Actualización… bueno no tan rápida como hubiera querido, pero la intención es lo que cuenta, ¿no? Jajaja

Dedicatoria: a mi queridísima amiga marthithazs hyuuga, niña gracias por la paciencia, aquí está el capítulo como lo prometí.

Advertencias: posibles faltas de ortografía, capitulo que no me convencía y decidí reescribir. Alto contenido adulto, escenas fuertes, quedan advertidos, después no me reclamen jajaja.

Disclaimer: solo la historia es mía, los personajes son de Masashi-sama. La canción que aparece por ahí, es Never de la banda canadiense Heart.

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Acto 10. Verdades que duelen

Después de hacer el amor de forma desenfrenada durante todo el trayecto – que a Ino se le hizo eterno – finalmente el jet privado de Shikamaru descendió sobre la explanada de una inmensa mansión apartada por completo de la "civilización". La puerta del jet se abrió y Shikamaru se adelantó para después ayudar a Ino a bajar del transporte. La chica rodó los ojos. Ya una limosina había llegado para llevarlos hasta la entrada de la enorme "casa de campo" de la familia Nara.

– Por favor, Shikamaru, no nos costaba nada caminar – espetó, irritada.

– No puedo dejar que mi invitada de honor se agote antes de la cena – fue la respuesta del castaño, que le ofreció un brazo que ella no pudo rechazar – Vamos, princesa.

Ino quiso gritarle, "deja de llamarme así", pero en cuanto lo vio sonreír de esa manera tan encantadora, que parecía dedicada exclusivamente a ella, la rubia sintió como si su enojo se evaporara. Suspiró, derrotada, y siguió al muchacho. Frente a ella pronto se irguieron unas inmensas puertas de madera – de roble, supuso – que se abrieron en cuanto la pareja terminó de subir la corta escalera que daba acceso a la entrada principal.

– Bienvenido sea, joven amo.

Entonces aparecieron quienes Ino supuso componían parte de la servidumbre de la mansión. Una mujer mayor, de cabellos platinados sujetos en un elegante moño; vestía una yukata de color añil. A su lado estaba un hombre también mayor, vestido con un traje de mayordomo estilo occidental. Ambos hicieron una pronunciada reverencia al verlos entrar.

– Shikamaru, te hemos extrañado tanto, hijo – dijo la mujer, que estrechó al Nara entre sus brazos, al tiempo que el hombre mayor le daba unas palmaditas afectuosas en la espalda.

Ino parpadeó, confundida, al notar cómo Shikamaru besaba amorosamente a la mujer y estrechaba al anciano en un afectuoso abrazo. En cuanto se separaron, la pareja reparó en Ino y sonrieron ampliamente. La mujer tomó la palabra y comentó.

– Entonces ella es la famosa Ino, de la que tanto nos habíamos hablado, querido – la rubia notó un ligero sonrojo en las mejillas de Shikamaru – Es más hermosa de lo que habría imaginado, mira ese porte, sí, es toda una dama – la haló al interior de la casa – y hasta parece una modelo. Nunca habías traído a una señorita tan encantadora – Ino tan sólo se limitaba a sonreír, en agradecimiento, tomando nota mental de interrogar a Shikamaru más tarde.

– Querida, estás avergonzando al muchacho – susurró el hombre, con una media sonrisa. La anciana se disculpó rápidamente y entonces se presentó.

– Señorita Ino, bienvenida a la casa de campo de la honorable familia Nara, mi nombre es Sayuri Ishiguro y él es mi esposo, Takashi – el hombre hizo una reverencia – Estamos encantados de tenerla como invitada. Le rogamos que por favor se sienta como en casa.

– Eh… M-Muchas gracias – respondió torpemente la rubia, sonrojándose.

– Han de estar cansados por el viaje, ¿por qué no suben y se ponen cómodos mientras se prepara la cena? – dijo Sayuri – Los esperábamos hasta dentro de un par de horas, por eso…

– No te preocupes por eso, abuela Yuri – dijo Shikamaru.

– Entonces, supongo que no tengo que mostrarte el camino a la habitación – comentó Sayuri, guiñándole un ojo, al tiempo que desaparecían por las puertas que llevaban a la cocina.

Cuando ambos se retiraron, Ino se dedicó a inspeccionar la elegante casa con la mirada. Tenía todo el estilo de una mansión occidental europea del siglo XVIII. Esos muebles, las esculturas, los colores, ese estilo arquitectónico, no había duda, era una casa diseñada al mejor estilo del rococó francés. Su favorito. Él lo sabía bien. Sabía que su mayor sueño era tener una casa con las mejores representaciones de ese estilo. Sonrió. Parecía como si él lo hiciera al propósito, para atraparla entre sus redes, para "comprarla" con lujos y ostentosidad.

– Señorita – volvió a ofrecerle el brazo, sacándola de su ensimismamiento y guiándola a través de los pasillos, hasta el final de una escalera que conducía a las habitaciones principales.

Pronto llegaron frente a un par de puertas de madera, igual de imponentes que las de la entrada. Shikamaru las empujó, dejando ver la recámara más impresionante que Ino hubiera visto. A la rubia le pareció que era… ¡casi tan grande como su casa! Bueno, quizás estaba exagerando, pero en ese momento no podía pensar con claridad. Los pisos estaban alfombrados, de color vino tinto, las paredes eran de color crema, con detalles de oro y el techo estaba pintado de forma que imitara las asombrosas pinturas de la Capilla Sixtina. Una inmensa cama adoselada ocupaba el centro de la habitación. Cubierta por sábanas impecablemente blancas y muchas almohadas y almohadones, parecía la cama de un rey.

Un inmenso tocador de madera oscura se encontraba a un lado, junto a un juego de tres lámparas de pie y un diván con tapices rojizos. Un pequeño bar y un par de sillones hacia el otro lado. Una entrada hacia un baño que era tan grande como su cocina, Ino se asombraba más y más con cada paso que daba. El baño, por Dios, el baño se parecía a una representación que había visto la rubia en algún libro de mitología, del cuarto de baño de Zeus. Era… simplemente demasiado.

– ¿Te gusta? – preguntó Shikamaru, acercándose peligrosamente y abrazándola por detrás.

– ¿Esta es… tu habitación?

– Es "nuestra" habitación, Ino – corrigió, deslizando sus manos por encima de la ropa de la rubia.

– Shikamaru, no empieces – pero él no la escuchaba y ya había empezado a besar su cuello – En serio… ah… estoy cansada – él se separó rápidamente, aliviándola.

– Tienes razón, que desconsiderado soy – Ino suspiró, aliviada – Es mejor que te relajes primero.

– Si, eso, necesito…

Pero no pudo decir más, pues pronto se vio levantada en brazos de Shikamaru, que ahora la conducía hacia el baño. Ella comenzó a forcejear y quejarse, pero él hacía caso omiso de sus palabras. Tan sólo sonreía ampliamente, al notar el sonrojo en las mejillas de la mujer.

– Hice que prepararan el baño antes de que llegáramos.

Shikamaru la depositó delicadamente en el suelo, mientras ella contemplaba maravillada la vasta extensión de aquel cuarto de baño. Y es que no había tina, en vez de esto había una especie de piscina con agua burbujeante y que despedía un agradable olor floral. Y sin que ella se diera cuenta, Shikamaru ya había empezado a deslizar su ropa por su cuerpo, desvistiéndola. Entonces, el muchacho comenzó a besar tiernamente sus mejillas, para distraerla de lo que estaba haciendo. Incapaz de reaccionar, Ino simplemente se dejó llevar, hasta que pronto se halló completamente desnuda.

– Simplemente perfecta – balbuceó el castaño, contemplando el esbelto cuerpo de la mujer.

Atrevida, Ino se acercó y comenzó a desvestir a Shikamaru. El joven sonrió y se dejó hacer. Pronto ambos estaban desnudos e Ino se apoderó bruscamente de los labios del castaño, mientras sus brazos se enredaban en su cuello. Shikamaru se asió a la fina cintura de la chica, buscando profundizar el contacto, emitiendo un gemido, cuando sintió su hombría deslizarse por la suave piel de su dama.

Shikamaru rompió el beso y de nuevo levantó a la mujer en brazos para entrar a la piscina. En cuanto entró, Ino sintió cómo su cuerpo se relajaba al instante. Sus músculos tensos sintieron un gran alivio y no pudo evitar cerrar los ojos, dejándose envolver por el etéreo aroma que la rodeaba. Shikamaru aprovechó para abrazarla de nuevo por detrás, recostándose a una de las paredes de la alberca y haciendo que ella se pegara a su pecho. Comenzó a besar su cuello, arrancándole pequeños gemidos.

– Shikamaru, pensé que sólo íbamos a tomar un baño.

– Es lo que estamos haciendo.

– Pero…

Sus palabras quedaron ahogadas en cuanto sintió las manos de Shikamaru envolver sus senos, pellizcar sus pezones, consiguiendo que se pusieran erectos. El chico lamió su cuello, sin dejar de darle placer en sus pechos, sus grandes y suaves pechos, aquellos que se habían vuelto su obsesión desde la secundaria. Ino sintió que caía en la perdición, nuevamente era la sumisa e ingenua chica que se había enamorado. Pero no, ella tenía su orgullo y por eso se volteó y volvió a besarlo, esta vez más salvajemente, internando su lengua a la fuerza en aquella cavidad que conocía tan bien. Sus manos viajaron por el conocido cuerpo de su ahora amante, hasta que llegaron a su hombría, la cual envolvió con su mano derecha, acariciándola, primero lentamente, para gradualmente aumentar la velocidad de las caricias.

Shikamaru sentía que enloquecía, maldición, era tan buena en lo que hacía. Tan ardiente, tan pasional, tan sensual. Ino se separó de sus labios, repartiendo ahora besos por su cuello, sus hombros, la parte de su pecho que no era cubierta por el agua. Hasta que de pronto… dejó de acariciarlo. Shikamaru protestó y también lo hizo su intimidad, erguida e hinchada. Ella le dio la espalda, él se puso de pie y la sujetó por la muñeca para acercarla de nuevo, pero ella se consumió en el agua y, de rodillas, dentro de aquella bañera, y…

– ¡Ino! – gritó Shikamaru.

La chica se dedicaba a atender el miembro necesitado del castaño, lamiéndolo poco a poco, hasta que lo tomó por completo en su boca, arrancándole roncos gemidos a su amante. Estaba a punto de venirse, pero ella no lo iba a dejar, no tan pronto. Así, el placer no le duró demasiado a Shikamaru, porque Ino salió del agua y lo miró con gestó pícaro, encendiéndolo aún más. La tomó por la muñeca, le dio la vuelta, pegándola contra la pared de la bañera y…

– ¡Maldita sea! – ahora le tocó a Ino gritar.

Porque Shikamaru había comenzado a penetrarla por detrás, sin previo aviso, sin compasión. Dolía, dolía bastante al principio, pero pronto sus lamentos se fueron convirtiendo en gemidos de placer. Maldito idiota que conocía todas sus debilidades. Mientras la penetraba, las manos del castaño viajaban por el cuerpo de la mujer, no dejando ninguna zona sin acariciar, sin cubrir con sus besos. Un par de minutos más duró la tortura y entonces Shikamaru la volteó y la besó. Pero ese beso era diferente, estaba lleno de ternura, de… ¿amor? Ino se abrazó al cuerpo del muchacho, que la soltó para tomarla de la mano y sacarla de la bañera.

Nuevamente, sin dejar de besarse, llegaron hasta la cama, donde Shikamaru depositó suavemente a la rubia, que lo miró con ojos cargados de deseo. Se colocó a gatas encima de su amante y se acomodó para comenzar a penetrarla. Ino chilló, mientras apretaba las sábanas con sus manos. Shikamaru se apoderó de sus labios, al tiempo que aumentaba la velocidad de las embestidas, cegado por el placer.

– Y-Ya… n-no más… p-por favor… – Ino trataba de componer la frase comprensible, entre los jadeos y gemidos de placer.

Shikamaru empujó con más fuerza, al tiempo que Ino clavaba sus uñas en la espalda de su amante. No pasó mucho tiempo más para que el castaño alcanzara "el cielo" y se derramara en el interior de la rubia mujer. Instantes después, el orgasmo de Ino acompañó al suyo. Shikamaru se desplomó en el cuerpo de la chica, jadeando, agotado. El chico levantó la cabeza para contemplar el rostro sudoroso de la mujer, que había ladeado su cabeza y parecía tener la mirada perdida.

– ¿Ino? – preguntó, temeroso, pensando que quizás se había pasado, que quizás no había pensado más en que su propia satisfacción.

– Déjame, estoy cansada, es todo.

Suspirando, Shikamaru se separó de su cuerpo. Se detuvo a contemplar el espectacular cuerpo de su amante y no pudo evitar que su hombría volviera a reaccionar. Ino Yamanaka simplemente lo volvía loco. Se reprendió mentalmente y se encaminó a la ducha, para tratar de apaciguar sus deseos, que comenzaban a crecer de nuevo, con sólo mirar el cuerpo de la mujer.

Cuando él se hubo marchado, la chica se abrazó y enterró el rostro en las sábanas.

Al diablo con todas mis palabras absurdas. Al diablo con mis convicciones de hacerlo pagar, de provocarlo, de tener el control de la situación en todo momento. No he hecho más que entregarme a él sumisamente, dejarlo hacer lo que le plazca con mi cuerpo, como si fuera una muñeca. ¡Por todos los cielos! ¿Qué es lo que me sucede? ¿Cómo puedo amar a un bastardo sin sentimientos como él? ¿Cómo puedo amar a una persona que piensa sólo en sí mismo? ¿Cómo fue que llegué a convertirme en "esto"? ¿Qué debería hacer ahora?

– Maldición, ¿qué me está sucediendo?

Se recostó boca arriba y miró el ornamentado techo de la enorme habitación. Luego, cerró los ojos y trató de calmarse, tenía que comenzar a pensar con claridad, si es que quería demostrarle a Shikamaru que podía llegar a sentir por ella algo más que simple deseo carnal. Tan concentraba estaba en sus propios pensamientos, que no notó que Shikamaru ya había regresado y la miraba con el deseo dibujado en su rostro.

Haciendo gala de su elegancia, Ino se levantó y caminó hasta el baño. Shikamaru no despegó sus ojos de ella en ningún momento, hasta que desapareció y se escuchó el agua de la ducha caer. El muchacho terminó de vestirse y contempló el desastre que habían dejado en la cama. Sonrió. Pero, poco después recordó las palabras de Choji y volvió a sentirse confundido. Cierto que tenía mucho dinero, que siempre había tenido todo lo que quería, incluso ahora la tenía a ella, pero sólo en cuerpo, porque su corazón… dudaba mucho tenerlo, no después de cómo la había tratado todo ese tiempo.

Pero por más que pensaba, no estaba seguro de saber a quién pertenecía el corazón de la joven Yamanaka, pues ya había notado que, aunque en el rostro de Ino se dibujara el inmenso placer que él mismo le provocaba, no había ni rastro de algún sentimiento más profundo. Un momento, ¿acaso estaba buscando que Ino lo viera con otros ojos? No, no debía pensar en eso, no aún, primero tenía que concentrarse en comprender qué era lo que él sentía en realidad hacia ella.

– Joven Shikamaru – se escuchó una voz del otro lado de la puerta – la cena está a punto de servirse, ya pueden pasar al comedor.

– G-Gracias Saki, en un momento vamos.

– Disculpa la demora.

Ino regresó a la habitación, ya vestida y secando su cabello con una toalla. Llevaba unos jeans azul oscuro, que marcaban divinamente cada una de sus curvas. Una blusa de de estilo oriental en color rojo vivo resaltaba sobre su blanca y perfecta piel. Sus ojos no podían despegarse de ella, era tan hermosa, tenía un cuerpo perfecto. Pero, ¿había algo más en ella que lo atrajera? Algo más que su seductor cuerpo, su hermoso rostro, sus hipnotizantes ojos. Bueno, aún tenía una semana entera para averiguarlo.

I & S

Restaurante Hanabira

El restaurante Hanabira era un acogedor establecimiento de comida japonesa, diseñado para ambientar las casas de té de la antigua capital de la nación nipona. Propiedad del poderoso magnate Madara Uchiha I, se conocía como destino obligatorio de los turistas tanto nacionales como extranjeros.

Esa noche, una de las habitaciones más amplias y elegantes había sido reservada por la famosa cantante de j-rock, Aka-chan, que era en realidad Akuha Ikeda, tía de Hinata. Las mujeres bebían sake, rememorando viejos y buenos tiempos. Luego de desaparecer de la vida de su sobrina por dieciocho años, Akuha estaba de vuelta para revelarle a Hinata secretos tan oscuros que ni ella misma se podría imaginar. Y Hinata Ikeda estaba dispuesta a escucharlo todo. Sí, porque ella estaba segura de que su madre jamás se suicidaría.

– Cómo extrañaba esto – dijo Akuha, con una enorme sonrisa en sus labios – Beber sake con tu familia es lo mejor, sí señor. Akasha y yo solíamos hacerlo todo el tiempo después de sus conciertos en los bares de Kioto.

– Pensé que nos tomaríamos un café y charlaríamos, pero esto es definitivamente mil veces mejor – ambas rieron – Bueno, creo que sólo verme puedes comprender lo que sucede.

– Viniste a Tokio, te cambiaste el nombre, trabajas de secretaria en Konoha Corp – enumeró Akuha – Por supuesto, todo está muy claro. Aún después de dieciocho años, y conociendo a Hiashi como lo conozco, puedo darme una idea de qué sucedió. Pero tenemos toda la noche para nosotras, así que comienza a contar.

Hinata se bebió el sake de un solo trago, suspiró profundamente y comenzó a relatarle a su tía la "historia de su vida". No olvidó ningún detalle del infierno en que se había convertido su vida desde la misteriosa muerte de su madre. Akuha se sorprendía cada vez más con la historia que le contaba su sobrina. Sentía que las palabras no eran suficientes para expresar el dolor que le provocaba el escuchar el infierno que su sobrina había tenido que soportar.

– Sabía que Hiashi era un infeliz, pero no me imaginé que fuera capaz de echar a su propia hija de su casa y hacerla desaparecer de la familia. Bueno, considerando lo que le hizo a tu madre, la mujer que supuestamente amaba más que a su propia vida, no debería sorprenderme tanto.

– Tía Akuha, ¿qué fue lo que sucedió? ¿Cuál es la verdadera razón detrás de la muerte de mi madre? Aunque Hiashi le dijera su propia hija que Akasha Ikeda se suicidó, yo no puedo creer eso, mi madre no era ese tipo de persona, de eso estoy segura.

– Por supuesto que no, porque Akasha Ikeda jamás se suicidó, fue asesinada.

Hinata dejó caer sus palillos y sus ojos se abrieron como platos al escuchar las palabras de su tía. Asesinada. Su madre fue asesinada. ¿Por qué? ¿Quién podría hacer algo así? Aunque se había quedado sin palabras, Akuha comprendió que era entonces hora de revelarle la verdad a Hinata, pues ella más que nadie tenía derecho a saber quién la había apartado de su amada madre.

– ¿Por dónde debería comenzar? Veamos… sí, cuando Akasha y yo teníamos dieciocho años.

Flashback

La ciudad de Kioto se había convertido pronto en una ciudad de contrastes. Por una parte quedaban los edificios antiguos, templos y demás lugares que se habían convertido en tesoros de la nación y patrimonio de la humanidad. Esa era la parte antigua de Kioto, guardando recelosamente su nombre de "antigua capital". El otro lado de la ciudad era la zona urbanizada, que pronto se había visto invadida por residenciales lujosos, bares y clubes nocturnos.

La familia Ikeda era una humilde familia de clase media. El señor de la familia, Takashi Ikeda era un escritor de novelas de ficción y misterio que, lamentablemente, nunca llegó a tener verdadera fama; es esposa, Ayumi Ikeda, era una bar tender, que había trabajado en varios clubes nocturnos y gozaba de un cierto reconocimiento por sus grandes habilidades y destrezas para inventar tragos nuevos. A pesar de no tener demasiado dinero, la pareja vivía feliz junto a sus gemelas, Akasha y Akuha.

Cuando las gemelas crecieron, ambas mostraron increíble interés por la música. A ambas les encantaba el rock y la música clásica y su gran sueño era convertirse en reconocidas artistas que pudieran tocar rock junto a una orquesta reconocida, como la Sinfónica de Berlín. Así, cuando iban a entrar a la secundaria, recibieron una beca para estudiar en una prestigiosa escuela de música de Kioto. Akasha se dedicó a la guitarra y el piano, mientras que Akuha se concentró en su gran pasión, el violín, a lo que luego agregó el bajo eléctrico. Ambas eran talentosas y no dejaban de impresionar a sus profesores.

Pero entonces llegó una época de crisis para la familia Ikeda. Las novelas de Takashi no dejaban demasiado dinero y no había tenido éxito en conseguir otro trabajo. El trabajo en los bares no era suficiente para costear los gastos en implementos musicales para las niñas. No había suficiente dinero para vivir y existía la amenaza de que perdieran la casa, que había pertenecido a los Ikeda por generaciones, debido a una hipoteca atrasada. Las gemelas, de dieciocho años, tomaron entonces una decisión, trabajarían para ayudar a su familia. Takashi y Ayumi se negaron, pero las gemelas no iban a escuchar razones.

En uno de los bares donde trabajaba su madre, las gemelas se dieron cuenta de que buscaban cantantes para ofrecer música en vivo a los clientes. Las chicas tomaron la audición y resultaron victoriosas. Pronto llegó la primera noche en que debían presentarse en vivo. Akasha tenía una voz envidiable para las baladas, pero tan poderosa como para cantar una buena pieza de rock. Como se trataba de un bar de los 80's, dirigido por una pareja de canadienses, las gemelas decidieron probar suerte con una canción que había aprendido hacía tiempo en sus clases de canto básico.

Akasha en la voz y el teclado. Akuha con su inseparable violín. Una canción que habían adaptado a su estilo, utilizando además de sus grandes habilidades la tecnología del momento.

Hey baby, I'm talking to you / Oye chico, te estoy hablando a ti

Stop yourself and listen / Detente y escucha

Some things you can never choose / Hay algunas cosas que nunca puedes escoger

La multitud estaba maravillada con el talento de las gemelas y ni qué decir los propietarios del bar, que estaban seguros de que no se había equivocado al escoger a aquellas jóvenes.

En una mesa en la esquina del bar, se encontraba un joven de unos veinte años. Tenía el cabello castaño y ojos color de luna. Se trataba del heredero de la familia Hyuga, Hiashi, el mayor de los gemelos de la familia. En aquel entonces, a pesar de la rígida disciplina de la casa Hyuga, Hiashi tenía fama de mujeriego engañoso y sin sentimientos. Se acostada con cuanta mujer se le antojara, ya que tenía dinero y era apuesto, y ninguna se le había resistido, hasta ese momento.

Even if you try, Yeah / Aún si lo intentas, sí

You're hanging your head Again / Estás agachando la cabeza de nuevo

Cause somebody won't let you in / Porque alguien te impide entrar

Los ojos de Hiashi no podían despegarse de la cantante, que se le antojaba como su siguiente "presa". Ahora, el muchacho recordaba haberla visto antes en algún sitio, pero ¿dónde? ¡Claro! Ya lo recordaba, era la hija de Ikeda, el escritor fracasado. Días antes había ido a su mansión, a visitar a su madre, que era una reconocida editora, pues pensaba que ella podría ayudarlo a promocionar sus novelas, pero la señora Hyuga se encontraba en un viaje de negocios en Okinawa. Hiashi recordaba la gracia que la había causado ver el rostro abatido del "fracasado". Y es que ¿quién se había creído? ¿Cómo podría pensar siquiera que su madre tendría tiempo para un escritor de pacotilla como él? ¡Ingenuo! Pero bueno, el hombre podía ser un completo fracaso, pero su hija… ella sí no estaba nada mal.

One chance, one love / Una oportunidad, un amor

Your chance to let me know / Tu oportunidad para hacérmelo saber

Las gemelas sí que eran hermosas. Nadie lo ponía en duda. Eran como verdaderas estrellas en el escenario. Akasha era tímida y enigmática y tocaba el piano como una diosa. Akuha en cambio tenía toda la imagen de una verdadera rockera, rebelde y segura de sí misma, y los efectos que conseguía con ese violín, nadie se explicaba cómo lo lograba, pero dejaba a la multitud encantada.

We can't go on / No podemos continuar

Just running away / Solo escapando

If we stay any longer / Si nos quedamos más tiempo

We Will surely never get away / De seguro nunca nos liberaremos

En ese momento, Akasha fijó su mirada en el joven que estaba en la esquina, justo en su campo de visión. Lo reconoció al instante por esos ojos, era el heredero de la familia Hyuga, Hiashi era su nombre. Akasha se dio cuenta de que Hiashi tenía su mirada puesta en ella, Dios, era tan apuesto. A la joven siempre le había parecido atractivo y enigmático con esa mirada llena de seguridad e indiferencia. Lo había visto de lejos, hasta aquel día en que había acompañado a su padre a la mansión Hyuga para pedir el consejo de la señora de la casa.

Anything you want, we can make it happen / Todo lo que quieras, podemos hacerlo suceder

¿Todo lo que quiera? – comentó Shikaku Nara, uno de los buenos amigos de Hiashi – Ya quisiera yo, pero con la otra.

No me digas que te gusta la rebelde – añadió entre risas Jiraiya – pues a mí me gustan ambas, y no me molestaría hacer un trío. Ya sabes, nada más sexy que un par de gemelas en tu cama, ¿verdad Hiashi? – pero el castaño no respondía – Oye, Hiashi.

Cállate Jiraiya, estoy ocupado.

Stand up and turn around / Levántate y voltea

Never let them shut us down / Nunca permitas que nos derriben

Never, never / Nunca, nunca

Never, never run away / Nunca, nunca huyas

Shikaku y Jiraiya no pudieron contener la risa al ver la expresión llena de lujuria que se dibujaba en el rostro de Hiashi cuando miraba a Akasha. Al parecer, su amigo ya había encontrado a su siguiente presa. Hiashi le hizo una seña a la mesera para que les trajera una nueva botella de tequila. Se sirvió y le sirvió también a sus amigos mientras sus ojos seguían fijos en la figura de Akasha, que se había separado del teclado para comenzar a tocar la guitarra. Hiashi seguía con sus ojos todos los movimientos de la mujer, hasta que se dio cuenta de que su gemela había reparado en la forma en que la mirada y ahora lo desafiaba con sus violáceos ojos.

Me está retando.

¿De qué hablas, Hiashi? – preguntó Shikaku.

Esa otra mujer, la de aspecto rudo, debe ser su hermana mayor.

Creo que no le agradas – comentó entre risas Jiraiya.

Eso no me interesa, yo sólo necesito agradarle a la pequeña Akasha.

¿Oh, hasta sabes su nombre?

Hey baby you know it's time / Oye chico, sabes que es hora

Why you bother lying / Por qué te molestas mintiendo

When you know that you want it too / Cuando sabes que lo quieres también

Oh claro que quiero, quiero que seas mía, mujer – dijo Hiashi, con una mirada cínica en su rostro.

Justo cuando terminó la primera canción, el anfitrión de esa noche anunció, entre los aplausos de la multitud hacia las gemelas, que las "estrellas" se tomarían un descanso mientras se preparaban para la siguiente canción. Akasha y Akuha bajaron del escenario y entraron al pequeño camerino del local para refrescarse.

Si las cosas continúan así, con un par de noches más podremos juntar el dinero que falta para el pago de la hipoteca – comentó una emocionada Akasha.

Sí – contestó secamente Akuha, asomándose por la puerta.

Estuviste increíble, hermana, no pensé que pudieras conseguir esos geniales efectos con tu violín. La gente se quedó maravillada, incluso mamá estaba feliz.

Claro, es increíble.

Akuha, ¿te sucede algo? – preguntó Akasha, preocupada.

No me gusta la forma en que ese sujeto te mira – respondió. Akasha la miró, confundida – Sabes la fama de mujeriego que tiene. Pero vaya que tiene agallas, ahora parece que está interesado en ti.

¿Hablas del joven Hiashi?

No necesitas hablar de esa forma tan respetuosa de ese sujeto, Akasha – replicó – Y deja de coquetearle o pensará que estás dispuesta a caer en su cama.

Pero, ¿de qué estás hablando Akuha? – Akasha, siempre paciente, comenzaba a enojarse – Sabes que yo jamás…

No creas que no lo he notado, hermana – Akuha la tomó por los hombros – Su escuela está justo al frente de la nuestra, no creas que no me he dado cuenta de la forma en que lo miras, de cómo suspiras por él. Akasha, eres mi otra mitad, créeme que te conozco.

Akasha desvió la mirada, con las mejillas sonrojadas. Sentía la penetrante mirada de su hermana gemela atravesarla acusadoramente. Ella lo sabía, sabía que pertenecían a mundos diferentes, conocía la fama de Hiashi y las rigurosas costumbres de la familia Hyuga. Pero no había podido evitarlo, ella.

¡Por todos los cielos, Akasha! ¡Estás enamorada de ese cerdo! – exclamó indignada Akuha.

¡Akuha, no hables como si lo conocieras! – y sin pensarlo, le propinó una cachetada a su gemela. Horrorizada al ver lo que acababa de hacer, se acercó a su hermana, para acariciar aquella zona que había lastimado – Hermana, lo siento, yo sólo…

Se acabó el descanso, vámonos.

Akuha se dio media vuelta y salió por la puerta, sin mirar a su hermana. Akasha sintió una terrible mezcla de ira y culpabilidad y siguió a su hermana, azotando la puerta.

¡Estúpida Akuha!

El final de su "concierto" debut fue un completo éxito. La pareja de canadienses propietarios del bar les ofreció una buena suma de dinero para que se quedaran a tocar en el bar por las siguientes noches. Akasha estaba emocionada, pero Akuha no estaba del todo convencida, pues sabía que ese bar era frecuentado por Hiashi Hyuga. Sin embargo, al ver el rostro emocionado de su hermana, terminó por ceder.

Las hermanas se encaminaron al camerino para acomodar sus instrumentos y terminar de recoger sus cosas. Entonces, las puertas se abrieron y apareció Hiashi, cargando un enorme ramo de rosas blancas que, curiosamente, eran las favoritas de Akasha. Akuha frunció el ceño y se dedicó a guardar cuidadosamente su violín en el estuche.

Señorita Ikeda, déjeme decirle que tiene una voz increíble – comentó el Hyuga, tendiéndole el enorme ramo de flores que la chica aceptó con pena – Ambas han estado increíbles esta noche. Espero poder verlas nuevamente, en especial a usted, señorita Akasha. Su voz y su belleza me han dejado maravillados – guiñó un ojo, haciendo sonrojar a la joven.

Walk those legs right over here / Trae esas piernas hasta aquí

Give me what I'm dying for / Dame eso por lo que estoy muriendo

Joven Hyuga, no tenía por qué…

Esta es tan sólo una pequeña muestra de mi admiración hacia usted, créame que a partir de hoy me he convertido en su más grande admirador – miró de reojo a Akuha – Espero que podamos platicar en otro momento, ya sabe, en un lugar más… acogedor. Buenas noches.

One chance, one love / Una oportunidad, un amor

¡Ya deja esa expresión de idiota enamorada! – exclamó Akuha, arrojándole la chaqueta a su hermana – Es hora de irnos – Akasha asintió, asiendo más fuertemente las flores que le había regalado Hiashi.

Hold me down, never let me go / Abrázame, nunca me dejes ir

Ese fue el comienzo del "amor". Hiashi dejó de frecuentar los cabarets, dejó de lado sus salidas para conseguir mujeres, incluso bebía menos. Pero nadie podía apartarlo del bar Little Vancouver los viernes por la noche, porque desde aquella noche no se había perdido ni una sola de las presentaciones de las hermanas Ikeda. Incluso se había atrevido a invitarla a salir, un almuerzo, un café, una cena, que no era bien visto por su familia, y mucho menos por Akuha. Los padres de Akasha, que conocían el tipo de familia que eran los Hyuga, temían que su hija sufriera después, pero la joven se veía tan feliz que no se atrevieron a decir nada. Sólo rezaban porque su pequeña no sufriera por causa de aquel adinerado muchacho.

Llegó un punto al que a ninguno de los dos les importaba lo que pensara la gente. Se había convertido en buenos amigos y, sorpresivamente, Hiashi no había intentado nada más, no había intentado propasarse con la joven, no había hecho más que tratar de acercarse amistosamente a la chica. Y eso era lo que más apreciaba Akasha, aún cuando muriera porque Hiashi la besara. Pero era demasiado tímida para intentar besarlo, así que simplemente se guardaba sus deseos y no los compartía con nadie más que con su hermana, que, gradualmente habían empezado a cambiar su forma de ver al Hyuga, aún cuando no confiara en él por completo.

Pero pronto llegó un día que marcaría el futuro de ambas hermanas de forma definitiva. Akuha recibió una llamada por parte del concertino de la Filarmónica de Berlín, que había estado en los exámenes de violín de la academia de música de Kioto. Y es que había quedado tan impresionado con las habilidades de la joven que le ofrecía una beca para estudiar en un conservatorio de música en Berlín y convertirse en miembro de la prestigiosa filarmónica. El único requisito, era que Akuha terminara los tres meses que le restaban en la academia de Kioto y claro, el consentimiento de su familia, y su propia decisión.

Akuha no sabía qué responder. Claro que estaba emocionada, pues, aunque le encantaba hacer rock, su gran pasión era la música clásica. Y tocar en la filarmónica, sin gran sueño. Pero, eso significaba dejar de tocar junto a Akasha.

¡No seas tonta, Akuha! ¡Tienes que aceptar! Si no lo haces, estoy segura de que te arrepentirás. Mira, no tienes que dar una respuesta ya, ¿cierto? – le había dicho su hermana – Aún tienes tiempo para pensarlo, pero no deberías pensarlo tanto, ya que siempre ha sido tu sueño, hermana.

Las palabras de su hermana, su más grande apoyo, su otra mitad, terminaron de convencer a Akuha. Dio el sí y se dispuso a terminar el semestre en Kioto de la mejor manera posible. Con todos los ensayos para el concierto final de la orquesta de la academia, más las prácticas de violín con su tutor personal, Akuha no tenía tiempo para sus presentaciones en Little Vancouver. Pero eso no impidió que Akasha continuara siendo exitosa. Recibía llamadas de otros bares y clubes nocturnos donde trabajaba su madre y no perdía oportunidad para presentarse.

Y es que convertirse en cantante de rock se había convertido en el sueño de Akasha. Desde que se separó de Akuha, Akasha había cambiado, su timidez parecía haberse evaporado, era más atrevida, más directa. Y ese cambio de actitud había terminado por atrapar a Hiashi Hyuga. Al final, el cazador se había convertido en la presa y eso era algo que Akasha estaba a punto de comprobarle.

Me preocupé cuando llamaste de pronto y dijiste que querías decirme algo importante.

Luego de su última exitosa presentación en uno de los nuevos y más prestigiosos clubes nocturnos de Kioto, Akasha le había dicho a Hiashi que necesitaba hablar con él, en privado. Hiashi le ofreció una cena, pero ella se negó, alegando que era mejor que se vieran en su casa, pues la familia Hyuga estaba de viaje en Cancún. Confundido, Hiashi condujo hasta la mansión. Estacionó el auto y la invitó a sentarse en la sala. Akasha se negó y, enredando sus brazos alrededor del cuello del sorprendido muchacho, le pidió que fueran a su habitación.

Hiashi la condujo hasta su habitación, encendió la luz y en ese momento Akasha se arrojó sobre él, haciéndolo caer en la cama. Y, sin poder contenerse más, Akasha besó a Hiashi, con torpeza, con inexperiencia. Sus labios temblorosos trataban de acoplarse a los de Hiashi, que pronto tomó el control del beso, con toda su experiencia, para hacerlo más placentero para ambos. Las tímidas manos de la chica comenzaron a recorrer el pecho del Hyuga, que, alarmado, la separó de sí, sentándose. Ahora Akasha había quedado sobre su regazo, con adorable sonrojo en sus labios.

Akasha, ¿qué es…? – ella no lo dejó hablar y se arrojó a sus labios nuevamente, impidiéndole continuar. Pero Hiashi había descubierto un nuevo sentimiento y no estaba dispuesto a aprovecharse de ella, por más que deseara hacerla suya.

Hiashi no sé si me consideres tu amiga, no sé que vaya a pasar con nosotros después de lo que voy a decirte, pero ya no puedo contenerme más – dijo – Conozco tu fama de mujeriego, pero eso no impide que esté enamorada de ti – Hiashi abrió los ojos como platos – Lo he estado desde la primera vez que te vi y lo sigo estando. Aún cuando pertenecemos a mundos distintos, aún cuando sé que es imposible que me ames como yo lo hago – él iba a replicar, pero ella colocó su debo índice en sus labios, para que le permitiera continuar – no puedo contener más este sentimiento, este deseo. Hiashi, aunque sea sólo por una noche, hazme tuya, hazme sentir mujer, por favor, no quiero entregarle mi primera vez a nadie más.

Hiashi se había quedado sin palabras. Ni en sus sueños más retorcidos pensaba que Akasha Ikeda estuviera dispuesta a entregársele. Maldición, cuando la conoció en lo único que pensaba era en llevársela a la cama, pero cuando ella le ofreció su amistad sincera, sin importarle de dónde venía o el dinero que tenía, sus convicciones cambiaron y se dedicó a corresponderle de la misma sincera manera, con su amistad, respetándola, queriéndola de esa manera y, sin darse cuenta, había aprendido a amarla, lo amaba todo de ella, su forma dulce, su personalidad única, su sonrisa, todo de ella le gustaba y no había sido consciente de ello antes. Eso probaba que ella en verdad había sido capaz de cambiar al bastardo Hiashi Hyuga.

Akasha… tú… – la mirada de súplica de la chica terminó de romper sus barreras.

Tomó el delicado rostro de la chica entre sus manos para acercarse a sus labios y degustarlos, despacio, con ternura, con amor. Ella ladeó la cabeza, para buscar profundizar el contacto. Pronto Hiashi internó su lengua en aquella cavidad que ansiaba reconocer, marcar como suya. La chica enredó sus dedos en el castaño cabello de Hiashi, mientras él bajaba sus manos hasta la fina cintura de Akasha, buscando profundizar al contacto.

Cuando se separaron por falta de aire, Hiashi se atrevió a confesar:

Akasha Ikeda, te amo. Te amo como nunca pensé amar a una mujer. Aún cuando te deseo con locura, ante todo te respeto, y no quiero que luego te arrepientas por…

Akasha lo silenció con un beso intenso, demostrando lo rápido que la chica aprendía.

¿Estás segura de…?

Akasha se puso de pie y comenzó a deslizar el vestido sensualmente por su cuerpo. Pronto quedó sólo en ropa interior, y ante la mirada ansiosa de Hiashi, comenzó a deslizar también las últimas dos prendas lejos de su cuerpo. Ahora estaba expuesta, completamente desnuda ante el hombre que amaba. Hiashi contemplaba embelesado el virginal cuerpo de la mujer, al tiempo que sentía su hombría despertar dolorosamente.

Hazme tuya, por favor – suplicó la mujer.

Hiashi se levantó bruscamente de la cama, arrojó a la mujer a ella y se apresuró a desvestirse, para quedar en igualdad de condiciones. Se colocó encima de ella, sosteniéndose con sus codos y rodillas y volvió a besar sus labios, sediento del néctar que le otorgaba su dulce Akasha. Fue descendiendo sus labios para besar cuello, clavícula, hombros, hasta que llegó a sus pechos. Deslizó su hábil lengua por el seno derecho, causando que el pezón se levantara, mientras su mano izquierda atendía el seno izquierdo, arrancándole a Akasha gemidos de placer, mientras se retorcía en la cama, aferrándose a las sábanas.

Hiashi descendió para besar su abdomen e introducir su lengua en el ombligo de la mujer, que sentía que no soportaría tanto placer. Los labios de Hiashi recorrieron todo el virginal cuerpo de Akasha, que gemía cada vez más fuerte, sin poder contenerse. Volvió a apoderarse de los labios de la chica, para que una mano traviesa comenzara la exploración de aquella intimidad que no había sido conocida por ningún hombre. Akasha gritó de placer e intentó en vano llevar una mano a su boca intentando acallar sus gritos, pero Hiashi se lo impidió.

Quiero escucharte cuando te tome, Akasha. Tus gemidos son música para mis oídos.

P-P-Por favor… Hiashi… y-y-ya no lo soporto… ya, por favor…

Tus deseos son órdenes.

Hiashi se acomodó entre las piernas de la mujer e introdujo primero la punta de su enorme miembro. Akasha se retorció de dolor y se aferró con más fuerza a las sábanas, intentando en vano ahogar los sollozos lastimeros que se escapaban de su boca. Aquella estrechez volvía loco a Hiashi que deseaba entrar por completo, pero sabía que tenía que ir despacio con ella, después de todo era su primera vez. Besó sus labios para distraerla del dolor, mientras se internaba más en aquella estrecha cavidad, que le daba la bienvenida. Cuando se encontró completamente dentro, Akasha le mordió el labio, gritando desesperada por el dolor punzante que estaba sintiendo. Asustado, Hiashi se dispuso separarse de ella, lo cual no sería muy agradable para él, pero…

N-No t-te detengas… Y-Y-Ya p-pasará…

Hiashi permaneció quieto mientras Akasha se acostumbraba a la intrusión. Besó sus labios mientras sus manos se entretenían con su cuerpo, pronto la chica comenzó a mover las caderas, avisándole que podía empezar a moverse. Hiashi comenzó con estocadas lentas, hasta que los gritos de dolor de Akasha se convirtieron en gemidos de placer que inundaban sus sentidos, volviéndolo loco. Embustió con más fuerza, mientras la mujer enredaba sus piernas alrededor de su cintura, buscando profundizar el contacto. Las estocadas se volvieron cada vez más fuertes y rápidas y Hiashi comenzó a gemir también cegado por el placer del acto.

Akasha… Akasha…

Hiashi… ah… eres fantástico…

Hiashi la abrazó por la espalda, haciendo que ambos quedaran sentados sobre la cama, una postura que se les antojó como extremadamente placentera. Los gemidos inundaban la habitación, sus rostros sudorosos se buscaban, caricias, besos, embestidas, ambos estaban a punto de alcanzar el clímax, ninguno de los dos soportaría por mucho tiempo más. Gritaron al unísono, alcanzando el orgasmo, el primero de Akasha, el más placentero para Hiashi.

Akasha cayó rendida sobre la cama, boca abajo, con Hiashi a su lado, acariciando su espalda con ternura. Ella buscó sus ojos, aún inundados por el deseo. La mujer levantó las caderas y le dirigió una mirada suplicante.

Hiashi… por favor…

El joven entendió al instante a lo que ella se refería y la miró, incrédulo, pero esa mirada suplicante terminó de diluir sus dudas. Se incorporó y la sujetó por las caderas, comenzando a penetrarla por detrás. Akasha movía sus caderas al ritmo de las penetraciones de su amante, que se preguntaba una y otra vez cómo la inocente Akasha conocía aquellas posturas. Bueno, quizás no era tan inocente como él pensaba.

Hiashi la atrapó entre sus brazos juntando su pecho con la espalda de ella, mientras sus manos se deslizaban por sus senos, hasta su húmeda entrada. Luego, la sujetó con fuerza por las caderas, buscando profundizar el contacto. Con cada estocada los senos de Akasha se movían rítmicamente, hasta que Hiashi no pudo más y se vino por segunda vez, dentro de la chica. Esta vez, rendidos, sudorosos y satisfechos, se recostaron en la cama. Akasha apoyó su cabeza en el fuerte pecho de Hiashi, que la abrazó con amor.

Te amo, Hiashi Hyuga – dijo ella antes de caer en brazos de Morfeo.

Yo también de amo, Akasha – fue la respuesta de Hiashi, que dibujó una gran sonrisa en los labios de la mujer.

Ya estaba, ahora estaba completamente seguro de lo que quería. Había encontrado a la mujer que amaba, había hecho el amor – su "primera vez" – y ahora había tomado una decisión, quería estar con ella para toda la vida, por lo que estaba dispuesto a tomarla por esposa, sin importar quién se opusiera. Esa mañana, con tan firmes convicciones, se encaminó al despacho de su padre, que, sabía, no tomaría muy a bien su decisión, pero era lo que menos le importaba.

Temeroso, llamó a la puerta del despacho de su padre, Hayate Hyuga. Instantes después, su padre le abría la puerta con una gran sonrisa dibujada en su rostro, lo cual no podía significar nada bueno.

Ah Hiashi, qué bueno que estás aquí, estaba a punto de llamarte. Pasa por favor, tenemos asuntos importantes que conversar.

Hiashi entró y se encontró con su madre, que conversaba animadamente con una joven de cabello castaño, largo hasta los hombros y ojos iguales a los suyos. Vestía un sobrio conjunto de pantalón y saco, de color crema y un ligero maquillaje adornaba su rostro. El muchacho frunció el ceño, temiendo hacia dónde podía ir aquella conversación.

Hiashi, déjame presentarte a tu prometida, la señorita Hitomi Hyuga. Sé que quizás no la recuerdes, pero ustedes solían jugar juntos cuando eran niños. Ella es una prima lejana, que ha vivido en Francia por la últimos años, terminando un doctorado en Gastronomía – oh sí, lo que me faltaba, un geniecito – Su familia es de "pura sangre", padre y madre Hyuga, además es toda una dama, ya lo verás

Es un placer volver a verte, Hiashi – saludo Hitomi, poniéndose de pie y saludando con una reverencia al recién llegado – Sigues siendo tan apuesto.

Hitomi, es hora de que vayamos a ver esos vestidos de novia – anunció su madre, Kaoru, con una gran sonrisa.

¿Vestidos de novia? ¡Qué se supone que significa esto, madre, padre! – gritó Hiashi, comenzando a enfadarse.

Descuiden, pueden irse, yo le explicaré todo a Hiashi.

¡Un momento! ¡Nadie sale de esta habitación hasta que me expliquen qué sucede! – volvió a gritar, sujetando a Hitomi por la muñeca.

Hiashi, me haces daño.

Hiashi, contrólate de una vez por todas – dijo Kaoru, levantando la voz y dedicándole a su hijo una mirada amenazante. El muchacho soltó a la mujer y se dejó caer en la silla enfrente del amplio escritorio de su padre. Cuando las mujeres salieron, el mayor tomó la palabra:

Voy a explicarte todo, haz el favor de no interrumpirme hasta que termine, ¿entiendes? – el joven no respondió – Hiashi, eres mi primogénito, el heredero de esta familia y como heredero tienes ciertas responsabilidades que cumplir. Primero, debes asegurar la descendencia de los Hyuga, un hijo que se convierta en el futuro de esta familia. Para eso, debes encontrar un esposa adecuada, dentro de nuestra familia, una Hyuga, una mujer que pertenezca a "nuestro mundo", no como esa desaliñada chica con la que siempre andas.

¡No te atrevas a…!

¡Te dije que guardaras silencio, Hiashi! – exclamó Hayate – Ahora escucha, siempre dejé que siguieras con tu estilo de vida despreocupado, porque pensé que pronto te darías cuenta de cuáles eran tus responsabilidades. Y para mi sorpresa, eso ocurrió más pronto de lo esperado, entonces supuse que habías encontrado una mujer que era importante para ti. Más grande fue mi sorpresa cuando me enteré que quién era, la hija de un escritor fracasado y una bar tender, una chica interesada por la música, en pocas palabras, un fracaso completo. Una chiquilla de clase baja.

Deja de decir estupideces, padre. ¿Clase baja, clase alta? ¡A quién le importa eso! ¡Al diablo con la pureza de la sangre! ¡Al diablo con las arcaicas tradiciones de esta maldita familia! ¡Estoy enamorado de Akasha y voy a casarme con ella!

Escucha los disparates que estás diciendo, Hiashi. Está bien que la quieras para pasar el rato, para divertirte con ella. Es más, mientras llega el día de la boda puedes considerarla tu amante, incluso después mientras sepas ser discreto, pero…

¡Eres un desgraciado! – lanzó un puñetazo que fue fácilmente detenido por su padre, que lo obligó a sentarse nuevamente.

Entiende de una vez por todas que tienes una responsabilidad como heredero de la familia. Te casarás con Hitomi, me darás un nieto, presentarás a nuestra familia de forma digna ante la sociedad, en pocas palabras, cumplirás con tus responsabilidades. Después de eso, puedes hacer lo que te plazca con esa mujer, si quieres convertirla en tu amante…

¡Cállate! ¡Estoy harto de todo esto! ¡No voy a casarme con una mujer que no amo! ¡Yo amo a Akasha Ikeda y sólo a ella! – gritó – Tienes otro hijo, ¿sabes? Él está relacionado con una mujer de "baja categoría" también y aún sí ¡no le dices nada! ¡No lo obligas a renunciar!

Hizashi ha dejado esta casa a la edad que lo dictan nuestras normas. No es el heredero, así que puede hacer lo que le plazca con su maldita vida, eso a mí no me interesa. Pero tú eres diferente, Hiashi, esperamos mucho de ti como heredero.

¡Heredero, heredero! ¿Es que no sabes decir otra cosa? ¡Maldita sea!

Se levantó molesto y abrió la puerta.

Hiashi, no cometas ninguna locura como escapar de tu destino con esa mujer. No sabes de lo que soy capaz con tal de lograr mis objetivos. Hiashi, aléjate de esa mujer hasta que hayas cumplido con tus obligaciones o sino, atente a las consecuencias – dijo – Hablo muy en serio, muchacho. Sé lo que hiciste con ella mientras estábamos de viaje, espero que, por su seguridad, hayas usado protección, porque si esa chiquilla queda embarazada, Hiashi, aborta o la mato.

Hiashi salió corriendo de la habitación, azotando la puerta, incapaz de creer todo lo que le estaba pasando. Su vida acababa de dar un giro que lo afectaría no sólo a él, sino también a la persona que amaba.

Durante los días siguientes, Hiashi había intentado comunicarse con Akasha, pero le era imposible. No respondía sus mensajes ni sus llamadas. Nunca estaba en casa cuando iba a buscarla y sus padres siempre le decían que estaba de viaje con su hermana, pero que no sabían dónde. Para Hiashi no pasó desapercibida la mirada llena de temor que los señores Ikeda le dedicaban al verlo aparecer. Esto confundía más al joven Hyuga.

Hasta que un día, finalmente, se la encontró saliendo de la escuela. Sus ojos brillaron en cuanto la vio, pero ella evitó su mirada y salió corriendo. Hiashi la alcanzó rápidamente y la sujetó por las muñecas, acorralándola contra un árbol para impedir que escapara.

¡Akasha, te he extrañado tanto! – iba a besarla, pero ella quitó el rostro – ¿Qué sucede, amor?

¡No me toques, no me llamas así, bastardo! – gritó ella, intentando en vano liberarse. Gruesas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.

Akasha, ¿pero qué…?

¡No vengas a hacerte el desentendido ahora, Hiashi Hyuga! Lo sabía, mi hermana me lo advirtió, pero no quise hacerle caso. Debí suponer que algo como esto sucedería, pero fue una estúpida – Hiashi seguía sin comprender la situación – Dijiste que me amabas, ¡dijiste que me amabas, maldita sea! – su cuerpo se sacudía por el llanto – ¿Por qué Hiashi? ¿Por qué jugaste conmigo de esa manera? ¿Por qué tenías que mentirme, diciéndome que también me amabas?

Amor, jamás te mentiría, te amo con locura, lo sabes – ella negó con la cabeza – Akasha, te amo, tienes que creerme.

Oh Hiashi – ocultó su lloroso rostro en el pecho del castaño – ¿Por qué tuvo que pasar esto? Sé que es una bendición, pero ahora ha caído sobre mí también una maldición.

¿De qué estás hablando?

Estoy embarazada, Hiashi – dijo ella, apartándose de él. Hiashi abrió los ojos como platos, aflojando el agarre en las muñecas de la chica.

P-Pero, ¡eso es maravilloso, Akasha! ¡Voy a ser padre!

Claro que es maravilloso, ser madre es una bendición. El sólo saber que llevó el fruto de nuestro amor en mi vientre, me hace inmensamente feliz. Pero…

No me digas que… – Hiashi finalmente comprendía la reacción de Akasha.

Hiashi, mi familia y yo somos de origen humilde, no tenemos mucho dinero, pero nos tenemos los unos a los otros, como descendientes de una familia samurái, tenemos nuestro orgullo. Pero parece ser que la familia Hyuga piensa que puede comprarlo todo con dinero – respiró profundamente antes de continuar.

Vamos al auto.

Los jóvenes entraron al auto, Hiashi condujo hasta llegar a un alejado bosque donde no había nadie. Salieron y se sentaron sobre la parte delantera del vehículo.

Hace un par de días, tu padre vino a hacernos una proposición – continuó ella – "¿Cuánto quieren por marcharse de esta ciudad y alejarse de nuestra familia", dijo. Ofreció comprarnos una casa en cualquier lugar del mundo, lejos de Kioto, lejos de los Hyuga. Dijo que nos daría todas las comodidades necesarias, que nunca más tendríamos que trabajar para poder vivir, porque él velaría por nuestras necesidades – Hiashi escuchaba atónito el relato de la mujer – Pero eso no es lo peor, no, porque… porque él, me pidió que abortara. Dijo "los Hyuga no necesitamos un hijo bastardo, nacido de una mujer pobre como tú, deshazte de esa deshonra, aborta", continuó, "no mereces a mi hijo, el tenerte a su lado sólo manchará el honor de nuestra familia y eso es algo que no puedo permitir".

Akasha…

¡No voy a hacerlo, Hiashi! ¡No voy a abortar! ¡Y tampoco voy a huir de la ciudad donde nací! ¡Pero tengo miedo! – Hiashi la apretó contra su pecho, mientras ella lloraba con más fuerza – ¡Maldición, tengo miedo! Miedo de que tu padre lastime a mis padres, a mi hermana, ¡a mi bebé! No me importa lo que pueda sucederme a mí, pero mi familia…

Pasó un largo rato para que Akasha se calmara y dejara de llorar. Sus ojos hinchados y rojos se encontraron con la mirada llena de dolor de Hiashi, que se sentía confundido a más no poder. Se sentía atrapado en un laberinto, en una pesadilla y no tenía idea de cómo saldría de esa. Lo único que pudo hacer fue llevar a Akasha directo a su casa y luego regresar con su padre.

Una semana después, Hiashi y Hitomi Hyuga habían contraído matrimonio. La unión se celebró por todo lo alto, y la ceremonia incluso fue transmitida por televisión. Akasha se había sentado a mirarla y gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas cuando los veía darse su primer beso como esposos. En ese momento, la puerta de su habitación se abrió y Akuha entró, abrazando con fuerza a su hermana.

No llores por un hombre que no vale la pena, hermana.

Akasha se abrazó con fuerza a su hermana, gritando desesperadamente, tratando de dejar salir un poco de todo ese dolor que la estaba matando lentamente. Akuha maldijo a Hiashi y a toda su familia, maldijo el día en que ese bastardo había puesto sus ojos en su querida hermana.

Faltaban sólo un par de semanas para que Akuha partiera a Alemania, cuando Hiashi se presentó en casa de la familia Ikeda. Akasha estaba sola en casa, practicando para su examen de graduación, cuando el hombre llamó a la puerta. En cuanto lo vio se arrojó a sus brazos y lo besó con pasión. Hiashi se abrazó a ella y la dejó caer en el sofá. Hicieron el amor como desesperados, pero la expresión de dolor no desaparecía del rostro de Akasha.

Te juro que no he tocado a mi esposa. Es una gran mujer, pero no puedo, no mientras pienso en ti con cada beso que comparto con ella, con cada caricia que ella reclama. Te amo, Akasha y jamás podré amar a nadie más. Es por eso que he tomado una decisión.

¿Decisión? – preguntó la mujer, mientras se colocaba la ropa de nuevo. Hiashi le extendió un folleto, con imágenes de una hermosa propiedad localizada en – ¿Kyushu? ¿Vas a mudarte a Kyushu? – preguntó, abatida.

Tú y tu familia van a mudarse a Kyushu – Akasha frunció el ceño y se puso de pie.

Creí haberte dicho muy claramente que…

Lo sé, Akasha, pero no lo veas como compasión. ¡Estoy preocupado por ti! – ella le dio la espalda – Akasha, escúchame, temo por tu seguridad, por esa bebé que estás esperando – ella se volteó – Mi padre es un maldito desgraciado que es capaz de hacer lo que sea con tal de separarme de ti. Lo amenacé con renunciar a mis responsabilidades de heredero si se atrevía a tocarlos a ti o a tu familia, así que convenimos lo siguiente: podré seguirte viendo a ti y a nuestro bebé, siempre y cuando abandonen esta ciudad. No les faltará nada, pues yo mismo me haré cargo de eso, mi hija nacerá en el mejor hospital de Kyushu, crecerá como una Hyuga, pero…

Jamás podrás reconocerla ante tu familia como hija tuya.

Akasha, entiende que…

¡Lo sé! No tienes que repetírmelo, Hiashi – replicó ella, enfadad – Y estoy dispuesta a renunciar a mi honor con tal de que mi hija y mi familia estén seguros, además mi padre ha conseguido un trabajo como columnista en un periódico en Fukuoka, así que…

Hiashi volvió a besarla antes de partir, dejándole estas palabras:

Te amo, Akasha, nada ni nadie podrán hacer que deje de amarte.

Nueve meses habían pasado y Akasha había entrado en labor de parto. Como había prometido Hiashi, Hinata – nombre que Akasha le dio a su pequeña – nació en el mejor hospital de Kyushu, donde fueron atendidas como reinas. Hinata creció en un ambiente lleno de amor, sus abuelos no cabían de la felicidad al tener a su nieta con ellos y Akuha los visitaba de vez en cuando, siempre que sus ensayos con la filarmónica se lo permitieran.

Hiashi viajaba a Kyushu todos los meses para visitar a su pequeña hija y a la mujer que le había robado el corazón. Aunque la familia de Akasha no lo aceptaba del todo, poco a poco fueron olvidando el resentimiento que tenían hacia él, al ver cómo se preocupaba por su hija, e incluso le había dado su apellido, pero no podían dejar que nadie se enterara. Hiashi pasaba una semana entera junto a su amada hija y a la mujer que amaba como nadie. Su excusa: viaje de negocios, y su esposa Hitomi, como buena mujer chapada a la antigua dentro de la familia Hyuga, no tenía derecho a dudar o cuestionar las acciones de su marido.

Pasó el tiempo y Hinata cumplió dos años. Era una niña hermosa, con su cabello azulado, liso, idéntico al de su madre y sus ojos color de luna, rasgo característico de los Hyuga. Pero entonces los problemas comenzaron para Hiashi. Las exigencias de un heredero aumentaban, pero Hiashi no se atrevía a tocar a su esposa. Simplemente no podía, no cuando amaba a Akasha, pero su padre no estaba dispuesto a dejar que pasara más tiempo, pues ya tenía casi tres años de matrimonio y no tener un heredero era inaudito.

Así, Hayate le dio permiso a su hijo para irse a Kyushu y ver a Akasha una última vez, pues a su regreso tendría que finalmente hacer el amor con Hitomi y darle un heredero, y le prohibiría volver a Kyushu hasta que le diera un hijo a Hitomi, después de eso, vendrían todas las formalidades, las fiestas de la sociedad para anunciar el embarazo de Hitomi, por lo que no tendría demasiado tiempo para ir con Akasha.

Y las presiones comenzaron a pasarle factura. Hitomi le rogaba que la hiciera suya todos los días, sus clases de doctorado en la universidad, en la cual no estaba rindiendo como su padre esperaba de él, las fiesta de la alta sociedad, las aburridas reuniones con ejecutivos de Konoha, compra de acciones, administración de los bienes de la familia, el estar lejos de su hija, el dolor en la voz de Akasha cuando cancelaba su visita, perderse el cumpleaños de su hija. ¡No podía soportarlo!

Luego de salir del trabajo, tomó el primer vuelo a Kyushu y llegó rápidamente a la casa de Akasha. La mujer recién había recostado a su hija. Estaba sola, pues sus padres habían viajado a Hokkaido y regresarían hasta bien entrada la noche. Hiashi entró con urgencia en la casa, cerró la puerta y besó a Akasha bruscamente. La condujo a la habitación de huéspedes para no despertar a Hinata y… le hizo el amor, o más bien tuvieron sexo, porque fue tan brusco que el cuerpo de Akasha quedó lastimado después del acto.

Hiashi, ¿qué te sucede? No pareces tú hoy.

El hombre se puso súbitamente de pie y comenzó a caminar en círculos en la habitación. Su varonil rostro estaba deformado con una extraña locura dibujándose en él. Akasha, asustada, se envolvió en la sábana y se acercó a su amante, colocando una mano en su hombro.

Hiashi…

Estudio, negocios, matrimonio, familia, paternidad, pureza de sangre, ¿entiendes lo que significa eso? ¿Sabes qué tipo de carga estoy llevando? – dijo – No, claro que no lo sabes, sólo eres una humilde mujer que nació en una familia normal, sin las presiones de la sociedad, ¡qué podrías entender! – la tomó de los hombros y empezó a zarandearla.

Hiashi, me lastimas – en ese momento, Hinata comenzó a llorar – Deja que vaya a ver a la niña.

Déjala que llore, le hará bien, tú escúchame, mujer. ¡Estoy harto de todo! ¡Harto de esta vida! – hizo una pausa y sacó un objeto de su bolsillo – Es por eso que voy a comenzar a eliminar todo aquello que me lastime, que me haga daño.

Hiashi, ¿qué haces? – replicó una asustada Akasha – Baja esa cuchilla, Hiashi. Es peligro, puedes last…

– … empezando contigo, maldita perra.

Akasha chilló de dolor, cuando sintió que el filo de la cuchilla se clavaba en su corazón. Hinata comenzó a llorar con más fuerza, mientras Akasha trataba en vano de hacer que el hombre se alejara de ella, pero con la gran cantidad de sangre que había perdido, le era imposible. Tan sólo podía ver, impotente, como aquella arma se clavaba más en su pecho. Hiashi dejó caer el cuerpo inerte de la mujer en la cama y volvió a atravesarle el pecho. Ella escupió sangre, mientras las lágrimas se deslizaban silenciosas por sus mejillas.

Antes de cerrar los ojos para siempre, Akasha vio todos aquellos hermosos momentos que pasó junto al hombre que amaba pasar ante sus ojos y dejándole saber sus pensamientos, aquellos que él conocía de sobra, pero ella no se cansaba de repetirle.

"Te Amo".

Hiashi pasó despertar de su pesadilla, porque parpadeó, confundido, contemplando con mirada perdida la sangre de sus manos, del piso, en el cuerpo de…

¡Akasha! ¡Akasha! – Hiashi gritó como una bestia herida, al ver lo que acababa de hacer. Se arrojó al cuerpo de la mujer que amaba, llamándola, besándola, tratando en vano de aferrarse a ella.

La puerta de la habitación de huéspedes se abrió de golpe y Hiashi escuchó el grito desesperado de los padres de Akasha. Se volteó, ensangrentado y el padre de la chica se abalanzó sobre él, con rostro encolerizado. Ayumi le gritó que se detuviera, pero un par de disparos acalló la voz de la mujer, al tiempo que un par de cuerpos se desplomaba en el suelo.

Dos hombres vestidos de traje negro y lentes oscuros se adentraron en la habitación. Hiashi yacía sentado a un lado de la cama, con la mirada perdida, mirando sus manos manchadas con la sangre de su gran amor.

Señor Hyuga, todo estará bien, su hija está a salvo, ahora tenemos que salir de aquí.

Hiashi vio que uno de los hombres cargaba en brazos a la pequeña Hinata que había dejado de llorar. El otro sujeto lo levantó del suelo y lo ayudó a avanzar. Hiashi miró hacia atrás, los cuerpos de su amada y sus padres y unas gruesas lágrimas se deslizaron por sus mejillas manchadas de carmesí.

Así acabó aquella fatídica visita a la familia Ikeda, que cobró tres víctimas inocentes, todo con el objetivo de "preservar el honor de la familia Hyuga".

Hiashi regresó a Kioto con su hija, la cual Hitomi adoptó como suya, llenándola de atenciones y amor. Hitomi, sin enterarse de la verdad, la amaba como si fuera si hija. La versión que dieron a conocer a la señora Hyuga fue que un grupo de ladrones habían asesinado cruelmente a la familia y que sólo había logrado salvarse la pequeña, gracias a la intervención de Hiashi. Hitomi ni siquiera le reprochó a su esposo que tuviera una hija fuera del matrimonio, pues sabía que él en realidad amaba a la madre de aquella niña. Así, como buena mujer, lo acompañó en su dolor.

Cuando Hinata cumplió cuatro años, fue presentaba oficialmente a la sociedad. Todos estaban atónitos, pues nunca habían visto a Hitomi embarazada, pero como la mujer no salía mucho y todo ese tipo de asuntos se mantenían siempre dentro de la familia hasta que se considerara el momento correcto de hacerlos públicos, nadie dudó de la versión de Hayate: Hinata era la hija de Hitomi y Hiashi. Aunque todos se preguntaban de dónde había sacado la niña aquel hermoso cabello azulado y aquel tremendo talento para el piano.

Así, un año después, nació Hanabi, la "segunda hija" del matrimonio Hyuga.

En Berlín, Alemania, Akuha Ikeda acababa de darse cuenta de que lo había perdido todo.

End Flashback

Hinata se arrojó a los brazos de su tía en cuanto terminó de escuchar aquella trágica verdad. No tenía palabras para describir la forma en que se sentía en ese momento y Akuha no hizo más que abrazar a su adorada sobrina, esperando que se calmara y comenzara a bombardearla con preguntas. Akuha se prometió a sí misma que permanecería a su lado, sin importar lo que la chica decidiera luego de enterarse de la verdad detrás de la muerte de Akasha Ikeda. Si Hinata quería venganza, ella la ayudaría en todo lo que pidiera. Y es que, muy en su interior, Akuha ansiaba vengarse de las personas que habían destruido a su familia.

I & S

Ino acababa de darse cuenta de varias cosas en aquella semana que pasó confinada a la mansión de campo de la familia Nara. La primera era que Shikamaru no había resultado ser el bastardo sin sentimientos que ella pensaba. La segunda… que el muy idiota estaba enamorado de ella en verdad, pero aún no encontraba la oportunidad de confesárselo sinceramente y su vía de escape eran esos insultos y formas crueles de tratarla.

Pero Ino sabía que tenía esperanzas. Y más aún con el regreso del mejor amigo de ambos, Choji Akimichi.

I & S

– No puedo creer que terminaras involucrada con uno de los agentes secretos de la familia Hyuga, tía Akuha – dijo Hinata, una vez se hubo calmado.

– Ya ves, de no ser por él, ninguna de las dos sabría esta terrible verdad. Dégel renunció a su trabajo justo después de la muerte de Akasha y nuestros padres, no pudo soportarlo y se marchó de regreso a Francia, donde continuó sus estudios en música. Me dijo que necesitaba el dinero para pagarse el conservatorio y por eso trabajaba con los Hyuga.

– Debió ser terrible para él presenciar tal masacre.

– Que de eso no te quede duda. Cuando llegó a la filarmónica era un desastre de persona. Muchos empezaban a dudar del director, por haberlo elegido, de entre tantos candidatos talentosos. Ahora Hinata, después de escuchar esto, quiero que sepas que te apoyaré en cualquier decisión que tomes, somos familia después de todo – sonrió.

– Mi meta es llegar a la cima – levantó el brazo hacia el cielo – y quiero que estés a mi lado para que disfrutes de la gloria conmigo. Porque pienso convertirme en la mujer más poderosa de Japón, quiero ser reconocida a nivel mundial como una de las mujeres más influyentes en los negocios – Akuha se sorprendió con su actitud, pero no pudo más que estar de acuerdo con su sobrina – Y he encontrado poderosos aliados para lograrlo. Y tú, tía Akuha, puedes contarte entre ellos.

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Fin del capítulo.

Demasiado extenso ese flashback, lo sé, pero es un aspecto clave de la historia, en el cual se salió mi lado demente, creo jajaja, pero espero que les haya gustado, porque me costó bastante estructurar este capítulo, en serio, fue toda una odisea, a pesar de tener la historia en mi cabeza.

Lo de Ino y Shikamaru quería ponerlo, pero me parece que se alejaría de lo que tenía pensado en un principio para este fic, así que más adelante publicaré un fic dedicado a ellos y que explicará toooodo lo que sucedió en esa semana. Igualmente habrá pequeños flashback en el transcurso de esta historia, pero no demasiado extensos.

Me disculpo por cualquier falta de ortografía, pero cuando pensé que el capítulo estaba listo, no terminó de convencerme y tuve que reescribirlo, pero ya me dio pereza revisar jajaja.

Espero que lo hayan disfrutado… Y espero esos reviews! Bye!