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X. 悪夢 (Akumu)

Akumu: Sueño desagradable que produce angustia, ansiedad, miedo o terror.

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Ese lugar era muy conocido para ella. Y sabía con exactitud qué día era. Era el día del entierro de su madre. Pero, lo sentía muy extraño. Era como si ella estuviese encerrada en una burbuja y pudiese ver la ceremonia desde arriba. Reconoció las personas que estaban a su alrededor, a pesar de que se estaban cubriendo con paraguas negros. Reconoció a sus tíos y amigos cercanos de la familia, a sus abuelos y a sus primos.

Miró el cadáver pálido de su madre a lo lejos. Era casi irreconocible. Una línea seria surcaba sus labios y su rostro estaba muy delgado. El maquillaje al menos había tratado de arreglarlo un poco, pero no había sido el suficiente. Un montón de flores decoraban el ataúd. Rosas blancas para ser más específicos, porque Mebuki Haruno amaba las rosas blancas.

— Sakura... — recordó claramente sus palabras. — Tú te encargarás de que solo hayan rosas blancas en mi funeral.

— Mamá, no digas esto. — siempre le reprochaba por pensar de una manera tan pesimista. — Te curarás. Yo lo sé.

— Seamos realistas, Sakura. Sé que me moriré uno de estos días-

— ¡Pero los doctores me prometieron que saldrías de esta! Yo sé que eres fuerte, mamá.

La imagen de su madre llena de cables blancos negando suavemente con la cabeza inundó su mente. — Yo conozco mi cuerpo, Sakura, y sé que no aguantará este tratamiento por más tiempo.

Y sus palabras se habían cumplido al pie de la letra. A penas se había podido despedir de su progenitora. Días después de aquella conversación, Kizashi le dio la trágica noticia que su madre había fallecido tras una larga sesión de quimioterapia. Sakura afrontó la nueva situación mejor que su padre. Estaba consciente de que su madre estaba en un lugar mejor, sin medicinas ni cables que retengan sus movimientos. Aún así, se sentía muy sola. Su madre había sido una gran confidente durante casi toda su vida.

Unos golpes la distrajeron de sus recuerdos. Nuevamente estaba ahí, en el funeral. Pero todo el mundo estaba en silencio, presenciando la ceremonia del monje. «¿De dónde proviene ese sonido?», no pudo evitar preguntarse a sí misma. Miraba de un lado a otro buscando la fuente de aquellos golpes, pero no la encontraba.

La burbuja se acercó hacia el cadáver y ahí lo descubrió. Su mamá estaba gritando. ¡Su mamá estaba viva y estaba encerrada en el ataúd! Intentó salir de aquella burbuja para salvarla, pero no podía. Y lo que más le irritaba era que el resto seguía inmune a lo que estaba sucediendo.

Sus caras deprimidas miraban el vacío, mientras que el monje susurraba unos canticos budistas. Sakura miraba aterrada como empezaron a descender el ataúd. «Mamá está allá encerrada y viva. ¿Por qué no están haciendo nada?»

— ¡Mamá! — gritó desesperada. — ¡Mamá, espera!

— ¡Sakura! ¡Sakura, ayúdame por favor!

Ella luchaba para salir de la burbuja, pero era de un material extraño. Cada vez que lo golpeaba con su puño, éste solo rebotaba como si fuera una pelota de plástico. Sakura sintió enloquecer. Nadie la podía ver y nadie le hacía caso. Todos los presentes seguían con la mirada vacía.

— ¡Mamá! ¡No te voy a dejar!

Y cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que todo había sido un mal sueño. O mejor dicho, una pesadilla.

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Naruto aún no creía lo que había sucedido aquella noche. Hinata no sólo le había dicho que sí quería salir con él, sino que también lo quería. Todo el temor que había sentido en un principio, simplemente se había desvanecido cuando empezó a hablar con ella. Las palabras fluyeron solas. Sus manos se entrelazaron solas.

Se sintió como un idiota enamorado al pensar en los besos tímidos que se habían dado en el festival. Pero, tal vez sí era un idiota enamorado. Sasuke constantemente le decía que era un idiota y estaba segurísimo de que estaba perdidamente enamorado de Hinata.

Desde que la había dejado en su casa, no había dejado en pensar en ella. En sus ojos, en su cabello, en sus labios, en el hermoso yukata que había usado, en su voz... Sí, era un idiota enamorado.

"Solo quería que sepas que me divertí mucho contigo esta noche, Naruto-kun"

No pudo evitar leer y releer el mensaje de texto que Hinata le mandó. Su corazón latió como nunca antes. Sus dedos pulgares se mantenían a centímetros de la pantalla sin saber qué tecla presionar. Su mente no se decidía. Era cierto que ahora Hinata era su chica, pero aún no podía asimilar aquello. Aún así, tampoco podía hacerla esperar tanto para responderle.

"Yo también me divertí mucho contigo Hinata-chan. Te quiero mucho."

Escuchó los gritos de su mamá diciendo que se fuera a dormir de una vez. Al día siguiente le había prometido ayudarle a hacer las compras semanales y tendría que ir a dormir pronto para poder levantarse temprano.

Una gran sonrisa surcó su rostro cuando recibió su respuesta.

"Yo también te quiero mucho."

— ¡Naruto! ¡Si quieres fingir que estás durmiendo al menos quítale el sonido a las notificaciones de tu celular! ¡Hasta aquí escucho que estás mandando mensajitos con tus amigos! — gritó Kushina desde su habitación.

"Sueña bonito."

Y ese fue el último mensaje que le mandó. Aún con la sonrisa en la cara, se quedó profundamente dormido.

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Sakura se removió incómoda en la cama. Cuando su mirada quedó fija en el techo, se dio cuenta de que no era su cama, y tampoco era su habitación. Lentamente, los recuerdos de la noche anterior regresaron a su mente. La pelea con los gánster al frente del baño, el momento incómodo en el carro de Itachi, el tacto suave de Sasuke sobre su herida y el beso que dejó sobre ella... Pestañó varias veces y empujó las sábanas azules hacia un costado para sentarse al borde de la cama.

Recordaba la noche anterior con claridad. Sasuke le había prácticamente obligado a dormir en su cama, a pesar de que ella se negó una y otra vez. Él tendió un futon* sobre el suelo y cuando ella se echó sobre éste, él la cargó en brazos con delicadeza y la dejó sobre su cama.

Observó su rostro pacífico iluminado tenuemente por la luz de la luna que se colaba por la cortina. No pudo evitar pensar que se veía guapo.

— Pero qué tonterías estoy pensando... — murmuró para sí misma.

Su respiración aún permanecía entrecortada y sintió su rostro húmedo. Al parecer, había estado llorando en su sueño. Se las secó con tosquedad, pero las lágrimas no paraban de surcar su rostro.

«Será mejor que baje por un vaso de agua. Tal vez eso ayude a tranquilizarme.»

Lo que ella no supo, cuando caminó lo más silenciosa que pudo para salir de la habitación, era que Sasuke ya estaba despierto. Él se había levantado al escuchar sus casi imperceptibles sollozos y susurros incomprensibles. Estaba seguro de que estaba teniendo una pesadilla pero no quería despertarla, pues temía que eso la altere.

Tras asegurarse de que ella ya había salido de su habitación, no lo pensó dos veces y bajó a buscarla. Toda su casa estaba oscuras y ella podía caerse o tropezarse. Se levantó con cuidado de no hacer mucho ruido y cerró la puerta detrás de sí. Sus pies descalzos se arrastraron lentamente por el suelo frío del pasillo. Bajó las escaleras, y escuchó ruidos en la cocina.

Sakura estaba ahí.

Caminó más rápido hacia la cocina y la encontró. Ella estaba recostada sobre el repostero, un vaso con agua estaba sobre la mesa. Se acercó hacia ella y se quedaron unos minutos en silencio.

—¿Qué te trae por aquí? — él fue el primero quien se atrevió a hablar.

— Y-yo... Yo solo... — era la primera vez después de tantos años que él la escuchó tartamudear y no pudo evitar pensar que se veía muy linda.

— ¿No podías dormir?

Antes de responder, sintió sus fuertes brazos rodearla por detrás. Pero ella se sentía tan débil que ni se molestó en alejarse de él. Esto no pasó desapercibido por Sasuke. Empezó a dejar pequeños besos en su cuello, mientras acariciaba inocentemente sus brazos.

Ella giró y alzó su mirada para verlo. Y Sasuke se juró a sí mismo que Sakura jamás tendría que estar así: con los ojos acuosos, sus mejillas enrojecidas. La veía perdida y confundida. Sasuke odió con cada partícula de su ser el verla llorar, al tenerla así en sus brazos.

— ¿Qué pasó? — no pudo evitar preguntarle, mientras acariciaba su espalda casi inconscientemente.

— Un mal sueño... — murmuró ella.

Sasuke simplemente la sujetó con más firmeza. Ella no le devolvió el abrazo, pero solo dejó que su frente se recostara en su hombro.

— ¿Te sientes mejor? — ella solo asintió. — ¿Regresamos a mi cuarto? — ella volvió a asentir.

Ella no dijo nada aún cuando él la tomó en brazos como una bebé y la cargó hasta su habitación. La dejó suavemente sobre la cama y se sentó en el borde de esta para darle un beso en la frente. Por alguna extraña razón, no se sentía tan cómodo como para besar sus labios en aquellas circunstancias. Sin embargo, para su sorpresa, ella lo jaló del brazo y lo besó con profundidad.

— Quédate conmigo.

Sasuke sabía que ella solo le estaba pidiendo que se quede con ella en la cama. Tal vez al día siguiente Sakura seguiría tratando con frialdad, pretendiendo que nada de lo que había sucedido esa noche era nada para ella. Pero no le importaba. Se contentaba con estar cerca de ella por unas cuantas horas.

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Sus orbes negros se abrieron lentamente al sentir los leves rayos de sol contra sus párpados. Pestañó varias veces, pero volvió a cerrar los ojos por unos momentos. Sintió a Sakura removerse en sus brazos y no pudo evitar acariciar su espalda. Ella murmuraba cosas que él no entendía. Aún así, le parecía muy adorable.

Sus manos ascendieron por su camiseta negra para acariciar su cabello. Era muy suave y emanaba un olor que a él le encantó. No era de alguna fruta o flor en específico; aún así, era un olor dulce. Lo inhaló profundamente.

El tenerla en sus brazos era una sensación indescriptible y estaba seguro que así quería despertar todos los días de su vida. Aunque ella se había arrimado hacia un extremo de la cama, sus piernas se habían entrelazado en el transcurso de la noche y había acurrucándose en sus brazos. Besó su frente y lentamente fue dejando cortos besos por su rostro hasta llegar a sus labios.

— ¿Sasuke? — ella murmuró, abriendo los ojos, antes de que él la bese.

— Hola. — sonrió de manera casi imperceptible y dejó un breve beso sobre boca.

— Hola... — respondió con un ligero sonrojo en las mejillas al recordar la noche anterior. Quería golpearse a sí misma por haberle pedido que se quede a dormir con ella, pero no podía negar que se había sentido extrañamente bien.

— ¿Te sientes mejor? — le preguntó, acariciando su mejilla con ternura.

— Eso creo. — intentó deshacer el abrazo en el que Sasuke la tenía atrapada, pero no pudo.

— ¿Qué sucede? — la veía estremecerse en sus brazos. — ¿Te sientes bien?

Antes de que ella responda, Sasuke escuchó la puerta abrirse y la cabeza de Itachi surgió por esta. Los miró sorprendido, pero segundos después, una brillante sonrisa se asomó por su rostro. «Ella deber ser la chica especial de la que me habló Sasuke la vez pasada. Es bonita»

— ¿Quieren desayunar? — preguntó, después de un silencio incómodo.

— Sí, ya vamos. — respondió Sasuke. Itachi asintió y se perdió por el pasillo.

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Karin giró aburridamente en la cama del hotel. Era temprano aún, pero en cualquier momento sus padres llamarían a su puerta para bajar a desayunar al comedor. Tenía un poco de hambre pero tenía mucha flojera como para alistarse. Su celular vibró en sus manos y rápidamente deslizó su dedo sobre la pantalla al leer el nombre que se mostraba.

"Hola bonita. ¿Qué tal Konoha?"

Sonrió cuando sus ojos releyeron el mensaje de Suigetsu. "Sushi" —como siempre le habían llamado sus amigos— y ella no se habían llevado bien en un comienzo, pero con el pasar del tiempo ese desagrado se fue tornando lentamente en cariño y después en amor. Extrañaba mucho a Suigetsu, pero también extrañaba a Sakura. Últimamente la había notado muy perdida.

"La ciudad es pequeña pero acogedora. Te compré un pequeño llavero en el festival."

En un comienzo había estado de acuerdo con su venganza tras escuchar la historia. Aún así, conforme su mejor amiga le iba informando algunas cosas mediante los mensajes de texto; Karin se dio cuenta de que Sakura solo se estaba complicando la vida. Lo que ella tenía que hacer era perdonar a sus amigos y dejar el pasado atrás.

El problema era que Sakura no estaba dispuesta a hacerlo. Se sentía tan traicionada y dolida... No estaba dispuesta a darles una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. Sabía que a veces no valía la pena dar un segundo chance, pero... ¿Y si valía la pena? Sakura no solo podría recuperar amistades, sino también un amor abandonado.

Aunque estaba saliendo con Suigetsu, no estaba ciega. Sasuke Uchiha era realmente guapo. Pero eso no era todo. Ella había sido testigo de cómo se miraban ellos dos, o al menos como él la miraba a Sakura. Era una mirada muy especial. Suigetsu la miraba de una manera similar, pero no tan intensamente como Sasuke.

Sakura no le había contado la historia completa, pero sabía que ambos habían tenido algo en el pasado. Algo que Sasuke estaba dispuesto a continuar pero que Sakura no. Karin estaba segurísima de que Sasuke estaba perdidamente enamorado de Sakura; sin embargo, no conocía los sentimientos de Sakura respecto a él. Estaba segura de que Sasuke valdría la pena; y que si su mejor amiga no actuaba rápido, él se iba a cansar de esperar.

"¿Cómo está Sakura?"

Suigetsu era uno de los pocos —al igual que Karin— que conocía parte de la historia de su mejor amiga. Él no había estado de acuerdo con la decisión de Sakura y estaba preocupado por ella. Suigetsu fue el único que la había visto desmoronarse una vez. Se juró a sí mismo que no permitiría que eso pase una vez más.

"La siento muy confundida."

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Sakura comía con lentitud los panqueques que Sasuke había freído orgullosamente. No estaban malos. Le echó más miel y comió el último pedazo de un solo bocado. Sasuke ya había terminado de comer pero Itachi aún no había terminado su porción.

— Se te quemaron un poco. ¿Acaso estabas distraído pensando en cierta señorita? — bromeó Itachi, mirando disimuladamente a Sakura. Esto no pasó desapercibido por ella y solo pudo girar los ojos.

— Cállate. — murmuró Sasuke avergonzado.

— Te luciste esta vez, Sasuke-chan. — la mirada de Itachi se dirigió hacia Sakura. — Recién está aprendiendo a cocinar. No lo ha hecho tan mal, ¿verdad?

— Estaban... buenos. — admitió ella con un ligero sonrojo en sus mejillas.

Sasuke se quedó inmóvil al escuchar unas familiares voces en el pasillo principal. Su mamá le había enviado un mensaje la noche anterior diciendo que pasarían la noche en casa de sus amigos, pues ya era muy tarde. Había olvidado por completo que regresarían en la mañana. Oh, y que Sakura estaría ahí con ellos.

— ¡Estamos de regreso!

— Bienvenidos... — respondieron al unísono los hermanos Uchiha.

Sasuke sintió los suaves pasos de su madre y los firmes pasos de su padre sobre el piso de madera. En ese momento deseó poder teletransportar a Sakura a su habitación. Conocía lo suficientemente a su madre como para saber que les haría preguntas muy incómodas.

— Oh, no sabía que teníamos una bonita visita.

Sakura volteó para toparse con una mujer hermosa. Era claro que ella era la mamá de Sasuke. Él había heredado el tono de su largo cabello y su pálida tez. Era delgada y casi no aparentaba su edad.

— Ella es Sakura y tuvo que pasar la noche en casa porque tuvo unos inconvenientes con su yukata. — explicó Sasuke rápidamente.

— Mucho gusto. — ella se levantó de la silla e hizo una ligera reverencia como saludo.

— Me gusta mucho tu nombre, Sakura-chan. — Mikoto le sonrió cálidamente. — ¿Ella fue tu cita anoche, Sasuke-chan?

— No tuve ninguna cita anoche, mamá.

Itachi miraba la escena divertido. Fugaku solo suspiró en frustración. Y Sakura solo deseó que la tragase la tierra.

— Yo creo que debiste haber invitado a Sakura-chan a una cita en el festival, Sasuke-chan.

— Mamá, ya déjalos. — dijo Itachi, tratando de reprimir una risa y sintiendo un poco de pena por su hermano.

— Será mejor que me vaya. Mi padre debe de estar esperándome. — se excusó Sakura rápidamente.

— Te prestaré algo para que te cambies Sakura-chan. — le dijo Mikoto, tomándola de la mano. — Sasuke-chan, alístate para que acompañes a Sakura-chan a casa.

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El camino al edificio de Sakura fue en silencio. Ninguno de los dos dijo nada hasta que llegaron hasta la puerta de su departamento. Sasuke estuvo a punto de dar media vuelta para regresarse a su casa, pero Sakura lo sujetó del brazo con firmeza. Él no volteó, se quedó inmóvil.

— Gracias. Por lo de ayer y por acompañarme a casa. No tenías por qué hacerlo.

Él giró lentamente y casi sin pensarlo la atrajo a sus brazos. No fue novedad que Sakura no correspondiese el gesto, pero sí el hecho de que no trató de deshacer el abrazo. Permanecieron abrazados por unos minutos sin decir nada.

— Quise hacerlo.

Ella evitó su mirada. Aquello que estaba sucediendo no le estaba dando una buena espina. Su corazón la había traicionado, empezando a latir como un loco, y al parecer sus mejillas también porque las sentía calientes. Sintió cómo sus dedos tibios la tomaron suavemente de la mejilla para poder mirarla fijamente.

— ¿Me vas a besar? — musitó ella al notar que sus labios estaban distanciados por pocos centímetros.

— ¿Quieres que lo haga? — respondió él. Sakura juró ver un atisbo de sonrisa adornar sus labios por breves segundos.

— No lo sé.

— Pues yo sí quiero besarte, Sakura.

Y sin más, la besó.

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Esquina del vocabulario de Hatsumi:

* Futon: Es una cama tradicional japonesa consistente en un colchón y una funda unidas y suficientemente plegables como para poder ser almacenado

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19 de julio del 2015

Nuevo capítulo! Espero que les guste.

Nos leemos en dos semanas.

Hats