Hacía ya varias semanas que había vuelto de mi descanso en la cabaña del bosque. Siguiendo los consejos del maestro y de Arturo, había reducido el ritmo de entrenamiento. No debía tener prisa por mejorar, todo llegaría cuando tuviera que llegar y no podría forzar el momento.
El ambiente estaba calmado, sin problemas y ya no pasaba el día en el gimnasio, lo que me permitía conocer más a mis compañeros. Eliaz me acompañaba habitualmente en los largos ratos de meditación, pues él, como buen alumno, poseía unas técnicas muy similares a las del maestro, lo que me permitía, al mismo tiempo, aumentar mi dominio sobre ellas y llegar a trabar una gran amistad con él.
- ¡Rido! – me gritó Okita, interrumpiendo mi baño. – Te busca el teniente. Me parece que se te acabaron las vacaciones – apuntó en medio de una amplia sonrisa.
Una misión, la primera en mucho tiempo. Realmente, el ambiente había estado demasiado calmado desde la última vez en la que habíamos bajado a la tierra hacía ya varios meses. Se había tratado de una misión en equipo en la que participó toda la división, acerca de una clase de hollows desconocida.
Atravesé los jardines hasta el despacho de Arturo. La capitana había salido, así que él se encargaba de asignar las misiones y de mantener el orden en el cuartel, algo por otra parte que a veces resultaba difícil, con tanta ociosidad y tan poco que hacer, muchas veces se nos iba la mano en nuestros entrenamientos... o en las fiestas. Cuando llegué al despacho Arturo me entregó un folio en el que se detallaba la operación.
"Orden: Se ha detectado espiritu de tierra en estado Avanzado. Localización: coordenadas 4400, 3508. Ciudad de Kyoto, Japon. Zona sur. Especificaciones: Proceda a entierro de alma inmediato. En caso de mutación a hollow, proceder a purificación."
-Fácil, ¿eh? – Arturo sonreía levemente divertido desde su asiento en el despacho. – Tu primer trabajo en solitario y tienes que encargarte de uno de esos. Nada, nada mal.
Mi primera misión en solitario era un espíritu de tierra, era curioso. Sonreí a Arturo mientras volvía la vista al papel y repasaba una y otra vez los detalles de la misión. Era un alma joven, como yo cuando morí. No merecía sufrir más, cualquier cosa que le hubiera podido pasar, que hubiera podido hacer no merecía prolongar más su sufrimiento. Era una misión fácil... pero, para mí, se había convertido en una misión de vital importancia.
-¿Planeando tu estrategia? Ese tipo de alma no es nada amistosa – dijo Arturo, interrumpiendo mis cavilaciones.
-Recordé que en vida siempre quise ir a Japón – le contesté sonriendo abiertamente antes de darme la vuelta para abandonar la oficina. Arturo me miraba desconcertado, sabía que no se esperaba ese tipo de respuesta.
Después de prepararme, cuando me dirigía a la puerta, me crucé con Eliaz. Iba vestido con ropa de calle, cosa que hacía a menudo y que ponía de mal humor a los oficiales. No les gustaba que se saltara las normas tan a la torera.
- ¿Y tú tan arreglado? – le dije
- Tengo una cena en casa con unos parientes y... – parecía tratar de buscar una excusa. – Bueno, que me he enterado que tienes tu primera misión en solitario. Enhorabuena. ¿Te he hablado alguna vez de la primera vez que bajé al mundo mortal? Resulta que...
- Olvídalo. No tengo tiempo ahora para otra de tus batallitas – le interrumpí sonriéndole mientras me marchaba a toda velocidad. – ¡Ah! ¡Pásalo bien con tu cita!
Mientras me alejaba podía imaginarme la cara que se le había quedado a Eliaz con mi último comentario. Últimamente me estaba dado cuenta de mi faceta más sarcástica y estaba aprendiendo a sacarle partido. Me divertía chinchar a Eliaz, sobre todo porque terminábamos en interminables batallas que llenaban por completo los ratos libres.
Aquella zona olía a podrido, a odio, a muerte, a destrucción. Ese era el olor que dejaba la guerra. Podían pasar siglos, pero toda aquella violencia dejaba en el aire toda aquella carga de sentimientos. Todo aquello se palpaba en el aire. ¿Qué sentido tenía? Ninguno. ¿Valía la pena? No. Por su puesto que no.
Venganza, dolor, odio, tristeza, desesperación... ¿Cuál de aquellos sentimientos sería el culpable de que aquella pobre alma se pudriera hasta el punto de convertirse en un Hollow? No lo podía permitir... Llegaría a tiempo, a tiempo de salvarla.
Llegué al lugar indicado, una vieja construcción, bastante desgastada. Los gritos lastimeros de la niña se podían percibir afinando un poco el oído. Cuando debería estar sufriendo. Por eso es que habia decidido seguir adelante. Paz, tranquilidad, serenidad, eran el motivo de mi vida, mi brújula, mi guía... y eran mi regalo para almas como aquella.
-Espera pequeña alma, pronto estarás mejor – murmuré mientras desenvainaba mi zampakutou y me dirigía a lo alto del edificio, donde se encontraba el alma.
Aquel lugar apestaba a odio. La habitación estaba casi totalmente a oscuras y allí, en el rincón más oscuro, estaba ella. Unos ojos llenos de rencor que me miraban fijamente, que me transmitían su miedo, sus ansias de venganza...
-Vaya, no piensas ponermelo fácil, ¿eh? – le pregunté mientras observaba como se tensaba. – ¿Qué hay de especial en este lugar?
La pequeña seguía todos mis movimientos con sus ojos mientras me paseaba por la habitación hacia ella, esquivando los escombros y las zonas del suelo que me ofrecían menor confianza. Aquella situación de alerta y el silencio fueron las únicas respuestas que recibieron mis preguntas.
-¿Debo interpretar eso como un "que te importa"?
Ante esa pregunta, la respuesta cambió. Se levantó y adoptó la misma postura que adoptaban los animales del bosque cuando se ven acorralados, cuando son más peligrosos. Al momento cargó contra mí, llevando por delante un pedazo de vidrio. Aquello podía ser peligroso, pero sobre todo, el movimiento de la joven me mostró el motivo de la visita. La fisura de su pecho estaba a punto de abrirse, podían quedar días, semanas... pero en cualquier modo había que terminar con aquello ya.
-¡Hey! – exclamé mientras la esquivaba.
Hasta cuatro veces se reprodujeron sus ataques a una gran velocidad. Era una chica, más joven que yo, vestida con un kimono impregnado de sangre seca y tierra. Le saqué el arma, pero cuando toqué su mano sucedió algo que me descolocó completamente. Parecía como si hubiera viajado al pasado. Delante de mí vi tendidos en el suelo los cadáveres de una familia y, entre ellos, los de aquella niña. La habían asesinado de una forma brutal, ése era el motivo de su sufrimiento. Ese sufrimiento al que tenía que ponerle fin cuanto antes.
Entonces me vino a la mente el cuerpo de Yonas, el gran dragón al que había vencido días atrás, pero que había sido la causa de mis tormentos durante mucho tiempo. Miré al cuerpecito que empezaba a moverse y me dí cuenta de qué afortunado había sido yo. Nalya me había encontrado poco después de mi muerte. Ella no lo había sido. ¿Habría llegado yo a ser así?
Desenvainé de nuevo mi zampakutou y me dirigí hacia ella, que se levantaba a duras penas tratando de volver a plantarme cara. No merecía sufrir tanto, pero aquel recuerdo siempre quedaría grabado en su memoria hasta que un día, como él, fuera capaz de enfrentarse a sus demonios.
- Bakudou 1 ¡Sai!
El hechizo hizo su efecto y el cuerpo de la criaturilla aquella se convulsionó mientras quedaba apresado. Gruñó y gimió de furia y desesperación y fue entonces cuando descubrí la herida que atravesaba en diagonal su cuello. Quizas fuera por eso que ella no hubiera dicho ni una palabra.
- Soy un shinigami, no estoy aqui para hacerte daño. Te llevaré a un lugar parecido al sitio donde viviste. Quizas sea bueno o malo pero eso dependerá de ti...
"... y de que consigas vencer a tus demonios", concluí para mis adentros. Pero no estaba preparada por ahora. No podría salir victoriosa de aquel combate sola, y, sobre todo, no podría hacerlo hasta que encontrara la paz. Sólo cabía aquella salida, aquella técnica de la que una vez nos había hablado el profesor de Kidou.
- Siento tu pena... - le dije mientras alzaba la espada -y si me permites, deja que selle tu corazón para que puedas al menos por un tiempo tener la paz que tanto necesitas...
Fue como un estallido pequeño, la empuñadura tocó su frente y todo se hundió en un resplandor..
- Pero te prometo... que cuando tu corazón este listo, yo estaré ahí para verlo...
- ¡¿Sector 72?! ¡Para ella eso es casi una condena a muerte!
Mientras hablaba, me excitaba más y mis gestos se hacían más exagerados. No era justo. Aquella niña había sido destinada, condenada, a vivir en el sector 72 del Rukongai, uno de los más conflictivos.
- No es culpa tuya, – decía Eliaz a mi lado – son las cosas de la burocracia. No hay nada que hacerle.
- Ya, pero... Tenías que haberla visto...
Era totalmente injusto. ¿Sobreviviría? Me preocupaba aquella chica, me preocupaba seriamente. Afortunadamente, si todo salía bien, sus demonios no harían acto de presencia en varios años, pero aquel destino era igualmente grave. ¿Qué le depararía el futuro?
- ¡Eh! Soñador, despierta. Mitsuko nos está esperando. ¿Recuerdas que le prometiste que hoy tendríais ese combate de prueba?
- Cierto, es verdad, pero seguro que lo entiende – le contesté – Al fin y al cabo acabo de llegar de mi primera misión, ¿no?
- Y te estás comiendo el tarro por algo que no puedes arreglar – me contestó. – Esto me suena a algo... ¿No era ése tu antiguo yo?
- Serás...
- ¿Cabrón? Sí, un poco. Venga arriba, que ya llegamos tarde.
