DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios (la gente del pueblo, el ministro,…)
OTRO ACTO QUE CREO QUE LE ENCANTARA A LAS KAIMEI TEAM xD
ACTO X. MEJILLAS DE MANZANA
El reloj marcaba las diez y media. Conchita había llegado a casa junto con Luka, se habían ido antes de la una y apenas volvían con una yegua blanca y muchas cosas. Los gemelos y Miku miraban maravillados al blanco animal y querían montarlo pese a no saber cómo.
—Mis niñas, les traje algo —dijo sonriente Conchita sacando de la carretilla las muñecas que habían pertenecido a Rilliane.
—Una para Miku y otra para mi pequeñita —dijo entregándoles una a cada niña.
Las niñas sonrieron y dijeron al unísono:
— ¡Gracias señorita!
—No creas que me he olvidado de ti, mi pequeñito —dijo a Len y puso en su mano una resortera que había comprado de camino a casa.
— ¡Gracias señorita! —exclamó el pequeño rubio con una sonrisa.
—Por cierto mis niños, necesito que mañana acomoden todo lo que he traído —dijo sonriente.
Los niños asintieron y siguieron a Conchita al interior del castillo.
Kamui y Luka se quedaron otro rato afuera, acomodando a Josephine en los establos y verificando que tuviera que comer.
—Esta yegua debe valer mucho —dijo Kamui acariciando al animal.
—Pagó quince piezas de oro por ella —dijo Luka a su marido.
—Pensé que valía mucho más —dijo asombrado.
—Vale mucho más —dijo ella moviendo la cabeza. —La consiguió en la subasta.
— ¿Entonces este animal perteneció a alguien del castillo? —preguntó el hombre.
—A la princesa, pero ya no importa —suspiró — ¿Gakupo, por qué no vamos adentro y sirves algo de cenar? —preguntó.
El hombre sonrió y tomó de la mano a su esposa y le dio un dulce beso en la mejilla.
—Claro que sí, mi vida —susurró y caminaron juntos al interior del castillo.
La cena fue de lo más tranquila, mientras Conchita comía sola en la gran mesa debajo del candelabro de cristal, la servidumbre comía en una mesa pequeña en la cocina, siempre era así, a Conchita le gustaba comer sola y los demás no tenían problema al comer en la cocina. Luego de recoger los platos y limpiar las mesas, todos decidieron ir a sus dormitorios y dar por concluido el día.
Cuando Conchita terminó sus oraciones, se cambió de ropa y recibió en su habitación a las mujeres de la casa.
—Buenas noches señora Luka —dijo a la mucama —Tengan dulces sueños mis niñas —dijo a las niñas mientras acariciaba los rubios cabellos de Rin.
—Descanse señorita —dijeron las tres al unísono y salieron llevando consigo la ropa que Conchita había usado durante el día.
Conchita se sentó en su cama, suspiró y acto seguido se recostó. Pensaba en aquel hombre de cabellos azules, estaba segura de que se trataba de su amigo de la infancia, el pequeño mejillas de manzana. Había cambiado mucho, lo regordete que había tenido de niño se había ido pero sus azules ojos eran los mismos que recordaba.
Quería preguntarle tantas cosas…
—Kaito está muy ocupado estudiando, no puede salir —dijo el chico de cabellos violetas.
—Taito, por favor, dile que soy yo —dijo ella intentando asomarse a la cocina —Me prometió que me enseñaría a pescar —finalizó la chica de dieciséis años.
—Lo siento su majestad, pero Kaito debe estudiar para ser más que un pinche de cocina, mi padre quiere verlo mínimo como un Sausier —dijo el chico de veinticinco años.
A partir de ese día ya no se le permitió la entrada a la cocina, el chef Akaito Shion había hablado con su padre.
—Vanika, ¿Cómo es posible que una princesa, esté metida la mayor parte del tiempo en una cocina? ¿Qué no tienes vergüenza? ¿Te has preguntado qué dirían nuestras amistades? ¿Te has preguntado qué pensaría el pueblo? —dijo enojado su padre ese día.
—Pero padre, no he hecho nada malo, Kaito me ha enseñado muchas cosas —replicó cometiendo un error.
— ¡KAITO! ¿ESE MUCHACHO TAN INSIGNIFICANTE? —Gritó el príncipe enojado — ¿Y QUÉ TE ENSEÑÓ? ¿A COCINAR? ¿A COSER? —Gritaba cada vez más enfadado.
Vanika solo cerró los ojos con fuerza, soportando los gritos que daba su padre, en verdad tenía el carácter fuerte y cuando se enojaba, no había quien lo detuviera.
— ¿ME OYES VANIKA? ¡ESE MUCHACHO SE LARGA DE ESTE CASTILLO! ¡NO VOY A TOLERAR QUE LE ENSEÑE A MI HIJA ACTIVIDADES DE SIRVIENTA! —Gritó dispuesto a irrumpir en la cocina.
—No padre, Kaito no me enseño nada de eso, por favor, no lo corras —dijo Vanika sosteniendo el brazo de su padre.
El príncipe miró a su hija que tenía los ojos al borde de las lágrimas, suspiró y casi lamentó lo que iba a decir.
— ¡AY DE TI, SI TE VEO O ME CUENTAN QUE TE VIERON CON ESE MUCHACHO! —Exclamó — ¡APARTE NO SE TE OLVIDE QUE PIENSO COMPROMETERTE CON EL PRÍNCIPE KYLE MARLON! —Exclamó y dejó sola a su hija.
— ¿Por qué el chef le dijo a mi padre que iba diario a la cocina? —Se preguntó. —Él siempre la trataba con amabilidad y nunca le negaba la entrada a la cocina, la dejaba convivir con sus hijos, Taito, Kaiko y Kaito, de los cuales Kaito era su mejor amigo.
Desde que ella cumplió los dieciséis años, ellos se comportaron extraño, Kaito en especial, parecía que la evitaba, nunca lo veía, pasaron meses enteros sin verlo y siempre que iba a buscarlo en la cocina sus hermanos decían que estaba muy ocupado estudiando. Además, desde que Rilliane se había marchado se encontraba sola, las mucamas jugaban ajedrez con ella, pero lo consideraba demasiado aburrido. A veces cabalgaba todo el día, en su corcel favorito Canela, era entretenido, pero no divertido.
Había días en los que se encerraba en su habitación y en secreto bordaba una servilleta con flores, Kaito le había enseñado a bordar, a tejer, a leer las historias delas estrellas, a plantar flores y a escoger las mejores frutas de los árboles y antes de que la evitara le había prometido que le enseñaría a pescar a cambio de que ella le enseñara a cabalgar.
"Tal vez, me ignora por que le da vergüenza admitir que no sabe pescar".
Con esa frase se engañaba, se sentía sola y sin amigos haciendo prácticamente nada en el castillo real. En las fiestas y banquetes siempre esperaba verlo, pero por alguna razón nunca se quedaba mucho tiempo, se aburría y a veces pensaba que no tenía caso buscar a ese amigo que había decidido ignorarla.
Vanika se dio cuenta de lo que Kaito significaba para ella, él era más que un amigo, llegó a cuestionarse si se encontraba enamorada de él. Pero sabía que jamás podría ser, pues una princesa jamás debe enamorarse de un sirviente, en este caso un ayudante de cocina aspirante a chef.
Un día su padre le dijo que el matrimonio con el hombre que le había escogido ya estaba arreglado, se le dijo el nombre de él y sus características.
"Tu prometido es el príncipe Kyle Marlon, según la reina Prim, es un chico de tu edad que gusta de las cabalgatas, la esgrima, la pintura y el ajedrez, es un muchacho alto, su cabello es como el de la mayoría de los habitantes de ese país color azul y actualmente lo lleva corto, su complexión es robusta, sus ojos también son azules y su piel es blanca". Recordó todo lo que se le dijo.
Pero no lograba imaginarse a Kyle Marlon, al escuchar cabello y ojos azules, solo podía pensar en la regordeta cara de Kaito.
Cierta vez, la princesa Vanika soñó que se encontraba frente a un altar y que Kyle Marlon era idéntico a Kaito. Pero eso le pareció absurdo y prefirió continuar estudiando todo lo que tenía que saber acerca de gobernar un país.
Conchita suspiró, se levantó de la cama y se dirigió hacia el tocador, tomó entre sus manos un joyero y lo abrió, sacó la llave y salió de su habitación. Junto a un enorme espacio vacío de pared había una puerta cerrada, metió la llave y le dio vuelta, entró despacio y prendió una lámpara de petróleo que allí se encontraba.
—Debo estar loca—pensó mirando detenidamente un cuadro de sus padres.
No le prestó más atención y se dispuso a buscar una pequeña caja que debería estar allí. La encontró debajo de un retrato suyo de cuando tenía cinco años. Le quitó el polvo y la abrió, adentro tenía tres pañuelos de seda con orilla de encaje, una madeja de hilo dorado y agujas de bordado, los tomó y miró dos de ellos que estaban bordados. "Kaito", "Vanika", Cada pañuelo tenía uno de esos nombres bordados por su propia mano, ella le regalaría a su amigo uno de ellos para demostrarle que había aprendido a bordar bien, pero nunca se presentó la oportunidad. Se llevó la caja y cerró la puerta olvidando ponerle llave.
Entró a su habitación, el reloj marcaba la una, puso la caja debajo de su cama, se recostó y suspiró.
—Pronto le demostraré que aprendí, mañana te buscaré, Mejillas de manzana…
Bostezó y en menos de diez minutos se quedó profundamente dormida.
