¡He vuelto! Siento haberles dejado en ascuas, pero es que soy muuuuy mala muuajajajaa! Gracias como siempre por los reviews!! Os adoro!

Ah! Y como recordatorio: No necesito demandas por plagio de personajes y esas cosas. No son míos… aun (jiji)

Bueno sin más dilaciones aquí os dejo el capítulo. Disfrútenlo.

--

Alex estaba meditando las palabras de su maestro.

Tras su repentina confesión, Mu partió del lugar dejando a su alumna enmudecida por la impresión. Ella no había podido contestarle, no había podido hacer nada.

Se sentía indefensa y vulnerable cuando Mu estaba a su lado. Sentía que a través de sus ojos, el Caballero de Aries podía leer su alma, entera y desnuda.

Ya era completamente de noche, pero Alex seguía en el mismo lugar desde donde habían visto la puesta de sol. Seguía allí fría y muda. No quería moverse por temor a encontrarse con esos ojos verdes que tanto la atormentaban en ese momento.

La amazona se puso en alerta al sentir un cosmos extraño y escuchar unas voces a su espalda. Olvido por un momento sus penas. Si se trataban de enemigos, necesitaría toda la entereza y fortaleza de su cosmos al máximo. No se permitiría fallar a la Diosa.

Alex avanzó hasta esconderse detrás de unos matorrales, con su cosmos estático, preparado para atacar. Pronto las voces, revelaron unas figuras de tres hombres.

- "¿Qué harán aquí a estas horas?" – se preguntó la morena, esperando el momento para sorprenderles.

Alex puso en práctica las enseñanzas de Mu y dispersó su cosmos por la zona intentando averiguar que intenciones desprendían los cosmos de los desconocidos. La chica se sorprendió al sentir en uno de ellos una picardía y un coraje muy familiar y en otro un tremendo frío glacial.

- "¡Son Milo y Camus! – pensó emocionada. Se concentró un poco más, para descubrir que el cosmos del tercer hombre resultó desprender también frío, aunque no tanto como el de Camus. También estaba lleno de valentía y un extraño sentimiento ligado a un fuerte recuerdo - Creo que todavía no se han dado cuenta de que estoy aquí… Le demostraré a Milo lo mucho que he mejorado en estos días… - una sonrisa diabólica de apoderó del rostro de Alex y esta comenzó a reír por lo bajo. Sigilosamente los siguió hasta que se pararon en el mismo sitio, donde Mu y ella estuvieron en la tarde. No podía verlos exactamente, pero los ubicaba mediante su cosmos. De arbusto en arbusto, consiguió colocarse tras un árbol frente a ellos. Con mucho cuidado escaló ese árbol hasta una rama que la permitiría realizar el ataque con perfección.

- "Son caballeros de oro… Lo pararán sin problemas…" – se repitió una y mil veces mientras acumulaba su cosmos y lo enfocaba en sus manos. Recordó el consejo de Mu y repartió ese cosmos la mitad para la defensa y la otra, para el ataque. Buscó el cosmos de Milo y centralizó su energía en él. No quería tener problemas con los demás, por lo que el ataque sólo lo recibiría Milo. Cuando estuvo segura de todo, saltó de la rama enfocando su la bola de cosmos en la dirección en la que se encontraba Milo.

- Resplandor Celeste – dijo Alex haciendo que el ataque liberado de su manos fuese a parar a un Milo que no sabía lo que sucedía a su alrededor. Como un acto reflejo Camus y el otro hombre, la apresaron y la retuvieron congelando sus pies.

Pero a ella le daba igual que la descubriesen.

No podía más que reír al ver la cara que puso Milo cuando vio el ataque. La energía desplegada por la amazona, hizo que el Caballero de Escorpión volara metros atrás y quedara incrustado entre las piedras del Santuario.

Y por primera vez, las fuerzas de Alex, no flaquearon ante la pérdida de cosmos.

- Parece que los Caballeros de oro no están siempre alerta – se mofó Alex, sin parar de reír.

- ¿Alexandra? – preguntó Camus, deshaciendo el hielo que oprimía sus pies.

- La misma, maestro Camus. No puedo cree que os dejaseis sorprender así – Camus solamente la dirigió una tímida sonrisa (NdA: Si una sonrisa. Pequeña…Pero quien no suspira por una sonrisa de Camus?)

- ¡ALEXANDRA! – gritó Milo enojado saliendo del montón de piedras rotas en el que se encontraba. Se dirigió lleno de polvo hasta su antigua alumna. Allí, observó la sonrisa de satisfacción de esta y no pudo hacer otra cosa qué reír el también – Me has ganado, pequeña.

- Maestro tenía ganas de verte.

- Yo también – fraternalmente, él la tomó en sus brazos dándola un cálido abrazo – Ya me contaron de tu combate contra Shina. Estoy orgulloso de ti.

- Gracias, pero no pude hacerlo sin Megara.

Milo invitó a Alex a sentarse con él y compartir sus recientes aventuras.

- Me gustaría mucho contártelas ahora, Maestro – se disculpó Alex – pero antes de nada necesito hablar con usted, Camus.

- Me extrañaba que tardases tanto en venir a verme – dijo él con su típica frialdad.

Hasta ahora había un detalle en el que Alex no se había fijado, pero sus neuronas se conectaron e hicieron girar su cabeza hasta el lugar que ocupaba el tercer hombre. Aquel que tenía ese extraño sentimiento en sus cosmos.

Se fijó muy bien en él. No era más que un muchacho que tendría más o menos su edad. Tenía el cabello dorado acompañado de unos ojos celestes y una expresión serena en el rostro. Su cuerpo estaba bien marcado a golpe de entrenamiento.

Cuando sus ojos se encontraron, un escalofrío recorrió la espina dorsal de la amazona y su carne se puso de gallina. No sabía porqué, pero la mirada intensa y sincera de aquel muchacho había hecho dar un vuelco a su confundido corazón.

- "¿Pero cómo puedo sentir esto por un desconocido ahora que mi maestro me ha abierto su corazón? - se reprochó a si misma, sin poder dejar de mirar esos ojos tan misteriosos – Hay algo en este chico que me empuja con fuerza a no poder dejar de mirar sus ojos… Es como si quisieran que…"

- Alex – dijo Milo, distrayendo a la chica y apartando esos pensamientos. El Escorpiano se dio cuenta de las miradas de los jóvenes y decidió hacer algo al respecto – Permíteme que te presenta a Hyoga, Caballero de Bronce del Cisne y aspirante a Caballero de Acuario. Hyoga, ella es Alexandra, Amazona de Aries y Escorpio – El muchacho avanzó hasta ella y depósito un beso en el dorso de su mano.

- Un placer – dijo Hyoga con una voz cálida y simpática.

Ella no respondió. Otra vez su mente se bloqueaba. No podía creer que ese chico ocupara ahora, el lugar que por derecho le correspondía a Isaac. El recuerdo del chico pegó fuerte en la cabeza de la amazona, haciendo que todos los sentimientos escondidos afloraran y provocaran lágrimas de tristeza.

- Alex – dijo Milo preocupado - ¿estás bien?

- Sí – ella se secó sus lágrimas y controló su voz todo lo que pudo para que no se quebrase – Creo que necesito descansar. Mañana iré a verte después de entrenar Camus.

Antes de que este pudiera contestar, Alex se había marchado a la carrera derrumbándose más a cada paso, resbalando sus lágrimas sin parar.

- "¿A quién pretendo engañar? Yo no estoy bien. Nunca he estado bien, desde que Isaac y Alexa se separaron de mi lado. Nunca he podido olvidarle. Esto no es una simple atracción, es amor verdadero… Lo siento, Mu… Nunca podré corresponderte teniendo a Isaac enteramente en mi corazón."

Alexandra corrió hasta el único sitió donde podrían calmar su dolor y encontrar un hombro para llorar.

Subió velozmente las escaleras y entrando en la casa no pudo evitar derrumbarse en la entrada.

- ¡Aldebarán! – sollozó ella, llamando a su único consuelo – Por favor escúchame.

El torito salió asustado y la recogió entre sus brazos.

- ¿Qué ha pasado, pequeña? – dijo él muy preocupado. Alex no podía apartarse de su abrazó. Necesitaba llorar todo aquello que llevaba tanto tiempo en sus adentros - ¿Estás bien? Alex, me estás asustando.

- Ya no puedo más – le confesó, llorando – Nunca he podido olvidar a Isaac. Me duele el corazón cada vez que pienso en que él y Alexa son los únicos felices en toda esta historia y que yo soy la única que sufre.

- Eso no es así – el torito la obligó a mirarle a los ojos y secó sus lágrimas – Si tu sufres y te derrumbas de esta manera, yo también sufro por ti. Ven tomemos un té caliente y cuéntame todo lo que ha pasado. Luego te llevaré con Mu.

- ¡No! – se sobresaltó ella – Con Mu no, por favor. Quiero pasar esta noche aquí. Mañana prometo regresar a Aries, pero esta noche no dejes que sufra más por favor.

- Está bien – él la abrazó y entraron en la casa.

Aldebarán preparó té para dos y en la mesa de la cocina Alex le contó a su compañero todo lo ocurrido desde que llegó a las termas en la mañana.

- Comprendo, pequeña. Pero no puedes dejar que la tristeza te ataque de esa manera. Necesitas tiempo para olvidar a Isaac, y tú lo sabes. Eso no va a ser un milagro repentino. Tienes que poner mucha fuerza de voluntad. Pero lo que no puedes es reaccionar como una cobarde y esconderte tras las lágrimas.

- Sé que tienes razón, pero es tan fácil decirlo… No sabes cuanto duele intentarlo…

- ¿Intentarlo? Alex, hará menos de una semana de la partida de tus amigos. En ese tiempo no has podido intentar nada y lo único que has hecho ha sido castigarte utilizando la opción más fácil: el sufrimiento. Si sigues así, todo tu entrenamiento se verá afectado por semejante tontería y lo echarás a perder – las duras palabras del caballero de Tauro, reconfortaron el espíritu de la amazona y la dieron nuevas fuerzas.

- Tienes razón. Necesito tiempo.

Ambos estuvieron hablando un rato más, hasta que Alexandra se quedó dormida entre los brazos de Aldebarán.

- "Mañana será otro día, mi pequeñaja. No quiero volver a verte así…" – pensó este acunándola.

-.-

- Lo siento, Mu. Pero nunca podré corresponderte hasta que no haya olvidado a Isaac y lo haya sacado de mi corazón – dijo Alex decidida, frente a la… pared – "Ahora iré a Aries y hablaré con él"

Y así fue. Después de agradecerle al torito todo lo que había hecho por ella, se dirigió a hablar con Mu.

Ya era de día, así que la estaría esperando para entrenar.

Bajó las escaleras con cierto nerviosismo y entró en Aries por la puerta trasera.

- Hola, Alexandra – susurró Mu detrás de ella, asustándola – espero que hayas dormido bien en Tauro.

- ¿Cómo has sabido… - intentó decir Alex.

- Aldebarán me llamó está noche muy preocupado por ti y cuando estabas dormida te fui a ver.

- Mu, tengo que hablar contigo – dijo ella muy seriamente.

- Te escucho, aunque creo que sé lo que quieres.

- Siento romperte el corazón de esta manera, pero sería injusto para los dos que yo te correspondiera sin amarte. Sé que puedo olvidarme de él, pero no sé cuanto pueda tardar. Sería una egoísta si después de todo te correspondiera sin olvidarle.

- Te entiendo Alexandra, pero recuerda que yo nunca dejaré de intentarlo y que te puedo ayudar a olvidar siempre que quieras.

- No quiero que haya rencores entre nosotros, Maestro.

- Para nada, Alexandra. Ahora desayuna, que tenemos que entrenar – dijo Mu con una sonrisa, iniciando la marcha hasta la cocina. Alex asintió feliz con la cabeza y mientras desayunaba hizo reír a Mu, contándole como había sorprendido a Milo.

- "Siento que contigo - pensó ella – quizá algún día pueda ser feliz y pueda olvidar a Isaac"

-.-

Después del entrenamiento, Alex fue a ver a Camus para hablar con él.

La chica estaba subiendo las escaleras que llevaban a Géminis cuando notó algo raro. El cosmos de Megara, junto con el de Saga. Alex decidió hacer gala de sus dotes de espía y se dirigió escaleras arriba sigilosamente.

- "No es que los quiera espiar… - intentó auto-convencerse - ¿O sí? La última vez que Megara y yo estuvimos en Géminis, ella estaba muy rara… Que extraño – Alex se las arregló para colocarse tras ellos y observarlos detrás de unos salientes de rocas que estaban oportunamente colocados allí. Alex miró por encima de las rocas, para descubrir que su amiga estaba abrazada al Geminiano y que este la tenía sujeta por la cintura – Aquí huele a parejita… "- siguió espiándoles, maldiciendo el que las rocas estaban demasiado lejos y no podía escuchar lo que decían. De repente algo golpeó en su cabeza. Alex miró para atrás y descubrió que Kanon también estaba "observando".

- Hola amazona – susurró Kanon, colocándose al lado de Alex.

- Hola Kanon – dijo ella un poco cohibida al ver que la habían descubierto en su escondite.

- Mi hermano me hizo prometer que esta relación no llegaría a oídos del Patriarca en la vida – advirtió él.

- ¿Relación? – preguntó la chica. Estaba un poco confusa y Kanon le explicó todo lo ocurrido con su hermano y Megara.

- Por eso se escapó de casa – dijo Alex, con cierta admiración.

- ¡Mira! – dijo Kanon en un tono demasiad alto y algo aterrorizado

- Quieres callarte idiota, nos van a descubrir – Kanon simplemente tomó la cabeza de Alex y la giró para ver el problema que se les venía encima.

- Con que jugando a los espías – dijo Saga sarcásticamente – Lo tendré en cuenta en tiempos de guerra.

- ¿Alex qué haces aquí? – preguntó Megara algo decepcionada ante la actitud tan infantil de su amiga, pero no pudo evitar reír al ver la cara de miedo que Saga les había hecho poner a ella y a Kanon – Alex, siento no haberte contado exactamente porque me marché de casa, pero tenía mucho miedo de tu reacción. Fui dura contigo y te juzgue mal, perdóname.

- Ahora que Kanon me lo ha contado todo – dijo Alex, mirando también a Saga – Prometo guardar vuestro secreto. Y no te preocupes amiga, esas cosas son normales. No tienes que darme explicaciones si no quieres.

- Y Alex – preguntó ahora Saga - ¿te dirigías a alguna parte?

- Sí – dijo ella, saliendo por fin del saliente de rocas y dirigiéndose con el resto del grupo hacia Géminis – Iba a ir a ver a Camus.

- ¿Vas a hablar con él de Alexa? – Megara se preocupó por su amiga - ¿Quieres que te acompañe?

- No, esto es algo que tengo que superar yo sola.

- Pues no me hagas mucho caso – intervino Saga, nuevamente –pero no tengas muchas ilusiones de encontrar al señor don Paleta congelada en su casa. Tengo entendido que estaba entrenando con Hyoga.

- "Ese chico - pensó Alex, recordando esos ojos celestes - ¿Podrá él conseguir la armadura de Oro?" – sus recuerdos volaron hacia Isaac, y las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos. Pero ella mantuvo la entereza y las lágrimas quedaron escondidas.

- En ese caso yo te acompañaré hasta Acuario, Alex – Megara vio que su amiga estaba sumergida en sus pensamientos y la zarandeó para llamar su atención.

- ¿Qué pasa? – dijo Alex apartando esos pensamientos- Megara podrías tener un poco de cuidado o la flor más penosa del rosal del Floripondio podría marchitarse.

- ¿Yo? ¿Flor penosa? – repitió Megara indignada – No creo que una carnerita tan mona como tu pueda hacerme nada con esos cuernitos tan debiluchos.

- Ya te enseñará esta carnerita lo que puede dar. Te reto a una carrera hasta Acuario. Y no olvides que antes de tener cuernos, tuve pinzas de escorpión.

Ambas se divirtieron en la carrera. Hubo un momento de flaqueza para Alex, en el que recordó las apuestas que hacía con Alexa. Pero ahora ella estaba lejos. Todo eso era el pasado y debía disfrutar del presente con Megara y todos los demás.

Alex despidió a su amiga, que siguió el camino hasta Piscis.

La amazona estaba dudosa. No quería entrar en Acuario por temor a encontrarse con el Caballero que tenía ese sentimiento en su cosmos y esos ojos tan cautivantes.

Pero, por otra parte, las ganas de tener noticias de Alexa la empujaron a recorrer las pocas escaleras que la separaban de la onceava casa y sumergirse en las profundidades del templo helado.

- ¿Maestro Camus? – llamó la chica desde la entrada, un poco asustada; pues en la casa reinaba un ambiente algo tétrico.

Alex no obtuvo respuesta. Antes de que pudiera encender su cosmos para inspeccionar la casa, escuchó como unos pasos se dirigían hacia ella.

Los pasos revelaron una figura y esa figura resultó ser nada más y nada menos el Caballero del Cisne.

- Hola amazona – dijo él algo sorprendido por encontrarla allí - ¿Desea algo?

- Quiero hablar con tu maestro – el chico permanecía entre la penumbra, pero Alex pudo volver a perderse en los ojos celestes de Hyoga - ¿Está aquí? – el Caballero negó pasivamente con la cabeza y se acercó más a Alex. Esta empezó a retroceder cuando divisó las pintas con las que se presentaba el Cisne. Llevaba el pecho descubierto y húmedo y su cuerpo era tapado únicamente con unos pantalones. Alex recorrió el torso del Caballero con su mirada, deleitándose con sus músculos bien torneados por los entrenamientos.

- "Pero qué demonios estoy haciendo – se reprochó mentalmente – Se supone que Isaac sigue en mí…" – Alex apuntó su mirada hacia el suelo al mismo tiempo que sus mejillas se ruborizaban.

- Eres una niña muy inocente – dijo Hyoga tomándola por la barbilla, apresando con su cuerpo el de la amazona – Me encanta cuando las niñas os sonrojáis… - los ojos celestes del Caballero de perdieron en las profundidades ébano de la amazona, haciéndola estremecer. Poco a poco sus rostros se fueron acercando cada vez más.

- "Esto no está bien – pensó Alex abrumada – Mu… lo siento… yo… no puedo resistirme a esos ojos…" – las piernas de la amazona cedieron a causa de la cercanía y su cuerpo se vio rodeado por los fuertes y cálidos brazos del caballero que la sostenían protectoramente. Alex no pudo evitar temblar al sentir el cosmos del cisne, infundiéndola calor.

- No tiembles, amazona – le susurró en el oído, besando ligeramente su cuello. La boca del muchacho subió lentamente hasta encontrar los labios de Alex. El cosmos de la amazona se fundió con el Hyoga, al igual que sus labios se unieron en un tierno beso.

-"Mi primer beso…" – pensó la amazona, mientras los demandantes labios del caballero la pedían a gritos paso para explorar su boca.

Ambos jóvenes perdieron toda noción del tiempo y el espacio. Sólo sentían un dulce calor que emanaba de sus cosmos y que se transmitían a través de sus labios y de su abrazo.

Faltos de aire decidieron parar y de nuevo Alexandra quedó sumergida en un mar celeste.

Tan sumidos estaban en sus intensas miradas que no sintieron como un cosmos extremadamente frió entró en la casa. No oyeron ni los pasos del portador de ese cosmos y sólo recuperaron la noción del tiempo cuando la inexpresiva voz de Camus les preguntó qué demonios estaban haciendo.

Hyoga soltó a Alex en el suelo y los chicos se prepararon para el interrogatorio de Camus.

La gélida mirada del Acuariano, los inspeccionó de arriba abajo.

Después de largo tiempo sin decir nada, suspiró pesadamente.

- Hyoga – el chico se puso firme ante la voz de su maestro – En la cocina hay una lista de cosas que hay que comprar para prepara la cena. Ve a Sunion a comprarlas. Si llegas antes de que Alex y yo acabemos de hablar prepararé yo la cena. Pero si te retrasas un solo segundo y nos haces esperar, ya puedes hacer gala de tus dotes de cocinero. Y otra cosa… Tápate un poco – el caballero del Cisne se sonrojó violentamente y como un rayo se dirigió a la cocina y salió disparado de la casa, ya con una camiseta que le tapaba.

- Ven Alex – dijo Camus tomándola de la mano para que se levantase del suelo y le siguiera – Hablaremos en la habitación de Hyoga y luego te quedarás a cenar.

- Está bien – asintió ella con la cabeza baja y tras el Acuariano – "Llegó la hora de la verdad…"