Capitulo 10. La confianza de Morgana.
El príncipe se encontraba en una silla apoyado sobre sus piernas, a punto de quedarse dormido, cuando sintió que Merlín comenzaba a moverse. Esto lo hizo despertarse y ponerse en alerta inmediatamente, Arturo tomo delicadamente la mano de Merlín, acariciando su rostro con delicadeza.
Un ligero gemido salió de la boca de Merlín, mientras sus pestañas se movían intentando abrirse, estas contrastaban con sus pálidas mejillas. Se removió un poco antes de que sus ojos se abrieran completamente y mirar a su alrededor y reconocer el sitio. Se dio cuenta que estaba en la casa de su madre, entonces se relajó un poco antes de girar su rostro al otro lado.
—Creo que no esperabas verme— dijo en voz baja Arturo, se notaba el nerviosismo en su voz.
El hechicero de cabello oscuro hizo un ruido parecido a una risa antes de apretar su mano en la del príncipe.
—Me alegro que estés aquí — le respondió Merlín.
Arturo sonrió y se inclinó sobre el otro chico para hacer que su frente quedara ligeramente apoyada sobre la de Merlín dejando que sus respiraciones se mezclasen.
—Tenía miedo de haberte perdido— confesó Arturo, su voz tembló enviando este sentimiento a través de sus labios.
Sin estar seguro de que responder, Merlín se conformó con levantarse un poco y darle un beso suave.
—¡Que bueno que estás despierto!— dijo Hunith mientras se hacia presente frente a ellos con un tazón de sopa caliente en sus manos. —Come esto Merlín. Necesitas reponer tu fuerza para levantarte.
Merlín se sentó en la cama, de mala gana soltó la mano del chico rubio, antes de tomar la sopa con gratitud de su madre y poco a poco comenzó a comerla.
Después de sonreírle a su hijo, Hunith los dejó solos una vez más, al poco rato regresó con otro tazón de sopa para Arturo. Amablemente le dio las gracias antes de remover la comida para verla con asco. Merlín miró el gesto del príncipe y le sonrió divertido ya que el mismo estaba obligado a comer ese desayuno grumoso. Para darle crédito, el susodicho logró exitosamente comer todo el alimento, incluso un par de veces estuvo a punto de ahogarse por el sabor.
Cuando la madre de Merlín regresó a recoger los platos estaban vacios, le ofreció más a Arturo el cual se apresuró a rechazar. Poco después Morgana fue a ver como estaba Merlín.
—Tenemos que regresar hoy a Camelot— le dijo Morgana. —Devlin opina que debemos marcharnos después del almuerzo. ¿Hay alguna posibilidad de que regreses con nosotros?
Se sintió incomodo con la súbita pregunta, Merlín miró al príncipe y después a la dama. Morgana observó preocupada a Arturo, él le pidió que les diera un tiempo a solas. Aceptó la petición del rubio para después regresar a sentarse con Devlin y Hunith.
—No quiero hacer nada, que tú no quieras— le dijo Arturo— Pero me agradaría mucho si consideras regresar con nosotros.
—No lo se— respondió Merlín sin mirarlo. —Creo que serías mejor si me quedo aquí.
—¿Es tu última decisión?— preguntó con tristeza.
Arturo tomó el rostro de Merlín entre sus manos, el mago negó con su cabeza y suspiró.
—Así es— dijo finalmente el brujo. —Quiero quedarme aquí con mi madre.
—Entonces no te detendré— aceptó Arturo.
Merlín asintió con la cabeza, en señal de complacencia, finalmente levantó su mirada para fijarla en la del príncipe de esa tierra.
—Te amo realmente, lo sabes— dijo Arturo, mientras acariciaba con su pulgar la cicatriz que todavía era visible en la cabeza de Merlín producto del choque contra el piso, cuando lo empujó.
—Lo se— respondió Merlín, cerrando los ojos, tratando de memorizar la sensación del toque del príncipe. — Prométeme que no me reemplazarás con un lamebotas.
—Te lo prometo— estuvo de acuerdo sonriendo un poco.
Los dos chicos ojiazules, se limitaron a mirarse uno al otro en silencio durante un buen rato. Había tantas cosas que decirse, pero ni el príncipe ni el brujo tuvieron valor para hablar.
—Arturo— le llamó Morgana, rompiendo el silencio. — Estamos listos para irnos.
—Así que, esto es el adiós— dijo Merlín.
—¿Significa que no vienes?— preguntó sorprendida Morgana. Merlín negó con su cabeza. —¿Pero por que no? Deberías…
—Morgana— la interrumpió Arturo. —Déjalo.
Haciendo un gran esfuerzo, Lady Morgana se calló todas sus protestas y se mordió la lengua. Se acercó a la cama y le dio un fuerte abrazo al chico de cabello oscuro antes de darle un beso en la mejilla.
—Trata de no meterte en problemas— le dijo a modo de despedida.
—Trata de dormir bien— le regresó Merlín y ambos se sonrieron, después Morgana se despidió de Hunith.
—No se que decirte— le confesó Arturo cuando se encontraron de nuevo a solas.
—No digas nada— le dijo Merlín— solo vete.
El rubio asintió y se puso de pie. Bajo la mirada hasta sus sirviente, quería tanto abrazarlo como Morgana lo había hecho, darle un beso apasionado como lo hizo en la cama de sus aposentos en Camelot, para luego caer de rodillas y suplicarle que regresara con el. Sin embargo Merlín no lo miró ni un instante, así que decidió hacer lo que su sirviente le pidió, simplemente se fue sin decir ni una palabra.
Subió al carruaje y se colocó al lado de Morgana; Devlin arrió a los caballos para que comenzaran a moverse y regresar a Camelot. Arturo miraba por la ventana y observó como la pequeña villa de Ealdor se volvía diminuta y más diminuta hasta desaparecer completamente de su visión.
—Lo siento— le dijo Morgana suavemente, colocando su cabeza en su hombro.
—No importa— le respondió, mientras limpiaba discretamente sus lagrimas.
Morgana fijo su mirada en él y fingió no verlas. Sus dedos se entrelazaron y luego se abrazaron, así permanecieron durante un rato, cómodamente uno contra el otro.
—¿Qué pasara ahora?— le preguntó Arturo, mientras miraba el avanzar del camino.
—Esperaremos— respondió, causando que le mirara confundido.
—¿Qué esperemos, que?— preguntó
—El regreso de Merlín— le dijo Morgana.
—No se si él lo hará— susurró Arturo.
—¡Oh, él lo hará!— le dijo confidencialmente Morgana. —Solo dale tiempo, y cuando este listo, el regresará a ti.
—No puedes saber eso— se burló Arturo.
—¿No puedo?— le cuestionó ella con una sonrisa sabionda.
—¿Qué? ¿Tuviste un sueño?— le preguntó, sintiendo que la esperanza inundaba su interior.
—Arturo no hace falta ser vidente, para saber que el regresará— le dijo Morgana. —El te ama tanto que se quedará contigo para siempre. Merlín puede huir del amor por ahora, pero con el tiempo va a regresar corriendo.
—Eso espero— suspiró Arturo.
Pasaron el resto del viaje de regreso en silencio, Arturo cansado por haber estado velando toda la noche a Merlín, acabó con su cabeza en el regazo de Morgana, roncando ligeramente, mientras ella acariciaba su cabello distraídamente. Cuando arribaron en Camelot, Morgana pellizco la nuca de Arturo para despertarlo. Este se sobó adolorido y la miró ligeramente molesto antes de salir del carruaje. Morgana salió detrás de él y camino a su lado, una vez que le abrieron las puertas ascendieron por las escaleras del castillo, dejando a Devlin que se encargara de los caballos y coche.
Cuando estaban ya dentro del castillo, Gwen se acercó a su encuentro.
—¿Dónde está Merlín?— preguntó observando a su alrededor esperando verlo aparecer pronto.
—Decidió quedarse en Ealdor— le respondió Arturo bruscamente antes de seguir caminando rumbo a sus aposentos.
—¿Qué ocurrió?— preguntó Gwen a su señora.
Caminaron rumbo a los aposentos de Morgana y ahí le explicó todo lo sucedido.
—¿Qué razón dio Gaius para nuestra ausencia?— preguntó Morgana una vez que ella se había cambiado su vestido por otro limpio.
—Le dijo a Uther que fuiste a visitar la tumba de tu padre y que Arturo te acompañó— respondió Gwen. —Gaius también le dijo que probablemente pasarían la noche en una posada.
Morgana aceptó, aparentemente estaba impresionada por la esa mentira tan creíble del médico. Se sentó frente al espejo de su tocador y frunció el ceño cuando vio su cabello tan enredado. Gwen inmediatamente se colocó detrás de ella con cepillo y peine para dedicarse por un rato a desenredar esos bucles salvajes.
—¿Crees que Merlín regresará?— le preguntó Gwen aun molesta por la decisión de su amigo de irse.
—Se que lo hará— le contestó con una sonrisa. —Sólo lo se.
Después de cambiarse rápidamente de ropa, Arturo recorrió los pasillos del castillo antes de escoger al azar a un muchacho para que fungiera como su nuevo sirviente. El tímido chico, era delgado y nervudo, con cabello pelirrojo. Que saltaba cada vez que el daba una orden.
El nuevo criado de Arturo, Wallace había arreglado su cuarto rápidamente, le había enseñado como ponerle la armadura. A continuación le pidió que tuviera su caballo listo cuando antes ya que iba a salir de caza con algunos de los caballeros.
Arturo fue implacable durante la caza, no tuvo piedad de ninguna criatura no le importó si era grande o pequeña. El paseaba por los árboles con su arma en la mano y todos los animales que tuvieron el desatino de pasar frente a él, fueron muertos. Con una gran cantidad de víctimas animales, Arturo y los caballeros regresaron a Camelot.
Mientras tanto en Ealdor, Merlín estaba descansando en su cama, mientras su madre se encontraba trabajando en el campo. Lo único en que podía pensar era en el de cabello rubio, el príncipe imbécil de ojos azules.
Cuando Hunith regresó encontró a su hijo en posición fetal, abrazando sus rodillas a la altura de su pecho y meciéndose de atrás para adelante, mientras las lagrimas rodaban por sus mejillas.
En ese mismo instante se colocó a su lado y lo abrazó, acarició su espalda mientras le daba un beso en la cabeza.
—¿Por qué duele tanto?— le preguntó entre sollozos. — ¿Por qué duele amar a un príncipe?
Al no tener una respuesta a la pregunta de su hijo, Hunith solo pudo seguir abrazándolo mientras le susurraba cosas dulces sin sentido al oído.
Merlín se aferró a su madre desesperadamente, deseando con toda parte de su cuerpo que los brazos alrededor suyo pudieran ser los de Arturo.
Fin.
