hacer ustedes cuando lo haga?"
"Nosotros hemos hecho nuestro mejor esfuerzo para pagar por nuestros crímenes. Naturalmente, siempre habrá más que podemos hacer. Ambos nos hemos preparado para pasar el manto a nuestro hermano menor, Pater. Él se parece a Bertrand en una buena manera. Aun así, haremos lo que sea para satisfacerte." Zugno contestó.
"Y," añadió Giaquinto, "nosotros hicimos esto también." Él apuntó a las gradas.
Astrid siguió su punto y sonrió. "Hipo estaba sentado en una carreta, viéndose confortablemente apoyado con almohadas y pieles. Sus cuatro buenos amigos se sentaron a su alrededor y charlaban, como si todo estuviera bien con el mundo. Él vio su mirada y saludó de vuelta lo mejor que pudo. Los otros jóvenes se unieron también.
"Su herrero nos ayudó. ¿Bocón? Una vez que le explicamos todo a él, nos dejó mover a Hipo. Aunque estuvo un poco temeroso, y su dragón apenas nos dejó tocarlo."
"Gracias." Astrid enmendó. Y ella lo decía de verdad. Una parte de ella realmente quería que Hipo esté aquí con ella, animando por ella. Pero una parte de ella no quiso que él vea el acto que ella estaba a punto de cometer.
"No esperamos que nos perdones…pero nosotros verdaderamente lo sentimos por todo el dolor que te hemos causado." Los dos bajaron sus cabezas.
"¿Se disculparon con Hipo?" Ella preguntó gentilmente.
"Múltiples veces." Contestó Giaquinto.
"Entonces los perdono."
Los chicos le sonrieron, viéndose tan libres como criminales siendo liberados después de años de culposa tortura. "¡Gracias! ¡Oh gracias!" Zugno sacudió su mano. "¡No te arrepentirás de esto! ¡Lo prometemos!" Y con verdadera alegría, los dos se apresuraron fuera de la arena para encontrar un buen lugar para observar el fallecimiento de su atormentador.
Astrid miró de vuelta a los a los jóvenes alrededor de Hipo. El inválido estaba animadamente diciéndoles algo, pero por sus caras confusas, ella especuló que ellos no podían entenderle. Tristemente, ella finalizó su estiramiento.
El miedo es una terrible cosa con la cual vivir. Ella sabía eso. Los dos chicos sabían eso. Hipo sabía eso también muy bien. El miedo conduce al más grande de los hombres a la locura. Como ella apretó su agarre sobre su hacha, se preguntó a sí misma si su miedo había estado manteniéndola de espaldas. En verdad, ella quería volver atrás, cuando lo vida tenía sentido.
Pero ella no podría.
Sólo podía emprender el camino para un nuevo tipo de vida. Una que sería mejor al final.
Aun así, el miedo era un paralizador. Mastica sobre el alma y detiene el corazón. Su hacha fue un ancla, sosteniendo su cordura en un océano de inseguridad. Ella la giró por el mango, dejando a la hoja cortar a través del aire. Un largo respiro de aire pasó desde sus labios.
"Estoy lista." Ella susurró.
La puerta de la arena sonó abierta. El calor contra el piso de piedra empañó y distorsionó la figura paseando dentro de la arena. Él tenía una espada en su mano y un escudo en la otra. Una pesada máscara de hierro escondía su rostro mientras su armadura hacía ruido con cada paso. De algún modo, verlo así hizo que la pelea pareciera incluso más real, si eso era incluso posible.
Él se detuvo a unos pocos pies en frente de ella y bajó sus armas.
"Mis amigos y familia," Estoico comenzó, "es con pesar de corazón que les doy la bienvenida al Einvigi de esta noche. Todos nosotros deseamos que pudiera evitarse, pero con las tragedias que han caído sobre nuestra tribu la última semana…yo no pienso que eso sea posible. No soy el único aquí que se siente, perturbado por lo que ha pasado." Él miró sobre Hipo quién estaba inconsciente de su mirada. "Pero soy confidente de que nosotros como un pueblo podemos mover al pasado este suceso y ser una familia una vez más."
Astrid suspiró. Ella sólo podía tener esperanza.
"Ahora, los combatientes han decidido hacer este Einvigi a muerte. Sin reglas. Sólo…quién quede de pie." Él levanto sus brazos. "Astrid y Fragonard, por favor encuéntrense en el centro de la arena."
Los dos vinieron de cerca.
"Buena suerte." Fragonard silbó.
"Buen libramiento." Ella mofó de vuelta.
Estoico gritó otra vez. "¡De espaldas!"
Los jóvenes voltearon sobre sus espaldas y dieron diez pasos.
"A mi señal."
Los dos se voltearon, con armas levantadas, y esperaron.
"¡Pelea!"
Con furia inflexible, ella saltó. Sus pies se acercaron como un grito rasgó desde su garganta. Sus ojos se estrecharon como flechas, perforándola con miedo. Aun así, ella no vacilaría. Sus armas se encontraron en un choque de metal, chispas volando y manos temblando por las vibraciones. Ella jaló y tiró otra vez, y fue desviada por su espada. Su hoja se deslizó sobre la suya, raspando el metal y presionando a su padre lejos. Fragonard bajó hacia abajo, liberándose de ella antes de golpear en un arco. Astrid apenas tuvo suficiente tiempo para bloquear con la cresta de su hacha. Sus manos temblaron como ella lo mantuvo a raya, pero él presionó duro contra su bloqueo.
Ella lo sobreestimó. Ella asumió que él sería débil y sin poder sin sus hermanos. Pero ella estaba equivocada. Fragonard estaba peleando por su vida, y peleando por el silencio de ella.
Astrid se adelantó y lo empujó de vuelta con su pie, antes de girar y aterrizar un golpe. Él lo bloqueó con su escudo. Ahí, la hoja se mantuvo firme y atorada en la madera.
"Eres mía," Él siseó, bajando sus espada hacia ella.
Él la sobreestimó a ella. El giró sus manos sobre la empuñadura de su hacha y la volvió a agarrar, entonces, con una velocidad que él no pudo comprender, ella volteó hacia atrás. La moción sacó el hacha de su agarre y astilló su escudo.
"¿Decías?" Ella escupió de vuelta.
Impresionado, pero no menos molesto, él inclinó el borde el escudo hacia ella. Astrid lo repelió con su brazo, pero aun así tomó un golpe.
"Estás peleando mucho mejor de lo que lo estabas esa noche. Soy curioso," él trajo su espada abajo para que ella se detenga, "¿no te importó lo que estaba pasándote? Tal vez tú en realidad lo querías, pero entonces decidiste delatarme. Eres asquerosa."
Ella gruñó y levantó su hoja. "¡Estoy peleando más duro ahora porque yo sé que no tengo que contenerme por ser cortés!" Sus hojas chocaron de nuevo antes de que él buscó refugio tras su escudo, su hacha siendo enterrada una vez más.
Como la pelea avanzaba, la multitud estaba gritando frenéticamente, tratando de dar a Astrid cada pisca de consejo que ellos pudieran. "¡Agarra su cuello" "¡Patéalo en el estómago!" "¡Patea su trasero!"
Fuera del lugar, Hipo estaba sentado pensativo y en silencio. Sus manos apretaban el dragón de peluche como se sentó impotente. Él quería animarla, quería que ella sepa que él estaba orgulloso de ella, que él la apoyaba.
"A-A-A-Ast…rrrRRRrrrrrRRR…" Él luchó. Su puño golpeaba sobre el lado de su carreta.
"¿Qué hay de malo Hipo?" Patapez preguntó, preocupado.
"¡A-A-A-AHH!" Su cuerpo se tensó antes de que sus hombros se sacudieran. Las pieles fueron arrojadas de lado como sus piernas se sacudieron alrededor.
"¡Whoa!" Patapez lo agarró y lo mantuvo. "¡Cálmate! ¡Todo va a estar bien!"
Hipo sacudió su cabeza vehementemente. Hasta que esta pelea se acabara, nada estaría bien. "¡AA-Ahh! A-Asstrrrr-rr-rr-"
"¡Puedes hacerlo!" Patán confirmó en una no característica muestra de simpatía. Por una vez él no vio a su primo como un objeto para insultos. Este estado de invalidez no lo detenía.
No más.
La pelea continuó. Astrid desarmó a Fragonard de su escudo, no es que era de uso para él más. Ahora era sólo una batalla de acero.
Ellos se movieron en círculo, amenazadoramente, esperando por una abertura.
"Yo iba a hacer esto rápido y fácil," burló Fragonard. "Pero tú peleas bien, para una chica."
Ella no prestó atención a su cumplido. "No le mostraste a Hipo ninguna piedad, ¡tú no recibirás ninguna tampoco!" Su hoja bajó suave cortó sus espinillas.
Fragonard retrocedió y chilló en dolor. "¡Ese será tu único golpe, chica!"
"¡Yo difiero!" Y su hacha colisionó con el lado de su cabeza, noqueando contra su casco. Eso lo noqueó fuera de balance así ella pudo atacar de nuevo. "Eres un chico tonto sin futuro. ¡Morirás en esta arena, porque tú no tienes nada por que luchar! ¡¿No sabes que tu familia te ha negado?!" Su casco voló fuera de su cabeza con su tercer golpe. Mientras estaba en el camino de su movimiento, él salió disparado y agarró su cabello. Ella se inclinó, inestable, como él levantó su espada para golpear la parte de atrás de su cuello. Mientras que eso dolió, Astrid tiró de vuelta en el último segundo, tirando sus manos con ella. La tensión jaló en sus raíces e hizo que unas pocas lágrimas salieran, pero su espada cortó a través de su cabello en lugar de su cuello.
Su desenredada trenza colgaba solitariamente en su agarre. Astrid sólo consideró brevemente el hecho de que su cabello había sido cortado antes de saltar de vuelta a la batalla.
Fragonard sólo tuvo meros segundos para dejar caer su trenza y tirar arriba su espada para protegerlo del siguiente ataque. "¡No vales la pena el esfuerzo que se necesita para hacerte caer!" Ella siseó.
"¡Es suficiente!" Él gritó de vuelta. Presionando contra su arma y cargando, golpeando su espada repetidamente contra su agarre. "¡No soy quien ha sido deshonrado! ¡Yo sólo estoy discapacitado debido a ti y tu…lloriqueo! ¡El mundo real te hará a un lado, pequeña niña! ¿Qué te hace pensar que esta pelea cambiará algo?"
"¡Lo cambiará todo!" Ella pateó su estómago y él golpeó de vuelta. Ambos jadearon y vinieron a un punto de apoyo. "¡La gente necesita saber que lo que tú hiciste no es sólo malo, es inhumano! ¡Yo fui castigada por tus acciones, y tú vas a sufrir tanto como yo he sufrido!" Ella gritó, su voz quebrada. Su pie presionó contra el suelo como su hacha se alzó.
¡PANG!
Astrid noqueó la espada fuera de sus manos.
Aterrorizado, Fragonard se arrojó hacia atrás para evadir su siguiente ataque. Él se revolvió y agarró su arma. Ella cargó contra él, pero él tiró su hoja arriba en el momento justo y cortó de lado. Astrid se recuperó rápidamente, aguantando la herida, y eso era toda la abertura que el chico necesitaba. Él pateó de su lado y la golpeó en su rodilla.
La joven mujer golpeó el suelo duro, el aire saliendo de sus pulmones. Él se recuperó mientras ella calló. La punta de su hoja traspasó su esternón, fijándola al suelo.
"¿Alguna última palabra?"
No…
Ella no podía creerlo. Un estúpido fallo y eso era todo. Su mano sangrando apretaba a su lado como ella jadeó. Esto no podía pasar. Tanta gente estaba tras ella. Ella prometió a tantos otros que ella lo detendría. Ella dejaría a todos abajo, y probaría que ella realmente era sin valor.
Ella miró arriba a su amado amigo en las gradas, tan asustada de fallarle. Para su horror, él estaba agitándose. Su pierna pateó alrededor como él peleó contra Patapez. Repentinamente, ella fue llenada con una incitación eterna. Esta pelea no había acabado.
"Tengo unas pocas," ella sonrió. Una idea brillante la golpeó como un relámpago. "¡CHIMUELO!" Ella llamó.
El Furia Nocturna prestó atención desde donde él estaba en la base de la carreta de Hipo.
"¡Disparo de plasma!"
Sus ojos se dilataron y él disparó la espada lejos, entonces él disparó a Fragonard por sí mismo por buena medida, sólo lo suficiente para noquearlo fuera de sus pies.
Fue una carrera por el arma descartada. Fragonard la alcanzó primero, pero no fue capaz de ponerse de pie a tiempo. La hoja de Astrid se hundió en su muñeca, separando su mano de su cuerpo. Él gritó salvajemente en dolor.
La rubia atrapó su cuello en el pliegue de su hacha, silenciando sus llantos, y prohibiéndole incluso sollozar.
"¡Eso no fue justo!" Él gimió.
"No había reglas." Ella corrigió. "Cualquier cosa, es todo justo ahora."
"P-Por favor," Él ahogó. "N-No me mates…¡Te lo ruego! ¡Haré cualquier cosa!"
"Llora." Ella demandó.
Él lo hizo.
"Grita por ayuda."
Y él lo hizo.
Finalmente, ella estrechó sus ojos. Su mirada rasgó a través de él y quemando su alma como fuego. Él lloriqueó.
"¿Merecía lo que tú me hiciste? ¿Yo merecía ser violada?"
"Yo-Yo sólo quería tener algo de diversión…" Él susurró.
"¡¿Yo merecía ser violada?!" Ella ladró.
Su respuesta fue un respiro. "N-No…"
"Pero tu mereces morir." Ella levantó su hacha desde el suelo y la sostuvo alto en el aire. Con un grito, ella la trajo abajo.
Hipo luchó con cada fibra de su ser para sacudir los temblores que lo ataban. Astrid lo necesitaba. Ella casi perdió ahí, si no hubiese sido por Chimuelo. Él se jaló a sí mismo arriba como Patapez se enfocó sobre la pelea. Como el hacha de Astrid alcanzó el ápex de su arco, todo parecía detenerse. Su sacudida se congeló, sus respiraciones demacradas cesaron, y todo fue remachado sobre las acciones de la joven mujer.
La última cosa en ir a través de la cabeza de Fragonard, además de su hacha, fue preguntarse dónde en Midgard él se había equivocado.
