Creo esta vez no tarde demasiado en volver. Ojala les guste el capitulo.
Por la frase inicial parece que el fic se acaba aquí, pero eso no es verdad. Aun tengo unas ideas que sacar.
Muchas gracias a LOLITA GOTICA, AbSeMaJe, Andie Junjou, 052, .yui21, Flor Carmesi, TheTranslator, 001, Guest, Mika, Alice in Wonderland13, Amaya Etsuko, .127, Little Indulgence, Seshru,
············
"Si el tiempo se regresara a su pasado. Haría lo posible por cuidarte y evitar este fatídico final"
··········
No podía creer lo que sus ojos veían, esos suspiros acallados entre besos, sus cuerpos friccionándose. Se dejo caer al suelo, todo su cuerpo había perdido las fuerzas de sostenerse, solo era capaz de llorar, y acallar los hipidos del llanto que tanto luchaban por salir. No podía creerlo, de alguna manera quería que todo fuera una mentira. Se sentía tan desecha que no era capaz de articular palabra.
Se levanto de ahí, recogiendo lo poco que le quedaba de dignidad, era como si su pequeña hermana, y el chico al que más amaba le hubieran estado viendo la cara. De solo pensarlo, su cabeza daba vueltas, y se sentía marear. Limpio las lagrimas que pudo detener, agradecía que el baile fuera de mascaras, pues el maquillaje estaba completamente arruinado, igual que su corazón.
-Tamiko-san ¿encontraste a Yui?-el joven rubio frente a ella le miraba, ajeno a lo que sucedía en puertas traseras.
-No… pero Raito me mando un mensaje, la está intentando controlar. Creo la llevara a su hogar- le respondió con una sonrisa fingida. Se felicitaba por dentro al ser un idol
-De acuerdo, Sora-san te estaba esperando abajo- le señalo con un dedo pulgar las escaleras.
-Gracias por avisarme, creo que debo irme- no volteo a otras. No lo hizo.
Al bajar, prácticamente arrastro a su compañera de trabajo hasta la limousine que les pertenecía, se dejo desahogar con ella; esta simplemente le palmeo el hombro con impotencia. No había nada que hacer, al menos no ahora.
············
·············
-Raito-kun, despierta por favor- Yui le estrujaba con toda la fuerza que sus adoloridas caderas le permitían.
-¿Qué ocurre? Aun es demasiado temprano para despertarme- le dijo el castaño entre susurros mientras le daba la espalda.
-Raito-kun, despierta por favor- le zarandeó de nuevo antes de caer en la cama
-Bitch-chan, ¿Qué tienes?- le dijo el oji verde mientras se sentaba en la cama.
-Dime la verdad Raito-kun… ¿Tu y yo hicimos ya sabes…?- le dijo la chica hasta dejarlo en un susurro, le daba tanta vergüenza.
-¿el amor? Supongo que se podría decir que si- le explico Raito con una mueca indescifrable para Yui
-Estábamos ebrios, ¿cierto?- le pregunto la chica viéndole directamente a sus ojos.
¿Cómo decirle la verdad? Sus ojos se notaban perdidos. Deseaba que él le dijera lo mismo. ¿Cómo decirle que no se arrepentía? ¿Cómo explicarle que había significado algo? No tenía ni la menor idea de cómo decirle eso y opto por la mejor opción, para ella.
-No te preocupes, en realidad no me importa si lo hice contigo o no… Fue cosa de una noche, solo eso- subió los hombros restándole importancia. Mentiroso. Se dijo.
-Está bien, creo que tengo que irme- la joven bajo la mirada, su tono había salido tan frio como su mirada.
-Ok, ¿quieres que te lleven? Aun quiero descansar- le dijo mientras se volteaba dándole la espalda. Se cubrió con la manta de su cama.
-No te preocupes, es temprano, se llegar. Hasta luego, te veo el lunes- no sabía cómo definir lo que esas palabras significaba
Raito no le contesto, fingió dormir; porque se sentía incapaz de decirle algo más. Era como si sus palabras se hubieran sellado, aun a pesar de haber dicho que no le importaba, eso no era verdadero. Su mente, era como si tuviera un presentimiento, y este le dijera que si la dejaba ir sería la última vez que le tendría; como si al salir, terminara algo que nunca empezó.
Escucho la puerta cerrar, y el apretó sus ojos con fuerza, en verdad no tenía fuerza para reclamar o decir algo. No quería dormir, estaba más ocupado en otras cosas que en descansar, en lo último que podía pensar era en descansar. Soltó un quejido de frustración. Era tan horrible lo que sentía.
Una parte de su ser, estaba tan feliz por haberla hecho mujer, por ser el primer hombre en su vida, pero se sentía tan culpable a la vez, no solo por aprovecharse de ella en ese momento, sino por la apuesta. Esa estúpida apuesta, en el momento en que ella se enterara seguro no querría verlo a la cara. Pero tenía que entenderlo, las veces anteriores siempre lo hacían porque las chicas caían de manera fácil; sin embargo, desde un principio, la apuesta era solo para tenerla. Ella le había llamado la atención.
·············
·············
Solo tenía que salir de la mansión, se conocía el camino más o menos bien, no era necesario desviarse o algo por el estilo. Estaba tan cerca de la puerta principal cuando una mujer de cabello lila se poso frente a ella, no la recordaba, pero esta parecía que si lo hacía.
-Eres tú, sabía que no tardarías en ser su juguete- le dijo con una sonrisa maliciosa, como si supiera algo que ella no.
-¿A qué te refieres con eso? Yo no soy el juguete de nadie-le explico sin comprender del todo a lo que refería.
-Cierto, no eres una cualquiera, despertó contigo, deberías sentirte alagada- le dijo mientras cruzaba los brazos por su pecho
-Explícame mejor, yo no entiendo nada de eso- le miro directo a los ojos; confundida pero sin desistir.
-Está bien, el peróxido te quemo el cerebro. Eres una más, como Tamiko-san, como Sora-san, solo eres el juguete de la semana, eso si tienes suerte- le menciono con enfado mientras dejaba que su cuerpo se elevaba mas.
-No me vuelvas a llamar como eso, déjame en paz, yo no te digo nada operada, lo mío es natural. Todo lo tuyo es falso- se retiro con una pose altiva. Levanto su rostro, con enojo.
Al cerrar la puerta, se dejo llevar por sus piernas, camino al principio pero después no pudo aguantar más, quería salir tan rápido del lugar como había entrado. Estaba desesperada por hablar esto con su amiga, eso no era posible. No ella, ignoro que su cuerpo le decía que se detuviera, solo corría, solo corría. Su corazón estaba… no sabía como describirlo, estaba en el peor momento. Nada de esto podría empeorar.
-Disculpe, ¿es usted la señorita Komori?- le hablo una voz al otro lado de su celular. Limpiándose las lagrimas contesto, mientras que su voz temblaba, hizo solo una seña para que supieran había contestado; se detuvo de su carrera
-Soy yo, ¿Qué es lo que ocurre?- hablo mientras tomaba un poco de aire perdido en su carrera, para responder a lo que le preguntaran.
-Es un tema serio, por eso necesito que venga al hospital. Cuanto antes- sin poder pensar en nada mas, dio las gracias de manera distraída, mientras pedía un taxi. Definitivamente las cosas podían empeorar.
············
Sus cabellos se movían con el viento, aquel frio clima azotaba su cuerpo, pero no le importaba nada de eso. Sus lágrimas caían hasta sus piernas, el agua de la lluvia se mezclaba con ellas. Su boca se fruncía en un gesto de frustración y tristeza. No podía creerlo.
-¿Por qué?- susurro mientras levantaba un poco la vista, su cuello se acomodo en la banca. Mientras entre sus manos reposaba ese pequeño baúl
Llego tan rápido como pudo, no supo si pago mucho o falto algo, solo corrió, tenia apuro de llegar, su corazón, le decía que algo malo iba a pasar. Subió las escaleras como pudo, sus fuerzas aun no regresaban, la recepcionista le vio pasar, esa mirada de disculpa, no le agrado en nada. Al llegar abrió como si nada la puerta, lo que encontró le destrozo por completo.
-Señorita Komori, necesito hablar con usted. A solas si es posible-el doctor le tomo del hombro.
-Quiero ver a mi padre, quiero estar con él-le replico la chica mientras intentaba moverse lejos del doctor.
-Señorita Komori, a su padre le queda tiempo. Pero, si dejamos que siga viviendo, su padre sufrirá mas- le explico el doctor con todo el tacto que podía decir en ese momento.
-¿Qué quiere decir con eso? Por favor, déjeme verlo- le rogo la joven mientras retenía el aire y lo soltaba al mismo tiempo.
-Hay dos opciones, La primera y la menos recomendada es dejar que siga su curso. La segunda, y la mejor, es… aplicarle anestesia-trato de hacer que la joven le entendiera, parecía estar desesperada.
-Déjeme verlo por última vez- le dijo entre lamento mientras quería pasar.
-Necesito firme estos papeles- se los entrego a la joven para que lo hiciera.
-Ahora déjeme ver a mi padre- le empujo con un poco de fuerza. Solo quería verlo, quería verlo por última vez.
-Hola Yui, ¿Cómo has estado?-le pregunto su padre, se veía tan demacrado, pero eso no impedía que le saludara.
-Estoy bien, ¿Cómo estas tu? Dime la verdad- le dijo mientras lo abrazaba, este apenas le pudo corresponder.
-Ya no siento tantas fuerzas, pero estoy bien. No te angusties, se que haces de todo para ayudarme-le acaricio la cabeza con cariño.
Yui tuvo que desistir sus impulsos de llorar, quería que su padre la recordara como una joven fuerte, que lo último que viera en ella no fuera la tristeza o se sentiría culpable, sino una sonrisa. Su última imagen. La ultima de este mundo. Mordió su labio con fuerza, casi sacándose sangre por él.
-Papá, lo que están por hacerte fue la mejor opción. Te amo y no quiero que lo olvides nunca, siempre te estaré agradecida por cuidarme todos estos años, quería verte una última vez. Parece que esta es la ocasión-le abrazo de nuevo. Quería volver a ser esa niñita que no entendía eso sobre la muerte. Quería decirle tanto, pero quedaba tan poco tiempo.
Que todo lo veía rosa, quería ser nuevamente esa pequeña. Abrazo a su padre, aun sonriendo, lloro. El doctor llego, junto a una enfermera, prepararon unas medicinas, llenaron la inyección y se la colocaron a su padre.
-Yui, también te amo, siempre serás mi hija, siempre serás esa niña a la que tanto amo. Nunca me olvides, yo nunca lo hare, donde quiera que este, estaré orgulloso de haberte criado por tanto tiempo, de haber estado junto a ti. Solo tengo una cosa que lamentar, y es el de irme tan rápido-
Le entrego una caja, de la cual Yui no estaba enterada, pero supuso era para ella, pues su padre apenas susurrando se la entrego. Después de eso, su padre, se quedo dormido, para siempre, no volvió a sentir el dolor, y como Yui se prometió así misma, lo último que vio en ella fue una sonrisa. Le extrañaba tanto, que no podía imaginárselo.
Apenas habían sido unas horas, y ya sentía necesitarlo, quería regresar el tiempo, como si este tuviera la culpa de lo que le estaba sucediendo. Sentía que el aire se escapaba de su cuerpo, que su alma se iba a un lugar muy lejano. Apenas y pudo sentir como unos brazos le tomaban entre ellos al sentirse caer.
Ahora no estaba muy segura de donde estaba, era una habitación que le era completamente reconocida. Le gustaría decir, que esto le asustaba porque era la primera vez que le sucedía.
Desgraciadamente, era la tercera vez en una situación parecida, y sinceramente, no tenía muchas ansias de averiguarlo. En esto momento, y con su ánimo como estaba se sentía peor que si un auto le hubiera pasado por encima diez veces; nada le importaba, ni su trabajo, ni la escuela, ni el contenido de esa pequeña caja. Cerró los ojos, resguardando todo lo que paso junto a su padre. Era su único familiar, ahora no le quedaba nada…
-Qué bueno que despertaste. Fue una suerte que pasar por ese parque- le dijo el muchacho acariciando sus cabellos.
Ella se dejo llevar por esas caricias, era como recordar lo que su padre solía hacer, era casi la misma sensación, aunque era consiente lo que estaba sintiendo obviamente no era por su padre, quiso responder, no quería abrir los ojos. Su voz, sonaba tan quebrada y tan baja, que al primer intento el chico tuvo que agacharse para escucharla mejor.
-Gracias por traerme Kou-kun, es una larga historia- suspiro con nostalgia.
Las imágenes de esos recuerdos se seguían pasando por su cabeza. A pesar de que su padre, siempre deseo darle más, lo que ella necesitaba era el incondicional amor de su padre, siempre lo recibió, ahora no podía quejarse, lo único que le quedaba por atesorar eran esos pequeños detalles. Sin darse cuenta derramo lagrimas, nuevamente. Limpiadas por el chico a su lado.
-Tengo tiempo para escucharla…- le dijo el mismo joven mientras acariciaba con mas ternura los cabellos.
Era tan extraña esa sensación, que con ayuda se levanto. Definitivamente le diría todo, quería desahogarse para poder dejar de llorar. Muchas veces- y aunque le parecía una tontería en eso entonces –su padre le dijo que cuando muriera, no deseaba verla llorar por él. Yui sabía era completamente imposible.
