Capítulo 10: "Entregada"
El rugido fue estridente, fuerte y sorprendente. Los caballos se asustaron he intranquilos quisieron dar pasos hacia atrás. Sujeto fuertemente entre sus brazos el bulto que llevaba entre manos, que se escapaba como si se desvaneciera. Una tormenta en el mar.
Algunos de sus hombres hicieron comentarios de mal augurio. Y él hizo una mueca sujetando bien a la niña.
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Podía quedarse así toda la vida, disfrutar de ese ruido, de ese sentimiento a libertad incondicional, el mar le llamaba a estar a su lado a disfrutarle siempre y en cada momento. Su cuerpo se movió hacía adelante tratando de alcanzar por lo menos un poco de sus frías y agradables aguas, el mar estaba agitado como su corazón, alterado como ella, sombrío y a la vez eufórico de estar a su lado nuevamente, deseaba tan solo... tan solo, tocarle.
Alzo la mano para poder sentirle por sus dedos, cuando una brazo le agarro de la cintura y la alzo en vilo mientras unas ordenes, hacían que todo a su alrededor se moviera. Abrió los ojos en el momento en que una ola enorme choco contra la playa creando uno de los tantos rugidos que caían esa noche, sin viento y ni siquiera tormentoso. Gimió suavecito mientras lagrimas caían entre los pliegues de la ropa de Malrod, la brisa del mar le golpeaba la cara le daba la ilusión de estar nuevamente a su lado, pero no podía apagar el dolor y el miedo que pronto sentía sobre sí. La desilusión, la falta de no tener a aquel joven de los ojos de mar a su lado, reconfortándole con su presencia. Levanto la vista en el momento en que el canto de las gaviotas se extinguía por completo, como su ilusión de ser libre.
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Estaba deseoso, ansioso como nunca. Los piratas sentados a los lados se miraban y comentaban en susurros ansiosos o maliciosos, a él poco le importaba. Ruido y luego las sombras acercándose por los puentes que se erguían sobre las paredes se hincho de expectación. Venía amarrada, y su carita roja llena de lágrimas fue lo más hermoso que pudo haber visto hasta ahora, llevaba ropas de fina textura elficas, dándole todo el toque inocente que necesitaba para saborear esta victoria. Las manos atadas sobre su espalda y sujeta a una tira que traía el jefe de los caza recompensas. El movimiento de las cadenas del novato hizo que sonriera aún más.
Cuando el sujeto se posó delante de él, había un brillo intenso en sus ojos que le dio mala espina. Realizo un movimiento con la cabeza y trajeron los otros tres sacos de monedas de oro.
— Aquí esta vuestra recompensa- anunció mientras clavaba su mirada en la cara de la niña. Su estremecimiento y su miedo patente era algo que lo podía sentir y los alteraba tanto.
Lo degustaba con placer.
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Por favor... por favor.
Lloraba descontrolada, más horrorizada que nunca, ya no tenía fuerzas ni esperanzas. Caminar por aquellos puentes en que la última vez los había cruzado para escapar era saber que ya no tenía oportunidad para nada más que la desolación de estar presa nuevamente, a la merced de Niandal, a sus caricias y sus besos que la mataban. Trato de suplicarle vanamente con la mirada al sujeto que la tenía presa, trato con todas sus ganas que tuviera piedad de ella, que no le dejara a la merced de él, no quería estar con Niandal, no quería, ¿Por qué? ¿Por qué le pasaba esto?
Sintió un golpe, un fuerte golpe con el dorso de una mano. La mareo y le dolió provocando que con un gemido cayera al suelo unos metros más allá. Comenzó a llorar mucho más, adolorida física y sicológicamente. Sintió pasos y un par de gruñidos.
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— ¡Hey!- saltó Malrod.
— ¿Qué ocurre? Allí esta tú oro, tú recompensa por traerle, debería os quitarles la mitad por toda la demora, así que lárguense de aquí- tomo una de las bolsas y le pegó contra el pecho acercando sus finos labios hacía el tenso hombre- este no es asunto tuyo, lárguense de aquí.
El caza recompensa pareció pensarlo unos segundos antes de tomar las bolsas de oro, mirar un segundo donde estaba acurrucado el cuerpo de la elfa y marcharse con la risa de felicidad lunática del pirata. Bajo la mirada al salir de la cueva, el mar estaba furioso, triste y las estrellas no brillaban como siempre, tan solo no podía, debía... aunque le costara la vida.
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Le agarro de la parte de atrás del cuello y una brutalidad horrorosa la levanto mientras pegaba su otra mano a su espalda cargándole contra él. No podía hacer nada más que llorar y gemir de pánico cuando este pegó su cara contra su cuello y luego subió hasta su lóbulo donde lamió provocándole un estremecimiento de asco.
— Te dije que estas muerta y que eres solo mía.
Las palabras le resbalaron hasta su acojonado corazón, el sujeto la giro mientras la cargaba hasta la pared, donde aprovechando que tenía las manos amarradas la colgó despiadadamente de un gancho.
Sonrió mientras alzaba una mano y le acariciaba el rostro, quitándole las lágrimas de una forma grotescamente cariñosa, llegaba a sus labios y los rozaba. Bajo hasta sus hombros y de un tirón le arranco la manga del brazo derecho. Le sujeto la barbilla como una tenaza mientras le hacía mirarle.
— ¿Qué ves aquí?- pregunto mientras le agarraba el brazo y lo jalaba provocando un gemido de dolor por la mala posición.
— Nombres- susurro con la voz ahogada, acongojada y asustada tanto que no podía ni respirar bien.
— ¿Y aquí?- pregunto mientras enterraba su dedo en el último nombre allí escrito.
Ella no contesto porque ya no podía seguir, no podía aguantar su presencia cerca, le estaba matando. Sus ojos pardos se desenfocaron un poco cuando este susurro su propio nombre y la besaba. Le invadía tan grotescamente, obligándole a dar de ella sin poder rehusarse, un beso profundo enojado y lleno de autoridad, ni comparado con el beso delicado y suave que le había dado Legolas, ni siquiera un poco de ese cariño que él le había regalado, ni un poco. Lloró de horror cuando este comenzó a subir su mano por su pierna y agradeció desmayarse cuando le mordió el cuello.
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El casco de los caballos hacía temblar la tierra, la noche ya había caído pero no había intenciones de detenerse, hasta encontrar un pequeño pueblo kilómetros más allá donde preguntarían por la cueva de los piratas, todos los presentes sabían que si no encontraban información rápido el alma del joven elfo se iría muriendo de apoco y era algo que nadie estaba dispuesto a ver.
Glorfindel quien iba delante con Elladan, miraba nervioso y preocupado de vez en cuando hacía atrás donde el otro gemelo trataba de mantener a raya al príncipe. El joven estaba enamorado y había visto como cobardemente se habían llegado a la pequeña, a él igual le dolía, esa niña no podía merecer todo esto, era una pequeña ¿Qué mal había hecho?, era injusto.
No podía tolerarlo. Y no lo haría.
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Kartas le miro extrañado en el momento, se había separado del grupo. Uno de los más viejos y más respetables estaba repartiendo el dinero entre todos de forma equivalente. Sume con Lume miraban desde unas ramas más arriba aquella llamada de atención por parte del jefe del grupo.
— Pero no entiendo...- comenzó el sujeto
— Solo manda a uno de tus halcones y dime que tan lejos está el grupo de elfos
— ¿Para qué?
— Asunto mío
— No es bueno involucrarse con las presas, ya nos han pagado ¿Para qué involucrarnos de nuevo en eso?
— He dicho que es asunto mío, Kartas, solo toma tu dinero y dime en qué dirección y a que distancia está el grupo de elfos que atacamos.
El sujeto le miro extraño, en el momento en que alzaba la mano y Lume llegó a su brazo, le acaricio las plumas y luego de una leve orden, este desapareció por el cielo oscuro.
EDITADO
¡Dejad Comentarios! Y decidme ¿Barco o cueva? Tan solo eso. ¡Cuídense! Me voy de campamento UJU!
Gracias por los reviews a beatriixe, kohaku y RinoaLH como siempre muchas gracias, estoy súper apurada, espero que os guste el capi dejadme comentarios y yo ser muy feliz . Nos vemos la otra semana, ya llegue inspirada he escrito dos capis más jaja, los pongo tan rápido como llegue si tengo hartos reviews! (me emociono mucho con ellos) Bueno, súper mala, espero que les agrade y si, es penoso.
