Nuevamente aca estoy actualizando, capitulo 9º de Lucy, espero que les guste...ayer termine de escribirlo, pero espraba que llegaran mas reviews, porque fueron solo 5 (

Espero que con este todos se pongan las pilas y dejen muchos, muchos!...es que son demasiado necesarios e importantes para mi!...y voy a responder una pregunta a uno de mis reviewers:

beluu: respondo esa pregunta "personal" que me hiciste, tengo 15 años, pero ahora n unos dias estoy cumpliendo 16, el dia 27 de abril, y si, soy 12 dias menor que Emma, jaja...gracias por todos tus reviews y espero que sigas escribiendo...

Bye! y muchas gracias a todos!...UNA VEZ MAS: DEJEN REVIEWS!


Capítulo 9: Blanqueos y Viaje a La Madriguera

Cuando por fin se separaron, ambos continuaron mirándose a los ojos por unos cuantos minutos, mientras enormes y a la vez tímidas sonrisas se dibujaban en sus rostros.

El momento que estuvieron ansiando durante tanto tiempo, había llegado. Y ahora tenían la certeza de que volvería a repetirse cada vez que quisieran. Ya se tenían el uno al otro, no importaba nada más. Sus labios rojos, ardidos, delataban lo que acababa de pasar, y ellos dos enteros en cuerpo y alma, junto con aquellas miradas, roces y caricias, dejaban a la luz sus más profundos sentimientos. Esos, que durante tantos años habían resguardado en sus corazones sólo por miedo al rechazo.

El pelirrojo acercó sutilmente una de sus manos al angelical rostro de Hermione para acomodar uno de sus mechones castaños detrás de su oreja, ya que el mismo le impedía admirar la belleza de la chica en su totalidad.

- No sabes por cuánto tiempo he estado esperando este momento Mione.- Dijo Ron con una sonrisa prácticamente en un susurro, pero bastó para que ella lo escuchara.

- Yo también Ron. Y más después de lo de ayer. Me gustaría poder quedarme así contigo por siempre. Ojalá pudiera congelar el tiempo, para que estemos así, sólo tú y yo.- Agregó la castaña devolviéndole la sonrisa.

- ¿Y quién te dijo que no podemos hacerlo, me refiero a quedarnos así, por siempre. Juntos. Nos queda toda una vida por delante para amarnos, porque sinceramente yo no pienso dejarte nunca. Si después de hoy, tuviéramos que separarnos, no podría soportar el hecho de no tenerte a mi lado. Bastante tardé ya en darme cuenta de lo que sentía. Si tú estás conmigo Mione, te aseguro que no me importa nada más.-

Ante estas palabras pronunciadas por el pelirrojo, Hermione ya no se contuvo y volvió a regalarle un dulce beso en los labios.

- Ciertamente, no conocía tu parte romántica Ron. Me sorprende, y me gusta.-

- Tú me inspiras.- Concluyó el chico, mientras volvía a besarla, y una vez que se separaron se dirigieron juntos a uno de los sillones a un lado de la chimenea.


- Por lo que veo, entendiste rápido a qué me refería ayer en la noche cuando nos despedimos en la Sala Común.- Dijo Lucy mientras miraba al moreno a los ojos. Una mirada llena de amor.

- ¿Te parece, yo creo que tendría que haberme dado cuenta antes, sin que tú me lo dijeras.-

- ¿A qué te refieres, hablamos anoche y hoy ya te declaraste.- Agregó una vez más mientras le sonreía pícaramente. "Ya te declaraste", por fin. Sonaba tan bien.

- Me refiero a que tendría que haberme dado cuenta hace tres meses atrás. Desde la primera vez que te vi. Por eso…creo que me tardé mucho.- Ella seguía sobre sus piernas, por eso la cercanía continuaba entre ellos. Mientras hablaban sus narices quedaban rozándose.

No tenían intención de alejarse.

- ¿Hablas en serio¿tan irresistible soy para ti Potter?- Por más que ya lo tenía con ella, su juego de seducción sería eterno.

- Eres, demasiado irresistible.- Respondió él a la vez que le robaba un beso.- Y ese es mi gran problema. Porque no lo eres sólo para mí, puedo asegurarte que hay muchos chicos en Hogwarts que piensan lo mismo. Y eso no me gusta nada.- Concluyó.

- Mmm… ¿celoso Potter?-

- ¿La verdad? Sí, lo estoy.- Dijo el ojiverde en tono serio.

- No tienes por qué.- Agregó la morena seductoramente.

- ¿Ah no, y ¿por qué?-

Ella comenzó a acercarse más, hasta quedar a la altura de su oído.

- Porque yo, soy sólo tuya Potter. ¿O todavía tienes alguna duda?-

- Me gusta que lo reconozcas. Porque sí, eres SÓLO MÍA. Pero sino es molestia, me gustaría una demostración.- Harry comenzó a seguirle el juego.

- Con mucho gusto…- Sin perder más tiempo, lo tomó por el cuello de su abrigo y lo besó como nunca. El beso de sus vidas.

El moreno tenía que admitir, que cada vez que ella lo besaba de esa manera se sentía tentado a ir por más. No sabía que hacer con sus manos. Después de todo seguía siendo el mismo Harry de siempre. Besarla ya no le daba pudor, pero no se atrevía a…a…bueno…a tocarla.

Finalmente, al separarse, ella volvió a tomar la palabra:

- Sé lo que estás pensando, y déjame decirte que me gustaría que me tuvieras confianza. En realidad…que tengas confianza en ti mismo. Lo que tengas ganas de hacer, sólo hazlo. No esperes a que yo te lo insinúe o "te dé permiso".- Lo miraba fijamente a los ojos.

- ¿A-a qu-qué te refi-fieres?- Dijo él, tartamudeando mientras se sonrojaba a sobremanera. ¿Cómo podía ser posible que siempre ella se diera cuenta de todo, incluso hasta en qué pensaba.

- Vamos Harry. Dime algo¿confías en mí?- Inquirió mirándolo tiernamente.

- Sí, claro que confío en ti. ¿Por qué me lo preguntas?- Respondió.

- Sé darme cuenta de las cosas. Y he notado, que cuando nos besamos no sabes qué hacer con tus manos. Atinas a querer alejarlas de mi cintura para colocarlas en "otra parte", pero luego, no lo haces. Es como si te acobardaras y volvieras a dejarlas en su lugar, donde tú supones que deberían estar, cuando no es precisamente lo que quieres.- Dijo ella naturalmente.

El chico había adquirido el color de un tomate.

- Es que…hoy estamos empezando algo juntos, más precisamente hace ¿una hora? Y no quiero darte una impresión equivocada. Yo te quiero…te amo, y no quiero que pienses que sólo me acerco a ti…para poder "tocarte". Trato de cuidarte. ¿Acaso eso está mal?-

- Por supuesto que no. Es lo más dulce que podrías haber echo. Yo…sólo quería darte la seguridad, que sepas…que cuando tú lo desees, puedes hacerlo.- Por primera vez en lo que iba del año, se la notaba algo avergonzada.

- Está bien. Creo que lo tendré en cuenta para la próxima.- Le dijo él con una hermosa sonrisa. Los dos se pusieron a reír. Se dieron un fugaz beso en los labios y decidieron regresar a la Sala Común. El tiempo había pasado muy rápido. Lo que para ellos había sido sólo una hora, habían sido tres. Y un pequeño detalle que ambos habían olvidado, Ron y Hermione. Tres horas pasaron, tres horas desde que se separaron de ellos.


Cuando llegaron a la Torre Gryffindor, atravesaron el retrato de la Dama Gorda con sus manos entrelazadas. Estaban felices.

Iban en busca de sus dos amigos, cuando…

- Hey Harry…mira.- Dijo Lucy mientras alejaba cuidadosamente a Harry que se había lanzado a besarla una vez más, mientras le señalaba a uno de los sillones con una enorme sonrisa.

- ¿Qué pasa, vamos, venga acá Srta. Wellington. Deje de esquivarme.- Continuó el muchacho a la vez que le daba pequeños y cortos besos en el cuello a Lucy.

- No Harry…jaja…en serio, basta, jaja… ¡mira!- Agregó ella junto con tontas risitas.

- ¡Ay a ver¿qué puede ser tan importante como para que me…in-te-rrum-pas¡Por Merlín!- Exclamó el moreno mientras se daba la vuelta.

- Shhh! No seas así Potter, que los vas a despertar. ¿No son tiernos?- Inquirió ella, al parecer algo emocionada.

- Es que realmente me sorprende verlos así. ¿Desde cuándo…?- Se lo notaba muy confundido. Seguía mirando aquel plano delante de sus ojos completamente atónito.

- Esto es increíble. Mi pequeña niña ha crecido.- Dijo la joven en tono maternal y con los ojos algo aguosos.

- ¿Qué¿a quién te refieres?- Inquirió el chico bastante desconcertado por la actitud de su ahora novia.

- A Hermione, por supuesto. Creí que esto nunca pasaría.- Respondió ella.

- ¿Quieres decir que tú sabías lo que pasaba y nunca me dijiste nada?-

- Ay Harry, siempre fue algo tan obvio. Yo me di cuenta el primer día que los vi en las cocinas.- Agregó como si nada.- Además, Hermione me lo dijo.- Concluyó.

El plano era el siguiente: Hermione descansaba plácidamente sobre el regazo del pelirrojo como si fuera un bebé, mientras que él la rodeaba con sus brazos por la cintura a la vez que reposaba su espalda y su cabeza en el respaldo del sillón.

- Vámonos Harry. Creo que lo mejor será que los dejemos solos. Son las 4:00 PM, seguramente dentro de un rato despertarán. Pero ahora hay que dejarlos disfrutar de su momento a solas. Vayamos a dar un paseo por ahí, o lo que sea.- Dijo Lucy, agarrando a Harry por el brazo haciéndolo girar, para salir nuevamente de la Sala Común.

- Lo que tú digas. Es que aún no lo creo…mis dos mejores amigos… ¿juntos?-

- Ay Harry, no hay por qué ser tan exagerados. Serán tus dos mejores amigos, pero si se quieren, tendrás que acostumbrarte a que ellos ya son algo más que sólo amigos.- Estaba hablándole dulcemente. Sabía que para el chico era una situación extraña.

Dió por finalizada la conversación y volvieron a salir del lugar.


Las horas pasaron. Ya eran las 8:00 PM. Harry y Lucy se encontraban sentados a la Mesa de Gryffindor en el Gran Comedor, cenando. No habían vuelto a ver a Ron y Hermione desde que volvieron a salir de la Sala Común.

- ¿Crees que les pasó algo?- Preguntó Harry mirando a Lucy inquisidoramente.

- ¿A quienes?- Respondió ella volteando para verlo.

- A Ron y Hermione. ¿Quiénes más?-

- No, no creo que nada malo haya pasado Harry, no te preocupes. Estoy segura que la pasaron tan bien como nosotros.- Agregó la morena pícaramente. Vio que el chico estaba a punto de replicar algo, asi que optó por sellarle los labios con un beso.- Ya basta Potter. Y mira que justo, para que te quedes tranquilo, allá vienen.- Finalizó la chica con una sonrisa.

La castaña y el pelirrojo se dirigían hacia ellos. Cuando llegaron a la mesa tomaron asiento enfrente de la parejita.

- Hola.- Dijeron los dos tímidamente al unísono.

- Hola Herms, Ron…- Saludó Lucy mirándolos aparentemente feliz.

Harry no dijo nada. La morena se dió cuenta y le dió un suave codazo para que reaccionara.

- ¿Qué, Ah…sí hola chicos. ¿Dónde han estado?-

- Yo estuve toda la tarde en la…Biblioteca…sí, ahí…estaba…adelantando mi tarea de… Historia de la Magia…- Dijo la castaña algo nerviosa. Atinó a decir lo primero que se le vino a la mente.

- Sí. Y yo estuve…en el cuarto…tomando una siesta…estaba muy cansado, la verdad.- Contestó el pelirrojo.

- Sí claro, me imagino.- Era imposible poder ocultarle algo a Lucy, ella siempre se daba cuenta de todo. Pero esta vez, con más razón sabía que estaban mintiendo, pues ella y Harry los habían visto horas antes a los dos acurrucaditos en la Sala Común.

- ¿Qué te imaginas? Eso fue lo que pasó.- Exclamó el pelirrojo.

- Ron, no hace falta que nos mientan. Nosotros los vimos hace algunas horas en la Sala Común.- El moreno reapareció en la conversación con tono serio.

- Así es. No entiendo por qué tienes que mentirme Herms, creí que confiabas en mí.- Esta vez la que habló fue Lucy.

- Por supuesto que confío en ti. Iba a contártelo, pero este no es el lugar apropiado.-

- ¿Entonces lo admiten?- Dijo el ojiverde mirando a ambos chicos sonrojarse.

- ¿Admitir qué?- Interrogaron los aludidos al mismo tiempo.

- ¿Cómo qué? Herms, acabas de decirme que SÍ ibas a contarme que tú y Ron están saliendo. Y no pueden negarlo. Los vimos durmiendo juntos allá arriba. No tienen por qué mentir, es más, yo estoy feliz de que por fin estén juntos.- Lucy no podía evitar sonreír al hablar.

- Bueno…sí. Es verdad, Hermione y yo estamos saliendo. Yo le dije lo que sentía y ella hizo lo mismo. Pero ustedes tampoco pueden negar que están juntos.- Agregó el pelirrojo, ansioso por ver la reacción de la pareja. Hermione sólo se sonrojó al escucharlo.

- Y no lo negamos.- Acotó Harry con firmeza.- Hace también algunas horas, le dije a Lucy que la amaba y ahora somos novios. ¿Algo más?-

- Harry, lo que Ron trata de decir, es que nosotros también los vimos.- La castaña habló una vez más.- Te vimos mientras le declarabas tu amor a Lucy junto a las escaleras en el Hall de Entrada. Juro que nunca me hubiese imaginado tu lado romántico.-

- Ver para creer.- Respondió el moreno. Aunque no había podido evitar sentirse algo avergonzado.

- Bueno, entonces estamos a mano¿no?- Dijo Lucy.- Ron, Hermione, felicidades parejita.- Finalizó.

- Sí, felicidades. Yo también estoy contento de que por fin estén juntos.- Harry habló a la vez que les dedicaba una sincera sonrisa a sus dos mejores amigos.

- Felicidades para ustedes también.- Respondieron al unísono el pelirrojo y la castaña.

Luego de eso, los cuatro comenzaron a reír. Aquella situación había sido algo incómoda. Pero ¿qué más daba? Ahora cada uno estaba con la persona que realmente amaba.

El domingo llegó a su fin. Y a el le siguieron los días lunes y martes. En los que los cuatro amigos se paseaban por toda la Escuela ya como dos felices parejas que se amaban.

La noche del martes tuvieron que armar las valijas, ya que por la mañana del miércoles partirían hacia La Madriguera.


Miércoles 9:00 AM Sala Común de Gryffindor

- Bueno… ¿están listas?- Preguntó Ron mientras bajaba las escaleras de su cuarto dirigiéndose a Hermione y Lucy.

- Sí. Sólo falta Harry. ¿Dónde está?- Dijo Lucy, mientras miraba por encima de los hombros del pelirrojo.

- No te preocupes querida Lucy, tu amado está en el baño. Debe estar por bajar.- Respondió Ron sarcásticamente. Estaba muy ocupado dándole a Hermione su "besito" de los buenos días.

- ¿Me extrañabas?- Le susurró el moreno a Lucy, apareciendo de repente y tomándola por sorpresa.

- No te das una idea cuánto.- Contestó ella con una seductora sonrisa al mismo tiempo que se acercaba a él y posaba sus labios en los suyos en un cálido beso.

- Será mejor que bajemos, el Expreso ya debe estar por partir.- La castaña apareció en la conversación.


Durante el viaje en el Expreso de Hogwarts hasta King's Cross, hablaron de todo un poco, comieron dulces, y se la pasaron riendo con algunas anécdotas de la familia Weasley contadas por el pelirrojo.

Al llegar y luego bajar del tren, Harry y Ron pudieron divisar a lo lejos en algún lugar de la plataforma 9 ¾ a la Sra. Weasley junto con los gemelos aguardando por ellos.

Mientras el cuarteto caminaba hacia ellos, observaron que una nueva cabellera pelirroja, perteneciente a Ginny Weasley se sumaba a la familia en la estación. Ella también acababa de llegar y estaba siendo eufóricamente abrazada por su madre, Molly.

Una vez que llegaron junto a ellos, la Sra. Weasley se abalanzó sobre el menor de sus hijos varones, Ron, haciéndole algo dificultoso el poder respirar. Y así siguió con Harry y luego Hermione, hasta que se detuvo en Lucy.

- Tú debes ser…Lucy¿no es así linda, Ron me comentó que venías.- Dijo amablemente Molly, como era su costumbre.

- Si, soy Lucy Wellington. Es un placer conocerla Sra. Weasley.- Respondió la chica con una sonrisa.

- El placer es mío, querida. Y por favor, llámame Molly.-

- Está bien Molly, muchas gracias.-

- Bueno Lucy, y ellos son mis hermanos Fred y George.- Informó Ron.

- Un placer conocerlos a ustedes también entonces.-

- Lo mismo decimos nosotros.- Dijeron los gemelos al unísono mirando a la joven de pies a cabeza, ganándose una mirada de reproche por parte de Harry.

- Y ella es mi hermanita, Ginny.- Continuó el pelirrojo.

- Si, ya nos conocemos. Hola, es un gusto volver a verte.- Agregó la morena dirigiéndose a la Weasley menor, que la miraba fríamente.

- Ah, hola…supongo que…lo mismo digo.- Respondió cortante.

- ¿De dónde se conocen?- Interrogó Ron algo confundido.

- El otro día nos encontramos en Hogsmeade Ron, creo que se me olvidó comentarte.- Hermione reapareció en la conversación.

- Bueno niños, creo que es hora de irnos.- Dijo la Sra. Weasley dirigiéndose al resto del grupo.

Salieron todos juntos de King's Cross y decidieron tomar un taxi para llegar a La Madriguera.

Durante el viaje todos estuvieron en completo silencio. Además, el espacio era muy reducido e iban todos muy apretados.

Cuando por fin llegaron a Ottery St. Catchpole, (donde estaba ubicada La Madriguera), uno a uno fueron bajando del vehículo.

- Por fin en casa.- Dijo Ron con una sonrisa y la mirada fija en su humilde hogar.