Reencuentros

Shaka se mantuvo quieto, de pie junto a la camilla de la enfermería sin apartar la mirada de la chica que había tenido que llevar en brazos porque, cuando salió de la torre de Astronomía, simplemente se desmayó al verlo, corroborando con eso que su malestar inicial había sido producto de reconocer a alguien, y en relación a lo que Milo les enseñó, sin duda se trataba de Athena.

—Puedo quedarme aquí los siguientes cien días— dijo el santo de Virgo luego de un largo rato al comprender que ella de verdad esperaba que creyera que seguía desvanecida. No obstante, aunque su afirmación era correcta y sería capaz de cumplirla, seguramente Athena y los otros esperaban que volviera con una respuesta en los siguientes minutos.

—Tu nombre es Lianne ¿no?

La vio respingar, apretar los ojos y fruncir levemente los labios. Finalmente se rindió incorporándose con lentitud, como si prefiriera quedarse tendida.

—Sí—respondió—. Lianne Deschamps.

Estando en la camilla quedaba ligeramente debajo de él. Con la postura encorvada que había adoptado y los brazos recogidos a la altura del pecho, lucía más pequeña de lo que realmente era. Tenía el pelo corto, castaño oscuro, y los ojos azules, aunque había bajado la mirada casi enseguida de que consiguió sentarse volviendo a ruborizarse.

Shaka pensaba la mejor manera de abordar las preguntas, era evidente que la mujer estaba aterrada y no percibía en ella ningún tipo de amenaza como para justificar algún tipo de presión agresiva para hacerla hablar. Sin embargo, en cuanto fue capaz de formular en su mente la primera pregunta, ella levantó la mirada, le pareció que sus ojos resplandecieron un instante antes de prácticamente gritar:

—¡No eres ciego!

El santo de Virgo quedó perplejo ante tal acusación, pero pronto comprendió a qué se refería, lo que hizo que tuviese la certeza de que ella definitivamente tenía conciencia de la relación existente entre Saori Kido y Athena, y la suya como caballero dorado.

—Pareces decepcionada—respondió fríamente. Sus palabras tuvieron el efecto de un cuchillo afilado sobre la garganta de la chica que retrocedió enseguida, como si con eso pudiese retirar su comentario.

—Necesito que respondas unas preguntas.

La escuchó tragar saliva.

—¿De dónde me conoces?

La joven, completamente colorada, tembló con fuerza. Respondió algo que no fue capaz de entender, pese a que consideraba que su japonés era bueno, solo distinguió tres palabras: Grecia, Santuario y armadura. Volvió a repetir la pregunta dándole a entender que no se había explicado correctamente.

—En el Santuario— dijo más despacio —, yo estaba entrenando ahí.

Shaka asintió.

—Una desertora.

Aquella palabra la obligó a desviar la vista, porque era a todas luces un insulto.

Shaka no necesitaba preguntar al respecto de eso, era evidente que no solo no había obtenido ninguna armadura, sino que se había marchado.

Las mujeres que empezaban entrenamiento para santo eran pocas, y debido a su propia perseverancia para demostrar que eran dignas, la mayoría no se rendía sino hasta conseguir una armadura, o morir en el intento.

Si alguna llegaba a una edad en la que ya no se podía considerar aprendiz y no había logrado su objetivo, lo normal era que se retiraran al templo de Athena, para consagrarse a ella y servirla de una forma diferente, sin ser vistas de nuevo en el Santuario.

Recordaba a una mujer de cuando él estuvo ahí, atendiendo el llamado por el nacimiento de la Diosa, había sido elegida para servir de ama de cría para la infanta Athena. Era una de las que pasaban a ser doncellas para honrar su devoción, pero no eran lo suficientemente fuertes para ser caballeros.

Volvió su atención a la muchacha notando que debía de tener su edad, por lo que frunció el ceño, si estuvo en el Santuario, fue obligadamente durante la usurpación de Saga.

—Tú no conoces a Athena— le dijo.

Ella movió la cabeza de un lado a otro, pero enseguida se apresuró a decir que sí sabía que se trataba de Saori Kido.

—¿Cómo sabes eso? No es una asociación fácil de hacer.

—Pues… en parte fue por el Torneo Galáctico y…

Se relamió los labios.

—¿Y?

—Azure de Grulla…

—¿Qué hay con ella?

—Ella es mi tía, hermana de mi madre. Ella me dijo que Saori Kido no era una impostora, que era la verdadera Athena.

Shaka cerró los ojos.

—¿Sabes que romper el secretismo del Santuario es una transgresión punible?

—¡No se lo he dicho a nadie! —se apresuró a decir—¡Lo juro!

—Tú no perteneces al Santuario. Azure no tenía derecho a darte esa información.

Lianne saltó de la camilla, con los ojos bien abiertos empezando a bordearse de lágrimas. Algo en su mente le trajo de vuelta los recuerdos de lo que significaba ser castigado en el Santuario.

—¡Ella no tenía la intención de hacer algo incorrecto!

Shaka consideró necesario decirle que no iban, por el momento, a castigar a Azure de Grulla por una falta cometida hacía años, porque la muchacha recobró la postura tímida, casi aterrorizada del principio.

—¿Por qué hiciste esto? — preguntó Shaka mostrándole uno de los dibujos que se había quedado de los varios que había en el fólder.

Lianne lo tomó, aunque le parecía desesperante al caballero que estuviera temblando cuando había tenido cuidado de darle a entender que no iba a matarla o lastimarla de alguna manera.

—Yo no lo hice.

—¿Cómo es que aquí se ve la asociación de Athena y Saori Kido?

—… No lo sé

—¿Quién lo hizo?

—No estoy segura, hay dos personas que pueden hacer algo así … pero ¿cómo es que está aquí?

—Estaba entre los papeles que dejaste caer.

Entrecerró los ojos, molesta, pero no explicó el motivo de eso.

—No es de importancia, Matsuo o Shiozawa, cualquiera de los dos, solo usó de modelo una fotografía de la señorita Kido para… pues trabajan para ella, supongo que, para adularla, todo mundo sabe que ella ama las cosas griegas.

Shaka no estaba conforme con esa respuesta, sonaba demasiado impreciso, aunque no percibía ninguna mentira o segunda intención. Dio un paso hacia el frente extendiendo la mano hasta tocar su hombro suavemente, pensaba obligarla a llevarle con las personas que creía habían hecho ese dibujo, solo para asegurarse de que ellos realmente no tenían más que una intención adulatoria con Saori Kido, pero antes de poder siquiera expresar el pensamiento, la chica se desmayó de nuevo.

La sostuvo a tiempo, devolviéndola a la camilla, preguntándose si lo que la tenía tan afectada era la idea de que iba a ser asesinada por haber abandonado el Santuario, como se hacía con algunos otros desertores. Pensó que sería bueno explicarle que el simple hecho de abandonar el Santuario, no era una sentencia de muerte. Si bien Saga, como Patriarca, había sido estricto con los aprendices, solo se establecía una búsqueda y ejecución para aquellos que abandonaban por haber cometido otro delito, como matar a un compañero, hurtar o blasfemar, especialmente lo último.

Si ella se había limitado a seguir una vida ordinaria, y no había roto la ley del secretismo, no había ninguna razón para molestarse en su presencia. Pero sería en otra ocasión, cuando fuera menos propensa a los desmayos.

Decidió salir de la enfermería, justo a tiempo ya que los demás iban de regreso, María en dirección suya.

—Se desmayó— explicó con simpleza.

—Lo lamento— dijo María a Saori—, será mejor que la lleve al hospital, de verdad no es propio de ella, siempre está llena de energía.

—Descuide, doctora Kefalidou. Cuente con mi apoyo para la celebración del Hanami, lo que sea que necesite— y diciendo eso giró la vista a Tatsumi que solo carraspeó desviando la mirada—, puede pedirlo y yo lo atenderé.

—Lo más importante es que haga un espacio en su agenda, le sentará bien, sobre todo para que empiece a mostrarse en sociedad, ha estado a la sombra mucho tiempo.

Saori asintió.

Shaka fue hacia donde estaban y juntos llegaron a la puerta por la que habían entrado, aunque no dijo nada sino hasta que estuvieron en el auto.

—Fue una aprendiz de caballero— dijo—. Abandonó el Santuario e hizo su vida fuera. Por algún motivo cree que va a ser castigada.

Camus asintió.

—¿Una desertora? ¿Qué hay de los dibujos?

—Dice que no los hizo ella, sospecha de dos personas, Matsuo o Shiozawa, que pretenden rendir un tributo a Saori Kido comparándola con la diosa.

Eso hizo que Saori cambiara la expresión de su rostro a una verdaderamente preocupada, miró a Tatsumi y este asintió.

—Es posible— le dijo.

Saori escondió el rostro entre las manos haciendo un leve movimiento de negación con la cabeza.

—Habrá que preguntarle a la doctora Kefalidou si son los mismos— agregó el mayordomo.

—¿Los mismos? — preguntó Camus —Athena ¿sabe quiénes son esas personas?

Ella asintió sin descubrirse. Estaba tan roja de vergüenza que no estaba segura de poder siquiera mirar a la cara a nadie en ese momento.

—Son un grupo de chicos que…— respondió Tatsumi con un suspiro. De pronto sintió timidez de explicarse porque no sabía cómo hacerlo.

—¿Son como Jirō Fujita? —preguntó Camus.

—¡Oh, no! — repuso rápidamente Tatsumi —. El joven Fujita es único en su tipo, pero estos muchachos tienen sus peculiaridades, digamos pues, que fundaron el club de admiradores de la señorita Saori Kido.

—¿El club de admiradores? — preguntó consternado Milo.

—¿Son devotos? — preguntó Shaka con extrañeza, pero la expresión más acentuada era la de Milo, él no podía creer eso.

—No exactamente, no en un sentido místico, pero… un club de admiradores es un grupo de personas que dedican tiempo y recursos a apoyar a alguien, normalmente famoso. Con la aparición pública de la señorita Saori durante el Torneo Galáctico, llegó a tener hasta doscientos miembros, un número modesto comparado con cantantes o actrices. Pero luego de cancelar el torneo estaba seguro de que había desaparecido tal cosa, aun así, quedaron tres chicos que…

No sabía cómo darse a entender, era absurdo, y claramente los caballeros no estaban comprendiendo de qué iba la admiración que sentían por Saori Kido porque no era medianamente comparable a la que ellos sentían por Athena.

—Envían cartas y flores, especialmente en vísperas de su cumpleaños, aunque les he dicho que ella no está en Japón, igual lo hacen.

—¿Cartas y flores? — preguntó Milo sin poder evitar sonrojarse por el dibujo que estaba en su bolsa y no pensaba mostrarle a nadie para salvaguardar la dignidad de Athena —¿Cómo un enamorado?

Tatsumi dudó.

—Sí, es más cercano a eso que a un devoto. Pero en general son inofensivos.

El santo de Escorpio frunció el ceño. Tendría que arreglar cuentas con ellos por atreverse a concebir pensamientos así sobre Athena, que claramente no se trataban de simples declaratorias inofensivas como aseguraba el mayordomo, sino algo que rayaba más en lo indecente. No podía ser inofensiva una persona que hacia un dibujo de Athena semidesnuda sobre un lecho de rosas.

Apretó los puños. Iría por la chica para que le dijera quiénes eran, pero tenía que esperar para no montar una escena innecesaria.


Comentarios y aclaraciones:

Normanda Lethar, prometo que escribiré sobre Shaka en traje de gala, espero no decepcionar.

Chelsy, pues no, María no sabe nada.

¡Gracias por leer!