Chapter 10: Don't be afraid

Corrió y corrió; corrió, y volvió a correr una vez más... su cuello iba de un lado a otro, barriendo con la mirada de un lado a otro los pasillos. ¿Dónde coño se había metido ahora? Se le escapó un suspiro desesperado. Bajó la cabeza, y se quedó parada en seco, ante los pasillos desiertos del Preston.

Anna... ¿por qué me has hecho esto? ... ¿A qué le tienes tanto miedo...?

Pensaba abatida, jadeando muy suavemente y casi sin fuerzas. Había sigo testigo directa de la confesión extra-oficial de la chica que había amado durante tantos años, y ahora... ahora ella actuaba como si eso fuera un cáncer o algo similar... ¿Por qué? Se preguntaba... ¿por qué no puedes simplemente aceptarlo sin tener que estar corriendo?

Bastaron unos instantes más para que la sirena que indicaba el final de la penúltima clase sonara, y enseguida los pasillos comenzaron a inundarse de apáticos y divertidos alumnos. Elsa comenzó a caminar lentamente, todavía adormecida, por decirlo así, y en ese instante fue cuando sin más se cruzó con Tommy. Cosa que ni le sorprendió.

–Hey, Elsa, ¿qué haces aquí? ¿Te encuentras mal? ¿Por qué no has vuelto a clases? –arqueó la ceja, mientras la miraba.

Ella levantó la vista como si tal cosa, aparentando estar normal, aunque le faltase un siglo para ello. Con voz extraña, le respondió.

–Supongo que me he retrasado un poco.

–Anna también se ha retrasado. –Soltó de golpe–. De hecho, tampoco ha vuelto.

La rubia rápidamente levantó la vista hacia Tommy, algo sobresaltada, pero en lugar de demostrar eso, simplemente hizo un gesto de confusión.

–¿En serio? ¿Cómo que Anna no ha vuelto? Creía que...

–Hola, chicos.

Una voz salió sin más de la nada, y ambos se giraron a mirarla. Era Anna.

Tommy la miró sorprendido a priori, pero enseguida endureció su gesto y la miró desafiante. Elsa, en cambio, comenzó a respirar más fuerte, al mismo tiempo que su corazón le bombeaba a toda prisa. ¡¿Por qué aparecía y desaparecía como un fantasma?! Estaba comenzando a ser estresante.

–¿Dónde te habías metido? –Habló Tommy sin alterar su gesto, con sus manos detrás de su cabeza y la cabeza reclinada.

–Qué te importa. –Le respondió la pelirroja sin hacerle caso, y se acercó a Elsa, a la cual le dedicó una leve sonrisa casi con la mirada y le entregó un sobre blanco.

–¿Q...? ¿Qué es...? –la rubia apenas podía articular palabra, cuando la pelirroja le rozó la mano levemente para que se acercara más el sobre que por inercia Elsa ya había tomado en sus manos, y entonces se dio la vuelta para despedirse, curiosamente mirando a Tommy, alzando la mano de espaldas. Llevaba esa camisa y esa falda que tanto le gustaba a Elsa. Sentía que iba a explotar.

Elsa se quedó estupefacta con el sobre en la mano, con toda clase de gestos confusos en su rosto, ante la mirada de reojos de Tommy que todavía conservaba su gesto inicial.

()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

El contenido del sobre no era más que un papel blanco. Como era de esperar. Elsa había estado esperando muy impacientemente la salida del instituto para poder leerlo en casa, ya que en clases no se fiaba ni de su propia sombra. Anna no estuvo más...

Se debió ir del colegio tras eso, sin ninguna duda... porque ella no era de saltarse clases estando en el centro.

Elsa abrió el sobre, con el corazón a mil por hora, con las manos temblorosas y con el nudo en la garganta. ¿Qué quería Anna, o pretendía, (o como fuera) con eso?

Ya tenía el papel desplegado delante de sus ojos, más pequeño de lo que imaginó, y entonces lo leyó... lo único que ponía, era lo siguiente:

"Esta noche a las 21:00, en el parque municipal.

No faltes,

Anna"

¿Qué demonios...? ¿Qué carajo estaba leyendo? ¿Una... cita? ¿En serio Anna la estaba citando? ¿Pero por qué tan tarde? ¿Y encima en un parque? No... aquello debía ser una broma. Pero se lo entregó su pelirroja en las manos... ¿Cuándo lo había escrito? ¿Y por qué, además? Podían haber hablado en otras circunstancias, porque desde luego DEBÍAN, debían hablar...

Pero, sin embargo... Anna...

Ya se le estaban haciendo las horas eternas, en cuanto miró el reloj que marcaba apenas las 16:30. Debía ir espectacular, tanto como ella pudiera permitirse, ya que tenía una autoestima regular, que poco a poco iba desarrollando debido a las cosas que le habían estado pasando durante las últimas semanas, y entonces se dirigió al baño para ducharse. Esa noche debía cenar antes... y aparte ver qué excusa iba a inventar para que la terrible Helen White le impidiera salir obviamente tan tarde...

De repente, había caído en cuenta. ¿Cómo iba a deshacerse de su madre? ¿Tendría que saltar por la ventana que por fortuna no estaba tan alta, haciendo una cuerda con las sábanas, como en las películas? ¿Y qué pasaría si su madre se percataba -que lo haría, con toda seguridad- antes de que ella volviera? Era demasiado arriesgado... ¿Por qué Anna la metía en esos fregados? Si al menos supiera donde vivía... ella... realmente podría ir a buscarla...

()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

El ruido incesante de los cubiertos resonaba con monotonía en la silenciosa residencia Snell. A la izquierda, la Sra. Snell, maquillada hasta las orejas y con tacones de ocho centímetros por lo menos, pasaba la servilleta cuidadosamente por las comisuras de la boca para no quitarse el pintalabios. A la derecha, el Sr. Snell tomaba cuidadosamente el cuchillo y el tenedor para hacer un corte certero a su filete de cerdo.

Tommy, que estaba en el pico frontal de la mesa, tan solo se mostraba pensativo. No había comido casi nada. Su madre alzó la copa de vino blanco, dio un breve sorbo y miró a su hijo, que estaba, como siempre, vestido con el chándal del equipo.

–Tommy, cariño, no has comido nada. ¿Te ocurre algo que tus queridos papis no sepan?

El joven no alteró el gesto. Seguía apoyando los codos en la mesa, y las manos en la barbilla.

–No tengo hambre, mamá. Y sabes que no me gusta que me hables así.

–¿Así como, cielo? Sabes que para nosotros siempre serás nuestro pequeño cachorrito.

El chico se levantó de golpe. El chirrido de la silla debió rallar el suelo.

–Mamá. Sabes que ya no soy un niño. –Su tono era serio.

–Pero Tommy... –comenzó a decir su madre de forma sorprendida, al mismo tiempo que el joven atleta ya se encontraba subiendo a toda prisa las escaleras que daban a la planta de arriba, buscando su habitación.

Pateó la mesa, en cuanto llegó a ella tras cerrar la puerta. Una ola de inquietud y nerviosismo no paraban de martillearle el pecho, mientras que los pensamientos que eran causantes de esas sensaciones, se amontonaban en su mente.

Sé que Elsa y Anna se traen algo... Green quiere arrebatarme a Elsa. Lo sé...

Dio otra patada a la mesilla de noche y se puso sus manos en su cabeza y se giró sobre sí mismo.

Seguro que ese sobre contenía algo... Anna le dio algo, ¿pero qué podría contener ese sobre? ¿Y por qué me trató así? La muy...

El joven suspiró sentándose en la cama. Adoptó su pose inicial y cerró los ojos para meditar. La habitación apenas la alumbraba la tenue luz de la lámpara de escritorio, y las estrellas casi cubrían el cielo.

()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

El tiempo se le echaba encima... ya casi eran las 20:00 y todavía se encontraba cenando, sin la menor idea de cómo hacer para que su madre, en caso de subir a su habitación más tarde, (ya que casi siempre lo hacía y ella no volvería probablemente en una hora, quizá ni dos) no se diera cuenta de que ella se había ausentado, metiéndose así en un buen lío, y tenía asegurado un buen tiempo encerrada en el hueco infernal... no pudiendo ver la luz del sol probablemente en días, y...

–Demos gracias al señor por estos alimentos. –La voz semironca de Helen se alzó tan impasible y precisa como siempre, sobresaltando a Elsa.

La observó, ella llevaba su pelo suelto, algo enmarañado, sus ropajes negros hasta el cuello, sin dejar mostrar nada, (a veces se preguntaba cómo podía respirar) y sus manos ya se encontraban en posición de rezo.

Comenzó a hacerlo en voz baja, y se detuvo un instante. Elsa bajó la cabeza inmediatamente, juntó sus manos, cerró los ojos durante unos instantes, y enseguida los volvió a abrir a mitad del rezo aproximadamente, cuando sabía que su madre ya los había cerrado.

La voz perturbadora y taladradora de Mrs. White no hacía más que dar un aire más tétrico a la semioscura sala, con esas palabras que le parecía que habían salido de otro siglo... era obvio que la gente ya no hablaba así. No podía evitar que le sonara un tanto extraño.

Paró de rezar de repente, moviendo sus manos en dirección a los cubiertos. Elsa la miró tranquila, o concienciada, no sabía bien describirlo, y entonces Helen volvió a alzar la vista. La negrura de sus ojos, pese a que eran también azules, era realmente perturbadora.

–Después de un rezo debe decirse 'amén'.

Elsa salió de su trance, se arrancó de él, mejor dicho, y reaccionó torpemente.

–¿Eh? Oh, sí, por supuesto... Amén, mamá.

–Amén a Dios. Come.

Inclinó su cabeza hacia las verduras, guisantes de nuevo... Conteniendo un suspiro, la simpática rubia obedeció.

()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

A falta de media hora para las nueve, Anna ya se encontraba poniendo el perfume en su cuello, con pulverizador incluido... ella era una chica exquisita, pero su atuendo lo era aún más.

La joven pelirroja vestía una falda negra algo corta, el pelo lo llevaba a dos trenzas, el flequillo hacia el lado y una notoria sombra de ojos, aunque no borrando el toque natural. A ella le gustaba conservarlo...

Tras terminar de perfumarse, tomó su chaqueta también negra, y se la puso. Hacía frío a esas horas... aunque llevase una camisa blanca de manga larga, era fina.

Estaba nerviosa. Y eso que había sido la causante de todo aquello... pero no podía evitar pensar... ¿Y si Elsa no aparecía? ¿Y si había malinterpretado la situación? Si Elsa realmente le pedía eso porque quería saberlo sin más, y si...

Sacudió su cabeza.

Joder, Anna. Así no podemos estar... Elsa aparecerá.

Y es que lo que estaba a punto de hacer no le parecía algo normal... se encontraba a punto de hacer algo que nunca había hecho, puesto que con Tommy ella no tuvo que inmutarse siquiera, aparte de que lo que sentía por él... ni de lejos era lo que sentía por la joven rubia de mirada extraña y ojos igualmente extraños...

Suspiró, sentándose en la cama. Miró su reloj, las 20:35. Pensaba que había un buen camino a pie hacia el parque, así que, con las piernas algo temblorosas, la pelirroja salió de su habitación y se dirigió hacia la puerta trasera de salida... Tenía una que se comunicaba con el pasillo anterior a la sala principal, después hacia el patio y por último hacia los jardines...

El momento se acercaba, y su corazón le bombeaba aún más.

()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

Las estrellas ya cubrían completamente el cielo contaminado de la diminuta Belmont, cuando el reloj había marcado las 21:00 en punto. No había nadie por esos parajes, la ciudad estaba prácticamente dormida, o tal vez despierta en otro lado... nadie solía cruzar esos caminos solitarios y alejados del resto de la ciudad, desde que los practicantes de las botellonas se decidieron por el parque que se inauguró hacía ahora dos años, a dos esquinas del instituto, dejando a este, el antiguo parque municipal, totalmente abandonado y desierto.

Los grillos ya se oían en la lejanía, era como si en aquel lugar siempre fuera tarde, aunque realmente, en horario casi de verano, todavía era relativamente temprano. Y con ellos, unos pasos de tacones y de botas se iban acercando a paso entre lento y ligero, hasta que el sonido se detuvo de golpe.

Elsa y Anna se encontraban mirándose fijamente... una enfrente de la otra, a una distancia considerable.

La rubia llevaba un vestido sorprendente del color beige, éste no sobrepasaba mucho más de las rodillas, y era entallado. Su pelo se notaba más ondulado que de costumbre, y una leve sombra de ojos que podía apreciarse desde esa distancia. Sus tacones blancos eran altos, y sus pechos propasaban el hueco que ciertamente rellenaba muy bien, por encima del lazo blanquecino que los realzaba y los separaba del resto del cuerpo.

Un embriagante perfume habitaba la atmósfera, tanto que Anna ya no distinguía si era el suyo o el de la increíble chica que se encontraba enfrente de ella.

Estaba hermosa... siempre había pensado que Elsa era hermosa, desde que comenzó a mirarla con atención, pero esa noche... esa noche estaba...

Comenzó a suspirar, el corazón le latió más deprisa. ¿Qué le estaba pasando, de repente? ¿Qué era esa fuerte y extraña sensación...?

La rubia comenzó a acercarse sin más, moviendo inevitablemente sus caderas, y la pelirroja se quedó congelada en el acto. Tímidamente, Elsa, mirándola apenas, le acercó lentamente el sobre... el mismo que le había entrado la pelirroja horas antes de ese encuentro.

–Puedes... p-puedes quedártelo...

No se atrevía a levantar la mirada. Su corazón era un puro tsunami renaciente, sentía que iba a estallar en cualquier momento... pero entonces Elsa, consciente de que todavía no había visto los ojos de Anna porque ésta no se dejaba, tomó el control de la "conversación"...

–Quiero que lo tengas tú.

Anna miró todavía cabizbaja el sobre, que extendía Elsa todavía, y entonces comenzó a gritarle a su subconsciente que dejara de hacer el indio y que diera la cara de una vez. Se estaba comportando como una tonta. ¿Por qué Elsa provocaba tales efectos devastadores en ella? Dios... lo intentaba, pero no podía...

–S-solo es... solo es un sobre... –la pelirroja, avergonzada a no poder más, no entiendo por qué, solo podía mirar las piernas (¡no en ese sentido!) de Elsa...

Giró su cabeza... enfadada consigo misma, con su maldito bloqueo involuntario.

–No es un sobre cualquiera... –habló Elsa, con voz algo lánguida–. Mira el papel de dentro, por detrás...

La pelirroja reaccionó apenas un poco, alzó la vista llegando a ver a Elsa de refilón, que se encontraba mucho más cerca de lo que pensó, y abrió el sobre con rapidez y nervios.

El pequeñísimo papel en donde había escrito aquella estúpida cita en la que no estaba haciendo ni siquiera la honra de lo que debía y había pensado hacer, había bastado para que mostrase un dibujo a carboncillo de ellas dos, mirándose, de frente.

Ambas mostraban gesto neutral, y estaban rozando sus frentes, de perfil, con los ojos cerrados. El dibujo era una auténtica maravilla...

Los ojos de Anna se elevaron a tal nivel que se les salían de las órbitas, y el corazón del pecho. ¿Lo habría hecho...?

–¡Gua...! ¿Lo has...? ¿Lo has hecho tú?

Y entonces alzó la vista... por fin manteniéndola fija en Elsa, que la miraba con los ojos cerrados casi, sonriendo complacidamente. Le respondió con voz solemne.

–Sí, supongo que dedicar tantos pasatiempos a lo mismo ha servido de algo.

La sonrisa aún invadía su rostro... y entonces Anna palideció ante ella. Sintió cómo se derretía literalmente. ¡Estaba hermosa!

Tras unos instantes, la rubia volvió a hablar...

–S-supongo que es... la respuesta.

Elsa se sonrojó, bajando su cabeza. Ahora era Anna quien la tenía levantada, mirándola todavía estupefacta.

–¿La... respuesta...? –la pelirroja no entendía demasiado.

–La respuesta a lo que me terminaste de decir en la biblioteca... –la rubia todavía no levantaba su cabeza. Te entiendo bien, debió pensar Anna...

La pelirroja sonrió. Le agarró la barbilla... sintió al instante como todo su cuerpo sufría una enrome corriente eléctrica que le llegó hasta el bajo vientre, y entonces la rubia, del mismo modo, levantó su vista, ante la leve presión de Anna.

Se miraron.

Anna desprendía un enorme brillo en sus ojos, y su boca ya estaba entreabierta... mientras que Elsa, solo mostraba las mejillas sonrojadas y el gesto tímido.

–Me-gusta esa respuesta... –dijo medio entrecortada la pelirroja.

Elsa sonrió, automáticamente. Dios, ¿qué estaba pasando?

–Esto es muy raro... –Elsa bajó de nuevo su cabeza aún sujetada por la mano de Anna en la babilla, pero una enorme sonrisa sonrojada todavía más invadía su rostro.

Anna soltó una risita, y alejó la mano.

–Nos estamos comportando como crías... tienes razón. –La joven puso sus manos en la cadera de forma elegante y reclinó su cabeza con seguridad y triunfo en su rostro.

Elsa levantó la vista... y se la sostuvo a Anna. Apreció los detalles de la pelirroja, que todavía no había alcanzado a ver del todo, y se quedó alucinada de lo hermosa que estaba, sus ojos verdes, sus trenzas perfectas, su cuerpo aún más, su atuendo, su elegancia, su aroma, su frescura... eran tales, que de repente sintió unas ganas enormes de besarla, de apretarla muy fuerte para no dejarla ir jamás.

Se supone que ahora se correspondían, ¿no? Tenía ese derecho...

–A-nna... –dijo embriagada Elsa.

La pelirroja volvió en sí.

–¿Hmm?

–¿Qué somos ahora?

La pregunta le pilló completamente de sorpresa a Anna, tanto que se le desencajó el rostro y se quedó sin aliento. Elsa había dado un paso hacia ella, quedándose muy cerca de su rostro.

–¿Q-q-qué som... de-q...?

Elsa volvió a dar otro paso, en su rostro se le veía un gesto entre preocupado y desesperado... algo se había apoderado de ella.

–¿Somos... pareja? ... ¿Somos...? ¿Qué somos?

No podía creer lo que estaba oyendo... ¡Ella solo quería confesarle y saberlo, no había contemplado el comprometerse! Dios... ¿Qué haría ahora? ¿Qué era todo aquello? Solamente había pensado en atreverse a estar con ella, nada más, no había... pero desde luego... ¡AG! todo le había pillado e sorpresa, jamás esperó de Elsa tales consideraciones, tales palabras... y tales preguntas.

–¿A-nna? –volvió a insistir Elsa, con el rostro desencajado completamente, en un hilo de vida, casi. Estaba realmente preocupada, nunca la había visto así...– ¿Solo te gusto, o...? ¿O realmente...?

La pelirroja se quedó en silencio por unos instantes, y volvió su cara hacia el lado de forma sombría.

Elsa, que había estado observándola durante unos segundos más, notó como sus ojos ya se le llenaban de lágrimas, y entonces, con las manos en su pecho, se dirigió hacia ella...

–Sabía que... no podía confiar en ti...

Anna la miró de repente, totalmente congelada, y tragó saliva. Sus ojos se habían agrandado un poco.

Elsa continuó.

–Solo... me has utilizado, ¿no es verdad? Estás en complot con ellos, con los que siempre quisieron hacerme la vida imposible.

Anna la seguía mirando sin poder articular palabra, completamente congelada, mientras que el corazón de Elsa, ya empapada en lágrimas, comenzó a latir muy, muy deprisa, su presión sanguínea aumentó hasta doscientos en apenas un segundo, la sangre de su cuerpo comenzaba a fluirle mucho más deprisa de lo normal, sus extremidades se endurecieron, dejando sus manos a cada lado de su cuerpo estiradas y cadavéricas, con la cabeza bajada, sentía como todo su cuerpo se erosionaba lentamente, todo su cuerpo era puro latido, puro temblor, podía sentir, escuchar y SER cada sonido de su cuerpo, podía oír el latido de su corazón, podía vivirlo, su respiración, la sangre fluir, el sonido de sus órganos internos en funcionamiento, las vibraciones aumentándole más y más...

Todo latía.

Un leve seísmo en la tierra hizo que Anna se tambalease un poco, pero mantuvo el equilibrio y la siguió mirando totalmente estupefacta y aterrorizada, comenzó a notar como las sienes de Elsa comenzaban a latir, la LATIR literalmente, y fue entonces cuando ocurrió...

Elsa White levantó la cabeza y explotó en un grito desgarrador que estalló en una enorme honda expansiva que derribó a Anna en primer lugar, pasando por los toboganes y columpios del parque, por el césped que se resintió notoriamente, por algunos cristales de las casas abandonadas, por las hojas de los árboles, por las piedras del suelo, que golpearon la madera y el hierro que delimitaban el parque provocando constantes chasquidos, por las vallas que no estaban muy lejos de ellas, por las bolsas y botellas de plástico y cristal que alguien no se había molestado en limpiar todavía...

–¡TÚ, ANNA GREEN!

Se acercó lentamente la rubia con el maquillaje un poco corrido, los ojos empapados en lágrimas, las sienes todavía latiendo y el cabello algo alborotado, la mirada sin vida, con extremo dolor...

Anna, desde el suelo, se arrastró como pudo, totalmente aterrorizada, no entiendo NADA de lo que acababa de suceder, presa del pánico, tan solo quería que aquello fuera una pesadilla. ¡Aquello solo ocurría en las películas!

Se incorporó rápidamente casi cayéndose de nuevo, pero entonces Elsa, con tan solo alzar una mano al frente y mirarla con sus ojos llenos de cólera y lagrimosos todavía, la volvió a derribar, golpeándola fuertemente contra el suelo. La pelirroja soltó un gemido de dolor y se dio de bruces contra el césped.

Elsa, se acercó a ella desde detrás, con el viento golpeándole fuertemente en el rostro y moviéndole el cabello, parecía ser inmune al frío... porque así era como se sentía en ese momento.

Alzó su mano al frente de nuevo, y comenzó a levantar a Anna lentamente, que yacía de rodillas en el suelo, mientras tosía agarrándose el cuello, con sus ojos rojos, y moviendo los pies agitadamente de forma desenfrenada, al ver como éstos se elevaban considerablemente del suelo. Gritó (o intentó) como pudo de forma entrecortada, tosiendo repetidamente, sentía una enorme presión en el cuello que la oprimía, haciendo que casi no pudiera respirar.

–¡El-sa! ¡El-sa! –gritaba desesperada la pelirroja desde la elevación a unos centímetros del suelo, completamente erguida, mientras tosía sin parar.

Elsa la miró entonces... ahí, de pie, con la mano alzada controlando todo aquello, con la boca entreabierta y los ojos un poco achicados. Su cabeza girada levemente hacia el lado... y la mirada entre fascinada y completamente perdida.

Estaba ahí, a punto de ahogar a Anna, pero ni siquiera era consciente de ello... estaba embelesada dentro de lo que estaba sintiendo su cuerpo, de lo que estaba haciendo, de lo que estaba sintiendo... y era tan potente, que apenas la dejaba pensar en nada más.

Anna tosió casi con su último aliento, se agarraba el cuello muy fuertemente tratando de aliviar aquella opresión, su cara estaba roja.

–Te-lo-su-pli... co. ¡ELSA! –gritó con todas sus fuerzas la pelirroja, y eso hizo justamente que Elsa reaccionase, saliéndose del trance en el que estaba sumida.

Bajó su brazo de golpe, en seco; y al mismo tiempo, Anna y todo lo demás que se había elevado, cayeron al suelo de forma inmediata.

La pelirroja ya desde el suelo, semisentada, tosía con todas sus fuerzas una y otra vez, sus ojos lagrimeaban a causa de aquello. Se agarraba su pecho.

Elsa yacía de pie... enfrente suyo, parpadeando lentamente, volviendo poco a poco en sí, reclinaba su cabeza y respiraba profundamente...

–¡HAS INTENTADO...! ¡HAS INTENTADO...! –gritó la pelirroja, desde el suelo todavía, con sus ojos llorosos y la mirada llena de terror, alucinación, dolor y confusión.

Elsa la miró, impasible... el amago de paso que hizo, provocó que Anna retrocediera asustada.

–Eres un... tú... tú has... Dios...

Sentía como toda la cabeza le daba vueltas... notó que poco a poco podía volver a respirar casi con normalidad, se le nubló la vista un poco, y lo último que llegó a ver antes de caer al suelo completamente, fueron los tacones blancos de Elsa, que yacían al lado izquierdo de su cabeza.

Todo se oscureció.

()()()()()()()()()()()()()()()()()()()

Las 0:00.

Anna abrió los ojos muy lentamente, y sintió frío. Se quejó, todavía adormecida, y entonces de golpe, los recuerdos de antes de desmayarse volvieron a su mente. Se incorporó a toda prisa, y sintió como toda su cabeza le daba vueltas, una vez más, haciéndola retroceder en el intento.

¡Dios! ¡Mi cabeza!

Se tomó un pequeño tiempo para reponerse, antes de observar el lugar en donde se encontraba... era algo así como... ¿Una... casa? No podía ser... ella había perdido la consciencia en el parque, lo recordaba perfectamente, además... esa no era su casa. No podía haber ido a parar a su casa... nadie sabía donde estaba, y... ella no sabía donde vivía. O al menos, eso creía.

La estancia era pequeña, parecía de madera... todavía no había recuperado del todo su capacidad visual. Estaba algo nublada...

Gimió agarrándose la cabeza de nuevo, cuando de repente oyó unos pasos. Dirigió la vista impulsivamente hacia el lugar proveniente, y entonces se percató de que había un hueco vacío que daba lugar al exterior. ¿Qué demo...?

Los pasos se hicieron cada vez más sonoros, y entonces vio asomar una cabellera rubia ondulada por ese hueco, que parecía estar en alto, y se incorporó hacia donde estaba. Era Elsa.

–Tú... ¿Qué...? –la miró Anna, confusa, su gesto no dejaba lugar a dudas.

Elsa terminó de subir, ya cambiada, aunque el pelo lo tenía igual que antes y el maquillaje, pero ya no llevaba el vestido...

–Pensé que no era justo dejarte ahí tirada. –Dijo de forma tranquila y casi indolente la rubia, ante la mirada estupefacta todavía y confusa de Anna. No salía de su asombro.

–¿Qué estás diciendo? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí?

Elsa la miró de nuevo, pero enseguida volvió a mirar hacia debajo, hacia lo que parecía ser una especie de bandeja... que contenía fruta.

–Este es el lugar al que suelo venir cuando no quiero ver a nadie.

La pelirroja todavía no lograba procesar...

–La descubrí hace mucho tiempo. Con mi padre.

Elsa la miró con el gesto serio y... algo más que no sabía descifrar. Su voz era... demasiado certera y alejada. No entendía NADA de lo que estaba pasando en ese momento.

–¿Con... tu padre? ¿Qué me estás...?

–¿Podrías hacer el favor de callarte y alimentarte? Llevas un buen tiempo inconsciente... –dijo Elsa, ofreciéndole una manzana.

Anna miró la manzana levemente.

–No quiero. Seguro que está envenenada.

Elsa gesticuló, queriendo decir: ¿Eh?

–¿Qué tonterías estás diciendo? Si quisiera matarte, ya lo habría hecho.

–¡No me cabe duda de ello! –respondió Anna, tosiendo y agarrándose el cuello, todavía.

Elsa ahogó una risita. No quería reír... no quería volver a tomarle cariño a Anna, tras lo que había descubierto... ella... la había traicionado. De nuevo su rostro se ensombreció.

Soltó la manzana a su lado, y entonces Anna la cogió y le dio un mordisco. ¿De dónde se habría sacado esa fruta? Todo estaba cerrado a esas horas...

La rubia esperó pensativa y paciente a que Anna terminase de comerse la manzana, que la devoró casi, llevaba más de dos horas sin comer nada, y entonces se levantó... con el rostro dolido. La voz lánguida.

–Tenemos que irnos... o tienes que irte. Es muy tarde.

Anna arrojó el hueso de la manzana por la ventana.

–Todavía tenemos que hablar de cosas muy importantes. –Su gesto era serio, su voz era precisa.

–No... tenemos nada de qué hablar... –Elsa miraba al frente con la cabeza algo bajada, el rostro serio.

–¿Ah, no? Joder... ¿Y lo que acaba de pasar? No lo he soñado, créeme... el dolor de mi garganta me lo confirma... –breve pausa–. ¿Qué demonios... era eso...? Eras... eras tú, ¿no es cierto...?

Elsa miró a Anna de golpe y porrazo, y ésta se estremeció de terror. Sus ojos realmente habían tomado una forma que nunca había visto... eran negros pese a lo azulado prominente, eran sombras... sombras oscuras.

–No sé de qué me hablas...

–¡VAMOS, ELSA! ¡Vi cómo lo hacías! ¡No pretendas que haga como si no hubiera pasado nada, has estado a punto de MATARME! –estalló la pelirroja, ante una Elsa que permanecía quieta, de pie, de nuevo mirando hacia el frente–. Un poco más y... y... ahora mismo...

–Quizá lo hubieras merecido.

Anna tardó unos segundos en reaccionar.

–¿Cómo puedes decir algo así? –su gesto era de dolor incrédulo por describirlo de alguna forma...

–Tú también jugaste conmigo. –Elsa bajó la mirada, pero enseguida la volvió a levantar. Todavía miraba a la entrada, no la había mirado ni una sola vez.

–Yo no he jugado contigo, Elsa. –La pelirroja hizo un esfuerzo sobrehumano por levantarse.

Elsa cerró los ojos y sonrió irónicamente... aunque en el fondo le hubiera gustado creer que era así...

–A pesar de que has intentado matarme... ¿Quieres que te lo demuestre? –La pelirroja se acercó a ella, tambaleándose a priori tras levantarse, dio un paso al frente, y puso su cara junto a la de Elsa, frente a frente, tal y como en el dibujo...

Elsa, que todavía no era consciente de lo que estaba pasando, (o si lo era no lo consideraba genuino) permaneció quieta, con su mirada fija en el suelo, mientras que Anna presionaba levemente su frente contra la de ella, y entonces también bajó su mirada.

Ambas permanecieron en silencio por unos instantes, hasta que Elsa alzó la voz...

–No te atrevas a hacerlo. No quiero que hagas más el ridículo.

Anna se retiró levemente, contrayendo el rostro en una mueca de desconcierto, y tras soltar un ¿eh? con la cara, volvió a dejar caer su frente contra la de Elsa.

La rubia, impasible, al cabo de unos instantes, alzó la mano levemente, deslizando a Anna unos centímetros hacia detrás, haciendo que se chocase de forma casi suave contra la madera, y cayendo al suelo con la rodillas flexionadas. Se agarró su cabeza.

–Eso es lo que te ocurrirá si te vuelves a acercar a menos de veinte metros de mí.

Anna se seguía agarrando la cabeza. Menudo golpe...

–¡Conque no habías sido tú! –cerró los ojos, contrajo el rostro.

–Puedo hacer cosas mucho peores. –La voz de Elsa sonó convincente, y casi presumida.

–Tienes que explicarme cómo haces esto. Estoy así tan normal porque no me lo creo de tanto golpe en la cabeza, pero te aseguro que cuando consiga recuperar del todo la consciencia, salgo corriendo y no me ves más.

Elsa rió irónicamente.

–Ojalá y así sea. Me gustaría no verte más.

Anna se levantó... todavía contraída. Miró a una impasible y altiva Elsa, que estaba frente a ella cruzada de brazos.

–¿Cuál es el motivo de que me odies de repente? ¿Me he perdido algo?

Elsa abrió más sus ojos.

–¿Y todavía lo preguntas? ¡Me dan ganas de...! –hizo el amago de alzar su mano.

–¡Vale, vale! –Anna levantó las suyas como pidiendo calma–, te aseguro que no lo entiendo, ¡No entiendo nada! Ni qué es esto, ni cómo lo haces, ¡ni nada de nada! Por favor...

Elsa suspiró tratando de tranquilizarse, ya se estaba enfadando otra vez... pero bajó el brazo.

–Deberías marcharte.

Anna suspiró...

–Primero intentas matarme, casi ahorcándome... después... me traes aquí... me dices que trato de jugártela, cuando ni siquiera sé de qué me hablas... y ahora me echas... y ¿mueves, elevas? como sea, cosas... y yo... ag...

Anna descendió el suelo, su cabeza ciertamente le dolía bastante, parecía tener una legión de enanitos con martillo taladrándole el cerebro. Se quedó echa un ovillo en el suelo, con la manos sobre ella.

Elsa la miró de reojos, y entonces, al ver que su gesto parecía auténtico, se acercó a ella, descruzándose de brazos y poniéndose de rodillas a su lado.

–A ver... ¿tanto te duele?

–Ah, ah, ah... –dijo Anna exageradamente, mientras que notaba como Elsa le ponía su mano en la frente. Estaba cálida... pese a la brisa que entraba por la ventana y el hueco de entrada.

Elsa miraba su mano, hasta que, sin más, volvió a mirar el rostro de Anna... que de repente abrió los ojos. El corazón de la rubia dio un vuelco sin poderlo evitar ni controlar. Abrumada por eso, temiendo caer, hizo el amago de levantarse, pero entonces Anna le agarró del brazo, y la miró fijamente.

–Sé que no estoy rindiendo bien... han sido muchas emociones... pero te juro que no sé de qué me hablabas con eso...

Elsa la miró suspirando agitadamente, de arriba abajo, moviendo sus ojos de forma nerviosa, e intentó alejarse de nuevo, ante otro tirón de Anna para retenerla...

–¿Por qué no puedes siquiera escucharme?

Ambas yacían en el suelo, Elsa rodillas, Anna tumbada... y se miraban.

–No quiero... no quiero que me hagan daño...

Anna frunció el ceño, e hizo algo totalmente inesperado para Elsa. No lo vio venir, fue tan rápido...

–¿Te hace daño esto? –Dijo, y al mismo tiempo, se incorporó de golpe, dejando que sus labios tomaran los de Elsa, con su mano derecha (con la que la había retenido) rozándole sutilmente su muñeca...

Elsa, que había tenido sus ojos abiertos 100% a causa de la impresión, poco a poco fue presa de la situación, y enseguida los cerró lentamente...

Ambas tomaron el ritmo del beso, ya que había comenzado siendo estático... y Anna subió su mano libre por la mejilla de Elsa, acariciándola con suavidad, mientras que la rubia se estremecía y se quedaba paralizada.

–Dime, ¿te hizo daño? –le preguntó dulcemente Anna, poniendo un mechón de su ondulado pelo tras la oreja...

Elsa había bajado su cabeza y su mirada.

–No... me hagas esto... no quiero que me hagas esto...

–¿Hacer qué? –Anna volvió a levantar su cara a través de su mejilla, haciendo que la mirase. Elsa se había puesto roja... y suspiró, bajando de nuevo la vista...

–Por favor... –murmuró Elsa, casi, pues apenas se le oyó...

–Sólo si me dices qué es eso que haces... y por qué has tomado represalias innecesarias contra mí... necesito saberlo... mi mente no logra entender... he... he estado... tremendamente asustada, y...

Frente a frente, Elsa levantó la vista...

–Don't be afraid... –Dijo, y con la misma habilidad de Anna hace unos segundos, se abalanzó sobre la pelirroja, derribándola hacia el suelo junto con ella, para volver a sentir de nuevo el enorme placer que tienen sus besos.