Vicky se despertó muy desorientado. No recordaba haberse dormido. Era ya de noche, estaba al aire libre. A su alrededor oía un montón de voces gritando, ese barullo le habría resultado confortante si los vozarrones pertenecieran a sus compañeros de aventuras, pero no reconocía ni una sola voz. Un escalofrío lo recorrió y decidió fingir que seguía dormido.

Tenía las muñecas atadas, mal atadas a decir verdad. Probó a mover disimuladamente las manos. Sí, mal atadas. Podría quitarse las cuerdas con facilidad cuando quisiera.

Agudizó el oído, nada, sólo hablaban de banalidades... hasta que uno mencionó algo sobre unos juegos... los recuerdos le llegaron de golpe. Volvió a estremecerse. ¿Donde estaba? ¿Tenía algo que ver CHUK con esto?

Los gritos se convirtieron en voces monocordes, después susurros. Por último, sólo se escuchaba el sonido de personas tomando algo ¿una cena? Sí, a Vicky le llegaba el olor, y no era muy agradable que se diga. Nuestro vikingo pudó notar tensión en la multitud aún con los ojos cerrados. Su mente lo trasladó a una de las típicas cenas en casa donde su padre siempre estaba demasiado ocupado devorando la comida, su madre nunca empezaba una conversación (a veces Vicky tenía la sensación de que sus padres realmente se odiaban) y él nunca tenía nada que decir o, al menos las cosas que podría decir estaba seguro de que no serían del agrado de su padre. Bueno, al menos ahora lo conocía bien. Ya no era ese gran jefe totalmente desconocido que sólo se quedaba en Flake con suerte una semana por no-se-sabe-cuántos-meses y al que Vicky estaba casi obligado a llamar "padre" cuando en realidad sólo conocía de él su nombre y poco más... Su padre... papá... ¿Donde estará ahora?¿que estará haciendo?

De seguro estaba muy enfadado con él.

Vicky se había prometido a si mismo no tener nunca más esos arrebatos delante de su padre. No ahora que ambos se conocían bien y ya no necesitaba fingir que era un "chico duro cabeza hueca" delante de él... Pero lo de aquella tarde no había sido un arrebato fingido. Por un momento de verdad odió a su padre. Por un momento solamente...

Aún con un poco de recelo se aventuró a abrir los ojos e incorporarse. Puede que en el ambiente se pudiera respirar la tensión, pero le recordaba a su hogar de todos modos. Eso le hizo sentirse un poco mejor.

Rápidamente todos los presentes se giraron a verle.

- Vaya, ya era hora de que despertaras niño —dijó un hombre joven, no más de veinticinco años, pudó calcular Vicky.
De pelo largo cobrizo y ojos de una especie de verde azulado imposible de encasillar en ningún color. Tenía porte de rey y muchos kilos de arrogancia en sus andares. Se acercó a Vicky y sin ningún galante o modales (actitud que desentonaba con la armadura que llevaba puesta) le tiro un cuenco de comida a los pies y, antes de que pudiera reaccionar, le desató. Vicky no se alegro por ello, ya que las cuerdas no le molestaban y, por supuesto, estaba el hecho de que estaba sólo rodeado de un montón de desconocidos con una pinta muy poco amigable en mitad de la noche en un bosque de una isla que no conocía bien lejos de Flake... Sí, su situación no era muy buena que digamos y no se iba a preocupar por unas cuerdas que ni siquiera le apretaban.

Miró al tipo y antes de que preguntara nada él se le adelantó.

- Tenemos órdenes de mantenerte retenido pero ninguna de matarte de hambre -le informó y se alejó de él.

- ¿Órdenes de quien?

Ninguno le contestó. Y ahí quedo la cosa.

A Vicky se le formó un nudo en el estómago al verlos a todos. No sólo no parecían secuestradores por su forma de comportarse como si sólo fueran un grupo de amigos cenando al aire libre sin nada que ocultar (en verdad Vicky tenía la impresión de que si se levantaba y se íba ninguno se lo impediría, pero decidió no fiarse porque eso no sería lo normal) si no que todos a excepción del sujeto de pelo largo se parecían en lo indecible a sus amigos. Había un Tjure con un Snorre discutiendo de trivialidades a tonos elevadamente excesivos con las bocas llenas de comida que, por supuesto, escupian sin ningún pudor; Un Ulme con una lira hecha de forma casera; Un Gorm que no podía estarse quieto en su asiento y un Faxe que disfrutaba de su cena como si fuera lo mejor del mundo o su última comida. Estaba claro que no eran ellos, pues hecho el parecido hechas las diferencias, como, por ejemplo, la juventud de todos ellos.

Pero si bien el cerebro del pequeño vikingo procesaba eso sin problema sus sentidos parecían tener otros planes. Por un lado temía por su futuro mientras que otra parte de si mismo luchaba por convencerle de que estaba entre amigos, entre sus amigos, y no había nada que temer. Y esa parte íba ganando. Y lo habría hecho si no fuera por la ausencia de alguien.

Su padre. ¿Donde estaba?

Y con eso despertó de su ensoñación. No, no podía caer, su padre no se lo perdonaría ni tan siquiera en otra vida.

Decidió no fijarse en ellos y pensar donde podían estar los de verdad, aunque ese sentimiento pedante le decía que estaban justo ahí y era bien difícil de acallar. Su vista acabó callendo en los árboles de más allá.

"Sauces" -no pudó evitar pensar al verlos y un recuerdo reciente le llegó a la mente.

" -Esto Vicky es muy importante que nunca lo olvides, porque es peligroso. -Dijo la mujer señalando un árbol.

Vicky la miro con aire interrogante desde abajo.

-¿Y que tiene de peligroso un sauce?

-Mucho hijo, en grandes cantidades mezclados con bayas pueden... -el resto se lo dijo a Vicky cerca del oído, como quien guarda un gran secreto."

Sus ojos se abrierón con sorpresa y alivio, esos árboles serían su rescate si cerca hubiera... ¡Sí, las había! ¡Bayas por todas partes!

No le hacía mucha gracia la idea de hacerle eso a ellos, más bien ninguna. Ni siquiera saber que no eran sus amigos, definitivamente. Pero ya había intentado interactuar con ellos y, aparte de mala idea, no le había servido para nada salvo para sentirse todavía más confundido. Era igual que hablar con los vikingos de Flake, incluso le llamaban por su nombre a pesar de que no se conocían.

Pero no le quedaba otra alternativa...

Tiempo después en aquél lugar sólo quedaba él. Los captores tuvieron que ausentarse durante un tiempo porque Vicky les había convencido que la comida que tenían era asquerosa. Respondiendo a la provocación le retaron a hacer una cena mejor, cosa que Vicky hizó gustoso.

Ahora, gracias a los efectos de las bayas y la corteza de sauce concentradas con las sobras de la comida inicial (aún no se podía creer que no se hubieran dado cuenta), todos estaban en otro lugar del bosque los pobres, o bien vomitando o bien yéndose por la pata abajo.

No era nada malo, y él mismo se había asegurado de no poner muchas cantidades, pero aún así se sentía fatal consigo mismo. Era el momento perfecto para huir pero, no sabía porque, tenía la sensación de que lo más decente era quedarse con ellos (aunque más decente sería no haber hecho eso, al fin y al cabo no le habían hecho nada malo. Ni tan siquiera lo tenían apresado.) A punto estuvo de quedarse con ellos, a punto estuvo de olvidarse de que no eran vikingos de Flake, a punto estuvo de no recordar a su familia, a sus amigos... A punto estuvo de olvidar quien era él si no fuera porque...

- ¡VICKY! -Ese grito no podía pertenecer a otra persona más que a su padre.

Y a ese vozarron se le sumaron otros en menor medida pero que sonaban igual de preocupados y desesperados por encontrar al dueño de ese nombre. Faxe, Tjure, Snorre, Ulme, Gorm... Los auténticos. Y sólo ellos podían ser tan metepatas como para alertar a los secuestradores así. Menos mal que Vicky los había dejado a raya.

Sin perder el tiempo fue donde ellos sin darse cuenta de que estaba siendo observado. Eleanor aplaudió sin mucho ánimo con una sonrisa en sus labios haciendo contraste en su escondite entre las hojas. Esto marchaba, no bien, si no lo siguiente.

Ahora que tenía una lista de las debilidades del pequeño ya podían empezar los juegos.

Se terminó la parte fácil.