¡Hola! Nuevo cap. Si están ahí, dejen reviews :) ¡Feliz año nuevo!


"¿Qué pasa cuando la perfección no es suficientemente buena?" Scott Westerfeld.


Todo está perfecto.

- ¿Es ese tu novio, Cressida? – preguntó Nymphadora con curiosidad, mirando desde la mesa de Slytherin a la mesa de Ravenclaw, donde Louis le había señalado – No es tan guapo.

Louis se rió del comentario de la niña y Cressida rodó los ojos. No era de extrañar, porque Dora y ella eran dos polos opuestos, e incluso sus gustos eran siempre diferentes. ¿Y qué iba a saber una niña de once años al respecto?

Finalmente los tres hermanos estaban en Hogwarts. De entre los tres chicos Malfoy, fue Dora la que nunca dudó en que sería seleccionada para Slytherin, y tampoco lo habían dudado sus padres. Cressida e incluso Scorpius podrían encajar en otra casa, pero no Dora. Cressida podía ser de lo más parecido a su abuela, físicamente, pero en temperamento y carácter era más parecida a su madre; y Dora podía ser el reflejo de Hermione, pero la abuela Cissy siempre decía que tenía el temperamento de un Black, como ella y como la tía Andrómeda.

- No sabes lo que dices, Dora. Edmund es uno de los chicos más guapos del colegio.

- A papá todavía no le gusta.

- Papá no le conoce. – replicó Cressida. Y esperaba que la situación siguiera así por bastante tiempo. Suficiente con que su padre casi no la dejara salir en el verano, más que para visitar a Louis, y que toda comunicación entre ella y Edmund en esas vacaciones fuera a través de cartas.

- ¿Y todavía estás peleada con James?

- Potter es un idiota.

- ¿Ahora es Potter? – preguntó Dora arqueando una ceja. Niña entrometida.

- Hablando de James, Frank me ha dicho que el profesor Longbottom lo ha hecho capitán del equipo de Quidditch. – dijo Louis, interviniendo en la conversación y salvando a Cressida de repetir de vuelta todas las razones por la cual James era un idiota que no merecía que ella lo llamara por su nombre – Al menos él no se ha quedado sin la mitad de su equipo. Tendré que darme prisa en seleccionar a los nuevos jugadores.

- No dudo que formarás un equipo excelente. Este curso Slytherin va a ganar la copa de Quidditch, sin duda.

Louis había estado de lo más feliz cuando su carta de ese año llegó con la noticia de que había sido nombrado capitán del equipo de su casa, y se lo había contado a Cressida de inmediato, con notable orgullo.

- ¿Puedo yo hacer las pruebas para entrar al equipo? – preguntó Dora con emoción contenida.

- Lo siento – dijo Louis, negando con la cabeza – todavía eres demasiado pequeña, Dora. Ni siquiera puedes tener tu propia escoba en el colegio aún.

- Es una regla estúpida. – dijo Dora, frunciendo el ceño. – Probablemente juegue mejor que la mitad de todos los que harán las pruebas. La tía Ginny ha dicho que soy muy buena.

El orgullo de su padre, porque ni Cressida ni Scorpius eran muy dados al Quidditch – Cressida probablemente no se hubiera vuelto aficionada a siquiera ver los partidos si no fuera porque para Louis era realmente importante -, en cambio Dora sí que podía subirse a una escoba desde que era muy pequeña.

- Eso es cierto. – dijo Cressida, dando un punto a su hermana – Tal vez deberías darle una oportunidad. Eres el capitán después de todo, ¿no?

Louis pareció considerarlo por un segundo: después de todo, estaba buscando tres jugadores para su equipo y con dejar que la niña lo intentara no perdía nada.

- Bien. Podrás hacer las pruebas, pero no creas que eso es garantía de nada.

Sin embargo, Dora ya se daba por satisfecha, porque si algo le sobraba a esa niña era confianza en sí misma, y apenas acabó de cenar se movió un poco más adelante en la mesa para decirles a Scorpius y a Albus que pronto estaría dentro del equipo de Slytherin…

Esa noche luego del banquete, Cressida no tuvo el tiempo ni la oportunidad para hablar con Edmund, pero a la mañana siguiente, cuando Louis y ella se dirigían a la primera clase del día, Herbología, él se acercó a ella saludándola con un abrazo. Louis, que sabía lo suficiente sobre ser prudente, se adelantó para darles unos minutos a solas.

- Te he extrañado, Cressida – dijo el muchacho - ¿Cómo estás?

- Contenta de estar de regreso. – respondió ella, sonriendo – también te he echado de menos. ¿Cómo estuvieron tus vacaciones en Noruega?

- Visitamos algunos castillos impresionantes, eran verdaderas reliquias. Creo que te hubiera encantado estar allí.

- Lo creo también – dijo Cressida -, pero mis padres siempre tienen mucho trabajo, hace años que no tienen tiempo para viajar al extranjero. Papá ha prometido tomarse un mes de vacaciones el próximo verano, y tal vez entonces podamos ir a Brasil o África. Hace años que quiero conocer Brasil.

Siguieron hablando de pequeños detalles de sus respectivos veranos, que ya había hablado por carta y sin embargo sentían la necesidad de comentar de nuevo para llenar los largos silencios. Cressida tenía la impresión de que el curso anterior había sido mucho más fácil hablar con Edmund, pero en ese momento no parecía que tuvieran mucho que decirse el uno al otro. Por fortuna, llegaron hasta el camino que conducía a los invernaderos y se separaron dándose un ligero beso antes de que Cressida comenzara a correr, porque luego de aquella lenta caminata tenía el tiempo justo para llegar a clases.

Fue un día realmente largo, pero para cuando todas las clases acabaron y Louis y Cressida pudieron tener un respiro sentados en su rincón favorito de la sala común, el muchacho colgó un pergamino avisando de la fecha de las pruebas para el nuevo equipo de Slytherin. Al parecer, la nota tuvo un efecto inmediato, porque a la tarde del día siguiente la profesora Longbottom le dio una lista con casi cincuenta nombres de alumnos que querían pasar por la selección de jugadores.

Para el siguiente sábado, cuando Cressida se dirigió al campo para ver en qué resultaba todo aquello, fue imposible no darse cuenta de que prácticamente todos sus compañeros y conocidos de casa estaban también en las gradas, observando. Lucretia, Bronwen y Lance estaban acompañadas por Balthazar, y al parecer Lance también haría las pruebas ese año. Scorpius, Nymphadora y Albus también iban, y su hermano enseguida se unió a Cressida, porque los dos últimos también estaban juntándose al grupo que esperaba por su turno de probarse a sí mismos sobre la escoba.

- Buena suerte – le deseó Cressida en un susurro a su hermana y a Albus, pero también a Louis. Estaba seguro de que Elías nunca tuvo que deshacerse de tantos candidatos.

Un grupo de chicas tontas se retiraron apenas Louis llamó sus nombres, avergonzadas y riendo tontamente, y Cressida confirmó su teoría de que era por la popularidad de Louis que tantas personas se reunían allí. Todavía no estaba segura si se debía al hecho de que fuera nombrado capitán del equipo de Quidditch, o más probablemente a que él había crecido varios centímetros durante el verano y le sentaba bastante bien. Cressida estaba acostumbrada a la apariencia de Louis, y tal vez por ello no suspiraba por él como el resto de las chicas, pero era imposible no notar que fuera donde fuera, las muchachas daban risitas tontas cuando él y Cressida iban pasando, y se ponían a cuchichear con expresiones soñadoras en sus rostros. Daban pena.

A pesar de que un grupo considerable de estas chicas se retiró, los potenciales miembros del equipo eran todavía muchos, y a Louis le tomó toda la mañana – y parte de la tarde incluso – poder deshacerse de aquellos que eran unos inútiles, aquellos que consideraba que jugaban bien pero no tanto, y los que de verdad quería en el equipo.

Al final, Louis consiguió un nuevo buscador: Albus Potter, que había volado impecablemente y atrapó una Snitch más rápido que cualquier otro; una nueva cazadora, una chica de quinto año llamada Miranda Flint, y un nuevo guardián, Michael Park. Nymphadora estuvo bastante desilusionada, pero mientras se acercaba al grupo para reunirse con Louis, Cressida oyó a su amigo consolar a su hermana menor, diciéndole que había jugado bastante bien, que la tendría primera en las reservas, y que sin duda debía intentarlo de nuevo para el siguiente curso. Dora respondió a aquellas palabras echando la escoba al suelo antes de irse, como la niña caprichosa que era.

- ¿De verdad es hermana tuya? – preguntó Louis, soltando un silbido – porque no se parecen en nada.

- ¿Sabías que soy la "princesa" de mi padre? – dijo Cressida. Louis asintió, mientras guardaba las Quaffles y Bludgers en sus respectivas cajas – Bueno, pues Dora es la "reina".

- Supongo que eso lo explica, - dijo el muchacho – de todos modos, creo que el nuevo equipo será bastante bueno, una vez que comencemos con los entrenamientos. Albus tiene madera, igual que sus padres… Oye, espérame un momento, voy a cambiarme y volvemos al castillo.

Cressida asintió, mirando a un punto cualquiera del campo mientas aguardaba por Louis. Se estaba muriendo de hambre y tenía la vaga esperanza que todavía hubiera comida para ellos en el comedor o en la sala común, pero se encontraba realmente feliz. Últimamente parecía que todo estuviera en su lugar: ella seguía siendo la número uno en la clase y tenía la esperanza de que el siguiente año la eligieran como prefecta de su curso, y James ni siquiera la había estado molestando esa semana, porque al parecer él también estaba sacando provecho de ser uno de los muchachos más populares de todo Hogwarts y estaba saliendo con una chica bastante bonita de Hufflepuff, Annette Abraham, que iba a su mismo año. Eso significaba que el muchacho enfocaba sus atenciones a algo más productivo, y ella por fin podía estar tranquila, como siempre había querido que fuera.

Todo era perfecto, de hecho, excepto quizá el hecho de que en las semanas siguientes tuvo poco tiempo para ver a Edmund. Con las clases, las horas de ensayos con la orquestra, y todos los deberes que debía realizar, sus horarios no coincidían demasiado y los momentos que podían disfrutar juntos se habían vuelto escasos. Por eso una tarde tuvo unas repentinas ganas de ir a verlo y sorprenderlo, y fue hasta la torre de Ravenclaw. No estaba segura de que fuera permitido entrar a la sala común de otra casa, pero por todo lo que Edmund le había dicho se trataba sólo de adivinar un acertijo.

Eso parecía más difícil que sólo recitar una contraseña, pero lo cierto era que no cualquiera podía o quería tomarse el tiempo de pensar lo suficiente para encontrar respuestas – algo que fascinaba a Cressida, cada vez que pensaba que ella pudo haber estado en esa casa – y además, a los estudiantes más jóvenes les resultaba particularmente difícil. Cuando la chica acabó de subir las escaleras de caracol y llegó a la puerta de la torre, un par de chicos de primer año estaban sentados en el suelo esperando por alguien que les diera la respuesta.

- Tú no eres de Ravenclaw – dijo la niña, frunciendo el ceño al ver la insignia de la serpiente en la túnica de Cressida.- No puedes entrar a nuestra sala común.

- ¿Quieren entrar o no? No necesito pasar si es que pueden llamar a Edmund Finch-Fletchey y decirle que estoy aquí.

Los chicos asintieron y Cressida se giró hacia la puerta, con la aldaba de bronce en forma de águila, que le formuló la pregunta que tenía que responder.

"En una escalera de 100 escalones, se posa en el primer escalón 1 paloma, en el segundo 2, en el tercero 3 y así sucesivamente hasta el escalón 100 en el que se posan 100 palomas. ¿Cuántas palomas hay en total?"

Ella tuvo que tomarse unos segundos para pensar y responder:

- 5050.

La puerta se abrió y los dos chicos entraron, y Cressida se quedó esperando hasta que la niña volvió un minuto después, para decirle que Edmund no estaba en la sala común y sus compañeros decían que aún no había llegado. Decepcionada, ella se dio media vuelta y bajó las escaleras con desgano para recorrer de vuelta todo el camino que había hasta las mazmorras.

- ¿Cressa, qué estás haciendo aquí? – preguntó Edmund sorprendido. Estaba subiendo con unos compañeros y se encontraron frente a frente a la mitad de las escaleras.

- Venía a verte – confesó ella. - ¿Estás ocupado ahora?

- Nosotros nos adelantamos – dijo enseguida Duncan, el amigo de Edmund, guiñándole un ojo a Cressida y tomando del brazo a su compañera para que siguieran su camino. – Que se diviertan.

- ¿Damos un paseo? – preguntó él, tomándole de la mano. – Lamento que no haya podido hacer tiempo en estos días, es que con los exámenes…

- Lo sé – aseguró Cressida con una sonrisa - ¿Cómo va todo para los TIMOs?

- Es agobiante. Parece que nunca estaremos listos, y por otro lado quisiera que la fecha de los exámenes llegaran para deshacernos de ello ya.

La conversación siguió por un buen rato sobre los exámenes, y los planes que Edmund tenía para más adelante – esperaba poder tener buenas notas y seguir con Runas Antiguas y Aritmancia, así podría trabajar en Gringotts luego de graduarse -, y Cressida escuchaba, aunque en el fondo sentía que todo aquello era demasiado monótono, como si ya lo hubieran hablado antes. Al principio había tantas cosas que Edmund y ella tenían en común, y todo eso seguía allí, ¿por qué entonces no se sentía satisfecha?

- ¿Todo bien, Cressa?

Con Louis nunca faltaba un tema de conversación, y las cosas eran siempre interesantes. Tal vez fuera porque Louis era su mejor amigo, era distinto. Sin embargo, cuando miraba hacia James y esa chica Abraham, ella siempre estaba riendo cuando estaba con él, como si James fuera lo más divertido e interesante del mundo. Bueno, a veces, cuando sus bromas no acababan lastimando a alguien, sí era divertido. Pero Cressida no quería alguien como él, claro que no. Por supuesto que no.

Entonces, ¿Qué faltaba?

- Cressida, ¿me estás escuchando?

Y entonces ella volvió a su presente y su realidad: Edmund, que era guapo, inteligente y calmado. Todo lo que ella quería.

- ¿Qué? Ah, claro. Sólo estaba pensando.