Capítulo 10

Una noche sin luna

-Me alegra verte de nuevo, hermana- murmuró el apuesto joven en la habitación cerrada.

La hermosa mujer de cabellos verdes se acercó a él y le abrazó con ternura fraternal.

-Yo también te he echado mucho de menos, Ren- sonrió ella, alejándose de nuevo.

No pudo evitar abrazar a su hermano después de tanto tiempo sin verse. Le había extrañado, y estaba segura de que él a ella también.

-¿Cómo has estado?- preguntó la fría voz del ambarino.

-Como siempre. Todo me va bien… Soy realmente feliz.- sonrió ella con ligero sonrojo al recordar a su marido.

Él no respondió. Se limitó a observarla, apoyado como estaba en el respaldo de la silla en la que ella se sentaba ahora. No sabía bien cómo expresarse ante su hermana… Siempre era ella la que expresaba los sentimientos de ambos, y quería que siguiera siendo así. Era la única persona… Por la que se dejaba convencer. Le era imposible negarle nada.

-Me alegro por ti.

-¿Y tú qué tal, Ren?- dijo ella, ya un poco más seria- Me llegaron noticias de que hubo mucho revuelo en el este. ¿Son ciertos los rumores?

-Lo eran- dijo tajante el pelivioláceo- pero todo eso ya acabó.

-Comprendo, temía que te hubiera pasado algo.- añadió con cierto tono de preocupación la mujer.

Él soltó un bufido, en señal de aburrimiento. Una señal que daba a entender que él no iba a ser dañado por causas como aquella.

-Y dime, hermano… ¿Acaso no piensas contarme nada?

Él la miró entre confuso y extrañado.

-¿Contarte?

-Sí- asintió ella, mirándolo a los ojos- Sobre la nueva jovencita que tienes a tu cargo.- él pareció ligeramente sorprendido por sus palabras, pero volvió a su habitual apatía- Tu confidente.

Su confidente… Sí. No había sabido nada de ella desde el día anterior. ¿Se habría recuperado ya? Parecía realmente cansada tras la posesión… Pero supo luchar contra el espectro. Imaginaba que sería gracias al reciente entrenamiento de posesiones que había realizado por lo que pudo hacerle frente… Aunque muy débilmente.

Un leve ruido de atención de su hermana hizo que volviera en sí.

-Me encontré con ella en el templo de las montañas, cuando fui allí a meditar.

-¿Después de tanto tiempo fuiste al templo?- preguntó ella, con un deje extraño en la voz.

-Así es. Los monjes me hablaron del extraño… Don, que posee. Y eso me es muy útil, por eso la trasladé a palacio, para no desperdiciar tanto tiempo en ir a hablar con ella.

-Podías haber escogido a cualquier otra persona.

-No- respondió él.

Un ligero sonrojo se apoderó de sus mejillas, al darse cuenta de lo rápida y rotundamente que había respondido. Cabellos violáceos taparon su rostro, ocultando así el sonrojo en él.

-Ella tiene mejores cualidades.

-Comprendo- sonrió Jun, divertida por la reacción de su hermano.

El joven de ojos dorados observó los ojos de su hermana, que lo miraban con un inusitado matiz. Sabía que algo le ocurría, algo tramaba o quería decirle.

-¿A qué viene tanto interés de repente?- preguntó el pelivioláceo de forma seca.

-Oh, por nada- dijo en tono fingido su hermana. Sabía Jun que con aquello haría sentir curiosidad al joven- Pero… ¿Nunca te has preguntado qué es exactamente un confidente?

-¿Qué quieres decir con eso?- el joven ambarino sabía del doble sentido de su pregunta, pero no alcanzaba a entender qué quería decirle su hermana, y eso le irritaba.

-Verás, hermano- habló Jun- Un confidente es mucho más de lo que puede llegar a aparentar. Son personas que poseen toda la confianza de las personas a las que sirven.

-Eso no es nada nuevo- ironizó Ren.

-Lo sé- siguió ella- Pero, lo que no sabes, es el por qué elige cada cuál a su confidente.

-¿Elegir?- repitió el joven.

-Así es. Siempre hay una razón para escoger a un confidente, o en tu caso, una confidente- matizó la mujer de cabellos verdes- Y es esta razón en la que se basa toda tu confianza.

-La razón es que ella posee un don que puede ser explotado- contestó el pelivioláceo, sentándose frente a su hermana.

-Te equivocas Ren- corrigió ella, sabedora de que su hermano sentía verdadera curiosidad por sus palabras- Esa es la razón por la que es tu confidente, no es la razón por la que confías en ella.

-Quieres decir….

-No quiero decir nada, hermano- lo cortó Jun- la razón sólo tú debes comprenderla, entenderla, y descubrirla. ¿Cómo sino puedes confiar en ella?

El apuesto joven entrecerró los hermosos ojos dorados. Ella tenía razón… sabía que había un "algo" que le incitaba a confiar en ella, pero no sabía qué. Trató de repasar los acontecimientos ocurridos hasta aquel momento, los momentos pasados junto a ella… No veía el por qué en aquellos instantes. ¿Qué era entonces aquel "algo"?

Como un haz de luz llegó a su mente una posible solución, una posible razón para confiar… No estaba muy clara su idea, pero era algo extraño lo que le había ocurrido, quizás fuera una pista para descubrir lo que su hermana quería que comprendiera…

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Una hermosa joven caminaba por los pasillos. Buscaba a una persona en concreto, al joven Tao. Llevaba un hermoso kimono, y su cara era completamente blanca gracias al maquillaje. Sus pequeños pasos le conferían un andar rápido. Llevaba ya mucho rato buscando.

Se sentía un poco preocupada de que él estuviera con… Ella. Con aquella chica de cabellos azules con la que se encontraron. Parecía haber entrado en shock al verla… y temía que sintiera algo por aquella mujer, por alguien que no fuera ella.

-Yusiko, cálmate. Seguro que está haciendo algo importante. No tiene por qué estar con ella.- se dijo de forma tranquilizadora a sí misma.

Pero la duda seguía allí, y eso la angustiaba. Tampoco la había visto a ella en ningún lugar del hotel, y sólo se le ocurría una posibilidad, que ambos estuvieran juntos. Un escalofrío recorrió su espalda al pensarlo. Tao era de ella, sólo suyo. Después de todos los esfuerzos que había hecho por ganarse su confianza, no podía llegar ella y arruinarlo todo con su simple presencia.

Al fin llegó a la puerta de la habitación en la que él, en la que Ren se hospedaba. Tragó saliva antes de llamar a la puerta con suaves toques.

-Adelante- escuchó decir su profunda voz.

Sonrió para sí, al fin le había encontrado. Abrió la puerta, y entró con rapidez, cerrando tras de sí. Se acercó hasta él sin reparar en que no estaban solos en la habitación, y lo tomó con fuerza del brazo. Trató de besarle en la mejilla, pero él se retiró de forma cortés y casual. Ella sintió cierta ira en su interior. Él siempre se resistía a que ella le besara.

-Jun, ella es Yusiko- dijo Ren, llamando la atención de la joven del kimono.

Ella se sorprendió al ver a una mujer tan hermosa en compañía del joven, y peor aún, en su habitación. Automáticamente y sin poder evitarlo, cierto rencor dentro de sí apareció contra la mujer, que no dejó de notarlo a pesar de la sonrisa que Yusiko le dirigía. Jun era una mujer perspicaz, y aquel tipo de miradas eran una diversión para descifrar los pensamientos ocultos.

-Yusiko, ella es mi hermana Jun- siguió presentando Tao.

Yusiko se relajó de nuevo, era su hermana, solamente eso…. No tenía de qué preocuparse.

-Mucho gusto, mi nombres es Yusiko- dijo ella, haciendo una reverencia.

-El gusto es mío- habló Jun cortés, inclinando levemente la cabeza.

Se produjo un instante de incómodo silencio. La hermosa mujer de cabellera verde se levantó de su asiento, y tras dirigir una cálida mirada a su hermano, se alejó hasta la puerta.

-Nos veremos más tarde, Ren- dijo sin mirar a ninguno de ambos jóvenes, y acto seguido desapareció cerrando las puertas tras de sí.

Cuando la puerta se hubo cerrado, Ren pareció volver a su más fría actitud, como si la marcha de su hermana lo sumiera de nuevo en aquella oscuridad interior que tanto le caracterizaba.

-Tienes una hermana muy agradable, Ren- le sonrió Yusiko, tratando así de ganar terreno.

Mas no recibió respuesta por parte de Tao, quién, simplemente, le dio la espalda mientras recogía algunas cosas que había sobre una pequeña mesita. Él no parecía haberla escuchado. Esto enfureció a la chica. ¿Cómo se atrevía a comportarse de aquella manera con ella? Tao terminó al fin de recoger sus cosas. De medio lado, dirigió una mirada a la joven, que le sonrió dulcemente.

-No creo que el sentimiento sea mutuo- dejó decir él.

Un sonrojo de auténtica vergüenza se apoderó del rostro maquillado de la joven. Ni aquel maquillaje blanco en sus mejillas conseguía tapar por completo el color que habían adquirido al escuchar las últimas palabras. ¿Qué quería decir con eso¿Acaso creía que no le había caído bien a su hermana? Sería, quizás… ¿Por qué se había dado cuenta de su mirada? Trató de serenarse, y sonrió de nuevo.

El pelivioláceo cerró los ojos, e hizo una mueca de aburrimiento y cansancio. En verdad, aquella joven no admitiría un no por respuesta, ni tampoco una frase negativa hacia ella. Peor para ella. No sería problema suyo.

Un pinchazo en su costado, de nuevo aquel estúpido aviso. Recordó el rostro de la pelirosa, tal y cómo le había observado el primer día en el hotel. Su sorpresa al verle a él junto a Yusiko. No debía ser tan cruel.

Ella se lo había dicho ya antes. Él había jugado con los sentimientos de aquella mujer, con toda la persona de Yusiko… No podía echarla ahora así como así, sin más. Ren Tao sería frío y serio, distante, pero la educación era algo que tenía muy arraigado, y a las mujeres siempre debía tratarlas con la mayor educación.

Suspiró de nuevo.

-Modales y educación…

-¿Decías algo?- preguntó la dulzona voz de la mujer del kimono.

-Nada- respondió el ambarino, cortante- No he dicho nada…

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Una joven peliazul caminaba tranquila y sonriente junto a un apuesto joven de hechizadores ojos verdes. Ella parecía realmente animada en la charla que mantenían, riendo divertida, y sonriendo sin cesar, como si aquella mueca no pudiera escapar de la forma de sus labios.

Él sonreía más tímidamente, las manos en los bolsillos, erguido, a pasos tranquilos y ligeros. Sus ojos miraban con una oculta nota de cariño en la direcciónde la peliazul, haciendo sin querer, que ella se sintiera realmente a gusto.

¿Cuánto llevaban charlando? No lo sabía, y, la verdad, poco le importaba. Pilika sólo sabía que la voz de él había calmado sus preocupaciones, sus temores, su enfado… Incluso su ira contra aquella joven, esa… Yusiko. Ni siquiera se acordaba de que tenía que ir a buscar a Tamao. Estaba tan a gusto con Lizerg, aquel amigo de toda la vida, que se le olvidó el resto del mundo por completo.

Él tampoco había podido evitar sentirse a gusto junto a ella. Había deseado tanto aquel momento… Muy a su pesar, se sonrojó al pensar aquello. Pero era cierto, no podía negarlo. Siempre había sentido debilidad por aquella chica peliazul, vital y ruidosa, pero bondadosa y agradable al mismo tiempo. Había deseado hablar así con ella... Con tranquilidad, recibir sus sonrisas para él, su tiempo… Y sobretodo, eso que ocurría en aquel momento. Que ella no "deseara" irse a ningún otro lugar, con nadie más. En aquel momento, sólo quería estar con él. Ni con su hermano, ni con… Ren. No, sólo y únicamente con él.

Pilika sentía un extraño cosquilleo en el estómago, se sonrojó un poco al sentir el roce de su brazo con el de él. ¿Desde cuándo sentía aquellas cosas al estar con su amigo? Era Lizerg… Toda la vida había sido un fiel amigo, alguien en quien podía confiar… ¿Qué era diferente ahora?

No necesitó más tiempo para contestar a aquella pregunta. Su mente se la dio de forma automática. Nada había cambiado, siempre había sido así, desde el principio.

Ambos se sentaron en un sillón frente a una pequeña mesita de cristal. Seguían hablando. ¿Acaso no se les acabarían las palabras? Parecía que no. En el momento en que acababan una conversación, salía otro tema del que a ambos les parecía muy interesante conversar.

Una jovencita de cabellos rosas y ojos fresa apareció por allí de repente, al doblar una esquina. Se sorprendió de ver a aquellos dos jóvenes juntos, solos, hablando tan alegremente. No recordaba haber visto a Lizerg tan hablador desde que lo conocía. Se fijó en la peliazul. Parecía tan… feliz. Pasó la esquina, y dio un paso hacia ellos.

-Señortia Pil…- trató de decir, pero una mano tapó su boca, llevándola hacia atrás de nuevo.

Tamao sintió su pulso acelerarse. ¿Qué ocurría¿Quién era?

-¿Quién es usted¡Suélteme ahora mismo!- dijo la pelirosa, tratando de forcejear, aún con la mano en su boca.

Un sonido que le indicaba silencio hizo que se callara casi al momento.

-Tranquilízate Tamao, soy Horo- dijo el peliazul, riendo divertido, y soltando a la chica de su agarre.

-Jo… Joven Horo. Me ha asustado- exclamó Tamao, un poco sonrojada y con ligero enfado. Sus manos se apretaban nerviosas todavía contra su pecho.

Él rió ante sus palabras. En verdad era una joven un poco infantil… pero era un encanto más de ella. Eso no podía negarlo.

-Tranquilízate, que no te iba a hacer nada- rió Horo, mirando disimuladamente por la esquina, en dirección a su hermana y al peliverde- Sólo te he parado para que no estropearas el momento.

-¿Estropear el momento?- repitió la pelirosa, parpadeando graciosamente.

-Así es- dijo Usui, mirándola fijamente- Obsérvalo tú misma.

Tamao asintió, y miró disimuladamente a través de la esquina. Ambos jóvenes parecían reírse muy a gusto. Ni siquiera habían escuchado su llamada, ni se habían dado cuenta de nada.

-No se han dado cuenta de mi presencia- habló la pelirosa extrañada, alejándose de la esquina de nuevo.

-Así es. Ahora que al fin hablan tranquilamente y Pilika se da cuenta de las cosas, no podemos estropear el momento.

La hermosa joven de cabellos rosas se sonrojó completamente, y sonrió con nerviosismo al comprender al fin lo que ocurría, a qué se refería Horo Horo.

-Horo, crees que el joven Lizerg y la señorita Pilika…

-No lo creo, estoy seguro- dijo un poco más serio Horokeu, aunque sin dejar de sonreír- Así que vamos, mejor dejemos que ellos disfruten de este rato, que les hacía mucha falta. Creo que podríamos ir al comedor…

Ella asintió, y siguió caminando al peliazul, no sin antes dirigir una última mirada a la pareja sentada en los sillones. ¿En verdad sería aquello…? Sacudió la cabeza, haciendo que sus mechones rosas se movieran suavemente. No debía pensar en eso, no era asunto suyo. Aunque… Parecían tan felices…

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Al fin había conseguido salir solo. Yusiko no había querido dejarlo ni un instante. Sólo cuando llegó su padre permitió la joven que él se soltara de su abrazo. Se sentía cansado y enfadado. No tenía ganas de soportar los caprichos de aquella mujer. Estaba harto.

Era ya de noche. Podía verlo a través de los acristalados pasillos del hotel. Caminaba sin rumbo fijo. No tenía sueño tampoco así que no se dirigió a su habitación. Se dejó llevar por su instinto. Sus pies le guiaron hasta llevarlo a una pequeña terraza, ya vacía. Entró lentamente, abriendo la puerta sin ruido. Sus pisadas a penas hacían ruido contra el embaldosado suelo de color oscuro como la noche.

Miró a su alrededor con gesto frío. De repente, su mirada se detuvo, de súbito, en una sorpresa que no se mostró en su gesto ni en su mirar. Pero en su interior, el revuelo de mariposas tuvo que ser frenado por el frío devastador al que llamó su mente para volver a su seriedad habitual.

Allí estaba ella de nuevo. Su instinto… Una mala pasada le había jugado al no haberle avisado. Pero allí estaba ella, hermosa, perfecta cual estatua de mármol blanco, sentada en una silla, con los ojos cerrados. Su pálida piel parecía brillar ligeramente al chocar contra ella la luz de las estrellas del firmamento.

Parecía estar dormida. Se acercó un poco más para observarla mejor. Sus cabellos rosas caían sueltos en cascada hacia atrás y por encima de sus hombros. Pocas veces recordaba haber visto su cabello suelto. Pero era… Hermoso. Se sorprendió a sí mismo al pensar aquello. ¿Desde cuándo aquella palabra había entrado en su vocabulario? Una mueca irónica apareció en la comisura de sus labios al pensar aquello. Miró hacia el cielo. Era realmente magnífico.

De repente, sintió el joven de dorado mirar una presencia. Le era familiar. Miró en la dirección de la pelirosa. A sus pies, comenzaba a delinearse un espíritu. Fijó su vista en él. Un cachorro de pantera. El cachorro gruñó, erizándose su oscuro pelaje. Tao no desvió del espíritu su mirada. En un instante, el pequeño cachorro cambió su actitud. Reconoció de inmediato al que una vez fue su amo. Se acercó hasta él.

El pelivioláceo se agachó para acariciar al animal, que se arrebujaba entre sus pies. Después, se levantó, y el pequeño felino, tras mirarle una vez más, se dirigió de nuevo hacia la silla donde se encontraba la hermosa joven con los ojos cerrados, desapareciendo poco a poco a cada paso que daba.

La pelirosa abrió sus ojos de súbito. Los había cerrado para sentir mejor el aroma de la noche, la quietud de aquellas horas… Sintió que alguien estaba cerca de ella. Miró en aquella dirección. Sus ojos chocaron con dos hermosos y subyugadores ojos dorados.

-Ren- murmuró sorprendida ella.

-Buenas noches, Tamao- dijo él de forma tranquila.

Le resultaba extraño llamarla por su nombre, sin más, pero también le era grato, y… Reconfortante. Una sensación placentera, la cual no había experimentado mucho en su joven vida.

-Se… ¿Se te ofrece algo?- preguntó ella, insegura.

-Nada en absoluto- respondió el, cortante.

Ella paró, en silencio.

-¿Puedo preguntarte… qué haces aquí a éstas horas? Deberías descansar…

-Lo mismo podría decirte yo a ti.- la cortó Tao, cerrando sus ojos- Simplemente vine a dar un paseo, y de paso, a ver la noche.

-Es una noche muy hermosa¿no te parece?- preguntó Tamao inocentemente, mirando de nuevo hacia arriba.

-Sí, lo es… hermosa- repitió Tao, ligeramente sorprendido por la palabra que ella había utilizado para describirlo.

Tamao observó disimuladamente al joven a su lado. Él estaba de pie. Se le veía tan serio, tan firme, tan sereno, tan… Frío. Era una persona distante, pero… En aquellos momentos en que estaban a solas, Tamao no había podido dejar de notar que él parecía más… Humano. Se sonrojó al pensar aquello.

No debía pensar tales cosas, no estaba bien. Pero… de todos modos, él ya parecía tener a alguien a su lado… aquella joven, Yusiko.

-¿Te ocurre algo?- preguntó el ambarino, al darse cuenta del sonrojo de la pelirosa.

-Yo, bueno, es que…- trató de serenarse ella para hablar. ¿Por qué tenía que ponerse siempre tan nerviosa a su lado?- Ren, la joven con la que te vimos el primer día en el hotel, la señorita Yusiko…

-Ella es solamente una conocida, la hija de un director de empresa de aquí de Japón.

-Ah, comprendo- sonrió un poco ella, sin poder evitar mostrar algo de alivio- Pero… La señorita es muy hermosa, y realmente agradable…

Un sonido seco escapó de la garganta del joven a su lado. Ella decía que Yusiko era hermosa… realmente Tamao era un persona ingenua y de corazón limpio. Decir algo así de Yusiko, era realmente poseer un alma pura. Se acercó caminando hasta ella.

-¿Puedo?- preguntó, para sentarse.

-Po... Por supuesto- accedió ella.

Él se sentó a su lado. De nuevo aquella extraña sensación de poder, de paz, de… Tranquilidad, invadió su alma como una corriente de las profundidades. Siempre ocurría lo mismo cuando estaba cerca de ella… ¿Por qué? Era una debilidad, una maldita debilidad…

-¿Cómo te encuentras después de la posesión?- preguntó él, sin rastro de emoción alguna en su voz.

-Oh, me encuentro muy bien, gracias- dijo ella, sonriendo tímidamente- Sólo un poco cansada, es todo.

-Eso es normal, después de una posesión tan prolongada. Pero no debes preocuparte, mañana ya estarás completamente recuperada.

Ella asintió con la cabeza. Su mirada gacha, mirando fijamente sus manos en su regazo. Se sentía nerviosa en su compañía, pero a la vez… Reconfortada… Bien. Era una sensación de ansiedad y nerviosismo, no sabía muy bien cómo describirla.

-Ren, muchas gracias por ayudarme… No, por salvarme- dijo ella con las mejillas muy sonrojadas.

Él abrió los ojos al escuchar sus palabras. ¿Ella le daba las gracias? De nuevo aquel espíritu puro hablaba dentro de ella… El ambarino sentía como si su sola cercanía pudiera manchar el espíritu de ella con la impureza del suyo propio.

-No te preocupes, no ha sido nada- dijo él. Ella pareció entristecerse un poco por su respuesta, y él lo notó- Ha sido un placer ayudarte.

Ella se giró para mirarlo a los ojos. Aquellos orbes dorados que brillaban como el sol en la noche. Eran realmente mágicos. Sin saber cómo ni por qué, no pudo evitarlo. Fue un impulso que no pudo contener. Se abalanzó sobre el joven a su lado, y lo abrazó, refugiándose en su pecho. Él se sonrojó ante el acto de la chica. Sus cabellos violetas taparon aquel atisbo de sentimiento.

Sus fuertes brazos se movieron lentamente alrededor de la cintura de ella, y lentamente, la abrazó, sin mucha fuerza, levemente. La pelirosa sintió un escalofrío. Su piel rozaba con la de él. Pero era un contacto tan… Agradable. Era como tocar algo frío, pero que se convertía en cálido para ella. Una suave calidez se extendía por el cuerpo de Tamao desde el lugar en que su piel tocaba la del joven de ojos dorados.

Por su parte, Ren no era impasible ante aquel roce contra la suave y cálida piel de la joven entre sus brazos. El lugar en el que su piel rozaba la de ella, sentía como si le quemara, pero se extendía como un suave calor, como si estuviera derritiendo el hielo del que él estaba forjado. Casi doloroso... pero no un dolor como el que toda su vida le enseñó a crecer, era otro tipo de dolor.

Sabía el pelivioláceo que sus palabras habían reconfortado a la joven pelirosa. Al ver su rostro el primer día, de sorpresa al verle del brazo de Yusiko… Se sintió "culpable" de nuevo. Aquel maldito sentimiento que no le había dejado en paz desde que habló la primera vez con la joven pelirosa. Ella… había hecho estragos en su fría y recta forma de ser. Había cambiado… Y no sabía si aquello era bueno o malo. Se sentía confuso… Pero todo se aclararía. Tarde o temprano. Después de las palabras de su hermana… Todo se aclararía.

Tamao se separó de él levemente. Su cara era un auténtico color rojo vivo, pero se fue aclarando, al ser tapado por los mechones rosas de su cabello. No vio reacción alguna en el rostro del pelivioláceo, pero vio que los ojos dorados parecieron ablandarse al dirigirse hacia ella. Aquella fue una sensación que jamás olvidaría. Desvió de nuevo la mirada.

-Lo siento…- murmuró de forma casi inaudible.

Él la observa en silencio. No contestó, se limitó a dejar escapar un suspiro de cansancio. Ella era tan infantil… Elevó de nuevo su mirada al cielo. Las estrellas parecían brillar más que antes.

Tamao apretó con fuerza sus manos, con los dedos entrelazados. ¿Cómo había podido hacer aquello? Lo peor, era que deseba repetirlo… Se sentía mal consigo misma, y avergonzada con él… No creía que a Ren le pareciera bien lo que había hecho. Seguro que le había parecido un sentimiento que mostraba una vez más su debilidad.

Apretó con fuerza los labios. Debía arreglar su error como fuera.

-Hay una persona que acaba de llegar al hotel, a la que conocí en el templo taoísta en la montaña- consiguió decir entre balbuceos.

Ren volvió a mirarla, interesado en sus palabras.

-¿Del templo, dices?- preguntó el joven de ojos dorados.

-Así es. Su nombre es Jun. Ella es una mujer muy hermosa de cabellos verdes. Solía venir al templo cuando yo era una niña, para profundizar en las técnicas de lucha.

Aquel nombre golpeó su mente con fuerza.

-Jun…- repitió, comenzando a comprender.

De modo que era de ese modo cómo su hermana conocía que Tamao era su confidente, su nombre, que la había llevado a palacio… Un movimiento realmente inteligente el de su hermana. Le había descolocado por completo al comienzo. Pero ahora había cosas que comenzaban a encajar… Aunque seguía teniendo la duda de la última pregunta que su hermana le hizo… ¿Por qué razón era ella su confidente¿Por qué confiaba ciegamente en ella?

-Ren… ¿Acaso la conoces?- preguntó Tamao, insegura al sacarlo de sus meditaciones.

-Sí, la conozco.- respondió con su frialdad habitual.

-De… ¿de veras?- preguntó sorprendida la joven de ojos de fresa.

Él asintió levemente, cerrando de nuevo los ojos.

-¿Puedo saber de que se conocen?- preguntó tímidamente ella.

Ren no dijo nada, ni volvió su rostro hacia ella..

-Creía que ya lo sabías.

-No, ella no me ha dicho nada- contestó la pelirosa, sonriendo graciosamente, con ingenuidad.

-En la fiesta podrás charlar con ella más tranquilamente. Se encargará de explicártelo.

-Supongo que es porque se conocenque la señorita Jun ha venido hasta aquí¿No es así?- preguntó Tamao, con suavidad.

-Así es.- le aclaró el pelivioláceo- Yo la invité para la celebración.

-Oh, comprendo. Ha sido un detalle muy bonito, Ren- le sonrió con dulzura la pelirosa.

Ren sintió cierto calor en las mejillas, pero esto no alteró el color de su piel. El tono de la voz de ella… Siempre se suavizaba… Cuando hablaba con él. ¿Por qué lo hacía¿O era él quién lo imaginaba?

-Maldita sea…- murmuró, despeinando con la mano más aún sus rebeldes cabellos violetas, y consiguiendo una divertida sonrisa de la joven a su lado.

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Hola a todos! Bueno, em, quiero dar muchas gracias a todos por su apoyo a este fic. me alegra que haya tenido éxito el cap. anterior, jeje. Quiero dar las gracias en especial a:

Ely Kyouyama: Lo sé, el espíritu es odiable de su natural, jejeje. Respecto a lo de la fiesta.. Pues sí, jeje, ya tengo escrito el cap, aun así, miraré como introducir tus sugerencias. Gracias por todo, y no dudaré en pedirte ayuda si me falta imaginación en una temporada mala, jeje. Gracias por todo, espero que este cap. también te guste.

Dokuro-chan: Hola! Siento que el final te pareciera shosho (soso)... Espero que este otro cumpla tus espectativas. Bueno, sí, se que he hecho sufrir a Usui más de la cuenta, pero... Creo que en este cap. le he devuelto con una beuna dosis de felicidad el dolor sufrido, no crees? jeje. Sí, seguirá siendo sobretodo Ren x Tamao, pero no excluyo otras cosas. Gracias por todo, procuraré no hacer sufrir a Pilika más. No es que me caiga mal, perola historia requería esos momentos... jeje. Gracias por todo. Espero que te guste este capítulo! n.n

Okami reiko: Gracias por fijarte en lo de la camiseta de Lyzerg abierta! jeje, era una parte que esperaba se notara más, porque he procurado ponerle bien sexi en ese moomento, jeje. Se avecina el gran Lyzerg. Esa es su verdadera imagen, no la que tiene con los soldados X. Y nolo dudes, seguiré poniéndole así! Y bueno, también me alegra que te gustara la pelea, y que te emocionaras cuando ellos al fin se tocan! (Lo sé, he tardado mucho en dejarles hacerlo). Gracias por tu sreviews amiga. Espero que te guste esta actualziación! n.n

Ire Yamichii: Lo séee! Al fin se han tocado! Y eso que han tardado 9 caps.. jeje. Espero que no se te haya hecho pesado. Y bueno, aquí aparece Ren con su hermana. ya me dirás que te han parecido, jeje. Salu! n.n

Andrea Nefisto: Me alegra que te gustara lo de la pelea y que se tocaran, jeje. Y bueno, no estás equivocada, se avecina algo con Pilika y Lyzerg... jeje, pero esto seguirá siendo Ren x Tamao, sobretodo. Muchas gracias por tu apoyo amiga, me das muchos ánimos con tus reviews. Gracias por todo!

Loual: Muchísimas gracias! Vaya, tu crítica ha sido tan buena que me ha emocionado, jejeje. Me alegra quete gustara lo del bosque y la pelea, porque la verdad, no sabía si era lo suficientemente bueno, n.n y bueno, me alegra que te parezca buena la redacción, trato de cuidarla mucho, jeje. Espero que este cap sea de tu agrado. Gracias por tu review!

Sakura water: Me alegra que te guste. Espero que este también sea de tu agrado, n.n

Haine Asakura: Síí! creo que era necesario que Jun apareciera, siempre pone nervioso a Ren porque él la quiere mucho, jeje. Y bueno, me alegra que te gustara que se tocaran, jejeje. Espero con ansias tus actualizaciones, no dejaré de repetírtelo. Gracias pro todo amiga!