La navidad se acercaba. Una gran porción de alumnos se había marchado para pasar las fiestas con sus respectivas familias, algunos para jamás regresar.

Sólo una docena de estudiantes permanecería tras los muros de la fortaleza, lo cual facilitó el acercamiento de Draco Malfoy al trío de oro. Pronto descubrieron los beneficios de tenerlo de aliado. Malfoy era ducho en pociones y maldiciones oscuras, y comenzó a entrenarlos para tener mayor ventaja ante un eventual enfrentamiento con mortífagos.

Los entrenamientos eran agotadores. Draco no tenía piedad:-¿Acaso crees que el Señor Tenebroso tendría misericordia? Debes volverte poderoso, Potter. Por hoy terminamos. Pero mañana temprano iremos al campo de quidditch a ejercitarnos. En el caso de perder la varita, sólo podremos valernos de nuestro físico. ¿Estás de acuerdo?-

Harry, cubierto de sudor contestó:- De acuerdo, pero primero contéstame algo, ¿Cómo es que ni siquiera estás cansado?-

-Estoy destruido, Potter, pero jamás lo demostraría. Mi tía Bella me entrenó. Era lograr lo que me enseñaba o morir. Poner excusas no era una opción.-

-Está bien. Acabas de saciar mi curiosidad. Nos vemos mañana.-

Harry y Ron se dirigieron a la torre de Gryffindor, mientras la muchacha se excusó de acompañarlos para ir a la biblioteca a terminar una redacción, aunque la biblioteca no quedaba en el séptimo piso…

Un nuevo descubrimiento había ampliado el horizonte sexual de Hermione. Empezaron a usar la sala de menesteres para darle rienda suelta a sus más retorcidas fantasías. Ésta se transformaba en un lugar lleno de juguetes y elementos bdsm.

Una cruz de San Andrés, una camilla ginecológica, arneses y una cajonera llena eran el mobiliario, junto a una tradicional cama. Una luz tenue iluminaba el salón, de paredes rojas y negras.

En este momento en particular, la castaña estaba atada en la cruz, siendo forzada a tener un orgasmo tras otro. Draco no la dejaba recuperarse, que ya le estaba sacando otro profundo gemido. Podía gritar todo lo que quisiera, suplicar y llorar, pero si no decía la palabra de seguridad "rojo", él no iba a detenerse. A veces frenaba, sólo para decirle "¿semáforo?" Y ella debía contestar "verde, amarillo o rojo". Por lo general eran las primeras dos. "Mierda que tiene aguante" pensaba Malfoy. Sólo una vez había dicho rojo, cuando el dolor de la descarga eléctrica había sido insoportable en las nalgas de la muchacha. Allí aprendió a regular mágicamente la tensión, haciendo de las descargas otra fuente de placer.

Ante la quinta eyaculación vaginal, Draco se dedicó por entero a su ano. Retiró el plug más grande (que llevaba puesto desde la mañana), y vio con gusto la dilatación.

Le puso una correa de perro, y en 4 patas, la llevó a la camilla, donde amarró sus piernas en los estribos, dejándola totalmente expuesta. Llevó sus brazos detrás de su cabeza, para que no tuviera posibilidad de moverse. Vendó sus ojos. Todo era tan excitante para ella que podría haber tenido otro orgasmo en ese momento.

Sin reparos y sin lubricante, le metió dos dedos en el ahora agrandado esfínter. Éste se contrajo por la sorpresa, pero luego se relajó. Empezó a meterlos y sacarlos con parsimonia, primero, y con inusitada violencia después, llevándola a un nuevo orgasmo que salpicó la mano del rubio.

Él agarró el lubricante, y siguió expandiendo el agujerito de la joven, hasta lograr introducir toda la mano en él.

-¿Te gusta como se siente?

-Si...Draco.

Según las reglas, quien fuera la persona dominante debía referirse al sumiso por su nombre de pila, así como consensuaron de antemano sus límites.

Esta vez era Hermione la sumisa, quien tenía el puño del rubio enteramente metido en su culo.

-Tienes toda mi mano adentro, ¿sabes? Quiero que lo sientas abierto así siempre. Siempre quise cogerme un ano flojo. Empezó a introducirse un poco más, hasta que medio antebrazo quedó enterrado. Metía y sacaba, llenándolo todo con una buena dosis de lubricante. Al sentir el último orgasmo, quitó la mano y vio el boquete que había creado. Sin miramientos, la empaló con su miembro.

-¡que abierta que estás! ¿Te gusta que te rompa el culo?

-sii! Draco sii, sigue!

-quiero que grites mi nombre

-Draco! Draco! Dracooo

Ambos se vinieron en una corrida espectacular, que duró muchísimo.

Agotado, el rubio la desató, y la llevó a upa hasta la cama donde la depositó suavemente. Estaba destruida, pero le quedaba algo más por hacer antes.

-Límpiala.

Hermione sacó su lengua, exhausta, y comenzó a lamer. Le limpió los huevos y el pene con sumo cuidado, hasta dejarlo impecable. El lubricante sabía a menta, lo cual hacía todo mucho más placentero.

Cuando él estuvo conforme, le permitió derrumbarse a su lado.

No tardó en quedarse dormida. Draco le acariciaba el enmarañado cabello con mucha dulzura, y cuando notó la respiración acompasada de la castaña, se quedó muy quieto, mirándola dormir. Él no sabía muy bien cuándo habían comenzado sus sentimientos hacia ella, pero adoraba verla mientras dormía, acariciarla suavemente y darle pequeños besitos allí donde había marcado su piel.

Quizás siempre le había gustado, le parecía muy atractiva su valentía y su inteligencia. Pero descubrir su cuerpo había sido la gloria. Junto con ello, sus prejuicios se habían ido por la borda.

Ahora era adicto a ella, incluso cuando cambiaban de roles y lo dominaba. No se tenían piedad en sus sesiones, pero luego todo era besos, abrazos y caricias.

Cuando la guerra terminara, la reclamaría como suya delante de todos. Ya nada más le importaba mas que la idea de amanecer cada día a su lado.