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Stalin celebra con artillería
"La propaganda durante la guerra era un medio para un determinado fin, y ese fin era la lucha por la existencia del pueblo alemán"
La clase campesina fue, durante los primeros años del movimiento Nacionalsocialista, un adherente fanático y comprometido con el futuro del país. De los campos se extrae el alimento del pueblo alemán, de ahí que en el primer programa de gobierno que realizamos estuviera fuertemente anclado en fortalecer el campo. Hay dos grandes referentes que pueden ejemplificar el espíritu del pueblo germano: el soldado y el trabajador. El primero protege a la madre patria, mientras que el segundo le asegura un futuro sustentable. Ambos se ensucian las manos por un bien superior, uno con sangre y el otro con tierra, siendo estos elementos representativos de la autoconservación de la identidad nacional. Por eso nunca he hecho diferencia entre un General del ejército y el más humilde cabeza de familia que cosecha patatas. De ahí que logré congeniar perfectamente con Applejack, quien notaba mi sincero interés en sus asuntos propios de una vida humilde y llena de esfuerzo.
—Y bueno, la gotera se agrando he hizo colapsar parte del techo —me relataba el caballito de sombrero café—. Tuve que arreglar el granero a la mañana siguiente.
—Los pegasos exageraron con la tormenta —comentó Apple Bloom—. Escuché que la casa del viejo Winged Surprise fue a parar a Cloudsdale.
—¿Los pegasos hicieron eso? —pregunté extrañado.
—Oh, lo siento, tu no lo debes saber, pero los pegasos controlan el clima —me aclaró Fluttershy.
La idea me parecía irreal, incluso para los estándares que me había hecho respecto a este mundo. Pero si dos yeguas podían mover el sol y la luna a voluntad, entonces ¿De verdad era tan irrisorio que los pegasos pudieran manipular antojadizamente el clima? Pensándolo así, la respuesta aparecía como evidente en mi cabeza: Aquí no resulta un supuesto digno de un loco.
—¿Intentaron hacer un golpe de Estado?
—Oh, no, claro que no —se apresuró a decir Fluttershy—. Solo son un poco descuidados a veces.
No me era difícil imaginar lo que implicaría una rebelión de esos equinos alados, puesto que con su control del cielo pueden matar de hambre a todo un país, ya que la patata necesita la justa medida de sol y humedad para ser el tubérculo que todos amamos. Llegando al pueblo mis ojos divisaron a Spike el ayudante en la lejanía, obviamente no tardó en aproximarse a mi vereda con una cara donde convergían tanto la preocupación como el alivio.
—¡Mein Führer! —exclamó con júbilo la pequeña lagartija, para acto seguido abrazar mis pantorrillas—. No sabía si lo volvería a ver, creí que se había vuelto comida para aves.
—Ni los soviéticos ni los anglosajones han podido aniquilarme, un ave no me impedirá cumplir con la misión sagrada que la divina providencia me ha encomendado, para con el pueblo alemán.
—Ya estaba preparando todo para ir a rescatarlo —me informó, señalando con su garrita a un par potros que compartían más o menos el tamaño de Apple Bloom. Uno se veía regordete y tenía el pelaje gris, mientras que el otro gozaba de una contextura delgada como un galgo, solo que su pelaje era ámbar—. Lo siento Snips y Snails, pero ya no necesito de su ayuda.
—Bueno, de todos modos, tenemos mejores cosas que hacer —dijo el caballito regordete, su voz era chillona y desagradable.
—¿Es en serio? —preguntó el caballito delgado en un tono nasal.
—¡Por supuesto que tenemos! —aseveró molesto el regordete empujando a su compañero más alto—. Vámonos de aquí Snails, Spike se puede divertir con su mono, pero nunca sabrá donde está oculto el tesoro.
—¿Tenemos oculto un tesoro Snips? ¿Por qué no me lo habías dicho?
—¡Cierra la boca y vámonos!
Si hay virtud en el espíritu del pueblo poni, si hay grandeza en el acto de autodenominarse un equino, esos dos transmiten completamente lo opuesto. Sin embargo, no puedo culparlos del todo, ya que Equestria no ha tenido la dicha de vivir el Nacionalsocialismo y su misión de mejorar las mentes y los cuerpos, con el fin de crear una raza superior. Fluttershy nos tuvo que dejar en virtud de su rol como cuidadora de animales, mientras que Applejack y Apple Bloom nos acompañaron hasta las puertas del castillo de la amistad, para despedirse con gratitud de mi persona. Este apacible lugar, y estas amables criaturas, me hacen pensar que mi situación no es tan mala y que podré, de algún modo u otro, subsanarla de manera tranquila para regresar a Alemania. Spike me abrió la puerta cortésmente, invitándome a entrar para acto seguido caminar a mi lado. A través de los cristales de las ventanas podía apreciar como el manto nocturno comenzaba a tomar protagonismo en el cielo, oscureciendo el pueblo afuera.
—Spike, ¿Por qué no se encienden los faroles? —pregunté, deteniéndome por unos segundos frente a una ventana del pasillo.
—Se encienden, pero la mayoría están en el centro de Ponyville, que es el lugar más transitado.
—Ya veo, supongo que no hay muchos recursos para iluminar todo el pueblo —comenté con pena, ya que el abrigo de la oscuridad es ideal para los malhechores que obran en detrimento de los más humildes.
—Claro que sí, cuando hay una celebración todo Ponyville esta resplandeciente.
Arqueé una ceja con suspicacia, ¿Anochece todo el año y solo un par de días de júbilo está todo el pueblo iluminado? Eso me resultaba inaceptable, pero no quería ahondar en el tema, ya que asuntos más importantes nos invocan en la biblioteca, donde Twilight Sparkle y Starlight Glimmer respondieron a la necesidad de devolverme al Reich Germánico. Al entrar a ese almacén del conocimiento, nos encontramos con montañas de libros que tocaban el techo, mientras que otros reposaban abiertos sobre la mesa o conjuntos de libros que simulaban ser una. Tal devoción por la lectura dejaba en humillación a la buena rata de Himmler, quien seguramente se habrá llevado algún libro cuando decidió cobardemente hablar con los aliados. Ambas unicornios clavaron sus ojos en nosotros, a lo que Spike sonrió con incomodidad.
—Miren, aquí está Hitler —declaró mi estimada lagartija morada, apuntándome con una de sus garras—. Está sano y salvo, sin ningún rasguño.
—Gracias a Celestia —vociferó la princesa de la amistad—. Temíamos que hubiera convertido en comida para aves.
Yo miré a Spike buscando una explicación, a lo que este se encogió de hombros.
—Cuando agoté todas mis opciones para encontrarle mein Führer, vine aquí para saber qué hacer. Por suerte después lo vi entrando a Ponyville y todo salió bien.
—Entiendo, en ese caso me horro el detallar la mitad de los acontecimientos que acaecieron hoy. —Miré a mi ilustre anfitriona con expectación—. Espero que haya encontrado algo que sea de utilidad para el tema que me retiene aquí.
Normalmente no usaría un tono seco y autoritario con personalidades que ostentan un rango igual al mío, pero cuando se trata de una misión, la parte que la desempeña necesita saber que se está esperando resultados prometedores de ella. De lo contrario, pasa lo que pasa, y terminas perdiendo a Stalingrado a manos de los sucios comunistas.
—Señor Hitler, hemos buscado en las ediciones más antiguas de mi biblioteca, pero no hemos hallado nada que nos dé un indicio de su mundo, o como regresarlo ahí. Sin embargo, todavía hay esperanza, ya que existe un lugar que quizá tenga la respuesta que buscamos.
—¿En serio? —preguntó escéptica Starlight Glimmer.
—Por supuesto —reafirmó Twilight—, la biblioteca real de Canterlot tiene a su disposición libros tan antiguos como Celestia misma. Ahí, de seguro encontraremos algo para regresarlo al Tercer Reich.
—No es lo que esperaba, pero me congratula que no se dé por vencida, princesa de la amistad. Su nombre quedará grabado en los anaqueles de Alemania, como aquella que dio su último aliento por regresar al caudillo a su pueblo. Será un momento de gloria, que compartirá con toda su descendencia.
—Yo también estaré ahí Twilight —comentó Spike.
—¿Yo también puedo estar ahí? —preguntó Starlight Glimmer.
—Todos quienes sirvan a los intereses del Nacionalsocialismo serán héroes en mi tierra, como el valiente Otto Skorzeny. ¿Cuándo partiremos a Canterlot?
—Si le parece bien, mañana mismo podríamos tomar el tren de la tarde.
—Me parece perfecto, pero advierto que me despierto temprano como buen soldado que todavía soy. Necesitaré un desayuno contundente y lleno de vitaminas para empezar mi día.
—¡Yo me encargaré de eso, mein Führer! —se ofreció Spike enérgicamente.
—Es grato que todo se desenvuelva con tanta eficiencia y predisposición, esa actitud hace ganar batallas. Me retiraré a mis aposentos ahora, para descansar y estar listo para mañana. Por favor, no interrumpan mi sueño hasta que salga de nuevo el sol. Les deseo una noche tranquila y un descanso reparador.
Me di media vuelta y me retiré de la biblioteca, recordaba con precisión el camino hacia mi alcoba, por lo que no fue menester la escolta de mi servicial lagartija purpura para llegar a buen puerto. Me percaté de que no disponía de un pijama con la gloriosa esvástica bordada, por lo que me vi en la necesidad de recostarme con parte de mi uniforme puesto. El colchón era cómodo y la almohada suave, tenía suficiente espacio para mover mis extremidades libremente, cosa que me relajó y me ayudó lentamente a dejarme seducir por el mundo onírico. Descansar en el bunker resultaba una tarea titánica, aun en los niveles inferiores debajo de los niveles no tan inferiores, se lograba escuchar ese retumbar que no dejaba quieta el agua en los vasos. Aun disponiendo de mayores fuerzas terrestres, el inclemente enemigo decidió dar rienda suelta a sus bombas sobre Berlín; un acto cobarde y mezquino que se recordará para siempre. A pesar de estar sumergido en pensamientos tan crudos y profundos, las necesidades biológicas saben tomar protagonismo frente a todo, razón por la que tuve que prender la lampara junto a mi cama y ponerme mis botas.
Caminé hacia el baño lentamente, abrí la puerta y bostecé. Estiré mi mano en la oscuridad y al encontrar el interruptor de la luz la habitación se iluminó. Me miré unos segundos en el espejo del lavamanos, el cual quizá se llame de otra manera aquí, ya que todavía no encuentro a un ser con manos propiamente como tal. Me veía sano y lo suficientemente fuerte para no dejarme derrotar por la adversidad, si en el pasado había luchado contra el judaísmo y salido victorioso, no podía dejar que este reto me hiciera bajar los brazos. De repente la cortina de baño se abrió poniéndome en alerta, había dejado mi arma en el abrigo de mi uniforme, por lo que estaba indefenso ante la inesperada amenaza.
—¡Sorpresa! —exclamó Pinkie Pie con una docena de ponis más, ocultos en la ducha. Globos y serpentinas volaron por los aires. Resultaba una táctica poco ortodoxa e impredecible para desorientarme, pero mi voluntad era infranqueable ante ese tipo de métodos. Rápidamente hui del baño para dirigirme a mi abrigo, pero debajo de la cama surgieron más ponis con globos y serpentinas.
—¡Sorpresa! —volvieron a gritar, a lo que retrocedí instintivamente, tropezando por accidente y estrellando de manera inminente mi cara con un pastel en el suelo.
—¡Bienvenido Hitler, bienvenido, bienvenido Hitler, bienvenido Führer del Tercer Reich Germánico y comandante supremo de las fuerzas alemanas contra el judaísmo internacional! ¡Bienvenido!
La frialdad del pastel ayudó un poco a calmarme y ver que en realidad no estaba bajo ataque, aunque no sabría decir si lo hubiera preferido a la humillación de embarrar mi cara con glaseado. Pinkie Pie traía consigo una bandeja de cupcakes con mi cara en ellos, tenía que admitir que supo retratarme muy bien con dulce de leche. Ciertamente fui un niño muy goloso, y eso me ha acompañado y me seguirá acompañando hasta el día de mi muerte; aunque solo la señorita Elisabeth Kalhammer sabía cómo me gustaba el «Führer Cake».
—¿Qué significa esto? —pregunté indignado, a lo que Pinkie Pie sonrío.
—Pues, es una sorpresa —respondió con obviedad—. Apuesto que estuviste pensando todo el día cuando será tu fiesta sorpresa de bienvenida, ¿No esperabas que fuera ahora, cierto? Esa es la magia de la incertidumbre, sabes que vendrá algo, pero no sabes cuándo, y estas todo el día tratando de adivinar, pero no puedes y entonces… ¡Sorpresa! Aquí estoy yo.
—Pinkie pie, caballo idiota, una falta de respeto como esta ameritaría el pelotón de fusilamiento.
—Solo entendí lo de "idiota" —dijo ella, empujándome hacia la salida de la habitación—, pero te perdono porque todos los gruñones gruñosos son un poco groseros en un principio, hasta que aprenden a divertirse.
Detrás de nosotros nos seguían los otros ponis que irrumpieron, yo intentaba resistirme, pero el caballito rosado era más fuerte de lo que aparentaba. Al final, me llevó al salón del mapa, ahí me esperaba una turba más numerosa de ponis junto a los que ya conocía. Un enorme lienzo profesaba «Bienvenido Adolf Hitler» y todos se alegraban de ver al invitado de honor, tanto así que no escatimaron en más globos y serpentinas, pero esta vez acompañados de una banda musical que parecía sacada de una película de Walt Disney; cosa que en parte me alegró ya que el ratón Mickey Mouse es genial. Twilight Sparkle se acercó y me entregó un vaso de jugo de naranja, al tiempo que intentaba limpiar el glaseado de mi cara con un pañuelo que levitaba.
—De verdad lo siento señor Hitler, Pinkie puede ser un poco exagerada a veces, pero sus intenciones son buenas.
—Así es —convino Fluttershy, que también había asistido a mi fiesta—. Esto es para demostrarle que estamos muy felices de que este aquí con nosotras.
—¡Mein Führer! —exclamó una voz familiar desde la multitud, se trataba de Apple Bloom quien se me acercó galopando junto a otras dos pequeñas yeguas. Una de ellas tenía el pelaje naranja y alas, mientras que la otra podía presumir de un impecable pelaje blanco y un cuerno—. Me alegra verlo otra vez, ellas son mis amigas Scootaloo y Sweetie Belle, tenía que presentárselas.
Era de esperar que la joven granjera tuviera amistades tan infantiles como ella, la dulzura que trasmitían terminó por casi mitigar el enfado que previamente me invadía. Me saludaron muy educadamente, aunque podía detectar un aire de desconfianza, el cual resultaba muy prudente de su parte, a pesar de que nunca le haría daño a ningún hermoso animal; a menos que intente matarme. Sin embargo, de la nada, se materializo frente a mis ojos una criatura que difícilmente podría clasificar como hermosa, de hecho, el acto de describirla no era fácil debido a su excepcionalidad morbosa y extraña que parecía estar hecho de varios animales.
—¡Discord! —identificó con gusto Fluttershy acercándose a esa… cosa.
—Siento si llegué tarde, pero tuve un problema con un castor volador obsesionado con las piñas ¿De qué me perdí?
—Solo han sido unos minutos, llegas a tiempo para celebrar con el invitado de Twilight —respondió la amable pegaso amarilla señalándome con su casco derecho.
Aquella "cosa" se me quedó mirando fijamente unos segundos, se acarició la barba de su cabeza de caballo y provocó un silencio que no pasó desapercibido.
—Oye —dijo Discord—. Yo te conozco… eres un nazi ¿Qué hace un nazi en este lugar?
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Gracias por todo su apoyo con sus reviews, y un especial agradecimiento a Sir Clemens, cuya labor revisadora me es indispensable para entregarles una actualización mucho mejor. Estoy en periodo universitario y trabajando, por ende no podré actualizar tan seguido.
La frase del principio corresponde a: Mein Kampf. Volumen I. Capítulo VI: Propaganda de Guerra. Página 155.
Siéntanse libres de corregir cualquier falta ortográfica, gramatical, coherencia o cohesión. Siempre será bien recibido de mi parte, además se los agradecería.
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