Y aquí un nuevo capítulo de "A través de las tinieblas". Espero que os guste!!

Este capítulo es especial, narrado desde el punto de vista de Hermione.


10º- Hermione.

...

- No malgastes tus fuerzas... las vas a necesitar –siseó ásperamente.

- Un trampa... –susurré casi para mí misma. Aunque lo sabía, algo en mi interior aun no encajaba varias piezas del maldito puzzle en que me encontraba.

- Sí... –Carliste fue avanzando poco a poco hacia mí, tranquilamente, tomándose su tiempo-. Tranquila, dentro de poco todas las piezas encajarán... –y antes de que pudiera evitarlo un rayo azul me impactó en el pecho. Después tan solo hubo oscuridad...

...

Frío. Mucho frío. Duro y húmedo. Roca. Sí, era una roca. Me encontraba sobre una roca, o más bien sobre un suelo de piedra frío y húmedo. Los párpados me pesaban una barbaridad, a parte de que me dolía mucho todo el cuerpo. Al final conseguí abrir los ojos para descubrir donde me hallaba. No encontré más que una pequeña luz que se deslizaba entre unos barrotes a más de cuatro menos de altura. Pero se podía decir que estaba a oscuras. Mis músculos estaban cansados y adoloridos como si hubiesen sido torturados o algo similar. La cabeza me dolía de una manera brutal, y pensaba que me iba a estallar. Aun así, comencé a palmear el suelo hasta llegar a una pared y así poder saber cómo era donde me encontraba. Tardé poco más de quince minutos, o eso me pareció a mí, ya que no sabía qué hora era ni nada, pero al menos sabía donde me encontraba: era una habitación pequeña, de unos diez metros cuadrados, toda de piedra y con una puerta de hierro en la pared frente a las ventana con barrotes que había en la pared a mis espaldas. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, ni si volvería a ver la luz del sol otra vez, así que lo único que hice fue quedarme allí quieta esperando el momento en que esa puerta se abriera y pudiera dirigirme a mi final.

El tiempo que estuve aquí me hizo reflexionar sobre todo lo que había ocurrido y sobre lo ingenua que había sido todo este tiempo.

Cuando entré en el despacho de Carliste no pensé que iba a ser el momento perfecto para que me llevaran con ellos. Tenía la esperanza de que me quedara más tiempo. No me sorprendió casi nada lo que me confesó Carliste cuando estuvimos solos en el despacho. En cierta manera, Blaise y yo no estábamos mal encaminados. Los mortífagos me necesitaban, pero no para lo que pensábamos, sino para atraer a Harry, lo que yo me temía. Lo tenían todo planeado. Que Blaise se uniera a mi causa, que me ayudara a investigar y que Draco sospechara de nosotros. También tenían planeado que Draco y yo nos enamoráramos. Eso fue una de las cosas que más me dolió. El hecho de pensar que la razón por la que habíamos pasado buenos momentos había sido un estúpido y macabro plan. Esto me hacía reflexionar sobre si mis sentimientos sobre Draco era ciertos, si de verdad le quería; y tenía miedo de conocer la respuesta a las preguntas que me hacía continuamente.

Me preguntaba cuánto tiempo llevaba allí encerrada, cómo estaría Blaise y como reaccionaría al leer la carta que le dejé.

Recordaba cada palabra que le escribí, al igual que la que escribí para Harry. Dejé que mi mente vagara por aquellos momentos, minutos antes de que me despidiera de Blaise por última vez. Justo después de guardar los documentos a buen recaudo decidí dejarles unas cartas por si me ocurría algo, para que al menos supieran el porqué.

Querido Blaise:

Si estás leyendo esto es porque he desaparecido, tal y cómo te indiqué. No sé cómo habré desaparecido, pero he de decirte que he descifrado aquellas piezas que no encajaban.

Estoy segura que si me han raptado no es para que Voldemort me "entregue" sus poderes, sino para hacer que Harry venga hasta él. Soy el cebo. No sé cómo no se me ocurrió antes, la verdad. En mi baúl están todos los documentos. Si no sobreviviera me gustaría que tú continuaras con esto. Que lo acabaras.

Espero que no te haya pasado nada, y que avises a Harry antes de que sea demasiado tarde. Cuida de Ginny por mí. Sé que se lo prometí a Harry que la cuidaría, pero como ves ya no estoy ahí.

Por favor, cuida de Draco. Sé que lo que te pido es una idiotez pero él necesita que le protejan. Ethan le quiere matar, lo sé; él me lo dijo, y yo no quiero que le pase nada. Ojalá algún día me pueda perdonar, pero hasta que llegue ese día, si es que llega, cuídale por mí.

Cuídate mucho, Hermione.

--

Puede que ya fuera tarde, pero es lo único que se me ocurrió entonces. Y mientras estaba aquí sola en este lugar mohoso y frío, esperaba que alguien viniera y me sacara de allí, aunque sabía que cuando me sacaran de allí sería para llevarme ante Voldemort o para torturarme.

Los días se me hacían eternos y llegó un punto en el que perdí la cuenta del tiempo que llevaba allí. Sabía que era de día cuando entraba la luz por la pequeña ventana, y que era de noche cuando no había luz. Me traían comida una vez al día solamente, por lo que tenía que comer lo justo para no morirme de hambre y racionar las comidas.

No había espejo alguno donde poder ver mi aspecto pero estaba segura que había cambiado olímpicamente. Seguramente estaría más pálida que un muerto, y quizás las ojeras que tenía confirmaran que yo era un muerto viviente.

Tras varios días allí encerrada, la puerta enorme de hierro se abrió chirriando y por ella entró luz. Estaba durmiendo por lo que me molestó mucho aquella luz, pero rápidamente me levanté o al menos lo intenté, pues mi cuerpo se vino abajo sin fuerzas. Oí risas ásperas y también varias voces irreconocibles para mí. Uno de ellos me levantó y me condujo por aquellos pasadizos de piedra mohosos hasta otra gran puerta de hierro. Ésta se abrió nada más llegar nosotros a ese lugar dando a una estancia completamente distinta a cualquiera que había visto antes.

Era circular, de piedra, con gradas a ambos lados, como si fuera un circo romano. En el centro había un enorme arco de piedra del cuál colgaba un velo oscuro pero transparente. Se oían voces o al menos eso me pareció escuchar a mí. Cuando más me acercaba a dicho arco más segura estaba de que lo había visto en algún lado, pero no estaba segura de donde. Entonces la puerta se cerró produciendo un ruido sordo y yo me giré asustada. No había nadie, ni siquiera un mortífago. ¿Por qué me había dejado sola en un lugar como este sin vigilancia?

Me giré de nuevo hacia el arco e intenté recordar donde lo había visto antes, y cuando mi mente divagaba por mis recuerdos una voz áspera, fría y siseante me sorprendió.

- Hermione Granger, ¡qué gusto verte por aquí! –no hizo falta que me girara para saber quien era. Harry me había hablado de él y me lo había descrito todo. Pero el miedo que se siente al estar en un lugar a solas con él, con Lord Voldemort, no se puede describir-. Espero que tu estancia aquí haya sido de tu agrado.

- Oh, sí. No lo he pasado tan bien y tan cómoda en toda mi corta vida –se notaba el sarcasmo en mi voz, y cierta amargura. Odiaba a los mortífagos, y le odiaba a él.

- Deberías estar agradecida de que te haya mantenido con vida tanto tiempo. Si no hubieses sido tú, créeme ya estarías muerta –la mirada glacial y llena de odio me heló por dentro.

- Pues si es para atraer a Harry lo llevas claro. Él no vendrá, está ocupado bus.. haciendo cosas antes de poder matarte –huí de su mirada pues sabía lo que iba a hacer a continuación y segundos más tarde sentí un intenso dolor de cabeza y una presencia entró en mi cabeza.

- "¿Qué está haciendo?" –por más que cerraba los ojos con todas mis fuerzas, Voldemort recorría todos mis pensamientos. Yo aun no había aprendido oclumancia, y eso me hacía vulnerable ante él-. "¿Qué está buscando?"

- "Lo... sabes muy bien..." –esto pareció bastarle pues salió precipitadamente de mi mente y sus ojos comenzaron a brillar de ira.

- ¿Cómo lo ha descubierto? –siseó entre dientes, y yo temí por mi vida. Estaba segura de que Voldemort estaba totalmente fuera de sí, y muy molesto de que un niño, y más una muggle, conociera sus secretos. Al ver que yo me negaba a decir algo, sacó su varita y me apuntó sin previo aviso-. ¿Cómo ... lo ... descubrió?

- Dumbledore... –susurré y al instante me arrepentí. Su ira estalló y de un manotazo me estampó contra el enorme arco. Pasó de largo y salió por la enorme puerta por donde yo había entrado ondeando su capa al andar. Me pregunté si me dejarían allí, pero nada más pensar en eso, dos mortífagos entraron y me volvieron a llevar a mi "cárcel".

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Al menos llevaba allí tres semanas, y ya me imaginaba que estaría allí hasta que Voldemort decidiera matarme. Yo no sabía donde me encontraba y dudaba que mis amigos descubrieran este lugar. Jamás pensé que moriría así y mucho menos matada por Voldemort.

Me gustaría saber que estaría haciendo Harry, si había encontrado y destruido el resto de horrocruxes; cómo estarían Blaise y Draco, y Luna, Neville y Ginny.

Seguramente me estaban buscando como locos, o al menos Blaise sí. Si al menos les pudiera mandar alguna señal de que estaba viva, aunque no supieran donde... Me preguntada donde estaría Draco, si se habría convertido de nuevo en mortífago.

Justo en aquel momento la puerta de hierro se abrió, y un mortífago me volvió a sacar. Me llevó a otro lugar distinto: era una sala enorme, con varias columnas corintias a ambos lados, formando dos hileras con un pasillo en medio que llevaba a un gran altar. Justo detrás de éste se encontraba Voldemort.

- Bueno sangresucia, espero que tu estancia aquí te haya resultado confortable... –bufé sin poder contenerme. Siempre empezaba igual las conversaciones conmigo-. Dentro de poco esto se acabará, ¿lo sabes, verdad? –tragué despacio. Eso significaba que me mataría pronto.

- ¿Hay noticias de Harry? –estaba segura de que no, pero tenía que ganar tiempo. Aunque no pensaba que me mataría ahora... ¿no? El miedo se apoderó de mí, y él no notó. Rió abiertamente en carcajadas, y esa risa me heló la sangre.

- No, no hay noticias de tu amigo –su rostro volvió a ser el mismo de siempre-. Y si dentro de cinco días no tengo noticias de él, te mataré –y si más, desapareció del lugar. Segundos más tarde el mortífago que me había sacado de mi cárcel me volvió a llevar a ella, cerrando la puerta con varios cerrojos.

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Los siguientes cinco días se me hicieron eternos. Cada vez que alguien habría la puerta para dejarme la comida pensaba que ya era el día de mi muerte, y me aterrorizaba. Pero cuando volvían a cerrarla mi miedo desaparecía momentáneamente y podía comer tranquila.

El último día fue el día de mi reflexión, es decir, reflexión sobre mi vida, si había conseguido mis propósitos o no. Y en cierta manera sí los había conseguido:

Harry no había venido, y eso era un buen augurio, ya que significaba que estaba vivo y destruyendo las partes del alma de Voldemort.

No había tenido noticias de Draco y eso significaba que no era un mortífago, ¿no? Si se hubiese convertido de nuevo, Voldemort me lo hubiese dicho para castigarme, pero no lo ha hecho, así que debería seguir bien.

Tampoco me habían dicho de ninguna muerte de mis amigos, por lo que todos estarían bien.

A mis padres no les había pasado nada malo, o al menos mientras yo estaba con ellos. Y eso era uno de mis mayores temores, que a mis padres les pasara algo.

Había conseguido ser lo que me propuse cuando comencé mi primer año en Hogwarts, que reconocieran como bruja a pesar de ser muggle. Me había esforzado mucho a lo largo de estos años para ser lo que soy ahora, y me sentía orgullosa de mí misma.

No me importaba morir ahora, ya había conseguido lo que más deseaba. Hombre, me gustaría seguir viviendo, junto a mis amigos y mis padres, pero si tengo que morir ahora lo aceptaré, y ellos también. Puede que al principio no puedan aceptarlo ni creerlo, pero con el tiempo lo superarán. Son fuertes y muy poderosos, y confío en ellos.

En ese instante, cuando pensé que iba a morir horas más tarde, cuando pensé que ya jamás volvería a verlos nunca, la puerta se abrió. Pero no era como las demás veces, los cerrojos y las llaves giraban demasiado deprisa como si el mortífago se hubiera olvidado de mí y viniera a traerme algo rápidamente o a llevarme ante mi juicio final. Pero no era nada de esto. Cuando la puerta se abrió me cegué, como tantas veces antes, por la luz pero no era de las velas ni nada parecido, sino por la luz de la varita de mi carcelero.

- ¡Vamos, rápido! –su voz era de súplica. Me levanté como pude y fui rápidamente a la puerta. Él me tendió algo que yo reconocí al instante, mi varita. No podía verle el rostro y con una de mis manos deslicé la capucha y pude ver el rostro de mi salvador. Me quedé helada. Jamás pensé verle en aquel lugar, y mucho menos sacándome de allí. No sé lo que sentí en ese instante. Había cambiado mucho en aquel tiempo. Su pelo era más oscuro y su piel era aun más pálida, aunque sus ojos grises como el mercurio tenían cierto ápice de dolor. Quería decirle tantas cosas pero él no me dio tiempo, me tomó del brazo y avanzamos por los pasillos hasta llegar a una puerta de bronce-. Cuando la cruces debes desaparecerte al instante. Los mortífago notarán en menos de un minuto que has escapado e irán a por ti –se oyó un ruido proveniente de los pasillos, y él miró con rapidez.

- ¡¿Qué pasará contigo?! –no quería dejarle allí, no esta vez. Él me había salvado, yo quería salvarle a él.

- ¡Te daré tiempo, tu vete! –su voz era tan cariñosa pero a la vez se notaba el dolor en ella. Se oyeron más ruidos.

- ¡Vente conmigo, por favor! –rogué con todas mis fuerzas. Le necesitaba, siempre le había necesitado pero jamás se lo había dicho-. ¡Te necesito! –eso pareció hacer el efecto que yo quería, pero durante unos instantes pensé que se marcharía y me dejaría sola. Pero me equivoqué. Me tomó de la mano abrió la puerta y antes de que yo pudiera decir nada, me empujó lejos de él, hacia fuera.

- Confía en mí, Hermione. Sé que no es justo decírtelo cuando yo no supe confiar en ti, pero dame una oportunidad para arreglarlo todo –los ruidos aumentaron y pude ver a lo lejos del largo pasillo varias sombras.

- ¿Draco que vas a...? –la puerta se estaba cerrando-. ¡Draco!

- Tu intentaste salvarme y yo no supe darme cuenta. Ahora es mi turno de salvarte... –se giró dándome la espalda y sacó su varita elegantemente.

- ¡Draco, no! ¡Draco! –sé que no servía de nada que gritara. Intenté con mis débiles manos que la puerta no se cerrara pero no tardó más que dos segundos en cerrarse produciendo un ruido seco y sordo. No podía oír nada detrás de la puerta, por lo que tomé mi varita con decisión, y sin mirar atrás, a pesar del dolor de mi corazón, me desaparecí en dirección a los exteriores de Hogwarts.

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Echaba de menos Hogwarts, incluso la enfermería aunque no me gustara mucho pasar tiempo allí, pero eso significaba que aun estaba viva y aun podía hacer algo contra los mortífagos. Sé que tenía a mis amigos apoyándome, y aun más cuando me vieron aparecer en el Gran Comedor; seguramente pensaron al verme entrar que era un fantasma al ver mi aspecto degradado pero rápidamente se dieron cuenta de que era yo de verdad y Ginny fue la primera en salir corriendo hacia mí. Minutos más tarde ya me encontraba en la enfermería tumbada en una de las camas y con varios alumnos a mi alrededor, en especial Ginny, Luna y Blaise. Todos me preguntaban sobre estas tres últimas semanas.

Les conté todo lo ocurrido, desde que fui a ver a Carliste hasta cuando regresé a Hogwarts, incluido mi encuentro con Draco pues sin él jamás habría salido de mi cárcel. No había instante en que no pensara en él. Mi mente me decía que me olvidase de él, que ya no le volvería a ver, que los mortífagos habrían acabado con él, pero mi corazón me decía que aun podía haber esperanza. Por lo que me aferré a esa esperanza y con ella me recuperé en menos de tres días, salí de la enfermería y me puse a trabajar con Blaise y mis amigos en los planes para acabar con los mortífagos. Estábamos seguros de que iban atacar Hogwarts tarde o temprano, mas bien temprano, y teníamos que tener un plan. Por otro lado estaban Harry y Ron. Les envié una carta contándoles todo lo que había ocurrido y cómo se puso Voldemort de furioso al comprobar que había descubierto su secreto.

Después de hacer todo lo que tenia en mente, o por lo menos hacer parte de lo que tenía en mente, les pedí que me contaran todo lo que ocurrió aquí en estas semanas. Me sorprendí con su relato, y a la vez me emocioné mucho. Resulta que Snape no era Snape, sino algún mortífago usando la poción multijugos. Después de que Blaise lo descubriera no volvió a aparecer, por lo que McGonagall tomó el puesto de directora por el momento. También me dijeron que la mayoría de los alumnos de Slytherin se habían ido del colegio y no hizo falta que preguntara el porqué, ya me intuía algo.

Después de ponerme al día, les pedí que me dejaran salir un rato fuera a tomar el aire y así lo hicieron. Un paseo por el lago es lo que más necesitaba. Podría evadirme de todo y de todos, pensar para mí misma sin tener que exponer mis ideas y así poder pensar en Draco tranquilamente. Sí, sé que estoy obsesionada con él, pero no puedo dejar de pensar en él, soy incapaz de hacerlo. El simple hecho de pensar que no le veré más sin haber arreglado antes las cosas, provoca tal dolor en mí que es insoportable. Quería verle de nuevo, tenía que verle de nuevo.

- ¿Pensando en Draco? –la voz de Blaise llegó a mis oídos. Sonreí. Él siempre sabía en que estaba pensando sin necesidad de hablar-. No deberías estar sola, ya has pasado muchos días sola, Hermione –se sentó junto a mí y me miró con su cálida sonrisa. Eso era una de las cosas por las que quería regresar, para verle de nuevo sonreír.

- Ya lo sé, es la costumbre –yo también sonreí. A él le gustaba verme sonreír, así que le daría ese gusto.

- ¿Piensas que volverá? ¿Qué seguirá vivo? –se podía percibir la preocupación en su voz.

- Es lo único que tengo para seguir adelante. Si pienso que no va a volver no tendría fuerzas. Por eso tengo esa esperanza, ese anhelo de volver a verle. Necesito esa pequeña esperanza –y era verdad. Lo necesitaba y algo me decía que seguía vivo en algún lugar. Tenía que estar vivo. Entonces en ese momento un intenso dolor me perforó la cabeza, sin poder evitar que un chillido se escapara de mis labios.

- "Preparaos para mañana, sangresucia. Será el final de Hogwarts"

Esa voz la conocía, por desgracia. La había oído antes, tan fría y tan áspera con el hielo. La sangre se me heló con escucharla. Blaise me miró realmente preocupado y asustado.

- Es mañana... –apenas pude pronunciar más palabras, y él lo comprendió. Nos levantamos rápidamente y corrimos hacia el interior del castillo. Buscamos hasta dar con Ginny y Luna, después nos fuimos hacia el despacho de McGonagall y le explicamos lo que me acaba de ocurrir.

- ¡¿Mañana?! –se levantó como loca y fue hasta los cuadros. Habló con ellos ante nuestras miradas y cuando se hubo calmado se sentó de nuevo y se colocó bien sus pequeñas gafas-. Bien. Weasley y Lovegood buscad a todos los alumnos, que os ayuden los prefectos, y llevarlos al Gran Comedor. Ah, que lleven todos sus varitas. Vosotros dos –Luna y Ginny salieron corriendo, después nos apuntó a Blaise y a mí con su varita-. ..contactar con Potter y Weasley, que vengan urgentemente a Hogwarts –Blaise y yo nos dirigimos a al puerta, pero McGonagall me retuvo a mí unos instantes-. Hermione...

- Ve Blaise, ahora te alcanzo –le apremié a Blaise al ver que la directora quería hablar conmigo, pero Blaise frunció el ceño.

- La última vez que me separé de ti... te llevaron con ellos. No quiero que vuelva a ocurrir –en sus ojos se podía leer la preocupación y yo me sentí emocionada al verle así de preocupado.

- Tranquilo, en serio. Espérame detrás de la puerta si quieres... –eso pareció bastarle, asintió y al salir cerró las puerta tras él. Una vez solas la directora y yo cambió su expresión a una más seria.

- Hermione, no sabes lo preocupados que nos has tenido a todos. Estas tres semanas han sido unas de las peores que recuerdo... Pensé que no volverías, y ellos también lo pensaban, todos excepto Blaise. Él fue el único que no se dio por vencido, que continuó buscando pistas y pruebas para poder encontrarte, o al menos vengarte. La querida Luna cambió en cuanto desapareciste; acostumbrados a verla siempre sonreír y a decir tonterías cuando las cosas iban mal... ¡Oh, no sabes cómo de preocupados estábamos todos! ...y más aun cuando... –pareció dudar pero al ver mi expresión continuó-. Cuando Draco Malfoy desapareció.

- ¿Hace cuánto desapareció? –no pude engañarla y más aun cuando se apreció cierto dolor y preocupación al hablar. Draco Malfoy había desaparecido.

- Hace dos semanas... –me preguntaba si fue directamente hacia los mortífagos o los estuvo buscando hasta dar conmigo. Tenía que preguntar a Blaise si había roto su promesa, si le había dicho algo a Draco, pues no podía olvidar las últimas palabras que me dirigió antes de que la puerta se cerrara. "Tu intentaste salvarme y yo no supe darme cuenta. Ahora es mi turno de salvarte...". ¿Por qué me dijo eso?

- Bueno profesora, perdón.. directora, debo irme. Tengo que avisar a Harry y a Ron, formular una estrategia para mañana, y también... –todo iba demasiado rápido. ¿Por qué tenían que atacar tan rápido?

- Hermione no tienes que hacer esto tú sola ¿de acuerdo? Estáis todos juntos, podéis hacerlo. No digo que no vaya a ser difícil, porque lo será. Ni que no vaya a morir nadie, porque morirán y muchos. Pero si no lo intentamos moriremos todos, ¿vale? –era la primera vez en toda mi vida que era consciente de lo que iba a ocurrir. No quería ni imaginar cuantos alumnos morirían ni cuántos íbamos a quedar en pie. Pero McGonagall tenía razón: había que luchar.

- Está bien, lo entiendo. Nos prepararemos para la guerra. Hasta mañana –y sin más salí evitando que continuara con la conversación, porque sabía que al final si ella continuaba con su plática conseguiría asustarme y me echaría atrás.

Blaise me esperaba detrás de la puerta, apoyado en la pared. Cuando me vio salir cambió su expresión preocupada a una completamente de alivio. Le sonreí y ambos nos dirigimos hacia el hall. Sabía que no era el momento adecuado pero era ahora o nunca.

- Blaise, ¿le contaste algo a Draco? –a él le pareció sorprender mi pregunta aunque lo supo disimular bastante bien.

- La verdad...sí. Lo siento de veras, en serio... No tuve más remedio, no sabes como se puso cuando desapareciste. Estaba realmente asustado y preocupado. Le tuve que contar todo, todo... –seguramente Blaise se pensaba que le iba a echar la bronca o algo, pero se sorprendió al verme reír.

- Así que Draco estaba preocupado por mí... interesante dato –era buena señal, y en cierta manera me alegraba por ello. Aunque si no volvía por mi culpa me sentiría fatal, y no sé si podría seguir con esta guerra. No, no podría seguir. Él tenía que volver. Aunque las esperanzas se estaban acabando.

Cuando llegamos al hall vimos a mucha gente formando un círculo y me entró la curiosidad. Vi a Ginny y a Luna entre el gentío, y fueron ellas las que me hicieron una señal.

- ¡Hermione! –Ginny parecía muy contenta, demasiado-. ¡Mira Hermione! –como el círculo no se abría tuve que bajar un poco más para poder ver lo que Ginny quería enseñarme. Y entonces cuando lo vi el corazón se me paró un instante. No me podía creer lo que estaba viendo. Cuando la guerra iba a dar comienzo, cuando ya casi no me quedaban esperanzas, él aparecía de nuevo. Quizás estuviera herido y cansadísimo, pero estaba vivo. Y eso era lo importante.

No sé como mis pies se movieron solos, ni si la gente se apartó al verme o les aparté yo, pero cuando llegué frente a él y él me miró a los ojos supe que ahora podría con todo. Daba igual la guerra mientras él estuviera vivo y conmigo. Había pasado tanto tiempo sin sentirle, sin sentir el calor de sus brazos que cuando me abrazó fuertemente como si fuera a desaparecer, sentí que el tiempo se retrocedía tres meses, cuando estábamos bien sin problemas ni nada. Le miré a los ojos y al verme reflejada en ellos no pude evitar derramar unas lágrimas. Y él me besó como si fuera la última vez, desesperado, un beso tras otro dejándome sin respiración. Y cuado hubo terminado se giró hacia el Gran Comedor, sin soltar una de mis manos, tomó aire y comenzó a hablar.

- Escuchar todos. Mañana comenzará una guerra contra Voldemort. Sé que muchos de vosotros querría volver a sus casas y lo entiendo. Por eso, tengo un plan. Es difícil pero es lo más seguro que hay, os pido vuestra colaboración –todo el mundo se quedó callado al verle hablar así.

Se sentaron en el suelo y le miraron con atención, al igual que yo. Si él tenía un plan siendo mortífago, será mejor que cualquiera de los planes que formulemos nosotros.

Le apreté la mano dándole fuerzas y me sonrió dándome las gracias.

Después de besarme tiernamente en los labios, como hace tanto tiempo que no hacía, tomó aire de nuevo y miró serio a los demás.


FIN DEL DÉCIMO CAPÍTULO

Espero que os haya gustado. Este capítulo es especial para mí, y es uno de los que más me gustan por el momento, porque sabemos en todo momento lo que piensa Hermione, y me agrada. A pesar de estar a punto de morir seguía serena y dispuesta a todo, y eso me gusta.

Cada vez va quedando menos para el final, unos pocos capítulos.

Si os vais fijando, estos últimos capítulos son más largos que los primeros. Y son así porque hay mucho que contar en poco espacio jejeje.

Espero que el desenlace os guste!!

Bueno, eso es todo, besos y cuidense!!

POR FAVOR... DEJEN... R E V I E W S