Qinto movement:

Infiltration

Al día siguiente, no quiso levantarse sus ojos se lo impedían, no había podido pegar los ojos las pocas horas que le quedaban, meditó sobre lo ocurrido parecía un cuento del género ficción algo imposible en esencia – ¡¿hasta cuándo vas a estar en la cama? – Grito su mamá al entrar bruscamente a su habitación – ¡levántate! ya es tarde – amenazó con un palo de escoba y leila dio un brinco fuera de la cama por la amenaza.

- ¡aw! – bostezó de camino a la universidad todo parecía tan normal tan pacífico – nadie sabrá lo que pasó ayer, nunca lo harán esto solo queda para mí – suspiro

– ¡oye! – una voz la extrajo abruptamente de sus pensamientos

– q-que susto me diste – volteó con una mano en el pecho

– ¿no has vuelto a dormir? – preguntar al percatarse de los ojos rojos de su amiga

– no, no pude – contestó cansada

– ¿sigues mal? – preguntó Lena preocupada

– ¿mal? – se extrañó

– tus dolores – la respuesta la hizo aterrizar, había olvidado totalmente la situación que vivía actualmente en la universidad, la tensión entre Derek y Rael

– voy al baño, ya vuelvo, en un momento voy al salón – volteó y se topó con alguien

– disculpa – articuló una voz masculina

– perdón – levantó la mirada y abrió enorme los ojos – ¡mierda!

– ¿donde ibas tan rápido?, ¿al salón? – Rael la examinó

– s-si – no supo que más contestar al sentirse un poco intimidada

– ¡oye, se dice hola aunque sea! – gritó Lena con ambos manos en la boca para aumentar la intensidad del sonido cuando vio a Derek que pasaba ignorando la presencia de ellos – rayos, que maleducado, no sé qué le pasa – colocó las manos en la cintura al verlo irse

Esta actitud de él, hizo sentir culpable a Leila – discúlpenme – dejó a Lena y a Rael, se dirigió rápido al baño – ¿qué me sucede? – se cuestionó frente al espejo, algo aplastaba su pecho, ojos y rostro ambos ardían, sentía que ¿lloraría? No se explicaba el motivo – ¿por qué? ¿Porque me siento tan mal?, que idiota – lavó su rostro – si él quiere dejarme de hablar no me importa, no me importa su indiferencia – reprochó mientras observaba su reflejo – odio a los hombres, nadie sirve, nadie, no siento nada, no lo haré – se convenció.

Al entrar al salón, tomó asiento y abrió su cuaderno para dibujar cualquier cosa que se le venga en mente y así poder escapar de la realidad – buenos días profesor – escuchó que algunas alumnas saludaban al docente

– Buenos días – respondió y saludó al resto

– buenos días – algunos respondían y otros eran indiferentes – guarden silencio – entró un joven bien alto, de buen porte, de cabello no tan largo y negro como la noche, poseía unos fascinantes ojos azules, tenía la oreja perforada y las muñecas llenas de variadas pulseras y muñequeras, tenía aspecto rebelde y un aura cautivante, no tardó en ser el centro de atención de todo el salón – este, tenías que esperar a que te llame Kai – habló en voz baja el profesor pero fue ignorado por el pelinegro

- qué bueno que esta – las alumnas se quedaron atónitas por el atractivo del joven -awn que guapo es – eran comentarios repetidos que daban las féminas del salón, Leila hizo caer su lápiz por el estado anonadado en el que se encontraba, el ojiazul la miró altanero como al resto de los presentes.

¿Qué hace aquí? – Se sorprendió - ¿A esto se refería con sorpresa? – lo miró molesto mientras apretaba fuerte los puños

– a ver ¿dónde te sentaras? – el docente miraba los asientos disponibles

– aquí, aquí profesor – gritaba un grupo de chicas señalando un asiento

– no profesor aquí, aquí hay sitio – ofrecían otras

– este, parece que ya te has vuelto muy popular – comentó el profesor mientras se secaba el rostro con un pañuelo pero poco eran escuchados sus comentarios, el pelinegro se dirigió donde se encontraba Lena, causo el sonrojo de esta.

– yo le daré mi asiento – Lena retiró sus pertenencias, el pelinegro sonrió hipócrita ante la acción

– ¡¿qué? – ¡¿por qué esa zorra? – Reprocharon sorprendidas

– ¿por qué? – Nina y leila no podían creer lo que había hecho su amiga, el pelinegro dirigió una sonrisa triunfante a Rael

– ahora comenzaremos la clases el tema de hoy será blablablabla – el adulto comenzó a escribir en la pizarra

No podía creer que el autor de sus pesadillas estuviese presente, lo peor de todo a su costado, trató de preguntarle mediante mímicas el porqué de su presencia, más él la ignoró por completo – maldición acaso ¿me equivoco de persona? Mejor dicho de demonio, es él, no estoy loca – se convenció, sabía que no podía equivocarse – estoy segura que es él, a menos que tenga un hermano gemelo – lo examinó

– ¿puedes dejar de mirarme? Es molesto – afirmó soberbiamente sin mirarla

Leila volteó el rostro rápidamente y comenzó a escribir – que vergüenza, actúa como si no me conociera, que idiota – no sabía ni lo que escribía en su cuaderno

Pasadas un par de horas sonó el timbre de receso, los alumnos comenzaron salir y las alumnas se pegaron como moscas al nuevo alumno – ¿de qué dónde vienes? ¿Dónde estás viviendo ahora? ¿Porque te trasladaste aquí? ¿Cuánto mides? ¿Cuántos años tienes? ¿Practicas algún deporte? ¿Qué te gusta? ¿Por qué usas guantes? Se ven sexy en ti ¿a dónde vas para divertirte? ¿Qué locales usualmente concurres? ¿Cuántas novias has tenido? ¿Tienes novia actualmente? ¿Eres virgen? ¿Eres tonta? ¿Cómo va a serlo? – sofocaban al joven con preguntas que ni venían al caso, no respondió las superficiales preguntas de las humanas con las hormonas alborotadas, sonrió.

– ¿tanto me desean? – preguntó el pelinegro causando el enrojecimiento de las presentes

– e-eres muy guapo – respondían algunas sonrojadas

– deberías ser modelo – sugirieron otras

– ustedes me pueden entretener, no tienen tan mal cuerpo muchas de ustedes, porque no hacemos – proponía con voz seductora pero fue interrumpido por un escandaloso toser provocando que las féminas voltearan a ver

me suponía que era él – interrumpió Leila tosiendo como un anciano – es un imbécil

– ¿qué le pasa? – se preguntaron

- ¿está queriendo llamar la atención de Kai? – comentaron incrédulas

- Pobre ilusa

– Me da pena la pobre infeliz – miraban despreciativa a la joven

– Kai, no le hagas caso ¿que nos estabas diciendo? – obviaron a la muchacha, él por su parte esbozó una sonrisa y se levantó del asiento

– Kai, ¿a dónde vas? – preguntaron caminando detrás de él

– no me sigan que me sofocan – respondió soberbio, empezaron a echarse la culpa unas a otras por el enojo del joven.

Hace un momento:

– ¿porque le diste tu asiento? – preguntó Nina a Lena

– No lo entiendo – respondió confusa – ni por ser un chico tan guapo como él – suspiró - le hubiera dado mi asiento fue algo que hice inconscientemente

es un tramposo, seguro que hiso algo – leila dirigió la miraba al tumulto de descerebradas según ella quienes rodeaban al nuevo intruso – …'no tienen tan mal cuerpo muchas de ustedes, porque no hacemos'– escuchó la grave voz - ¡¿Qué hace? – Se alarmó y comenzó a toser fuertemente tratando de evitar que continúe y se lleve el alma de casi más de la mitad del salón – es un pervertido, es un maldito enfermo – insultó en pensamientos

– ¿te encuentras bien? – preguntó Rael, quien repentinamente apareció a su lado

– s-si estoy bien – contestó nerviosa – me atore con un chicle – trató de lucir lo más creíble posible

– ¿chicle? Pero si tu no los mascas, es más no te gustan – argumentó

– e-es que – no supo responder a ello – ¿cómo sabe eso si nunca se lo dije? – se sorprendió - quise probarlos pero ya no volveré a hacerlo, me atore por hacerlo – trató de dar una creíble excusa

– ya veo - sonrió – me alegro que podamos conversar como normalmente hacíamos

es verdad, lo había olvidado por completo - pensó

– es verdad, leila hace unos días que queremos interrogarte – sentenció Lena mientras Nina la observó – tienes que decirnos todo

- ¿ah? – no sabía a qué se referían

Rael observó al pelinegro alejándose del tumulto de chicas – entonces Leila, hoy también nos vamos juntos en la salida ¿no? – anunció en voz alta al percatarse de la aproximación de Kai

– c-claro – respondió desconcertada sin entender por qué había preguntado ello

Rael levantó su brazo para rodear a Leila pero antes de intentar algo fue detenido por la mano del pelinegro quien ya se encontraba detrás de ella – ¿Qué haces? – el pelinegro recriminó la acción, Lena, Nina y Leila se desconcertaron

– Sígueme – ordenó a la joven soltando el brazo de Rael

Era tan humillante tener que obedecer ello, el temor que infundía aquel demonio gobernaba sus acciones – solo lo hago para pagar mi deuda pero es tan humillante

esto es un obstáculo - Rael miró afiladamente al demonio quien se interponía en su labor

– leila – pronunciaron sus amigas

– ya vuelvo – afirmó mientras se alejaba de ellas

– acaso ¿lo conocía? – se preguntaron

– ¡esa! ¡¿Porque va con él? , ¡Esa zorra fea! – ofensivas e irritadas comentaron al percatarse de la acompañante del demonio

– Su enfado fue tan obvio – el demonio rió

– ¿conoces a Rael? – preguntó extrañada

– Recién lo conozco pero me cae mal – contestó cínicamente tranquilo

– Parecía que lo conocías bien – recriminó insatisfecha por la dudosa respuesta

– no me cuestiones solo has caso omiso de mis acciones y mis palabras – respondió molesto – si digo que el cielo es rojo, lo es – afirmó desdeñosamente

– está bien – se resignó - que arrogante es, no tengo otra opción que cumplir mi parte del trato, solo por darme otra oportunidad en la vida – alzó la mirada y sus ojos se encontraron con otros – Derek – pensó mientras éste pasó por su lado como si no la conociera

– ese humano, te gusta ¿no es cierto? – Preguntó en manera de burla –desgraciadamente es inútil, nunca estarás con él

– ¡cállate! – respondió molesta

– ¡¿qué has dicho? – arqueó una ceja

Se percató de lo que acababa de decir y se asustó – n-n-no quise decir eso – trató de reivindicarse

– Estúpida humana como se te ocurre hablarme así – se agarró los puños

– Disculpa, perdóname – se cubrió al pensar que la golpearía, pero sintió una pesada mano sobre su hombro la cual la jaló toscamente para sí

– que haces – articuló sorprendida al sentir el agarre, pero poco soportó la cercanía del cuerpo de éste, parecía un horno caliente, el calor que emanaba era insoportable sintió que se cocinaría en segundos, se zafó inmediatamente.

El demonio sonrió al ver a Rael caminar en dirección contraria a ellos después de presenciar aquella escena, lo hizo adrede solo para molestar al joven sin percatarse que lastimó a Leila – fue buena idea meterme a este lugar lleno de humanos – sonrió y sintió a la joven zafarse

– auch – gimió de dolor por su hombro - ¡¿por qué lo hiciste? – preguntó sorprendida

– solo jugaba acaso ¿los juguetes no son para usarlos? – contestó malicioso, Kirian se sorprendió al sentir la fría mano posarse sobre su frente la cual quitó inmediatamente al mínimo contacto

– ah – Leila gimió - estas caliente ¿Por qué ardes tanto? – se extraño mientras observaba su mano ligeramente enrojecida por la quemadura

– ¿porque me preguntas eso? – arqueó una ceja - ¿No es obvio que sea bien ardiente para todas? – contestó burlonamente

– Me ahorraré los comentarios referente a lo que me acabas de decir – trató de obviar el comentario fuera de lugar – pero hablando enserio

– ¿no es obvio? Soy un demonio, esta temperatura no es nada comparada a la verdadera

– ¡¿que no es nada? – se sorprendió – ¿p-pero a cuantos grados estas ahora?

– eres muy pesada, estoy a solo 180 aproximadamente pero eso sólo en este mundo mis manos son las que concentran la mayor cantidad – respondió serio

– ¡¿a solo 180? – se sorprendió - Entonces es por eso que usas esos guantes negros – examinó los guantes de cuero

– ¿esa temperatura es normal en los humanos? – Preguntó también extrañado – tu mano estaba helada parecía la de un difunto

Leila sonrió – esa es mi temperatura normal, no eres el primero ni el ultimo en decírmelo – respondió

– claro que seré el último en decirlo, no tocarás a nadie – advirtió

- miércoles

– Basta de plática y regresemos a ese inmundo lugar – caminó en dirección al salón

– ok – dio una par de pasos, y el hombro comenzó a dolerle intensamente – auch, ¿Por qué? – se preguntó mientras lo sostenía

Al ingresar al salón Leila se convirtió en blanco de las murmuraciones venenosas de los presentes, las chicas despechadas comentaban y reían escandalosamente, la joven percibió que se pasaban papelitos – que inmadurez, no sé que le espera a este mundo con la escoria de gente que hay - trató de ignorar a los presentes pero al momento de pasar tropezó a causa de alguien, los demás comenzaron a reír

– ¡Idiotas! – gritó Lena al pararse, Nina quiso ayudar a su amiga pero ella se levantó inmediatamente

– Lo siento – se disculpó descaradamente entre risas el culpable,

eres el culpable es sus desgracias - Rael miró molesto al demonio, Derek apretó fuertemente los puños y se levantó decidido a ir por ella

Kirian pasó jalando con su pie una de las extremidades de la carpeta provocando que se volteara junto al usuario en ella – creo que tengo los pies muy grandes – comentó con mirada asesina mientras pasaba de largo con las manos a los bolsillos

– n-no hay problema – tartamudeó intimidado el estudiante en el suelo

– ¿qué sucede? ¿Por qué este alboroto? – preguntó un profesor al ingresar al salón, todos guardaron silencio

– ¿estás bien? – preguntó Nina

– Sí, no me dolió nada – respondió aún agarrándose el hombro que le dolía y no a causa de la caída leve que tuvo – esta vez esos desgraciados llegaron muy lejos – pensó amarga

Al termino de la clase, todos guardaban sus cosas para retirarse, y las molestas moscas hicieron aparición, pensó Leila, al ver como las féminas se le apegaban al demonio – si tan sólo supieran a quien están apegándose – pensó terminando de guardar sus cosas

– ¿nos vamos? – preguntaron sus amigas

– si vámonos – tomó su bolso

acaso ¿estás dejando a tu dueño? – escuchó en su mente

– ¿Qué sucede? – pregunto Lena al ver a Leila quedarse atrás

– e-e-es que – no sabía que excusa manifestar en ese momento

– vámonos – una grave voz retumbo en su oído, a su lado pasó la masculina figura

– Lei, lo conoces ¿no es cierto? – preguntó Lena mientras lo observaba

– ehm, e-el es…, ¡un primo!, si, es un primo lejano – respondió desesperada – si, él es mi primo – fingió una sonrisa

¿estás loca? – Pensó el demonio con una ceja levantada – ¿relacionarme con tu podrida raza?

– ¡¿es tu primo? – preguntaron ambas a la vez

– s-si aunque no lo parezca, es un primo muy lejano – trató de sonar lo más convincente posible

– Entonces preséntamelo

– ¿ah?

– Lei, ¿puedo llamarte prima desde ahora en adelante? – propuso Lena examinando al demonio quien caminaba soberbiamente delante de ellas

– p-pero es muy apresu – tartamudeó – Lena créeme no es para ti, no sabes lo que es, bueno tampoco me creerías si te lo contara

– Lei parece que estuviera molesto contigo – afirmó Nina en voz baja

ese no es el problema – pensó – ¿t-tú crees?

– Lei, tenemos que salir a una cita doble

¿qué es lo que trata de hacer? ¿Engatusar a todas? Solo es un pervertido – pensó mirando al demonio - ¿Qué le ven? Solo parece un humano con cara bonita solo eso es, no tiene nada de extraordinario, mmm, puede ser – sonrió incrédula de la respuesta que dio

¡¿Cuánto piensas hacerme esperar? – recriminó amargo telepáticamente

– vamos rápido hablaremos después – aceleró el paso

En la puerta de salida se encontraba Rael, reclinado en una pared con los brazos cruzados miró fijamente a Kirian – ¡mira! Allí está Rael – exclamó Lena – seguro te está esperando Leila

– c-cállate – trató de callarla

Cuando pasaron cerca de Rael – Leila tengo que hablar contigo un momento – afirmó aún en la misma posición

Leila no sabía qué hacer en ese momento no quería estar a solas con Rael pero tampoco quería hacerle el desaire por otro lado estaba el demonio quien la tenía amenazada – y-yo – trató de decir pero percibió la mirada asesina de su amo – n-no, no tengo tiempo ahora – respondió nerviosa – discúlpame

El demonio sonrió confiado y triunfante a su enemigo – no cantes victoria tan rápido – advirtió Rael sin mirarlo cuando el demonio paso cerca a él pero fue ignorado

– Leila ¿estás segura? – preguntó Lena

– mañana hablare con él, ahora estoy muy apurada

Salieron de la universidad, en el área de estacionamiento habían estudiantes quienes murmuraban acerca de un costoso carro negro – ¿de quién será ese Bugatti? – preguntaban asombrados los conocedores de autos

El demonio pasó entre la multitud y se acerco a éste, una persona común y corriente vestida elegantemente de negro y gafas oscuras le abrió la puerta, Kirian miró a la chica – ¡¿a-acaso piensa hacerme entrar allí? – pensó alarmada

– kai ¿ese es tu carro? – se sorprendieron

- c-chicas tengo que irme, voy a ir a otro sitio así que – tragó saliva – ¡nos vemos mañana! – entró al auto

– ¡Lei! – gritó Lena pero Leila ingresó rápido al auto

– está actuando raro – comentó Nina – no es normal

– sí, y lo peor de todo es que no nos cuenta nada – suspiro mientras veía al auto alejarse

– ¿su plan era hacer aparición en la universidad? ¿No que odiaba a los humanos? ¿puede lidiar con ello? – lo miró de reojo – ¿por qué no me dejaste ir con mis amigas?

– ¿Qué querías? ¿Qué me suba a ese mugroso transporte que suelen usar los humanos? ¿Qué tenga más contacto con ustedes? – contestó altanero – eso me enferma

– pues simplemente me hubieras dejado ir sola – reprochó en voz baja – entonces ¿Por qué entraste a la universidad si está infestado de "humanos"?

– ¡no seas insolente humana!, no dejaré a mi nuevo juguete por allí

– pues creo que solo te estás divirtiendo, pervertido – comentó sin mirarlo a los ojos

– no negaré que es divertido, hay muchas vírgenes en ese inmundo lugar – sonrió torcida y enfermamente

– te contradices, ¿no dices que odias el contacto con los humanos?

– puedo hacer excepciones - sonrió

- ¿excepciones?, es solo un depravado, ¿qué tratabas de hacerles? – preguntó molesta

– ¿cuestionas mis acciones? – preguntó serio

– no quise decirlo así – respondió con temor – mierda, me tiene en la palma de su mano

– la perversión está en tu mundo, no sabes todo lo que vi en las mentes sucias de esas humanas quienes me tenían como protagonista de sus fantasías – alardeó soberbio – la mayoría no es virgen, no son tan inocentes como crees

– ¡tú tienes la culpa! – se sonrojó – ¿qué les ibas a proponer? – bajó el tono de su voz

– ¿Qué crees tú?

– no lo sé – respondió avergonzada

– claro que lo sabes, también tienes retorcidos pensamientos

- ¿Qué dices?

- entonces ¿porqué te sonrojas?

– no soy como tú, ¿un pacto? – dudó cabizbaja desviando la mirada

– ¡¿un pacto? – rió – ellas no me deben nada aunque no estaría mal cumplirles sus deseos a cambio de algo pero no te pongas celosa

– ¿celosa?, no seas arrogante

– lo siento pero así soy – sonrió - les iba a proponer

– no quiero escuchar, eres un sucio – se tapó las orejas con las palmas de las manos

– no me hagas reír acaso ¿son los humanos seres puros? – preguntó irónico

– no todos, pero – contestó en defensa al generalizarlos

– debes estar agradecida, por tener el honor que yo sea quien te desvirgue mediante el pecado más placentero y antiguo del mundo, el placer y la lujuria

– no quiero escuchar – aún tapaba sus orejas – si como no, estoy demasiado agradecida por qué me violes – pensó sarcástica

– señor, ya llegamos – anunció la persona que conducía al parar el auto y quitarse las gafas, leila se percató que éste tenía los ojos rojos

un demonio – pensó, el conductor salió del auto para abrir la puerta, Leila salió pero el demonio no

– nos vemos más tarde – avisó antes que cerrara la puerta del auto

El auto comenzó a desaparecer entre llamas – ese idiota, no debería hacer esas cosas en plena luz del día – miró a todos sitios para asegurarse que nadie había sido espectador de aquello - ¿y ahora qué? ¿Qué pasara esta noche? – preguntó preocupa y cansada, se dirigió hasta la puerta de su casa y entró.

Una vez dentro de su habitación se tiró encima de su cama, estaba totalmente agotada había sido el peor día, odiaba a todos no entendía porque se burlaban de ella, nunca había hecho nada, trataba de pasar desapercibida pero era peor – anormal – la seleccionaban – acaso ¿siempre deben hacer esto para esconder sus propios temores? - se consolaba al afirmar que eran unos descerebrados, basura humana, gran parte dentro de ella quería que desparecieran – ojala se murieran todos – deseo muchas veces, sentía como su verdadera personalidad salía a flote, siempre aparento ser otra persona frente a todos, oculta tras una máscara, tratando de ser indiferente a todo lo que la rodeaba, esconder sus miedos pero frágil, odiaba serlo, mientras más fuerte traba de ser sentía que perdía más, era muy frustrante, anhelaba mucho no sentir nada, carecer de lo que llamaba sentimientos que lo que hacían era solo entorpecer más su vida – quiero que termine todo – no quería sentir ataduras, sentía su alma llorar por liberación, relacionarse con los demás costaba mucho, temor a resultar herida, se bastaba con ella misma, no quería ser expuesta ante nadie, sentirse desnuda y transparente – me odio – siempre confesó, pero se sentía sola - es tan superficial el mundo, estoy cansada de esto – repetidas veces exclamó pero se sentía atada a los que llamaba seres queridos, no sentía vivir por ella misma – no necesito a nadie – mentira, una gran mentira, sabía que necesitaba ayuda su alma la pedía a gritos – mi vida está totalmente vacía – no sentía motivación alguna, nada la llenaba, su vida siempre tan monótona y aburrida – caigo de nuevo, quiero despertar – está perdida, sabe que no puede huir, el miedo la invade, no hay escapatoria – desesperanza – la luz cada vez se desvanece más y silenciosamente se ahoga – ahora el demonio me consume - era peor – ¿pagar por algo que ya no quería? - nunca se imaginaría que lo haría, si anhelaba solo desaparecer – si hubiera hecho un pacto hubiera sido para desaparecer a la basura – se reprochaba, totalmente atrapada o eso creía – Dios ayúdame, sálvame - la oscuridad en la que estaba consumida era tan solo el inicio de algo peor.

En su depresión, le dolía más la indiferencia de una de las pocas personas en las que creía; no estaba dispuesta a ir a trabajar, no podía trabajar así, se resignó a llamar al dueño para informarle su ausencia por motivos de salud, agradecía que el dueño fuese tan comprensivo. Después de confirmar su ausencia se encerró en su mundo, encendió el equipo colocó música 'Ill niño – what comes around' - colocó su soporte para lienzos, vistió un mandil para pintar lo que se le venga en mente, comenzó a tirar los líquidos de colores, expresión abstracta según lo que sentía en esos momentos, escapar de su realidad, encontrar paz ignorando lo que la rodeaba.

Pasaron varias horas, no se percató del tiempo y de que alguien tocaba incesantemente la puerta, bajo el volumen para preguntar - ¿Quién?

– Baja a cenar, hace rato te están llamando para que bajes, sorda - anunció su hermano tras la puerta – y apaga esa endemoniada música

– no molestes, yo no me quejaba cuando ponías tu música afeminada – exclamó al abrir su puerta

– ¡¿afeminada? ¿Perdón? no sabes apreciar la buena música – reprochó en defensa

– no me hagas reír – se retiró el mandil y lo colocó en la baranda de la escalera

– ya no discutan y siéntense a cenar tranquilos

- ¿cuándo te vas a ir? – preguntó la joven

- ¿te importa? – contestó molesto

– pero ni siquiera has dicho porque viniste – tomó su cubierto

– extrañaba la casa ¿contenta? – con voz poco convincente

– ¿contenta?, no lo estoy, algo me huele mal

– pues báñate, ya te debe tocar

– auch – gimió al sentir el cubierto en su mano – salvaje – ella sonrió

– tendré que sacar otro tenedor, porque este ya quedo inservible

No escuchó nada respecto al verdadero motivo por el cual Alex regresó a casa, desde que se había ido pocas veces llamaba y ahora era todo lo contrario, percibía que algo ocultaba pero por el momento quiso obviar el tema. Una vez terminada su cena se retiró a su cuarto, se desvistió para tomar una ducha y se percató del enorme moretón que tenía en el hombro, no sabía cómo se lo había hecho y le dolía demasiado como si hubiera sufrido un fuerte golpe– no entiendo, ¿cómo me lo pude haber hecho y no recordarlo? – pensó examinando el hematoma.

Luego de bañarse buscó su pijama – es cierto – recordó el estado de ésta, una porquería y tirada al tacho, buscó una nueva pero solo encontró una antigua de cuando era pequeña – ¿me quedará? No creo es cuando tenía 10 años pero no tengo más que ponerme - era del tipo vestido caído, probó ponérselo y no era sorpresa, aún le quedaba, no tan flojo cuando tenía esa edad pero dejaba vestirse aún, le daba cólera su cuerpo no había desarrollado lo suficiente para parecer una mujer, suspiro resignada, era inútil seguir dando vueltas a ese asunto, se introdujo a su cama – no creo que pueda dormir tan tranquila – temía comenzar a padecer de insomnio, busco su reproductor y a bajo volumen lo puso en su velador 'better think again – submersed' – ahora dormiré – se cubrió para tratar de conciliar el sueño.

No sabía cuánto había pasado pero entre sus sueños podía escuchar música fuerte, abrió los ojos de a pocos tratando de contemplar lo que sucedía, ambos se abrieron desmesuradamente al percatarse que no estaba en su habitación si no en uno de los extremos de un largo pasillo casi oscuro por la débil luminosidad, volteó para examinar el lugar pero solo había una pared, al otro extremo se apreciaban extrañas luces, se levantó del piso y comenzó a caminar a través del pasillo, la música resonaba entre las paredes parecía un antro, el volumen estaba excesivamente alto. A llegar al final, avistó sorprendida una enorme habitación oscura poco distinguible por las luces sicodélicas, el lugar estaba completamente plagado de individuos quienes se divertían lujuriosamente, no podía creer lo que veía y escuchaba, parecían animales en celo en pleno acto sexual, descaradamente emitían sonoros gemidos - ¿Qué hago aquí? - estaba asustada, su presencia en el lugar no pasó desapercibida, era observada por innumerables ojos de color escarlata y otros de color amarillo brillante – demonios – dedujo - ¿Por qué? – no se explicaba.

En un intento por volver al lugar donde se encontraba, se topó con un enorme hombre quien la examinó de brazos cruzados, era demasiado musculoso y su sola presencia impartía temor, estaba segura que le impediría la salida a la habitación. Estaba perdida, no sabía qué hacer, no sabía cómo había llegado ni cómo salir de allí - ¿era un sueño o una pesadilla? – comenzó a dudar de la realidad

ven aquí – escuchó resonar una voz en su mente, era inconfundible pensó ella, trató de buscar al dueño de la voz con la mirada, empezó a caminar entre los demonios mientras éstos bailaban mórbidamente, aún se encontraba en pijama y para variar descalza, su presencia causaba asombro entre ellos, Leila, quien no quería sobresalir nunca, sentía una tortura ser el centro de atención de muchos.

El lugar era enorme y por lo que percibía muy concurrido, los presentes no sentían pudor alguno en divertirse libremente de manera obscena, los demonios danzaban, Leila pasaba tratando de evitar contacto alguno con ellos, más que bailar el motivo era otro, uno más carnal y lujurioso, los rincones llenos de sillones estaban repletos de mujeres y hombres en variadas posiciones teniendo sexo, mientras tomaban, fumaban y se drogaban, demasiados quejidos y gemidos provenientes del placer, nunca había presenciado algo similar – ¿es esto una orgía?, qué horror – pasó de largo tratando de ignorarlos mientras se tapaba los oídos y desviaba la mirada, sentía demasiada vergüenza.

A escasa distancia distinguió una figura masculina muy familiar, se encontraba en una zona más amplia, por lo que parecía se trataba de una VIP, estaba sentado en un sillón negro, con una copa en la mano, rodeado de puras mujeres hermosas y voluptuosas en cantidad, éstas se le aventaban encima, no perdían el tiempo, lo miraban lascivamente, Leila estaba parada frente a ese grupo con una expresión desconcertante, no sabía el motivo por el cual estaba en aquel lugar.

Kirian le dirigió una sonrisa, todas sus "acompañantes" voltearon a examinarla – ¡¿qué hace esa humana aquí? – se alteraron al ver a Leila, ningún humano había asistido a tal reunión, no era de extrañarse que los presentes aún miraran a la intrusa.

– sh, silencio gatitas – calló con seductora voz mientras acariciaba el mentón a una de ellas – no te quedes allí parada, ven aquí – ordenó

– ¿porque me has traído a este sitio? – Preguntó bajamente dando unos pasos hacia él, se sentía intimidada ante los ojos de las demonios y de todos los presentes, que parecía que en cualquier momento se le aventarían encima – parece que no encajo muy bien aquí – fingió una sonrisa pero estaba demasiado nerviosa, su rostro lo decía todo, el demonio sonrió ante ello.

– vaya, mi juguete llamó la atención de todos aquí, es una novedad – alardeó soberbio esbozando una sonrisa mientras sus féminas acompañantes la miraban con recelo – nadie te tocará a menos que yo lo autorice – aseguró confiado sosteniendo una copa que contenía un líquido de color rojo oscuro.

– entonces ¿que deseas? – preguntó asustada

– eres también cómo mi asistente, así que toma esto y léelo ahora – tiró encima de una pequeña mesa llena con botellas, ceniceros con enormes cantidades de colillas de cigarros, una especie de recopilado de una monstruosa cantidad de hojas

– Debes bromear, debes estar bromeando – repitió petrificada al mirar la cantidad de hojas en su delante

– ¿qué parte de léelo ahora, no entendiste? – Recriminó con seriedad – saca un resumen de lo leído, cuando termines me cuentas todo lo que hallas entendido – ordenó frescamente continuando con su descarada labor, sacó un cigarrillo que una de las féminas no molesto en encender

– ¿a-a-aquí? – pregunto frente a las incómodas miradas

– sí, puedes sentarte en ese sillón – señaló uno del cual se retiraron unas mujeres por orden del demonio, Leila no tuvo más opción que acceder a la petición de 'su amo', volteó y se encontró con unas streep teeseras, quienes bailaban sensualmente para Kirian con movimientos eróticos usando un tubo y con lo mínimo de ropa posible, era sorprendente la reacción que causaba a su propia especie, estaban completamente poseídas por él, el pelinegro atinaba solo a sonreír soberbio, dejó el cigarrillo a un lado y bebió de su copa, actuaba como si estuviese totalmente acostumbrado a ese tipo de atención.

Leila en el sillón a escasos metros de él, trataba de concentrarse en esa enorme cantidad de hojas, parecían una serie de cláusulas y llamadas de atención al demonio – al parecer no cumple muy bien su papel como demonio, aquí se le acusa de varias cosas entre ellas que no cumple su trabajo, lo entiendo – pensó irónica al tener que hacer ese trabajo por él, no podía centrarse totalmente, la excesiva cantidad de bulla en el ambiente, el pestilente olor a tabaco y los ruidos eróticos que contenía la habitación no ayudaban en lo más mínimo – así no me puedo concentrar – reprochó llevándose los dedos en las sienes trató de nuevo empezar a leer pero al abrir los ojos se percató que un demonio estaba reclinado en la espalda del sillón observándola muy de cerca mientras aspiraba suciamente su aroma – ¡k-k-kai! – gritó aterrorizada haciéndose a un lado del enorme sillón

– No te haré nada humana – afirmó con tétrica voz y sonrió

– oye tú, no te acerques demasiado – exclamó imponentemente Kirian

– l-l-lo siento – tartamudeó asustado – e-es que se ve tan apetitosa la sangre humana que me tienta probarla directamente – afirmó mientras se apartaba

– eso es mío, ni siquiera pienses tocarlo – advirtió posesivamente con mirada asesina

Espera, espera acaso me dijo "eso", ¿me considera un objeto?, que idiota – miró hacia un costado fastidiada pero a la vez aliviada que el demonio no permitiera que le pusieran un solo dedo encima.

– d-d-disculpe mi señor – desapareció aterrado por la amenaza de Kirian

creo que esa condición a veces puede tener su lado positivo – nuevamente se sentó en el sillón– pero no puedo seguir aquí, ¡tengo que acabar con esto rápido! – tomó las hojas para tratar de leer velozmente las letras con forma satánica.

Pasadas una horas, ya estaba cansada de leer tanto, la vista le ardía mucho pero estaba contenta de que le faltase poco para terminar, alzó la mirada para ver a Kirian, las mujeres estaban encima de él – esas deben ser demonios, en realidad todos los son, yo soy la única humana aquí – dedujo, no pasaron desapercibidas por Leila las eróticas caricias que le propinaban a Kirian principalmente sobre el pantalón, se inmutó a seguir viendo – no quiero traumarme con esas escenas, parece que estuviera en medio de una filmación porno, ese hombre, mejor dicho demonio no puedo creer que sea tan enfermo, sucio y después despreciar así a los humanos cómo seres inferiores a él – recriminó para continuar con la lectura.

Luego de unos minutos suspiro de alivio – por fin termine, ahora podré irme a casa – afirmó aliviada con los ojos rojos del cansancio y también a causa del humo presente en el ambiente – ¡ya termi – exclamó en voz alta pero no terminó de hablar al percatarse que su amo estaba en plena "acción" por así decirlo, las féminas demonios quienes estaban a su alrededor hasta hace escasas horas se encontraban ahora turnándose las atenciones del demonio, una de ellas estaba sentada sobre él moviéndose en un vaivén descontrolado mientras emitía sonoros gemidos, otras besaban su cuello, su pecho, Kirian estaba vestido pero ellas casi no, otras se besaban entre sí tratando de llamar la atención de éste, él las miraba en la misma posición mientras sonreía inmoralmente, estaban totalmente desesperadas por atención de parte del demonio – no lo puedo creer, no puedo creer que esté haciendo eso en frente mío, haciendo sus cochinadas, es un cerdo – volteó inmediatamente su cabeza pero se encontró con escenas similares – miércoles, este imbécil donde me ha metido – no sabía dónde mirar, lo único que se le ocurrió en ese momento fue levantar sus rodillas encima del sillón para esconder su rostro por la vergüenza que sentía.

Pasó un largo rato, Leila se encontraba acurrucada en el sillón con el recopilado de hojas entre sus brazos, era algo normal, una cualidad en ella quedarse dormida en lugares bastante ruidosos, de pronto su sueño fue irrumpido, sintió la voz de alguien amargo – ¡oye! ¡Despierta! ¡¿Donde crees que duermes? – reprendió una familiar voz delante de ella

– ¿ah? – contestó aún somnolienta mientras abría de a pocos los ojos

– humana idiota, te quedaste dormida, ¡¿quién te dio permiso para que lo hicieras? ¡¿Acaso leíste todo? – pateó suavemente el sillón pero éste se movió bruscamente provocando que se despertara totalmente

– ¡ah! ¡¿q-q-que? – Abrió los ojos desmesuradamente al sentir el sacudón, encontró a Kirian parado frente a ella – ¡¿Me quede dormida? –miró alrededor, todas las mujeres que antes le rodeaban estaban echadas en el enorme sillón, totalmente exhaustas

– claro que no – respondió sarcásticamente entrecerrando los ojos y mirando hacia otro lado – dime todo lo que leíste ¡¿has leído no?– se sentó a su lado

– n-n-no te me apegues sucio – se hizo a un lado rápidamente

– ¿qué dices? – preguntó serio al observarla

– veo que ya terminaste – protestó molesta mirando el sillón donde antes se encontraba él

– ¿te refieres a eso? – sonrió pícaramente ante el comentario

– ¿a qué otra cosa me referiría? – dijo nerviosa y a la vez molesta – estúpido – pensó

– Desgraciadamente todas están cansadas – alardeó orgulloso de su hombría – por lo que veo me estuviste observando ¿no? Sucia humana

– s-s-solo fue de casualidad, no fue porque lo quisiera hacer – tartamudeó totalmente azorada

– ¿te excitaste mucho? – preguntó examinándola mientras esbozaba una enferma sonrisa

– ¡¿qué tonterías dices? – gritó nerviosa y exaltada al pararse encima del sillón

– no me digas que no fue así, porque no te creo – afirmó aún con la misma mueca

– No creas que soy como tú o como ellas – aseguró señalando con los ojos a las demonios en el sillón

– ¿Cómo ellas?, no me hagas reír pecho plano – se burló de ella – vamos no te avergüences de decir cómo te gustaría hacerlo, dímelo y lo tendré en cuenta cuando pierdas tu virginidad – propuso soberbio – agradece lo amable que soy contigo

– … – no sabía cómo responder a cuanta idiotez le soltaba – agradecería mucho que antes de lo acordado en el trato se te pudra la porquería que tienes entre las piernas – rogó molesta cruzándose de brazos – nunca me vuelvas a traer aquí – avisó molesta

– ¡¿la mascota pide condiciones? ¡¿Qué quieres? ¡¿Qué te cite en otro sitio? ¡¿Qué te de una oficina? ¡¿Qué más quieres? ¡¿Qué te prepare el café también? – reprochó sarcásticamente

– t-t-tampoco te pongas así – trató de retractarse en medio del enfado de Kirian

– ¡silencio! – tomó ambos extremos del sillón donde ella se encontraba, acorralándola – Vete acostumbrando a los lugares donde te llamé, no quiero oír tus estúpidas quejas – advirtió molesto acercando amenazantemente su rostro al de ella

Desvió la mirada ante los escasos centímetros en los que ambos se encontraban – Sólo trataba que no vuelva a traerme a sitios tan indecentes como este – pensó aún mirando a un lado, evitando los penetrantes ojos de Kirian

– Dime todo lo que estaba en esas hojas – ordenó ya hastiado

– En casi la totalidad de las hojas, trataba sobre normas quebrantadas por ti – el demonio la miró molesto

– siempre me envían esas porquerías – se cruzó de brazos

– Pero no parecen tan graves por el grado que especifican al final de cada una – trató de fingir tranquilidad – de todas maneras te citan pa – no terminó de hablar

– obvia esa basura y continúa

creo que es importante que asistas, bueno de todos modos no es mi problema – pensó irónica por la falta de responsabilidad – el otro apartado era como puros expedientes que contenían información sobre criaturas con extraños nombres

– ¿y qué más? – encendió un cigarrillo

– ehm, bueno no entendí muy bien lo demás porque contiene términos muy extraños los cuales dudo mucho que se utilicen en mi mundo – se excusó nerviosa

– ¡maldición eres una inútil! – tiró el cigarrillo

– no es mi culpa – reprochó – no tengo un diccionario de términos demoniacos – afirmó sarcástica

– ¡¿ah? – arqueó una ceja ante el sarcasmo

– dis-discúlpame, pero es la verdad – trató de no exaltarlo más

– Eso es lo que pasa por no hacer tus propios deberes – afirmó una voz masculina detrás de Leila - ¿Por qué no me sorprende encontrarte aquí?

– ¿abogas por ella? – dirigió una agria mirada al joven de ojos verdes

– no, mencioné esto porque nunca haces lo que se te encomienda, siempre haces lo que se te viene en gana

– ¿A quien le importa unos malditos trozos de papel?

Salvada – suspiró aliviada – Ban, eres mi salvador – miró al rubio

– supuse que dirías eso – sonrió – pero las cosas no son así

– si claro, ya que te importa tanto lo harás tú – ordenó

– claro, ¡¿eh?, espera ,¿Qué has dicho? – se sorprendió

– acaso ¿el mundo está sordo? ¿Por qué tengo que repetir dos veces lo mismo? ¡Encárgate tú! – sentenció fríamente

- maldición, odio cuando se pone así de arrogante – pensó molesto Abadón – ¿porque la trajiste aquí?, sabes muy bien que en este lugar no se permiten los humanos – recriminó serio

– ¿acaso se van a pelear conmigo al medio? – aún estaba inmóvil en medio de los dos

– hago lo se me antoja, no te metas en mis asuntos

– eres muy imprudente – reprochó – no es nada bueno que la humana salga de su mundo

- no tengo tiempo para gastarlo contigo así que más te vale leerlo – ordenó finalmente para retirarse caminando hasta perderse entre las penumbras de la habitación

- Mierda – colocó una mano en su frente, cansado del comportamiento de Kirian – es totalmente inmaduro

Ahora ¿qué hago? se fue, el muy animal me dejo – se preocupó – e-este, disculpa – habló temerosa al dirigirle por primera vez la palabra a Abadón – ¿hay alguna manera de salir de aquí?

lo que me faltaba, dejó tirada a la humana – suspiró – tienes suerte que tenga esta habilidad a pesar de no tener un pacto contigo, cierra los ojos – colocó una de sus manos encima del hombro de la chica, Leila sintió una extraña sensación.