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Las lágrimas caían por las mejillas de lucy, mientras sentía la fuerza caliente de su mano, al ver sus largos dedos entrelazados con los de ella. Su mano era grande, masculina y envolvía la suya con poder.
Esas manos habían matado, pero también habían protegido. La habían cuidado y le habían dado placer.
Por ese simple acto, supo que finalmente había hecho contacto con él.
Había alcanzado lo inalcanzable.
Luego el contacto se perdió. La cara de natsu se endureció al soltar con fuerza su mano.
—No quiero ser cambiado. Ni por ti. Ni por nadie.
Gruñendo con ira, la rozó al pasar y caminó hacia la puerta.
lucy hizo algo que nunca antes había hecho.
Maldijo.
Maldito él por no quedarse. Maldito por ser tan estúpido.
—Te lo dije, es un culo—duro.
Se giró para ver a loke parado tras ella, mirando fijamente hacia la puerta mientras natsu se alejaba caminando con paso pesado sobre la nieve.
—¿Cuánto tiempo has estado escuchando a escondidas? —preguntó al Oneroi.
—No por mucho. Sé cuando no entrometerme en un sueño.
Ella entrecerró sus ojos significativamente. —Mejor que sea así.
Haciendo caso omiso de ella y de su amenaza tácita, se movió para mirar a natsu abriéndose camino a través de la nieve.
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó.
—Golpearlo con una vara hasta que entre en razones.
—No serías la primera en intentarlo –dijo loke secamente. –El problema es que es inmune a eso.
Ella dejó un largo suspiro, rendida. Era cierto.
—No sé qué hacer —confesó —me siento tan indefensa, desvalida respecto a él.
Algo así sabio brilló detrás de los brillantes ojos pálidos de loke. —No deberías haberlo atrapado aquí o a ti misma, en todo caso. Es peligroso permanecer en este reino demasiado tiempo.
—Lo sé, ¿pero que otra cosa podía hacer? Él no permanece quieto y estaba decidido a dejar mi cabaña. Sabes que no puedo permitir eso —. Hizo una pausa y le dirigió al Dream Hunter una mirada suplicante. —Necesito una guía, loke. Desearía poder hablar con gildarts. Él es el único que sé que me podría contar sobre natsu.
—No. natsu puede contarte.
—Pero no lo hará.
Él sostuvo su mirada. —¿Entonces te das por vencida?
—Nunca.
Él le dirigió una rara sonrisa dejándole saber que estaba leyendo sus emociones.
–No me imaginé tanto. Me alegra saber que ya no estás desanimada.
—¿Pero cómo lo alcanzo? Estoy abierta a todas las ideas y sugerencias en este punto.
loke extendió la mano y un pequeño libro, azul oscuro, apareció en su palma. Se lo dio a ella. lucy miró la copia de El Principito en sus manos.
—También es el libro favorito de natsu–dijo loke.
No era extraño que natsu hubiera podido citárselo.
loke dio un paso atrás. —Es un libro de desengaño y supervivencia. Un libro de magia, esperanza y promesa. Insólito que le llegara al corazón, no?
loke salió del sueño brillando intermitentemente y la dejó hojeando el libro. Ella vio que loke había marcado ciertos pasajes y párrafos.
lucy cerró la puerta y se lo llevó al confortable sillón que repentinamente había aparecido en la cabaña.
Ella sonrió. A todos los dioses del sueño les gustaba hablar en acertijos y metáforas. Rara vez decían algo categóricamente, sino que hacían a las personas procesar sus respuestas.
loke, el jefe de los Oneroi, había dejado sus pistas en este libro.
Si esto podía ayudarla a comprender a natsu, entonces leería lo que le había marcado. Tal vez entonces pudiera tener la esperanza de salvarlo.
gray se zambulló en la pequeña tienda de artículos varios y se sacudió como un perro mojado saliendo de la lluvia. Estaba tan malditamente frío aquí que no lo podía aguantar.
¿Cómo había sobrevivido natsu en Alaska antes de la calefacción central? Tenía que darle crédito a su amigo. Un hombre tenía que ser duro y peligroso para vivir aquí sin ayuda de amigos o Escuderos.
Personalmente, prefería ser azotado por pistolas y tirado desnudo en un nido de serpientes cascabel.
Había un señor mayor detrás del mostrador que le dirigió una sonrisa conocedora, como si entendiera por qué gray había maldecido tan pronto como entró. El hombre tenía la cabeza cubierta de gruesas canas y una barba coloreada tipo sal y pimienta. Su viejo suéter verde tenía remiendos, pero tenía buen aspecto y se veía abrigado.
—¿Lo puedo ayudar?
gray bajó la bufanda de su cara y asintió brusca y amigablemente al hombre. Los modales dictaban que tenía que quitarse su Stetson negro mientras estaba adentro, pero maldición si lo hacía y dejaba escapar una onza de calor de su cuerpo. Necesitaba cada pizca de eso.
—Hola, señor –dijo arrastrando las palabras en forma educada. —Estoy en busca de café negro o cualquier otra cosa que tenga, que esté caliente. Realmente caliente.
El hombre se rió y apuntó hacia una cafetera en la parte trasera. —Usted no debe ser de por aquí.
gray se dirigió hacia el café. —No, señor, y gracias a Dios por eso.
El viejo se rió otra vez. —Ah, quédese por aquí un tiempo y su sangre se espesará lo suficientemente hasta que ni siquiera lo advierta.
Lo dudaba. Su sangre tendría que estar petrificada para no sentir este frío. Quería regresar su trasero a Reno antes de convertirse en el primer Cazador Oscuro en la historia que se muriese de frío.
gray vertió café hasta el tope en un vaso térmico y se dirigió al mostrador. Lo apoyó y buscó a través de los cinco millones de capas de abrigo, de la camisa de franela, suéter, y calzoncillos largos de lana, hasta sacar la billetera de su bolsillo trasero, para pagar. Su mirada cayó a una caja de vidrio, en donde alguien había colocado una figura de madera, tallada a mano, de un cowboy sobre un potro salvaje.
gray frunció el ceño al reconocer al caballo y luego al hombre.
Era él.
Le había enviado a natsu, por correo electrónico, una foto del verano pasado, de él montando su último semental. Maldición si esa no era una copia exacta de la foto.
—Oiga –dijo el viejo caballero al advertirlo también. —Usted se parece a mi estatua.
—Sí, señor, advertí eso. ¿Dónde la consiguió?
El hombre miraba de la figura a él para comparar sus parecidos. —La subasta anual de Navidad que tuvimos en noviembre pasado.
gray frunció el ceño. —¿La subasta de Navidad?
—Cada año el Club Oso Polar se reúne para juntar dinero para los pobres y enfermos. Tenemos una subasta anual, y por los últimos, no sé bien, veinte años o así, Santa ha estado dejando un par de bolsas inmensas con piezas como esta, talladas en madera, que vendemos. Pensamos que es un artista local o algo por el estilo quién no quiere hacer saber donde vive. Todos los meses un giro postal de bastante dinero llega anónimamente a nuestro apartado de correos, también. La mayor parte de nosotros cree que es el mismo tipo.
—¿Santa, como Santa Claus?
El hombre asintió con la cabeza. —Sé que es un nombre estúpido, pero no sabemos como llamarlo. Es simplemente un tipo que viene en invierno y hace buenas acciones. La policía lo ha visto una o dos veces llevando las bolsas a nuestro centro, pero lo dejan solo. Él palea los caminos de acceso de las personas de edad y talla un montón de esas esculturas de hielo que usted probablemente ha visto alrededor del pueblo.
gray sintió que su mandíbula se aflojaba, luego rápidamente mordió para cerrarla antes de mostrar sus colmillos. Sí. Él había visto esas esculturas.
¿Pero natsu?
Difícilmente parecía algo que el ex—esclavo haría. Su amigo era brusco en el mejor de los casos y categóricamente irascible en el peor de ellos.
Pero claro, natsu nunca le había dicho lo que hacía aquí para pasar el rato.
Nunca le decía mucho de nada, realmente.
gray pagó por el café, luego regresó a la calle. Caminó hasta el final de esta, donde una de las esculturas de hielo descansaba en una intersección. Era un alce, de casi dos metros y medio de altura. La luz de luna brillaba sobre la superficie, que estaba tan intrincadamente esculpida, que parecía que el alce estaba listo para soltarse y correr hacia su casa.
¿El trabajo de natsu?
Es que no parecía bien.
gray fue a tomar otro sorbo de café sólo para percatarse que ya se había enfriado.
—Odio Alaska —refunfuñó, lanzando el café al suelo y tapando el vaso.
Antes de que pudiera encontrar un cubo de basura, su teléfono celular sonó. Comprobó la identificación del que llamaba para ver que era torafusa, uno de los Escuderos de los Ritos de Sangre que estaban aquí para cazar a natsu. Parece ser que una vez que los Oráculos se enteraron que mavis y bacchus querían muerto a natsu, inmediatamente habían notificado al Concejo, quien a su vez había enviado a una banda de Escuderos para cazar y matar al Cazador Oscuro sentenciado.
gray era todo lo que había entre ellos y natsu.
Nacido y criado en la ciudad de Nueva York, torfusa era un joven, de aproximadamente veinticuatro años, con una actitud repugnante que a gray no le preocupaba mucho.
Respondió la llamada. —Si, torafusa, ¿qué necesitas?
—Tenemos un problema.
—¿Y cuál es?
—¿Conoces a la mujer que ayudaba a natsu? ¿lisanna?
—¿Que sucede con ella?
—La acabamos de encontrar. Recibió una paliza bastante mala y su casa ha sido quemada hasta los cimientos. Te apuesto que natsu decidió vengarse.
La sangre de gray se enfrió. —Mierda. ¿Hablaste con ella?
—Confía en mí, ella no estaba en condiciones de conversar cuando la encontramos. Está con los doctores ahora mismo y nosotros nos dirigimos a la cabaña de natsu para ver si podemos encontrar a ese bastardo y hacerle pagar esto antes de que lastime a alguien más.
—¿Qué hay acerca de la hija de lisanna?
—Estaba en la casa de un vecino cuando ocurrió. A Dios gracias. He puesto a zancrow a cuidar de ella en caso de que natsu regrese otra vez.
gray no podía respirar y no era por el aire helado. ¿Cómo podía ocurrir esto? A diferencia de los Escuderos, sabía que natsu no tenía nada que ver con esto.
Solo él sabía en dónde estaba natsu realmente.
gildarts le había confiado la verdad de lo que estaba pasando y le había encargado que se asegurara que nadie interviniera hasta que la prueba de natsu hubiese terminado.
Bueno, las cosas iban más al sur que una bandada de gansos en otoño.
—No te muevas hasta que llegue allí —dijo al Escudero. —Quiero ir a su cabaña con ustedes.
—¿Por qué? ¿Planeas meterte otra vez, en el medio de nuestro camino, cuando lo eliminemos?
Esas palabras lo pincharon como un rebaño de puercos espines. —Chico, mejor tomas ese tono y lo limpias. No soy un Escudero al que le estas hablando; sucede que soy uno de los hombres a los que tienes que responder. No es de tu maldita incumbencia por qué voy. No te muevas hasta que te diga de hacerlo o voy a mostrarte cómo hice una vez que Wyatt Earp se meara en sus pantalones.
torafusa vaciló antes de hablar otra vez. Cuando lo hizo, su voz era agradable y calma.
—Sí, señor. Estamos en el hotel y lo estamos esperando.
gray colgó el teléfono y lo regresó a su bolsillo. Se sentía fatal acerca de lisanna. Ella no debería haber estado en peligro para nada. Ninguno de los Escuderos se habría atrevido a lastimarla. Y a pesar de lo que los otros pensaban, él sabía que natsu no lo hubiera hecho aún si hubiera podido.
natsu justamente no era el tipo que golpeaba a aquellos más débiles que él.
¿Pero, quién más se habría atrevido?
lucy encontró a natsu en medio de un pueblo medieval quemado hasta los cimientos. Había cuerpos, quemados y no quemados, desparramados por todas partes. Hombres y mujeres. De todas las edades. La mayoría de ellos tenían desgarradas las gargantas como si un Daimon o alguna criatura similar se hubiese alimentado de ellos.
natsu caminó entre ellos, su cara sombría. Sus ojos atormentados. Tenía sus brazos alrededor de él como para protegerse del horror del cual era testigo.
—¿En dónde estamos? –preguntó ella.
Para su asombro, él contestó —Taberleigh.
—¿Taberleigh?
—Mi pueblo –murmuró él, su voz angustiada y tensa. —Viví aquí por trescientos años. Había una vieja arpía que me vio una vez cuando era una muchachita. Solía dejarme cosas de vez en cuando. Una pierna de carne de cordero, un odre de cerveza. Algunas veces nada más que una nota para darme las gracias por cuidarlos —miró a lucy, su cara obsesionada. —Se suponía que debía protegerlos.
Antes de que pudiera preguntarle que había sucedido con el pueblo, oyó los gritos amortiguados de una vieja. natsu corrió hacia ella. La mujer yacía en la tierra envuelta en ropas rotas, su cuerpo viejo quebrado. Estaba cubierta en sangre y magulladuras.
lucy podía decir por la expresión de natsu que ésta era la mujer sobre la que había hablado.
natsu cayó de rodillas al lado de ella y limpió la sangre de sus labios mientras ella trataba de respirar. Los ancianos ojos grises estaban perforados con acusación mientras los enfocaba en él.
—¿Cómo pudiste?
La vida se desvaneció de los ojos de la mujer, volviéndolos apagados, cristalizados. Ella se volvió floja en sus brazos.
natsu gritó con ferocidad. Soltó a la mujer y se obligó a sí mismo a pararse. Caminó de arriba abajo en un ancho círculo, pasando sus manos coléricamente a través de su pelo. Jadeando, se veía igual de demente como todo el mundo afirmaba.
lucy sufría por él. Ella no entendía sobre que trataba esto. Lo que él volvía a vivir.
Ella lo siguió. —¿natsu, que sucedió aquí?
Con cara angustiada, se dio la vuelta para enfrentarla. Odio y culpabilidad ardían en las profundidades de sus ojos.
Él pasó su brazo sobre la escena indicándole los cuerpos alrededor de ellos. — Los maté. A todos ellos —las palabras salieron como si se desgarraran de su
garganta. —No sé por qué hice esto. Solo recuerdo la furia, el anhelo de sangre. Ni siquiera recuerdo haberlos matado. Sólo destellos de personas muriéndose mientras se acercaban a mí.
Su cara estaba desolada. Sus ojos llenos con auto aborrecimiento. —Soy un monstruo. ¿Ves ahora por que no puedo tenerte? ¿Por qué no puedo quedarme contigo? ¿Qué pasa si un día te mato también?
Su pecho se encogió ante sus palabras mientras el pánico y el miedo la absorbían.
¿Lo había juzgado mal?
—Todos los hombres son culpables —era la frase favorita de su hermana lyra.
—Los únicos hombres honestos son los niños que aún no han aprendido a decir mentiras.
lucy horrorizada, miró alrededor, los cadáveres...
¿Realmente él podía ser capaz de hacer algo así?
Ella no sabía qué pensar ahora. Quienquiera que fuese responsable de esta matanza merecía morir. Esto más que explicaba por qué mavis no lo quería alrededor de las personas.
lucy hizo una pausa en ese pensamiento.
Espera un momento...
Algo estaba mal.
Mortalmente equivocado.
lucy miró los cuerpos alrededor de ellos. Cuerpos humanos. Algunos de niños, la mayor parte, de mujeres. Si natsu hubiese hecho esto, entonces gildarts lo habría matado instantáneamente. gildarts se rehusaba a tolerar a cualquiera que atacara a los débiles e indefensos. Y especialmente cualquiera que dañara a un niño.
No había manera de que gildarts soportara dejar vivir a un Cazador Oscuro que pudiera destruir y matar a la gente que había sido enviado a proteger. Ella supo eso con cada molécula de su cuerpo.
—¿Estás seguro que tú hiciste esto? —preguntó.
Él se vio consternado por su pregunta. —¿Quién más lo habría hecho? No había nadie más aquí. ¿Ves a alguien aparte de mí con colmillos?
—Tal vez un animal.
—Yo fui el animal, lucy. No había nadie más capaz de hacer esto.
Ella aún no creía en eso. Debía haber otra explicación. —Dijiste que no recordabas haberlos matado. Tal vez no lo hiciste.
Furia y dolor destellaron en sus ojos. —Recuerdo lo suficiente. Sé que hice esto. Todo el mundo lo sabe. Es por eso que los otros Cazadores Oscuro me temen. Por lo que no me hablan. Por lo que fui desterrado a un lugar donde no hay personas para proteger. Por lo que me despierto todas las noches temiendo que mavis me aleje de Fairbanks hacia un área donde aún hay menos personas.
Parte de ella temía que él estuviera diciendo la verdad, pero lo descartó. En su corazón sabía que el hombre atormentado que podía hablar poéticamente y hacer hermosas figuras de arte con sus manos, a quien podía importarle un animal que lo había herido, nunca, jamás haría esto.
Pero necesitaba probarlo.
El instinto no sería prueba suficiente para ofrecer a su madre o a mavis.
Demandarían alguna prueba de su inocencia. Probar que él no era capaz de matar humanos.
—Solo quisiera saber por qué hice esto –gruñó natsu. —Que fue lo que me volvió tan loco para haberlos matado y ni siquiera poder recordarlo. - La miró con ojos desolados. —Soy un monstruo. mavis tiene razón. No tengo un sitio cerca de las personas normales.
Las lágrimas fluyeron a sus ojos ante sus palabras. —No eres un monstruo, natsu.
Ella se rehusaba a creer eso. lucy lo empujó a sus brazos, ofreciéndole consuelo, que no estaba segura que él aceptara.
Al principio se quedó rígido como si estuviese a punto de alejarla, luego se relajó. Ella dejó escapar un suspiro lento, agradeciendo que aceptara su abrazo.
Sus brazos tensos y fuertes la sostuvieron contra su cuerpo delgado que se ondeaba con músculos. Ella nunca había sentido nada como esto. Él era tan duro y tierno al mismo tiempo. Su mejilla estaba presionada contra sus firmes músculos pectorales, sus pechos contra sus acanalados abdominales.
Bajó su mano, recorriéndole la espalda, haciéndolo temblar en sus brazos.
lucy sonrió ante este poder recién encontrado que tenía sobre él. Debido a que era una ninfa de la justicia, su feminidad había tenido que quedar en segundo plano. No había tiempo para sentirse femenina o sensual. Pero lo sentía ahora.
Por él. Ella tenía conciencia de su cuerpo por primera vez en su vida. Consciente de cómo su corazón latía al mismo tiempo que el de él. La forma en que su sangre hervía a fuego lento al sentir sus brazos envueltos a su alrededor.
En ese instante, quiso hacer algo por él.
Quería hacerlo sonreír.
A regañadientes, se hizo para atrás y le extendió la mano. —Ven conmigo.
—¿Adónde?
—A algún lugar cálido.
natsu vaciló. Él sólo confiaba en que las personas lo lastimaran. Y nunca lo habían decepcionado. Confiar en alguien para que no lo lastimara era completamente distinto. Profundamente en su interior, quería confiar en ella.
No, necesitaba confiar en ella.
Una sola vez.
Aspirando profundamente, colocó su mano renuente dentro de la de ella. Ella lo llevó del pueblo a una playa a la orilla del mar brillante. natsu parpadeó y entrecerró los ojos contra el brillo poco familiar de la luz.
Levantó su mano para cortar el resplandor del sol que casi había olvidado. Nunca había ido a la playa. Sólo había visto fotos en revistas y en TV. Y habían pasado siglos desde que hubiese visto la luz del día. Realmente luz de día.
El sol brillaba sobre su piel, caliente.
Dejó que el calor inundara su cuerpo congelado. Dejó que el sol le acariciara la piel y desvaneciera los siglos de sufrimiento y soledad.
Vestido sólo con pantalones de cuero negro, natsu caminó encima de la playa arenosa, mirando todo y enfocando la atención en nada en particular. Esto era incluso mejor que su estadía en Nueva Orleáns. El oleaje atronaba alrededor de ellos mientras golpeaba contra la playa, el viento azotaba en su pelo.
La arena estaba caliente y se pegaba a sus pies.
lucy pasó corriendo hacia el borde del agua. La observó mientras se sacaba las ropas de su cuerpo hasta quedarse con un bikini azul diminuto.
Ella lo miró traviesamente, lo recorrió con una mirada caliente que lo hizo temblar a pesar del calor.
—¿Te gustaría acompañarme?
—Creo que me vería extraño en un bikini.
Ella se rió de él. —¿Eso fue un chiste? ¿Puede ser que hicieras un verdadero chiste?
—Sí, debo estar poseído o algo.
Seducido realmente. Por una ninfa del mar.
Ella se acercó con un paso determinado. natsu esperó, incapaz de respirar. De moverse. Era como si viviera o muriera por el balanceo descarado de sus caderas. Se detuvo ante él y desabotonó sus pantalones. La sensación de sus dedos rozando contra el parche delgado de pelo que corría de su ombligo a su ingle lo estremeció. Se endureció instantáneamente, queriéndola saborear otra vez.
Ella lentamente abrió la cremallera de sus pantalones mientras levantaba su mirada a través de sus pestañas. Un pequeño milímetro antes de que liberara su erección, pareció que perdía su audacia. Mordiéndose los labios, arrastró sus manos en dirección contraria, arriba, hacia su pecho.
natsu aún no podía respirar mientras ella extendía sus manos en su pecho desnudo.
—¿Por qué me tocas cuando nadie lo hace? —preguntó.
—Porque me dejas. Me gusta tocarte.
Él cerró los ojos mientras su caricia tierna lo chamuscaba. ¿Cómo algo así de simple se podía sentir tan increíble?
Ella dio un paso hacia sus brazos y él instintivamente la abrazó. Sus pechos rozaron sus abdominales, poniéndolo aun más duro, haciéndolo doler.
—¿Alguna vez hiciste el amor en la playa?
Su respiración quedó atrapada ante sus palabras. —Sólo he hecho el amor contigo, princesa.
Ella se paró en puntas de pie a fin de poder capturarle los labios en un dulce y atormentado beso. Haciéndose hacia atrás, le sonrió mientras abría la última parte de su cremallera y lo tomaba en su mano. —Entonces, Hombre de Nieve—natsu, está a punto de hacerlo.
gildarts estaba sentado solo en el templo de mavis, justo afuera de la sala del trono, en la terraza donde podía mirar la bella cascada multicolor. Su pelo castaño estaba recogido en una cola de caballo, estaba sentado sobre el pasamano de mármol con su espalda desnuda contra una columna acanalada. La fauna silvestre, a salvo de cazadores y de cualquier otro peligro, por la protección de mavis, apacentaba en un patio donde la tierra estaba hecha de nubes. El único sonido venía de la caída del agua y el grito ocasional de un pájaro silvestre. Debería estar tranquilo aquí y a pesar de su compostura serena gildarts estaba agitado.
mavis y sus asistentes lo habían dejado para ir a Theocropolis donde makarov sesionaba sobre todos los dioses del Olimpo. Ella se iría por horas. Ni aun eso lo podía complacer.
Quería saber qué estaba sucediendo con la prueba de natsu. Algo estaba mal, lo sabía. Lo podía sentir, pero no se atrevía a usar sus poderes para investigar. Podía soportar la furia de mavis, pero nunca la desataría encima de lucy o natsu.
Así que acá estaba sentado, sus poderes restringidos, su cólera y su frustración atadas.
—¿gild, puedo desprenderme de tu brazo por un rato?
La voz de kana quitó una parte del filo de sus emociones. Cuando ella era parte de él, no podía ver u oír algo a menos que él dijese su nombre y le diera una orden. Ella era incluso inmune a sus pensamientos. Sólo podía sentir sus emociones. Algo que le permitía saber cuando él estaba en peligro, la única vez que ella podía dejarlo sin su permiso.
—Sí, kana. Puedes tomar forma humana.
Ella se deslizó y se manifestó a su lado. Su largo cabello castaño oscuro estaba trenzado. Sus ojos eran de un gris tempestuoso y sus alas de un azul pálido.
—¿Por qué estás tan triste, gild?
—No estoy triste, kana.
—Sí lo estas. Te conozco, gild, tienes ese dolor en el corazón como el que siente kana cuando llora.
—Nunca lloro, kana.
—Lo sé —se acercó más a él para apoyar su cabeza en su hombro. Uno de sus cuernos negro raspaba contra su mejilla, pero gildarts no prestó atención. Ella envolvio sus brazos alrededor de él y lo sostuvo cerca.
Cerrando los ojos, la abrazó fuertemente, ahuecando su pequeña cabeza en una de sus manos. Su abrazo recorrió un largo camino para aliviar su espíritu preocupado. Sólo kana podía hacer eso. Solo ella lo tocaba sin hacerle demandas físicas.
Ella nunca quería algo más que ser su "bebé". Aniñada e inocente, era el bálsamo que necesitaba.
—¿Entonces, puedo comerme a la diosa ahora?
Él sonrió ante la pregunta que más seguido le hacía. —No, kana.
Ella levantó su cabeza y le sacó la lengua, luego se sentó sobre el pasamano cerca de sus pies descalzos. —Quiero comerla, gild. Ella es una persona perversa.
—La mayoría de los dioses lo son.
—No, no lo son. Algunos, si, pero yo prefiero a los Atlantes. Ellos eran muy simpáticos. La mayor parte de ellos. ¿Nunca conociste a mystogan?
—No.
—Bueno, él podía ser perverso. Era peliazul, alto como tú, bueno, más alto que tú, y atractivo como tú, pero no tan guapo como tú. No creo que alguien sea tan guapo como tú. Ni siquiera los dioses. Definitivamente eres único cuando hablamos de apariencia... Oh –dijo ella al recordar a su gemelo. —¿Realmente no eres único, verdad? Pero eres más lindo que el otro. Él es una mala copia tuya. Él sólo desearía ser tan guapo como tú.
La sonrisa de gild se amplió. Ella colocó su dedo contra su barbilla y se detuvo por un minuto como si tratara de deducir sus pensamientos. —¿Ahora donde iba yo con eso? Oh, lo recuerdo ahora.a mystogan no le gustaba mucho la gente, a diferencia de ti. ¿Sabes, esa cosa que haces cuando realmente te enojas? ¿Esa en donde puedes hacer explotar las cosas y hacer todo fogoso y confuso y desordenado y demás? Él podía hacer eso también, sólo que no con tanta astucia como tu. Tu tienes mucha astucia, gild. Más que la mayoría.
—Pero me salgo del tema. Le gustaba a mystogan. Él dijo, 'kana, eres un demonio de calidad'. ¿Sin embargo, has visto alguna vez un demonio de poca calidad? Eso es lo que yo quisiera saber.
gild divertido, oía como ella hablaba incansablemente acerca de cómo dioses y diosas le habían rendido culto en su vida. Dioses y diosas que habían muerto hacia muchísimo tiempo. A él le gustaba escuchar su lógica y sus cuentos no lineales. Era como observar a un niño pequeño tratando de clasificar el mundo y recordar algo. No se podía decir que podría salir de su boca de un minuto a otro. Ella veía las cosas claramente, como un niño.
Si tienes un problema, entonces lo eliminas.
Fin del problema.
Las sutilezas y la política estaban más allá de ella.
Sólo era kana. Ella no era amoral o cruel, era simplemente un demonio sumamente joven, con poderes que parecían de dioses, que no podía comprender el engaño o la traición. Cómo le envidiaba a ella eso. Era el por qué la protegía tan cuidadosamente. No quería que aprendiera las duras lecciones que le habían sido impartidas a él. Merecía tener la infancia que él nunca había tenido. Una que fuese resguardada y protegida. Una en la cual nadie pudiera lastimarla.
Él no sabía que haría sin ella.
Ella no había sido nada más que un infante cuando se la habían dado. Él tenía apenas veintiuno, lo dos habían crecido juntos. Ambos eran los últimos de su especie en la tierra. Por más de once mil años sólo habían sido ellos dos.
Ella era tan parte de él como cualquier órgano vital. Sin ella, él moriría.
La puerta del templo se abrió. kana siseó, dejando al descubierto sus colmillos, haciéndole saber que mavis había regresado temprano. gildarts volvió su cabeza para confirmar. Como lo esperaba, la diosa caminaba a grandes pasos hacia él. Él dejó escapar una respiración cansada.
mavis se paró abruptamente al ver a kana sentada a sus pies —¿Qué esta haciendo fuera de tu brazo?
—Háblame a mí, mavis.
—Hazla que se vaya.
kana lanzó resoplidos. —No tengo que hacer nada de lo que me digas, vieja vaca. Y tú eres vieja. De verdad, realmente vieja. Y una vaca, también.
—kana–dijo gildarts, acentuando su nombre. —Por favor regresa a mí.
kana le dirigió una mirada malvada a mavis, luego se convirtió en una sombra oscura, amorfa. Ella se movió sobre él y se extendió a sí misma sobre su pecho para convertirse en un dragón enorme en su torso con espirales fogosas que lo envolvían alrededor y bajaban también por sus brazos.
gildarts se rió misteriosamente ante la vista. Era la forma de kana de abrazarlo y pinchar a mavis al mismo tiempo. mavis odiaba cuando kana cubría mucho de su cuerpo.
mavis dejó escapar un sonido altamente indignado. —Hazla que se mueva.
Él cruzó los brazos sobre su pecho. —¿Por qué regresaste tan temprano?
Ella instantáneamente se puso nerviosa.
Su mal presentimiento se triplicó. —¿Qué sucedió?
mavis caminó hacia la columna a sus pies, envolvió el brazo en ella y se apoyó contra mármol. Jugó con el borde dorado de su peplo mientras mordisqueaba su labio. gildarts se sentó derecho, su estómago se anudó. Si ella estaba tan evasiva algo había salido contrario a sus pensamientos. —Dime, mavis.
Ella se veía exasperada y enojada. —¿Por qué debería decirte? Solamente te enojaras conmigo y prácticamente ya lo estás de cualquier modo. Te digo, luego vas a querer irte y no puedes irte y luego me gritarás.
El nudo en su estomago se tenso. —Tienes tres segundos para hablar o yo me olvido de tu miedo a que alguno de los miembros de tu familia descubra que estoy viviendo en tu templo. Usaré mis poderes y averiguaré lo que ha pasado a mi modo.
—¡No! –chilló ella, empezando a mirarle. —No puedes hacer eso.
Un tic empezó a latir en su mandíbula. Ella se movió hacia atrás, poniendo la columna entre ellos. Aspiró profundamente como si tomara fuerza, luego habló con la voz de un niño pequeño, asustado. —Thanatos está suelto.
—¡Que! —rugió él, bajando sus piernas al piso y quedándose parado.
hello! cuanto tiempo.. bueno en realidad no..
asdasdasd weon estoy cn tragedia (? necesito desahogarme xD
solo pido perdon para los q no leen el manga...
como troll mashima nos hce esto! desintegrar fairy tail, q natsu abandone a lucy y q mas encima sea end .. END po weon!
sdasdsad a todas las personas q dijeron eso les pido mis mas sinceras disculpas por tacharlas de locas ... entre otras cosas..
dasdasd weon y lo peor es q tendre q esperar una semana una jodida semana para q salga el otro cap ;O;
(pero lo peor ..pa mi fue q dejara a lucy weon T-T)
dsadasdasd ya estoy cn sentimientos encontrados
en fin aqui les dejo el cap nuevo y espero les guste ;D!
