DISCLAIMER: STAR WARS pertenece a Disney
La Jefa de Estado, Maris Gale, estaba realmente furiosa, se paseaba por su oficina mientras el oficial que estaba a cargo del Centro de Inteligencia terminaba de leer su informe, Tarus Crol, Natala Valkor y Kaydel Ko Connix estaban en el lugar.
—Ko Connix ¿han revisado los videos?
—Las grabaciones se congelaron en torno a la una de la mañana, pero se reanudaron en treinta minutos donde se pudo a observar a dos personas con trajes mandalorianos.
—¿Cómo así pudieron conseguir trajes mandalorianos?—preguntó Maris mirando a Tarus.
—He observado detenidamente los trajes mandalorianos y me percaté que pertenecen al Clan Wren.
Maris Gale se detuvo, Kaydel miró a Tarus ¿él era un mandaloriano?, apretó los dientes.
—¿Y el clan fue notificado?
— El Clan niega haber participado en esta operación.
—Claro, porque han sido los Jedi.
—¿Hay pruebas de ello? —preguntó Kaydel.
—No necesitamos pruebas—exclamó Natale Valkor con una sonrisa— Los dos mandalorianos que custodiaban a los prisioneros han dicho que estos dos ladrones sabían luchar y uno de ellos tenía un estilo…similar al mandaloriano.
—Debemos acabar con esta pantomima, Gale—exclamó Tarus Crol— Dígale a la Gran Maestra que se acabó la tolerancia y ordenaré a mis guerreros que se vistan con sus trajes y tendremos el absoluto control del Templo Jedi.
—Suena bien—exclamó Maris Gale masajeándose la barbilla.
—¿Eres mandaloriano?
—Debiste haberlo adivinado, Ko Connix—exclamó Tarus Crol.
—Lo sospechaba— y miró a Gale— No puede hacer eso; no hay pruebas que hayan sido los Jedi.
—No, no lo hay—exclamó Maris Gale— Pero esta es una buena oportunidad para controlarlos.
—No hay dudas, nuestra Jefa de Estado sigue siendo de la Primera Orden.
Kaydel se puso de pie, y sin decir ni una palabra más, se marchó, Maris Gale no le dio importancia, ya que estaba orgullosa de su formación imperial de la Primera Orden.
—Haga lo que tenga que hacer, Tarus.
El mandaloriano se puso de pie y se marchó, quedándose en la sala, Natale Valkor, quien sonrió.
—No necesita pruebas, son los Jedi los que han recuperado a los prisioneros y los deben haber llevado a otro planeta—exclamó Valkor y se puso de pie— De una manera u otra, los Jedi aprenderán la lección.
Maris Gale se quedó intrigada pero no le dijo nada, Natale Valkor le dio la espalda y salió de la oficina. Tenía ojos en todos lados, pero el plan estaba encaminándose, con los Jedi capturados en su mismo Templo, no tendría problemas en esparcir su Caos.
Su sonrisa se ensanchó por toda su cara, mostrando sus filudos colmillos.
Templo Jedi
Maris Gale se comunicó con el Templo Jedi, la sala de comunicaciones estaba en silencio cuando la Jefa de Estado cortó el holomensaje, Siri se humedeció los labios.
—Por favor, sé sincero, Temiri ¿Has…intervenido el centro de Inteligencia?
Temiri Blagg se quedó en silencio, Siri se aferró en el respaldar del sillón y miró al maestro Jedi, Neespi estaba nerviosa, Bri Delpin no emitió ningún sonido.
—¿Dónde está Dan Reath? —preguntó Temiri.
—Se tomó el día libre—exclamó Neespi.
—No ignores la pregunta, Blagg.
—No te puedo decir eso—exclamó.
—Ahora que lo recuerdo, en Ossus llegó un transporte y eso es raro, ya que Ossus está escondido a ojos extraños, son pocos los que saben dónde está el planeta. Los Jedi aún intentan decirme la identificación del piloto.
—Está bien, es Pava con sus hijos y Mass—exclamó Temiri Blagg mirando a Siri— Esto lo hice porque no hacías nada y no te diré quienes participaron.
—Bueno, tú, Pava y me atrevería a apostar por Shara y su prometido.
—Vaya.
—Si, "vaya". Si yo he adivinado ¿Qué te hace pensar que no lo harán ellos?
— Pero no podrán demostrarlo.
—Blagg, estás poniéndonos en un situación crítica—exclamó Bri Delpin.
— Te entiendo—exclamó Neespi— Entiendo tu frustración, pero creo que había otras maneras de resolverlo. Shara y tú siempre fueron así de impulsivos.
—Me dijiste que hablara con Shara.
—No me refería a esto.
Temiri Blagg se quedó en silencio, pero no duró mucho ya que un caballero Jedi ingresó al salón, presuroso.
—Gran Maestra, disculpe mi intromisión, pero es importante que vean esto, un grupo de mandalorianos han rodeado el Templo.
Siri apretó los dientes, no pensó que Maris Gale actuaría tan pronto después de revelar de su pacto con los mandalorianos.
El yate estelar aterrizó en un planeta desértico, en las afueras del Puesto Avanzado de Niima, Rey no quería llamar la atención de los chatarreros del lugar, pero era el planeta que estaba a su alcance cuando saltaron del hiper espacio, escapando de los Sith y de Abeloth.
Era Jakku, Rey solo vio arena y a lo lejos, el destructor estelar encallado, o al menos lo que quedaba del viejo navío, nunca pensó que regresaría a su lugar de origen.
Se dio la vuelta y vio que el Sith y su hija también habían descendido de la nave.
—¿Qué lugar es este? —preguntó Jeron.
—Jakku.
Han observó a lo lejos una pequeña caravana, parecía que ellos no se habían percatado de su presencia y miró a su madre.
—¿Te criaste aquí?
—La vida aquí fue difícil—exclamó Rey mirando a los Sith, realmente no quería contar más detalles de su vida en el planeta de arena.
—¿Algún plan?—exclamó Vesky.
—Aquí es donde nos separamos—exclamó Han mirando con dureza a Jeron— Nosotros nos iremos y ustedes se buscarán un transporte aquí.
Los Varth se quedaron en silencio, Rey sentía que Jeron tramaba algo por lo cual no bajó la guardia. Han dio un paso adelante en dirección al yate estelar.
—Buscaré un enlace al Templo—exclamó el antiguo Caballero Jedi, Jeron lo siguió con la vista y cuando el Jedi subió a la nave, el señor de los Sith subió la rampa por medio de la Fuerza y encendió su sable de luz.
—¡Yo me llevaré la nave! ¡Y tu morirás aquí, Jedi!
Rey encendió su arma y en posición defensiva, aguardó a su rival que se lanzó como una centella, Han no podía salir de la nave y corrió hacia la cabina donde observó a su madre luchando con el caballero Sith.
Rey esquivaba los embates, los sables chocaban con violencia y la Gran Maestra Jedi se percató que era muy ágil y podía sentir la ira en él.
Dio un salto hacia atrás, extendió la mano para retener los rayos de la Fuerza y los absorbió, sintió el cansancio, supo que tenía que terminar cuando antes el combate.
Jeron avanzó con una gran sonrisa.
—Está perdida, Jedi; morirás en el planeta donde naciste, poético ¿verdad?
Extendió la mano para volver a lanzarla los rayos de la Fuerza y un sable rojo sobresalió sobre el pecho del Sith, quien giró la cabeza, sorprendido de ver a su hija.
—Vesky…—susurró, mirando a su hija, el dolor que sentía al ser atravesado no era nada comparado al dolor de ser traicionado por su propia hija.
—Lo siento, padre, pero no estoy de acuerdo de atacar a los Jedi. Tenía un plan en la mente, pero lo echaste a perder. La cuestión era unirnos con los Jedi para combatir contra Abeloth.
Jeron Varth cayó de cara al suelo, muerto; la rampa descendió y Han saltó con el sable en alto, se acercó cautelosamente hacia Vesky, Rey estaba sorprendida del movimiento de la Sith.
—No me sorprende esto, sé que los Sith se han traicionado entre sí por los siglos.
—Esto no cambia nada, Vesky—exclamó Rey.
Tras decir esto, R2 se apareció en la rampa, sus pitidos le indicaron a Rey que tenía un mensaje del Templo Jedi.
—Iré por suministros— exclamó Vesky agarrando el sable de su padre— Para que te algo a cambio debes ofrecer algo de valor ¿verdad?
—Sí, así funcionan las cosas aquí. Vendes chatarra y te ofrecen comida de acuerdo con el valor que ofreces.
Vesky retiró el cristal kyber del sable de luz y se lo guardó.
—Sé que no se irán sin mí porque necesitan saber más sobre los Sith de mi PLANETA ¿verdad? —preguntó, pero no tuvo respuesta— Ofreceré este sable y veré que me dan a cambio.
Se fue caminando hacia el Puesto de Niima, Han apagó su sable de luz y miró el cuerpo inerte del Sith. Ella tenía razón, no podían dejarla varada en Jakku, necesitaban información sobre los Sith y la ubicación de su planeta, pero Abeloth era el problema más urgente.
—Vamos, Han; ella tiene un punto, no podemos irnos aún. Veré el mensaje del Templo.
Rey llegó a la cabina donde vio una luz roja parpadeante, lo presionó, la figura azulada de Bri Delpin se apareció.
—Maestra Rey, que bueno que la encuentro.
—¿Pasa algo?
—Maris Gale. Sospechábamos que los auditores no eran lo que aparentaban, y resultaron ser mandalorianos.
Han escuchaba la conversación en el umbral, se sorprendió que la jefa de estado esté usando mandalorianos ¿Qué era lo que tramaba?
—Vaya, esto es grave.
—Los mandalorianos nos tienen cercados y Siri está buscando la manera de zafarnos de esta.
—¿Cómo llegaron a este momento? Debieron hacer algo para enfadar a Gale.
—Recuerdas a los hijos de Pava, ellos también fueron afectados por ese extraño comportamiento. Fueron congelados en carbonita y Temiri los rescató del Centro de Inteligencia. Gale no tiene pruebas, pero nos acusa de ser responsables.
—Temiri no ha pensado en las consecuencias—exclamó Rey lamentándose de la impulsividad de su antiguo aprendiz. — Por cierto, lo que sufren nuestros compañeros es un mal llamado Psicosis de la Fuerza.
—¿Psicosis? ¿Están sufriendo una psicosis? ¿Cómo lo sabes?
—Estuve en Malachor y me encontré con una criatura milenaria e imposible, se hace llamar Abeloth y es quien a contaminado la mente de nuestros amigos.
—Abeloth—exclamó Bri Delpin, atónita.
—Ella es la Portadora del Caos, su poder es increíble y los sables parece que no le hacen efecto. Tengan cuidado, ella ha revelado tener un avatar en Coruscant.
—Lo tendremos, Maestra—exclamó Bri.
—Vaya, esto es grave. ¿Necesitan mi ayuda contra los mandalorianos?
—Es mejor no arriesgarse en venir aquí, Rey. Gale le gustaría tener una excusa para apresarla, déjenos a nosotros lidiar con el asunto.
—Bueno, pero estoy abierta en ir a ayudarlos.
Han se apartó del umbral y fue a un pequeño dormitorio, se sentó en cuclillas y dejó que su mente estuviese en blanco. Podía escuchara a su madre seguir hablando de Abeloth, contándole a Bri sobre lo acontecido en Malachor y sobre los Sith.
Sabía que de lo que hacía era un riesgo pero realmente necesitaba hablar con su hermana, y la vio, sentada en un sillón. Han se aventuró a pensar que era el nuevo apartamento donde vivía su hermana, con su prometido.
—Shara.
La mencionada dio un respingo y se sorprendió de ver a Han, cerró de golpe el libro y se acercó a su hermano, ella podía ver el dormitorio del yate estelar, lo reconocía ya que había viajado tantas veces en su juventud.
—Han— y su rostro mostro preocupación— ¿Estas…? Es peligroso…
—¿Proyectarme en la Fuerza? Sé que Luke Skywalker lo hizo en Crait tal como nos contó nuestra madre, pero soy joven, posiblemente quede cansado después de hacer esto. No te preocupes.
—Bueno ¿a qué tengo el placer de recibir a mi hermano? ¿Vienes a felicitarme?
—Solo quiero saludarte, Shara—exclamó Han— Te extraño.
—Yo también, estúpido—exclamó Shara acercándose— Te quiero dar una colleja…
—No será necesario— y le mostró sus antebrazos protésicos— Ya te aseguraste de ello. Lo siento, hermana; fui un idiota. Siento haberte dado tanto dolor, y a papá también.
—Sí, Han— Con el tiempo, te iré perdonando y sé que papá quiere hablar contigo.
—Sí, ya me imagino—exclamó Han acariciándose la parte de atrás de su cabeza.
—Son tiempos difíciles ¿verdad? ¿Cómo ha estado mamá?
—Ella esta bien y me está gustando pasar tiempo con ella, pero ha aparecido un enemigo fuerte, ten cuidado, Shara. Este es un ser celestial y puede manipular mentes. Su nombre es Abeloth.
—Abeloth.
—Además, han vuelo a resurgir los Sith—exclamó Han y recordó a Vesky, se preguntó si ella habrá regresado de su compra
—Caray—exclamó Shara masajeándose la barbilla— Tendré que informar al concejo.
—Mamá ya lo esta contando a la maestra Delpin pero debes ir al Templo—exclamó Han y frunció el ceño— Pero entra por la puerta de atrás, Gale a mandado a mandalorianos a bloquear la entrada del Templo.
Shara se preguntó si la Jefa de Estado sabría de la operación, pero no habían dejado nada suelto, parecía que solo intentaba adivinar.
—Debo irme, siento un gran cansancio.
—Gracias por advertirme, Han.
—Gracias, Shara por escucharme. Te quiero, hermana mía.
—Adiós, hermano.
Han regresó en sí, dando un leve salto; se sentía acalorado, su rostro estaba mojado de sudor, como si hubiese corrido en una maratón. Respiró hondamente, intentando respirar normalmente. Había sido un gran esfuerzo proyectarse, pero había valido la pena intentarlo
Se cerró en la Fuerza menos para su madre y su melliza, salió de la habitación, sentía que Vesky estaba en la rampa, agudizó su oído y escuchaba murmullos.
La Sith estaba a los pies de la rampa, hablando con alguien y escuchó "Coruscant" y "Señor Sith", así que raudamente se apareció en el umbral, Vesky lo miró sobresaltada debido a la aparición intempestiva del Jedi, quien le arrebató la bolsa de la mano y la empujó con la Fuerza, cerró la rampa y gritó.
—¡R2, pon en marcha! — mientras corría hacia la cabina, tomando por sorpresa a su madre. El yate tambaleó, sabía que el viejo droide no tenía nada que ver; se sentó en el asiento del piloto y elevó el yate por los cielos.
—¿Qué pasa?
—Escuché a Varth hablando con los suyos, planeaban ir a Coruscant, así que nosotros también iremos allí. La dejaremos en Jakku.
Rey se quedó en silencio, había terminado de hablar con Delpin cuando Han había corrido hacia la cabina.
El yate estelar ya se había alejado del suelo, dejando atrás a la Sith.
—Esto se está complicando demasiado. —exclamó Rey.
—Los Sith irán a Coruscant, mamá, debes alertarlos.
—Lo haré.
El yate estelar salió del planeta e inmediatamente después, saltó al hiper espacio.
Vesky miraba furiosa el punto luminoso de la nave de los Jedi, no iba a pedirle a Greed que pase a recogerla, eso sería perder su tiempo mientras buscaba voluntarios para ir a invadir Coruscant. Maldijo al Jedi que la tomó por sorpresa, no lo había sentido llegar, era como él se hubiese apagado en la Fuerza. Estaba segura de que esa técnica no lo sabían muchos Jedi pero no lo tomó más importancia.
Tenía que buscar un transporte para irse a Coruscant y debía hacerlo ahora, así que la joven Sith corrió hacia el puesto de Niima, con su sable de luz en mano.
