El mundo y los personajes de Digimon no me pertenecen. Esta historia nació para fines de entretenimiento y no busco lucrar con ella.


Capítulo X

De repentinas inquietudes y el deseo que se rompió.


Recordaba el trayecto a la clínica con facilidad. No es que fuese tan asiduo a visitar hospitales pero ese, en especial, le resultaba muy familiar porque era el sitio donde su madre trabajaba. Por eso, tenía más conocimiento de ese edificio particular más que de cualquier otro en los alrededores. No podría decir que se hallaba cerca de su casa aunque tampoco estaba lo suficientemente lejos, si se recorría en un automóvil. Claro que su madre no tenía un automóvil y, pese a que Kaoru tenía uno, no podía llevar a Tomoko a su casa tanto tiempo como desease. Apreciaba, en esas oportunidades, cuan duro debía ser para su madre trabajar a tanta distancia.

Kouichi contempló a Midori Kaoru durante el pequeño trayecto al hospital, para dispersar sus pensamientos.

Era una mujer joven, aunque mayor de lo que era su madre. Sabía que detrás de su alegría se escondía alguna tristeza del pasado, su abuela se lo había dicho. A Tsubame siempre le había agradado Kaoru-san, decía que era muy bueno para su madre contar con alguien así. Él no lo dudaba. Además de haber sido compañera de su madre, era un apoyo constante y una mujer cariñosa. Lo que necesitaban en su vida. Apoyo y cariño, más que cualquier otra cosa.

También estaba Satō Motoki, de hecho, era quien conducía el vehículo en el que viajaba. Él también estuvo esperándolo en la puerta de su casa, para avisarle que su madre había tenido un pequeño accidente. Se veía relajado al volante, como si no hubiese sucedido nada demasiado grave. Kouichi se preguntó si era una postura estudiada.

Motoki-san era enfermero. Generalmente, conducía las ambulancias y hacia visitas a domicilio junto con los médicos. Su madre lo conocía desde hacia años —más años que a Kaoru-san— y decía que era un hombre agradable. Era más joven que ella, Kouichi dudaba que tuviese más de treinta.

—Estás muy callado, Kouichi-kun —Kaoru susurró. Ella apartó la mirada de la ventana y centró sus ojos en los del pequeño —No te preocupes demasiado, ¿de acuerdo?

Resopló, suavemente. No podían pedirle eso. No podían pedirle que no se preocupase por la única persona de su familia que le quedaba en el mundo.

No es la única, le susurró una vocecita molesta. Pero, probablemente, la única que valía la pena.

Desvió la mirada hacia el exterior para no fruncir el ceño delante de Kaoru. Estaba molesto, aunque ninguno de los ocupantes del automóvil era el responsable de sus sentimientos.

Si su padre no los hubiese abandonado, su madre no se sentiría tan mal. Si su padre no los hubiese abandonado, su madre no tendría que trabajar sin pausa para salir adelante. Si su padre no los hubiese abandonado, su familia no estaría destruida… Si no se hubiese casado con otra mujer, no habría perdido la esperanza de poder reconstruirla.

Pero a Kousei Minamoto poco le importaba todo eso. Él ya tenía a su propia familia, una que le importaba.

—¿Por qué tardaste tanto en llegar, eh, Kouichi-kun? —cuestionó Motoki.

Kouichi parpadeó, ignorando la fría sensación que le habría perforado el corazón.

Los ojos del conductor lo contemplaban desde el espejo retrovisor. Se ruborizó, rememorando que había sido castigado en clase. A su madre no le iba a gustar saberlo, quizás la decepcionaría. Y él no se sentía capaz de soportar causarle una decepción.

Aunque nadie dijo que tenía que enterarse

—Perdí la noción del tiempo —sacudió la cabeza. Quiso sonreír mientras pensaba en Maki y Taisuke. ¿Estaría preocupándolos también? Sacudió la cabeza por instinto. No había motivos para pensar así. Él no podía pensar así.

—¿No hay algo que quieras decirnos, Kouichi? —Kaoru susurró, perceptiva.

El niño la miró con curiosidad y ella pensó que el breve minuto de silencio fue, en realidad, de duda. Finalmente, negó con la cabeza.

—Me preocupa

Pero la oración había quedado en el aire, como todo lo demás. El hospital era visible desde su posición y una extraña ansiedad se hizo cargo de sus sentimientos cuando divisó el edificio. Su madre estaba allí. Su madre estaba allí y estaba sufriendo. Él no tenía derecho a sentirse mal cuando ella sacrificaba tanto por él.

Se tragó todas sus palabras.

—Me preocupa mi mamá, Kaoru-san —y era la completa verdad.

Ella suspiró —Cada día que pasa... pienso que te pareces más a ella.

Kouichi la miró con sorpresa. Él no se veía parecido a su madre, en absoluto. Especialmente, cuando ella le decía que había heredado gran parte de la personalidad de su abuela… Bueno, aprendido quizás era mejor definición. A veces creía que era egoísta por extrañar tanto a su abuela pero, en realidad, ella había sido la persona que más tiempo pasaba con él. Su madre trabajaba mucho, incluso cuando era pequeño, y había sido Tsubame quien lo cuidó desde que tenía memoria. Sin ella, Kouichi no sabía que habría sido de él… Era a ella a quien recurría cuando tenía miedo, cuando necesitaba consuelo.

Su abuela había sido también como su mejor amiga…

Parpadeó para deshacerse de las lágrimas. Llorar jamás arreglaba las cosas y a él le tocaba ser fuerte por una vez… Para ayudar a su madre.

Atravesó los pasillos en silencio, siguiendo los pasos de Kaoru Midori. Motoki prometió que iría detrás de ellos, después de estacionar el auto. Necesitaba hallar un lugar disponible para aparcar.

Kaoru se volvió hacia él después de salir del auto —Está en la habitación 1402.

Y ella tampocó habló cuando avanzaron por los corredores. Kouichi ignoró el aroma familiar y envolvente, los sonidos demasiado familiares y el silencio forzado en las salas de espera. Lo único que podía hacer era admirar el labor de los que trabajaban allí.

—Kido-san —llamó Kaoru-san. Un hombre de cabello azul y una larga bata se detuvo delante de la muerta de madera. Kouichi vio el número escrito y sintió alivio. Era la habitación de su madre.

—Kaoru-san —saludó el hombre, al reconocerla. Kouichi sintió el examen de sus ojos negros apenas un minuto después— Acabo de darle unos sedantes a Tomoko-san. Se despertará en unas horas, pero igual puedan pasar a verla.

—¿Sedantes? —dudó Kaoru. Kouichi dio un respingo involuntario al sentir banderas de alarma en su mente.

—No se preocupen. Son para que descanse. Necesita descansar bastante de ahora en adelante… Pero se repondrá. Sus lesiones no han sido profundas y pronto podremos trasladarla al área común.

Midori asintió suavemente —Me alegra escuchar eso.

—Kaoru-san —Kido-san susurró— Me gustaría hablar con usted sobre algunos detalles más… ¿Puede acompañarme a la oficina?

Kaoru asintió de nuevo y se volvió hacia Kouichi —¿Quieres entrar a verla?

—Por favor.

Su madre estaba dormida, por supuesto. Se veía pálida, aunque suponía que el cabello oscuro resaltaba la clara tez. Se acercó en silencio, suavemente, con temor a despertarla. La sábana que la cubría a medias parecía resbalarse así que la acomodó nuevamente en su lugar.

Escuchó la voz de Kaoru-san y algunas cosas que no comprendió mientras que ella se alejaba de la puerta, en compañía del médico. No podía comprender sí sus problemas eran simplemente obra de la mala suerte o, en realidad, era alguna especie de castigo.

Ni siquiera se percató de que se había quedado dormido hasta que unas suaves caricias en su cabello lo hicieron parpadear. Tendría que aprender que no podía dormirse en cualquier sitio, apoyado en una camilla no era el mejor lugar. Desde algún lugar distante, podía escuchar las voces familiares…

Pero no podía identificarlas.

—No debiste traerlo —dijo alguien. Las caricias en su cabello no se detuvieron— Mi pobre niño, tendría que estar descansando en una cama.

—No podía decirle que no viniese, Tomoko. Parece que no conoces lo terco que puede ser tu hijo.

Un suspiro —Lo sé. Lo sé. Kouichi puede ser muy terco si quiere. Es igual a mi madre.

—¿A tú madre? Yo creo que cada día se parece más a ti.

—Yo espero que no, Kaoru. He cometido muchos errores como para que alguien se parezca a mí.

—Todos los seres humanos cometen errores, mi querida Tomoko. Eso no te hace ni mejor ni peor. Y espero que ahora me hagas caso, ¿sabes? El médico ha sido muy claro al respecto. Necesitas descansar.

—Estoy bien. No ha sido nada…

—Eres la única persona que Kouichi tiene en el mundo, Kimura Tomoko —fue la replica mordaz de Kaoru— Tienes que darte cuenta que todo esto no lo ha causado más que el estrés. Tu solita te lo estás haciendo… ¿Por qué no me has hecho caso? Te he dicho que descanses.

—Kaoru —eran pocas veces en las que escuchaba ese tono de voz—… Por favor, no insistas. Estoy bien. Tienes razón, debería haberte escuchado y tomado un descanso. Quizás me exigí demasiado… Pero no tienes que ser tan extremista. No pienso perder también a Kouichi. Él es todo lo que me queda. Ya he perdido a suficientes personas, Kaoru.

—Si hubieses visto su expresión me entenderías —Kaoru-san espetó.

—Lamento mucho haberte preocupado, de verdad.

—Más que lamentarlo tienes que asegurarte que no volverás a hacerlo. La fatiga crónica no hace más que empeorar con el tiempo, tienes que atender los síntomas antes de que te enfermes a ti misma, Tomoko. Tienes que pensar un poco más en tu salud, amiga mía. Si te sigues descuidado… —una pequeña pausa— Ve a ver a Ichiro, tomate unos días de descanso. Seguro que Kouichi también lo necesita… Les hará bien a los dos.

—No es fatiga crónica, Kaoru... Y no puedo hacer eso. Kouichi tiene clases. Las vacaciones ya terminaron... No creo que él deba perder días en la escuela…

—Descansa en tú casa, entonces —Kaoru no pensaba aceptar negativas— Quédate con él… Disfruta de tu hijo porque cuando crezca no tendrás el mismo tiempo que ahora tienes… Te lo digo por experiencia. Los niños no vuelven a ser niños, Tomoko.

—Kaoru…

—N-no hablamos de mí. Lo siento —alguien suspiro— Por favor, ¿me harás caso? ¿Por esta vez, al menos?

Pero no pudo escuchar ninguna otra respuesta, porque las caricias en su cabello se reiniciaron y volvieron a sumergirlo en una especie de sopor. No sabía si estaba profundamente dormido o había soñado toda esa conversación, aunque era más probable que no fuese real porque el nombre de su hermano perdido se filtró en algún momento entre las líneas y la voz de su abuela le imploró que lo encontrase, porque estaba sufriendo.

¡Kouji!

Sin embargo, cuando volvió a abrir los ojos, no estaba en la habitación del hospital. Tampoco estaba en la bruma de sus sueños o en su cama. Y eran los dedos de Midori Kaoru los que le cepillaban el cabello.

—¿Hace cuanto tiempo que no duermes bien, Kou-kun? —cuestionó la mujer— Parecía como si estuvieses teniendo una pesadilla…

No hubiese creído posible sentirse tan cansado, ni siquiera podía precisar porque en su sueño las cosas parecían estar envueltas en una densa niebla y él corría, bramando por un nombre similar al suyo y totalmente diferente. Kouji lo necesitaba. Su hermano Kouji lo necesitaba. Tenía que llegar hasta donde estaba.

Se ruborizó —Lo siento.

—No te disculpes por eso —pidió ella, sonriendole— Terminó el horario de visitas, así que no podía dejarte en la habitación. Motoki dijo que deberías estar muy cansado para no sentir que te movíamos.

Kouichi suspiró. Imágenes difusas se sacudían en sus pensamientos, probablemente olvidaría su sueño pronto —Duermo profundamente, también.

—Vas a tener que cuidar a tu madre, Kou-kun. Iremos a dormir a tu casa, Tomoko no quiere que te quedes aquí.

Toda su expresión habló de rebelión ante ese pedido pero Kaoru se adelantó a cualquier cosa que pudiese decir.

—Te traeré temprano, podrás ausentarte en la escuela si quiere pero no te quedarás aquí. ¿De acuerdo?

—No quiero dejarla sola, Kaoru-san. Quédemonos aquí —pidió.

Ella lo miró largamente, combativa. Su ceño se frunció y sus labios esbozaron una sonrisa triste a medida que la resolución que había ostentado, cayó de forma definitiva.

—No puedo decirte que no.

Le dio otra sonrisa, alviado. No quería alejarse del hospital, no quería que su madre se quedase entre esas paredes blancas y rodeada de tantas cosas que parecían perder color con el paso de los días. Los pasos en los pasillos se perdían en la distancia, las puertas se cerraban y las personas se dispersaban con el paso de las horas…

La vida en los hospitales era más triste de lo que se creía.

—¿Kouichi-kun? —la miró de forma instintiva, ella tenía una expresión inquisitiva—No has comido nada desde el almuerzo, ¿verdad?

—Bueno —hizo una pausa—… no.

—¿Tienes hambre?

Volvió a suspirar —Un poco.

—Vamos, entonces. No puedo arrastrarte a tu casa pero porque mi nombre es Midori Kaoru, te llevaré a comer algo delicioso. Implorarás que te invite a comer más seguido.

La sonrisa de Kaoru le hizo sonreír a él. Le gustaba que las personas sonriesen, pensaba que quizás había algún deje de alegría en las sonrisas. Eran mejor que las lágrimas, ayudaban a curar heridas.

Aunque algunas heridas son muy difíciles de curar.


N/A: Lo que me interesaba remarcar en este capítulo son los pensamientos de Kouichi, que se tornan más sombríos a medida que pasa el tiempo.

*Síndrome de Fatiga crónica. Es el nombre que reciben los síntomas de cansancio cuando no puede detectarse una causa específica y se caracteriza por producir una disminución mayor del 50% en la capacidad para realizar las labores habituales. Sus síntomas son varios: dolores de cabeza, dolores musculares, pérdida de fuerza, fiebre y trastornos de sueño, entre otros.

No creo que la madre de Kouichi padezca de este síndrome, es simplemente para darle un por qué a su accidente. Ella se está esforzando mucho más de lo debido y su cuerpo le cobra factura, por eso Kaoru le reclama.