Skip Beat no me pertenece.

Muchas gracias por seguir este fic igual como me han acompañado en otros proyectos de Skip Beat. Gracias a PaulaGaTo, lunakari y mutemuia por comentar en el capítulo anterior.

P.D.: PaulaGaTo, no vi esa película.


Ángel guardián.


La pequeña Kyoko era la luz de su madre en tanta oscuridad, su nacimiento solo trajo dicha y felicidad, momentos que fueron apocados por una tragedia. La muerte una vez más estaba presente en la vida de Kyoko, pero esta vez no fue la suya, sino la de Sho, el padre que nunca llegaría a conocer.

A pesar que Fuwa Sho no fue el hombre perfecto, había algo en la vida que si había amado en el último momento de su vida y esa personita era su hija. La pequeña le recordó a su amiga de la infancia y era un nombre que habían decidido en honor a ella.

Fuwa Sho había tenido aventuras de una noche con muchas mujeres y una de ellas había sido la madre de su hija, aunque la llegó a ver como a una novia y de paso una carga, no estaba preparado para una relación, nunca lo estuvo, al menos no con la mujer que le dio la dicha de ser padre por única vez en su vida.

Amaba a su manager, era una pasión de aquellas prohibidas que merecían ser vividas pero ninguno de los dos pensó que su relación hiciera tanto mal. Nunca antes pensaron que amar fuera malo. No, hasta que decidieron vivir aquella historia de pasión y amor prohibido.

Las drogas habían sido un factor decisivo en su relación, ninguno midió las consecuencias de sus actos y lo peligroso que era conducir un coche estando drogados, ni el peligro que representaba para ellos, menos el peligro que ambos eran para la sociedad.

Shoko había sobrevivido de aquel fatal accidente, aunque la culpa no la dejaría en paz por el resto de su vida, ella vivía mientras que una bebé se había quedado sin un padre, una mujer se había quedado sin esposo. Ella debía morir, no él. Pensó en que él que manejara aquel coche debía ser él y ella morir en su lugar. Una vez más comprendía que no todo era como lo esperabas y como desearías que lo fuera.

Fue un 26 de Diciembre que todo el mundo artístico estaba de luto, fans de todo el país querían despedir a su ídol del mejor modo, recordándolo como él hubiese querido.

La señora Fuwa recibía las palabras de alivió que en ese momento no le sirvieron de nada, ni a ella tampoco al pequeño bultito que estaba entre sus brazos.

Fue una novedad para las fans saber que Fuwa Sho estaba casado y que tenía una hija, todas las expectativas y esperanzas la pusieron en aquella pequeña niña que para muchos era la continuación de Fuwa Sho y que él vivía en su hija, ella sería grande y fuerte, tendría éxito en todo. Sin duda, Fuwa Kyoko tenía fans desde ese mismo día.

Las fans también odiaron a Shoko. Más al escuchar a la viuda del cantante gritárselo en la cara, mientras que la manager era detenida por la justicia. Todo era un coro cantado con la misma palabra, con la misma acusación, Shoko desde entonces tampoco tuvo paz. No siendo "la asesina".

Shoko había ido a juicio por homicidio im-prudencial, fue sentenciada a pasar su condena en un centro de habilitación para adictos, cosa que no dejo muy contentos a los familiares de Sho, padre, madre y esposa estaban en contra de esa sentencia. Las fans de Fuwa también concordaron con ellos, querían que ella fuese a la cárcel, se lo merecía.

A los cinco años de estar en un centro de rehabilitación, Shoko recién pudo salir libre, había cumplido su condena pero no estaba preparada para el mundo que le esperaba allá fuera de esas paredes a las que se había acostumbrado.

Ya no quería consumir drogas, el hecho de ser responsable de la muerte de un joven que no era otro que su gran amor le habían dejado cicatrices tan profundas que se vio en la necesidad de buscarlas, quería buscar a la familia de su amado Sho y pedir disculpas.

—Por favor, discúlpame—Le suplico a Mimori.

—¿No crees que es un poco tarde?

—Lo sé. Esto es lo único que puedo hacer.—Dijo Shoko con lágrimas en sus ojos.—¿Y Kyoko-chan?

—Tu no te acercaras a MI hija—Estallo la madre de la niña.

—Permite-me redimirme. Quiero estar a tu lado ayudarte, seré hasta la sirvienta si me permites quedarme.

—Esta bien. Pero tu aquí no será nadie...—Con esa declaración la rubia se fue dejándola sola en esa gran casa.

Fuwa Kyoko era una niña que no estuvo expuesta a los medios de comunicación o al medio mediático por decisión de su madre, ella quiso que su hija fuese una niña normal. Y lo logró, llevaba cinco años de éxito. Nadie había irrumpido en su vida para hacer que los medios mediáticos la tuviesen en cuenta, la familia había pedido que respeten su dolor y que si la niña decidía ser en el futuro actriz o seguir los pasos de algunos de sus progenitores, sería la decisión de la pequeña.

—¿Tú quién eres?—Preguntó la pequeña curiosa al ver a una mujer desconocida en su casa.

Shoko se quedó sin habla, en la pequeña pudo ver algo de la personalidad de Sho y eso le lleno de dicha.

—Soy Shoko, Kyoko-chan.

—¿Tú me conoces?—La pequeña no salía de su asombro, era mucho para ella.

—Si. ¿Qué tienes allí?—Pregunto señalando su cabello.

—Es una goma de mascar...

—¿Quién te puso eso en el pelo?—Shoko se molesto bastante al ver a la niña con eso en la cabeza.

—Unas compañeras...—Afirmo triste—Se ríen de mi porque no tengo papá.

Shoko sintió culpa, por ella es que la pequeña sintió la falta de una figura paterna. Ella tenía toda la culpa.

—Tu padre te amaba—Le dijo regalando-le una sonrisa.—Tenemos que quitar esa goma de mascar de tu cabello.

—No quiero cortarme el pelo...

—No lo haremos.—Shoko busco hielo y se lo puso en el cabello.

—¿Por qué haces eso?—Quiso saber.

—Esto quitara la goma de mascar sin necesidad de cortar tu hermoso cabello.

Y como Shoko le había dicho, eso pasó.

—Wow, ya no tengo goma de mascar—Dijo sorprendida.

—Ya no—Shoko le sonrió.

—¿Cómo es que conoces a mi padre?—La pequeña estaba curiosa.

—Cuéntale a mi hija que tú me quitaste a su padre y que por tu culpa esta muerto—Hablo Mimori entrando al lugar. Tomo a la niña entre sus brazos pero esta le dedicó una mirada envenenada a Shoko, una miada propia de Fuwa.

—¡Tu eres mala! —Gritó la niña—¿Por qué mataste a mi papito?

Se bajo de los brazos de su madre y salió corriendo.

—¿Por qué hiciste eso?—Shoko sintió ganas de llorar.

—Permití que me quitaras a Sho, no permitiré que me quites también a mi hija—Dijo la mujer para salir del lugar.

A pesar de ser hermosa, Mimori nunca volvió a enamorarse ni a rehacer su vida en esos cinco años y aún llevaba luto. Le mostraba fidelidad al recuerdo de su fallecido marido aunque este nunca se lo mereciera.

Shoko busco a la niña y la encontró en la habitación. Era un cuarto de princesa y la pequeña estaba sentada en la gran cama, completamente sola.

—¿Puedo pasar?—Preguntó con temor a ser rechazada. No obtuvo respuesta.

Entro al cuarto y la niña no lloraba, no sonreí ni nada.

"¿Tanto daño he hecho?" Era una pregunta que Shoko nunca terminaría de responderse a si misma.

—Amaba a tu padre...—Entonces la niña la miró.

—Mamá dice que cuando amas a alguien sólo quieres lo mejor para él.

—Y tiene razón.—La niña decidió escucharla.—Amo a tu padre...

—Pero él ya esta muerto—La madurez de la pequeña la tomo por sorpresa al igual que pudiera hablar perfectamente.

—Para mi no, Kyoko-chan.

—¿Por qué?

—Es que cuando amas a alguien nada más importa. Quizás amar vuelve egoístas a las personas...—Dijo pensando en lo que decir.

—¿Tu amor por papá fue egoísta?

—Sólo te diré que papá para mi sigue vivo, en mi mente y corazón...

—Yo no puedo mantener vivo a alguien que para mi siempre estuvo muerto—El razonamiento y frialdad de la niña la dejo consternada.

—¿Quieres que te cuente sobre tu papá?

—Si...

Mimori estaba del otro lado de la puerta, escuchando la conversación, su hija siempre quiso saber de su padre pero ella nunca pudo hablarle nada de él. Dolía mucho para hacerlo. Quizás Shoko podría hacer eso en su lugar. Se quedó tranquila y decidió dejarlas solas, aunque otra estuviese ocupando su lugar una vez más.


Continuara.