Disclaimer: Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Kristen Proby.


Capítulo 10

Es tarde cuando Rose y yo llegamos a casa. El ritmo rápido de la película de acción y aventura que vimos, con nada menos que Vin Diesel, fue exactamente lo que necesitaba para escapar de la realidad por algunas horas. Acabé cediendo el pedido de Rose para ir de compras después.

—¿Cómo puedo, Isabella Swan, estar sin zapatos nuevos? Son mi vicio.

—Esos Louboutin rojos que encontraste son para morir. —Rose y yo estamos sacando las bolsas del maletero de mi Lexus.

—Lo sé. Me ha encantado. No sé cuándo voy a poder usarlos, pero no me podía resistir. —Agarro las bolsas, y nos dirigimos hacia la puerta de entrada.

Nos detenemos abruptamente, cuando vemos lo que nos está esperando en la puerta. Docenas de ramos de rosas, en todas las formas, tamaños y colores, cubren el porche, los escalones de entrada, cada superficie posible. El aroma es increíble. Debe haber 50 docenas de rosas aquí, por lo menos.

—Oh, Isabella. —Los ojos de Rose están abiertos de par en par, y su rostro está emocionado. No puedo evitar quedar un poco emocionada también.

—Guau. Es todo lo que puedo decir, y estoy tan aliviada. —¿No podría haber terminado? Subimos los escalones, con cuidado para no golpear nada, y veo una carta pegada en la puerta con mi nombre escrito.

—¡Aquí! —Rose lo jala y me lo entrega. Está muy oscuro para leer, entonces damos un paso hacia dentro y suelto nuestras bolsas en el suelo. Rose comienza a meter los ramos para dentro y me lo entrega.

—¿Dónde debo colocarlos? —pregunta.

—Hum… no lo sé. Basta con colocarlos en toda la casa. —Su sonrisa es enorme—. Él debe estar loco por ti, para hacer esto.

Querida Isabella, hay una rosa aquí, por cada vez que pensé en ti hoy. Quería que hablaras conmigo y me dejaras explicar porque no te conté quién soy, y estoy profundamente triste de que lo hayas descubierto por tu amiga. Tengo mucho que explicar, y espero que me des una oportunidad para hacer las paces contigo. Por favor, llámame cuando estés lista para hablar.

Tuyo, Edward.

Ah, sí, es encantador. Doblo la nota en el bolsillo y Rose me ayuda a traer todas las flores para dentro, esparciéndolas por toda la casa. Parece que voy a tener un funeral o una boda en mi sala, y eso me hace reír.

—¿Ves? —Rose sonríe—. Dije que él está loco por ti.

—O simplemente loco —respondo riendo.

—Es mejor llamarlo y agradecerle.

—Sí, mamá. —Le pongo los ojos en blanco. Traemos el último ramo.

—Aquí, lleva algunos para tu cuarto —le digo a Rose.

—¡No me lo tienes que pedir dos veces! —Rose sostiene un buqué debajo de cada brazo y sube las escaleras con sus logros comerciales.

Tomo mi teléfono, que ha permanecido apagado durante todo el día, mis zapatos nuevos y un hermoso arreglo con rosas rojas con tallos largos y cerrado en perla, y voy para mi cuarto. Pateo mis sandalias, coloco el jarrón en mi mesita de noche, y guardo los zapatos nuevos en mi armario.

Volviendo hacia las flores, no puedo evitar enterrar mi nariz en una flor suave y perfumada. Observo la nota, escondida en los tallos y la saco, sentándome en la cama para leer.

Estas me recuerdan tus hermosas piernas largas y deliciosos labios rojos. Y un día, adoraría verte vestida con nada más que perlas.

Oh. ¿Es este el sentimiento que se tiene cuando se es cortejada? No lo sé, pero con seguridad le gusto. Y recuerdo que me está cortejando desde el inicio, la cena deliciosa en su casa, abrazados en su terraza, observando la puesta de sol, y nuestro picnic increíble en el almuerzo de ayer.

Él estaba en lo correcto cuando dijo que había hecho el amor conmigo ayer en la noche. El sexo nunca fue tan íntimo para mí. Pero me mintió, ya sea por omisión, y eso es un obstáculo. Decido darle una oportunidad para explicar. Voy a su casa y voy a oírlo.

Ya me hace falta, su toque, su sonrisa, su risa, la sensación de su cabello rubio desordenado en mis dedos. Quiero desesperadamente que algo bueno pase entre los dos, y tal vez eso sea lo que me asusta por encima de todo, todavía más con sus estatus de celebridad y el hecho de que podría tener cualquier mujer delgada y perfecta del planeta.

Si las cosas van muy lejos, podría lastimarme.

Pero el pensamiento de no verlo nunca más, hace doler mi pecho.

Agarro mi teléfono y coloco la carta en mi bolsillo. Prendo el teléfono y estoy impaciente, esperando que vuelva a funcionar. Tres llamadas perdidas, dos mensajes de voz y dos mensajes de texto. Nada de Edward. Ambos mensajes de voz son de clientes, entonces los guardo, para recordarme de llamar mañana por la mañana.

Bajo rodando hasta el número de Edward y llamo.

Responde en el primer pitido.

—Hola —dice, bajito.

—Hola—murmuro, cerrando los ojos al oír su voz de nuevo—. Gracias por las bellas flores.

—¿Te gustaron? —Escucho su sonrisa.

—Son increíbles. Y abundantes. —No puedo dejar de reír.

—Pensé mucho en ti hoy.

—Al parecer, sí.

—Isabella, lo siento…

—No, Edward —lo interrumpo, la agonía en su voz es mi perdición—. Lo siento también.

—No, entiendo. Debería haber dicho alguna cosa ayer.

—Sí, deberías. —Suspiro—. No quiero hablar sobre esto por teléfono. ¿Estás ocupado mañana por la mañana?

—¿Me quieres ver mañana? —Escucho la emoción en su voz y me derrito todavía más.

—Bueno, estaba pensando que podría ir hasta tu casa, y podríamos hablar.

—Sí, ven ahora.

Sonrío y me tiro en mi lado de la cama, sintiendo que mi estómago empieza a relajarse, desde esta mañana.

—Estoy cansada y no estoy en disposición para una larga conversación hoy en la noche.

—¿Qué hiciste hoy? —pregunta.

—Rose y yo hicimos algunas compras. —¿Debo decirle sobre la película?

—¿Qué compraste? —Dios, amo su voz sexy.

—Zapatos.

—¿Te gustan los zapatos?

—Soy una mujer. Soy una desesperada e irrevocablemente apasionada por los zapatos.

—¿Cómo son los zapatos?

—Louboutins rojos de tacón alto. —Sonrío cuando pienso sobre mis sensuales zapatos nuevos.

Silba.

—Guau.

—Sí, ellos son guau. —Sonrío.

De repente, queda en silencio y pienso que la llamada se cayó.

—¿Edward?

—Sí, disculpa, te estaba imaginando desnuda con solo esos zapatos y perlas.

—Guau —murmuro.

—Sí, fue guau. —Baja la voz y escucho su sonrisa y solo quiero tocarlo.

—¿Qué más hiciste hoy? —pregunta, interrumpiendo mis pensamientos.

—Bien, irónicamente, fuimos al cine.

Le oigo jadear.

—Pensé que no veías muchas películas.

—No lo hago, pero tuve una mañana dura y quería olvidar un poco, por eso, tuve una sobredosis de pochoclos y refresco y el pecho desnudo de Vin Diesel.

—¿Fue buena?

—Un pecho desnudo de Vin Diesel siempre es bueno —respondo con orgullo.

—Me hieres, Isabella.

—Un pecho desnudo de Edward es mejor —susurro.

—Así está mejor —susurra de vuelta.

—Me gusta cuando susurras.

—¿Te gusta? ¿Por qué?

—Es sexy.

—¿En serio?

—Muy sexy. Oh, amo este flirteo que tenemos.

—Me acordare de eso.

De repente deseo que hubiera aceptado su oferta de ir para su casa ahora, y termino la llamada, antes de hacer una mierda y pregunte por eso.

—¿Nueve de la mañana? —pregunto.

—Voy a hacer el desayuno para esperarte —murmura.

—Buenas noches.

—Buenas noches, linda —susurra.

Me despierto con el sonido incesante del timbre. Miro hacia el reloj. ¡Maldición! ¿Quién demonios está tocando mi timbre a las siete de la mañana? Llevo pantalones de yoga y una camisa y bajo las escaleras pisando duro. Parada en mi puerta, está una chica rubia, tal vez de 16 años, sosteniendo una taza de Starbucks para viaje y una única rosa roja.

—¿Eres Isabella? —pregunta con una sonrisa.

—Sí.

—Son para ti. —Está animada, mientras empuja todo en mi dirección.

—Uh, gracias. —Lo tomo de su mano, llevando la rosa contra mi nariz.

—Hay una nota también. —Me la entrega, y aplaude—. ¡Esta es la cosa más romántica que he visto en mi vida!

Río de su excitación y abro más la puerta, para que pueda ver las docenas de ramos de rosas en la sala. Sus ojos parecieron querer saltar de su cabecita.

¡Mierda! Guau. Tienes tanta suerte. ¡Adiós! —Asiente y se va.

Tomo un sorbo de mi café.

—Oh, Dios, esto es bueno. —¿Cómo sabía que el chocolate blanco moca era mi favorito? Y abro la nota.

Buenos días linda. Solo una cosa para comenzar bien el día. No puedo esperar para verte. Edward.

—Santo Dios, él es tan dulce.

Rose baja las escaleras bostezando.

—¿Quién estaba en la puerta?

—Una entrega de Starbucks —respondo.

—Uh, yo quiero. —Mira hacia mi café y a la rosa.

—Una niña me entregó esto.

—Jesús, esto está comenzando a ser demasiado. —Rose va hacia la cocina y río, siguiéndola.

—Voy a verlo esta mañana.

—Excelente. No quiero los detalles. —Comienza a hacer su propio café—. Espera. Eres la única que lo consiguió. Sí, quiero detalles. E imágenes.

Sonrío y entierro mi nariz en la rosa.

—No voy a dormir con él. Solo vamos a conversar.

—Claro.

—Es exactamente eso.

—Está bien. Déjame saber si esto funcionó para ti. —Hace café para volver a salir, entonces sonrío—. Estoy feliz de que le hayas dado una oportunidad.

—¿Solo porque él es Edward Cullen?

—No, porque es un chico bueno, que finalmente te trata de la manera que mereces ser tratada.

—¿En qué me estoy metiendo?

—En algo divertido. —Se encoge de hombros—. Deja de pensar sobre eso y diviértete.

—Está bien. Voy a tomar un baño y arreglarme para mi desayuno.

—Cuídate —dice.

—Siempre —respondo de vuelta.

Estoy en la puerta de la casa de Edward parada, antes de tocar el timbre. ¿Estoy muy arropada? Miro hacia mi vestido amarillo y negro, con sandalias de tiras. El verano va con todo, y el día de hoy va a ser caliente. Tal vez debería haber usado short.

Tal vez debería dejar de protestar y tocar el maldito timbre. Pocos segundos después, Edward abre la puerta y antes de que pueda decir una palabra, me envuelve en sus brazos y me besa con una necesidad que nunca antes sentí. Pasa una mano por mi espalda, empujándome contra él, mientras su boca se mueve con destreza sobre la mía, su lengua empujando en mi boca, danzando y moviéndose contra la mía.

¡Oh Dios, me hacía falta! Hace solo 24 horas, pero me sentía como si no lo viese en días. Paso mis manos por su espalda, bajo su camisa, sintiendo su piel lisa y suelto un gemido contra su boca. Retarda el beso tocando suavemente mis labios con los suyos, y cuando abro mis ojos, su cabeza está descansando contra la mía.

—¿Siempre contestas la puerta de esa manera? —susurro.

—Oh Dios, Isabella, tenía miedo de que no fuera a verte nuevamente. —Su voz es ronca por la angustia, y agarro su rostro en mis manos, implorándole mirarme a los ojos.

—Estoy aquí.

—Gracias a Dios. —Se retira y dejo que mis ojos se deslicen sobre él. Su cuerpo hace cosas increíbles con una camisa blanca, mangas arremangadas hasta los codos, y jeans. Está descalzo. Su cabello está desordenado y sexy y está implorando por mis dedos.

—Estás fantástica. Entra, siéntete en casa. —El olor viniendo de la cocina es increíble, y mi estómago ruge.

—¿Estás cocinando? —pregunto, mirándolo.

—Te prometí el desayuno.

—Ya me enviaste el café, que estaba delicioso e inesperado. Gracias. —Me inclino y beso su boca castamente.

—Fue un placer. —Sonríe—. Espero que te guste el pan tostado, tocino, frutas y café.

—Perfecto.

—Está todo listo afuera.

Lo sigo hacia fuera, hasta su magnífica terraza y me empuja levemente, para que vaya al frente. ¿Realmente estuve aquí solo unas noches atrás? Sentí como si fuera hace mucho tiempo, tanta pasó desde entonces.

La mesa está cubierta con un mantel blanco. La comida mantenida caliente en placas de plata, con cubiertas. Hay café y jugo, pero lo que me llama más la atención son las rosas rojas. Tres docenas de rosas rojas, en tres ramos separados en la misma distancia, debajo de la mesa.

Lágrimas vienen a mis ojos, cuando siento las manos de Edward sobre mis hombros, detrás de mí. ¡Se preocupó tanto en hacer todo perfecto! Incluso después de la manera como hablé con él ayer. Lo abrazo y miro sus bellos e intensos ojos azules.

—Muchas gracias.

—El placer es mío cariño. Te lo dije en el auto, tenemos un montón de cosas por recuperar. Acostúmbrate a esto.

No sé qué decir. Me atrae en un abrazo y besa mi cabeza.

—Vamos para allá, vamos a comer. Me estoy muriendo de hambre.

Nos sentamos en los mismos lugares de la otra noche. Tira las cubierta, y respiro los aromas deliciosos en apreciación.

—Fantástico olor. —Vierto jarabe caliente sobre mi rebanada y agarro un pedazo de tocino—. Mmmm… tocino.

Ríe y le da una mordida a su tocino.

—Adoro verte comer, bebé.

—¿Por qué? —pregunto, con la boca llena de pan tostado, crocante y delicioso.

—Porque eres tan honesta sobre esto. Como todo lo que haces, pienso. Amo que te guste realmente la comida.

—Claramente. ¿Ya viste el tamaño de mi trasero?

Sus ojos brillan cuando me mira sobre su taza de café.

—Nunca te critiques nuevamente en mi presencia, Isabella.

Mierda. Frunzo el ceño y miro hacia mi plato.

—No sé cuántas veces tengo que decirte o mostrarte que eres hermosa, para meterte eso en la cabeza.

—Edward…

Extiende la mano con sus dedos largos y agarra mi barbilla, inclinando mi rostro para encarar sus ojos.

—Mírame. No hay nada en ti para sentirse incómodo, cuando se trata de tu cuerpo. Come lo que quieras. Adoro verte comer. Adoraría trabajar contigo, solo porque amo verte moviendo. Tus curvas son hermosas, y no puedo esperar para tener mis manos sobre ellas nuevamente.

—Bueno. —¿Que más debería decir sobre esto?—. ¿Estás tratando de enviar a los niños floristas para la escuela? —pregunto, intentando distraerlo.


Holis! Espero que les este gustando la historia.

Muuuuuchas gracias por sus comentarios.

Como saben, lo mas antes posible intentare subir un nuevo cap.

Besos,
Mara S.