Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
DETRÁS DEL OBJETIVO
CAPITULO 10
Rosalie estaba en Los Angeles pasando el fin de semana con Emmett McCarthy, el guardaespaldas de Edward Cullen.
Alice y Jasper estarían todo el fin de semana haciéndose arrumacos en su departamento de TriBeCa.
Y ella, acababa de romper con su novio, y veía bastante negro su panorama sentimental.
El sexual también, aunque el dolor que aún sentía en la entrepierna le hiciera pensar lo contrario.
Dos días antes se había ido a la cama con un semental que tenía un pene enorme, y sin dudas lo había disfrutado como hacía tiempo no lo hacía.
Pero por alguna razón, no creía que fuera a repetirlo muy pronto.
El café se estaba filtrando mientras ella abría su ordenador portátil para leer sus correos electrónicos, cuando el timbre sonó.
Jacob estaba al otro lado de la puerta.
—¿Qué haces aquí? —espetó con dureza haciéndose a un lado para que él entrara.
—Tenemos que hablar.
—Deberías devolverme mis llaves.
—Tenemos que hablar —repitió el hombre
—No estoy tan segura de eso —dijo caminando hacia la cocina.
Jacob la siguió rodando los ojos.
—Por Dios, Bella, comportémonos como adultos. Hablemos.
Se volteó furiosa por la insinuación del hombre de que no se comportaba de forma adulta, pero decidió ignorar el comentario.
Sirvió dos tazas de café y le entregó una a él antes de sentarse frente a la isla de la cocina.
Jacob se sentó frente a ella y dio un sorbo a su taza antes de hablar.
—Bella, creo que has magnificado las cosas.
—Ah, ¿sí? Las he magnificado. ¿Qué es lo que crees que he magnificado?
—Tu reacción del fin de semana.
—Mi reacción —dijo asintiendo —Mi reacción a que me echaras de tu casa después de haberme follado, pagándome un taxi.
—No fue así —discutió él
—¿Cómo fue entonces?
—Sabes que lo hice porque Rachel apareció de improviso.
—Y yo soy una especie de puta a la que hay que ocultar de los castos ojos de tus hijos.
—No seas ridícula.
—¿Qué es lo que buscas, Jacob? ¿Qué quieres?
—Estar contigo. Que no des por terminada esta historia.
—Eso es lo que es esta historia, Jacob. Historia.
—Vamos, Bella, cariño, arreglémoslo.
—¿Vas a presentarme a tus hijos como tu novia?
—Bella... sabes que no puedo hacerlo por el momento... Dame un poco de tiempo...
—¿Un poco de tiempo? —gruñó furiosa —Te he dado dos años, Jacob. Llevo dos años esperando que acabes de divorciarte. Dos años sin poder salir a cenar, o al cine, con mi novio, como si tuviéramos una relación normal. Me harté. Ya está bien, ya es suficiente. Valgo un poco más que todo eso.
—Sólo un poco más, cariño —rogó levantándose de su asiento para acercarse a ella —Sólo te pido un poco de paciencia.
—¿Hasta cuándo?
—Sólo un poco más —susurró él bajando sus labios para acariciar el cuello de la chica.
Bajó su mano por el escote de la bata de seda rosa que llevaba Bella hasta alcanzar el lazo que la mantenía cerrada.
Desatándola la abrió para revelar el cuerpo desnudo de la chica, mientras la levantaba para sentarla sobre la isla y pararse entre sus piernas.
—¿Hasta cuándo, Jacob? —dijo en voz baja mientras el hombre bajaba sus labios sobre su vientre hasta alcanzar su pubis
—Sólo un poco más, cielo, lo prometo, el divorcio está por salir...
—Bien —capituló haciéndole sonreír petulante al pasar la lengua por su clítoris —Pero hasta entonces tú y yo no estamos juntos —aclaró arqueándose.
Jacob detuvo sus lamidas y se irguió para mirarla de frente.
—¿Qué quieres decir?
—Que no volveré contigo hasta que no te hayas divorciado.
—Eso es ridículo —se quejó él
—¿Por qué? ¿Acaso no falta muy poco para que tengas la sentencia?
—Dios, Bella, eso es una tontería. ¿Qué relación se supone que tendremos entonces?
—Exactamente, ninguna. O tal vez sí, seremos ex novios, o ex amantes, o ex algo. De ti depende que también seamos futuros novios o futuros amantes.
—Eso es ridículo —repitió
—No lo es. No estoy dispuesta a ser la eterna amante oculta de un tipo casado, y realmente contigo no veo muchas perspectivas de que eso vaya a cambiar.
—¿Y eso qué significa? ¿Piensas salir con otros tipos?
—Sí, si me surge una oportunidad que me interese.
—¿Piensas salir con otros hombres? —rugió
—Sí, de hecho ya lo hice.
—¿Qué? —gruñó Jacob cerniéndose sobre ella
—Sí —confesó empujándole para bajar de la isla y volver a anudarse la bata.
—¿Has salido con otro tipo? ¿Cuándo? ¿Con quién?
—El jueves. Salí con un chico que no conoces. Fuimos a tomar una copa y luego a follar a su departamento.
—¿Perdona? No puedes estar hablando en serio.
—Pues sí lo hago.
—No voy a tolerar esto, Bella.
—¿No vas a tolerar, qué? Tú y yo ya no tenemos nada, follaré con quién quiera, todas las veces que quiera. De hecho ahora mismo voy a llamar a Demetri y haré una cita con él.
—¿Quién coño es ese Demetri?
—Un tipo al que le encanta el sexo y no tiene inconveniente en dejarse ver conmigo.
—¿Ah, sí? ¿Y puedo saber que te ofrece?
—Tal vez nada, pero es lo mismo que me ofreces tú.
—¿Eso es lo que piensas? Bien. Haz como quieras. —soltó furioso alejándose de ella y dirigiéndose a la puerta para salir con un portazo furioso.
Furiosa e indignada se giró buscando algo para romper, pero su yo responsable se interpuso, y sólo pataleó gruñendo furiosa.
Tendría que cumplir su amenaza y llamar a Demetri. Sabía que podía tenerlo en su cama en lo que el chico tardara en llegar desde Brooklyn, pero su vagina se estremeció de sólo pensarlo.
Aún seguía dolorida.
Su segunda opción para sacar la frustración, era comprar lencería, pero realmente no estaba de ánimos.
No había nadie en su horizonte cercano que fuera a verla, y eso le deprimiría.
Se decidió por la tercera opción, y se fue al centro estético.
Seguro que después de una sesión de masajes relajantes se sentiría como nueva.
Para entonces, Edward seguía tumbado en su cama mirando el techo a las once de la mañana.
No dejaba de darle vueltas a las palabras de Rosalie de la noche anterior.
Tal vez podía pedirle que organizara un encuentro entre Bella y él, pero por alguna razón no estaba seguro.
No se olvidaba la forma en la que Bella le había menospreciado, y eso aún le enfurecía. La chica le gustaba y mucho, pero no soportaba que le echaran en cara sus orígenes humildes, como si estos fueran un pecado, un estigma o algo de lo que avergonzarse.
Estaba orgulloso de sus orígenes. Orgulloso de su familia, y de cómo habían salido adelante, cuando todo parecía habérseles puesto en contra, ocho años antes, cuando su padre había resultado baleado.
El teléfono le sacó de su ensimismamiento.
—Hola, preciosa —saludó en un susurro sugerente cuando vio el identificador.
—Hola, bombón —respondió Tanya sonriente —¿Cómo estás? ¿Qué haces?
—Aquí estoy... en la cama... —dijo seductor
—¿Solo?
—Sí, pero abierto a sugerencias...
—Mmm, suena tentador... podría darme una vuelta por ahí...
—Estaré encantado...
—En veinte minutos.
—Te espero, cariño. Aunque dudo que vaya a vestirme...
—Como prefieras, Cullen —aceptó la chica y cortó la llamada divertida.
Tanya Denali.
Una chica preciosa a la que había conocido en el casting de "Dominada por la pasión", dos años antes.
Tanya tenía el papel de Samantha y la química entre ellos fue inmediata y apabullante.
Todos los que estaban presentes ese día aseguraron que las chispas entre ellos eran enceguecedoras, y el público había amado a la pareja.
Cuando la película se estrenó la complicidad entre ambos era tan evidente que al día siguiente todas las revistas y webs del corazón les nombraban como la pareja del año.
El estudio vio un gran filón publicitario en ese noviazgo, pero todo se desbarató cuando la primera foto de Edward con una modelo sueca saltó a la prensa, cuatro meses después.
La relación romántica entre Tanya y Edward había sido desmentida en ese entonces, pero el público y sus fans, aún seguían asegurando que la relación entre ellos era verdadera y el amor que sentían el uno por el otro, era más que real.
Edward adoraba a Tanya, y el cariño era completamente recíproco, pero sabían que no había nada ni remotamente romántico o sexual entre ellos.
El coche de Tanya subió por el camino de su casa, después que abriera el portón automático.
La chica se carcajeó cuando le vio en el vano de la puerta principal, cubierto únicamente por unos bóxer negros de Calvin Klein.
—Mmm —rió antes de darle un suave beso en los labios —Calvin Klein... se comenta mucho sobre la campaña de Edward Cullen para Calvin Klein.
—No me hables de ello —gimió rodando los ojos y haciéndola entrar en la casa —Creí que te excitaría verme vestido así y podía tener una oportunidad contigo.
—Sé lo que esconden esos bóxer, Cullen —rió guiñándole mientras se dirigía a la cocina.
—¿Y no te atrae?
—Sabes que no —confesó dejando su bolso sobre una de las sillas de la cocina.
—Un chico tiene derecho a soñar.
—Y una chica podría soñar con tomarse un café en casa de Cullen.
—No tan temprano, cielo —respondió a la vez que se dirigía a la alacena y sacaba café para poner en funcionamiento la cafetera.
—¿Cuándo volviste de Vancouver?
—Ayer a la mañana.
—¿Cómo estuvo la convención?
La semana anterior Edward y parte del elenco de su película, habían participado en una convención sobre cine erótico y trasgresor en Vancouver.
Por su agenda de rodaje para la nueva película que estaba grabando, Tanya no había podido acompañarles.
—Bien. Un poco aburrida de más, pero bien.
—¿Saliste ayer a la noche?
—Sólo me tomé unas copas en el Steph con Emmett y su último ligue.
—¿Emmett tiene un último ligue?
—Sí, una chica que conoció en Nueva York.
—Vaya. Ese chico sí que saca beneficios de ser tu guardaespaldas. —rió Tanya
—Sí, supongo, aunque prefiero creer que son sus encantos...
—Eres un buen amigo.
—Vete al diablo.
—Sabes, la semana pasada vi una revista...
—Ya. Lo imagino —dijo con voz cansina
—¿Renata Carlessi, Edward?
—Lo sé.
—¿En qué pensabas para tirarte a Renata Carlessi?
—En nada. Supongo que sus tetas en mi cara me estaban impidiendo pensar con claridad, aunque tal vez ayudara tener su coño restregándose en mi pierna y que me diera un ligero apretón en las pelotas.
—Dios —gimió su amiga —Creo que es el peor lío que has conseguido.
—Lo sé, pero es divertida en esa forma de ser que tiene tan...
—¿Zorra?
—Natural, diría yo. Liberada. Está más allá del bien y del mal. Le da igual todo, y le encanta follar.
—A todos nos encanta follar.
—No, Tan, cuando digo que le encanta follar quiero decir que realmente le encanta, más que respirar. Se masturbó y se corrió en el coche, y sólo tardé cuatro minutos en recorrer los dos kilómetros hasta su casa.
—Vaya, supongo que eso te puso duro.
—Había dos palancas de marchas en ese coche. Aunque no podía dejar de pensar que la mataría si manchaba el tapizado de mi amado Aston.
—Lo imagino. —rió la chica —¿Qué crees que dirá tu madre cuando lo sepa?
—Ya lo sabe. La cotilla número uno del barrio ya se lo dijo.
—¿Y cómo se lo tomó?
—Me ha prohibido que la vea. —reconoció
—¿Y qué vas a hacer?
—Hacerle caso a mamá, por supuesto —comentó burlón
—No esperaba menos —rió su amiga
Edward sirvió dos tazas de café recién filtrado y se sentó frente a la chica.
—¿Y tú qué tal?
—Bien —respondió con mirada soñadora
—¿Bien, bien, bien?
—Bien, bien, muy bien. Maravillosamente bien. Pero no voy a hablar de eso.
—¿Por qué no?
—Porque necesito mantenerlo para mí, o voy a soltárselo a todo el mundo, prensa incluida.
—Sabes que no tienes que ocultármelo a mí —aseguró estirando su mano para acariciar la de ella
—Lo sé, pero se lo oculto a tanta gente...
—¿Eres feliz, Tan?
—Mucho.
—Entonces eso basta. Le amas y te ama, eso es lo que todo el mundo buscamos.
—Lo sé —reconoció —Pero es difícil no poder mostrarlo al mundo.
—Lo sé.
Tanya mantenía una relación desde hacía ya cuatro meses, pero era una relación oculta.
Tenía un noviazgo con Irina Ivanova, la actriz rusa que hacía el papel de su mejor amiga en la película de la que ella y Edward eran protagonistas.
Ser lesbiana, hacía que fuera imposible encontrar a Tanya en situaciones románticas con ningún hombre, y eso sólo servía para aumentar los rumores sobre su amor por Edward.
—Tengo una invitación para hacerte —explicó la chica cambiando de tema de forma abrupta
—¿Una invitación? ¿Para qué?
—Recibí una invitación para la Met Gala.
—¿La Met? ¿En Nueva York?
—Sí.
—Oh, no, Tan, no, lo siento pero no voy a ir.
—¿Por qué no? ¿Porque es en Nueva York?¿No estarás preocupado por Gianna Wachsberger?
—No, nada que ver con eso, pero no voy a ir.
—Por favor, Edward, tengo que ir e Irina no irá conmigo de ninguna forma.
—¿Por qué yo? —gimió
—Porque eres mi mejor amigo. Y porque no creerás que te invito por alguna razón equivocada.
—Tanya...
—Venga, di que sí, por favor...
—Sabes que eso volverá a desatar los rumores...
—No te preocupes por ello. Tú los desmentirás la próxima semana cuando seas fotografiado con tu siguiente conquista.
—Eres cruel. —se quejó Edward —Pero sabes que todos resaltarán nuevamente que tú me amas y yo no sólo paso de ti, sino que me importan un pimiento tus sentimientos.
—No te preocupes por eso, Edward. Tú y yo sabemos la verdad. No deberías prestarle atención a las revistas de prensa rosa.
—No es que yo se las preste pero Esme las lee y luego me regaña por herir los sentimientos de mi mejor amiga.
—Yo hablaré con Esme, no te preocupes. Entonces ¿me acompañarás? —rogó con un mohín infantil.
—Ok, pero sólo por esta vez.
—Gracias, Ed, eres un cielo.
—Sí, sí. Palabras... —rió
Creo que este capi nadie se lo esperaba, todos esperaban empezar a odiar a Tanya...
Gracias a todos los nuevos lectores, gracias por los reviews, alertas y favoritos.
Nos comentamos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Dejo el adelanto del próximo capítulo:
—Rose, ¿de verdad crees que Edward Cullen necesita que tú le consigas una cita?
—Lo creas o no, creo que no tiene tan sencillo encontrar lo que busca.
—¿Por qué lo dices? —indagó Alice realmente curiosa.
—Me contó que no ha vuelto a tener una novia seria o formal desde que es famoso. Todas las chicas sólo buscan tirárselo.
—¡Vaya, qué trágico! —comentó Alice burlona y eso realmente le arrancó una sonrisa a Bella —Hasta yo me ofrecería a trabajar por su causa.
—En realidad, Rose, ¿no has pensado en tirártelo tú?
—Sería un poco enfermo, yo me estoy tirando a su mejor amigo.
Besitos y a leer!
