Capítulo 09
Pero por supuesto que Belle no había podido mantener la boca cerrada, claro que no. Eran amigas de hace siglos, y aunque el código de disciplina o lo que sea de los psiquiatras fuera estrictamente obligatorio nunca había podido evitar chismorrear con su querida amiga Eli.
Claro que la húngara nunca había contado una palabra a nadie, la interesantísima vida de los reos no conocía la luz fuera del conocimiento de ambas. Sin embargo ahora era muy diferente.
No le habían permitido saber dónde recluían al asesino de su esposo ¿Pueden creerlo? Creían que la señorita Héderváry estaba tan chiflada como él y que sus sangrientos deseos de venganza la impulsarían a colarse en la cárcel y hacer justicia por mano propia sobre ese desgraciado Lovino Vargas.
Después de días y días de insistirle a Belle Van Dijk, por fin había recibido una respuesta: Lovino estaba allí. Y eso era todo lo que necesitaba saber. Ignoró las advertencias de su amiga y a pesar que trató de pensar un plan sumamente cruel y despiadado contra el italiano, la adrenalina le impedía concentrarse en nada. Tomó su bolso, las llaves del auto, y salió al poco tiempo hecha una fiera.
Pequeño Vargas, la cárcel no es suficiente castigo para lo que has hecho.
–Gilbert… –Susurró Lovino, aún extraviado en ese par de ojos carmín. No importaba cuánto tiempo pasara, cada vez estaba más convencido de que esos latidos que amenazaban con estallarle el pecho estaban todos dirigidos hacía el albino.
El aludido le devolvía la mirada con una sonrisa suave. Y aunque en otro tiempo lo hubiera negado o puesto a broma, estaba manteniendo un aire de cariñosa coquetería. Procurando no perderse nada de ese sonrojo en la faz del menor, el tiempo bien aprovechado es oro.
–No creas que me he olvidado de las clases ¿Eh? No pienso ser blando contigo –Rió apenas un poco y acomodó las rojizas hebras de los cabellos del sureño, ocasionándole un ligero respingo. Todo eso sin perder el contacto visual tan intenso que estaban manteniendo.
Apenas había entreabierto los labios para contestar con torpeza cuando los pasos de unas botas algo pesadas aparecieron en el pasillo. Ambos se separaron y se pusieron de pie como si hubieran estado a punto de descubrirlos planeando una misión atroz contra la humanidad.
–Caballeros –Saludó Kirkland, quién al parecer no se había dado cuenta de esa delatora cercanía o había preferido aparentar que no – Hora del desayuno –Dijo sin ganas aunque no desanimado mientras abría la puerta, o mejor dicho, le daba un empujón. Cosa que le ocasionó mal humor– Bloody hell, oigan –Ambos reos que seguían estáticos lo miraron expectantes– Cuando acabe la hora de comer va a venir alguien a arreglar esta porquería, por lo que pueden estar dándose alguna vuelta por allí. Los prisioneros ponen nervioso al trabajador.
–Kesesese entendido –Gilbert salió de la hipnosis así como de la celda– Entonces tal vez nos quedemos en la cafetería o nos demos una vuelta donde Belle ¿Te parece, Lovi? Estoy seguro que estará con el pendiente sobre mi reciente cambio de celda kesesese
–Como sea –Asintió aún algo trabado el ojiverde, saliendo también. No tenía hambre ni ganas de convivir con nadie aparte de Beilschmidt, sentía que el inglés le había arruinado un momento muy especial. Pero a pesar de eso, no podía dejar de sentirse feliz.
El tumulto en la cafetería era el mismo de siempre aunque Lovino lo escuchara como si estuviera dentro de una piscina. Incluso a Gilbert, por más que hablara con esa escandalosa voz Lovino no descifraba ni una sola palabra.
O al menos no lo hizo hasta que la pesada mano del prusiano se estampó sobre su espalda.
–¿Escuchas algo de lo que te digo siquiera? –Rió sin apartar su mano, de hecho lo acerco más una vez estuvieron sentados en la mesa de siempre– …tan distraído~
–L-Lo siento… –Espera ¿Qué? Lovino Vargas no se disculpaba por algo que no era su culpa– Es decir, no es mi culpa que no digas nada que me importe oír ¡Maldición!
–¿Seguro? –Gilbert trató de aparentar que el comentario no lo había ofendido– Porque estaba preguntándote si querías que yo fuera por nuestra comida ahora, pero ya que no quieres…~
–¿Qué? –Eso no era común, pero el italiano no tenía tiempo para analizar las intenciones de Gilbert– ¡Anda y ve por la comida!
–Grosero… –Murmuró el albino aunque con una sonrisa.
Al ponerse en pie le dedicó un pequeño cariño en los cabellos, caminando hacia la fila con ambas bandejas. Lovino era de nuevo una langosta hervida ¿Por qué ese Beilschmidt insistía en tratarlo de esa forma? ¿Por qué cualquier roce suyo le provocaba electricidad placentera en todo el cuerpo? Sabía lo que tenía, pero no sabía de dónde había surgido todo ese amor tan repentino que amenazaba con hacerlo explotar en cualquier momento.
Decidió distraerse de sus pensamientos sobre Gilbert con… Gilbert, vaya. Y es que no podía dejar de mirar esos cabellos blanco-platinados, que a pesar de ser tan cortos eran muy rebeldes. Lovino se preguntó qué tan suaves serían. Luego sus ojos bajaron por su cuello, bastante blanco también y algo más largo a pesar de tratarse de un hombre. Espalda ancha y fuerte pero cintura delgada, seguro el maldito de Gilbert tenía ese cuerpo firme por estar todo el santo día buscando pelea hasta con su sombra, pero joder, mentiría si dijera que no quería recorrerlo por completo con sus manos. Sus caderas eran pequeñas e incluso su trasero no era tan redondeado y seductor como el suyo propio, y sin embargo seguía combinando perfectamente con el resto de su cuerpo, solo a Lovino provocándole más ganas de verlo desnudo.
–A-Ah… maldizione ¿Desde cuándo tengo pensamientos tan pervertidos? –Murmuró perturbado el castaño, sin poder quitarle los ojos de encima y sin poder quitarse el color del rostro.
En cuanto volvió Gilbert, Lovino hizo un esfuerzo sobrehumano por no analizarlo de su parte delantera ahora. Aunque lo más seguro es que aquella prohibición solo hubiera aumentado más sus deseos pecadores.
–Día de suerte para ti, italiano~ –Anunció alegremente el peliplata, entregándole la bandeja con un plato de spaguetti adornado con un intento de albóndiga (En verdad esperaba que la carne fuera identificable, pero no lo lograba), un pan algo duro, unas pocas rebanadas de tomate y jugo de limón.
–No estoy seguro de que sea un día de suerte –Removió los spaguettis sin muchas ganas– Ya sabes lo que dicen, no le des comida italiana hecha por extranjeros a un italiano… –Se encogió de hombros– Y supongo que así es con todas las nacionalidades.
–Hay ya cállate y come –Rió, sentándose a su lado– Te aseguro que es mejor que el atún y el pollo ese –Sin más, el prusiano comenzó a comer ruidosamente, provocando que Lovino arrugara la nariz y volviera a encogerse de hombros, comiendo también.
Y no, no le gustó, le faltaba sabor, más salsa, o queso o algo así. Pero bien, el atún sí que era peor así que siguió comiendo. Y así hubiera continuado de no ser porque Gilbert se había encimado repentinamente en su hombro y le estaba ofreciendo el spaguetti de su tenedor.
–Dí "Ah~"
–¿B-Bueno a ti qué carajos te pasa! –Alterado y nuevamente de un rojo brillante, trató de apartarse.
–Oeee ¡Quiero que pruebes esto!
–¡Tenemos la misma comida, con un demonio!
–Sí, pero cuando estaba allá le eché limón a mi spaguetti, prueb…
–¿QUÉ HICISTE QUÉ? –Oh pobre, pobre Gilbert. Está bien que este intento de spaguetti fuera ya de por sí bastante malo, pero nunca, nunca debía echarse limón sobre la pasta ¡Nunca! – ¡No voy a probar esa mierda!
–¡Anda, oe, no sabe tan mal! –Pronto todo aquello se convirtió en un forcejeo– ¡Solo una probadita!
–No –Infló las mejillas y apretó los labios, tratando de evitar cualquier acceso de comida. A Gilbert se le prendió el foco.
–Es una orden –Sonrió victorioso y Lovino lo miró con incredulidad.
–¿En serio? ¿Puedes hacer que yo haga todo lo que quieras y eliges hacerme comer pasta con limón?
–Oh Lovi, no puedo hacer que hagas todo lo que yo quiera, si no créeme que ya habrían ocurrido muchas cosas~ –Susurró sin perder esa sonrisita ¡Y que un rayo lo partiera si eso no era un coqueteo! Pero que partiera a Gilbert, mierda– Anda y di "Ah~" –Como para combinar con su carácter idiota, el Beilschmidt sujetó la barbilla de Lovino con delicadeza, volviendo a acercar el tenedor.
–…Idiota… –Murmuró Lovino, quién al parecer ese día se disponía a honrar el color rojo. Abrió la boca despacio, sin molestarse en apartar la mano de Gilbert o insinuarle que estaba demasiado cerca– …Ah…
–Ñaam~ –Agregó Gilbert una vez hubo dejado su obra maestra en la boca de Lovino. Bueno, esa no era su obra maestra, su obra maestra era otra mucho más grande, pero entienden el punto– Kesesese~ ¿Qué tal?
Muy ácido, la mierda esa estaba ácida ¿Le había echado el limón entero o qué? Y sin embargo, estuvo dispuesto a tragárselo junto con sus palabras, dedicándole solo una mirada molesta e indignada, pero sobretodo aún ruborizada por la cercanía que mantenía Gilbert, quién bien, ya no tenía la mano en su mentón, pero se había atrevido a pasar un brazo por sus hombros y mirarlo muy de cerca.
–Repugnante ¿Qué esperabas?
–Tan cruel… –Sonrió tratando de parecer dramático, y parecía que ya iba a volver a su lugar cuando a Lovino se le ocurrió una idea.
–Ahora yo te daré algo asqueroso para que pagues.
-Was? –Gilbert detuvo la marcha y lo miró con curiosidad.
A continuación Lovino vació la tercera parte de su agua de limón sobre el plato. Gilbert contuvo un sonido de sorpresa.
–Cómete esta mierda –Le ofreció con el tenedor– No te será difícil, también es limón con spaguetti, solo que ahora tiene azúcar.
–Huy, que malo eres~ –Pronunció sarcásticamente a la vez que sus dedos rodeaban la muñeca de Lovino, acercándose el tenedor pero manteniéndole una mirada retadora– No me vaya a morir~
–C-Cállate y trágatelo, no hay mucho con que mezclar –Mantuvo el contacto visual e intentó no estremecerse por el calor de la palma del albino.
Gilbert mordió el tenedor tomándose todo el tiempo del mundo. De hecho, miraba al italiano como si se estuviera comiendo la cosa más deliciosa de la tierra, o mejor aún, como si estuviera viendo a la cosa más deliciosa de la tierra, lo que ocasionó que el Vargas parpadeara múltiples veces, tratando de mirar hacia otro lado, completamente azorado.
–Sabe asqueroso –Dijo después de un rato, perdiendo el aire de galantería y cambiándolo por una mueca de desagrado, sacando la lengua y enseñando parte de sus masticados.
–¡Tú te ves asqueroso! ¡Trágatelo, bastardo! –Le cerró la boca con la mano hasta que el germánico finalmente tragó.
Lo que no sabían era que estaban siendo observados, no solo por Iván o por Sadiq, si no por muchos de los otros reos. Ese intercambio de alimentos se había visto mucho más romántico desde lejos, y eso comenzaba a levantar diversas ideas en los presentes.
–Bueno, no creo que vayamos a seguir comiendo esto –Gilbert alejó su bandeja– ¿Quieres ir a visitar a Belle? –Ya estaba más seguro de que Belle y Lovino no se traían nada, a pesar de que el menor seguía teniendo una espinita sobre Belle y Gilbert, aunque también había disminuido.
–Bueno –Terminó su jugo y se comió los tomates, poniéndose en pie junto con el albino y yendo en dirección de la psiquiatra, seguramente en este momento ya estaban reparándoles la puerta.
–Eli, cálmate un poco –Alentó Belle ofreciéndole de las galletas con chocolate que guardaba recelosamente en su cajón.
–No me pidas que me calme, tú no sabes lo que es que maten a tu esposo –Erzsébet Héderváry aceptó la galleta de manera furibunda, metiéndola completa en su boca y esparciendo migajas por doquier, con su intensa mirada glauca sobre su amiga.
–Aunque te dijera en que celda está, no te permitirían pasar hacia el área de reos –Obviamente conocía que el estado de ansiedad de la húngara era muy alto y que probablemente estuviera tratando con un psicólogo sobre el tema, y debía hacer lo posible por mantenerla lejos de ambientes peligrosos tanto para ella como para la humanidad.
–Mira Belle, voy a encontrar la forma de atraparlo ¡Por más imposible que te parezca!
–Bueno, Eli… no es como si Lovino Vargas fuera a cruzar la puerta en este instante…
Dios hizo gala de su sentido del humor justo en el momento en que Gilbert pateó la puerta de la belga, entrando escandalosamente en el lugar y provocando múltiples reacciones en todos los presentes como si estuviera en cámara lenta.
Belle Van Dijk supo que se acababa de abrir la caja de Pandora, mirando con la boca bien abierta a Lovino y acto seguido a Erzsébet. Erzsébet Héderváry no tardó en clavar sus pupilas en las de su tan esperada presa. Lovino Vargas había mantenido un aire avergonzado hasta que se percató de la cuarta persona en el despacho, impregnando su semblante de terror. Gilbert Beilschmidt comenzó a perder su arrogante sonrisa al darse cuenta de las expresiones ajenas, dignas de una obra de teatro.
–Oigan, no pateé tan duro…
–¡Gilbert! –Chilló enseguida Belle, interrumpiéndolo con un regaño que no logró pronunciar ¡Sabía que las entradas imprevistas de Gilbert causarían problemas algún día!
–Eliza… –Murmuró audiblemente el italiano aún bastante asustado.
–¡Vargas! –Furiosa, la húngara estaba tratando de sacar del shock a su cuerpo para poder romperlo todo a su paso, manteniendo una posición bastante amenazadora.
–Eh… ¿Belle? –Gilbert trató de unirse al juego de aludidos, aún bastante desconcertado.
–¿Por qué no tocas nunca la maldita puerta! –La rubia logró moverse en su intento por sacar a ese par de allí y decirles que corrieran hasta que sus cuerpos ya no pudieran más, pero la castaña fue más rápida, lanzándose tal jugador de futbol americano hacia Lovino.
–¡H-Hey! –Lovino intentó quitársela de encima pues sabía que si se descuidaba un segundo ella podría arrancarle la cabeza o algo así.
–¡Eli detente! –Belle contuvo una exhalación sorprendida y alarmada, aproximándose para apartar a su amiga, sin embargo, la fuerza de esta era mucho mayor.
–¡Oye tú! –El albino resultó ofendido casi al instante y se apresuró también en apartar a ambos, tirando del cabello de la castaña– ¡Déjalo en paz, scheisse!
La aludida había rodeado el cuello del sureño con sus manos, procurando encajarle las uñas también y mirándolo como una poseída. A pesar de los débiles intentos de su amiga y el muy molesto agarre que mantenía el paliducho, se esforzaba lo posible por cumplir con su cometido.
Lovino movía la boca tratando de articular alguna palabra, pero no tenía suficiente aire para pronunciar nada. Al notar eso Gilbert no dudó más en usar toda su fuerza, desprendiendo toscamente a la húngara de su fiel compañero, soltando esta un aullido de dolor y frustración. El del rulo comenzó a toser como acto reflejo para regular su ritmo respiratorio. Por supuesto, el Beilschmidt ya se había enojado bastante también, lanzando a la chica hacia otro extremo de la habitación, para él todas esas tonterías de tratar bien a las mujeres eran una estupidez si la mujer tampoco iba a respetar nada a los demás, por supuesto, no conocía las razones de este ejemplar.
–¡Tú no te metas, albino! –Erzsébet chilló aún hecha una furia.
–Para tu información me llamo Gilbert Beilschmidt y sí me voy a meter ¡A Lovino no vas a tocarle ni un pelo!
Vargas volvió a ponerse en pie, agradeciendo al cielo y a todos los dioses el haber 'contratado' a Gilbert antes. Aunque aun así eso no le quitaba el miedo, Erzsébet siempre había sido una mujer de mucha fuerza que había vencido a diversos hombres.
–O-Ok, está bien, no hay problema… –Repetía Belle en murmullos, intentando buscar una solución para todo– ¡Eli! –Llamó la atención de la húngara quién ya estaba buscando algún objeto para golpear al entrometido también– Eli te aseguro que Lovino ya está recibiendo el castigo necesario ¿Verdad Lovino? –El aludido asintió atropelladamente– Y Gilbert por favor no golpees a mi amiga –Sus palabras salieron con una mezcla de regaño y miedo.
–¡Ella empezó!
–¡De hecho el que empezó fue tu amiguito italiano! –Bramó la castaña.
–¡Y-Yo no quería hacerlo! –Lovino se ocultó tras Gilbert– ¡Fue un accidente!
–¡Accidente es lo que va a decir en tu tumba, maldit…!
–¿Quién es esta loca? –Gilbert miró a Belle, quién abrió los labios y alzó los hombros ligeramente, a punto de contestar mientras su mirada miraba a su amiga.
–¡No estoy loca! –Un estuche de maquillajes salió volando acertando directo en la faz del prusiano.
–¡Gilb…! –El italiano estaba cada vez más asustado.
–¡Sí lo estás, scheisse! –Se frotó la adolorida nariz, hecho una fiera– ¡Esto ya es personal, con mi awesome rostro no te metes!
–Intenta hacer algo Gilbobo~ –Rió burlonamente la viuda– ¡Puedo con todos los presentes! –Belle Van Dijk tomó el teléfono discretamente, necesitaban ayuda.
–¡B-Basta ya! –El grito de Lovino rasgó la atmósfera sorpresivamente, ocasionando la atención de todos– Elizabeta, sé que mis disculpas nunca podrán traer a tu esposo de nuevo y que nunca podrás perdonarme –Sus ojos brillaban, aún tenía miedo pero no soportaba quedarse con los brazos cruzados cuando su vida corría peligro– Pero en verdad fue un accidente… y e-estoy muy arrepentido… –Finalmente, junto con sus palabras comenzaron a brotar algunas lágrimas que trataban de quitarle todo el peso de encima cada que recordaba lo que había hecho con la familia Edelstein– …E-En verdad lo siento tanto… –Cubrió su rostro, avergonzado, quería desaparecer en ese momento.
–Tienes razón, ya nada podrá devolverme a mi Rode y nunca te perdonaré… –Murmuró ella, quién también comenzó a llorar silenciosamente al tener que pronunciar tan dolorosas palabras– ¡N-No quiero verte más!
Lovino tragó saliva tras ese espantoso silencio. Eran palabras hirientes pero sabía que era lo mejor y más razonable.
–Belle –Gilbert habló con una seriedad que no era propia de él, pasando un brazo por los hombros de Lovino y apegándolo un poco en un intento de consuelo– Solo veníamos a decirte que no hay ningún problema con mi traslado… ¿Verdad, Lovi? –Murmuró mirando al más bajo quién asintió evitando miradas y frotándose un ojo.
–E-Está bien, Gilbert… –Al parecer no hubo necesidad de terminar de marcar el número de los oficiales, así que la rubia colgó el auricular despacio.
–Con permiso –Gruñó el germano, andando hacia la puerta sin separarse de Lovino, ahora entendía algunas cosas más.
Lovino no pronuncio palabra ni efectuó ninguna reacción, incluso después de llegar ambos a su ya reparada celda. Gilbert lo miraba con algo de preocupación e incomodidad.
–Lovi…
–No digas nada, maldición –Murmuró el italiano, yendo a tirarse en la cama.
Por primera vez el Beilschmidt se quedó callado, por respeto al humor de su amigo y por qué no habría estado seguro de qué decir. Fue a sentarse a la orilla de su cama, mirándolo y acariciando sus cabellos despacio. Esta vez no provocó sonrojos ni corazones con problemas de ritmo, pero Lovino agradeció su compañía y el palpable cariño que Gilbert le tenía.
–Fue lo mejor… –Volvió a murmurar, ahora contra la almohada.
–Fuiste muy valiente –Susurró sin parar de deslizar sus dedos sobre los cabellos del más bajo– Estoy seguro que ella no volverá a intentar descuartizarte… –Le sonrió con suavidad a pesar de saber que no sería visto.
No obtuvo respuesta, pero sabía que Lovino pensaba lo mismo. Finalmente el ojiverde se volvió para mirarlo, sus ojos aún brillaban y estaban algo enrojecidos por haber cedido ante la dolorosa emoción de hace unos minutos.
–No te vayas nunca… bastardo…
Gilbert guardó silencio un momento, sintiendo un pequeño nudo en su interior. No logró encontrar una buena frase así que solo negó con la cabeza, volviendo a sonreírle y recostándose a su lado, abrazándolo con suavidad.
–Estoy aquí… –Murmuró– … y pase lo que pase siempre te cuidaré, ja? –Miró hacia el italiano, volviendo a acariciar esa mejilla que volvía a sonrojarse tras su tacto. Como respuesta, Lovino lo abrazó con más fuerza. Gilbert rió bajo y lo apretó entre sus brazos también.
–O-Oye Gil… –Habló Lovino sin mirarlo, casi ocultando el rostro en su pecho– Hay algo que quiero pedirte…
–¿Qué cosa? –El aludido trató de mirar sus ojos, curioso y con un ligero rastro de sorpresa.
–E-Es sobre la marquita… –Por un momento Gilbert pareció confundido pero al instante sonrió burlón.
–¿Ya quieres otra, Lovino? Kesesese ni siquiera se ha borrado esta, picarón~ –El sonrojo en el castaño no tardó en incrementar un 230%.
–¡Cállate maldito idiota! –Le dio un empujón pero automáticamente volvió a apegársele– S-Se trata de otra cosa…
–Pues habla ya~ –Gilbert parecía entretenido.
–H-Hum… tú… puedes meterte en muchos problemas por estar cuidándome y… bueno, ya llevas varios años aquí y todo y pareces saber mucho pero… esto sigue siendo una prisión y… –El platinado no estaba comprendiendo nada– No sé, digo… puede que algunos otros no te encuentren tan desagradable o…
–Lovino, ve al grano.
Hubo un momento de silencio y Lovino lo miró con nerviosismo, pero al instante volvió a ocultar su rostro, no había vuelta atrás para su descabellada idea.
–No… ¿No necesitarás tú también una marquita…?
La iluminación había llegado tan de golpe al cerebro del mayor que su rostro se volvió rojo casi al instante, estúpida piel sensible. En otras circunstancias aquella idea lo hubiera molestado por que según él no necesitaba ninguna clase de protección pero… de alguna forma esa propuesta le parecía adorable… y sexy.
–¿De verdad crees que yo necesito eso? –Pronunció sin embargo, manteniendo el aire serio y burlón. Lovino se arrepintió al instante e intentó separarse un poco.
–N-No, solo decía… olvídalo, fue una…
Pero sorpresivamente Gilbert volvió a acercarlo, mirándolo con una intensidad que hizo estremecer al sureño.
–Hazlo~
*Notitas* Esa prisión esta de lujo, dándole jugo de limón y limón a sus presos, tan cara que esta la madre esa haha no, es jugo de polvito, no se emocionen, no son tan millonarios(¿?) (Sí, ya sé que el problema es solo mexicano y que esto es europeo, sniff)
Y bien, coff, por allí me pidieron lemon, así que allí esta *Bam dum pss* haha noo, pues sí pienso poner lemon, pero la verdad no sé si seré muy buena en eso, como ya se imaginarán yo soy un ángel del Señor(¿)
Hablando de eso, yo le echo limón al spaguetti y mi familia siempre me amenaza con que un día un italiano va a verme y que ese es el peor sacrilegio y no sé qué, así que… *Señala arriba* Pareció divertido uvú
Y ehm, sí saldrá España, pero no, no voy a poner Spamano ni insinuaciones de Spamano, lo siento asdf nomás no me entra esa pareja, pero no se preocupen, habrá sorpresas futuras (¿)
Quejas, sugerencias, amenazas de muerte, confesiones, spam, ayuda psicológica y psiquiátrica… ya saben 8D ¡REVIEW!
