Nenas ha sido una semana complicada, gracias por los reviews, acá está. Por este capítulo van a tener que agradecerle a Malevola también, mis cálculos poco confiables sugieren que estaría 45% peor escrito y el contenido sería 33% mas confuso y sería un 28% menos emotivo de no ser por ella.


Lealtad

Quizás ésta era la verdadera razón por la cual nunca había aceptado salir con él. Quizás ella siempre supo que James Potter era un abismo y acercarse acarreaba el irremediable destino de una tempestuosa caída libre. Quizás ella siempre supo que ser amable con James podía terminar en salvar a una mortífago de la muerte, para que ésta termine apuntándole con su propia varita y entender que una vez que se está muy cerca de la muerte, es imposible alejarse del borde del velo. Si sale bien librada de ésta, su vida habrá cambiado para siempre y el resto de las personas serán aburridas y cobardes, y ya nadie le va a parecer interesante nunca más.

Así que Clarise Brown o Violet Hope o quien coño fuera está mujer, y a éstas alturas bien podría ser un hombre, le robó o mejor dicho le arrebató la varita y ahora apunta directamente hacía ella. Encontraron el veneno y encontraron el antídoto, escondido a plena vista, porque ella en el arte de engañar era aún mejor que los merodeadores, iba dos pasos adelante. Mientras ellos podían llevar a cabo cualquier clase de artimañas para ocultar información u objetos, ella dejaba todo a plena vista y al mismo tiempo oculto. Se había envenenado con poción alisadora para el cabello que estaba en su mesita de noche descansando inocentemente. Esta poción no debe por ningún motivo consumirse, es la clase de veneno que se intensifica con los bezoares, que actúa progresivamente y tiene efectos tan genéricos que es una pesadilla de diagnosticar. La mayor parte de los envenenamientos de bebés magos era exactamente con eso. Por suerte, el antídoto también era simple aunque no placentero, un poco de pus de bubotubérculo y listo.

James estaba en la oficina de McGonagall porque si la evitaba por más tiempo la profesora iba a volver a la habitación. Y Remus, estaba colocando el resto de pistas del endemoniado acertijo que había dejado James antes que empezaran a notar que fue todo un invento para largarse de ahí. Peter seguía en su interminable e infructuosa búsqueda de información rondando las salas comunes y dormitorios sin que Lily supiera como lo lograba, y mandaba reportes regulares pero vacíos. Y eso había dejado a Lily una cantidad grosera de tiempo con Sirius Black en el dormitorio de los chicos, con la mortífaga espía que estuvo muriendo y ahora se recuperaba satisfactoriamente. Eso era justamente lo que ella estaba comprobando cuando la chica, mujer, hombre o lo que fuera, había tomado la varita del bolsillo de Evans para dejarla muy cerca de su cara. Lily comprendió la utilidad de que Sirius Black se hubiera quedado allí, sólo para asegurarse que ella continuara viviendo.

Sirius estaba en el baño, y regresó en el momento exacto en el que la varita se alzaba a la atura de los ojos verdes. Algunas casualidades sí son afortunadas. No necesito ni de dos minutos y además disfrutó cada segundo.

— Sabias que tenías ser una duelista patética, todas las personas que saben esconderse lo son. — se burla Sirius, es un gamberro innato, los enemigos caídos siempre le han producido cosquillas en el estómago.

— No sé cómo hicieron para mantenerme con vida, pero seguir torturándome no va a servir de nada. — dice ella con supuesta indiferencia pero tiembla y Sirius lo nota, él sabe cómo huele el miedo y ella apesta.

— Lo sé, vamos a hacer un trato tú y yo, demonio ambulante. La señorita Evans nos va hacer el favor de conjurar un juramento inquebrantable.

— ¿Qué dijiste Black? ¿Te refieres a esos juramentos que si no cumples te mueres? ¿De eso estás hablando? ¿Con una mortífaga? — Interrumpe Lily, es a ella quien tendrían que torturar para que hiciera tal cosa.

— ¿Cuáles son las condiciones? — Pregunta la muchacha riéndose, parece que éstos niños no van a dejar de sorprenderla.

— Ehm… Yo sigo aquí y no voy a hacer eso — interviene Lily de nuevo.

— Tú, loca suicida del demonio, nos vas a ayudar de todas las maneras posibles y yo voy a hacer lo mismo por ti, si lo que quieres es morir, cuando sea el momento te daré el golpe de gracia. — Sigue Sirius sin siquiera mirar a Lily

— Me parece justo. — concede

— Y esto va quedar entre nosotros ¿Escuchaste Evans? No le puedes decir a James.

— Lo que me gustaría saber es cómo vas a convencerme de hacer eso — dice Lily cruzando los brazos con expresión bastante exasperada.


— La historia no es larga. Mi nombre es Stella, sólo Stella, sin apellido porque soy huérfana. No sé quién me puso ese nombre, la verdad.

Comienza cuando finalmente James, Remus y Peter habían vuelto a la habitación con las caras lívidas y las ojeras marcadas. La arrancaron de los brazos de la muerte y ahora ella habla. No tienen muchas ganas de escucharla, todo lo que dice les sabe a mentira y por alguna razón continúan actuando como si ella fuera a decir la verdad.

— Soy una bruja metamórfica, lo que es raro, pero yo soy más rara, porque soy una bruja metamórfica sangre sucia. — Y nadie le contradice o la interrumpe, si ella se dice sangre sucia allá ella — Hay magos con más magia que otros, hay magos metamórficos con más poderes que otros. El hecho es que siendo una bebé, no cambiaba sólo el color de cabello, como hacen los que son como yo, cambiaba todo. La forma de la nariz, el tamaño de los brazos, coño todo, hasta las formas más asquerosas y bizarras posibles. Porque era una bebé y no sabía hablar, ni caminar y mierda, tampoco cambiar. Los muggles abandonan al pequeño monstruo, como es natural. — Será muy maldita ésta demente que está mirando a Remus mientras dice: "monstruo", piensa Sirius. Y ella se ríe como agradeciéndole la sutileza de notarlo — Terminé en un orfanato muggle. Me odiaban, pero su religión no les permitía dejarme en la calle a morir de hambre, sin embargo, les permitía otros. Aprendí a no cambiar, pero era difícil mantenerlo bajo control. Una vez no pude y los niños, todos ellos, se me vinieron encima como si fuera una bestia — y ahí va otra vezla malnacida ésta a mirar a Remus cuando pronuncia "bestia". Él finge que no lo nota y a Sirius le arde todo. — Me escapé ese día y no he vuelto a usar la forma de Stella desde entonces, así que no recuerdo mi verdadera forma. Recuerdo como era cuando era una niña, pero esa ya no es mi verdadera forma de todas maneras. Hice lo que único que tenía sentido, robar y cambiar, hasta que me atraparon, no un muggle por supuesto, sino un mago. Fue lo mejor que me pasó en la vida. Creía que era el único fenómeno en el mundo, pero habían más. Me dio una varita ilegal y me enseñó a leer, escribir y estafar. Al final se endeudó tanto por el juego y el alcohol que me vendió a la mafia mágica y ahí nació Violet Hope, ese era mi seudónimo. Ellos me enseñaron como estafar de verdad, como hacer los contratos de los que no puedes zafarte. Y podía hacer que cualquier persona firmara cualquier cosa sin darse cuenta. Y como Black dedujo brillantemente, soy terrible para el combate, jamás he tenido que combatir. Yo soy invisible... o era.

— Que conmovedora historia, voy llorar en cualquier momento, pero te faltó un pedazo. ¿Cómo te uniste a Voldemort? ¿Te vendió la mafia? — Pregunta Sirius

— Oh, claro. Voldemort requirió al más discreto agente y yo fui. Me pidió una trampa para los vampiros que no caen en nada y la hice. Luego me "persuadió" firmar uno de mis propios contratos. Vaya ironía, ¿no?

— ¿Te persuadió?

— Black, no finjas sorpresa ahora, sabes que el cruciatus es muy persuasivo. Aunque debo admitir que ustedes también lo son.

— ¡Que mierda! — Se queja James — Cada vez que hablas, todo es peor y peor. Tú eres motifaga porque no pudiste romper uno de tus propios contratos así que decidiste suicidarte, Merlín sabe por qué, en está habitación. O sea, que eres absolutamente inútil para nosotros.

— No absolutamente, pero sí bastante inútil. De todas maneras le he prometido al Sr. Black que los iba ayudar en todo lo que estuviera a mi alcance, ¿verdad?

— ¿Y la orden del Fenix? — dice Remus preguntando algo que ya a nadie le importa Porque nada importaba, todo estaba perdido.

— Es sólo un rumor. Dumblendore está formando un ejército por la afición del anciano a esos animales, porque es ganador de la Orden de Merlín y porque su bando se está muriendo. Es mitad un juego de palabras, mitad una burla, pero dicen que Dumblendore está haciendo un patético esfuerzo por conseguir la orden del Fenix. No existe.

— Ehm… no sé ni cómo llamarte, pero ya hiciste esto una vez, "venir a decirnos la verdad" y resultó ser otra trampa. ¿Por qué creerte ahora? Todo lo que dices es pura mierda — espeta James desganado, todo está espectacularmente jodido.

— Stella, deberías llamarme Stella. Porque hice un juramento inquebrantable con Black, ¿Le crees a Black?

Lily todavía esta roja como un tomate. Sirius logró convencerla de conjurar el juramento inquebrantable cuando le contó que había un contrato. Que ella lo firmó y James lo firmó. Que supuestamente era una invitación pero no lo era y que la creadora del contrato era la persona que acababa de salvar. Y James tenía hasta el sábado en la noche para decidir si ser mortifago o morir. Solo que él ya decidió. Desde el mismo instante en que lo supo, él decidió.

— ¡Maldita Sea, Sirius! ¿Hiciste eso? — dice James alarmado, nada más eso faltaba.

— Se supone que no le tenías que decir, imbécil. — le recrimina Sirius a Stella

— El juramento consiste en que te ayude, decirle ayuda, y ese va a ser el único criterio en el que me voy a basar. — explica ella mostrando las palmas de las manos

— ¿A cambio de qué? — quiere saber James

— Esa respuesta no ayuda.

— ¡Vete a la mierda! Sirius más te vale que me digas que coño fue lo que prometiste…

— ¿O qué? ¿Vas a matarme? Perdiste la cabeza si pensaste que no iba a hacer nada, no exageres y escucha… — Ataja Sirius con fiereza, la sola idea de que James se muera y el sobreviva es insoportable

— ¿Qué no exagere? ¿Yo? Tu hiciste un juramente inquebrantable con Ella, es una mortifago coño, no tiene ninguna clase de límites, es una puta escoria. — dice James ofendido.

— Exactamente y ahora nos va a ayudar.

— Yo no quiero esa clase de ayuda

— Bueno no vengas a joderme diciéndome que soy suicida mientras tú…

Escuchándolos Lily entiende cuan profundo había enterrado esa daga cuando lo comparó con Snape, cuan ofensivo fue. Debió sentir nauseas de la indignación; porque James Potter tenía hasta el sábado para romper el contrato o morirse, no había más opciones. Entendió también que cuando Sirius Black le amenazó con ser desagradable, ella debió haber sentido mucho más miedo que indignación; porque era la misma persona que había puesto su propia vida en la línea de fuego, sin dudarlo, para ayudar a su amigo en una causa perdida porque tenían a la mismísima creadora del dichoso documento frente a ellos, y estaba igual de atrapada que James. A Lily se le derretían los ojos sin querer de pensar que era la madrugada del lunes y James se iba a morir el sábado en la noche.

— ¡Ya basta! La quieras o no ahora tienes su ayuda, James. Ahora cállense todos y vamos a escuchar a la escoria ¿quieren? — interviene Remus

— ¿Cómo eres útil? Tiene que haber algo — pregunta Lily, temblando.

— Información, por supuesto. Pero tendrían que creerme y yo en su lugar no me creería nada.


Sirius estaba sentado frente a la ventana de la sala común fumando y sabe que Lily, ahora parece normal decirle Lily, tiene razón. Podrán ser brillantes, la maldita fuente de donde brota la luz de la genialidad. Pero hasta los superdotados necesitan comer y dormir, y si no están en plenas facultades, ya no son genios, son sólo personas normales, como ella. Así que Remus había ido a la cocina por bollos de mantequilla y jugo de calabaza, y se habían atragantado con ellos, se los habían comido a pura fuerza de voluntad. Lily fue a su habitación porque era demasiado sospechoso no volver por tanto tiempo, Anne se iba a empezar a preocupar. Quedaron en dormir cuatro horas y luego poner manos a la obra en lo que sea que fueran a hacer.

Peter había estado espiando a una lista grosera de personas por venticuatro horas seguidas, así que con o sin la sugerencia de la chica se hubiera echado en la cama a dormir de todas maneras. James había pasado la noche anterior en vela llorando como un niño y hay pocas cosas más agotadoras que esa, y el día en la loca búsqueda del antídoto junto a Remus. Parecía que el cansancio era más importante que la muerte misma, porque dormían. La maldita de Clarise Brown/Violet Hope/Stella como coño quisieran llamarle se durmió como si nada y "en su jodida cama" piensa Sirius, va a tener que quemar esas sabanas, o incluso la cama. Está considerando los métodos mientras fuma lentamente, no se puede dormir mientas la rabia burbujea bajo la piel y vuelve la sangre espumosa.

— ¿Puedo acompañarte? — dice la voz de Remus tras él, un poco más rota que de costumbre.

Sirius no dice nada, claro que puede acompañarlo, es una pregunta estúpida de todas maneras. Remus se sienta a su lado y puede sentirlo temblar, desmoronarse. "Perdón" susurra, perdón por no haberte creído, por no haberte tomado en serio. Sirius niega con la cabeza, no hay nada que perdonar. Le pone las manos sobre los hombros "Un poco de fe lunático" dice, aunque él no la siente, perdón quisiera decir él, que sabía, que siempre supo y no hizo nada, no pudo evitarlo. Remus lo abraza y él se lo regresa, como se abrazan los hombres, como si estuvieran más bien intentando estrangularse.

— Para ser un Black eres bastante sentimental, ¿no?

Pero esa no es la voz de Remus. El hombre que tenía rodeado con los brazos, se volvió mucho menos alto, sus hombros considerable más angostos, su cabellos bastante más largos, hasta que ya no había hombre, hasta que Sirius Black no estrangulaba a Remus Lupin sino a Stella alias Violet Hope. Sirius siente una arcada de asco y odio mezclado. "¿Coño de su puta madre es que ésta maldita sucia de mierda nunca iba a dejar de engañarlo?" Se aleja instantáneamente de ella que había recuperado la forma de mujer castaña y piel blanca. Está agotado coño, ya no quiere ni golpearla, se le antoja más sentarse a llorar.

— ¡Mierda, que asco! ¡No puedo creer que te toqué!

— ¿Que me tocaste a mí o que tocaste a Lupin?

— ¿Qué coño pasa contigo? ¿Es que no puedes pasar más de dos horas sin joderle la vida alguien, maldita sea?

— Pero dijiste que te ayudara, en cualquier forma posible, que hiciera todo lo que pudiera, ¿no?

— ¿Y cómo ayudó eso, maldita loca? ¡Mierda! ¿Sabes lo que es ayudar? Porque no has ayudado nada, en absolutamente nada. Tú, demente asquerosa, nos metiste en esto, ¿recuerdas?

— Te estoy mostrando, mostrando como te usé, hasta a ti te use, el más brillante de todos.

— No me jodas. Me engañaste pero no me usaste, no es lo mismo.

— Claro que te usé. Te estoy mostrando que sólo basta ser la persona correcta para que todo el mundo ceda.

— ¿Y qué ganaste? ¿Qué ganaste conmigo, eh?

— Una firma, por supuesto. ¿No fuiste tú mismo él que convenció a Evans de que Potter era una buena persona? Hasta hiciste que Lupin te ayudara

— Tú no hiciste eso, tú no me convenciste de nada. No creas que puedes jugar con mi mente.

— Pero es raro, ¿no crees? Que James Potter, siendo tan talentoso, se caiga de su escoba, y justo antes de la reunión de prefectos. No es como si alguien lo hubiera confundido un poco, ¿verdad?

— ¿Quieres que te mate ahora mismo? ¿Eso es lo que quieres?

— No, quiero que me mates, sólo que no ahora. Pero responde, ¿para qué te usé si de todas maneras me iba a suicidar? Nadie pregunta las cosas correctas, ni siquiera tú, pero estás más cerca. Black, desde el primer momento lo sabías, en el tren lo sabías. Puedes ver más que ellos, pero no te haces las preguntas correctas. ¿Para qué te usé?

— ¿Para probar que estás demente? No lo sé mierda, somos colegiales, no hay nada que podamos hacer contra Voldemort y su ejército de mortífagos. Es imposible.

— Ustedes van intentarlo aunque no sea posible porque tienen más cosas que perder que nadie. Yo no tengo nada, así que no importa.

— ¿Entonces por qué orquestas esto contra él si no te importa?

— Venganza naturalmente. Esa fue una buena palabra Black, orquestar. La venganza puede orquestar pero nunca gana.

— ¿Qué gana?

— Ustedes. Tú has visto el otro lado y lo sabes.

Y Sirius entiende que quiere decir con "ustedes", porque ellos son una sola cosa, un bloque, la muerte de uno implica la muerte de todos y lo saben. Sí, claro que ha visto el otro lado, y es cierto, sin importar que fueran cuatro colegiales, podrían resistir más arremetidas que la mismísima y antiquísima familia Black con todo y su magia negra. Él lo sabe, porque ha visto como se traicionan unos a otros, como se mantienen al margen si no hay nada que ganar o si la batalla ya está perdida. Además, Voldemort jamás los iba a ver venir, porque al igual que su familia, no entiende que hay personas capaces de darlo todo sin pedir nada a cambio. Mientras él exige, pero no comprende que es la lealtad.

— Lo único que hiciste fue ponernos entre la espada y la pared, porque tú tenías miedo de enfrentarte de a ellos. Eres una cobarde asquerosa.

— Lo soy — admite

— Te odio, maldita, te odio. — Susurra Sirius

— Lo sé, causo ese efecto, tal vez debería llamarme Stella Black. Me vendría bien, ¿no crees?

Sirius saca su reloj del bolsillo, sujeto por una cadena al cinturón. Solía tener una reliquia de la familia Black de oro sólido pero la vendió por cualquier cosa y compró uno más moderno, mucho menos aristocrático. Termina por volver a colocar el reloj en el bolsillo aunque conserva la cadena de plata en la mano. En cuestión de segundos la cadena estaba flotando rodeando el cuello de la muchacha y ardía, si se movía iba a quemarse la piel. Ella se queda inmóvil, medio asustada, medio sorprendida. Sirius se acercó tranquilamente, con la varita se cortó un dedo hasta que gotera sangre y la dejo caer sobre la cadena que aun levitaba alrededor del cuello de la muchacha, instantemente cayó y se pegó a la piel de la muchacha, y ella tensó todo el cuerpo esperando el dolor que no llegó, porque sólo sintió el usual contacto frio del metal. Parecía un collar, un poco heterodoxo, pero un collar.

— Te queda perfecto, no el collar, sino el apellido. Esto hacían los Black con sus esposas para que no escaparan, sólo que usaban joyas. Si te alejas más de cien metros de mí se va a calentar tanto que te va traspasar la piel. Y lo mejor de todo, como es magia negra, sólo yo puedo quitártelo y es imposible de ocultar, tengas la forma que tengas voy a saber quién eres. Buenas noches, y bienvenida a la familia Stella Black.


Lily tiene tantas horas sin dormir que ya no puede ni contarlas, las primeras angustiosas horas en vela ahora parecen tan estúpidas, estaba preocupada de que James pensara que era una tonta y no quisiera ir al baile con ella. Luego pasó a inquietudes más serias, disyuntivas de adultos, de guerra, de vida o muerte. Y siendo ella misma la que había propuesto descansar, ahora le parecía la más ridícula de las ideas, estando allí en su cama con los ojos cerrados tan despierta como se podía estar. Cuando escuchó un susurro que decía: "Hey Lily", muy cerca de ella hubiera proferido un grito alarmante, pero una mano muy rápida, demasiado rápida, cubrió su boca antes que pudiera hacerlo. Al enfocar la mirada, en medio de tanta oscuridad lo único que puede ver realmente es una mata de pelo muy desordenada, demasiado desordenada.

— Lily soy yo — susurra James — no grites

— ¿Pero cómo es que… Ya no sé ni por qué me sorprendo — dice Lily más hablando con ella misma, los chicos no pueden entrar a los dormitorios de las chicas y sin embargo él está ahí porque aparentemente puede hacerlo todo. — ¿Qué haces aquí? ¿Pasó algo?

— Vine a borrar tu memoria — dice él sin mirarla

— James no lo hagas por favor — suplica instantáneamente, porque sabe que no va a poder evitarlo, que si él quiere hacerlo no hay forma de que ella pueda impedirlo y sólo puede rogarle.

— Las cosas se van a poner realmente feas, no puedo pedirte a ti lo mismo que a ellos, porque son como mis hermanos, seria ofensivo no incluirlos, pero a ti ni siquiera te agrado demasiado, no tienes que arriesgar tu vida sólo porque te sientes culpable, no puedo pedirte algo así. — dice él como quien anuncia una verdad mucho menos dramática, podría haber dicho que McGonagall les había dejado demasiados deberes con esa misma voz.

— No puedes decidir eso, mi vida ya está en riesgo. Soy una sangre sucia ¿recuerdas?

— Coño no te digas así, Lily

— James te lo suplico, no lo hagas. Yo necesito ser parte de esto, no voy a conocer dos veces personas tan asombrosas como ustedes, no me quites eso. Prefiero llorarte toda la vida si te mueres el sábado que no saber nunca lo valiente que fuiste, por favor, déjame ayudarte… — diría más cosas y tendrían más sentido pero el llanto la ahoga, es extraño como todo puede cambiar en dos días, que se pueda querer y admirar a una persona tanto, en tan poco tiempo.

— Hay algo que puedes hacer, hay algo que me gustaría hacer antes de… en fin, algo que realmente quiero. Shhh… ya no llores, ven aquí. Vamos a solucionarlo, todo va estar bien. — dice él abrazándola e introduciendo su mano en la melena roja, acariciándola suavemente, calmándola.

— Eres un idiota. Tú no tienes que consolarme a mí. — se queja ella, por Merlín bendito, piensa que ser tan fuerte debería ser ilegal. Mientras que él se considera exactamente lo opuesto, un debilucho que va a complacerla porque está llorando y eso es más de lo que puede soportar.

— Un beso, al menos un beso de Lily Evans. — dice él finalmente, pero no lo dice como una petición de un moribundo, sino como quien escoge carne asada en un restaurant y se lo comunica al mesonero, aunque en caso de James, tendría que ser carne de soya asada.

— ¡No! ¡No voy a besarte! — casi escupe ella separándose de él bruscamente como si nada pudiera resultarle más repulsivo que esta propuesta. James no responde a la negativa con otra cosa que una mirada profunda y tristísima.

— ¡No quiero! ¡No voy a hacerlo! — continua en lo que parece ser un arranque histérico, hablando demasiado alto y amenazando con despertar al resto de las chicas de la habitación

—Te escuche la primera vez. — susurra mirando sus pies

— ¡No me voy a despedir de ti sin luchar primero! No voy a besarte porque crees que vas a morir, voy besarte cuando rompamos el maldito contrato, o cuando hayamos hecho absolutamente todo lo posible y sepas que vas a morir, pero no ahora. — dice ella furiosa entonces James la mira de nuevo con la misma mirada profunda, pero esta vez sorprendida, apenas y sonríe de lado antes de asentir. El trato esta sellado.

— ¿Me dejas dormir aquí? — pregunta luego de haberla mirado silenciosamente por un rato y ella asiente. Lo dejaría hacer cualquier cosa, excepto que se despida, que le solicite un último deseo, porque le parece que si hace eso de lo siguiente que hablaran será de los arreglos funerarios, no podría soportar esa conversación.

Él coloca su cabeza en el estómago de Lily, usándola como almohada y ella le acaricia el cabello desordenado lentamente hasta que se duermen, pero justo antes de caer en la inconciencia James balbucea "Yo creía que eras perfecta y resultaste mejor" ella lo escucha muy nítido ante de que el peso de los ojos la venza.