Décimo momento: Armónica y Narcisos
Serie: Momentos
By: Gissa A. Graham
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La viejas notas de "Auld Lang Syne" llenaban cada rincón de la terraza e incluso un poco más allá, llegando a los oídos de varios empleados que caminaban muy cerca de las últimas escaleras, aquellas que llegaban justo a donde a Terrence Graham le gustaba ir a descansar, leer, tocar su armónica y relajarse. Los trabajadores más observadores ya conocían parte de esa rutina que sucedía regularmente dos veces a la semana: el joven protagonista de "Romeo y Julieta" después de una tarde de ensayos se dirigía a su camerino, tomaba su saco, su armónica y lo que parecía una carta, durante una hora se perdía de la vista de todos en la azotea del edificio, sólo haciendo notar su presencia por la música que emanaba de aquel sitio. Cuando el chico bajaba era para por una hora más continuar por su cuenta practicando sus diálogos antes de retirarse del lugar.
Lamentablemente en esa ecuación en algunas ocasiones aparecía Susana Marlowe quien le gustaba espiar a su compañero, varios lo notaron, incluso el propio Terry pero todos optaron por ignoran esa molestia y dejar al chico disfrutar de las cartas de su novia, que era lo que leí siempre en aquel sitio, no hacía falta que lo dijera pues resultaba obvio al ver la cara de alegría con la que bajaba. Ese día no fue la excepción, la música lo delató otra vez.
Terry releyó por octava vez consecutiva la misiva que Candy le envió, apenas tres días atrás la había visto en Pittsburg pero ya tenía carta de ella, y es que la chica le contó, en dicha carta, que en cuanto arribo a su departamento de Chicago la escribió, además de otra carta para sus madres del hogar donde les decía que su Caballero inglés ya había cumplido su promesa y en la primera oportunidad se dirigirían al Hogar de Pony para poner fecha al esperado evento. Escribió una más para a Annie, otra para Paty, y a Archie y a Stear, a todo aquel que conociera, incluso al viejo Tío Abuelo para contarles a todos del suceso. También le escribió que lo primero que hizo al ver a Albert, quien la espero en la estación de trenes, fue gritarle "Terry viene conmigo", al llegar a su casa colocó el afiche de la obra en medio de la sala. Con esas noticias le ere imposible no sentirse contento.
Así, con la carta de su novia resguardada en el bolsillo de su saco y la armónica en sus labios Terrence comenzó a recordar el momento en que su pecosa le intercambio ese instrumento por los cigarros, esa fue la razón por la que había dejado de fumar, claro que no fue de un día para otro pero lo consiguió. El intercambio se dio unos días antes de aquel otro encuentro menos grato, cuando ebrio y herido llegó hasta la habitación de ella después de una pelea en la que Albert le salvó. Estar en el cuarto de Candice había traído para él sentimientos encontrados, algo de vergüenza que disimulo groseramente soplando su alcohólico aliento en el pecoso rostro, pero también emoción de saberse en su recámara donde ella lo curó y lo cuidó por un par de minutos.
Pero sin duda uno de los mejores momentos que más atesoraba fue aquel en el que se dio cuenta de lo ya muy prendado que se encontraba de aquella chica de coletas, ese evento aconteció cuando se reencontraron ya que él había sanado de la absurda pelea en la que se había metido luego de dos semanas recluido en su habitación, obvio, una vez que las monjas le descubrieron herido por navaja no lo dejaron salir bajo ningún argumento, encerrándolo por completo, además de que él tampoco se sentía con el ánimo de salir, pero el día que al fin fue liberado de su encierro a penas llegó la hora del almuerzo busco la Segunda Colina de Pony con toda la intención de encontrar a su rubia tentación, misma que tardó tanto que supuso no parecería así que resignado y aburrido dejo la rama del árbol en la que solía descansar para recostarse un rato entre los narcisos crecidos del pasto, si algo bueno tenía ese internado en el que llenaba varios años recluido era su gran bosque perenne en el cual crecían esas hermosas flores amarillas que perfumaban el ambiente con esa delicioso aroma de la primavera.
Recostado Terry colocó sus brazos por detrás de su cabeza, simplemente perdido en el fragancia y tranquilidad del lugar. Estaba ya adormilado cuando un repentino peso sobre su pecho, realmente sobre todo él, lo hizo regresar de golpe de su sueño en el que casi caía
Cuanta fue su sorpresa al abrir sus hermosos zafiros y ver un remolido de cabello rubio ensortijado exactamente a unos quince centímetros de su rostro, luego ese paisaje de gran melena comenzó a cambiar cuando la dueña de esa cabellera levanto el rostro hasta poder mirarlo directo a los ojos, el joven se dejó perder en ese intenso verdor que representaban las esmeraldas de Candice. Terry suspiró hondo llenándose del dulce aroma de rosa que surgía del pelo de Candy, sin apartar la vista hasta que se dio cuenta de que el pecho de ella descansaba sobre sus costillas, mismo que notó por la pesada respiración de ella, esa sensación se sintió muy cálida, muy intensa, casi peligrosa, así que para sacarse de tan embarazosa situación optó por hacer lo que mejor hacia en esas situaciones, embromarla. Sin pensárselo mucho la abrazó para con su inconfundible sonrisa decir:
—*¡Ey! Está bien que me encuentres irresistible, pero sí saltas de improviso sobre mí, me darás un tremendo susto.
La cara de Candy era un poema, pasó de estar abrumada a confundida y luego a indignada, intentó levantarse empujando con su brazos a los costados de Terry, pero los brazos de él se lo impedían apretándola mucho más haciendo el contacto inconfundiblemente certero.
—Pero… ¿Qué haces?
Candy dese su lugar lo miro sonrojada, le gusto la sensación de ser retenida por ese mocoso engreído, sin embargo no podía mostrar tan abiertamente lo bien que se sentía ahí. Después de incontables segundos en los que ambos jóvenes se llenaron de la sensación Terry por fin la soltó enderezándose con la intención de levantarse para también ayudarla a ella aunque al final sólo acomodo su torso recargan el peso de su cuerpo sobre sus antebrazos, quería esperar a que Candy fuese la que se quitase primero, para su sorpresa solamente se recorrió un poco por lo que él continuó en su tono bromista para relajarse.
—¿Qué quieres decir con qué estoy haciendo? ¡Eso debería de preguntártelo yo!
Indignada Candy gateo hacia atrás hasta sentarse también sobre el pasto
—Sólo me tropecé. ¡No deberías tirarte al suelo, a donde nadie te ve! ¡Cómo si fueras una piedra! –el tono de reclamo no sonó como tal, sino como a una simple excusa.
—Las piedras no pueden oler el perfume de los narcisos.
Terrence se sentó mejor sobre la hierba tomando una flor cercana y con un lindo gesto por demás teatral se la llevó a la nariz para olfatearla, luego se la extendió a su compañera para que hiciese lo mismo, Candy la tomó mientras le era imposible dejar de mirarlo. Lo que él aprovechó para seguir con las bromas.
—¿Y bien?, ¿por qué me miras así?, ¿Quieres un beso?
Con toda tranquilidad la rubia prosiguió observándolo, incluso inclinó un poco su cabeza, ya lo comenzaba a conocer y sabía que Terry sólo jugaba. Un hormigueo se extendió por la femenina mano que no tenía la flor en la mano, medio a gatas se fue acercando hasta tener al joven castaño tan cerca que podía verle a unos cuantos centímetro, tal cual él hizo sobre el Mauretania cuando le estudio sus pecas.
—Me he quedado sin palabras. ¡Me siento aliviada al ver que las heridas han sanado! –Candy estiró su mano aún hormigueante por la ansiedad de querer tocar al chico, con lentitud acaricio el labio inferior que semanas a tras se encontraba partido–. Aquella noche salí para comprarte medicamentos y en cambio tú…
Ese contacto tan inesperado casi hacen retroceder al inglés, no es que le desagradar, sino todo lo contrario, además las sensaciones que le produjeron, el latir de su corazón, las gana de besarla, todo se conjugó por lo que, ante el miedo del rechazo, prefirió ser algo brusco interrumpiendo la platica para nuevamente salirse por la tangente.
—¿Cómo has dicho? ¡Entonces transgrediste las reglas! –al decir aquello se levantó con un ágil salto– ¿Saliste sin permiso?, ¡y para colmo de noche! Casi estoy tentado a decirles a las monjas…
Candy también se puso de pie de inmediato colocando los brazos en jarras para reclamar que le dijera aquello.
—Terry, vi que tenías heridas graves, y por eso yo…
—Bueno, ¡yo no te pedí nada!
Por supuesto que esa contestación estaba por encima de lo que Candy podía soportar.
—Desde luego. ¡No quiero obligarte a aceptar mi ayuda! E incluso si me la pidieras, ¡sería yo quien me negaría a echarte una mano!
Sin mas la rubia dio media vuelta comenzando a caminar con rumbo a sus clases, a penas Terrence la vio girarse se arrepintió de lo que dijo, pero hablar de aquella ocasión en la que se presentó muy ebrio en su habitación lo incomodaba. No pensó mucho cuando volvió a hablar.
—Es la primera vez que me llamas Terry**
Su boca fue mucho más rápida que su cerebro, al terminar de decir aquello sello sus labios en una línea recta, no obstante sus palabras funcionaron, Candy se detuvo para girarse y verlo.
—¿Perdón? –preguntó confundida.
—Jamás me habías dicho Terry antes –si ya había dicho lo primero, pues quiso sincerarse un poco más–. Me alegra que ya me tengas más confianza.
—Bueno, yo…
–Está bien "Tarzan pecoso" no tienes que justificarte. Ya te dije que me gustó.
—Pues si yo te digo Terry tú deberías decirme Candy y no sobrenombres. Yo me alegraré cuando me los digas.
—Candy –el nombre surgió natural de los labios ingleses casi como una caricia–. Ahora ya debes de estar alegre.
—Oye, eso no cuenta –contrariada y sonrojada fue lo único que la rubia pudo argumentar.
—¿Por qué no? Dijiste que serías feliz cuando te llamara Candy, ya lo he hecho, ya debes ser feliz.
—Terry, si pretendes que no me enoje por lo de hace un rato que me digas Candy no funcionará mucho.
Él no supo como responder, por unos segundo quiso volver a ser cortante y brusco, pero optó por volverle hacer bromas. Caminó tres pasos, se inclinó para ver su rostro como ella lo había hecho minutos atrás.
—Señorita Candice White Andley, ¿usted me está mintiendo? Dijo que sí decía su nombre se pondría alegre, ahora lo volví a decir y completo, ¿esto mejora las cosas? — se quedo quieta al tenerlo tan cerca–. Ya sé que te pondrá alegre.
Aprovechando la confusión que se dejó ver en el rostro de Candy, la abrazo con fuerza en un movimiento veloz.
—Pero… Terry.
—Esto de seguro si que te pone muy alegre.
—¡Aléjate!
La chica manoteo hasta zafarse, lo cual fue sencillo pues Terrence la soltó para comenzar a carcajear.
—Ya Tarzan Pecoso, sabes que sólo bromeo.
—Pues no me gustan tus bromas –se dio la vuelta para correr–. Por tú culpa seré retada y castigada por llegar tarde –gritó, luego se detuvo para verlo y a esa distancia gritar nuevamente–. Y tú también debes de ir a clases –antes de continuar su marcha agregó muy fuerte –¡Terry!
—Así que te gusta que me ponga alegre porque me dices mi nombre –sonriendo él también grito fuerte, muy fuerte— ¡Candy!
La nombrada lo alcanzó a escuchar aún en su carrera.
—«Sí Terry, si me pone feliz que digas mi nombre»
…
Los sonidos del teatro volvieron a hacerse presentes regresando a Terrence de sus recuerdos, de aquella ocasión en que abrazo a su novia por vez primera. Con su cada vez más acostumbrada sonrisa en los labios se dispuso a bajar de la terraza del teatro Stratford. En su camino no encontró más que a los trabajadores habituales, pero sobre el escenario vio a Susana, pretendiendo practicar sus líneas, el joven negó con la cabeza, hoy no ensayaría ahí, lo haría en su casa, si bien su co-estelar yo no lo molestaba tan abiertamente aún seguía tratando de que convivieran por más tiempo, pero Terry se negó a entrar a ese juego.
Al salir del teatro el viento decembrino le dio la bienvenida, la noche se cernía sobre Nueva York, poco más de tres semanas y Candy no se volvería a ir de su lado.
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Gracias por perderse entre mis letras.
Momento diez cambiados.
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Notas:
*Todo el diálogo qun aparece en cursivas fue tomado de las traducciones no oficiales del Volumen 1 "Candy Candy Final Story" de Mizukyfans en Wattpad, en la versión original la escena se desarrolla entre las páginas, 317-319 del Volumen 1.
** Está frase Terry sólo la piensa, en mi versión la dice.
De mis letras:
Hola hermosas lectoras, con un día de atraso pero aquí estoy, pero el próximo capítulo si será entregado en domingo y será el esperado Capítulo 95 "Rivales", sí el accidente (*~*). Tiene que pasar pero obvio no lo haré tan trágico.
De esta escena que acaban de leer sólo modifique un poco los hechos pero la esencia es la misma, es que ya es bastante linda.
Gracias por estar presente, por leer, por colocar en preferidos y seguidos por comentar. Gladys, Blanca G, Lucero Santoskoy, Stormaw, Cami Grandchester, Phambe, Dianley, , Eli, Lila Venezuela, Yagui, Skarllet Norhtman, Goshy, Maquig, Anjiluz, Conny de G, Angye, Fabiola R, Clover, Vane W. G, Luz Rico, Cami otra vez.
Nos leemos.
