Hola a todos! Acá hay otro capítulo de esta historia, este está plagado de tensión entre nuestros dos protagonistas, espero les guste, me costó mucho escribirlo, lo abandonaba por días y lo retomaba inesperadamente sólo para darme cuenta la magnitud de mi bloqueo. Tengan en cuenta que cuando empecé a publicar este fic, ya tenía media historia en papel, este capítulo en particular me demoró más de un mes, si no dos, no estoy muy contenta con él, pero tuve que forzarlo para poder seguir con la historia, tal vez por eso es como que no lo siento bien del todo. Lean y espero sus opiniones, estoy preparada para los golpes...

(Como siempre, Bleach no me pertenece, y si lo hiciera... qué feliz sería Renji...=)

Capítulo X

En dos segundos más la lluvia se convirtió en un diluvio. Caía tan fuerte y tan copiosamente que formaba una cortina que apenas dejaba ver unos metros. Ambos jóvenes corrían cubriéndose la cabeza con las manos como si eso evitara que la lluvia los empapara. Renji iba adelante guiando el camino y detrás muy cerca lo seguía la muchacha de corta estatura que aceleraba sus pasos al máximo para poder mantenerse al ritmo de sus largas zancadas.

"Maldito gigai" insultaba internamente "ni siquiera puedo usar mi shunpo, es más, creo que esto ni siquiera puede llamarse correr. Y además estoy empapada hasta los calzones."

- Llegamos.- dijo Renji empujando un par de puertas dobles que los guiaban al interior de un antiguo edificio.- Mi departamento está en el quinto piso, y por supuesto, el ascensor no funciona. Lo siento, pero deberemos subir por escalera.- se disculpó mientras le indicaba el camino.

Rukia resopló pero no dijo una palabra. Había olvidado que llevar el gigai era cansador, ni mencionar el hecho que la limitaba en todas sus habilidades.

Escalón tras escalón en absoluto silencio, sólo se podía escuchar el chapoteo de las botas llenas de agua de la shinigami que ahora estaba de malas.

- Aquí es.- dijo Renji cuando paró frente a una puerta y se estiró para extraer la llave escondida en lo alto del marco de la entrada.- No es mucho, pero es mío… Lo siento si está desordenado.- comentó mientras entraba al lugar y le dejaba paso a su acompañante.

Rukia entró con algo de timidez, este era su lugar, era parte de él, en el cual había vivido su vida lejos de ella.

- Ponte cómoda, iré por unas toallas.

El lugar no era grande pero era agradable. A la derecha se encontraba la cocina donde también había una pequeña mesa rectangular con cuatro sillas todo construido en madera, igual que el amoblamiento de cocina con sus alacenas y cajones. Mas allá había una puerta por la cual había desaparecido Renji, debía ser la habitación. La pared opuesta a la puerta de entrada estaba cubierta casi completamente por un gran ventanal que daba a un angosto balcón. Y sobre la pared izquierda colgaba un gran TV led enfrentado por un único sofá de tres cuerpos de cuero blanco. Frente a él una pequeña mesa cuadrada estaba rodeada de grandes almohadones.

El joven humano volvió a aparecer con un par de toallones y le extendió uno a la muchacha.

- Estás mojada hasta los huesos. Deberías quitarte esa ropa húmeda o puedes enfermarte. Por aquí está el baño, si quieres puedes darte una ducha caliente mientras yo busco algo que puedas usar hasta que tu ropa se seque.- le ofreció.

Rukia lo miró algo desconfiada, pero no era tan mala idea, ahora que había dejado de correr comenzó a temblar de frío y quitarse esa ropa mojada que se adhería incómodamente a su cuerpo sería un alivio, así que decidió acceder.

Sin decir palabra pasó junto a Renji y se encontró en un pequeño pasillo con dos puertas. Una, a su derecha, estaba abierta y mostraba la habitación del muchacho, y la otra, frente a ella, debía ser el baño.

Con cautela la abrió y dio una mirada adentro, cuando localizó la perilla de la luz la encendió y mientras cerraba la puerta lentamente pudo ver cómo Renji se quitaba la camiseta y dejaba expuesta su musculosa espalda.

Sola en el baño cerró los ojos con fuerza tratando de quitarse la imagen grabada en su retina. "Qué demonios me pasa? Me siento como una chiquilla. Acaso este maldito gigai tiene las hormonas de la edad que representa? Definitivamente me siento como una adolescente. Si esto es culpa de Urahara y sus experimentos voy a darle una paliza que no va a olvidar." Dio un largo y profundo suspiro cerrando nuevamente los ojos "Esto no puede vencer mi voluntad, soy una Kuchiki" se reafirmó a sí misma. Tal vez el baño ayudaría.

Se quitó la ropa con dificultad, ya que se pegaba a su cuerpo insistentemente. La dejó en un montón en el piso y entró en la bañera mientras abría el agua caliente de la ducha. Primero la dejó caer en su cabeza y luego en su cuerpo lavando el frío que sentía en la piel. El agua caliente cayendo sobre su cuerpo relajaba lentamente sus músculos tensos. Qué bien se sentía un baño caliente. Seguramente él también se relajaba aquí tomando un baño… "completamente desnudo" pensó. La imagen de su musculoso cuerpo sin un gramo de ropa asaltó su cabeza, agua corriendo por sus rojos cabellos y el vapor emanando de su cuerpo como si fuera una braza ardiente.

- Mierda! – soltó en voz alta.

- Está todo bien? – preguntó una voz del otro lado de la puerta.

- Sí, sí… claro. Ya casi termino. – le contestó apresurada, no fuera a creer que se había caído y entrara sin aviso. La mampara de vidrio satinado no hacía mucho para cubrir su figura.

Cerró la llave del agua apresurada y salió de la ducha tomando la toalla y luego envolviéndola alrededor de su cuerpo. La toalla le cubría hasta medio muslo, muy poco para su gusto, pero así debió salir del baño ya que no había nada con qué cubrirse.

Cuando salió al pasillo con la ropa mojada en los brazos pudo ver a Renji parado junto al sofá aún sin camiseta pero ahora vestía un par de jeans secos. Con la toalla que tenía en sus manos se secaba el cabello con furia. Cuando escuchó a Rukia salir del baño se detuvo y la recorrió con una intensa mirada. Ella sintió que el calor subía a sus mejillas y se sintió estúpida por sonrojarse. Sólo miró el suelo incómoda. Él lo notó y desvió la mirada para no molestarla, tomó la remera que colgaba en el sofá y se la colocó apresuradamente.

- Sobre la cama tienes algo de ropa, fíjate si puedes usar algo. Son sólo camisetas y camisas, no creo que mis pantalones te queden.- le dijo rompiendo el silencio.

- Gracias.- contestó ella aún con la ropa mojada en las manos.

- Puedes darme eso, mientras tú te vistes yo lo llevaré al lavadero de la planta baja, estará listo en un par de horas.- le ofreció acercándose a ella para tomar las mojadas prendas de sus manos.

Rukia asintió con la cabeza y le entregó el bulto de ropas empapadas. En el proceso él rozó el largo de su pequeño brazo con el suyo y provocó que a la muchacha se le erizara la piel. Él lo notó pero no dijo nada; su propio cuerpo reaccionó al inocente roce de manera exagerada y totalmente carente de inocencia. Lo tentaba su pálida y suave piel tan sensible a su toque, pero aún más lo tentaba su actitud indefensa y virginal. Esta era una Rukia que nunca había visto. Parecía que en el campo de la intimidad su confianza y coraje la abandonaban completamente. Sintió cómo sus músculos se tensaban y sus instintos tomaban el control. Sus pupilas se dilataban y pulso se aceleraba, podía sentir su sangre palpitando con fuerza bajo la piel.

NO.

Ella no era una muchacha más.

Si se dejaba llevar por sus deseos de seguro se arrepentiría. Ella lucía ahora más asustada que dispuesta a algo de intimidad. Se veía justo como una chica virgen, el miedo y el deseo se mezclaban en sus ojos.

Tomó la ropa y dio media vuelta alejándose de ella.

- Pondré esto a lavar. Enseguida vuelvo. Puedes ponerte algo de ropa.- le dijo mientras salía del apartamento sin voltear a mirarla.

Rukia sintió esta última frase como una acusación. Acaso él pensaba que ella lo había provocado? "Tremendo idiota. Debería haberle partido la cara en cuanto puso sus ojos sobre mi." pensó con una mezcla de enojo y frustración. "Cómo puedo ser tan idiota y quedarme ahí inmóvil mientras me mira como si fuera un león acechando a su presa y yo fuera una gacela indefensa!? Jamás he sido indefensa! No le voy a permitir que me haga sentir así." se prometió mientras tomaba una camisa de la cama y dejaba caer el toallón al piso.

Renji suspiraba con la mirada perdida mientras metía la ropa a la lavadora.

Medias, pantalón. "Cómo es posible que me dejara llevar así." Remera. Jean de Rukia. Suéter. "Soy un completo idiota. Debo haberla asustado." Más medias. Pequeña blusa de Rukia. Calzoncillos. "Se veía tan hermosa y tentadoramente indefensa." Chaqueta. Bragas. Sostén… "Qué mier…?" pensó mientras sostenía las diminutas bragas negras colgando de un dedo.

- Está completamente desnuda.- dijo en voz alta – Mi ropa sobre su piel y debajo de eso absolutamente nada.- cerró los ojos y volvió a suspirar mientras ponía la ropa interior en la lavadora.- Va a ser una larga noche.

Cuando volvió al apartamento la encontró sentada de lado en el sofá con las piernas recogidas sobre este. Miraba televisión atentamente. Había elegido su camisa azul a cuadros. Le quedaba muy bien, aunque tal vez hubiera desprendido un botón más… o todos. Recorrió sus piernas con la mirada hasta llegar al borde de la camisa y continuó subiendo, no pudo evitar recordar la ausencia de ropa interior. Se abofeteó mentalmente y decidió romper el silencio e intentar aliviar un poco la tensión.

- Quieres un café caliente? – preguntó.

- Claro.- respondió ella sin despegar los ojos del TV.

Unos momentos después se acercó al sofá con dos tazas humeantes y se sentó junto a ella ofreciéndole una. Ella la tomó mientras miraba dentro de la taza como si fuera a encontrar algo interesante allí.

- Espero que no te moleste, puse un escudo alrededor del apartamento para hacer nuestras energías indetectables desde el exterior.- le dijo con la mirada aún en el café.

- Claro que no, es genial.- "genial?" se reprendió mentalmente, qué tenía de genial un escudo. Estaba hablando estupideces, no sabía cómo actuar junto a ella, se estaba volviendo muy embarazoso y parecía que ella se sentía igual.

El celular de la capitana sonó sobre la mesa de la cocina rompiendo el momento incómodo. Ella se levantó del sofá apresurada dejando la taza sobre la mesita frente a ella y se dirigió a su celular. Renji no le perdió pisada. Pudo ver cómo su camisa dejaba al descubierto casi todo el firme muslo al levantarse del asiento. La siguió con la mirada hasta la mesa donde tomó el teléfono y lo puso junto a su oreja mientras decía:

- Hanataro. Sí. Estamos bien, sólo nos sorprendió la tormenta en plena calle y con este estúpido gigai. Lo siento, no es manera de expresarme. Lo que quiero decir es que nuestras ropas se empaparon y ahora estamos atascados en el departamento del rioka. Y no parece que vaya a dejar de llover.- dijo mirando hacia el ventanal.- Cómo está todo en el cuartel? Alguna novedad?

Guardó silencio unos minutos mientras asentía inconcientemente con la cabeza y escuchaba el informe de su segundo al mando.

- Bien, teniente, tendrás que hacerte cargo de todo hasta mañana. Por la mañana seguramente la tormenta habrá pasado y partiremos hacia allá.- otra pausa – Sí, sí… Gracias. Adiós.

Cortó. Dejó el celular sobre la mesa y giró absorta en sus pensamientos. En cuanto sus ojos encontraron los de Renji repentinamente se sintió pudorosa y bajando sus manos tiró del borde de la camisa tratando de cubrir todo lo posible.

Él apartó la mirada, ya la había incomodado lo suficiente. Mirando nuevamente el televisor se dirigió a ella.

- Quieres comer algo? Puedo preparar unos sándwiches en un momento.

Se levantó del sofá y pasando junto a ella sin mirarla se dirigió al refrigerador. La muchacha por su parte decidió aprovechar la oportunidad para llegar hasta el sofá sin ser observada.

Renji regresó con los emparedados y comieron en silencio mientras pretendían ver la película que a ninguno de los dos interesaba. Sólo estaban dolorosamente pendientes de los movimientos y cercanía del otro.

- La ropa debe estar lista. Voy por ella.- anunció Renji aliviado de encontrar una salida a esta situación tan incómoda.

Rukia sólo asintió con la cabeza y sintió también cómo sus músculos se relajaban, era extenuante estar completamente quieta y alerta para evitar mostrar accidentalmente demasiado debajo de su improvisada vestimenta.

El muchacho regresó con el montón de ropa ya casi seca en los brazos y cerró la puerta con un pie.

- Puedes poner las trabas?- le pidió a su invitada.- este no es exactamente un vecindario tranquilo.

- Claro.- accedió ella levantándose con cuidado del sofá.

Cuando llegó a la puerta vio que las trabas de seguridad eran tres. Las dos primeras las alcanzó sin dificultad, pero para la tercera tal vez debería estirarse algo. Lo hizo lo más velozmente que pudo para evitar que Renji lo notara.

Por su parte, él dejó el montón de ropa en el sofá y giró para ver el momento exacto en que ella se ponía en puntas de pie y estiraba sus brazos para alcanzar el seguro.

Tal vez haya sido medio segundo, pero pudo ver en lo que a él le pareció cámara lenta como su camisa se deslizaba suavemente sobre su cuerpo mostrando la tierna piel de sus muslos casi en su totalidad. Inmediatamente giró dándole la espalda para evitar ser descubierto, pero no pudo contener el rubor que tiñó sus mejillas. Torpemente y tratando de esquivar la mirada de la capitana fue por un par de sillas para poner la ropa frente a la estufa.

- Yo lo hago, ve a darte una ducha, ya casi es hora de dormir y parece que esta lluvia no se detendrá en toda la noche.

- Ok.- fue toda su respuesta, agradecido del escape que le ofreció sin pensarlo su compañera.

Tomó un par de toallas y se metió al baño sin dar la vuelta.

En cuanto hubo cerrado la puerta tras de sí, Rukia buscó frenéticamente entre el montón de prendas su ropa interior. Gracias al cielo estaba prácticamente seca y sin demorar deslizó sus pies dentro y la subió apresurada por sus muslos. Tuvo la extraña sensación de estar protegida. Cuanta diferencia podía hacer un pequeño pedazo de tela.

Cuando Renji salió del baño con una toalla envuelta en sus caderas y otra recogida sobre sus hombros, Rukia estaba extendiendo unas sábanas y cobertores sobre el sofá.

- Ya casi tengo mi cama lista. Tomé algunas cosas de tu placard, espero que no te moleste.- dijo y se inclinó despreocupadamente hacia delante para terminar de acomodar su improvisada cama.

El sobresaltado muchacho abrió los ojos desmesuradamente mientras descubría que todo lo que mostraba su atrevida pose era un par de bragas negras cubriendo su hermoso y firme trasero. Su rostro reflejó un dejo de desilusión que Rukia no alcanzó a comprender.

- De ninguna manera, yo dormiré en el sofá. Tú eres mi invitada y quiero que estés cómoda. Puedes usar mi cama.

- Eres demasiado largo para el sofá, yo quepo perfectamente.- le contestó con una mirada desafiante. Se rehusaba a dormir donde él lo hacía cada noche, no podría soportarlo. Además habría traído docenas de muchachas a dormir allí, era desagradable.

- Si estás preguntándote si está "limpia", no debes preocuparte. Cambié las sábanas antes de ser "secuestrado".- le contestó leyéndole la mente.

- No es eso.- aunque sí era una de las contras.- Simplemente quiero terminar de ver la película.- "Mentira!"

- Pues yo también quiero. Me cambiaré, terminaremos de ver la película, y luego te irás a la cama.- dijo mientras giraba hacia la habitación y con la toalla en sus hombros se secaba el cabello.

Rukia le dedicó un momento a su partida. Su trasero se veía muy bien envuelto en una toalla, y su espalda… Reprimió un suspiro, cerró los ojos con fuerza y se obligó a sentarse en el sofá.

Renji regresó un par de minutos más tarde vistiendo un pantalón de algodón y una remera con un dibujo de una piña. Rukia contuvo una risita que fue apenas audible.

- Qué te causa gracia?- la enfrentó.

- No es nada.- ella esquivó el tema, el cabeza de piña no entendería el chiste.

Ambos miraron la tediosa película en silencio fingiendo interés, encaprichados en ser el último capaz de mantenerse despierto, ya que el primero que se rindiera debería terminar yéndose sin remedio a la cama del pelirrojo.

Luego de apenas media hora ambos terminaron sucumbiendo ante el sueño aún sentados en el sofá.

A/N: Les cuento que me animé a hacer un lemon y lo tengo semi-programado para el próximo capítulo, me lo había pedido uno de los lectores y creo que este era el momento de la historia correcto, aunque no estoy muy segura de llevar esto a M, ustedes qué opinan? Quieren el lemon para la próxima? Espero sus opiniones para darme coraje. Besos y hasta la semana que viene.