DEDOS DE MIEL
—Capítulo 10—
La alarma del despertador sonó y Zoro la apagó de un golpe sin poder esconder su molestia. Había dormido muy poco y tenía un fuerte dolor de cabeza —Law ya es hora, despierta —su compañero se sentó con un semblante peor que el suyo y sin decir palabra se dirigió a su baño para comenzar a arreglarse. Zoro regresó a su recámara y se metió bajo el chorro de agua fría de la regadera en un intento de deshacerse de las tremendas ganas que sentía de regresar a dormir.
«Debo hablar con Mihawk». Su cabeza había pasado horas repasando la mejor manera de abordar el problema sobre Doflamingo, sin embargo, Zoro no era un hombre al que se le diera la sutileza. Había llegado a la conclusión de que lo mejor era decírselo directamente, aunque omitiría que su información la había obtenido de un fantasma. Cuando pasó el jabón por su abdomen no pudo evitar acordarse de la cálida mano que lo había acariciado la noche anterior, cerró los ojos y metió la cabeza entera bajo el agua para enfriar su cabeza, no era momento para recordar cosas como ésa.
La verdad era que después de haber sentido los besos y el deseo de aquel atractivo hombre ya no podía pensar en nada más. Le gustaba, le gustaba bastante, y daría cualquier cosa por sentirlo nuevamente.
El desayuno transcurrió en completo silencio. Law parecía estar metido en sus pensamientos y Corazón no se había aparecido en toda la mañana —¿estás seguro de ir a trabajar hoy? —preguntó el peli verde al ver que las diestras manos del médico temblaban ligeramente cada que acercaba el tenedor a su boca,
—hoy no entraré a quirófano, sólo asistiré en las operaciones —sabía bien que en ese estado pondría en riesgo la vida de sus pacientes, era mejor llevársela tranquila,
—oye, si necesitas algo… llámame y vendré en seguida —Law esbozó una triste sonrisa sin despegar los ojos de su taza de café,
—estaré bien —le dio los últimos sorbos a su bebida y se puso rápidamente de pie—, debo irme —tomó sus cosas y sin decir más palabras abandonó el departamento dejando a Zoro con un mal presentimiento.
«Necesita asimilar la información, eso es todo», pensó mientras terminaba lo que tenía sobre su plato. Law no era de esos hombres que actuaba sin pensarse bien las cosas, a pesar de eso temía que buscara vengarse de alguna manera, no podía permitirle hacer semejante locura, lo mejor sería hablar con calma esa misma noche y evitar problemas futuros.
• • •
Zoro paró su moto extrañado al notar que Pagaya y Conis no estaban en el pórtico como cada mañana. Miró su reloj y se sorprendió al notar que había llegado más temprano de lo habitual. Al parecer esta vez no había dado ni una sola vuelta extra. Estaba orgulloso, finalmente comenzaba a aprenderse bien aquel complicado camino. Estacionó su motocicleta y permaneció en el garaje unos instantes decidiendo si debía ir en ese momento a la oficina de Mihawk, se armó de valor y subió hacia su despacho.
Antes de atreverse a llamar a la puerta recordó un detalle que se le había pasado por alto… para poder ver a su jefe tenía que pasar primero por Perona «mierda». Abrió la puerta y se asomó con cautela rogando que no estuviera presente.
—¿Qué necesitas, Zoro? —dio un respingo al escuchar la voz de la asistente quien, como siempre, tenía su entera atención en organizar sus notas, ¿qué demonios podía decirle? ¿que tenía un asunto personal con Mihawk?, después de lo que había sucedido entre ambos debía ser discreto. La mujer de cabello rosa alzó la vista al darse cuenta que no respondía—, ¡habla de una buena vez! —exclamó con ese tono de voz impaciente que lo sacaba de quicio,
—no es nada —Zoro cerró la puerta y soltó un pesado suspiro, simplemente no podía pasar por ahí, miró la extensión del pasillo, las veces que había entrado en la oficina no había visto ningún otro acceso… recordó que los enormes ventanales daban al jardín, tal vez podría llamar la atención de su jefe desde afuera.
Tras localizar la enorme ventana intentó divisar la silueta de Mihawk, sin embargo lo único que lograba ver era el respaldo de su enorme silla. Estaba seguro de que podía pasar toda la mañana haciéndole señas y jamás voltearía. Tomó una pequeña piedra y la aventó hacia el vidrio.
Nada.
Tomó otra un poco más grande, pero el resultado fue el mismo, «si sigo aventando piedras sólo lograré romper un vidrio» pensó mientras se cruzaba de brazos buscando otra solución.
Tal vez lo mejor era esperar hasta la noche, y cuando todos se fueran, entrar a buscarlo. «Así no habría nadie que pudiera interrumpirnos y…»
La idea sólo logró tensarlo más, imaginarse nuevamente a solas con él provocaba que toda su piel se estremeciera por completo. Se conocía bastante bien, si eso sucedía seguramente su cabeza se olvidaría de pensar y se le iría encima. Era de suma importancia contarle lo de Doflamingo, ¿y si tenía cita con él ese mismo día? no podía perder el tiempo.
Al pie de la ventana crecía un frondoso árbol y en la parte superior las tupidas enredaderas enmarcaban las habitaciones… «tal vez podría trepar por ahí y tocar a su ventana», la idea se le antojaba estúpida, pero no tenía ánimos de pasar toda la mañana ideando otra solución.
Subir al tronco fue pan comido, pese a ser bastante fuerte Zoro también era muy ágil, así que no tuvo problema alguno para llegar hasta la parte más alta, sin embargo, mientras más subía las ramas se volvían más endebles e inseguras,
—mierda, estúpido árbol.
Zoro se colgó peligrosamente de una rama que comenzaba a crujir por culpa del peso, «sólo un poco… más» estiró sus dedos al máximo, pero no había manera de que tocara la gruesa enredadera que lo llevaría hasta la ventana. Miró hacia abajo sin querer, estaba ya a varios metros del piso, si no lograba su cometido se llevaría un buen golpe. Se aventó con todas sus fuerzas y alcanzó a duras penas su objetivo, por suerte sus brazos tenían la suficiente fuerza para jalarse hacia arriba y continuar con su travesía, había faltado poco.
Mihawk se encontraba revisando algunos documentos que Perona le había entregado cuando escuchó un ruido desde el otro lado de su ventana, al voltear no pudo ocultar su sorpresa al encontrarse con Roronoa, quien pendía peligrosamente de la vegetación que cubría la pared. Recorrió rápidamente el vidrio y le tendió la mano para ayudarlo a entrar. Cuando rozó el brazo del joven la planta se rompió, Mihawk alcanzó a asirlo de la muñeca justo a tiempo para evitar que se precipitara hasta el piso. Lo alzó sin problema jalándolo hacia él y abrazándolo protectoramente mientras lo ponía a salvo dentro de su despacho. En cuanto se dio cuenta que lo tenía demasiado cerca deshizo aquel contacto y tomó nuevamente una distancia prudente,
—¿qué demonios hacía en mi ventana? —miró de arriba abajo al joven que estaba lleno de hojas, tierra y uno que otro rasguño. Zoro le regaló una sonrisa,
—necesitaba hablar con usted en privado y no se me ocurrió otra manera de burlar a Perona… —el peli verde se estremeció de repente y ahogó un grito, se quitó la playera de un jalón y la sacudió. Un enorme insecto poco agradable cayó al piso y corrió rápidamente a refugiarse en algún rincón de la oficina—. ¡Puto bicho!, creo que me picó —trató de mirar su espalda pero le resultaba imposible, dio varios giros sobre sí en un intento estúpido por que su vista alcanzara el objetivo.
Mihawk tapó su boca con el puño escondiendo una enorme sonrisa, las vueltas que Zoro daba le recordaban la actitud de un perro intentando morder su propia cola.
—Déjeme ayudarle —se acercó a él, lo tomó de los hombros y lo giró para poder observarlo. Efectivamente el bicho lo había picado, pero no sólo una vez, tenía cuatro ronchas de lo más desagradables a la mitad de su bien formada espalda —es su culpa por haber entrado de esa manera —lo reprendió,
—me está dando comezón —se quejó el menor con amargura estirando sus uñas lo más que podía para tocar la zona afectada. Mihawk soltó un suave suspiro y se acercó a su cantina, sabía que tenía un poco de miel guardada en algún sitio. Varios de sus socios, especialmente en reuniones tempranas, preferían tomar algo de té en vez de otro tipo de bebidas. Zoro lo miró unos instantes con curiosidad mientras sostenía su lucha con los piquetes, la oficina estaba tan impecable como siempre, no había rastros de las bebidas derramadas ni de los vidrios rotos de la noche anterior, el único cambio visible era la escasez de botellas. «Supongo que él mismo lo habrá limpiado esta mañana», sabía bien que en el despacho y en su recámara ni siquiera Conis, que era la encargada de la limpieza, tenía acceso.
—Tome asiento sobre el escritorio —Zoro obedeció y se colocó en la esquina dándole la espalda. Mihawk humedeció sus propios dedos con aquella dulce sustancia y se la colocó provocándole algunos espasmos al contacto con el frío. El hombre de los ojos amarillos tuvo que jalar un poco más de aire cuando sintió que bajo su tacto la deliciosa piel del joven se erizaba completamente. La idea de recorrerlo por completo le invadió la cabeza, aclaró levemente su garganta y desechó ese pensamiento lo más rápido que pudo.
Cuando terminó de cubrir las rochas cerró el frasco y se alejó rápidamente para no seguir mirándolo con el pretexto de devolver la miel a su sitio,
—espere a que seque un poco antes de colocarse la playera —le comentó. Mihawk tomó asiento en su silla principal y se cruzó de brazos—, a todo esto, ¿puedo saber a qué ha venido? —el peli verde se tensó de repente apretando con fuerza la orilla del escritorio y soltó todo de golpe,
—tengo que hacerle una advertencia sobre Donquixote Doflamingo. Ese hombre es un malnacido, apodado como Joker maneja un negocio de tráfico de armas en el bajo mundo y tiene la intención de usarlo como chivo expiatorio, por eso ha insistido tanto en cerrar un trato con usted, quiere inculparlo y así librarse de quienes sospechan de él —Mihawk lo miraba atentamente, se tocó la barbilla como si estuviera dándole vueltas a aquellas palabras,
—esa información es bastante delicada ¿de dónde la obtuvo? —Zoro agachó la cabeza, no podía decirle que provenía de Corazón,
—no puedo revelarle su identidad, pero es alguien que pertenece a la policía y conoce bien a ese hombre, por favor tenga cuidado —el mayor permaneció en silencio unos instantes como si uniera algunos cabos sueltos,
—tengo gente de mi entera confianza en el cuartel general, tal vez podría pedirles que investiguen un poco más y…
—¡no!, ¡no haga eso!, mi fuente me dijo que Doflamingo manipula a los altos mandos, si se entera que usted desconfía podría volverse en su contra —el rostro del peli verde mostraba una sincera preocupación, no encontraba rastros de mentira en su mirada—, sé que sólo es mi palabra contra la de él, pero le aseguro que no miento — Mihawk había escuchado las leyendas urbanas sobre aquel «Joker» y lo peligroso que era, jamás se imaginó que un hombre tan sombrío podía moverse con tanto cinismo frente a todo el mundo.
Si la información era cierta estaba en un serio peligro.
Zoro había terminado de decir lo que necesitaba, se puso de pie y recogió su playera para colocársela nuevamente. Se asomó por la ventana, al parecer bajar sería más complicado todavía,
—espere, hay algo más que quisiera hablar con usted… —se dio la media vuelta cuando escuchó la voz de su jefe,
«ya me lo temía», pensó para sus adentros, se acercó nuevamente y se cruzó de brazos adivinando las palabras que saldrían con seguridad de aquel atractivo hombre,
—Roronoa, quiero disculparme por lo que pasó ayer, bebí demasiado y me comporté de una manera impertinente,
—no pasó nada que yo no quisiera —contestó el menor con una pícara sonrisa que a Mihawk se le antojó de lo más sensual, apretó ligeramente sus propias manos, ahora no había alcohol en sus venas al que pudiera culpar, debía mantener la cabeza fría,
—no puedo negar que fue agradable, pero creo que lo mejor será mantener esta relación como algo meramente profesional, usted es un gran restaurador y me gustaría que siguiera colaborando conmigo —Zoro no pudo esconder el desagrado que le provocó aquel comentario, clavó la mirada en una de las paredes. Así que de eso se trataba, fingir que nada había sucedido y continuar cada quien con su vida.
Tomó la decisión, no podía salir de ahí sin intentarlo. Sonrió de repente, lo que pensaba hacer le parecía humillante, pero si no actuaba en ese instante el frágil lazo que habían formado se perdería definitivamente. Se acercó a su jefe hincándose sobre él y acercando su rostro de manera peligrosa, Mihawk permaneció estoico, aunque por dentro sintió que el placer de tenerlo cerca le contraía dolorosamente el vientre,
—míreme, si me dice a la cara que realmente no desea nada más conmigo no volveré a tocar el tema y aceptaré sus condiciones.
Mihawk se sintió nervioso por primera vez en mucho tiempo, separó los labios y volvió a cerrarlos intentando concentrarse en una respuesta prudente. No pensaba mentir, eso iba en contra de sus principios, pero ¿cómo podría negar que se moría por tomarlo ahí mismo?
—me gusta bastante y no voy a negárselo, pero no es correcto, usted trabaja para mí, le doblo la edad y además… —estuvo a punto de decir que estaba enamorado de otra persona aunque a esa altura habría sido estúpido. Ya había rechazado a lo largo de su vida muchas relaciones por mantenerse fiel a sus sentimientos por Akagami, ahora que él se había casado… ya no le quedaba nada,
—entonces… sí le gusto…
Zoro le sonrió encendido y se acercó dispuesto a robarle un beso, pero la mano del mayor se interpuso justo a tiempo,
—Roronoa, deténgase —a pesar de que su voz había sonado segura, por dentro estaba a nada de ceder ante aquel hombre que buscaba seducirlo. Se sentía tan sorprendido por su cambio de actitud y a la vez tan excitado. Era una sensación similar al instinto salvaje que le había dejado sentir cuando se batieron en duelo,
—¿cual es el problema? —preguntó el menor deshaciéndose de la mano que lo mantenía alejado mientras se sentaba completamente sobre sus piernas—, si usted también lo desea —terminó por desaparecer la distancia entre sus labios y los de su jefe y comenzó una danza sensual entre ellos buscando que su lengua pudiera adentrarse en él.
Mihawk cerró los ojos un instante aferrándose a la poca cordura que todavía conservaba, no pudo evitar que la imagen de Shanks se le cruzara dolorosamente por la cabeza. No era que deseara seguir apegado a sus sentimientos no correspondidos, pero no quería utilizar a Roronoa como un simple objeto, él no era esa clase de hombre que se acuesta con otro por despecho, lo tomó de las mejillas y lo separó de su rostro,
—Roronoa, no insista —Zoro bajó la vista. Lo había intentado y ahora acababa de ser rechazado de una manera tan humillante que su orgullo se sentía herido, se bajó de sus piernas y se acercó a la ventana, necesitaba salir de ahí lo más pronto posible. La fuerte mano de Mihawk le detuvo del brazo antes de que saltara,
—no se le ocurra volver a salir por ahí —Zoro intentó zafarse de su agarre pero no podía negar que la diferencia en fuerza era bastante, miró hacia el otro extremo para que no pudiera ver su dolida expresión,
—suélteme —exclamó. Mihawk ignoró su petición,
—no voy a permitir que ponga su vida en riesgo por una tontería, le pediré a Perona que vaya por algún encargo y el camino estará libre…
—sólo… suélteme —el mayor finalmente accedió a liberarlo. Zoro permaneció frente a la ventana con la mirada perdida—, sé… que no soy Akagami Shanks y tampoco pretendo serlo, no busco ser un maldito reemplazo, simplemente deseo tener una oportunidad de conocerlo realmente —dicho esto saltó por la ventana y se alcanzó a agarrar de la maleza deslizándose peligrosamente hasta el árbol por donde había trepado. Mihawk se quedó mirándolo fijamente, dolido por aquellas últimas palabras, pero más dolido por no saber qué responderle.
En cuanto Zoro atravesó las puertas de su taller tomó asiento en su silla y colocó los ojos entre las manos. Se sentía tan humillado, enjugó la humedad que comenzaba a formarse, ¿por qué demonios lo había rechazado?, no le pedía un final de cuento de hadas, lo único que quería era sentirse correspondido… aunque sólo fuera una vez. La esperanza que se había formado la noche anterior se había esfumado de repente.
Tocaron a su puerta haciéndolo pegar un brinco. Tashigi se asomó desde el otro extremo, traía consigo una caja larga y sonreía de oreja a oreja —Zoro, te traigo un nuevo proyecto, esta preciosidad se llama Durandal y… oye, ¿te encuentras bien?
Zoro se puso de pie y se acercó para abrir la caja sin responder a su pregunta, dentro había una hermosa espada occidental con la empuñadura de oro, pero era opaca y el óxido le carcomía el filo a la hoja por varias partes. Su corazón pareció calmarse un poco al contemplar su nuevo trabajo—, la dejaré como nueva, puedes estar segura de eso —comentó en voz alta regalándole una ligera sonrisa, Tashigi se encogió de hombros sin atreverse a preguntarle nada más,
—te dejaré a solas, si necesitas algo sabes dónde encontrarme —lo miró de reojo antes de cerrar la puerta, no recordaba haberlo visto tan triste en el tiempo que llevaba de conocerlo.
«Seremos tú y yo, Durandal», pensó el peli verde mientras la puerta de su estudio se cerraba. Ya había sido rechazado, ahora sólo le quedaba seguir adelante y aprender a lidiar con eso, comprender que jamás volvería a probar sus labios, que sólo había sido un pequeño error en la vida perfecta de Dracule Mihawk.
• • •
El hombre de los ojos amarillos bajó hasta el taller de Roronoa y se quedó frente a la puerta sin atreverse a llamar, llevaba consigo el móvil y las otras pertenencias que debía regresarle. Una parte de él deseaba entrar en ese mismo instante, tomarlo entre sus brazos y arriesgarlo todo; olvidarse de una buena vez de las malditas apariencias y de todo lo que podía considerarse "correcto" en su monótono y falso mundo.
Sin embargo… había un inconveniente que no se había puesto a reflexionar…
La advertencia sobre Donquixote Doflamingo.
Si aquel Joker era en realidad un sujeto tan peligroso el peor momento para involucrarse con alguien era ése. Actualmente todo el mundo lo consideraba un hombre solitario y que no tenía a nadie cercano que le fuera importante. Si comenzaba a salir con Roronoa lo pondría en serio peligro… tal vez… era mejor dejar las cosas así…
Colocó la bolsa amarrada en la perilla, llamó dos veces y se retiró.
Cuando Zoro abrió la puerta se encontró con sus cosas colgando en el otro extremo, apretó los labios. Mihawk ni siquiera se había atrevido a dárselas en persona, las tomó y aventó la puerta con furia, sacó el lazo del moño y la fajilla y en un momento de enojo los aventó al fuego. Estuvo a punto de hacer lo mismo con su móvil pero reaccionó a tiempo, se dejó caer de rodillas sintiendo como si el color a su alrededor se hubiera vuelto gris de repente.
