Hola a todas! bueno primero que nada muchisimas gracias por todos los reviews, creo qe los consteste a todos pero por si las dudas me saltie alguno, me tarde un poqito menos en este cap porqe al parecer la inspiracion esta haciendo amagos de volveer jeje, debe ser lo que se estan terminando las clases... bue, espero que les guste este cap qe me salio algo sombrio pero, confien en mi, el final feliz va a llegar, pero se hace esperar, disfruten....
Capítulo 10: Después de la tormenta
"¿Por qué todo tiene que derrumbarse de un momento a otro?"
Kagome estaba resguardada bajo un pequeño techo de una tienda cerrada, no se había alejado mucho de la casa, sólo unas pocas cuadras, porque sabía que podía perderse con mucha facilidad, pero aquel lugar era el mejor sitio en el que podía estar en ese momento, completamente sola y con tiempo suficiente para lamentarse de su estupidez…
La lluvia caía furiosa por toda la ciudad y no daba señales de amainar, ella miraba las gruesas gotas golpear con furia sobre el asfalto de la calle mientras se abrazaba las rodillas sentada contra una vidriera y descansaba el rostro empapado de lágrimas sobre las dobladas piernas.
Se concedió unos minutos más para sentirse miserable mientras el clima acompañaba su dolor y luego se secó las mejillas con un ademán brusco, no lloraría más por quién no lo merecía, esperaba que fuera feliz con la otra mujer y se olvidara de ella, como si nunca hubiese existido…
"Sólo será fácil para él" pensó suspirando mientras sentía un nuevo nudo en la garganta que amenazaba con descargarse en otro intenso llanto.
Miró hacia la oscuridad absoluta del cielo y dedujo que debían ser casi las diez de la noche, seguramente sus padres ya habían regresado junto con sus hermanas y debía de estar preocupados, pero lo que menos le apetecía era regresar a aquella casa en dónde los recuerdos la asaltarían como afiladas cuchillas en el estómago.
Se limitaría a esperar a que la lluvia cesara y luego vería que hacer, no se estaba tan mal en aquel solitario lugar, sobre todo cuando buscaba alejarse de cierta persona…
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Sango llegó a la casa ya un poco más calmada, la larga caminata le había despejado un poco la cabeza y se sentía más controlada de sí misma, abrió la puerta con sigilo rogando que sus progenitores no hubieran regresado ya.
Para su gran alivio no los vio por ningún lado, pero lo que no esperaba encontrarse era a Inuyasha sentado sobre el sofá con la cabeza entre las manos y los hombros caídos, tenía un aspecto tan abatido que se le contrajo el estómago en un puño, algo había pasado, algo muy malo…
-¿Inuyasha? ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?- preguntó apresurada mientras se acercaba a él con prisa y se arrodillaba a su lado, le dedicó una intensa mirada a toda la sala dándose cuenta de que faltaba alguien -¿Dónde está Kagome?-
-Se ha ido- murmuró muy por lo bajo, Sango se estremeció al escuchar el sonido de su vos, parecía… sin vida.
-¿Por qué Inu? ¿A dónde ha ido?- inquirió algo asustada mientras lo sostenía de la barbilla para que alzara los ojos y así poder verlo mejor, lo que encontró en aquellos profundos pozos ámbares la dejó sin respiración por unos segundos, había tanta tristeza y enojo en ellos…
-Se fue por mi culpa…- habló con tono apagado y carente de sentimiento –A dónde… no lo sé- estás últimas palabras las pronunció con esfuerzo mientras el rostro se le contraía en una mueca de sufrimiento que duró lo que un latido de corazón, luego volvió a tornarse inexpresivo.
-¿Qué ocurrió Inuyasha?- se sentó a su lado, importándole muy poco estar toda empapada, y le sostuvo fuertemente una de sus temblorosas manos.
-Yo… es difícil de explicar-
-Vamos Inu, puedes contármelo- le alentó dedicándole una pequeña sonrisa.
-Bueno yo…- su semblante cambió cuando se volvió a mirarla, al parecer había decidido abrirse a ella –Antes de que ustedes llegaran yo había conseguido una cita con una de las mujeres más hermosas de la ciudad, pero tuve que cancelarla ya que mi padre no quería que viera a otras mujeres- comenzó relatando con la mirada clavada en un punto lejano.
Sango escuchaba atenta, ya dándose una idea de a dónde se dirigía la historia.
-La verdad fue que nunca sentí por Kikio más que una simple atracción física, y en el momento en que conocí a tu hermana supe que nunca había estado enamorado antes- un lastimoso suspiró se le escapó inevitablemente –Fui un estúpido al no haberle dicho todo claramente a Kikio, ella solo sabía que no podía verme con ella porque tenía visitas en mi casa, cuando en realidad debería haberle explicado que había encontrado a la persona más fantástica del mundo-
Su mirada vagó hacia Sango de un rápido movimiento para poder ver su expresión, la muchacha permanecía inmóvil escuchando atentamente.
-No sé muy bien cómo fue que pasó, pero Kagome supo de la existencia de Kikio aunque no me dijo nada… Tampoco supe de que Kikio había llamado a mi celular mientras yo estaba en la ducha y Kagome le atendió, Kikio suele ser muy irrespetuosa cuando se lo propone y no le dio tiempo a tu hermana para decirle que era mi novia, ella sacó sus propias erradas conclusiones y creyó que Kagome era mi prima-
Sango bufó sin poder evitarlo, ni siquiera conocía a la mujer pero tenía la ligera impresión de que le caería muy mal.
Inuyasha siguió obviando el gesto de la Higurashi –Kagome se calló todo lo que estaba pasando y me mintió diciendo que su humor era por el estrés del viaje a Kioto, en un principio no podía creer aquello, pero sonaba tan convincente que terminé aceptando aquella farsa… Todo se vino abajo cuando Kikio decidió dejarse caer por aquí…- la voz se le cortó a causa del enojo y sus manos se crisparon en puños mientras apretaba fuertemente la mandíbula.
-¿Qué pasó cuando Kikio vino Inuyasha?- le preguntó temerosa de saber la respuesta.
-Ella… ella se abalanzó sobre mí y me besó mientras Kagome estaba en frente mirándonos- confesó con la voz cargada de amargura –Tu hermana no se merecía ver eso, sigo sin poder olvidarme el tormento que había en sus ojos… Aparté a Kikio de un solo manotazo cuando vi a Kagome marcharse con las lágrimas derramándose sobre su rostro, pero cuando salí a buscarla no logré encontrarla- la tristeza en su mirada se acentuó al decir aquello y su respiración se aceleró en un jadeo constante.
Sango no podía creérselo, todo aquello parecía tan irreal, tan… ficticio. La relación de Inu y Kag se había terminado tan rápido como había empezado, al igual que la suya… Se obligó a no pensar en eso.
-Debes darle un tiempo para que piense todo lo que pasó Inuyasha, han sido demasiadas emociones por un día- le aconsejó frotando su hombro en señal de apoyo.
Él asintió un poco contrariado por el consejo pero sabía que no tenía otra opción.
-No voy a ir a buscarla, pero necesito un tiempo para estar sólo, saldré a caminar un rato- explicó parándose lentamente para encaminarse hacia la salida.
-Pero… está lloviendo Inu, vas a mojarte- intentó persuadirlo de que se quedara pero sabía que no le haría caso.
-Más mojado que tú no creo que llegue a estar, ve a darte un baño Sango, o tú vas a ser la enferma- sonrió sin ningún atisbo de diversión en la expresión y giró el pomo de la puerta con un rápido movimiento –Gracias por todo- susurró antes de desaparecer hacia la interminable lluvia.
Sango suspiró y se levantó del sofá con la intención de hacerle caso al ambarino "¿Acaso esto puede ir de mal en peor?".
Se giró rumbo a las escaleras cuando un fuerte portazo en la puerta de entrada la alertó de la llegada de alguien, al parecer Inuyasha lo había pensado dos veces y había llegado a la conclusión de que era una estupidez salir con un clima así.
-¿Cambiaste de ide…?- se calló al instante en que su mirada se clavó en la persona que había entrado -¿Kagura?-
La mayor de las Higurashi´s parecía estar hecha de piedra, parada al lado del sofá con las ropas empapadas y una mirada sombría adornándole el oscurecido rostro.
-¿Qué te ocurre?- le preguntó la castaña acercándose rápidamente al cuerpo inerte de su hermana.
-Sango…- la voz de la muchacha se igualaba a la de Inuyasha, sin vida y carente de cualquier sentimiento.
-¿Qué pasa Kagura? Por Dios estás helada, tienes que darte un baño caliente- le aconsejó guiándola hacia las escaleras, mientras caminaban Sango la sostenía de los hombros ya que daba la sensación de que se desmoronaría en cualquier momento.
-Sesshomaru y yo terminamos- le explicó sin mirarla, al parecer Kagura intentaba mostrarse muy segura de sí misma, como que nada había ocurrido, pero Sango sabía que por dentro su hermana quería llorar hasta el cansancio.
Sango no dijo nada, llegaron al cuarto de baño y comenzó lentamente a quitarle las ropas mojadas a Kagura, ella sabía cómo debía sentirse, hacía muy poco que le había ocurrido lo mismo.
-¿Tú estás bien?- le preguntó la mayor metiéndose dentro de la ducha caliente.
-Yo… también terminé con Miroku- comentó sentándose al lado de la bañera con el mentón sobre las rodillas y un nudo en la garganta por contener las lágrimas que no lloraría.
-Maldición, que día horrible ¿no?- preguntó intentando sonar alegre sin buenos resultados –Por cierto ¿dónde está Kagome?- preguntó extrañada de no haber visto a su hermana menor por la casa.
La mirada que le dirigió Sango fue suficiente para comprender lo que había sucedido.
-¿Ella e Inuyasha…?- comenzó con una nota de horro en la voz.
-Sí, es una larga historia pero Kagome salió hace varias horas y todavía no ha vuelto-
-Maldición, hoy no era nuestro día de suerte- suspiró apretando los puños -¿Crees que debamos pedirle a papá regresar a casa?-
-No lo sé- murmuró la castaña algo pensativa –Tendremos que esperar hasta que Kagome regrese y decidirlo, es posible que papá acepte volver por nuestro bien-
-Es posible, por Dios no podré ver a Sesshomaru a la cara nunca más- se lamentó cubriéndose el rostro con las manos.
-Ni yo a Miroku, le h gritado tantas cosas que ya ni puedo recordarlas-
-¿Tu gritándole? Debes haber estado muy enojada o triste- se asombró la mayor sentándose en el interior de la bañera mientras el agua recorría su agarrotado cuerpo consecuencia del frío polar del exterior.
-No te das una idea de lo mal que estaba- dijo mirando hacia un punto fijo para no derramar ni una sola gota del dolor que sentía y no pensaba demostrar, porque llorar la hacía débil.
-No puedo dejar de pensar en Kagome- habló la mayor luego de unos silenciosos minutos en que sólo se escuchaba el estridente sonido de la ducha abierta y de la lluvia golpeando con fuerza el techo de la casa -¿Estará bien?-
-A mi también me preocupa, me crucé con Inuyasha al llegar y él estaba demasiado mal para mi gusto, tenía una expresión tan mortificada-
-Pero, ¿qué sucedió en realidad?- preguntó saliendo de la bañera y envolviéndose el cuerpo con una toalla, luego caminó hacia su cuarto con su hermana siguiéndole los pasos.
Sango se dejó caer sobre la cama de Kagura –Todo empezó ayer…-
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Dos horas después, 12:00 a.m.
-¿Hola? ¿Hay alguien en casa?- preguntó Izayoi entrando con pausa dentro de la vivienda seguida de su esposo y los señores Higurashi.
Un ruido descendiente de pasos se escucharon desde las escaleras y ante ellos aparecieron Kagura y Sango con los rostros serios y los cuerpos tensos.
-¿Qué sucede Kagura?- preguntó Kaoru mirando a su hija mayor -¿Dónde está Kagome y los chicos?- cuestionó barriendo la estancia con la mirada sin encontrar a quiénes buscaba.
-No están, papá debemos hablar con ustedes- le dijo la muchacha señalando el sofá, los cuatro mayores tomaron asiento sin protestar preocupados por lo que podía haber pasado.
-Por favor explíquennos que está pasando- pidió Inu no frotándose las manos en un gesto de nerviosismo.
Sango carraspeó con intención de empezar ella primero –Miroku y yo hemos roto- les explicó sin rodeos, el rostro de su madre se contrajo en una mueca de disgusto y tristeza mientras se aferraba a la mano de su padre.
-Sesshomaru y yo, también- habló Kagura sin vacilación.
-No puede ser- susurró Izayoi –¿No me irán a decir que Inuyasha y Kagome…?-
-Sí- interrumpió Sango mirando con rabia al suelo y apretando los puños –Ellos también han terminado.
Un espantoso silencio siguió a las anteriores declaraciones, Inu no y Kaoru se miraron sin saber muy bien que decir mientras que sus esposas intentaban asimilar la bomba que les había caído encima.
-¿Dónde esta tu hermana, Sango?- le preguntó el señor Taisho
-No lo sabemos, se fue hace demasiado tiempo y fuera llueve como si se cayera el cielo- les explicó a todos, Megumi contuvo el aliento y una solitaria lágrima se derramó de sus ojos.
-¿Y Sesshomaru, Inuyasha y Miroku?- hablo Izayoi conteniendo el llanto.
Kagura la miró enojada consigo misma por causarle tanto dolor –Sesshomaru se quedó en la heladería en dónde estábamos, todavía no ha vuelto-
-Miroku y yo tomamos caminos diferentes luego de pelearnos, el tampoco ha vuelto aún- habló Sango con la voz algo entrecortada mientras recordaba aquel horrible momento.
-¿E Inuyasha…?- preguntó Inu no con una seriedad extraña en él.
-Se fue cuando yo llegué, me dijo que necesitaba pensar y relajarse- le explicó parándose de repente ya que el ambiente era demasiado tenso y no podía soportarlo más, se acercó a la ventana para observar la lluvia con gesto ausente.
-¿Qué vamos a hacer Kaoru?- le preguntó su esposa.
El señor Higurashi miró a Kagura -¿Tú que piensas que es mejor?-
-Creo que debemos irnos papá, no seré capaz de mirar a Sesshomaru por un tiempo- opinó segura de que era lo correcto.
Kaoru miró a Inu no –Yo creo que es lo mejor, nos iremos en cuanto Kagome regrese y discutiremos el asunto del matrimonio más tarde-
El Taisho asintió –Estoy de acuerdo, es lo más conveniente-
Izayoi no pudo contenerlo más y un lastimoso sollozo se le escapó del pecho, se levantó con rapidez y desapareció por las escaleras con Megumi siguiéndola.
-Maldición- masculló Kagura –Esto no debería estar pasando-
-Claro que no jovencita, pero todo pasa por una razón- la calmó Inu no parándose con lentitud –Creo que tienen un equipaje que preparar, ya es tarde y su hermana no debe tardar en volver- les aconsejó a ambas para luego hacerle una seña a su amigo y juntos dirigirse hacia su oficina.
Sango y Kagura se miraron en silencio por unos minutos.
-Es lo mejor- habló la mayor con un gran suspiro –Tenemos maletas que ordenar-
La otra muchacha asintió nada contenta con la decisión pero sabiendo que a ella tampoco le vendría bien ver a Miroku, tenía que irse cuanto antes.
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-Debo confesar que nunca me lo hubiera esperado- le comentó el señor Taisho a Kaoru mientras servía dos copas de un caro vino.
-Yo tampoco Inu no, me tomó por sorpresa- acordó él aceptando el vaso que su amigo le ofrecía.
Ambos progenitores se sentaron uno en frente del otro mirándose con consternación.
-¿Qué haremos con el asunto del matrimonio?- preguntó el señor Higurashi luego de darle un sorbo a su bebida.
-Estaba penando en lo mismo y creo que debemos seguir con la idea inicial- opinó el peliplateado con los ámbares ojos centellando de puro disgusto.
-¿Entonces Sango se casará con Inuyasha, Kagome con Miroku y Kagura con Sesshomaru?-
-Exactamente, tu hija mayor tendrá el tiempo suficiente para prepararse y volver a ver a mi hijo a la cara, después de todo se casará con él de todos modos-
-Cierto, creo que no nos queda otra opción- suspiró el morocho.
-Pues no Kaoru, desgraciadamente las cosas se dieron de esta manera-
El Higurashi asintió levemente, contrariado del resultado de todo y le dio otro sorbo al vino.
-Ahora solo queda esperar a Kagome y marcharnos, será lo mejor para mis hijas-
-Será lo mejor para todos-
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Un fuerte soplo de viento meció con torpeza los empapados cabellos de Kagome despertándola de un intranquilo sopor al que se había sumido minutos antes, los achocolatados ojos ahora rojos de tanto llanto se abrieron con pesadez y un lastimoso suspiró se colocó entre sus labios entreabiertos.
¿Qué hora sería? Ya debía ser muy tarde y seguramente sus padres estarían muy preocupados, no quería ni imaginarse de la reprimenda que recibiría al volver a la casa.
Con lentitud se puso en pie sirviéndose como apoyo de la pared en la que antes estaba recostada, se tambaleó un poco ya que su cuerpo estaba algo agarrotado por estar en una misma posición y pestañeó un par de veces intentando despabilarse.
Comenzó a caminar con el rostro inexpresivo y los hombros caídos, parecía una muñeca sin vida movida solamente por la obligación de volver a su "hogar", que ni siquiera era suyo.
Al pasar por un desolado parque le pareció ver una plateada cabellera recostada sobre uno de los mojados bancos, pero su cerebro se negaba a reconocer el dueño de aquel pelo, era demasiado el dolor como para reaccionar.
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-¿Ya tienes todo?- le preguntó Sango a su hermana, reuniéndose con ella en la sala.
La mayor miraba por la ventana a la espera de ver a Kagome regresar, pero hacía un tiempo que nada aparecía por la oscurecida calle.
-Sí, tampoco tenía demasiado que acomodar, casi ni había desempacado- se explicó señalando a las dos maletas que descansaban a un costado de la puerta de entrada.
Sango suspiró y se dejó caer sobre el sofá.
-Ahora tenemos que esperar a que Kagome vuelva, ruego que no tarde demasiado-
-Al parecer ha escuchado tus ruegos- habló apresurada la mayor mientras se adelantaba a abrir la puerta con rapidez.
La figura empapada y encogida de Kagome se adentró al interior de la sala y su apagada mirada se paseó por el lugar a la espera de encontrar a alguien sentado sobre el sofá ¿pero a quién?
-Kagome- suspiró Sango con alivio mientras se acercaba a su hermanita menor con los brazos extendidos.
-¿Kagura, Sango?- la voz de la menor apenas era un murmullo y en él se dejaba ver todo el sufrimiento que sentía en su interior.
Ambas no se lo pensaron dos veces y abrazaron a Kagome al mismo tiempo, una unión que servía como mudo consuelo para las tres.
Kagome parpadeó intentando contener las lágrimas que se había negado a soltar y se aferró con ahínco a los brazos de sus hermanas.
-Nos vamos Kagome, ve a darte un baño y prepara tus cosas- Le dijo la mayor en vos baja luego de depositarle un corto beso sobre la cabeza –Por favor hazlo rápido-
-Lo haré- le aseguró soltándose de ella para caminar apresurada hacia las escaleras, al parecer no tendría que soportar el dolor mucho más, pronto se iría y todo quedaría bien encerrado en el pasado, donde debía estar.
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1 a.m.
-¿Miroku? ¿Qué haces llegando a estas horas?- le preguntó a su hermano menor al toparse con él en la entrada de la casa.
El menor lo miró con vacilación y luego suspiró derrotado.
-Debería preguntarte lo mismo a ti Sesshomaru, pero no estoy para hacer de detective, entremos y podré contártelo todo- explicó abriendo la puerta rápidamente para resguardarse de la fuerte lluvia que no cesaba.
El mayor de los Taisho´s estuvo a punto de decirle que no quería saber de su vida personal, pero lo pensó mejor ya que él también necesitaba alguien que le aconsejara con sus problemas, por una vez en su vida se comportaría como el hermano que era y lo escucharía.
Pero al entrar a la vivienda se encontraron con sus padres sentados en el sofá, ambos tenía una sombría mirada y los rostros serios.
-¿Mamá que ocurre?- le preguntó Miroku asustado acercándose a ella, le preocupó aún más descubrir las mejillas mojadas y rojas de Izayoi.
-Se han ido, hijos- habló Inu no con dureza –Los Higurashi se han ido-
-No…-
-Maldición…-
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2 a.m.
Inuyasha abrió la puerta de su casa extrañado de que las luces siguieran prendidas a esas horas de la madrugada, sus enrojecidos ojos miraron al interior aliviado de no encontrar a nadie por allí, seguramente todos estarían durmiendo y eso le ahorraría la explicación a sus padres.
Caminó con pasos lentos sobre el parqué sin importarle mucho estar todo empapado y subió las escaleras como un zombi, alguien sin vida.
Se alegró al ver que las luces del pasillo estaban apagadas, eso significaba que sus hermanos y sus padres dormían, y si tenía suerte probablemente Kagome siguiera despierta y podría hablar con ella para disculparse y decirle lo mucho que la amaba y que lamentaba haber sido un estúpido.
Con un poco más de esperanza en el cuerpo se acercó a su habitación rápidamente y encendió la luz con ansiedad, avanzó un paso y miró al interior de una habitación…
…Vacía…la habitación estaba vacía… no había ni un solo rastro de ella… se había ido para siempre…
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