10.

No volvieron a comentar lo ocurrido, al igual que con el beso, aunque una semana después, cuando los padres de Bulma volvieron a salir, volvió a ocurrir sin que supieran cómo. Él se atiborró de comida hasta saciarse, ella cenó en silencio, ambos se sentaron a ver la televisión un rato —Vegeta no solía mirarla, pero no tenía sueño ni ganas de seguir entrenando por ese día— y luego, sin saber prácticamente la razón, volvieron a besarse...

El resto es historia.

Este patrón terminó convirtiéndose en regla: si los Briefs salían a cenar, iban a una fiesta o al cine por la noche, ellos pasaban tiempo juntos, siempre respetando los horarios de entrenamiento del Saiyajin.

Bulma solía meditar acerca de la relación que llevaba con Vegeta, prácticamente clandestina. Le daba vueltas y más vueltas a la idea de que estaba con él y eran una especie de amantes. Se felicitaba a sí misma por haber logrado sacar algo bueno de su interior, algo de amor más allá del propio.

Los meses pasaron; Bulma tenía hechos los cálculos a la perfección, y sabía que sólo faltaban un año y seis meses para que llegaran los androides.

Había estado preparando la cámara de gravedad —es decir, la nave— para viajar al espacio; Vegeta había explicado durante una cena que quería experimentar sus poderes en otro planeta, y que no quería destruir la Tierra, al menos no por el momento, así que pretendía hacer un viaje de unos meses nada más. Bulma se había entristecido mucho por la partida del Saiyajin, y pasaba los días intentando guardar su rostro en la memoria con ímpetu, para no olvidarle. Habían hecho los cálculos con su padre, y habían concluido que el viaje duraría casi ocho meses.

Una mañana, cuando se levantó y se dirigió hacia la cocina, Vegeta se volteó sorprendido y la miró con confusión.

—¿Hay alguien más aquí? —preguntó.

Bulma lo observó extrañada.

—No que yo sepa, ¿por qué lo preguntas?

Ahora ambos se miraban confundidos.

—Siento un Ki un poco más fuerte que el de un humano... y está aquí, en esta misma habitación.

—¿Qué? —Bulma se aterró completamente, y los dos miraron hacia todos lados para hallar al intruso. La chica no pudo paliar su temor, y fue a esconderse detrás de Vegeta; entonces a él le cambió la expresión.

—Eres tú —musitó.

—¿Yo? —preguntó confundida.

—Sí, tú, ¿cómo demonios has hecho para incrementar tanto tu Ki en...?

Vegeta tenía todas las pistas servidas en bandeja y Bulma era muy inteligente, por lo que los dos llegaron a la misma conclusión en apenas una fracción de segundo.

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Lo sé, es un capítulo corto, por eso lo subí junto con el nueve, pero debía dejar la historia así, ajaj. Tanto si quieren criticarme como felicitarme, desearme suerte o decirme que vuelvo a copiar otra historia, no tengan vergüenza, ni miedo, ni nada; simplemente toquen ese hermoso botoncito de ahí abajo que esta escrito con letras verdes y cuénteme qué piensan. Acepto todo tipo de comentarios, pero siempre con respeto, por supuesto.

Laaali .-