Es lunes por la tarde. El bus apenas hace un rato que ha dejado a Saga y Kanon a tres manzanas de su casa, y antes de ponerse con los deberes tienen que cumplir su misión de la semana: cuidarse de la ropa.

Aspros aún tardará en llegar, y en la cocina Defteros se dispone a cocinar un guiso de carne con verduras para cenar, haciendo un poco de más para que mañana su gemelo se pueda llevar un tupper al trabajo.

Kanon, como siempre se hace el remolón en el sofá comiendo para merendar un buen pedazo de pan untado con crema de avellanas. Saga normalmente le acompaña, pero hoy ha decidido no merendar. O hacerlo después. Hay que poner una lavadora, y con urgencia necesita hacerlo él.

Sigilosamente sube a su habitación y baja con algunos canzolcillos guardados en sus manos. Están sucios. Y se han ensuciado por la noche. Hace tiempo que siente cómo su cuerpo cambia y reacciona involuntariamente de unas maneras que le producen vergüenza y placer a partes iguales. Su intimidad se está transformando, y ha descubierto que tocarla le agrada, que se siente bien...sobretodo cuando estalla. Pero últimamente estalla sin que él haga nada. Lo hace sola mientras duerme, y despertarse por las mañañas con esa vicosa humedad en su entrepierna le genera una vergüenza insoportable. No quiere que Kanon lo vea, aunque desea desesperadamente saber si a su gemelo le ocurre lo mismo o si éso se debe a algún problema que deba hablar con alguien...pero ¿con quién?.

Hace días que su cabeza no cesa de dar vueltas al mismo tema, y sin hacerlo evidente, Kanon se ha convertido en punto de observación. Él también hace cosas raras...Cuando se ducha pasa el pestillo, cosa que antes no había hecho nunca. Y ahora sus duchas se están convirtiendo en legendarias...no por la limpieza que se imprime, sino por la duración que tienen. Cierto es que durante las semanas que han compartido habitación en el pequeño piso de sus hermanos mayores, Saga no ha podido evitar fijarse en el cuerpo de Kanon y en las mismas reacciones que ha vislumbrado en el propio, sobretodo al despertar, cuándo Kanon se apresuraba a bajarse la camiseta del pijama para ocultar esa inoportuna hinchazón.

Quizás debería hablarlo con él...pero Kanon nunca es una buena opción para hablar nada en serio. Teme sus reacciones, que le llame "idiota" o que se lo quite de encima riéndose de él. Saga no necesita que se rían de él...y menos de lo que su cuerpo experimenta y que es incapaz de controlar, tanto como incontrolable se ha vuelto su mente. Desde el día que Kanon sugirió que sus hermanos mayores quizás se tocaban no puede dejar de imaginarse estas enfermas escenas cada vez que sus manos deciden hacerle experimentar ese extraño placer. Todo es demasiado raro y psicodélico...pero en cierto modo pensarlo le excita. Y en sus manos ahora yacen las consecuencias de la excitación que por las noches sufre su subconsciente.

Quizás algún día hallará el valor para hablar de ésto con Defteros...Aspros le causa afrenta. Defteros parece más cercano en temas así...pero hoy no lo hará. De momento tiene bastante con apresurarse hasta el cuarto de limpieza y poner los canzoncillos al fondo del tambor, tapándolos con otra ropa que ayude a ocultar las manchas que dejan sus involuntarias poluciones nocturnas.

A lo lejos escucha la voz de Defteros instando a Kanon a olvidarse del móvil y a acompañarle en su obligación, y cuando su gemelo se presenta a sus espaldas Saga finge normalidad.

- Defteros dice que acabe yo con ésto y que tú vayas a doblar la ropa antes de ponernos con los deberes.- Kanon lo dice con expresión de hastío, pero resignado.

- Si ya casi estaba...

- Que te vayas, que ya lo termino yo. No me gusta doblar la ropa...

- ¡A mí tampoco! - se excusa Saga, temiendo que Kanon revuelva lo que ya hay dentro de la lavadora y descubra su debilidad.

- Hoy te toca a ti.- Kanon lo sentencia y ayuda a Saga a desaparecer regalándole un pequeño empujón.

Saga se va alejando, no pudiendo evitar echar alguna que otra ojeada a lo que Kanon hace, suspirando aliviado cuando ve que sólo añade algunas prendas más.

Al lado de la máquina hay colgado el papel que Aspros redactó con las instrucciones, y Kanon se lo lee sin hacerle absolutamente nada de caso.

"La ropa del fútbol SIEMPRE a parte"...- Kanon se encoge de hombros y suspira mientras mira el cesto y ve que la ropa del partido de ayer tampoco está tan sucia de barro, así que no duda en añadirla también, sin siquiera sacudirla.

"Dos tapones de jabón por uno de suavizante cuando el ciclo es normal"...- Ésto será un ciclo normal, ¿no? - Kanon lo pregunta para sí mismo, y echa dos tapones de jabón. Añadiendo otros dos porqué ha puesto la ropa de fútbol...y algo de barro sí que tiene.- Y quizás otro tapón tampoco le vendrá mal...para asegurar...- sin pensarlo más lo añade, rebosándole por todos lados, llenando hasta el tope el cajetín que lo debe administrar.

El cajetín es cerrado y antes de dar la vuelta al comando de los ciclos y apretar el botón de inicio se percata que en el cesto sólo queda una camisa. Blanca. De Aspros. Pero es sólo una prenda, y no dejará el cesto guardando sólo una mísera camisa...Kanon vuelve a abrir el tambor y pasando olímpicamente de la información colgada a su lado, agarra la camisa de Aspros, ésa misma que adora y que le regaló su madre las Navidades pasadas, y la añade al resto de la colada. Cierra el tambor, busca el programa al azar y le da al botón de inicio sin vacilar.

Ya está, ya ha cumplido con su obligación. Ahora sólo queda esperar que el ciclo se complete y ya engañará a Saga de alguna manera para que la acabe tendiendo él.

En la mesa del salón Saga tiene un montón de ropa pequeña esperando se doblada y distribuída en cuatro montones, uno perteneciente a cada uno de ellos. Sus manos van buscando los calzoncillos mirando antes de doblarlos, como buenamente se le ocurre, cuál es de cada quién. Los suyos y los de Kanon los diferencia gracias a las iniciales de sus nombres que su madre les acostumbró a poner en las etiquetas, pero imposible es saber cuáles son los de Aspros y cuáles los de Defteros. En los de ellos no hay iniciales.

- ¡Oye, Def..!

Saga alza la voz sin moverse del salón, y Defteros le responde sin abandonar la cocina.- ¡Dime!

- ¡¿Cómo sé qué calzoncillos son tuyos y cuáles de Aspros?! No llevan las iniciales los vuestros...

- ¡Ponlos todos en un montón y luego ya eligiré yo antes de guardarlos!

- Ok...

Saga va haciendo, sin esmerarse mucho en el doblado, pero lo hace. Y Defteros se lo mira con ternura desde la cocina antes de disponerse a cortar cebollas.

Cortar cebollas...

Un deporte de alto riesgo para sus ojos, los cuáles parecen desatar las Cataratas del Niágara cada vez que el cuchillo imprime el primer corte. Pero hace un tiempo que Defteros halló la solución a este problema, y no le importa que todo el mundo se ría de él y que Aspros también llore, pero de los retortijones de risa que le entran cada vez que le ve hacer uso de su solución. Primero elige las cebollas a cortar y seguidamente abre un cajón de dónde extrae unas gafas de piscina. Estira las gomas como puede y se las coloca, provocando que sus azules cabellos se presenten todavía más desgreñados por la rara sujeción a los que los somete su alocada idea.

Kanon se une a Saga en el salón y rápidamente busca su mochila y se hace con los deberes que tienen pendientes hoy. Saga le mira extrañado por las ganas que su hermano muestra ante la tediosa tarea de desempeñar los deberes, pero hoy toca dibujo técnico, y extrañamente a Kanon le gusta. Quizás tanto como a Defteros.

Saga acaba con los últimos calcetines y lo aparta todo a un lado de la mesa, imitando los gestos de su hermano, mientras Defteros desde la cocina se interesa por lo que toca desempeñar hoy.

- ¡¿Qué tenéis de deberes?!

- ¡Dibujo técnico! - responden los dos a la vez.

- ¡Con unas pocas pistas debemos acabar dibujando nuestras iniciales! - Añade Kanon con emoción.- ¡La mía parece fácil!

- ¡Y la mía es una mierda! - se rebela Saga - Todo son curvas...

Al escuchar ésto Defteros emerge de las profundidas de la cocina cuchillo en mano y gafas de nadar en posición, enmudeciendo a los menores de repente, abriéndoles los ojos como platos y arrancándoles unas carcajadas que cada vez se vuelven más incontrolables.

- ¡¿Qué haces así?! ¡Pareces un extraterrestre psicópata!- exclama Kanon riéndose sin parar.

- Funciona. Éso es lo único que importa.- Defteros lo dice fingiendo seriedad, pero sus labios le traicionan dibujando una leve sonrisa que al final no puede hacer otra cosa que esancharse más.- Así podemos poner música, ¿no? - Añade mientras anda hacia el equipo y elige un Cd que su padre siempre escuchaba en el coche. Porqué últimamente Defteros se empeña en ver las películas y escuchar la música que le gustaba a su padre...y los demás se lo respetan, aunque las quejas de rigor siempre llegan.

- ¿Y qué nos vas a poner ahora? - Saga lo pregunta mirándose a Kanon con complicidad.

- David Bowie.

- ¡Modernísimo! - Exclama Kanon, devolviendo la mirada a Saga y al fin, sonriendo algo más que días atrás.

- ¡Calláos! A papá...

- A papá le gustaba..- le responden los dos, vueltos hacia él, regalándole unas tristes sonrisas que acompañan a su melancolía con respeto y solemnidad.- Y no está mal...del todo- concluye Kanon, que recibe un buen revoleteo en sus cabellos antes que Defteros se arrastre las gafas de piscina hasta sobrepasar su frente, provocando que sus desordenadas greñas luzcan como una melena de león salido de una pelea, y no duda en sentarse frente a los dos, sin soltar el cuchillo de su mano.

David Bowie empieza a cantar, y lo hace con un volumen bastante considerable, pero Aspros aún no está, así que se lo pueden permitir.

"Starman" suena, y les acompaña, envolviéndoles en una extraña atmósfera que los tres aprecian, pero que ninguno lo muestra.

- A ver...¿qué es lo que tenéis para empezar?

Ambos le muestran el papel con el resultado que deberán obtener al final y con las pistas para dar el inicio del proceso. Y Defteros se lo mira descubriendo cuál es el procedimiento a seguir en cada caso. Su pasión por el dibujo técnico le puede, y aunque esos ejercicios a los menores les parezcan complicados y a él facilísimos, sólo les ayudará al final. Primero dejará que se estrujen el cerebro.

- La "K" es más fácil que la "S"...- se queja Saga, reclamando ya una indispensable ayuda antes siquiera de esforzarse en algo que detesta - ¡la mía sólo tiene curvas!

- Nos os voy a ayudar de buenas a primeras, Saga...- Defteros lo dice con cierto cansancio ante las inagotables ansias de ser ayudado que Saga siempre muestra cuando de dibujo técnico se trata.

- A mí no me hará falta tu ayuda.

La todavía infantil soberbia de Kanon se deja lucir, y Defteros sonríe mientras se alza y se dispone a regresar a la cocina para continuar con la cena, cuando un ruido atronador surge del cuarto de la limpieza.

Los tres dirigen sus miradas hacia el habitáculo. Seguidamente se miran entre ellas, y finalmente dos desembocan sobre Kanon, que sin saber por qué siente que algo no va bien. Sus hombros se encogen y el lápiz es soltado sobre la mesa mientras pronuncia un vergonzoso "¿Qué?"

- Kanon...¿has seguido las instrucciones bien? - Defteros lo pregunta con el ceño fruncido, mirando a Kanon y luego el cuartito que ofrece un sonido nada normal.

- Claro...

Kanon miente, encogiéndose todavía más, hasta que un fuerte golpe vuelve a reclamar su completa atención. Los tres corren hacia el cuarto de la limpieza, descubriendo una descomunal espumareda siendo vomitada por la lavadora, la cuál no ha podido resistir la presión en su tambor y ha abierto la puerta, derrochando el exceso de jabón administrado a discreción.

Los rostros de los tres palidecen de repente en el mismo instante que el tiempo les paraliza, y la voz de Aspros casi gritando "¡Hola!" les congela.

- ¡Demonios! ¡¿Qué es este volumen?! ¡Se escucha desde la calle!

"The man who sold the world" arrasa en el salón mientras Aspros también se queda atónito y tieso en el centro de él. Sus ojos se fijan con estupor en sus tres hermanos, ocultando con sus cuerpos la puerta del cuartito de la limpieza.

Saga baja la mirada.

Defteros se acerca a Saga para ocultar mejor el hueco de la puerta y mira a Aspros con expresión de gatito inocente, no pareciendo otra cosa que un demente escapado de un manicomnio con el cuchillo aún en mano y las gafas de piscina en su frente. Kanon se esconde tras ellos dos, mirando las prendas que la lavadora también ha vomitado, descubriendo en medio del charco de jabón una camisa gris...y pensando: ¿era gris?...claro, debía ser gris...

El asa de la bolsa que siempre acompaña a Aspros se desliza por su hombro y desciende. La bolsa cae al suelo y los ojos de Aspros la miran, mirando también sus pies y unos palmos frente a ellos.

Un alud se acerca.

Un alud de agua y jabón.

Y sus tres hermanos menores ya han sido engullidos por él.