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LA CUEVA DONDE EL SOL SE ESCONDIÓ

La digimon llevaba rato observando lo movimientos de su amiga. Prácticamente desde que se habían levantado. Ella apenas había intercambiado palabras ni esbozado sonrisa alguna. Piyomon estaba confusa ante eso. Hacía solo un día se había levantado entusiasmada por pasar el tiempo con ese extraño niño que había resultado ser su hijo. ¿Qué había cambiado para que ahora estuviera tan desanimada?

La digimon captó su atención cuando se peinaba ante el espejo.

―Sora, ¿te encuentras bien?

La chica suspiró.

―Pensé que podría afrontarlo, pero no soy tan fuerte.

―¿Es por el chico? ―Sora asintió como si fuera obvio lo que perturbó más a Piyomon. Ayer había estado radiante, por lo que solo podía deberse a la nueva presencia― ¿es porque no quieres ser la suegra de Mimi?

Inevitablemente Sora rio, lo que hizo sonreír a Piyomon aunque no supiera muy bien por qué su humana reaccionaba así.

―Realmente eso es lo único divertido de todo esto ―le frotó la cabeza para hacerla sentir bien pero a pesar de ello Piyomon continuó preocupada.

―Pero creí que estabas feliz con… ―miró a un lado y a otro y susurró―… conocer a tu hijo.

Sora se sobresaltó al escucharla. En realidad, era difícil asumir esta realidad cuando lo meditaba seriamente. Inevitablemente su vista quedó en la foto que tenía tomada con Yamato y que adornaba su escritorio. Apenas llevaban medio año de relación. Todavía era algo demasiado novedoso y confuso como para de repente tener la completa seguridad de que no solo prosperaría su noviazgo si no que además tendrían hijos en un futuro. Ni tan siquiera estaba segura de querer ser madre, o por lo menos no era algo en lo que hubiese meditado.

Se sintió egoísta por pensar de esta manera, por sentir que le habían arrebatado los sentimientos y emociones que debería tener en esta etapa. Pero ¿cómo tenerlos cuando se hallaba ante un niño que la veía como su madre? Simplemente se convencía de que debía ser fuerte por él, que debía ser lo que él esperaba o lo que él ya había perdido.

Simplemente se había transformado en madre y esas eran las preocupaciones que la atormentaban ahora.

―Tiene una hermana ―musitó, acariciando la fotografía por inercia―. Significa que también tendré una hija y ni siquiera me atrevo a preguntar cuál es su nombre.

―¿Quieres saberlo?

Sora dejó la foto y regresó la vista a su amiga.

―No lo sé. Lo pienso y creo que es un error, pero mi corazón me pide saber su nombre, ver su rostro, poder abrazarla al igual que a Yuujou… ―se llevó la mano al rostro desesperada―. Se supone que no debería tener este tipo de preocupaciones a mi edad.

―¿Se puede?

La puerta se había corrido un poco y Yamato se asomaba tímidamente por ella. Sora apresuró a recuperar la compostura y hacer desaparecer cualquier clase de preocupación de su rostro porque de su mente y de su corazón no era tan fácil.

Se obligó a sonreír y le invitó a pasar.

Habían acordado un día más reunirse en casa de Koushiro pero Sora no se imaginó que Yamato pasase a buscarla. Le provocó un sentimiento extraño. De hecho, desde que sabía que el niño del futuro era hijo de ambos era difícil no estar en su presencia sin sentirse abrumada.

―¿Y Gabumon?

―Hizo parada estratégica en el desayuno de tu madre ―rodó los ojos. Sora sonrió más sinceramente.

―¿Y Yuu-chan? ―la asombrada mirada de Yamato la hizo rectificar. Le había salido natural llamarlo así―, quiero decir, Yuujou.

―Se escapó otra vez… pero está controlado. Está donde Koushiro ―contestó Yamato atropelladamente. Había percibido la expresión de desaprobación de su novia.

Quedaron unos segundos así, en donde Sora volvía a reencontrarse con ese novio de escasos seis meses con el que llevaba saliendo. Con ese amigo de varios años del cual se había enamorado. Ese al que tan bien conocía y con quien tan ligera llegaba a sentirse.

En seguida sintió que estaba un poco nervioso, podría decirse que incluso tenso.

―Piyomon, ¿por qué no vas a desayunar con Gabu?

Cualquier impedimento que pudiera ponerle Piyomon se esfumaba con la perspectiva de comer y Sora lo sabía. Los dejó solos felizmente. Sora volvió a concentrarse en su novio que se revolvía un poco incómodo. Finalmente sacó de su bolsillo una pequeña bolsa y se la entregó.

―¿Y esto?

―Es como agradecimiento por salvar a Gabumon ―dijo no sin dificultad. Fue entonces cuando Sora se dio cuenta de su rubor. Negó.

―Yo no salvé a Gabumon.

Yamato no contestó. Se limitó a mirarla de una forma que Sora entendió. Era su manera no solo de expresar su agradecimiento, también su amor e incluso sus disculpas en el caso de que fueran necesarias. Asintió y lo desenvolvió.

Era un simple corazón de metal con una piedrita (un cuarzo rosa) incrustado en su lado derecho. Inevitablemente le recordó a su emblema.

―Quizá ya no lo tengas físico, pero sí brilla fuertemente en tu corazón. Así nunca lo olvidarás ―explicó Yamato sin mirarla demasiado por vergüenza. Sí vio la alegría de su rostro y por tanto se permitió sonreír satisfecho.

Ella en cambio no apartó su mirada. La mantuvo con firmeza queriendo empaparse de cada sentimiento que reflejaba. Todo era tan familiar cuando estaba a su lado. Todo era tan correcto que las dudas y los temores se disipaban con esa sonrisa. Si fueran padres de un niño, dos niños o tres en el futuro estaba bien. Todo estaba bien cuando se trataba de ellos dos.

La seguridad de que el amor que se sentían iba más allá de su adolescencia se hacía patente en momentos como este. Aunque no fuera lo que se supone que debería vivir en este momento de su vida era sin duda lo que realmente quería vivir.

Tomó su mano para que la mirara, se estiró y lo besó. A Yamato le sorprendió la seguridad de su acción. Sin nervios ni vergüenza. Esa vergüenza que desapareció de él cuando correspondió su beso, cuando ella lo intensificó, cuando él la abrazo.

Un beso que iba más allá del tiempo que les correspondía vivir.

―… Ameterasu* huye del palacio, se esconde en la cueva celestial y decide quedarse ahí para la eternidad. El cielo y la tierra se ven así privados de la luz y la creación se sume en las tinieblas y se llena de malos espíritus.

―Ya ves, nos creemos tan especiales… y el mundo ha estado sumido en la oscuridad desde tiempos del kojiki*.

Mi primo se estiró cogiendo el libro de las manos de Minako-san. Conocía esa historia, era uno de los libros que Minako-san me había hecho leer. Contaba la historia antigua de Japón y me gustaba porque estaba lleno de kamis y personajes legendarios. Además había muchos dibujitos. Se supone que era una versión infantil, pero a mí me gustaba más que los otros libros sin ningún dibujo.

Tenshi estaba recostado contra el pecho de Minako-san que lo mantenía abrazado. Últimamente pasaban mucho tiempo así y como siempre estaban en la enfermería a mí me daba un poco de apuro hacerme daño. No quería entrar e interrumpirles cuando se besaban o hacían cosas juntos. Supongo que tenían una relación como la que habrían tenido papá y mamá, es decir, como dos personas que se querían.

Me quedé afuera sujetando el corte de mi brazo cuando los escuché besarse. Volví a asomarme al no escuchar nada más. Quizá ya habían terminado y yo podía entrar a curarme. No era muy grave pero siempre decían que debía desinfectarme las heridas y después de haber visto la herida tan fea con la que llegó el americano me tomaba muy en serio esa norma.

Para mi desgracia, todavía estaban acostados juntos. Mi primo acariciaba el vientre de Minako-san, e incluso apoyaba la mejilla en él.

―Deberíamos llamarle Amaterasu, porque traerá el sol de vuelta a la tierra ―no entendía a qué se refería, pero Minako-san rio, golpeándole en la cabeza.

―¿Y si es niño?

―Ameterasu también. No hay muchos niños por aquí, no creo que se rían de él por su nombre.

Seguía sin entender pero Minako-san se revolvió lo que hizo que Tenshi tuviera que despegar su mejilla de su vientre. Ella tomó el libro de nuevo.

―¿No es un poco arrogante considerar a nuestro hijo una divinidad?

Quedé sorprendido al escucharla hablar sobre su hijo. ¿Qué hijo? Y entonces entendí que debería tener un bebé en su vientre. ¡Tenshi y Minako-san habían hecho un bebé!

―Si no hay más humanos nuestro hijo puede ser lo que nosotros queramos, un kami está bien.

Mi primo siempre había sido despreocupado, pero desde que se fue Kibou había perdido algo de su optimismo. Sin embargo, ahora parecía radiante. Tan feliz que por un momento me contagié de su felicidad.

―Lo llamaré Yoshi y será un humano.

―¿Por qué Yoshi?

Minako-san sonrió, pero de una manera triste que reconocí.

―Porque era el nombre que mi madre le habría puesto al bebé que esperaba.

Tenshi la acarició y volvió a recostarse en la colcha con su actitud despreocupada de siempre.

―¿Y si es niña?

―Yoshi también.

Me hizo gracia y supongo que hice algún ruido porque Minako-san miró hacia donde estaba. Me puse muy nervioso, incluso sentí miedo por pensar que había descubierto algo que no debería haber sabido jamás.

―Venía a curarme, no he escuchado nada ―pero no sabía mentir y mis nervios hicieron que me tropezase, manchando el suelo de sangre.

Mi primo alzó lo justo la cabeza para mirarme y reír, Minako-san negó mientras se acercaba y yo creí que estaba enojada. Sin embargo me hizo sentarme para curarme como siempre.

Uno a cada lado de mí, sentí sus miradas penetrándome. Finalmente me rendí.

―¿Vais a tener un bebé? ―miré a mi primo de la manera más desvalida que era capaz. Él rio como siempre y me frotó la cabeza.

―No se lo puedes decir a nadie―miré a Minako-san temeroso, pero me tranquilizó verla compartir una cómplice sonrisa con mi primo―. Musukolini y Hidler pondrían el grito en el cielo.

―Sería divertido verlo.

Yo no estaba de acuerdo con mi primo. No me gustaba ver enfadado al capitán porque gritaba y me mandaba muchos trabajos. Shizuka-san siempre estaba enfadada pero definitivamente no quería verla en un estado aún mayor de enfado.

No entendía muy bien esta situación. No sabía que utilidad tendría tener un bebé ahora, en este mundo condenado. Como si entendiese mis pensamientos, y yo creía que así era, mi primo puso su mano en mi hombro y yo me concentré en él.

―Debemos crear esperanza. Es nuestra responsabilidad. Este bebé es esperanza y futuro.

―Exacto ―confirmó Minako-san―. Tu deberás tener bebés también en unos años.

Me quedé pálido. Nunca me había imaginado teniendo bebés.

Tenshi reía muy fuertemente por lo que creí que me estaba tomando el pelo. Me enfadé un poco pero se me pasó al ver sus rostros, los de ambos. Yo también quería ser tan feliz como ellos, compartir sus sentimientos. Tener y crear esperanza.

―Supongo que Chikako es la mejor candidata para ti ―dijo Minako-san pensativamente. ¿Hablaba en serio?

―Dos pelirrojos, ¡su bebé será un kami súper pelirrojo!

Tenshi estaba emocionado y yo cada vez más aturdido. ¿Debía tener bebés con Chikako-san? No era de las que más miedo me daba pero me daba miedo igual.

―Sin duda ese bebé será Amaterasu, diosa del sol ―Minako-san había cruzado las manos con entusiasmo.

De repente mi primo Tenshi saltó de la colcha e hizo una exagerada reverencia a mis pies.

―Saludos o mi señor hijo del cielo, padre de la Diosa sol. Creador de luz y esperanza.

Ni me había dado cuenta de cuando estaba riendo. De cuando me sentía tan feliz.

Seguramente el capitán tenía razón y tener un bebé no era buena idea. Seguramente viviría siempre entre las tinieblas. No traería la luz con él pero no era lo importante. Lo importante era que ese bebé ya había traído risas y alegría. Ya había traído esperanza para la cueva oscura que era la guarida.

Yamato quedó con su frente junto a la de ella, respirando pausadamente, asimilando todas las nuevas sensaciones que al mismo tiempo se habían sentido demasiado hogareñas para él. La miró a los ojos: enamorados, decididos y fuertes. La miró a esos ojos en los que veía a ese muchacho que hacía unos días había aparecido en sus vidas. Los ojos que le removían el estómago y le hacían florecer unos sentimientos de protección como nunca había sentido.

Ella lo sabía. Al mirarla supo que ella lo sabía todo.

Inspiró.

―Sora…

Calló al escuchar un fuerte golpe y un quejido. Ambos voltearon a la ventana en donde Yuujou se frotaba el cogote.

―No quería interrumpir ―musitó.

―¿Por qué no entraste por la puerta? ―Sora había apresurado a ir a su encuentro para ayudarlo a reincorporarse. Yuujou miró la ventana sin ser capaz de dar una real explicación al hecho. Simplemente, le resultaba más sencillo así.

Y mirando la escena, Yamato entendió que su momento había expirado. Negó.

―Definitivamente es tan impertinente como un Motomiya.

Pero Sora sonrió al percibir también su sonrisa.

Sin necesidad de palabras, todo estaba claro entre ellos.

Los chicos miraban expectantes a Koushiro, que con unas ojeras hasta los pies y entre estruendosos bostezos, preparaba su exposición. Se despertó de golpe al notar la cabeza de Mimi contra su espalda.

―Mimi… ―Sora la separó divertida por ver el somnoliento rostro de su amiga.

―Tengo jet lag ―se quejaba dejándose guiar como una zombi.

Yuujou la contempló con una sonrisa que desapareció al notar la reprobatoria mirada de su madre. Se sonrojó, porque por un momento había pensado en que con Mimi-san querría tener miles de bebés en un futuro. Escondió la cabeza entre sus brazos maldiciéndose internamente por sus pensamientos.

Sin hacer mucho caso al extraño niño, los demás pusieron toda su atención en Koushiro.

―¿Y bien?, ¿qué has descubierto?

Cuatro círculos de diferentes colores se aparecieron en su pantalla. De repente cada uno tomó la forma de un digimon diferente. Solo reconocieron a Quinglongmon pues era el único que no estaba sombreado. El único que sus digivices habían recogido alguna vez.

―Sabemos de la existencia de cuatro bestias sagradas que cuidan los cuatro puntos del Digimundo. No sé cómo, pero lo que había en el laboratorio de Morpheus era un digicore de cada una de ellas ―los círculos se ampliaron. Datos salieron en la pantalla―. Las bestias sagradas tienen el poder de mantener el equilibrio porque son el equilibrio mismo. Vacuna, datos, virus, todos los atributos están en sus digicores. O lo que es lo mismo, todo el código de cada digimon conocido se encuentra en sus digicores. De esa forma, con solo un poco de su poder, Gabumon pudo reescribir los datos que habían sido corrompidos y recuperar su forma y sus atributos. Pero, ¿qué pasa cuando ocurre al contrario?

Las esferas se deformaron y apareció un Kagemon en la pantalla.

Yuujou se sobresaltó.

―¿Intentas decir, que los Kagemon fueron creados por las bestias sagradas? ―Takeru agitó la cabeza sin creérselo.

―No exactamente. Lo que creo es que tomando los digicores de las bestias sagradas se puede mutar el digicore de cualquier digimon. Por lo que corrompiendo los datos de los digicores de las bestias se puede corromper los datos de cualquier digimon. Son cómo los datos madre.

―Pero, ¿quién crearía algo así? ―preguntó Jou indignado.

―Mejor dicho, ¿quién tiene poder para crear algo así? ―dijo Taichi― Por lo que sabemos las bestias sagradas son los seres más poderosos del Digimundo, ¿cómo alguien pudo tomar sus digicores y crear un virus capaz de corromperlos?

―Quizá, solo esperaba a que viniera a él ―todos miraron a Ken, que parecía ausente en sus recuerdos―. Cuando matamos al primer Kagemon, algo oscuro salió de él. Entonces no pensé que podría ser, pero ¿y si era su digicore?

―Un digicore ya contaminado ―afirmó Iori.

Inevitablemente la mayoría de las miradas quedaron en Yuujou, que estaba descompuesto.

―¿Yo lo traje?, ¿yo traje el virus?

―No pienses en eso ―apresuró a consolarle Sora pero no surtió efecto.

Yuujou estaba devastado. El pasado que sufrió, el futuro que temía. Todo había sido culpa suya. ¿Era esa la causa de su milagroso viaje en el tiempo?, ¿era parte del plan del Dios del mal? En ese caso si hubiera muerto antes nunca nada de esto habría sucedido.

―Habría aparecido con tu llegada o sin tu llegada. No eres tan importante como para desencadenar un apocalipsis mundial.

El chico miró a Yamato que había dicho esas palabras prácticamente sin inmutarse. Era una mezcla de bofetón y caricia que no supo cómo interpretar. Daba igual de todas maneras, de nada servía arrepentirse del pasado. Eso era algo que se aprendía pronto en la guarida. Bajó la cabeza y apretó la mandíbula para contener su rabia

Taichi regresó la conversación a su cauce.

―¿Qué debemos hacer?

―Podemos intentar comunicarnos con las bestias sagradas. Si su digicore es tan poderoso podrán contrarrestar la contaminación ―propuso Miyako enérgicamente.

―No creo que no lo intentasen. Si el virus fue tal que afectó a todos los digimon fue porque algo lo propagó de una forma tan fuerte que ni las bestias sagradas pudieron retenerlo ―apuntó Koushiro.

―¿Por qué hablas en pasado si aún no ha pasado? ―se rascó la nuca Daisuke. Koushiro no supo que responder y Daisuke sonrió, dándose un golpe en la mano― ¡Esa es nuestra baza no lo olviden! Nada de esto ha pasado aún por lo que está en nuestra mano detenerlo.

―¡Así se habla! ―se le unió V-mon.

Con más o menos optimismo pero todos asintieron las palabras de Daisuke. Incluso Yuujou recuperó una pequeña esperanza.

―¿Y el chip prodigioso? ―dijo. Todos lo miraron extrañados.

―Chip prodigioso ―repitió Koushiro vocalizando lentamente.

―No es un nombre demasiado comercial ―apuntó Miyako pensativa.

―Lo creó Izumi-san ―explicó Yuujou.

―Un nombre genial Koushiro-san ―rectificó Miyako con los pulgares arriba hacia el capitán de su club.

Koushiro se irguió en su silla. Su curiosidad nata le provocaba querer conocer hasta el último detalle pero su conciencia le decía que muy seguramente no pudiera asumirla. Le costó buscar la siguiente palabra lo que dio oportunidad a que Jou se adelantara.

―¿Qué es el chip prodigioso?

Por la expresión que hizo Yuujou fueron conscientes de que no estaba muy seguro de su función, pero el chico lo intentó:

―Es el poder de los emblemas. Estaban muertos pero el americano los encontró en una especie de sello e Izumi-san logró devolverles el poder, pero entonces mu… ―calló y apretó los labios incapaz de mantenerle la mirada a Koushiro.

―Mu.. ¿qué? ―preguntó Daisuke algo molesto― Sigue hijo mío, es de mala educación no terminar las palabras ―se quejó y se acarició el costado donde acababa de recibir un codazo.

Koushiro respiró despacio.

―Si el poder de los emblemas elimina el virus quizá mi yo del futuro pensó que ese chip podría ser la única esperanza ―reflexionó. Luego regresó la mirada a Yuujou―. ¿Dónde está ese chip Yuujou?

Lamentablemente el chico negó.

―No lo sé, lo tenía Chikako-san, quizá lo llevó al último ataque que hicimos contra el Dios del mal, cuando yo aparecí aquí.

Hubo un momento de abatimiento general. Pero entonces Piyomon saltó hacia Sora.

―Pero si es el poder de los emblemas, vosotros tenéis ese poder ya, ¿no es cierto? ―ahora se dirigió a todos― Yo lo noté, noté el amor de Sora hacia Yamato.

Y Sora le cerró el pico completamente roja. Yamato apartó la mirada haciéndose el desentendido para esconder su rubor. Apaciguando las risitas de sus amigos, una vez más Taichi recuperó el sentido de la conversación. Su tono era de determinación y elevado optimismo.

―En ese caso podremos hacer algo. Usaremos nuestro poder para detener lo que sea que esos de Morpheus hayan planeado.

―Por desgracia Gennai sigue sin dar señales, lo que significa que no sabemos qué está sucediendo en el Digimundo ―habló Tentomon.

―Pues vayamos ―Hikari lo dijo con convencimiento―. Busquemos nosotros mismos a Gennai o a las bestias sagradas si es necesario.

―Estoy de acuerdo ―se unió Takeru y le siguieron la mayoría.

Sin pensarlo dos veces, Koushiro y Miyako abrieron la puerta y pronto humanos y digimon fueron trasportados. Yuujou, que había permanecido como un alejado espectador de la escena, regresó en sí al notar el brazo de su madre rodeando su cuerpo.

―¿Estuviste en el Digimundo alguna vez?

El chico recordó un lugar donde iba con su familia, sus amigos y sus compañeros. Un lugar tranquilo y en paz. Recordó el sentimiento de haber estado ahí pero no era capaz de identificar nada. Sentía, eso sí, que esos brazos lo rodeaban las veces que estuvo.

―Sí, contigo.

Sora sonrió, apuntó con su digivice y Yuujou imitó su gesto con su digides. Yuujou sintió como una luz se apoderaba de cada célula de su cuerpo. Cuando abrió los ojos, estaba en el Mundo Digital.

Algo le recordó al devastado mundo del que procedía por lo que se preguntó si no habría estado toda su vida viviendo en el Digimundo. No obstante, eso solo fue una sensación que le duró un suspiro. No era algo físico o palpable era algo que percibía más allá.

El sol castigaba en la zona donde habían aparecido y miró la pantalla de televisor a sus pies sin creerse que resultase tan sencillo viajar de un mundo a otro. Se acercó hasta sus compañeros y descubrió a un hombre encapuchado en el centro.

―Os esperaba ―dijo, sin mostrar el rostro―. Seguidme.

Pero antes de que nadie pudiera preguntar nada un grito retumbó. Mimi, uniéndose al grito, corrió al encuentro de su compañera.

―Creí que nunca vendrías ―lloriqueaba Palmon, como si hiciera una eternidad que no la veía.

―Estuvieron haciendo un picnic juntas la semana pasada ―apuntó Koushiro, al que ningún viaje al Digimundo se le pasaba por alto.

Mimi, con su digimon en brazos, recuperó la compostura.

―No arruines nuestro encuentro con datos sin importancia.

Koushiro se sonrojó levemente y se reunió en torno a la persona que había ido a recibirlos.

―¿Es Gennai? ―preguntó por lo bajini Taichi.

―Lleva el mismo look ―contestó Miyako.

―Siempre puede ser una de sus copias ―añadió Hawkmon.

―O comprarse la ropa en la misma tienda ―dijo Daisuke―. No parece que haya muchas tiendas en el Digimundo.

―Podría ser un buen negocio de futuro Daisuke ―contestó V-mon.

―Pero esa ropa no es más que datos. ¿No recuerdan cuando sus ropas cambiaban al llegar aquí porque eran los datos escritos? ―explicó Ken.

―¿Una boutique de ropa hecha de datos? ―se preguntó Mimi pensativa.

―Quiero ir de compras ―dijo de repente Miyako.

―¡Te acompaño! ―se unió Mimi encantada y Palmon por supuesto.

Y mientras todos estos cuchicheos absurdos se sucedían, Yuujou había dado un paso al frente, encarando al misterioso encapuchado.

―¡Necesito tu ayuda!, debemos salvar el mundo y el Digimundo del virus que lo contaminará en un futuro.

Taichi palmeó a su joven amigo con una risa nerviosa.

―Perdona su entusiasmo, ¿Gennai? ―lo intentó, no recibió respuesta―. En cualquier caso tenemos sospechas de que se ha utilizado el poderoso digicore de las bestias sagradas para crear algo que afectará a los digimon y la humanidad. Debemos ponernos en contacto con las bestias sagradas para que lo detengan.

El hombre permaneció inmóvil. Koushiro empezó a preguntarse si habría sido una buena idea decirle todo lo que sabían tan repentinamente a un desconocido. Finalmente hizo un gesto.

―Os llevaré ante Dios. Es el único que tiene poder para afrontar esto.

Los chicos intercambiaron miradas de desconcierto.

―¿Qué Dios? ―preguntó al fin Tailmon.

―El Dios del Digimundo ―dijo pausadamente. Su tono era tan aterciopelado que Yuujou lo sentía como una agradable caricia.

―¿Dios del Digimundo? ―tartamudeó Koushiro sin saber que pensar. Mimi rio al verlo peinarse y arreglarse la ropa.

―Sigámosle ―para sorpresa de todos fue Hikari la más decidida.

Sin embargo, antes de que empezaran la marcha Jou los detuvo. Los reunió a una prudencial distancia del extraño muchacho que por primera vez no era Yuujou.

―¿En serio es buena idea fiarnos del primer tipo encapuchado que nos encontramos?

―También desconfiabas de mi hijo y mira que bien nos ha salido ―defendió Daisuke, estrechando al niño de los mofletes.

Mimi sonrió provocando el rubor del pequeño. Luego se puso un poco más seria.

―Estoy algo de acuerdo con Jou-senpai. ¿No os parece como el típico tipo que te invita a su coche a cambio de caramelos?

―¿Quién no se fiaría de un tipo que regala caramelos? ―contraatacó Daisuke indignado.

―Creo que no entiendes el punto ―negó Iori.

―Claro que lo entiendo soy mayor que tú.

―Ese no es el punto tampoco ―reclamó el pequeño.

―Vale ya, no discutan por tonterías ―Miyako tapó la boca de Daisuke con la mano para que no replicara más. Iori desvió la vista algo avergonzado.

―Yo tampoco me fio de él ―tomó la palabra Yamato―, pero está claro que debe saber algo de lo que está ocurriendo y es lo único que tenemos de momento, ¿no es cierto? ―miró a Koushiro que tuvo que asentir.

―¿Alguno conoce sobre ese Dios del Digimundo? ―cuestionó Sora a los digimon.

Negaron.

―Existen los seres que buscan el equilibrio, lo que poseyó a Hikari alguna vez ―explicó Tailmon.

―Gennai trabaja para ellos. Si ese de ahí es una copia de Gennai, debe llevarnos a ellos ―dijo Takeru, mirando de reojo al hombre.

―Hay otra teoría que habla sobre una gran computadora que recoge todos los datos del Digimundo ―dijo Tentomon.

Koushiro se puso nervioso de la emoción al pensar en ello. Mimi lo repeinó otra vez para mayor vergüenza de este.

―¿Y el Dios del mal? ―el susurro de Yuujou captó la atención de todos.

Tras unos segundos meditándolo, Taichi asintió.

―Sea cual sea el Dios de este tipo es nuestra única baza de momento para detener lo que está ocurriendo. Le seguiremos, pero no bajen la guardia.

Cuando se volvieron a reunir con él, el hombre sacó un pequeño dispositivo que colocó en su mano. Parecía un digivice pero no era como los convencionales. En cuestión de segundos fueron rodeados por una distorsión roja. Al desaparecer se hallaban en un paramo desierto. No había rastro de digimon, arboles, montañas, ni agua allá donde alcanzaba la vista.

Koushiro miró a sus pies y encontró un extraño dibujo que no llegó a ver entero. Estaba en una plataforma de piedra que ocupaba más del espacio que ocupaban ellos.

―¿Dónde estamos?

―En la entrada ―dijo el encapuchado. Salió de la piedra y quedó sentado en la arena, a la espera.

―¿Cómo llegamos? ―preguntó Jou, mirando a su alrededor temeroso.

―Parece que fue una especie de teletransportación ―contestó Ken.

Compartieron miradas confusas. El guía ya no decía palabra alguna.

―¿Y ahora qué? ―preguntó Agumon.

―Supongo que deberíamos entrar ―respondió su compañero.

Fueron saliendo de la piedra para así tener una visión más en perspectiva. Si esa era la entrada debía haber algún tipo de compuerta. A simple vista no se veía nada fuera de lo normal. Era una circunferencia lisa, con un dibujo en el centro.

―¡De acuerdo!, ¡ábrela V-mon!

El digimon asintió el reclamo de su compañero y estampó la cabeza contra el suelo. Quedó aturdido.

―No creo que algo tan débil pueda abrirlo ―dijo Miyako con desprecio.

―No creo que pueda abrirse a la fuerza de hecho ―añadió Ken.

Después de unos minutos de inspección y más intentos fallidos, Iori les alertó:

―¡Encontré algo!

Se asomaron al punto que indicaba.

―¿Una cucaracha? ―señaló Daisuke despectivamente. Iori lo ignoró.

―Es una toma de ethernet.

Koushiro reconoció rápidamente ese agujerito y apresuró a conectarse. Le alucinó la velocidad de los datos y en cuestión de segundos el dibujo de la loseta estaba en su pantalla.

―Debe ser algún tipo de acertijo ―señaló Takeru.

Daisuke ya se llevó la mano a la cabeza aturdido, quedando a un lado. Los demás resoplaron, excepto Kosuhiro que, con una gran sonrisa, empezó a trabajar.

Llevaba cerca de una hora trabajando con su laptop. Al principio algunos de sus compañeros quedaron a su lado, dándole ideas o tratando de pensar que podía significar ese dibujo. Ya estaba solo junto a Tentomon cuyo silencio siempre le reconfortaba.

Los demás empezaban a preocuparse. Habían salido tan repentinamente que ni tan siquiera habían preparado provisiones. Tampoco habían avisado a sus padres. Su alrededor estaba completamente vacío, pequeñas distorsiones se apreciaban de vez en cuando en esa textura reconocible del Digimundo. No sería un lugar muy estable donde se encontraban o quizá el enemigo ya había empezado a apoderarse del Digimundo.

De vez en cuando miraban al hombre encapuchado. Si esto se alargaba siempre podían pedirle que le trasportase de nuevo a un lugar reconocible desde el cual podrían regresar a sus casas. Aunque en realidad seguían sin confiar en él.

Daisuke, ya cansado de deambular contando granos de arena, porque no había otra cosa que hacer ahí, se tiró al suelo desesperado al lado de Yuujou que permanecía en guardia.

―Deberíamos haber traído provisiones ―se les unió Iori, junto a Armadimon.

Yuujou se encogió tímidamente por la intensa mirada de Iori. Al verlo, Daisuke rio.

―¿Quieres preguntarle sobre el futuro, verdad?

El más pequeño torció el rostro.

―Bueno.

―Seguro que te mueres por saber si tendrás un hijo tan cool como el mío, ¿verdad? ―siguió Daisuke.

Eso avergonzó al pequeño.

―O igual es una niña dagya ―añadió Armadimon.

―¿Te imaginas?, una niñita Iori ― dijo Daisuke amenamente.

Iori empezaba a arrepentirse de su curiosidad, pero por suerte el que podría darle respuestas a todo esto permanecía callado. Su mirada se mantenía en el grupo, más concretamente donde Sora, cuyo hombro ahora hacía de almohada de Mimi, y de Yamato que, desde la distancia, pero seguía pendiente del trabajo de Koushiro.

Volvió en sí por el zarandeo de su falso padre.

―Venga dinos, ¿será niña o niño?

Y las palabras salieron de sus entrañas.

―No soy tu hijo.

Daisuke detuvo el zarandeo, V-mon lo miró atentamente. Iori se debatía entre la opción de dar intimidad a la pareja o saciar la curiosidad que sentía por saber de una vez la verdad sobre aquel niño, ya que lo de ser vástago de Daisuke siempre le había resultado extraño e improvisado.

Cuando Yuujou miró a Daisuke a la cara, le sorprendió ver que esbozaba una sonrisa, aunque parecía un poco triste.

―Ya, supongo que lo sabía. Además, Mimi-san dijo que eras hijo de Sora y eso me resultó raro porque yo no podría tener un hijo con Sora porque Sora y Yamato son pareja, ¿verdad? ―buscó la confirmación de Iori que asintió por inercia― Pero me gustaba pensar que un chico tan cool podía ser mi hijo.

Entraron por una de las entradas alternativas. Una de las que usábamos para sacar los vehículos. Mi hermana y Taiyou se adelantaron para abrir hueco. Yo estaba con Tenshi que estaba haciendo sus ejercicios de fortalecimiento en el tobillo. Se lo había torcido en nuestra última salida de exploración secreta. Esta había sido ultrasecreta porque habíamos ido a buscar cosas para el futuro bebé de Tenshi.

Al igual que él y el resto de mis compañeros empecé a inquietarme con tanto movimiento. Entonces vimos al capitán llevando un cuerpo entre sus brazos. Fue fácil reconocerlo por su larga melena. Para cuando quise mirar a Tenshi este ya se había levantado en su dirección.

―¿Qué ha pasado?

―Necesita ayuda ―el capitán no quiso hacerle caso. La recostó en la enfermería.

―¿Qué ha pasado? ―repitió mi primo. Lo conocía y nunca había notado ese tono en su voz. Estaba fuera de sí.

―La atacaron, fue todo muy rápido ―mi hermana hablaba precipitadamente, abriendo armarios en busca de gasas y otras cosas.

En realidad nadie sabía cómo actuar. Yo estaba paralizado. Me daba miedo mirar el cuerpo. Tenía algunas heridas en la cara, cortes seguramente hechos con las gafas que habían desaparecido. Me llevé la mano a la boca tratando de contener las náuseas y el llanto al mirar su tripa, donde se supone que estaba el bebé. Todo estaba empapado en sangre.

Shizuka-san, que no había ido con ellos esta vez fue la que tomó el mando, la que quiso curarla.

Mi primo Tenshi solo acariciaba su rostro.

―Es inútil ―susurró Shizuka-san y entonces yo me acerqué queriendo hacer su trabajo. No permitiría que se rendiese.

―Cállate ―mi primo la cortó y su tono volvió a ser dulce para hablarle a Minako-san.

―Algo se podrá hacer, algo se puede hacer ―el capitán pasó empujándome a un lado, aunque no tenía ni idea de qué hacer tampoco.

―Por favor Musuko ¿la has visto? Ha debido morir en el acto ―lo dijo susurrando pero yo escuché a Shizuka-san.

Miré a mi hermana esperando que dijese lo contrario pero no lo hizo. Solo dejó de revolver armarios y se llevó las manos a la cabeza. Taiyou la abrazó y por primera vez mi hermana no le empujó así que debía ser cierto.

―Está muerta.

Su voz robótica retumbó en mi cerebro y yo sentí que estaba viviendo otra realidad. Esto no podía estar sucediendo.

Mi primo lo miró, sus ojos tenían lágrimas, pero aún más rabia y odio.

―¡Cállate!

―Está muerta ―Osamu-san lo repitió en el mismo tono―. Está muerta. Está muerta. Está muerta.

―¡Que te calles!

Mi primo se levantó y le dio un puñetazo. Nunca había visto a mi primo actuar de esa forma. Por primera vez Tenshi me dio miedo pero no me importó. Entendí que ya nada me importaba.

Derribó a Osamu-san que empezó a sufrir convulsiones. Me fijé y vi que por sus mejillas había lágrimas. Se supone que debía alegrarme de que aún tuviera sentimientos pero la verdad era que en este mundo era una condena tenerlos. Lo habría envidiado si de verdad fuera un ciborg completo.

―Ven, mi padre debe regularte esto o te sobrecargarás.

Chikako-san se lo llevó. Me pareció un humano zombi siguiéndola. Cuando volví la vista a Mianko-san, Tenshi volvía a estar a su lado. Con la mano en su tripa, hablándole.

Ya nadie se movía a su alrededor.

El americano, que era el único que no se había acercado lo hizo entonces. Posó la mano sobre el hombro de Tenshi.

―Alégrate Tenshi, sigue siendo bella.

Creí que otra vez mi primo perdería los nervios y lo golpearía pero no lo hizo. Su mirada parecía más serena aunque yo creo que había perdido la vida.

―Salid todos, dejadme solo.

Yo no quería salir, yo quería abrazarlo y consolarlo como hicimos mutuamente cuando mi mamá murió y su papá murió, pero me había rechazado a mí también. Tenshi había perdido todo lo que realmente le importaba, por lo que vivía, por lo que seguía en ese lugar.

Creo que fue mi hermana la que me guio a la salida, me abrazó y me permitió llorar en su pecho.

El americano tenía razón. Seguía siendo hermosa.

La habían bajado a la zona más subterránea o lo que era lo mismo, donde quemaban los cadáveres. Los fuertes succionadores de aire ya estaban en marcha. Gastaban mucha energía así que solo se utilizaban para estos casos. De todas formas el ambiente quedaría con el olor a quemado durante largos meses. Todavía lo sentíamos por Hikari-sensei, no esperábamos sentirlo tan pronto por uno de los nuestros.

Nunca había visto a Shizuka-san tan delicada. Ella se había encargado de lavarla y prepararla. El cuerpo había sido envuelto en una tela que estaba impregnada en un líquido muy inflamable y estaba colocado frente a un túnel del que salían llamas. Era una especie de gran horno incinerador que habían construido a lo largo de estos años.

En realidad, nunca había estado presente en la quema de ningún cadáver y me preocupé de que apenas me estuviera afectando. Observando ese ritual tan solo pensé en mamá y en qué habría pasado con su cadáver, el cual cayó de brazos de mi tío cuando este fue atacado.

Tenshi estaba al lado de Shizuka-san, viendo cada uno de sus movimientos. También estaba Taiyou detrás de mí. Mi hermana se había ido ya, Osamu-san y Chikako-san no habían bajado a la guarida desde el incidente y Makoto-sensei permanecía en la guarida.

Hacía mucho calor pero yo sentía mucho frío. Un frío que jamás abandonaría mi alma. Las palabras de Minako-san, su delicadeza para curar mis heridas y las bofetadas que me daba cuando se enfadaba. Su alegría y su risa. La forma en la que miraba a mi primo hablando de su bebé. Ya nada de eso lo volvería a ver pero tristemente ya no me resultaba tan surrealista. Ya me había acostumbrado a perder a las personas que me rodeaban.

―… los kami que le presentan el espejo, llenos de respeto, piden a Amaterasu que nunca más se esconda y les prive de su luz. Y así hará la Diosa a partir de entonces ―mi primo Tenshi cerró el libro. Era el que leían juntos el día que me enteré de que tendrían un bebé. Uno de mis favoritos. Lo depositó sobre el cuerpo de Minako-san.

―Deberías salir Tenshi.

―Vete al infierno.

Shizuka-san no insistió más. Nunca había presenciado que quedara callada cuando alguien le faltaba el respeto de esa manera. Se volteó hacia nosotros.

―Taiyou, sal con el niño.

Y sin poder elegir Taiyou me llevó de vuelta a la guarida. Lo agradecí porque no quería elegir. Quería quedarme con Minako-san y Tenshi hasta el final pero tampoco quería verlo. La verdad es que no quería nada en estos instantes. Solo dormir.

La guarida casi siempre era silenciosa pero el silencio de esta vez era estremecedor. Mi hermana permanecía con los ojos cerrados y un aparato de música en los oídos. El americano limpiaba sus armas minuciosamente sin decir ni una palabra. Makoto-sensei no estaba en su rincón si no en la enfermería, ordenándola o algo así. Quise enfadarme porque revolviese las cosas de Minako-san pero comprendí que era inútil ya. Makoto-sensei tan solo estaba tomando su nueva función en la guarida. Taiyou se arrojó contra su rincón. Nadie preparó comida y nadie reclamó comida.

Pronto empezamos a sentir el humo y a oler la muerte.

Cerré los ojos e intenté dormir pero me era imposible. Me sorprendió lo resecos que tenía los ojos. Ya no podía llorar, ya hasta incluso me parecía que no podía sentir.

Fui a la sala de entrenamiento porque quería golpear algo, hacerme tanto daño que ya no pudiera levantarme más. Escuché golpes sordos antes de entrar. Cuando me asomé me di cuenta de que se trataba del capitán.

Había golpeado tantas veces el poste de entrenamiento que ya estaba completamente manchado de sangre. Sus nudillos goteaban en las goggles que estaban arrojadas a sus pies. No llevaba camiseta, dejando visible las múltiples cicatrices que tenía su musculoso cuerpo. Por primera vez pensé en cuantas de esas le habría curado Minako-san.

Me partió en dos verlo así porque el capitán, aunque autoritario siempre había sido nuestro pilar, nuestra fuerza. Si él creía, al final todos acabábamos creyendo de una u otra forma.

―Capitán ―musité a su lado. Le tendí una toalla pero ni se inmutó. Siguió golpeando el poste―. No es tu culpa. Yo podría haberlo evitado. Si te hubiese dicho lo del bebé no la habrías mandado en misión.

Sentí un escalofrió al escuchar su risa. Risa mezclada con llanto, con desesperación.

―¿En serio crees que pasa algo en este lugar sin que yo no me entere?, sabía lo del bebé ―dio un golpe que retumbó el poste―, pero le quise dar un escarmiento ―otro golpe y otro―. Tenía que entender que no la iba a tratar diferente porque hubiese decidido jugar a la familia feliz ―el siguiente golpe hizo que mantuviera la respiración―. Pero ella, ¿qué demonios hacía? Solo pensó en su maldito bebé. Se quedó paralizada, no actuó como debía actuar.

Apretó los dientes. Su llanto era rabioso y el puñetazo rompió el poste. Después de eso cayó de rodillas y lloró contra el suelo, contra sus goggles, contra su sangre. Contra su decisión y sus consecuencias.

―No es tu culpa capitán.

No sabía que hacer lo único que sabía era que no quería que todo el mundo que había conocido los últimos años desapareciese por completo.

―No me llames así ―se levantó. Deambuló―. Un capitán no sobrevive a sus tropas. Primero Kibou se fue y me quedé como un estúpido. Ahora he matado a Minako y sigo quedándome como un estúpido.

―¡No has matado a nadie!, todos sabemos que vivimos en un mundo peligroso, que cada día puede ser el último. Minako-san lo sabía también por eso vivía así, feliz, sin preocuparse de nada más que de vivir.

―Ya…― seguía deambulando. Nunca lo había visto tan desorientado.

―Debes curarte las heridas. Yo puedo hacerlo.

Se miró los nudillos y asintió. Pasó de largo pero no había recogido las goggles.

―Capitán… ―me miró. Le tendí las goggles y él las recogió y me frotó la cabeza como todos hacían siempre.

Cuando desperté a la mañana siguiente lo primero que vi fueron las goggles ante mí. Al reunirme con mis compañeros me informaron que el capitán se había ido esa noche y que el perímetro de centrales oscuras era el más reducido de toda la historia. Casi teníamos vía libre al Dios del mal.

Pero simplemente me dio igual.

―Tu hijo es muy cool Daisuke. Yo le admiraba, yo quería ser como él.

Daisuke no respondió nada. Las palabras eran total evidencia del desenlace de su hijo. Sonrió al muchacho y se recolocaron las googles sobre la cabeza al mismo tiempo.

Unos metros más allá, Jou ya estaba al límite de la taquicardia.

―Estoy perdiendo clases importantes por estar aquí jugando a los aventureros

―Jou, no pienses ahora en eso ―lo intentó Sora.

―Sí, todos estamos dejando de hacer cosas importantes ―siguió Mimi.

―¡Ir a teñirte el pelo de colores estúpidos no es importante! ―Mimi se ofendió, más todavía Miyako pero Jou ni se inmutó, se dirigió al encapuchado― ¡Y tú!, ¡dinos de una vez como se abre esa puerta!

―No creo que lo sepa ―Gomamon estaba derretido contra el suelo.

―Entonces es una trampa y una estupidez estar aquí.

―Jou ya vale. Recuerda que está mucho en juego.

El mayor estuvo a punto de replicar a Taichi también pero finalmente se contuvo.

―Si tan solo me hubiese traído unos apuntes… ―murmuró.

Taichi se acercó a Koushiro y como si su presencia obrara el milagro, este abandonó su mutismo.

―¡Es una cerradura!, no hay que buscar una respuesta si no una llave.

A Taichi seguía pareciéndole dibujitos sin más pero si su amigo genio lo decía debía ser cierto. Miró a su alrededor, tan desértico como hacía dos minutos.

―No hay llaves aquí.

―Algo que encaje… ―dijo Sora pensativa.

―¿Sabes que significan estos símbolos? ―cuestionó Mimi, poniendo su dedo en la pantalla.

Y de nuevo Koushiro tuvo la revelación.

―¡Eso es!... vacuna, tierra, infantil. La llave es algo que corresponda a estos atributos ―Tecleó en su analizador y en seguida encontró un buen candidato―. ¡Armadimon ponte en el dibujo!

El digimon, tras la aprobación de Iori hizo lo que Koushiro le había mandado. Entonces el dibujo del suelo empezó a brillar al igual que el digimon. El hombre que les había guiado hasta allí abandonó su posición y se colocó sobre la loseta. Todos los demás también se colocaron. La loseta bajó unos metros en un agujero que ella misma hizo en el suelo. Las paredes que les rodearon no eran de tierra ni de roca, eran todo gruesos cables de fibra óptica.

Yuujou tuvo un mal presentimiento pues eran muy similares a las redes de oscuridad de su mundo.

Cuando la loseta paró, Koushiro comprobó en su laptop, que seguía conectado, que el dibujo había cambiado. De hecho ahora había dos diferentes, uno en cada esquina. El digimon ya había dejado de brillar, pero ahora estaba en estado Upamon.

―¿Te encuentras bien? ―preguntó Iori, tomándolo en brazos.

―Me siento débil, pero estoy bien.

Ya sabiendo el mecanismo Koushiro buscó el patrón correspondiente.

―Virus, infantil, insecto… ¡Wormmon a la derecha! Datos, infantil, reptil… ¡Gabumon izquierda!

La loseta se volvió a iluminar adquiriendo la energía de los digimon y bajó unos metros más. Continúo el proceso durante cuatro plantas más, en donde todos los digimon fueron haciendo de llave, incluso en estado adulto. Al llegar a la última planta tan solo Patamon y Tailmon no habían bajado a su nivel bebé.

―Tenemos un problema. Hay tres cerraduras: ángel.

―Angemon ―dijo Takeru.

―Arcángel.

―Angewomon ―asintió Hikari.

―y… ―dudó en decirlo, pero finalmente se armó de valor― ¡rey demonio! ―exclamó con burbujitas de Motimon detrás de él.

―No es lo mismo sin rayo ―musitó el digimon bebé desanimado.

Todos quedaron impactados y estremecidos ante tal información, tanto que incluso la llegaron a cuestionar, pero Koushiro la ratificó. Si querían abrir la última cerradura necesitaban el poder de esa clase de digimon.

―¡Es una locura!, ¡un rey demonio!, si estuviera aquí nos destruiría ―Jou, como de costumbre era el más alarmado.

―Quizá le podamos pedir un favor a un digimon así ―apreció Bukamon.

―¿Conoces a un digimon así que no haya querido destruirnos? ―lo zarandeó Jou desesperado. Luego se dirigió al encapuchado― ¡Se acabó la excursión!, devuélvenos a casa.

Pero antes de que nadie pudiera añadir nada más, el hombre se posicionó sobre el dibujo correspondiente al rey demonio. Viendo su determinada acción, los chicos se pusieron en guardia.

―¿Quién eres tú? ―preguntó Taichi. Se percató entonces de que todos sus compañeros a excepción de dos estaban en nivel bebé y sin energías. Si era una trampa, estaban acabados.

Él no dijo nada, tan solo accionó su dispositivo.

Yuujou dio un paso adelante al reconocerlo al fin.

―¡Es un DigiDes! ―y le miró el rostro cuando el joven se quitó la capucha― Kibou… ―susurró en estado de shock.

Se trataba de su amigo, tan pálido y demacrado como la última vez que lo vio. Sin embargo, llevaba un extraño símbolo en la frente, como un rubí incrustado. Su mirada carecía de vida y sus gestos eran apáticos.

Negó. Era imposible que estuviera ante él. Debía ser un impostor.

―¿Lo conoces? ―preguntó Yamato.

―No puede ser. Él murió, no, solo desapareció. Entonces, ¿viajaste en el tiempo?, ¿has estado aquí desde entonces?

Las palabras de Yuujou eran atropelladas pero el mensaje era claro.

―¿Otro viajero del tiempo? ―pestañeó Koushiro incrédulo.

El joven siguió sin inmutarse.

―Tengo los datos del rey demonio en mi dispositivo. Si los ángeles toman sus posiciones podremos abrir la última puerta y ver a Dios.

Los chicos se miraron confusos. Taichi no se fiaba de perder el único poder que les quedaba, pero tampoco se le ocurría que otra cosa podían hacer. Buscó a Yuujou. Si el chico ante el cual estaban era de fiar solo él lo sabría.

―¿Entonces por eso viajaste en el tiempo?, ¿para detener el virus? ―preguntó Yuujou esperanzado.

No hubo palabra alguna por parte de Kibou. Yuujou quiso llegar a tocarle, pero se contuvo. Llevaba demasiado tiempo pensando que todos los amigos que había conocido habían muerto y de repente se encontraba ante uno de ellos. No sabía cómo reaccionar ni lo que significaba pero de lo que sí estaba seguro era de que podía confiar en él. Debía hacerlo.

―Es mi amigo de la guarida. Es uno de los nuestros ―confirmó.

―¿Estás seguro? ―preguntó Takeru, sin fiarse de accionar su dispositivo.

Yuujou volvió a mirar a Kibou, estaba un poco raro con esa marca en la frente pero no cabía duda de que era su amigo. Nunca le traicionaría, no después de todo lo que habían vivido juntos. No después de todas sus lágrimas compartidas.

―Confiemos en él ―se adelantó Hikari a su respuesta. En segundos Angewomon ya estaba en su puesto.

Sin nadie más que objetase nada, Takeru dio el visto bueno a su compañero y Angemon tomó el último puesto. Un campo de energía envolvió los tres cuerpos al instante y los símbolos empezaron su frenético parpadeo. Sin embargo, al contrario de las anteriores cerraduras, fueron las paredes las que empezaron a elevarse. Estaban adquiriendo un aspecto de ramaje, aunque Koushiro pensó que seguían siendo redes de comunicación de datos. Nunca había visto tantas juntas y enmarañadas. Realmente si existía un centro de información del Digimundo debía ser ese.

Al cabo de unos segundos todo se detuvo. Al mirar hacia arriba se vislumbró lo que parecía una enrome copa de árbol. Ellos estaban en su interior que había resultado ser una sofisticada computadora.

―¿Y ahora qué?―preguntó Daisuke, palpando las paredes.

No había habido un gran cambio de hecho. Viendo lo mismo, Taichi se encaró a Kibou.

―¿Qué es esto?, ¿dónde esta lo que llamas Dios?, ¿es una trampa?

Otra vez el chico no contestó, tan solo accionó de nuevo su dispositivo y cómo pasó cuando fueron trasportados a aquel desierto, unas rayas rojizas parpadearon y la silueta de un hombre empezó a aparecer.

Alto, trajeado, con el pelo gris y gafas de sol.

―¡Es él!, ¡el tipo que secuestró a Hawkmon! ―señaló Miyako, abrazando fuertemente a Poromon.

Nyaramon, en brazos de Hikari, se fijó en un pequeño detalle.

―Lleva mi anillo.

Hikari lo observó también.

―Pero es negro.

―Corrupto. Su poder sagrado está corrupto ―señaló Ken.

―Todo ha sido una trampa ―Jou se desesperó.

Taichi apretó los puños con rabia al igual que Yamato. Yuujou en cambio se mostraba confuso. ¿Por qué Kibou había traído al hombre que quiso hacerle daño?

―Por fin habéis roto el sello que me impedía pasar. Os lo agradezco ―empezó el hombre, quitándose las gafas de sol.

Sus ojos inhumanos; uno totalmente rojo, y otro negro con tan solo un punto rojo, brillaron de satisfacción. Entonces el anillo empezó a emitir un brillo oscuro y el humano fue cambiando de forma.

Los chicos observaron estupefactos y temerosos cómo empezaron a salirle cuernos, adquiriendo más masa corporal sus brazos se agrandaron, el derecho de forma más dantesca finalizando como una monstruosa garra esquelética.

―¿Qué digimon es ese?―susurró muerta de miedo Mimi.

Koushiro, paralizado por el espectáculo, consultó su laptop.

―Un rey demonio ―dijo casi sin aliento. No hubo burbujas esta vez.

―¿Los ves?, ¡esta es la clase de situación que deberíamos haber evitado! ―exclamó Jou, tirándose de los pelos.

Cuando acabó su transformación, Kibou se arrodilló ante él.

―Amo, está ante Dios.

―Es un traidor ―masculló Yamato, tratando de gestionar su furia.

―Y nuestros digimon están sin energía ―dijo Sora apurada.

―¡Lucharemos igualmente! ―saltó Koromon.

Pero ajeno a esto, Yuujou tan solo miraba a Kibou.

―No puede ser, no es cierto, ¡no es cierto! ―lo tomó de la túnica y quedó paralizado al ver esa sustancia negruzca saliendo de nariz.

Lo soltó en estado de shock. Estaba contaminado en este tiempo, en este mundo en paz. Había traído la enfermedad aquí. A sus padres y a sus amigos. El futuro que había vivido se volvería a repetir. Su padre moriría en batalla, su madre moriría completamente monstruosa. Mike mataría a su madre y Minako no tendría a su bebé. Su hermana moriría en sus brazos otra vez.

Se llevó las manos a la cabeza y lloró, incapaz de soportarlo.

Por su parte el recién aparecido digimon quedó en el centro de la sala.

―Muéstrate ante mí, Bagramon señor de la muerte.

La sala empezó a convulsionar y signos aparecieron en el aire.

"Error. Error. Error."

El digimon gruñó furioso:

―¡Muéstrate!

Y el ojo que tan solo era un punto rojo brilló y en el centro de la sala se apareció. Era una esfera un poco más pequeña que una pelota de futbol. A simple vista parecía incolora, pero observando atentamente se veían arcoíris infinitos. Yuujou alzó la cabeza para mirarla. Era lo último que vio antes de encontrarse en este tiempo. En ese caso, ¿estaba ante el Dios del mal?

―¿Eso es el Dios del Digimundo?―preguntó Mimi un poco decepcionada― ¿Con todos los digimon tan fuertes que hay y los gobierna una pelotita?

Koushiro ya iba hacia ella hechizado pero Taichi lo detuvo.

Bagramon sonrió.

―He venido a darte un regalo.

Los caracteres inundaron otra vez la estancia.

"Análisis de datos. Anomalía detectada. Reubicando. Área oscura"

―¿Y quién decide lo que es anómalo?, yo decido lo que es normal ahora. Este el mundo que yo veo.

Bagramon hizo una seña a Kibou que caminó hacia él.

―¿Qué vas a hacer? ―preguntó Takeru alarmado.

―Traer la paz y la justicia al mundo.

―¡Kibou es el virus! ―exclamó Koushiro, viendo lo que se proponía.

―Vino a mí, rogando por la vida de su madre. Es un chico muy especial pues tolera la oscuridad tan bien como la luz. Un contenedor de digicore digimon y DNA humano. La probeta perfecta para crear el virus perfecto. La base del digicore único.

Kibou flotó hasta colocarse junto a la bola, mientras los símbolos seguían apareciendo.

"Error. Sistema inestable. Preparando reformateo general del sistema."

―¡No lo permitiremos!, ¡no permitiremos que arruines nuestro futuro!

Taichi dio un paso adelante y los digimon atacaron pero fue inútil pues carecían de poder para evolucionar. Obviamente no eran rival para ser tan poderoso y atrapados como estaban tampoco podían escapar.

Entonces, Yuujou se levantó.

―¡Yo te doy a tu madre!, ¡está ante ti!, ¡está en tus manos que su vida sea larga y feliz!

―Yuujou ―musitó Sora conmovida, viendo la reacción de Kibou. Su vista estaba fija en Yuujou.

Este insistió:

―Podemos hacerlo, esta vez sí. Es nuestra oportunidad de tener una vida de verdad. No te dejes engañar, no tienes por qué ser una simple probeta, puedes ser el chico que sonreía y jugaba al futbol, el chico que amaba a su madre. ¡Kibou!, ¡quédate conmigo!

Por un momento el chico pareció dudar. Por lo menos Yuujou lo percibió en su mirada. Si era ya un esclavo carente de voluntad parte de su voluntad lo había escuchado y estaba quizá no luchando, pero sí reflexionando.

―Kibou.

El joven miró a la niña que había dado un paso al frente. Sus miradas conectaron y supo que lo había reconocido. Ella sabía quien era. ¿Acaso su existencia ya era valiosa para ella? Pareció desvanecerse pues hacía tiempo que había dejado de preocuparse de los sentimientos y los sueños. Era más fácil y más apacible formar parte de Bagramon. Sin embargo, ¿por qué escocía como una profunda herida mirar a esa niña?, ¿por qué sentía deseos de llorar y quedar a su lado?

Y entonces entendió, que aún quedaba algo de humanidad en él.

―Madre ―musitó como despertando de un sueño.

Y pese a la estupefacción del momento, Daisuke reaccionó:

―Entonces este sí que es mi hijo.

Corrió, saltó, le tendió la mano y por inercia Kibou fue a tomarla, pero no llegó a rozar sus dedos.

―Está escrito ―fueron las secas palabras de Bagramon cuando su garra incrustó a Kibou contra la esfera.

―¡No!

Hikari cayó de rodillas, Kibou dio un alarido mientras el símbolo de su frente brillaba. La garra de Bagramon se conectó con la esfera. Todo empezó a retorcerse.

"Error. Error. Error."

De repente se quedaron sin suelo, sin paredes, sin nada. Yuujou sentía que alguien le abrazaba su madre era quien estaba a su lado. Todo daba vueltas, todo era un caos.

"Error. Error. Error."

Sintió un fuerte golpe en la cabeza, pero eso significó que había tocado suelo. Todo se detuvo, también las vibraciones, los símbolos y los gritos.

"Entrando en estado de hibernación."

Fue lo último que escuchó antes de abrir los ojos al escuchar el ruido de una ametralladora. Miró a su alrededor. El bate de su primo acababa de ser destruido por una de esas esferas robóticas que flotaban, el americano gritaba descargando su arma, Shizuka-san yacía en el suelo.

―¡Yuujou, rápido!

A su lado, su hermana le instaba en medio de todo ese caos. Y ante él estaba esa gigantesca bola negra. El Dios del Mal.

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N/A:

Japonismos varios: Amaterasu Diosa del Sol shinto.

Curiosidades varias: Bagramon es el malo porque cuando ideé el fic buscaba un malo original y este me pareció interesante. Sé que sale en Xros Wars yo no lo vi así que para adventure resulta novedoso pero no para los seguidores de la franquicia. Lo siento. Por cierto que al recuperar el fic y leer la ficha de este digimon me pareció que podía darle otra profundidad a sus motivaciones porque originalmente iba a un malo maloso porque sí con papel testimonial y ahora llevará todo el peso con un papel más interesante. Advierto de que los ataques y poderes me los medio invento.

Publicado: 26/8/18