Capítulo 10: Alfa Mandón
Draco había tenido suficiente; necesitaba salir del castillo por un rato. Los hermanos Carrow no dejaban de seguirlo y Umbridge era una pesadilla en color rosa, siempre presente y fastidiando con su misión de hacer que las vidas de los estudiantes fueran miserables. El director parecía estar apareciendo más seguido a las horas de las comidas, al menos; aunque llevaba una expresión satisfecha que nadie más parecía ser capaz de igualar.
El viejo estaba tramando algo, su notable ausencia era prueba suficiente de eso, sin embargo, Albus Dumbledore no era el problema de Draco Malfoy; el rubio estaba bastante feliz de dejar que los otros se preocuparan de las tretas del viejo. Él tenía otros problemas de los cuales preocuparse por ahora, a pesar de las órdenes que le habían sido dadas por el Señor Oscuro. Mañana era Halloween y luego sería noviembre, su hermanito cumpliría un mes y todavía no estaba ni cerca de arreglar ese maldito gabinete y darles a él y a su madre una ruta de escape.
Uno de los profesionales a los que le había escrito, quien se suponía que era el mejor en su campo de restauración y reparación de artefactos mágicos, finalmente le había contestado y necesitaba unas cuantas cosas para continuar con su misión de arreglar el estúpido pedazo de mueble. Era imperativo ir a Hogsmeade. No obstante, no era exactamente un fin de semana en Hogsmeade, algo que el horrible Ministro había prohibido dentro de un futuro previsible a menos que se le fuera otorgado un permiso especial, el cual probablemente no conseguiría sin una buena razón.
Ahora, Draco sabía que probablemente habría sido capaz de conseguir el permiso especial que era requerido dado el apellido de su familia y la posición de su padre entre los mortífagos, sin embargo, no tenía la paciencia ni la inclinación a ir y pedirlo amablemente, prácticamente rogar, e incluso tener que llegar a explicar por qué necesitaba salir siquiera. En este punto esa no era información que quisiera que poseyeran Umbridge o los Carrow. Entre menos supieran sobre el gabinete, mejor.
La única ventaja en el reinado del terror en el que actualmente residía sobre la escuela mágica era que los Gryffindor estaban demasiado ocupados rebelándose contra Umbridge y los Carrow como para encontrar el tiempo o la energía para fastidiarlo a él o a los otros Slytherin. Draco estaba muy agradecido por esto, considerando que su mente estaba demasiado preocupada como para estar pendiente de las maldiciones y embrujos que normalmente le habrían sido lanzados entre clases en los corredores.
Así que ahí estaba, poco antes del almuerzo, Draco se escabulló por uno de los muchos pasadizos secretos que sabía que existían y ejecutó su escape del castillo, dirigiéndose a la villa mágica de Hogsmeade. Sabía que necesitaba ser rápido, para lograr salir y volver sin ser visto, para que así pudiera regresar al castillo antes de que notaran su ausencia. Definitivamente ser atrapado mientras salía sin permiso conduciría a algunas preguntas más que inoportunas.
Clayton acordó reluctantemente proveer una distracción para que así Harry pudiera escabullirse sin ser notado e ir a Hogsmeade; había hecho falta una buena cantidad de ruegos de parte de Harry e incluso entonces Clay había consentido con la con la única condición de que regresara rápidamente. Después de la broma del cabello de Micha todos habían estado de muy buen humor. Incluso Fenrir pudo verle el lado divertido después de que se las arreglaron para regresar su chaqueta de cuero a su color original, sin un solo rastro del despampanante rosa del que se había tornado.
Como resultado los adolescentes ya no estaban siendo vigilados tan de cerca, aunque toda la manada estaba un poco más atenta, y alerta ante cualquier travesura que pudieran crear los dos niños. Era agradable tener la seguridad a su alrededor para relajarlo un poco y eso le dio a Harry la oportunidad perfecta para inventar un plan para escabullirse sin ser notado. Sinceramente esperaba que pudiera regresar y esconder sus ingredientes de pociones sin ser visto, también.
Harry se las arregló para agarrar unas bengalas del Dr. Filibuster de su alacena en Ingleton, cuando había tomado su ropa. No tenía idea de por qué las había agarrado en medio de su estado de pánico para salir de su destrozado dormitorio, pero se alegraba de haberlo hecho. Ahora se las entregó al reluctante Clay, quien habría estado encantado por la oportunidad de jugar con los fuegos artificiales bajo casi cualquier otra circunstancia.
El plan era que Clay los lanzara al fuego y luego corriera a cubrirse, en donde pudiera ver el acontecer de toda la locura y en ese momento Harry tendría una oportunidad para hacerlo. Era justo después del almuerzo y Micha se había acomodado para su siesta habitual; él era un objetivo fácil. Sin embargo, Clay consideró a Callie y Romy y esperó a que ellas se alejaran del fuego, dándole a Harry la señal antes de lanzarlos.
En el momento en que explotaron los fuegos artificiales, hubo un ruidoso bang el cual causó que a Micha casi se le parara el corazón, y la atención de todos los demás fue atraída a la gran exposición de luces coloridas y estallidos, estaba claro que la distracción había funcionado y Harry corrió, agarrando su mochila y dirigiéndose al borde de los límites. Escuchó a Clay gritar: "Harry, corre", con un conjunto de risitas; todo estaba planeado así que la manada pensaría que los dos huirían juntos para esconderse de Micha.
Sólo le tomó unos momentos para alcanzar el punto de aparición al borde del territorio y, usando la cubierta de los fuegos artificiales que seguían explotando, se apareció en Hogsmeade sin pensarlo dos veces a lo que estaba dejando detrás. Confiaba en que Clayton lo cubriría si fuera necesario, pero se apresuraría con la esperanza de que ese no fuera el caso.
Apenas llegó a la pequeña villa mágica la primera cosa que vio Harry fue el amenazante castillo a la distancia. Lo reconoció como Hogwarts, pero no podía estar seguro, aunque ciertamente era una vista impresionante. Acercó la capa a su alrededor, parcialmente por calidez, y parcialmente para esconder quien era, mientras admiraba las hileras de tiendas y las pocas brujas y magos a su alrededor en la ciudad.
No estaba seguro de lo conocido que sería en el mundo mágico, considerando que los Aurores andaban tras él. Hasta donde sabía, ellos podrían haber plasmado su cara por todo el lugar, y no podía simplemente pasearse descaradamente sin pensarlo; no era un estúpido atolondrado. Decidió que tendría que conseguir ayuda y mientras miraba a su alrededor pensativamente vislumbró a un joven rubio que parecía tener más o menos su edad; Harry pensó que el otro niño parecía vagamente familia, también, aunque Harry ni siquiera podía empezar a explicar por qué. El rubio parecía estar agitado y apresurado, mientras avanzaba por la calle, aparentemente distraído con sus propios pensamientos; un objetivo fácil, él funcionaría.
Acechándolo como un depredador acecharía a su presa, Harry seguía al joven rubio mientras caminaba por la villa. Cuando giró en un callejón, aparentemente dirigiéndose a un pub llamado Cabeza de Puerco, Harry hizo su movimiento; agarrando al rubio, una mano en su boca para silenciarlo, y arrastrándolo —a pesar de sus luchas y protestas silenciosas—, en una alcoba en el callejón en donde no serían interrumpidos.
—¿Qué mierda? —demandó el rubio con sorpresa y rabia, tan pronto como Harry descubrió su boca, luchando contra el agarre sorprendentemente firme que el otro adolescente tenía sobre él.
—¿Sabes quién soy? —Harry gruñó la pregunta, tenía que saber cuánto sabía el rubio y si los Aurores habían estado haciendo que su rostro se volviera conocido.
—En serio, joder… —Draco dijo sintiéndose seriamente ofendido al ser zamarreado de tal manera—. No, no tengo ni puta idea de quién eres —le dijo el rubio, mientras trataba de conseguir un mejor vistazo del otro adolescente.
Honestamente seguía un poco aliviado de que no fuera, tal como había asumido al principio, uno de los mortífagos o alguno de los profesores de Hogwarts; aunque admitía que era poco probable que un maestro lo agarraba así, ellos seguramente sólo lo habrían arrastrado de regreso a la escuela y probablemente lo llevara a detención.
—Quiero que hagas algo por mí —dijo Harry, todavía no aflojaba su agarre.
—Oh, sí, seguro —espetó Draco sarcásticamente, sintiéndose descontento y molesto con la completa falta de modales del otro muchacho. Además, él tenía sus propias razones para escabullirse en el pueblo y tenía cosas que hacer antes de que descubrieran que desapareció del castillo—. ¡Suéltame! —demandó, volviendo a tratar de liberarse del muchacho de cabello azabache.
—Ni lo creas —dijo Harry apretando su agarre en la ropa del otro niño—. ¿Cuál es tu nombre?
El rubio frunció el ceño ante el tono demandante que uso el otro, y notó que no estaba ofreciendo su propio nombre. Aunque lucía determinado y no era como si su propio nombre fuera un gran secreto, por el contrario, era algo de conocimiento bastante público. —Draco Malfoy —dijo.
Harry tuvo que mirarlo de nuevo, con sorpresa y confusión. —Tu madre… ¿es Narcisa? —preguntó y Draco lucía ofendido.
—¿Conoces a mi madre? —el rubio le preguntó con incredulidad.
—Mi padre la mencionó una vez —explicó Harry, seguía sintiéndose un poco impactado por la coincidencia de todo esto; que el niño que había abordado resultaría ser una de las personas que su padre había mencionado—. Dijo que podía confiar en ella y en su hijo.
—¿Quién mierda eres? —dijo Draco, esta vez, su propio tono era demandante.
Harry mordió su labio, contárselo a este niño podría ser peligroso, pero su padre le había dicho que confiara en él. —Harry Prince —dijo, decidiendo tomar un riesgo basado en la advertencia al final de la carta de su padre.
Draco se esforzó en recordar, pero aun así el nombre no le sonaba. —¿Y tu padre? —interrogó.
—Severus Prince —le dijo Harry, aflojando un poco su agarre.
—¿Severus…? —preguntó Draco, luciendo sorprendido. Puede que no haya escuchado el apellido Prince, pero el nombre Severus era muy familiar. No era un nombre exactamente común y parecía ser una conclusión bastante probable de que este fuera el muchacho del que le había contado su madre.
—¿Conocías a mi papá? —preguntó Harry, con una combinación de sorpresa y esperanza; aparentemente había muy pocas personas que habían conocido al difunto maestro de pociones, y reunirse con alguien que podía haberlo conocido era como confirmar que el hombre realmente había existido.
—Él es mi padrino —explicó Draco, sintiéndose un poco sacudido por la reunión completamente inesperada.
—Oh… bueno… —dijo Harry tristemente, pensando que el otro niño probablemente debería saber la verdad—, él está muerto.
—Lo lamento —dijo Draco formalmente. Él estaba un poco triste porque nunca llegaría a conocer al hombre a quien su madre parecía tener en tan alta estima, una de las pocas personas que se suponía que eran de fiar para ayudar a salvar a su familiar de las manos del Señor Oscuro. No eran noticias alentadoras; eso era seguro.
—Sí, bueno, esa mierda pasa —dijo Harry, realmente no quería profundizar en el tema.
Sólo estaba empezando a ser capaz de procesar la realidad de su pérdida y tener un colapso emocional en frente del otro muchacho no iba a ayudarlo a conseguir lo que necesitaba; realmente quería conseguir lo que necesitaba y regresar tan rápido como fuera posible.
—Ahora, ¿vas a ayudarme o no? —demandó Harry con un poco de impaciencia—. Papá dijo que podía confiar en ti. ¿Tenía razón? —preguntó, poniendo todo el desafío que podía en su voz; esa siempre había sido la forma más efectiva de hacer que Clay le siguiera la corriente. Harry no tenía mucha experiencia con otros adolescentes y sólo tenía que esperar que poner a este niño de su lado fuera igual de sencillo.
—Dependiendo de lo que necesites —dijo Draco, sin estar dispuesto a comprometerse todavía incluso si este era el niño que había mencionado su madre. Finalmente, se las arregló para liberarse del agarre del otro adolescente y cruzar sus brazos sobre su pecho, observando al otro adolescente expectantemente.
—Ingredientes de pociones —le dijo Harry, feliz de que el otro muchacho no hubiese salido corriendo tan pronto como lo había liberado.
Draco lució sorprendido por medio segundo antes de que volviera a poner su expresión en blanco; sabía que su padrino había sido un maestro de pociones, así que tenía un poco de sentido que su hijo también hubiese tenido algo de experiencia en el tema. —¡Bien! —acordó un momento después—, ¿tienes una lista?
Harry sacó un trozo de papel, pero hizo una pausa antes de entregársela. —Sólo para que lo sepas —dijo, sus labios se curvaron en una sonrisa perversa—, si tratas de salir corriendo, soy un hombre lobo. —Mostró una sonrisa dentuda, en una especie de débil intento de imitar la que hacía el Alfa a veces—. Te perseguiré y te morderé, así que ni siquiera lo pienses.
—Dios —dijo Draco, rodando sus ojos, y arrebatando la lista de la mano de Harry—, ¡dije que los conseguiría por ti, ya basta de amenazas!
Estaba luchando con la creencia de que acababa de conocer al adolescente que supuestamente sería el salvador de todos ellos y el niño era un maldito hombre lobo. Retrocedió al callejón, en realidad no quería darle la espalda al extraño hombre lobo adolescente quien lo había amenazado claramente con convertirlo.
Harry se inclinó contra la pared mientras esperaba, esperando que el rubio no huyera; él no tenía problema con ser un hombre lobo… en su mayoría, pero ciertamente no tenía planes de convertir a alguien dentro de poco; aunque no había necesidad de que el rubio supiera eso. Dentro de media hora Draco estaba de regreso, cargando una bolsa con todo lo que Harry necesitaba, algo que revisó exhaustivamente, la bolsa incluso contenía el acónito que supuestamente era difícil de conseguir.
—¿Cómo conseguiste el acónito? —interrogó Harry sospechosamente.
—Tenían stock —dijo Draco simplemente con un encogimiento de hombros, aunque Harry no se perdió la expresión socarrona que el rubio estaba tratando de esconder.
—Está regulado por el Ministerio —gruñó Harry, mirando la rubio.
—Sí, bueno, soy un Malfoy —dijo Draco despectivamente—. Nada se escapa de nuestros limites —añadió en un tono que claramente expresaba que todos ya deberían saberlo.
Harry sonrió. —Me agradas —dijo, y encontró que se arrepentía de que su padre no le hubiese permitido conocer a Draco antes. Quizás pudiera presentárselo a Clay—. ¿Vas a Hogwarts? —preguntó con curiosidad, sus ojos miraron al gran castillo a la distancia.
—Sí… —confirmó Draco cautelosamente—. ¿Por qué?
—Oh, es sólo que yo y un par de miembros de mi manada asistiremos en enero —explicó Harry—. Órdenes de Dumbledore —añadió con un ceño fruncido que no pasó desapercibido para Draco e hizo que el rubio se sintiera particularmente curioso. Este Harry… cómo sea que se apellide, supuestamente del lado de Dumbledore.
—Qué suerte —dijo Draco; en realidad no quería entrar en detalles y bandos de la guerra, ya era demasiado complicado y confuso. Draco ya había decidido que estaba de su propio lado, con su madre y Brax, con o sin el pequeño Harry.
—Mira —dijo Haru, luciendo nervioso—, tengo que regresar antes de que mi Alfa me eche de menos, pero ¿supongo que te veré en enero?
—Supongo que lo harás —concordó Draco con un encogimiento de hombros, todavía no tenía idea de qué hacer con el otro adolescente.
Harry llegó a la mitad del callejón antes de vacilar y voltearse hacia Draco. —Oh…, y gracias, Draco —dijo con una enorme sonrisa en su rostro.
—No hay problema… Harry —dijo Draco, inclinándose contra la pared para reunir sus pensamientos, antes de darse cuenta repentinamente de lo que estaba haciendo. Mirándose horrorizado y enderezándose, lanzó un hechizo de limpieza en su manga. Para cuando volvió a alzar la mirada, Harry había dado la vuelta en la esquina y había salido de su vista.
Poniendo sus recién adquiridos ingredientes de pociones en su mochila, Harry salió corriendo, listo para aparecerse de regreso en el territorio, sintiéndose esperanzado y agradecido por este potencial nuevo amigo. Ahora sólo tenía que esperar que el plan hubiese funcionado y que su ausencia no hubiese sido notada.
A Micha le había tomado diez minutos atrapar a Clayton, tacleándolo y luchando juguetonamente con él en el suelo por poner los fuegos artificiales antes de darse cuenta de que Harry no estaba con él. Al resto de la manada les había tomado menos que cinco minutos concluir que Harry no estaba dentro de los límites.
Fenrir estaba furioso, más que nada con Clayton por permitirle a Harry la oportunidad de huir; su temperamento flameó cuando quedó establecido que los dos habían tramado esto juntos. Cuando Damon había dicho que los dos eran problemáticos, el Alfa nunca había imaginado esto. Ya estaba listo para colgar al adolescente cuando Damon tomó a Clayton por el cuello y le señaló a Fenrir que necesitaba mantener la calma, al menos el tiempo suficiente como para localizar a Harry.
—¿Dónde está? —demandó Fenrir con gruñendo cerca del nervioso rostro de Clayton.
—¡Ya viene de regreso! —insistió el adolescente. Harry había prometido que regresaría y su amistad estaba tan recientemente reparada que Clay rezó para que Harry no la pusiera en riesgo de nuevo; Clay tenía que creer que su amigo regresaría. Harry era su hermano, su familia, su mejor amigo en todo el mundo. Adoraba a Harry.
—¿Dónde está? —dijo Fenrir, su paciencia se estaba agotando, a pesar del excelente punto de Damon de que necesitaba mantener la cabeza fría.
—Sólo dínoslo, Clayton —rogó Damon, temiendo por la seguridad de su hijo tanto como la de Harry.
Nada detendría al Alfa si Clay insistía en continuar desafiándolo. Harry podría salirse con la suya hasta cierto punto a causa de su posición como la pareja del Alfa, incluso si todavía no lo sabía, pero Clayton podía estar en serio peligro. Al menos, podía ser expulsado de la manada o, peor, asesinado; ninguna era desconocida en las manadas de lobos, especialmente cuando se trataba de desafíos continuos hacia el Alfa. Damon sólo estaba rezando para que Harry regresara pronto, y en una pieza, o puede que Clay no sobreviviera la noche.
—Él no quería que supieras —Clay trató de explicar; ya sabía que eso no sería suficiente ni para su padre ni para el Alfa, el último parecía estar a punto de explotar debido a la rabia.
—¿Dónde está? —cuestionó Fenrir de nuevo, apartando a Damon del niño, mientras se le acercaba; irguiéndose sobre el adolescente que había permitido que su pequeña pareja se pusiera en peligro.
—¡Él regresará pronto! —dijo Clay, su voz su voz tenía un borde de pánico mientras retrocedía unos pasos, dándole una mirada a su ahora aterrorizado padre; pero Damon sabía que no podía hacer nada más que ver como la rabia de Fenrir estaba enfocada enteramente en el quinceañero.
—¡¿DÓNDE ESTÁ?! —rugió Fenrir, agarrando a Clayton por la garganta y golpeándolo contra un árbol, su temperamento estaba sacando lo mejor de él. El árbol se sacudió violentamente; la fuerza empleada destrozó trozos de corteza, y casi quebró el tronco, con la fuerza detrás del estallido del Alfa.
—¡Estoy justo aquí, ahora déjalo ir! —dijo la enfurecida voz familiar de Harry detrás de ellos. Él ya había guardado su mochila para esconder los ingredientes de la poción y ahora se abalanzó sobre el Alfa hacia donde tenía a Clay sujeto por la garganta, sus pies apenas tocaban el suelo—. ¡Suéltalo, maldita sea! —gritó Harry.
—¡HARRY! —Fenrir rugió en una mezcla de furia y alivio, rodeando al pequeño hombre lobo, dejando caer a Clay—. ¡¿Dónde MIERDA te fuiste?!
—Regresé —señaló Harry—, eso es lo que importa, ¿cierto?
—¡¿A dónde fuiste?! —preguntó el Alfa insistentemente, moliendo sus dientes con fastidio, harto de los cachorros que no respetaban su autoridad. Él no debería haber tenido que preguntar dos veces mucho menos media docena.
Damon tomó ventaja ahora que la atención del Alfa estaba siendo completamente enfocada en Harry, para encaminarse hacia Clay, tirando al adolescente entre sus brazos para calmar al adolescente estresado.
—Pensé que le dijiste a Lukas que NO administrabas una misión —discutió Harry, sintiéndose un poco mal por arrastrar a su hermano de manada en todo esto, pero honestamente se estaba sintiendo como una especie de prisionero en el territorio y Fenrir necesitaba comprender eso.
—¡Sólo eres un cachorro! —espetó Fenrir, y Harry arrugó su nariz para demostrar lo que pensaba de ser llamado de tal manera—. ¡No puedes salir corriendo cada vez que se te dé la gana! ¡Si quieres ir a algún lado, pregunta y alguien de la manada irá contigo! ¡No salgas corriendo solo, especialmente tú!
—¿Qué pasa si los Aurores te hubiesen atrapado, Harry? —preguntó Damon, desde donde confortaba a su tembloroso hijo.
—Fui cuidadoso —espetó Harry, todavía mirando al Alfa—. ¡Y no soy un niño y tampoco soy uno de tus cachorros!
—¿A dónde fuiste? —demandó Fenrir una vez más. Necesitaba saberlo, lo volvería loco si no lo hacía. Quería saber qué había sido tan malditamente importante como para que Harry hubiese salido corriendo sin decir una palabra de adónde iba o por qué.
—¡No es tu maldito problema! —espetó Harry, no estaba dispuesto a compartir a dónde había ido o por qué. Para empezar, no era una conversación que quisiera tener con toda la manada mirándolos y segundo, no quería meter a Clay en más problemas. Después de todo, él lo había sabido todo y había guardado el secreto. Harry tenía mucho que agradecer por su amistad con Clayton.
Fenrir avanzó, tirando de su joven y obstinada pareja entre sus brazos e inhalando profundamente. —¿A quién hueles? ¿A quién conociste?
—A alguien en quien mi padre confiaba —dijo Harry tratando de luchar por soltarse del agarre del Alfa—. ¿Qué te preocupa? ¿Qué alguien pueda mirarme? ¿Celoso? —se burló—. ¡Bueno, no te pertenezco!
—¡Sigues siendo parte de esta manada! —le dijo Damon a Harry, antes de que Fenrir pudiera decir algo de lo que podría arrepentirse después; el Alfa miró a su Beta, quien se sometió inmediatamente, retrocediendo a la vez.
Harry se sintió tan atado cuando miró a los demás: —¡Solamente porque no tengo elección! —gritó enfurecido.
—No quieres decir eso, Harry —dijo Jenson, sonando sorprendido por el estallido del niño. Todos habían sido testigos de cuánto se había ajustado Harry en el tiempo que había estado con ellos, se había convertido en uno de ellos y en una parte muy amada del grupo. Escuchar que seguía luchando con la realidad de la vida en la manada era difícil de tragar para todos ellos.
—¡Por supuesto que sí! —dijo Harry enfurecido—, sólo quédense lejos de mí —dijo el adolescente iracundo, empujando bruscamente al Alfa antes de salir echo una furia hacia su árbol. Fenrir gruñó, frotando su pecho en donde su pequeña pareja lo había golpeado de nuevo. Medio admiraba las agallas que se necesitaban para hacerlo, pero Harry iba a tener que dejar de, literalmente, andar alejándolo a empujones o de verdad iba a perder su temperamento.
Llegando al conocido tronco del árbol, Harry lo golpeó con su puño con rabia; encontrando, con frustración, que no dolía en lo absoluto; se hundió en el piso sintiéndose extremadamente mal por sí miso. No estaba sorprendido en lo más mínimo cuando alguien sentado junto a él y se giró para ver que era Clayton un poco más que exhausto.
—Lo lamento —dijo Harry patéticamente. Tensó y destensó el puño lesionado dispuesto a hacerse sentir cualquier tipo de dolor, o incomodidad, a medida que la sangre rezumaba gentilmente de los nudillos lesionados, pero no sentía nada.
—¿Conseguiste lo que necesitabas? —preguntó Clayton, frotando su garganta cuando su voz salió un poco ronca. Fenrir tenía un agarre bastante duro y, aunque Clay no se lo admitiría ni siquiera a Harry, por un momento había estado verdaderamente asustado. Habría sido perturbadoramente fácil para Fenrir simplemente haberle roto su cuello.
—Sí —dijo Harry, dándole a su mejor amigo una mirada muy preocupada; odiaba que otra vez alguien hubiese salido herido por su culpa. Todo el punto de la poción era evitar que la gente saliera herida por culpa suya.
—Entonces valió la pena —dijo Clay, chocando su hombro con el de Harry.
—Aun así, lo lamento. ¿Estás bien? —preguntó Harry, seguía mirando a su mejor amigo con una expresión de preocupación.
—Sí, bien, no hay daño —le aseguró Clay—. Okay, bien, no hay daño permanente —corrigió ante la mirada escéptica de Harry.
—Gracias —dijo Harry, mirando al otro lado del claro en donde Jenson y Damon aparentemente intentaban restaurar la calma. Sin embargo, Fenrir no estaba en ningún lugar a la vista así que asumió que el Alfa se había dirigido al bosque para tratar de liberar tensión. Harry estaba feliz de que esta vez el enorme hombre lobo alfa no estuviera liberando su tensión en Damon.
—¿Por qué? —preguntó Clay, mirando a Harry con un ceño fruncido por la confusión.
—Por mantener mi secreto —aclaró Harry.
Clay se encogió de hombros, lo había prometido, después de todo. —Tienes que decírselos eventualmente, sin embargo —dijo mientras miraba la mano lastimada de Harry sobre la suya, observándola—. Lo que sea que estés tomando y por la razón que sea, significa que no sientes esto y eso no es algo bueno.
—Lo sé —dijo Harry; podía admitir que no podía atravesar esto cada vez que necesitara más ingredientes para la poción. Todavía ni siquiera había averiguado cómo iba a preparar la maldita cosa.
—¿Quisiste decirlo? —preguntó Clay repentinamente, liberando la mano herida de Harry.
Harry lo miró pensativo: —¿Qué cosa? —preguntó.
—¿Qué sólo estás aquí porque no tienes otra opción?
Harry se encogió de hombros. —No, no realmente —dijo—. A veces… supongo —se corrigió a sí mismo—, pero no odio estar aquí. —Sentía que era importante que Clay comprendiera eso. No es como si Harry ya pensara en el territorio como si hogar, pero estaba empezando a pensar que tal vez fuera capaz de hacerlo con el tiempo—. Quiero decir… tú estás aquí —le dijo a su amigo con una sonrisa.
—Sí, estoy aquí —dijo Clay con una sonrisa, arrojando su brazo alrededor de Harry—. ¿Vas a dormir aquí esta noche o vas a venir a la fogata?
—Si no hiciera tanto frío aquí afuera —le dijo Harry, acercando sus rodillas a su pecho y envolviendo sus brazos a su alrededor—. No creo que el Alfa mandón, por allá, me deje dormir aquí tan cerca del invierno —dijo con una mueca gruñona.
Clayton soltó una sonora carcajada ante el apodo de Harry para Fenrir: —No, no creo que lo haga y te desafío a llamarlo así en su cara algún día. —Clay y Harry sonrieron ante la imagen mental que conjuraron.
—¡Oh, trato hecho! —dijo Harry con una amplia sonrisa en su rostro. Obtendría una gran emoción diciendo eso en la cara de Fenrir sólo para ver si podía salirse con la suya.
—Él sólo quiere protegernos, sabes; después de lo que le pasó a su última manada no es que en realidad pueda culparlo por ser protector —explicó Clay.
—¿Qué le pasó a su última manada? —preguntó Harry; ni siquiera sabía que hubo una manada anterior.
—Él se fue a cazar y regresó para encontrarlos a todos degollados por los magos —dijo Clay, estremeciéndose ante el concepto de encontrar a su actual manada de tal manera; ni siquiera se atrevía a pensarlo—. Mi papá me dijo que él tuvo suerte de no haber estado ahí cuando eso pasó, debería haber estado.
—Oh —dijo Harry, perdiendo las palabras—. Así que por eso él es de esa manera, pensé que sólo se le había ido el poder a la cabeza.
Clay volvió a reírse, pensando en lo genial que era tener a Harry de regreso en su vida; su mejor amigo nunca había fallado a la hora de hacerlo sentir mejor sobre ciertas cosas. —Ya sea por el poder o no, él sólo está tratando de cuidarnos, es lo que hace un Alfa, los buenos alfas, claro está. —Eso era algo que ha Clay le gustaba de Fenrir; el hombre lobo amaba a su manada y también era un Alfa fuerte.
—Gracias, Clay —le dijo Harry a su amigo con una sonrisa; resultaba que incluso las explosivas discusiones que tenía con Fenrir eran más fáciles de digerir cuando Clay estaba a su lado.
—Ya no pensaremos más al respecto —concordó Clay—, si dejas que Callie le eche un vistazo a tu mano —añadió con una sonrisa satisfecha hacia su testarudo amigo, sabiendo que Harry nunca acudiría a ella por cuenta propia.
—Bien —concordó Harry reluctantemente—, dejaré que Callie le eche un vistazo a mi mano.
—Muy bien —dijo Clay, mientras se reclinaba contra el árbol y observaba al resto de la manada atendiendo sus asuntos en el claro, todos seguían luciendo un poco nerviosos. Damon estaba mirando cuando Harry y Clay estaban charlando, comprobando que ambos siguieran ahí y volvieran a salir corriendo.
—¡NO! —gritó Sirius mientras seguía a Remus a través de los pasillos de Grimmauld Place.
—Dumbledore me necesita ahí, él me pidió específicamente que fuera a ayudar en la escuela —le dijo Remus, sin girarse para mirar a su agitado amante mientras continuaba caminando. No quería ver la rabia delineando el que alguna vez fue un rostro atractivo, el cual había sido desfigurado irreversiblemente durante los años de Sirius en la prisión mágica de Azkaban.
—¡NO! —volvió a gritar Sirius—, ¡no me importa si te lo pidió el mismísimo Merlín! —dijo como un niño petulante, y Remus creyó que, de hecho, lo oyó estampando su pie con rabia, pero no se volteó para confirmarlo. No quería pensar que su amante, un hombre adulto, actuaba como un niño de cuatro años haciendo un berrinche.
—Sirius, necesito ir a Hogwarts, así puedo estar ahí para Harry —trató de explicarle Remus, manteniendo su voz tranquila y calmada. Aunque sabía que era posible que su temperamento calmado solamente enfurecería más a su amante, tendía a pasar a menudo, pero no quería pelear por cosas que no podían controlar.
No podía hacer nada con respecto a la situación; Dumbledore le había pedido que se convirtiera en profesor en la escuela, a partir de enero. Ellos necesitaban a alguien que mantuviera un ojo en Harry. El propósito de esto, de acuerdo al director, era guiarlo por el sendero correcto; como si Remus creyera que los motivos del viejo mago serían así de simples. Pero quería ayudar a Harry, con respecto a eso, no había debate y maldito fuera si dejaba que Sirius se interpusiera en el camino.
Había sido una conversación incomoda con Dumbledore, quien no había estado muy complacido con el hecho de que Remus le hubiese ocultado información. De alguna forma, el director había descubierto que Harry era un hombre lobo y enfrentó a Remus por habérselo ocultado. Por supuesto, llegado a ese punto Remus no había tenido elección y había mentido, diciéndole al director que no había sabido nada al respecto, pero ambos sabían que no se podían engañar sus sentidos de hombre lobo; aunque si Albus ya no confiaba en él no había mostrado señal alguna de ello. Remus estaba seguro de que, si ya no confiara en él, entonces el director no le habría permitido acercarse a Harry cuando el niño llegara a Hogwarts; y claramente ese no era el caso.
—También quiero estar ahí para Harry, ambos iremos —le rogó Sirius con una voz irritantemente quejumbrosa.
Remus se estaba hartando desagradablemente del hecho de que Sirius tuviera una mente de una sola vía. Ahora incluso cuando tenían sexo, su mente claramente estaba en otro lugar; y después de terminar, cuando deberían haber estado acurrucándose y susurrándose ñoñerías, Sirius comenzaría a hablar de cómo sería su vida una vez que Harry estuviera con ellos. Parecía estar bajo la ilusión de que todo sería perfecto, ellos serían más felices y Harry sería su hijo adoptivo. La verdad es que Remus no tenía el coraje para que estallar esa burbuja y enfrentar las consecuencias de hacer precisamente eso. Simplemente no podía destrozar las esperanzas del hombre que amaba, quien parecía tan seguir de que su sueño se haría realidad.
—Sirius… —dijo Remus, con un tono de advertencia.
—¡No puedes DEJARME! —dijo Sirius; había creído que Remus nunca dejaría que permitieran que los separaran de nuevo y ahora aquí estaban y él estaba planeando abandonarlo. Podrían pasar meses antes de que pudieran estar juntos, meses en donde Sirius estaría solo con Quejicus, en la casa de sus odiados ancestros y no podía pensar en nada más detestable—. ¡AQUÍ no!
—Sirius, ya basta, tengo que ir para poder ayudar a Harry y no puedes venir conmigo, sin importar cuánto me gustaría. Solamente hará que regreses a Azkaban, y ninguno de nosotros quiere eso —dijo Remus finalmente volteándose para mirar a su amante a los ojos, esperando demostrarle que se preocupaba demasiado por él como para dejar que eso pasara. Sólo quería proteger a Sirius de terminar nuevamente en ese lugar.
Sirius sentía que iba a perder la cabeza. La idea de que su amante fuera a Hogwarts y que Remus tendría la oportunidad de conocer a Harry, era casi demasiado para que Sirius lo manejara y no tenía idea de cómo sería capaz de quedarse a solas únicamente con Quejicus como compañía una vez más. Los celos se alzaron como un animal salvaje tratando de desgarrar una salida; el hecho de que Remus fuera a conocer a su ahijado antes que él estaba volviéndolo loco. No era justo, él no había cometido el acto por el que se lo acusaba, aun cuando ya no estaba en Azkaban, seguía siendo un prisionero. No podía imaginar cómo podría empeorar más que esto.
—Puedo permanecer escondido —trató de suplicar Sirius, desesperado por lograr que Remus comprendiera, porque su amante estuviera de acuerdo en que pudiera ir con él a Hogwarts.
—¡Sirius Orión Black! No puedes permanecer escondido ni por cinco minutos, mucho menos varios meses —dijo Remus enfurecido, mirando a su amante con brusquedad; conocía demasiado bien a su amigo como para creer que podía resignarse lo suficiente como para permanecer escondido.
Últimamente Sirius había estado consternando a Remus y honestamente Remus a veces estaba feliz de tener una razón para alejarse de él. No es que no amara a Sirius, realmente lo hacía, pero ahora muy frecuentemente miraba a su amante y se preguntaba qué le había pasado al hombre del que se había enamorado. Todavía amaba sinceramente al hombre parado frente a él, pero quería un poco de espacio para sí mismo. Simplemente ya no eran los mismo que antes, habían pasado demasiadas cosas, y recién se le estaba empezando a ocurrir a Remus que quizá él y Sirius ya no encajaran juntos.
—¡Quiero ver a Harry! —dijo Sirius acaloradamente—, ¡me quedaré escondido por él!
—Incluso si vienes conmigo no serías capaz de verlo —Remus trató de razonar con él—. Tendrías menos espacio y libertad de la que tienes aquí. Me doy cuenta de que es frustrante…
—¿¡FRUSTRANTE!? —rugió Sirius—, ¡no tienes idea!
Remus suspiró, había sabido que esto no saldría bien, pero no había esperado que su amante se lo tomara tan mal. Claramente su obsesión con Harry era más profunda de lo que Remus se había atrevido a creer que era posible. Estaba empezando a darse cuenta de eso, sin importar el desenlace, no terminaría bien para Sirius, era un pensamiento que entristecía a Remus. Habían sido amantes por años, amigos aún más tiempo que eso; ellos habían estado juntos a través de su licantropía; Sirius se había convertido en un animago por él. No podía comprender cómo había salido tan mal que su amor se había vuelto casi inexistente. Todo lo que tenían era sexo y discusiones; vivir así era vivir una existencia triste. Remus no podía esperar a salir de este lugar.
—Sirius…
—¡No, no me vengas con "Sirius"! —espetó Sirius—, ¡No tienes idea de cómo es estar atascado aquí, sin ser capaz de irme! ¡Lo ODIO!
—Y aun así pareces ser capaz de encontrar algo que te divierta, desapareces durante horas, negándote a decirme donde has estado —dijo Remus con el ceño fruncido—, No debes estar tan aburrido.
Llegado a este punto Sirius parecía haberse quedado sin palabras y simplemente dejó salir un rugido de rabia, girando abruptamente y saliendo echo una furia. Remus sólo lo observó irse, no tenía la energía para evitar que se fuera, ni para continuar la discusión. Sabía que era una mala señal cuando ya ni siquiera tenía la pasión suficiente dentro de él como para luchar por lo que tenían. Fue en ese momento que supo que su relación podía no valer el esfuerzo que haría falta para salvarla; no si él era el único luchando por ello.
Sirius necesitaba ventilarse desesperadamente porque si no se calmaba pronto iba a decir o a hacerle algo a Remus de lo que definitivamente se arrepentiría más tarde cuando tuviera tiempo para pensarlo adecuadamente. Snape, por otro lado, era un objetivo fácil, menos persona y más un satisfactorio saco de boxeo. Sirius podía hacerle un montón de cosas a Snape sin una sola gota de remordimiento; de todas formas, todo era culpa de Snape. De una u otra forma era culpa de Snape.
La última vez que Black le había prestado una visita a Severus, él se había cansado de tener que agacharse para darle un puñetazo adecuado en el estómago, así que había enderezado la silla y apoyó al maestro de pociones en ella. Severus no estaba seguro de que cuánto tiempo había pasado desde entonces, pero al menos había conseguido ver un parche diferente de tapizado desvanecido mientras la última esperanza se drenaba lentamente de su mente.
Sabía que el tiempo estaba pasando porque un pequeño elfo domestico de apariencia aterrorizada usando lo que parecía ser una funda de almohada aparecería dos veces al día para asegurarse de que fuera alimentado y sus heridas, infligidas por Black, eran atendidas. Si no fuera por esa pequeña criatura entonces a estas alturas una gran cantidad de lesiones podrían haberse infectado y haberlo matado. Severus casi estaba empezando a desea que el elfo domestico cesara sus cuidados y simplemente lo dejara morir, acabando con su dolor.
Por algún tiempo desde que fue aprisionado, había estado tratando de enfocar sus pensamientos en ganar acceso a su magia mental, su cuerpo podía haber sido encantado para que estuviera fuera de su control, pero no ofrecería su mente sin dar pelea. La idea de usar Oclumancia se le había ocurrido inicialmente en medio de la desesperación por liberarse a sí mismo de la depresión consumidora del hechizo únicamente masoquista de Dumbledore, pero lentamente se dio cuenta de que él no sólo era un maestro de Oclumancia, sino también de Legeremancia. Esto era algo que le había dado un raro brillo de esperanza.
Desde entonces había estado rezando para que el desquiciado carcelero que era Black, se acercara lo suficiente como para reunirse con sus ojos el tiempo suficiente para que así pudiera ser capaz de robar una pizca de la cabeza del hombre. Por supuesto, esto era frustrantemente difícil cuando Severus era incapaz de mover sus propios ojos, mucho menos su cabeza. Eso lo dejó con ninguna otra alternativa más que tratar de ser paciente hasta que Black cometiera un error.
Sin embargo, casi se había rendido con esta idea cuando Black entró hecho una furia en la habitación y cerró la puerta de golpe; claramente el hombre estaba teniendo un mal día, no es como si Severus pudiese obligarse a tener la más mínima pizca de simpatía. Él odiaba a Black, siempre lo había hecho, incluso antes de que el hombre hubiese arruinado su vida e hiciera que su hijo, su Harry, tuviera que huir. Por supuesto, él había escuchado el griterío y sabía que la causa del mal humor era otra discusión con Remus. Sabiendo que los dos seguían peleando le dio a Severus un ápice de alegría, a la cual se aferró desesperadamente; cualquier cantidad de felicidad le permitiría recuperar algunos de los recuerdos felices que tenía de Harry. Eran esos los que lo mantenían con vida, lo mantenían luchando.
—Dumbledore ha encontrado a Harry —dijo Severus con regocijo mientras cruzaba la habitación, agachándose y mirando a Severus directamente a los ojos para ver si podía ver siquiera una diminuta reacción ante sus noticias.
Era exactamente lo que Severus había estado esperando. Estaba tan sorprendido de que algo finalmente le saliera como quería que casi se olvidó de actuar ante esta rara oportunidad, pero rápidamente trató de aclarar su mente mientras se enfocaba en los fríos ojos grises directamente en frente de él. Por supuesto, el enfoque solamente sería mental, ya que ni siquiera tenía control de su visión, y Sirius estaba demasiado cerca como para ver claramente. Sólo esperaba que funcionara porque si las palabras que Black había dicho eran ciertas, Dumbledore tenía a su hijo, lo cual significaba que Harry estaba en un terrible peligro.
Ellos habían tenido contacto visual y eso era lo que importaba, era lo que necesitaba y con un repentino y forzado empujón mental, Severus irrumpió en la mente de su torturador. Si hubiese podido sonreír, entonces lo hubiese hecho. Ese contacto ocular fue suficiente para que el maestro de pociones consiguiera acceso a la mente insana del hombre. Pero no tenía el lujo del tiempo para celebrar esta pequeña victoria, ni para ser gentil, no es que tuviera la inclinación a hacerlo. No le importaba si Black sabía que su mente había sido saqueada, Severus estaba demasiado desesperado por conseguir información, para saber qué le estaba pasando a su hijo. Atravesó la mente de Black sin un ápice de preocupación o ternura, escarbando en recuerdo tras recuerdo buscando lo que quería.
Imágenes y pensamientos de la discusión que acababan de tener Black y Lupin destellaron frente a él, pero era demasiado rápido para reunir mucha información real, aunque Severus se alegraba de que hubiese estado en lo correcto con respecto a la inestabilidad de su relación; no le importaba que los dos hombres pelearan en el recuerdo, ni nada similar ni relacionado a ello. Necesitaba saber sobre algo muchísimo más importante, así que arrojó a un lado esos recuerdos en particular y continuó avanzando, frenético en su búsqueda de conocimiento ya que no tenía mucho tiempo. A Black no le tomaría mucho tiempo, sin importar lo estúpido que fuera, darse cuenta de lo que estaba pasando y apartara su mirada.
Harry, estaba buscando información sobre Harry; Severus escarbó desesperadamente en la cabeza de Black buscando cualquier trozo de conocimiento sobre el adolescente. Sirius había dicho que Dumbledore había encontrado a Harry, algo que no quería que fuese cierto; no quería nada más que descubrir que eso era una mentira, que lo dijera para atormentarlo más. No podía ser cierto, simplemente no podía serlo; Harry no era tan tonto. Buscó desesperadamente, arrojando a un lado los pensamientos irrelevantes, cualquier signo de que esto era una mentira. Todo lo que había hecho, y lo que había sufrido voluntariamente, para poder mantener a Harry a salvo. Su hijo no podía haber caído en las manos de Dumbledore, simplemente no era posible.
"—Él no tiene un guardián legal ahora, y a nadie que vigile educación mágica. Será forzado a asistir a Hogwarts en enero. No se atreverá a negarse, no cuando tenemos algo que él querría."
¡Dumbledore había dicho eso! Severus estaba empezando a sentir pánico, pero seguramente Harry sabría que debía permanecer lejos, la carta que había escrito y le había dado al adolescente le había advertido sobre el director. Pero repentinamente le hizo mucho sentido cuando Severus se dio cuenta de que él era la carnada. Dumbledore manipularía a Harry usando al único padre que había conocido. Severus comprendía que su hijo nunca lo abandonaría y se marcharía sin más, sin importar lo que dijera la carta. Puede que Harry no fuera estúpido, pero cuando se preocupaba por algo o por alguien haría cualquier cosa para mantenerlos a salvo.
"—Sirius, necesito ir a Hogwarts, así puedo estar ahí para Harry."
Remus iba a ir a Hogwarts, Harry iba a ir a Hogwarts. Severus quería gritar su rabia, su miedo, y su frustración. Quería recordarle a su hijo todas esas lecciones que había tratado de enseñarle sobre hacer lo que le decían y no ponerse a sí mismo en peligro, pero, como había temido, su hijo había heredado más que un poco de la naturaleza Gryffindor de James y Lily.
—¡BASTARDO! —Sirius escupió repentinamente cuando finalmente se las arregló para forzar al maestro de pociones a salir de su mente, su puño se estrechó con un costado de la cabeza de Severus con una fuerza alarmante—. Aunque ahora lo ves, ¿cierto? —se burló Sirius, poniendo un pie en la silla entre las piernas de Severus y pateando.
La silla se desplomó hacia atrás con facilidad y la cabeza de Severus colisionó con las tablas del piso. Su cabeza dio vueltas, y probablemente tenía una contusión; por un momento pensó que vomitaría y dejarían que muriera ahogado, pero la patada de Sirius en su hombro hizo que rodara, como una muñeca de trapo, dejándolo de lado y al parecer su cuerpo ni siquiera tenía el control suficiente como para permitir un acto reflejo como regurgitar.
—Harry irá a Hogwarts en enero —le dijo Sirius socarronamente—, ¡y luego aprenderá la verdad sobre ti, la verdad sobre James, la verdad sobre sí mismo y la verdad sobre MÍ! —Sirius dejó escapar una carcajada similar a un ladrido y pateó Severus una vez más en el costado de su cabeza antes de que aparentemente hubiese terminado y se marchara.
"Oh, Harry", Severus suspiró mentalmente mientras el dolor irradiaba a través de su cráneo, "Realmente espero que sepas lo que estás haciendo".
No pudo evitar el ligero toque de esperanza que sintió cuando se dio cuenta de que Harry podía ir a buscarlo, que tal vez lograría ver a Harry al menos una vez más antes de que su vida estuviese perdida. Era algo que creyó que nunca lograría que hacer de nuevo y aquel pensamiento renovó su determinación un poco a pesar del hechizo sobre él y la culpa que le inspiraba esa idea. Sabía que no debería desear que viniera su propio hijo a salvarlo, pero sólo ver a Harry una vez más sería suficiente. Severus necesitaba que Harry supiera que sin importar qué, él lo amaba, y había hecho lo que pensó que era lo correcto en una mala situación. Snape simplemente esperaba que su precioso hijo fuera capaz de ver eso.
En el momento en que el reloj tocó la medianoche Harry empezó a removerse y se apartarse del lado de Clayton en donde se había quedado dormido cerca del fuego en busca de calidez, los dos se habían acurrucado en una pila de pieles y mantas. Fenrir estaba sentado, observando felizmente al resto de su manada cuando eso sucedió. Él había perdido su temperamento el día de hoy y casi había herido severamente a Clayton, uno de sus cachorros. Había estado enojado y había necesitado que ellos supieran que no estaba bien que salieran corriendo tan temerariamente, no con los peligros añadidos a los que se enfrentaban ahora, sin embargo, se arrepentía de sus rudas acciones en contra del quinceañero.
Él había tenido sus razones para actuar de esa forma. No quería tomar ningún riesgo, no cuando había lobos desconocidos rondando los límites del territorio que habían llegado tan lejos como para evadir a los mejores rastreadores de la manada. Y también estaban los Aurores que querían encontrar a Harry; los magos y brujas del Ministerio que habían marcado a su padre como un objetivo y lo habían asesinado, y ahora parecían querer poner sus manos en Harry, por alguna razón desconocida.
Fenrir había estado preocupado por lo que podría haberle pasado a su pequeña pareja cuando huyó, era demasiado peligroso que cualquiera se aventurara por su cuenta, especialmente los cachorros jóvenes. Les había dicho específicamente que tenían que hacer todo en parejas, mínimo, incluso bañarse en el río y recoger suministros de la cueva. No quería arriesgar la vida de nadie. Si Harry hubiese pedido ir a algún lado, entonces le habría dado a su pareja lo que quisiera sin vacilar. A pesar de todo su razonamiento seguía sintiéndose culpable por lastimar, y probablemente asustar, a Clayton de tal manera.
El Alfa se alegraba de haberse marchado del claro para liberar tensión. No habría logrado controlarse al oler la sangre de Harry cuando su temperamento estaba en su punto álgido. Callie se había acercado a él cuando regresó y tímidamente le informó que Harry le había dado un puñetazo a un árbol cuando estaba enfurecido después de la discusión y se había lesionado la mano. La razón por la que sintió que necesitaba informarle de esto fue porque su curación de hombre lobo no había surgido tan rápido como debería y ella había tenido que vendarle la mano. Otra cosa por la que el Alfa podría culparse a sí mismo; odiaba ver el vendaje blanco en la mano de Harry, sabiendo que había sido su temperamento el que había hecho que su pareja se lastimara de esa manera.
Fenrir había estado vigilando a Harry intensamente, sentado tan cerca de él como se atrevía mientras el adolescente dormía. Había estado un poco perdido en su propios pensamientos cuando Harry había empezado removerse inquietamente en medio de su sueño, aunque sin despertarse. Así que, para no perturbar al resto de la manada, Fenrir actuó rápidamente, metiendo al aun dormido Harry entre sus brazos antes de apartarlo de la calidez del fuego, pero agarrando unas cuantas mantas por el camino.
Claramente el joven adolescente estaba teniendo una pesadilla, aunque realmente no era una sorpresa después de todo lo que había estado atravesando el niño. Trasladándose para sentarse al borde del claro, sosteniendo a Harry cerca de su pecho desnudo, envolvió a su pareja en las mantas para asegurarse de que permaneciera caliente. Fenrir podía ver los signos de estrés en el rostro del joven adolescente y simplemente lo acercó más, esperando que el simple acto de sostenerlo, incluso confortarlo, ayudara a ahuyentar los terrores nocturnos.
Unos bruscos ruidos de siseos provenían de la boca de Harry, aunque sonaban como palabras a medias e inconexas como los de aquellas personas que hablan mientras duermen y entre medio había quejidos de dolor que caían de los labios del cachorro. Fenrir deseaba poder sacar a su pequeña pareja de cualquier cosa que estuviera estresándolo; parecía lastimarlo, su carita fruncida como si luchara contra ataduras invisibles.
Repentinamente Harry dejó de moverse y los ojos verdes inundados de lágrimas lo miraban bien abiertos y lo observaban mientras luchaba por recuperar el aliento, jadeado en busca de aire como si éste se le hubiese sido negado. Fenrir esperaba que el pequeño hombre lobo lo apartara de un empujón, incluso que estuviese enojado después de la discusión de esta tarde. Pero en su lugar, Fenrir observó son asombro como Harry enterraba su cabeza en el pecho de su Alfa, seguía llorando, pero aceptando el consuelo de los enormes brazos a su alrededor. El hombre lobo más joven se acurrucó más cerca contra su Alfa, pequeños brazos se deslizaron alrededor de las cintura fuerte y musculosa.
La pesadilla era casi la misma cada año. Visitaba lugares extraños en los que definitivamente nunca antes había estado; veía cosas que no ubicaba. Primero había un lago en la oscuridad, un lugar con un aura extraña y un relicario cayendo en el agua. Después había una habitación llena de cosas rotas, las cuales se alzaban hasta el cielo. El repentino estallido de luz verde acompañado por el grito de una mujer era, como siempre, la peor parte. Una casa en el bosque, mayormente hecha escombros en donde un anillo nuevo yacía debajo de las tablas.
Hay una hermosa copa dorada en una habitación que rebosa con tesoros brillantes. Esa luz verde y los gritos de nuevo, siempre gritando. En los años recientes también ha habido una serpiente, que es imposiblemente gigante con unos brillantes ojos amarillos que lo hacían estremecer del miedo. La gran serpiente lo asustaba tanto como los destellos de luz verde. Luchó por recordar lo que su papá le había dicho cuando era sólo un niño; que las cosas buenas a veces también podían ser verdes, pero esta luz verde era tan malévola y aterradora.
—Shh, pequeño —le dijo la baja voz de Fenrir, casi suavemente y ese fue el momento en el que Harry se dio cuenta de que todavía estaba llorando—. Fue una pesadilla, ahora puedes volver a dormir. —Los brazos del Alfa se apretaron a su alrededor mientras Harry se acurrucaba junto al otro hombre lobo, buscando calidez y consuelo.
Harry estaba cansado, pero no quería dormir, no quería ver esas imágenes inconexas de cosas que no comprendía, no de nuevo. Ni siquiera su padre había sido capaz de explicárselas. Había estado viendo variaciones de la misma pesadilla año tras año desde que podía recordar y siempre en Halloween. Sabía que era el aniversario de la muerte de su madre y odiaba las festividades que rodeaban la sagrada fecha mágica y nunca era capaz de unirse a las celebraciones.
Fenrir alzó una mano para acariciar el grueso pelo azabache de Harry, sorprendido de que su pareja estuviera tan relajada después de los eventos desastrosos de la tarde, pero estaba feliz de que se le permitiera el contacto. Se sentía maravilloso tener a Harry voluntariamente en sus brazos, aceptando el afecto que podía mostrar hacia el joven muchacho. Pasó sus dedos por el suave cabello negro, disfrutando la textura bajo sus dedos y el aroma que éste emitía. Olía a limpio, como jabón, a diferencia de la mayoría de los otros miembros de su manada que no se bañaban tan frecuentemente.
—No quiero dormir —murmuró Harry desde su posición metido debajo del brazo del Alfa. Encontró que en realidad le gustaba la sensación del gran hombre dominante a su alrededor, sosteniéndolo cerca. Harry lo había visto en su peor momento, pero había breves ocasiones en las que vio a Fenrir en su mejor momento y aquellos eran los momentos que atesoraba, momentos como estos.
—Tienes que dormir, pequeño —dijo Fenrir amablemente, seguía pasando sus manos a través del grueso pelo negro.
—¿No vas a dejarme ir? —preguntó Harry inocentemente, mirando a su Alfa con sus enormes ojos color esmeralda, rogándole.
—No voy a ir a ningún lugar, nada va a pasarte —respondió Fenrir roncamente mientras reafirmaba su agarre en su pequeña pareja, quien prácticamente estaba temblando por el miedo que le causó su pesadillo. Esperó, sin decir otra palabra hasta que Harry había vuelto a dormirse antes de hacer un movimiento para regresar al fuego en donde los dos estarían más calientes.
—¿Está bien? —preguntó Damon mientras Fenrir encontraba un lugar para acomodarse cerca del fuego en donde podría asegurarse de que su pequeña pareja estaría caliente.
El Alfa posó su mirada en la de su Beta y asintió: —Fue una pesadilla —gruñó, manteniendo su voz baja para así no despertar a aquellos que dormían, ignorantes.
—Pobre niño, odia esta época del año —dijo Damon suavemente mientras observaba a su Alfa asegurándose gentilmente de que Harry estuviera completamente cubierto por las mantas y pieles y permaneciera profundamente dormido.
—¿Por qué? —preguntó Fenrir, curioso y un poco celoso de que Damon supiera más de su pareja que él. Aunque tenía que recordarse sutilmente que había sido su decisión enviar a Damon y a Clay para vigilar a Harry en vez de ir él mismo. Él les había construido un territorio impresionante aquí y no podía arrepentirse de eso porque ellos estaban a salvo aquí, incluso si eso significaba que no conocía a su pareja tan bien como le gustaría.
—En Halloween es el aniversario de la muerte de su madre —le dijo Damon—, Clayton siempre estaba desesperado por ir a pedir dulces, pero Harry nunca iba. Eventualmente Severus me dijo que era porque su madre murió en Halloween, es otra cosa que lo ata a ser Harry Potter. El ataque en el Valle de Godric también sucedió en esa fecha.
—¿Realmente crees que él ese supuesto niño muerto?
—Sí, mi Alfa —dijo Damon—. ¿Le has mostrado la fotografía que te di?
Fenrir sacudió su cabeza gentilmente para no perturbar a su pareja: —Lo haré antes de que se vaya a esa escuela —dijo; odiaba la idea de que su pareja estuviera en Hogwarts, lejos de donde podía protegerlo—. Necesita saber quién es antes de que deje la manada.
Después de conocer a Harry Prince, Potter, o como sea que se llamara a sí mismo, en Hogsmeade, Draco se sentía un poco más esperanzado. El niño podría haber sido un adolescente más bien extraño, y un hombre lobo, además, pero Harry seguía siendo el salvador del mundo mágico, según su madre. Al menos podía ver eso, con las ausencias de Dumbledore en el castillo, el viejo tonto podría haber estado haciendo algo útil, encontrando y llevando al adolescente a la escuela. Él seguía escéptico, por supuesto, y no iba a depositar su confianza en ninguno de ellos. Como siempre, su prioridad seguía siendo el gabinete.
Se paró en medio de la habitación que viene y se va, mirándolo una vez más, realmente examinando la maldita cosa. Había comprado unos cuantos artículos que creyó que podrían ayudar, pero había estado esperando que para este punto ya tuviese arreglada la estúpida cosa. Voldemort siempre estaba de un humor particularmente malo en esta época del año. Narcisa le había dicho que Halloween era la época cuando había caído por primera vez, aunque Draco había supuesto que también fue la noche en la que Severus había llegado a ella con Harry en sus brazos. Si hubiese algún día en donde fuera más probable que Tom Riddle lastimara a su familia, entonces era mañana y ese pensamiento lo asustaba más de lo que le admitiría a alguien alguna vez.
Saber esto no hacía que fuera más fácil estar separado de su única familia. Sólo esperaba que las frustraciones del Señor Oscuro fueran depositadas en su sádica y muy probablemente, masoquista tía o alguno de los otros mortífagos, en lugar de su madre y su hermano. No había recibido más correspondencia de su parte desde la carta y la fotografía, la cual atesoraba; estaba esperando gratamente las vacaciones de Navidad cuando finalmente lograra encontrarse con su hermanito. Aunque el próximo mes iba a convencer a los Carrow de que le permitieran visitar su hogar el fin de semana, sólo para que pudiera comprobarlos y asegurarse de que estuvieran a salvo. No tenía idea de lo que haría si no era así; no estaba arreglando este gabinete para nada.
Draco también se estaba muriendo por decirle a su madre todo sobre Harry y él era lo bastante sabio como para saber que no debía poner eso en una carta, por temor a que fuera interceptada y los pusiera a todos en peligro. Una cosa era segura, en la mente de Draco, toda la situación ya no parecía tan desesperanzada como ayer. De verdad tenían un poco de esperanza, alguien que podría derrocar a Voldemort y su reinado del terror; además, tenía unas cosas nuevas que probar con el gabinete.
La mañana de Halloween, Harry se había despertado en el cálido abrazo de Fenrir, disfrutando el calor que le daba el otro hombre. Las mañanas siempre eran las peores, cuando tenían que salir a rastras de debajo de las pieles y las mantas que habían apilado sobre sí mismos para escapar del frío de las noches de invierno, y empezaban su día.
Harry permaneció debajo de las mantas después de despertar, rechazando la desesperada necesidad de vaciar su vejiga llena sólo para poder disfrutar de la calidez y el confort de los brazos del Alfa a su alrededor mientras se acurrucaba contra Fenrir. Los dedos de Harry jugaban suavemente con los suaves rizos rubios en su pecho, con cuidado de no despertar al hombre. Harry amaba el olor que rodeaba a Fenrir, almizcle y masculinidad era la única forma que conocía para describirlo; inhaló eso ahora y se sintió completamente contento y calmado, incluso después de las pesadillas.
Harry podía escuchar a los otros gruñendo, bostezando y estirándose mientras empezaban a levantarse, Callie, como siempre, la primera en levantarse y salir de entre los brazos de Jenson para poner agua a hervir. Lukas no se levantaría de la cama sin una taza de su té preferido. Algunos de los otros también necesitaban café antes de que estuvieran funcionando a un nivel normal, así que siempre era bueno empezar a asegurarse de que había suficiente agua hervida.
Sabía que era hora de levantarse, pero saber el día que era lo hacía querer enterrarse aún más bajo las mantas y quedarse ahí, acurrucado en el cálido abrazo de Fenrir. Sin embargo, el Alfa estaba empezando a removerse, mientras los sonidos del resto de la manada moviéndose a su alrededor y los gruñidos sobre el frío llegaban a sus oídos. Cerrando sus ojos, Harry fingió estar dormido, tratando desesperadamente de ignorar su vejiga adolorida, desesperado por permanecer en la calidez del abrazo por unos momentos más.
Fenrir estaba extático; se había despertado y había encontrado que su pequeña pareja, por primera vez desde que habían llegado al territorio, no se había levantado antes que él y se había escabullido. Harry permanecía felizmente dormido en sus brazos, respirando suave y calmadamente. Se tomó un momento para disfrutar de la sensación de tener a Harry tan cerca de él, y de la cabeza de Harry enterrada en su pecho. El olor a recién lavado único en Harry hacía que el Alfa quisiera marcarlo, reclamarlo como suyo. No obstante, se contendría por el momento, ya que no quería asustar más al pobre niño. Algo le dijo al Alfa que hoy no era el día para empujar a Harry a probar cosas nuevas, como ser reclamado indefinidamente como la pareja del lobo alfa de su manada.
Fenrir normalmente se levantaría y comenzaría su día en el momento en que se despertara, pero no estaba a punto de desperdiciar la oportunidad de sostener a Harry cerca de él, y estaba bastante seguro de que el más mínimo movimiento despertaría al hombre lobo dormido en sus brazos. Así que fue frustrante, pero divertido, ver a Callie acercándose a ofrecerle algo de beber. Fenrir rechazó la oferta, sin querer arriesgarse a derramar algo tan caliente sobre Harry, y definitivamente, no estaba dispuesto a moverse hasta que realmente tuviera que hacerlo.
Ella le dio al Alfa un asentimiento comprensivo y se dirigió a ondear una taza de té debajo de la nariz de Lukas, esperando que fuera la elección correcta; él era muy particular cuando se trataba de su té y conseguir el correcto podría hacer la diferencia entre estar de buen humor o no por el resto del día. Damon se acercó a Fenrir, y a Harry, con su propia taza de café, a la cual trataba como si fuera una fuerza vital y fuera la única cosa que lo sustentaba tan temprano por la mañana. Se sentó cerca de la cabeza del Alfa, poniendo una manta enrollada debajo de la cabeza de Fenrir para que así pudiera hablar más fácilmente.
—Al menos está durmiendo un poco —dijo Damon, asintiendo hacia la silueta dormida de Harry y tomando otro sorbo de su taza humeante, saboreando lo amargo.
—Lo necesita —concordó Fenrir—, simplemente me alegra que me dejara cuidar de él.
—Probablemente estaría más dispuesto a hacerlo si simplemente le explicaras la situación —señaló Damon.
—No es el momento —le dijo Fenrir malhumorado, con carácter definitivo.
Harry se enfocó en mantener su respiración uniforme y calmada, sabiendo cuán fácil sería alertar al Alfa al hecho de que estaba despierto. Sólo quería permanecer en los brazos de Fenrir un poco más de tiempo, pero ahora que el Alfa y Damon estaban hablando de él estaba más que un poco curioso. Sabía que no debería haber estado escuchando una conversación tan personal, pero lo habían mantenido en la oscuridad su vida entera sin siquiera darse cuenta. No iba a dejar que pasara de nuevo.
—Harry no apreciará que le oculten esto —le advirtió Damon, con una mirada nerviosa hacia el aparentemente dormido adolescente.
—¿Qué sugieres? —preguntó Fenrir, bajando la mirada para comprobar si su pareja seguía dormida tal como lo había hecho Damon instantes antes. Ambos, sin embargo, parecieron satisfechos, pero Harry se negó ha bajar su guardia, enfocándose en intentar mantener la fachada para poder escuchar un poco más. Si pensaran por un momento que él estaba despierto dejarían de derramar sus secretos y Harry estaba desesperado por saber más.
—Sugiero que deberíamos haber sido honestos con él desde el comienzo —dijo Damon, haciendo que Fenrir gruñera profundamente con irritación—. Okay, bien. Saber eso no es útil. Es que no estoy completamente seguro de qué sugerir realmente, pero Harry va a descubrir eventualmente que él es tu pareja. Los otros ya lo han averiguado sin que se lo digan. La única razón por la que Harry todavía no lo ha descubierto es porque no sabe cómo funciona una manada. Una vez que lo averigüe se va a desatar el infierno.
Ante la palabra "pareja" Harry casi se tensó. Se forzó a permanecer relajado y quieto, no obstante, enfocándose en su respiración, pero su mente zumbaba con esta nueva información. ¡¿Él era la pareja de Fenrir?! No sabía qué significaba exactamente, pero sabía que lo suficiente como para saber que se esperarían ciertas cosas, cosas que le aterraban a un quinceañero virgen. Harry sabía que Callie y Jenson estaban juntos, ¿eran pareja? Asumió que lo eran, pero no estaba completamente seguro de lo que significaba entre él y Fenrir. Le tomó todo lo que tenía para no entrar un poco en pánico ante el prospecto.
—Él no va a descubrirlo, habrá mucho que pagar si alguien se lo dice —dijo Fenrir con un gruñido de advertencia.
—Nadie va a decírselo, Alfa. —Damon estaba seguro de que nadie sería tan estúpido, ni siquiera Clay o Micha quienes eran propensos a los ocasionales actos de idiotez.
Había sido obvio para todos ellos que Harry no tenía idea de las intenciones de Fenrir y, dado el temperamento del Alfa, ninguno de la manada iba a ponerse en esa línea de fuego. Especialmente después de lo que habían atestiguado que le pasó a Clay el día anterior cuando él había ayudado a Harry a escapar del territorio por menos de una hora.
—Pero tal vez deberías —le sugirió Damon tentativamente.
—¿Crees que eso le gustaría? —inquirió Fenrir, volteando su cabeza un poco incómodamente para mirar a su beta.
—¿Qué le digas la verdad? —preguntó Damon—: probablemente. Aunque va a estar molesto si no se lo dices pronto —añadió; parecía importante que el Alfa no empezara a esperar que Harry reaccionara bien, porque Damon estaba bastante seguro de que eso no iba a pasar—. Mejor que lo oiga de ti, a que lo oiga por accidente de uno de los otros, o lo descubra por sí mismo; él es un niño inteligente, no le tomará mucho tiempo darse cuenta de que lo tratas diferente a los demás. Honestamente, probablemente ya haya descubierto eso, incluso si no comprende por qué.
—Tiene quince; no está listo para saber esto. Sigue siendo un cachorro —argumentó Fenrir.
Ni siquiera se suponía que Harry se uniera a la manada todavía, el Alfa debería haber tenido hasta el siguiente verano antes de resolver estas cosas. Nunca debió ser así de difícil. No había esperado que los Aurores estuvieran buscando al adolescente o que fuera invitado a la Escuela de Magos. Fenrir no había predicho nada de eso. No obstante, lo importante era que Harry estaba a salvo en la manada ahora y no iba a ir a ningún lado.
Llegado a este punto hizo falta de todo el poder de voluntad de Harry para no empezar a despotricar; estaba cansado de que le dijeran que era demasiado joven para saber cosas, cansado de que lo mantuvieran en la oscuridad y realmente odiaba que lo llamaran "cachorro". Eso y todavía realmente necesitaba mear, lo cual no estaba haciendo que fuese más fácil actuar como dormido.
—Te sorprendería su madurez; dejando las bromas a un lado, lo cual sospecho que es más influencia de Clayton —le dijo el Beta—. Él actúa mayor de lo que es. —Damon había visto al niño crecer desde que era un niño y ahora que estaba alcanzando la adultez Damon apenas podía creer lo bien que Harry tomaba las cosas que le lanzaban encima. Por supuesto, seguía siendo un adolescente y los adolescentes no eran perfectos, y siempre la jodían ocasionalmente, pero él estaba manejando todo muchísimo mejor de lo que lo harían la mayoría de los niños considerando su edad.
El Alfa procesó esto por un minuto, antes de aclarar su mente y responder: —Aún así no está listo. —Esta era la palabra final en el asunto. Fenrir podía ver que Harry era, tal como había dicho Damon, muy maduro para su edad. No era sólo la falta de edad lo que hacía que Fenrir creyera que no estaba listo. Harry ya estaba lidiando con demasiadas cosas, más de lo que debería. No necesitaba lidiar con nada más ahora mismo.
—Esta es su decisión, mi Alfa, pero…
—No está listo —insistió Fenrir, interrumpiendo a su Beta. Damon asintió, el solo tono del Alfa le dijo que no presionara más el asunto y se silenció a sí mismo, y a sus pensamientos, sorbiendo su café—. ¿No estaría complacido de construir una familia? —cuestionó el Alfa.
—¿Te refieres a tener cachorros? —preguntó Damon, procesándolo un poco mientras Fenrir asentía—. Seguramente eso no pasaría en un corto tiempo, como dijiste, sigue siendo un cachorro —sugirió el Beta, un poco preocupado. Seguía teniendo solamente quince años; a Damon no le gustaba pensar en Harry embarazado con cachorros tan pronto.
—He estado construyendo esta manada por años, esperaré sólo el tiempo suficiente hasta que sepa que es seguro —dijo Fenrir con un gruñido bajo. No le gustaba que Damon se preocupara con lo que Harry y él hacían con el fin de tener una familia, algo por lo que el Alfa estaba desesperado.
—¿Todavía no crees que sea seguro? —preguntó Damon, feliz de tener la oportunidad de cambiar el tema.
Dejando sus preocupaciones paternales a un lado, no era asunto suyo cuándo su Alfa tenía cachorros con su pareja, incluso si esa pareja era prácticamente un segundo hijo para él en muchas maneras. Sin embargo, confiaba en que Harry tenía una mente lo bastante fuerte como para negarse de plano si no estaba listo. Puede que hubiese discusiones, pero el lobo beta conocía al adolescente lo suficientemente bien como para saber que no haría nada que no quisiera. La verdad, por primera vez Damon se encontró feliz de que los cachorros fuesen a Hogwarts sólo para permitirle a Harry un poco más de tiempo para crecer antes de tener su propia familia.
—Antes de la ultima luna llena habría pensado que era seguro, pero ahora, con esos lobos errantes rondando y los Aurores… quiero ser cuidadoso, especialmente en lo que concierne a Harry —dijo Fenrir, bajando la mirada hacia su pequeña pareja una vez más, feliz con el conocimiento de que estaba dormido.
—Puedo entender eso —dijo Damon—, sé por qué lo mordiste, puedo decirlo por su aroma único. Si hay lobos vagando y captan su aroma, lo querrán. —La verdad lo había sabido desde la primera vez que conoció a Harry, y apenas era un misterio para el resto de la manada. Harry era especial, y ellos lo protegerían.
Harry podía sentir su estómago agitándose peligrosamente, ¡Fenrir había sido el que lo mordió! Requirió de todo su autocontrol no expeler los contenidos de su estómago, o su ahora adolorida vejiga, justo ahí en ese momento y lugar. Su papá nunca había sido capaz de hablar sobre la noche en que Harry fue mordido y siempre había imaginado que había sido un accidente horrible; no sabía cómo manejar el conocimiento de que había sido convertido siendo un bebé porque olía diferente, porque Fenrir creía que él era especial.
—De hecho —dijo Fenrir—, tampoco necesita saber nada de eso —añadió rápidamente.
Damon suspiró mentalmente, todo estos secretos iban a regresar a causar problemas, pero no habría charla que funcionara ahora que el Alfa había tomado su decisión. —¿Sobre ser único o que lo mordieras? —preguntó.
—Ambos —gruñó Fenrir temiendo pensar en cómo Harry tomaría las noticias sobre la identidad del hombre lobo que lo mordió; podría ser preferible que permaneciera ignorante de tal cosa dentro del futuro previsible.
—Hay cosas más importantes que necesita saber primero —señaló el Alfa, queriendo cambiar de tema; estaba bastante seguro de que la mayoría de la manada permanecía ignorante del hecho de que él había mordido a Harry, ninguno de ellos tenía el olfato tan fino como el de Fenrir y no quería que los escucharan discutiéndolo.
—Por supuesto, ¿ya sabes cómo vas a decírselo? —preguntó Damon—. Me refiero a su papá…
Se estaba volviendo verdaderamente doloroso aguantar los contenidos de su vejiga, pero Harry no podía arrepentirse, no cuando todos estos secretos seguían vertiéndose de sus bocas. En este punto, preferiría mearse encima a perderse la oportunidad de escuchar lo que tenían que decir. Especialmente ahora que habían mencionado a su papá, no podía pensar en qué podían saber ellos.
—No, todavía no, pronto, pero no hoy —insistió Fenrir—. Ya tiene suficiente con qué lidiar hoy día.
—Estoy de acuerdo —dijo Damon sorbiendo su taza de café casi vacía—, pero yo no lo retrasaría demasiado tiempo, Alfa —añadió—, está destinado a saber de una u otra forma, especialmente si sigue desapareciendo para reunirse con otras personas.
—¿Clayton ha dicho algo más con respecto a ese asunto? —interrogó Fenrir; seguía furioso con el hecho de que ambos cachorros siguieran desafiándolo de tal manera, pero estaba claro que no iba hacerlos cambiar de opinión sobre ese problema.
—No, mi Alfa —dijo Damon, su tono arrepentido—, esos dos son como uña y mugre, se llevarán los secretos del otro a la tumba.
—No estoy seguro de aprobar eso, Damon —dijo Fenrir casi gruñendo.
—Yo tampoco estoy seguro de hacerlo, mi Alfa —dijo Damon con una sonrisa trémula mientras se ponía de pie para irse, habían avistado a su hijo adoptivo haciendo aparición desde el río, junto con Micha. A nadie se le permitía ir a ningún lado solo con la amenaza de lobos errantes vagando por ahí. Era una precaución en la que Fenrir había insistido.
Los olores del desayuno estaban empezando a llenar el claro y Fenrir también se levantó cuidadosamente, con Harry aún en sus brazos ya que quería que su pequeña pareja estuviera lo suficientemente despierto para desayunar. Viendo su oportunidad, Harry abrió sus ojos y fingió su somnolencia lo mejor que pudo, estirándose y bostezando, forzando una sonrisa en su rostro.
—Necesito mear —dijo Harry, casi sobresaltándose cuando el Alfa se rió entre dientes.
Harry no quería estar cerca de este hombre justo ahora mientras su cabeza procesaba las cosas que acababa de escuchar y se alegró cuando fue puesto sobre sus dos pies, permitiéndole ir a cubrirse en los árboles. Se aseguró de permanecer dentro del campo visual del claro para que no lo siguieran. Una vez ahí se permitiría pensar en todo lo que había escuchado. Una vez que hubiese aliviado muy adolorida vejiga, claro está.
Perdón por la tardanza, estuve siendo perezosa, mil disculpas. Le agradezco a LindenCorina15 por recordarme que debo continuar.
Muy bien, por fin se empieza a mover toda la cosa en la historia, ahora sí que sí jaja.
Un par de personas me mencionaron su preocupación sobre que la relación de Harry y Fenrir era un poco posesiva, forzada y abusiva. Bordeando el maltrato. Como que Harry no tiene elección aquí. Recuerden que supuestamente son hombres lobo, por lo que su conducta está basada en animales y éstos actúan por instinto, algo que Harry no está escuchando en este momento. Créanme, al menos en esta pareja y hasta donde he leído yo (que no son todos los caps n.n'), Harry JAMÁS será obligado a hacer nada que no quiera y él lo deja bien claro, Fenrir sólo tendrá que aprender a adaptarse.
Espero que hayan disfrutado
