Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer yo soy dueña del resto de la trama y me divierto haciéndolos sufrir como villana de telenovela barata, separándolos, juntándolos, haciendo que se insulten, que se reconcilien…en fin, haciendo que hagan lo que a mi se me de la gana xD
.
Capítulo 10. ¿Really?
.
Acabábamos de salir del restaurante y nadie se había dado cuenta, pero había una cosa que rondaba mi mente.
-¿Edward?
-¿Si?
-Hmmm… no es por nada, y no es que no me agrade estar contigo pero ¿Qué hay de tu novia?—me sonrojé inmediatamente dije esas palabras, porque parecía diálogo de una novela donde los protagonistas, que llamaremos él y yo, se fugaban sin importarles el resto… bastante alejado del mundo real…
-Ah, ella…-le fruncí el seño ¿Cómo podía hablar con tal indiferencia de su novia? ¡Su novia!
-Si ella—mi tono era algo resentido y llamó su atención. Me regresó la mirada con la misma expresión que la que yo ya tenía.
-Bueno, no creo que Tanya vaya a regresar en un buen rato, probablemente no la veremos hasta el hotel.
-¿Y no se supone que deberías ir tras ella? Después de todo la atacaron unas langostas…-hice una cara extraña para reprimir la risa que quería salir. Él si rió.
-Estará bien, digamos que ella está… acostumbrada a pelearse con los animales—parecía que disfrutaba una especie de chiste privado y me limité a mirarlo. Me regresó la mirada y le dio un apretón a mi mano. No había sido consiente de que no nos habíamos soltado hasta que el hizo eso.
La playa estaba ligeramente más poblada en esa región, los niños jugaban en el agua o en la arena, los señores admiraban el panorama en general, y las señoras se bronceaban apartándose de todo el mundo en toallas o sillas. Los bikinis eran bastante interesantes, considerando que muchos traían estilos de los 60…
Entonces la realidad me llegó de golpe, me tensé y me detuve. Edward se giró de inmediato y me miró.
-Debemos regresar al restaurante—dije entre dientes. Frunció su seño
-¿Qué? ¿Por qué?
-De verdad necesitamos regresar…
-¿Te haz arrepentido de pasar un rato conmigo?—dijo mientras esbozaba una sonrisa triste—Ya sabía yo que el que me perdonaras y aceptaras era demasiado bueno para ser verdad…
-No, no es eso. Sigo firme en mis decisiones. ¿Es que no me haz visto?—su seño se frunció aún más y me miró de pies a cabeza. Luego de unos minutos me contestó.
-Bueno… lo he pensado mucho y no veo algo que ande mal. Por cierto, si me permites decirlo, te ves extremadamente hermosa hoy—enrojecí y su sonrisa fue deslumbrante.
-¡Es eso precisamente!—grité histérica soltándole la mano y señalándome. La gente nos miraba y decidí bajar mi tono—Estoy en bikini Edward, no traje mi vestido conmigo—susurré. Se carcajeó.
-¿De verdad es eso lo que te importa?—asentí frenéticamente y soltó otra risita—Bella, si me lo permites, creo que debo decirte que eso es un comportamiento irracional, es decir, estamos en la playa, casi todas las chicas del lugar presumen sus cuerpos en los bikinis, nada de vestidos.
-Yo no tengo un cuerpo que presumir—dije muy bajito y desviando la mirada, pero el lo oyó. Claro que si…
-Oh Bella, tienes que estar bromeando—regresé la mirada de inmediato—No te ves con claridad, tienes un cuerpo envidiable, yo mismo creo que es de las cosas más sexys que he visto—y sonrió sinceramente. Volví a enrojecer. Mi autoestima había subido al tope con eso. Digo, si él, Edward Cullen, un chico guapísimo con una novia de cuerpo de supermodelo y actitud de diva lo decía, tenía que significar algo ¿No?
Todo iba bien, hasta que pensé en otra estupidez: Pero tú no eres Tanya… Después me golpeé mentalmente. Mi cuerpo no era malo, ¿Por qué tendría que importarme lo que un chico dijera? Agh… algo estaba cambiando…
-¿Estás bien?—me di cuenta de que me había quedado callada mucho tiempo y haciendo caras raras.
-Ah, si, claro. Y gracias por el cumplido
-No hay porque, cuando quieras—y volvió a sonreír deslumbrantemente.
-Hay que seguir caminando—y tomó mi mano de nuevo. Ahora no como quien no quiere la cosa, si no directo y sin escalas. Me agradó.
Con algo más de confianza seguí caminando a su lado. Extrañaba mi vestido, sin duda, pero estaba más relajada.
-Y… ¿Quieres platicar de algo?—preguntó. De vez en cuando mecía nuestras manos.
-No lo se, ¿Tu quieres preguntarme algo?—rascó la barbilla y luego pasó su mano libre entre sus cabellos y jaló de ellos al final.
-Creo que varias cosas—rió con nerviosismo.
-Tengo una idea, Podemos jugar a las 20 preguntas—me sonrió torcidamente y tuve que morderme el labio para asegurarme de que no estaba dejando un charco de baba como las demás chicas que lo veían.
-¿Cómo no se me ocurrió antes?—dijo para si mismo—De acuerdo, es una buena idea. ¿Las demás primero?—negué.
-En absoluto, fue mi idea, así que yo elijo, y elijo que comiences tú.
-Eres algo tramposa, ¿Sabes?—me encogí de hombros.
-Llamémosle el poder del más fuerte aquí—rió.
-De acuerdo… ¿Qué te podré preguntar?—se enfrasco unos minutos pensando, yo cerré los ojos y disfruté del sol y la brisa marina. Cuando los abrí de nuevo, seguía meditando.
-Oye, es para hoy—me burlé y me miró desorientado, obviamente lo había sacado de sus cavilaciones. Hice un gesto con la mano para que hablara.
-Es complicado. La primera pregunta que se me vino a la mente te molestaría mucho…-se encogió un poco y fruncí el seño preguntándome que podría ser.
-No creo que eso suceda, puedes preguntar—lo alenté y le di un apretón a su mano para darle valor. Sonrió tristemente.
-De verdad te vas a molestar, yo…
-Que tal si me dejas juzgar eso a mi. Vamos, creo que nunca los sabremos si no hablas—negó con la cabeza—Si no me dices, voy a creer que es realmente malo.
-Lo es—afirmó. Lo miré amenazante y funcionó—Vale, pero no quiero que te molestes, es bajo tu propio riesgo ¿Entendiste?—fue casi como si me gruñera y me encogí ante su brusquedad, lo notó. Suspiró—Perdona, pero no quiero que te enojes, de verdad. Me la estoy pasando muy bien como para que mi curiosidad lo arruine todo. Solo… solo no contestes si te incomoda mucho.
-Vale
-Aquí va…Me… me gustaría saber… ¿Qué pasó con el chico de Inglaterra? Escuché solo por casualidad que te reclamaste a Emmett camino al restaurante por habernos dicho, así que debe ser algo muy grave—me puse lívida.
-¿Nos oíste?—asintió y yo no dije nada más
-¿Lo ves?—gritó sobresaltándome—Era malo, muy malo. ¡Por eso no quería preguntar! No te enojes por favor. Y ate lo había dicho, yo…
-Para Edward—lo detuve y me miró con la culpa tatuada en el rostro. Sonreí—no me molesté ni nada así, es solo que yo creía que ya lo sabías todo. Ayer en el parque actuaste como si lo hicieras—dije con naturalidad. Hizo una mueca de incomodidad, como si le hubiera puesto más peso a su culpa.
-No exactamente—contestó más tranquilo—Verás, ese día, teníamos una reunión en el departamento de Alice y Jasper y Emmett llegó muy muy tarde pidiendo disculpas. Dijo que su hermana necesitaba de su ayuda, que estaba muy mal. Alice es muy curiosa, más que yo y Emmett hablaba tanto de ti que todos sentíamos como si ya te conociéramos. Mi hermana decía que eras como su mejor amiga lejana y te ha querido desde el principio, por eso le preguntó por lo que te pasaba a Emmett. Tu hermano se negó al principio y al final cedió pensando que si éramos sus amigos, también podríamos ser tuyos y habló. Dijo que un bastardo de nombre desconocido, pero que era tu novio, te humilló rompiendo contigo frente a toda la universidad. Que te cambió porque se encontró a otra o algo así—oírlo en sus labios fue mucho peor que recapitularlo muchas veces en mi mente, pero menos doloroso que vivirlo, ese era mi consuelo.
-Eso es básicamente todo. No veo que más se necesita saber.
-Tal vez si se explicas como pasó… O el nombre del cretino…-negué con la cabeza sonriendo ante su curiosidad y los adjetivos que usaba.
-Se llama…o se llamaba Ian. Lo conocí justamente en la universidad, pero el estudiaba Leyes. Coincidíamos en un receso y el día en el que nos vimos y hablamos por primera vez, había escasez de mesas y decidimos sentarnos juntos. Nos veíamos todos los días y 2 semanas después, me pidió que fuera su novia. Él era tan lindo, tan divertido y tan caballero que no me lo pensé 2 veces. Pero creo que en algo tenías razón ayer, yo no se nada del amor, de haberlo sabido, me hubiera negado y sospechado que algo no andaba bien, era demasiado pronto para una propuesta de noviazgo, creo que ni siquiera sabía sus apellidos…-dije soltando una risa histérica.
Nos detuvimos y nos sentamos en la arena, estábamos muy cerca del mar, las olas tocaban nuestros pies descalzos.
-No Bella, eso no es cierto. Yo… yo no se porque te dije algo tan desagradable como eso, pero no es verdad, puedo verlo en ti…
-Fue una época especial al principio—proseguí como si no lo hubiera oído. Miraba al mar y su inmensidad y estaba segura de que el me miraba a mi—Seguía siendo atento y todo eso. Yo pensaba que me quería mucho, por eso me enamoré libremente, sin límites. Luego llegaron los cambios, nunca contestaba cuando le llamaba, mis planes le parecían aburridos, cambió el horario del receso que compartíamos porque quería tomar más clases para créditos extras… Incluso hubo una vez que caí de las escaleras del último piso, sería el 10 o el 11 y me rompí el brazo. No se enteró hasta que estuve de regreso en el colegio con un yeso.
Hice una pausa dramática para calmarme, no iba a llorar de nuevo y menos frente a Edward. Se dio cuenta de que necesitaba un tiempo y pasó su mano por mi espalda, frotándomela como mamá hacía en las noches de tormenta.
-Creo que es suficiente—dijo—Lamento haberte hecho llorar. No me gusta verte triste y creo que tu sonrisa es la cosa más hermosa que he visto—le sonreí.
-Me gustaría terminar de contar la historia.
-Bella…-me dijo incómodo.
-No, de verdad. Llevo mucho tiempo cargándola sola y ahora que la comparto me siento un poco más ligera—evaluó mi rostro para saber que tanto le mentía, pero esta vez no decía más que la verdad.
-¿Segura?—asentí. Al no encontrar impedimento alguno, me indicó que siguiera, en su cara aún veía la cautela.
-Bueno, le perdoné todo porque lo amaba y el se disculpaba muy sinceramente—bufó y sonreí—Recuerda que esto lo cuento desde mi punto de vista en ese momento
-Vale.
-Había una chica llamada Kathryn. Tenía casi el mismo horario que yo y nos hicimos muy buenas amigas. Ella e Ian se conocieron en la fiesta de cumpleaños de uno de los chicos de mi clase, al preguntarle a Kathryn que le parecía mi novio, dijo que le era indiferente pero se veía que me quería. Me llenó de satisfacción oír eso, porque en esos días, me estaba sintiendo algo insegura de sus sentimientos. Kathryn fue la que le dijo que yo había estado en el hospital, se lo dijo cuando me fue a buscar al dormitorio y no me encontró. No se si mencioné que era mi compañera de dormitorio—Negó levemente—Lo era. La reputación de mi amiga no era muy buena, decían que se acostaba con los novios de las demás chicas y que era la zorra oficial del colegio. Ella siempre me lo negó y le creí porque siempre llegó al dormitorio temprano y los sábados y domingos lo pasábamos juntas, rara era la ocasión en la que no lo hacíamos. Recuerdo que fue un martes por la noche cuando ella llegó algo despeinada, con la ropa mal puesta y visiblemente acalorada, no le pregunte nada, solo la saludé y se soltó con la historia de que se había reencontrado con uno de sus viejos amores y bueno, que tuvieron algo de diversión, no quería oírlo pero insistió. No me quedó más que asentir.
El día en que todo ocurrió, fue a la hora del receso que Ian y yo antes compartíamos. Mi mesa ya estaba ocupada debido a que mi clase anterior se había extendido. Me fui a sentar a una fuente a leer un libro y de repente aparecieron los dos, Ian y Kathryn tomados de la mano—suspiré. Resumidamente, ellos me dijeron que estaban juntos y que ya no querían esconderlo, mi cerebro tardó un poco en procesar eso y se molestaron al no obtener respuesta, fue entonces cuando comenzó el concierto de insultos hacia mí. Dijeron que era muy niña, muy torpe, muy infantil, que no entendían como podían hablarle a alguien como yo. No lo soporté y salí corriendo, cargando las miradas de toda la gente al pasar, de burla y de lástima por igual.
Huí de la universidad a la casa de unos buenos amigos de mamá, ellos eran como mis tíos y no dudaron ni 2 segundos en acogerme. Estuve ahí 2 semanas y me perdí varias de las pruebas importantes que tenía. Una noche decidí que yo no era una cobarde, y que yo no había hecho nada malo. Al día siguiente regresé, pero ellos ya no estaban. Me dijeron que 3 días después de que yo salí corriendo, ellos renunciaron a todo y se fugaron con el poco dinero que les habían sacado a sus familias.
La última vez que supe de ellos… bueno, tuvieron un par de hijos, son gemelos y tienen 2 años. Kathryn está en un centro de rehabilitación, se volvió adicta y casi muere de una sobredosis. Ian no corrió con la misma suerte, falleció hace 8 meses. Los pequeños están en una casa hogar y son hermosos…
-¿Son? ¿Los conoces?
-Si, me dio tristeza que unas criaturas tan pequeñas estuvieran solas. No puedo adoptarlas debido a que no estoy casada, pero destino una parte de mis ganancias a esa casa hogar y los visito. Está a las afueras de Liverpool ¿Qué opinas?—se tomó unos segundos antes de responder.
-Creo que es increíble. Tú cuidas y proteges a esos niños como si fueran tuyos a pesar de lo que los desgraciados de sus padres te hicieron.
-¿Está mal?—pregunté en un susurro.
-¡No! No, digo, es extraño, pero… supongo que ellos no tienen la culpa.
-En absoluto, son tan inocentes…-mis ojos se llenaron de lágrimas.
-Tu los quieres—no era una pregunta.
-Muchísimo—nos sonreímos mutuamente y fui consiente del lugar en donde estábamos. El sol ya estaba cayendo y muchas personas paseaban románticamente.
-A qué llevamos mucho tiempo aquí ¿Ah?
-Bastante, si—le respondí—No sabía que mi narración duraría tanto.
-¿Quieres volver ya?—hice una mueca.
-No, creo que no… ¿Hay algún problema con eso? Podemos volver si lo deseas.
-Si quieres quedarte aquí, me parece perfecto.
-Vale, entonces te toca a ti. Cuéntame todo sobre ti—le pedí acomodándome mejor.
-¿Todo? Es una expresión que abarca mucho… ¿Segura?
-Claro
-Bueno… es difícil, mejor pregúntame algo y yo te lo respondo ¿Te parece?
-Hmm… ¿Aún haces algo en el ámbito de la música?—estaba sonriendo, pero frunció un poco el seño—No me contestes si te incomoda—agregué rápidamente.
-No es eso, me extraña que aún lo recuerdes.
-Bueno, te veías un poco afligido al contármelo, eso es todo.
-Ya, no, no mucho. Es decir, sigo oyendo mi música pero hasta ahí. Extraño mi piano.
-¿Qué quieres decir? ¿Qué le pasó? ¿Se lo comieron las termitas?—negó levemente-¿Se le rompió una pata? Ya se, Alice y Emmett lo aventaron a un risco como parte de una broma—se rió.
-No, que más quisiera yo que fuera así. De ese modo al menos me podría comprar otro…-miró al horizonte con ojos tristes y no le dije nada para no romper su pensamiento—No le pasó nada en realidad, solo una mudanza de hogar. Está en casa de mis padres.
-¿Porqué?
-Probablemente no sepas que vivo con Tanya en un apartamento, y a ella le molestaba mi música, no le gustaba que tocara y que compusiera porque decía que la cambiaba por él y además decía que le quitaba espacio para su ropa nueva.
-No debe ser bonito—musité medio molesta. Esa tipa era una controladora
-Ya me estoy acostumbrando. Pero eso si, sería mucho más difícil si no tuviera mi iPod—le sonreí forzado. Aún pensaba en que si esa vieja me hiciera a mí algo así, ya le hubiera arrancado una por una sus pestañas—Oye, ¿Por qué pensaste en Alice y Emmett de inmediato?—preguntó con una sonrisa torcida.
-Oh, bueno, porque tengo la ligera impresión de que les gusta molestarte—mi semblante cambió—A Emmett le gusta mucho molestar…
-¿Lo dices por su bocota?—asentí—Quisiera pedirte algo Bella, si no es mucha molestia. No permanezcas mucho tiempo molesta con Emmett, no lo merece. Ya te conté que es lo que pasó ese día y no es su culpa…
-¿Escuchaste cuando le reclamé hace unas horas?
-Creo que todos lo escuchamos, pero por respeto no lo mencionamos. Lo conozco un poco mejor que tú, lo he visto casi cada día de mi vida las 24 horas y está realmente arrepentido, más que esa vez que destruyó por completo la motocicleta de Jasper con su Jeep
-¿En serio hizo eso? No es que me resulte difícil de creer pero…
-Oh, si que lo hizo… verás, era un sábado por la tarde y…
Él y yo estábamos tan metidos en la plática que no nos dimos cuenta cuando un gran Golden Retriever se acercó y comenzó a arrojarle arena con sus patas traseras.
-¿¡Qué demonios…!—gritó. El perro era hermoso y al ver su hocico, parecía que estaba sonriendo. No pude evitar botarme de la risa.
Edward se quejaba y blasfemaba mientras se sacudía y el pequeño salía huyendo.
Cuando acabé de burlarme de la desgracia ajena, el chico me miraba intentando ser serio pero una pequeña sonrisa luchaba por salir.
-¿Te parece muy gracioso?
Asentí frenéticamente mordiéndome muy fuerte el labio para no seguir riendo. Me puse de pie.
-¡No lo es!—empezó a buscar a su alrededor-¿Dónde está ese perro poseído?—también lo busqué y lo fui a ubicar molestando a un par de niños. Les destruía su castillo de arena.
-Por ahí—le señalé el sitio y ahora el animal emprendía su retirada porque los que supuse que serían los padres, lo querían capturar y los niños lloraban—Al menos no solo te molesta a ti. Se divierte con todos—agregué.
-¿Divertirse? ¿Juntos? ¡Solo se divierte él!
-Nunca dije que fuera para todos, dije con todos—me miró serio de nuevo y le respondí con una sonrisa—Oh, vamos. Fu divertido.
-Ya dije que no.
-Si lo fue, es solo que tú eres muy gruñón—me reí.
-Y tú tan infantil…-mi risa paró, crucé los brazos en el pecho y enarqué una ceja.
-¿Cómo lo dijo Ian?—su meca de medio enojo y media risa fue remplazada por una de preocupación.
-¡Por supuesto que no! Yo no haría algo así Bella, te juro que esa no era mi intención…
Le sonreí.
-Ya lo se. Se muy bien que tú no eres como el y que nunca me dirías algo así… o al menos ahora estoy segura.
Se puso serio de verdad.
-Es por los días anteriores ¿Cierto?—me encogí de hombros y suspiró pesadamente-¿Es que los pecados del pasado no pueden ser perdonados fácilmente?—reí.
-Eres bastante dramático, pero ya te he dicho que te perdono, así que pasemos a otro tema.
Como ya estábamos de pie, optamos por seguir caminando.
-Estábamos jugando a las 20 preguntas, y apenas comencé yo—dijo—Así que es tu turno.
-Bien… ¿Cuál es tu color favorito?
-Esa es fácil, el azul, ¿Y el tuyo?
-Esa ya es tu segunda pregunta—me burlé y sonrió—Es el verde…-Que casualmente estaban en sus ojos. Me miró escéptico.
-¿El verde?—asentí-¡Oh, vamos! Eres una chica, ¿Qué paso con eso de "yo amo el rosado"?
-¿El rosado?
-¡Si! Es decir, el rosado va perdiendo seguidoras. Alice adora el amarillo, Rose el rojo, mi madre el azul marino y tú el verde. ¿¡Qué pasa con las chicas de rosa!—se veía tan histérico por un tema tan pequeño como ese que no pude evitar burlarme. Este chico era toda una cajita de sorpresas.
-Ya nos modernizamos, no somos las chicas débiles, dulces y tiernas de siempre—puso su cara de tragedia y negó con la cabeza.
-Ya nada será lo mismo
-Bueno, ¿Y eso qué? Digo, si tanto te afecta, ¿Por qué no te vuelves fan?
-¿Crees que soy gay? Solo los chicos gay usan rosa… Y no es que sea homofóbico o algo así, tengo amigos gay y todo eso—agregó rápidamente.
-No creo que seas gay, y no te pondré más nervioso, así que pasaremos a otra cosa. Tu turno.
-¿Comida favorita?
-La italiana, por supuesto
-También es mi favorita—dijo emocionado—Hmm… ¿Música?
-Me gustan varias cosas, The Killers, Muse, Coldplay, Radiohead, Panic at the Disco, o música clásica como Yiruma o Debussy…
-¿Te gusta Debussy?—me interrumpió-¿De verdad?—lo miré dudando sobre que responder.
-Ah… ¿Si?
-Eso es increíble, ninguna chica escucha eso, o al menos no las normales…
-Nunca me he considerado normal, así que…-no me molesté en finalizar la frase-¿Y tú?
-Te sorprenderá saber que todos los grupos que mencionaste son de mi agrado, pero yo metería a Vampire Weekend, One Republic, Metallica, Placebo, Hurts, Mika, Queen, The Rolling Stones, The Beatles…
-Así que tenemos a un amante de lo clásico sin dejar atrás las novedades ¿Ah?—me sonrió avergonzado.
-Ahora es mi turno, ¿Hobbie favorito?—no lo pensé 2 veces.
-Leer.
-¡Oh Dios mío!—gritó-¡Leer!—le fruncí el seño.
-¿Tan raro es?
-No, no es eso, es que… Dios, como lo siento Bella…
-Ok, ya me estás asustando ¿Porqué te estás disculpando?
-¡Por el libro!—no dije nada—El libro que maltrató Tanya, a eso me refiero.
-Oh… supongo que no es tu culpa.
-Si, ya se, pero Tanya se portó increíblemente mal.
-Nada puedes hacer para cambiar su comportamiento natural—dije automáticamente y me arrepentí, pero cuando me giré para verlo, creo que no me había escuchado porque seguía en su mundo.
-Ella se portó muy mal—repitió.
-Si… ¿Podemos hablar de otra cosa? De verdad no quiero que el instinto en contra de tu novia salga de mi y que te grite cosas que no te mereces. Terminaríamos peleados de nuevo.
-No, escucha, en serio lamento lo que hizo, me disculpo por ello.
-Tú no tienes que disculparte por eso, y ella no lo hará nunca, es una batalla perdida.
-Por eso quiero recompensarte. Voy a comprarte Orgullo y Prejuicio de nuevo—concluyó.
-¿Estás loco? ¿O sordo quizá? No quiero que me compres nada porque no tienes nada que ver con esto, de todas maneras mi libro ya estaba viejo y gastado.
-Lo voy a hacer, no importa cuanto te quejes, después lo agradecerás.
-Claro que no, si es por el drama que armé, no te preocupes, me molestó más que se metiera conmigo. Tengo mi orgullo Cullen, y herirlo es algo grave—mi mirada se volvió amenazante pero no se replegó ante ella.
-Tanya suele hacer eso, no creo que sea personal—bufé y rodé los ojos—Pero esa no es la cuestión, compraré el libro Isabella, protestes cuanto protestes.
-No me gusta que me llamen Isabella—dije entre dientes.
-Y a mi no me gusta que seas tan cabezota, Isabella.
-¡Agghh! Solo lo haces para molestarme y ¿Cabezota? Nunca te haz visto en un espejo, ¿Verdad?
-Eres graciosa Isabella—dijo riéndose.
-¡Guarda silencio tarado!
-Nop, Isabella—respondió sonriendo de oreja a oreja. Nunca, jamás en la vida había deseado tanto partir un bello rostro de un puñetazo.
-Eres peor que yo—musité—y eso es decir demasiado—suspiré y luego me froté la barbilla pensativamente.
-¿Un centavo por tus pensamientos?—lo fulminé con la mirada y se rió a gusto—Oh, vamos, solo quiero saber que pasa por tu cabecita retorcida.
-Pensaba en el sitio ideal para cambiar mi nombre a Bella a secas y en cuanto me podrían dar en prisión por asesinarte brutalmente—sonrió aún más.
-¡Claro! Ya puedo ver los encabezados—carraspeó y estiló la mano como para mostrar una marquesina de Broadway—"Chica temperamental asesina brutalmente a un joven apuesto por llamarla por su nombre. Se le condena a pena de muerte"—bajó los brazos y me miró burlón con una ceja enarcada-¿Qué te parece? ¿Te gusta?
-Pfff…claro que no, en especial porque parece sacado de un periódico amarillista—crucé los brazos en mi pecho.
-¿Porqué? Nada es mentira—se veía ofendido y no respondí nada-¿Qué podría ser falso? Me asesinarás brutalmente como ya lo dijiste antes, eres temperamental, te darán la pena de muerte, soy muy apuesto…
-¡Alto ahí!—le detuve—Es por eso que el título resulta tan… corrupto—me miró dudoso.
-No lo entiendo bien…-Y la respuesta clareó en sus facciones viéndose reflejada en sus ojos brillosos y su amplia sonrisa—Oh, ya. Ya lo comprendo. Te refieres a la parte en lo que se declarará lo increíble, deslumbrante y asombrosamente guapo que soy, ¿No?—le miré feo.
-¿Acaso nadie te enseñó que es malo blasfemar?
-¿Blasfemar?—bufó—Me ofende que lo digas, en especial cuando hace unas horas declaraste que la primera vez que me viste, creíste que era el chico más apuesto de la tierra.
Ay Dios… ¿Por qué no aprendo a cerrar la boca? Enrojecí, mitad vergüenza, mitad ira…
-Eso no es cierto—susurré. Hizo un sonido con la boca parecido a una gallina y negó con la cabeza.
-¿Nadie te enseñó que es malo blasfemar?—su voz fue una triste, horrenda y barato intento de la mía. Lo fulminé con la mirada—Bella, no te avergüences, está bien—palmeó mi hombro—Es perfectamente normal que te atraiga tanto y que eso te lleve a pensar en mi todo el tiempo.
Lo miré anonadada y sonrió.
-¡Tarado!—le grité mientras golpeaba su brazo y él se cubría riéndose de lo lindo—Y yo que creía que ya habías cambiado…
-Eres muy ingenua, la gente no cambia de la noche a la mañana—abrí la boca para protestar pero no me dejó—Yo soy especial, yo si puedo cambiar, no puedes objetar por mi comportamiento anterior—sonreí.
-Muy listo, leyendo mi mente.
-Cada vez es más fácil—presumió.
El crepúsculo estaba en todo su esplendor y me detuve a mirarlo. Edward también se detuvo, pero alarmado por mi repentino paro.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-Es hermoso—me limité a susurrar. Tenía los ojos fijos en el sol y el mar.
-Creí que el punto de que yo era divino, glorioso, igual que un adonis ya estaba aclarado—bromeó, Al no recibir respuesta de mi parte y seguir el rastro de mi mirada, lo comprendió—Oh, no hablas de mi—reí bajito.
-No, no lo hacía. Siempre me han agradado las puestas de sol, en especial en Italia, son maravillosas.
-Bueno, nunca he ido a Italia, me gustaría, pero no se ha dado la ocasión, pero puedo imaginar que es como cualquier otra.
-Claro que no—protesté—Las puestas de sol no son todas iguales, los lugares en que las ves determinan que tan especiales serán, o también las personas. Pueden ser especiales, dulces y mágicas o totalmente indiferentes. A veces también depende de tu estado de ánimo o tu forma de ser…-concluí pensativa.
-Wow, lo dices como si de verdad lo creyeras—no había rastro de burla en su voz-¿De verdad lo crees así?
-Por supuesto, ¿Tu no?
-Bueno, no del todo. Creo que nunca he creído en algo con tanta convicción como tú lo haces ahora.
-¿Nunca?—negó levemente y eso me puso a pensar—Perdona mi indiscreción, pero ¿tampoco crees fuertemente en el amor que le tienes a Tanya?—en seguida de que terminé mi frase, se puso blanco, blanco como el papel y me preocupé por el—No me respondas.
-No pensaba responderte—me respondió con un tono de voz frío, agresivo y muy muy duro. Me tensé—Creo que es hora de que volvamos—supongo que notó mi reacción a su tono porque ahora sonaba forzadamente serena. Me dio el paso y comencé a caminar, él a mi lado. Suspiré pesadamente. ¿Es que siempre las cosas iban a terminar mal?
.
Todo el camino se mantuvo callado, pensativo y serio. No quise decirle nada porque se veía concentrado además.
La noche estaba a punto de caer cuando llegamos a donde estaban todos nuestros conocidos.
Alice y Jasper estaban recargados en el Jeep de Emmett platicando, Emmett y Rosalie estaban metiendo las cosas al Jeep y Tanya seguía aplastada en la silla con unos lentes de sol.
-¡Edward! ¡Bella!—gritó Alice, que fue la primera que nos vió y corrió hacía nosotros. Edward se detuvo y yo lo alcancé al mismo tiempo en que ella llegaba-¿Dónde habían estado? De pronto desaparecieron—dijo con las manos en la cintura.
Todo el mundo estaba atento a nuestra respuesta y Tanya se puso de pie frente a nosotros.
-Nosotros…-empezó el chico dudoso.
-Fue error mío—interrumpí—Había perdido mi sombrero que traía y lo estaba buscando. Edward muy amablemente se ofreció a ayudarme, lo encontramos, lo seguimos pero nos llevó muy lejos.
-¿Al final lo alcanzaron?—preguntó Rosalie.
-Ah… si—le dijo Edward.
-Bien ¿Dónde está?—insistió.
-Oh, bueno, se lo regalé a una niña que le gustó mucho, después de todo, mañana regreso a Londres y puedo comprarme otro.
-Ah, ya. ¿Y porqué no regresaron a buscarnos?—ahora fue Jasper el curioso.
-Pues porque no sabíamos a donde… no conocemos muy bien el área y seguimos instrucciones de gente que tampoco—finalicé.
-Hmmm… está bien, supongo—dijo Rosalie.
Parecía que todos se habían tragado mi historia. ¿Por qué mentía? Bueno, Tanya me miraba muy amenazadora, así que principalmente era por mí, pero además, no quería que Edward tuviera más problemas de los necesarios.
-Es tarde—gritó mi hermano—Es hora de irnos.
-¿Bella?—me dijo Alice-¿Te molestaría mucho irte en el Volvo de Edward? Solo traemos 2 autos, el Jeep y el Volvo y me dijeron que me fuera con mi hermano, pero como ya te expliqué antes, odio a esa zorra y…
-Alice, me encantaría ayudarte, pero creo que he soportado suficiente de ambos esta tarde. No puedo—le dije tristemente. Me miró interrogante.
-¿Edward te hizo algo de nuevo? Porque si es así, yo…
-No, no no. Para nada, estoy cansada y no quiero interrumpir por si ellos se besan, o hacen cosas malas… tu entiendes. Además, estás más acostumbrada que yo.
-Vale, pero me la debes Swan—medio sonreí y asentí.
Subí a la parte trasera del Jeep con Jasper, que se despedía de Alice como si no se fueran a ver en 20 años. No hice ningún gesto, solo me puse a pensar en que ellos si se pertenecían mutuamente.
Rose y Emmett se subieron en los asientos delanteros y el auto revivió con un suave ronroneo.
Recargué la cabeza en la fría e incómoda ventana haciendo gestos. Hubo una risita suave a mi izquierda.
-Creo que te gustaría tener esto. Estamos en California, pero esta época del año no favorece para andar solo con bikini de noche—era Jasper que me ofrecía mi vestido y mi chamarra blanca. Los tomé.
-Gra—gracias. Pero ¿Cómo…
-…los tengo? Es sencillo, Alice me los dio—le agradecí de nuevo y me los puse lo más rápido posible. Luego volví al incómodo cristal.
-No se ve muy confortable y estás algo cansada ¿Cierto?—volvió a hablar Jasper. Asentí a regañadientes-¿Qué te parece si te recuestas un rato en mi regazo?
Dudé. ¿Eso se vería bien?
-Hazlo Bella—dijo Rosalie desde adelante—Te ves muerta.
Accedí poco convencida pero en seguida me sentí mejor y a los pocos minutos, me quedé dormida.
.
-Creo que si estaba muy cansada
-¿Se habrá dormido muy tarde anoche?
-Alice la despertó muy temprano. Estaba de mal humor.
-Ella tiene un mal despertar, se los dije.
-Intenta despertarla de nuevo Jasper.
-Ya lo hice, llevo 5 minutos intentándolo y nada.
-Creo que lo mejor será que la cargues Emmett.
-Vale—suspiró y sentí que levantaban mi cuerpo—Alice, ponme sus manos en el cuello—sentí unas pequeñas manos que pusieron las mías en un cuello.
Un sonido de puerta, unos cuantos pasos y abrí los ojos.
-Estoy bien Emmett, puedes bajarme.
-No, estás más dormida que despierta.
-De verdad, no me hagas hacer un drama.
Lo dudó y luego me bajó con cuidado.
-Gracias—me arreglé la ropa y vi a mí alrededor.
Todos estaban ahí, excepto Tanya, que estaba entrando con aires de diva al hotel.
-Lamento si los retrasé—me disculpé.
-Para nada—me dijo Alice—no te íbamos a dejar. Jasper, que dulce fuiste a ofrecerle un sitio para dormir—le dijo a su novio que le sonrió. Le pellizcó una mejilla como a un niño.
-Fue un placer.
-Ahora hay que entrar, todos queremos descansar.
Caminamos al interior y una voz me detuvo.
-¿Bella? ¿Podemos hablar?—me giré y Edward me miraba avergonzado, con las manos metidas en las bolsas de su bermuda y pateando piedritas invisibles. Ahora ya llevaba la camisa de cuando salimos.
-Ah… yo…-Emmett se había quedado a mi lado y me miraba interrogante, aún con el dejo de tristeza de antes.
-¿Bella?—dijeron ambos al mismo tiempo.
-Emmett, dile a Alice que te de mi bolsa, ahí está la llave de mi habitación. Hablaré contigo ahí en unos minutos—no me preguntó nada. Asintió y salió de escena. Se lo agradecí enormemente.
-Ahora podemos hablar—le dije a Edward.
-Está bien, yo… lamento mi desplante y mi actitud de nuevo. En este momento no te puedo explicar porque lo hice, pero puedo decir que es justificado, quizá en el futuro pueda pero hoy… No puedo Bella. Me disculpo sinceramente si te asusté o incomodé o algo. No quiero que estemos peleados de nuevo…
-Vale Edward—dije luego de unos segundos. Él seguía mirando el suelo y cuando hablé me miró con felicidad en la cara—No pasó nada, me preocupaba más el hecho de que tu estuvieras molesto por mi indiscreción. Ya estaba pensando en modos de disculparme.
-¿Ah, si? Y que tenías planeado Swan.
-Bueno, nada en concreto. Algo de comida, eso es seguro.
-¿Comida?
-Es que una vez oí decir a mi mamá que a los hombres se les conquista por el estómago.
-¿Planeas conquistarme?—sonreía engreído y mi cara se encendió como arbolito de navidad.
-No, no. Yo no quería decir eso, es que, es un dicho sabes, y los dichos que son dichos bien dichos pues se entienden y luego la comida que es parte de nuestra vida y…-se carcajeó de mi habladuría—Estoy diciendo puras tonterías.
-Si, bueno, si te sirve de algo, si yo fuera chica, también trataría de conquistarme—luego me guiñó un ojo y no pude más que reir. Él era especial. De pronto rió como demente.
-¿Qué te pasa?—dije viéndolo feo y alejándome un paso.
-Nada, es solo que acabo de darme cuenta de que con nadie me he disculpado tantas veces como contigo. Es curioso.
Bostecé.
-Lo siento—me disculpé.
-Tranquila Swan, de hecho te ves más dormida que despierta, y no te culpo, hoy caminamos bastante. Hay que entrar, de todos modos a ambos nos esperan para unas largas conversaciones…
-De mi lo entiendo, pero ¿Tú? ¿A quién le tienes que explicar algo? ¿Alice? Creo que ella se creyó lo del sombrero y eso.
-A propósito, ¿Por qué mentiste?
-Bueno, no quería que tuvieras problemas por… oh, ya veo, tienes que hablar con Tanya.
-Si, no se veía muy feliz a nuestro regreso.
-¿Por qué fuimos a pasear juntos si sabías que te traería una discusión?
-Tenía que hacerlo, había cosas que arreglar contigo y… suena raro, pero quería acapararte para mí un rato. No me arrepiento, te conocí mucho, mucho mejor.
-Oh, genial—otro bostezo mío salió.
-Vamos, es hora de dormir—se me acercó y me rodeó con el brazo un hombro para comenzar a caminar.
-Eres increíblemente enorme—me quejé.
-Nop, tu eres increíblemente enana que es diferente.
-¡Yo no soy enana! Soy una persona con una estatura promedio, Tú eres el fenómeno. Alice tan pequeña y tú tan gigante… ¡aha! Le robabas la comida a tu hermana de pequeños…-aventuré.
-¡No! Dios, eres más loca de lo que imaginé.
Cuando entramos al hotel riendo por mis babosadas, nos topamos con Jason, que me asesinó con la mirada. Callé al instante y él se retiró por una puerta lateral.
No iba a hacer comentario alguno, no era mi culpa y si el quería estar molesto, pues que así fuera. A ese juego podían jugar dos.
Edward quería esperar el elevador, pero le alenté a usar las escaleras y el aceptó con una condición, una carrera.
Aceptar fue la cosa más estúpida que pude hacer, apenas había recorrido unos 20 escalones cuando tropecé y caí.
El chico de cabellos cobrizos se asustó y regresó a toda velocidad a verme porque tenía la cabeza agachada y me agitaba.
Cuando me levanté, se relajó porque yo estaba partida de la risa y me acompañó. Gracias a Dios no me pasó nada, creo que eso de caerme y pegarme todo el tiempo hacía los huesos más duros…
Al llegar al pasillo, pude divisar a los lejos la cabellera naranja que tanto detestaba…
-Oh, oh—susurré.
-Ya lo creo…-me respondió en el mismo tono.
Tanya comenzó a dar golpecitos con su pie derecho mientras se recargaba en el marco de la puerta de su habitación. Que no hubiera dado yo porque ese pasillo fuera eterno.
-Ejem, ¿Se divirtieron?—fue su saludo al llegar. Era hora de iniciar con mi plan
-¿A qué te refieres?—pregunté. Paso uno: hacerte la desentendida. Me entrecerró los ojos.
-No soy estúpida, pasaron la tarde juntos por propia voluntad, no por un sombrero.
-Claro que no Tanya, te equivocas—le respondió su amado. Edward acababa de hacer el paso dos: la negación. Tanya gruñó, literalmente.
-Es hora de que entres Edward, tenemos varias… cosas que hacer…-sonrió felinamente y luego se contoneó hasta desaparecer.
Debía verlo del lado bueno, el paso 3 era suplicar perdón de rodillas si era necesario…
-Yo… creo que no te entretengo. Vas a estar muy ocupado esta noche—Edward me vió feo y le sonreí para hacer una broma—pero alégrate, no tendrás una pelea hoy, tendrás acción en tu cama—siguió mirándome feo.
-Oh, si, nada mejor—respondió.
-Solo una cosa Edward—esperó mi petición—no hagan tanto ruido, hoy si quiero dormir bien.
-¿No quieres que maltratemos tus castos oídos y pensamientos?—arqueó una ceja.
-¡Para nada!
-Oh, vale. Seré muy silencioso, en exceso, te lo prometo.
-Suena bien. Buenas noches Edward, que… uh, creo que "que descanses" no es el término correcto. Que te diviertas entonces.
-Claro Isabella, buena noche para ti también.
Me di la vuelta y moví la mano en gesto de despedida mientras me marchaba. Todavía pude oír otra ligera risita suya antes del sonido de su puerta al abrirse y cerrarse.
Toqué la puerta de mi habitación y antes de que lo hiciera 2 veces, Emmett ya me había abierto.
-¿Estás bien?—preguntó. Fruncí el seño. Se apartó y entré cerrando la puerta al final.
-¿Por qué no habría de estarlo?
-Oh, por… no, nada.
-Me senté en mi cama y el tomó asiento en un pequeño sillón de enfrente.
-Bien, hablemos—propuse y solo me miró con tristeza—Ya basta Emmett, aleja toda esa miseria de tu cara que hace que la gente de los funerales parezca increíblemente feliz comparada contigo—le sonreí y se mostro confundido.
-Es que así me siento Bella.
-Lo se, lo se. Hablé con varias personas hoy y me hicieron de cierto modo darme de que he sido un poco exagerada. Entiendo tus motivos, aunque eso no justifica nada.
-No sabes como lo lamento yo… no debía hacerlo, confiabas en mi y yo te fallé, ahora no vas a contarme nada por lo que pasó y…
-Oye oye oye, detén tus caballos vaquero, creo que el don del dramatismo viene de familia. Incluso los Cullen lo tienen… ¿No estaremos destinados a terminar juntos?
-A qué te refieres…-había cautela en su voz.
-A la constitución de un hecho, estás casado con Rose, que es hermana de Jasper, el cual va a casarse con Alice y bueno, hemos llegado a los genes Cullen, aunque lo que no se es que nos hace eso exactamente—dije pensativa.
-Creo que estás algo loca.
-Gracias—contesté sinceramente—ahora, por si no es lo suficientemente oficial, te perdono. Eres mi hermano y te quiero, y aunque no lo creas, yo también lo pase mal las horas en que estuvimos peleados—suspiró como si le acabaran de decir que era un error, que Rosalie no estaba embarazada de triates.
-Yo lo pasé un millón de veces peor, te lo juro, pero me alegro de que todo terminara.
Nos pusimos de pie y nos abrazamos. Como amaba a este oso…
Unos toques en la puerta nos interrumpieron.
-¿Quién será?—susurró en mi oído. Me encogí de hombros—Tu admirador secreto quizá, que viene a despedirse en tu última noche…
-No seas tonto—le dije separándome—No debe ser importante. Ignóralo.
-¡Oh, claro que es importante Isabella Swan!—se oyó una voz chillona gritar a través de la puerta—Ábrenos ahora mismo
-¿Qué?—dijimos Emmett y yo al mismo tiempo.
-Rosalie y yo estamos aquí para pasar una noche de chicas, así que arrastra tu lindo trasero hasta aquí y ábrenos.
-¿Noche de chicas?—dije con voz estrangulada. No podía ser cierto.
-¿Rosie? ¿Es cierto que estás ahí?—preguntó Emmett acercándose a la puerta. Lo detuve instintivamente y me miró mientras esperaba la respuesta.
-Si cariño, aquí estoy con la mascarilla de aguacate con pepino que es receta familiar esperando a que Bells nos abra—esa vos ya no era chillona. Emmett sonrió.
-Creo que deberías abrirles—aconsejó. ¿Para qué tener enemigos cuando los hermanos pueden cumplir la misma función?
-No, creo que si las ignoramos se irán con su campamento a otro lado—contesté.
-Ay Bella, se ve que no aprendes nada. ¿Recuerdas esta mañana cuando vine a despertarte?—preguntó la que identifiqué como Alice.
-Si—dije entre dientes, adivinando por donde iba su teoría.
-No te dejé de molestar hasta que abriste ¿Cierto?
-Si—gruñí.
-¡Oh! ¿Recuerdas con qué te amenacé?—abrí los ojos como platos.
-¡No! Es decir, si, pero no lo harías.
-Pruébame y verás—la sonrisa se reflejaba en su voz y me hizo a recordar a su hermano, cuando le tenté acerca del beso. Malditos genes Cullen.
-Además—hablé haciendo uso de mi última arma—Él esta ocupado con su novia en este momento, ya sabes acción en la cama.
-Me viene importando muy poco si mi hermano está haciendo el Kamasutra con la zorra, voy y lo saco para que me ayude.
-¿De qué demonios están hablando?—la voz de Rosalie era baja pero firme. Emmett me preguntó lo mismo al mismo tiempo.
-De nada—respondí
-De algo que Bella puede sufrir si no abre la puerta ya.
Suspiré, otra batalla perdida más a mi cuenta…
Solté a Emmett y le indiqué que abriera porque estaba más cerca.
Alice entró enfundada en una bata amarillo pato y Rosalie en un kimono rojo. Sin maquillaje pero luciendo espectaculares y con 2 maletas con rueditas cada una. Las miré perpleja.
-¿Qué es esto? ¿Se mudan a mi habitación?—casi grité.
-Por una noche, tendremos una pijamada ¿No es eso genial?—Alice se puso a dar brinquitos, con una energía igual a la que tendría si se acabara de levantar después de dormir una semana completa—Hace mucho que no tengo una con alguien que no sea solo Rose, será estupendo.
-Wow, se ve que será en proporciones grandes—opinó mi hermano-¿Puedo quedarme? Llamar a los chicos tal vez…
-Emmett, ¿Qué parte de "Noche de chicas súper amigas" no entendiste?
-Pues les falta una chica, Tanya.
-Haré como que no oí eso, ¿De acuerdo?—dijo Alice frunciendo el seño y haciendo a Emmett sonreír ampliamente—Con nosotras basta.
-Vamos-Alice ya lo empujaba a la salida con su gran fuerza-¿Rosalie?
-Lo lamento amor, Alice ha hablado, te veré en el desayuno—movió la mano para despedirse.
-No, pero, yo, esto, no…-y la puerta fue cerrada en su cara. Alice se recargó en ella y nos vio muy cómplice antes de decir:
-Bien señoritas, ¿listas para algo que no olvidarán jamás?
.
¡Hola nenas! ¿Me extrañaron? Porque yo si las extrañé muchísimo :D
Bueno, el cap es súper largo y espero que les guste, me costo mucho sacarlo por eso de la presión del cole. Tengo muchos trabajos y tareas y ando como loca. Escribo a ratos y hoy que empiezan mis exámenes de primer parcial, me di un tiempecito para escribirles.
Tengo menos tiempo del que quisiera, de verdad, espero poder subir pronto para agradecerles por todos los reviews y eso, pero sepan que los leo y lo agradezco.
¡Las amo!
