Holaaaa queridos lectores del mundo ardiendo… ok no xD lo digo por lo del YuixAyano 7u7 pero hoy estoy muy feliz de traerles este capítulo porque en verdad, me gustó mucho escribirlo. Ejem, además llegamos a más de 100 comentarios! Eso me alegra mucho en verdad, gracias por su apoyo. Antes de responder a algunas cuestiones, agradecerles a:
Caher1998, TMizuko, 3-Mike, Whitelink16, AaronVS3, AlexandraArcher, nadaoriginal, Australopithecus, Lucifer Von Seckendorff, Nat-kun kori, Australopithecus 02, Shikishima-san
Veo comentarios de personas nuevas en el fic :3 sean bienvenidos w
Ahora respondiendo algunas cuestiones:
-No me hubiera gustado ahondar una pelea entre Kyouko y Yui, creo que si hacía eso habría abandonado la esencia de Yuru Yuri; además nunca me ha agradado la idea de amigas peleándose por alguien más, pues habría hecho quedar a Ayano como una manzana de la discordia… y no me habría gustado eso.
-Kyouko no estaba trabajando en un doujin, sino en un manga original para una revista importante, por eso estaba más que sobre esforzándose en ello.
-Ya que en secundaria usaban la sala del club de té sin autorización, no creo que hubieran devuelto las llaves de éste al salir de la secundaria.
-Ni en el anime ni en el manga aparecen guardias en la entrada de la secundaria y de todas maneras, Ayano y Yui habrían estado usando los uniformes de la Preparatoria Nanamori, por lo que no creo que les hubieran impedido la entrada a la Secundaria Nanamori.
-Uso los sufijos de nombre "Kyouko-chan, Kyouko-san", blah blah xD incluso en la voz del narrador para darle más realismo al punto de vista de cada personaje y diferenciarlos mejor entre sí. Además, me parece un detalle importante al menos desde el punto de vista de Ayano.
Creo que con eso resuelvo algunos puntos, si tienen dudas, ya saben. Ahora por fin vamos al capítulo, saludos y feliz lectura :3
Capítulo 10 – Tú y yo
—Y-Yui-san — fue lo único que dijo Ayano cuando la susodicha abrió la puerta.
—Hola… — musitó.
Yui se quedó pasmada ante la sorpresiva imagen de la muchacha fuera de su departamento, hasta se sintió tentada a pedirle que le diera una bofetada o algo para despertar de ese sueño. Ayano siempre era tan bella, con esa mirada tierna y tímida, esa forma de vestir tan sencilla pero linda. El verde limón siempre le quedaba muy bien.
—Y-Yo, Chitose me dijo que necesitabas ayuda — alzó la pequeña mochila que llevaba consigo —. Con el manga de To… Kyouko-san.
—P-P… ¿eh? — Yui se escuchó a sí misma titubeando, pero reaccionó al darse cuenta de lo mal educada que estaba siendo. Se hizo a un lado apresuradamente y sonrió nerviosa —. Pasa, Ayano.
—Lamento la intromisión — dijo Ayano con mucho respeto.
Sin embargo, se quedó en la pequeña sección de entrada que aparentaba ser el vestíbulo, se notaba muy avergonzada.
—L-Lo siento — intentó —. C-Chitose me dijo que le habías dicho a Akaza-san que necesitabas ayuda hoy… c-con el manga de To… Kyouko-san.
—¿Eh? — Yui no entendía en lo absoluto, ella nunca le dijo nada a Chitose, de hecho llevaba casi dos semanas sin hablarle de forma personal.
La mención de Akari le dio una idea. ¿Acaso la chica pelirroja decidió jugarle aquella broma? No, ella no era ese tipo de persona. Un momento, ¿acaso quería ayudarle? Yui se sonrojó al instante ante aquella idea y solo evitó la mirada escudriñadora de la chica de cabello violeta, quien le veía con tal fijeza que sentía como si leyera sus pensamientos.
Ayano bajó un poco la mirada, hacia su cuello, a Yui se le hizo dificultoso el respirar, su corazón estaba dando latidos rápidos y casi sin ritmo. Una vez más, la chica gamer se preguntaba cómo y cuándo dejó que la tsundere entrara tanto en su cabeza y en su corazón. Se estaba volviendo idiota, tanto que podría hacer competencia con Kyouko.
—Yui-san… e-estás usando la cadena que te di — la muchacha posó una mano sobre su pecho y cogió la pequeña estrella, luego le soltó y frunció el ceño —. ¡N-No es que me importe ni nada!
—Es… — Yui se decidió a tener un poco más de valor —. E-Es mi amuleto de la suerte.
—¡¿Q-Qué dices?!
—Ayano, puedes dejar tus cosas aquí — la muchacha le sonrió con su habitual amabilidad y por fin le hizo entrar por completo a su departamento.
No podía decirle que ella nunca le dijo nada a Chitose, pues generaría una situación de incómoda confusión que haría sentir mal a Ayano y tal vez trataría de irse. Después de todo lo que había pasado, Yui ya no tenía vergüenza de decir que no quería que se fuera; le había extrañado tanto durante todos esos días, siempre pensando que ella tenía la culpa de lo que le había pasado a Kyouko. Pero Akari le abrió los ojos contándole la verdad. Ya podía al menos disfrutar el momento que tenía a solas con la tsundere.
—Sabes, Ayano — comenzó Yui, tratando de darse seguridad a sí misma, la muchacha solo alzó la vista —. Con Akari, decidimos a último momento que hoy descansaríamos del trabajo con el manga. Tal vez olvidó decírselo a Chitose.
—¿Eh? ¿Entonces Akaza-san no vendrá? — Ayano se alborotó, luego desvió la vista —. C-Creo que será mejor que me vaya, n-no quiero incomodarte.
—¡No! No me incomodas — Yui suspiró —. M-Me… t-tu compañía me gusta mucho.
—¡Kyaa! — la muchacha apretó los párpados, se cruzó de brazos y le dio la espalda —. ¿Qué estás diciendo? N-No es que me importe…
—¿Puedes quedarte?
—¡N-No tengo opción! — la vicepresidenta dejó su postura defensiva y volteó a mirarle con una sonrisa apenada —. ¿Te ayudo a preparar la cena?
—Ya sé, te prepararé pudín.
—E-Espera… ¡Funami Yui-san!
Yui se puso sus zapatos y se dirigió a la salida sin dudar ni un momento. Solo rió para sus adentros por la reacción de Ayano, quien fue detrás de ella pues "no le quedaba otra opción". Podía acostumbrarse a eso, solo debía armarse de valor para ser directa y no dar rodeos ante las cosas que quería hacer y que sabía que en el fondo la tsundere también deseaba.
El camino al supermercado ya no fue silencioso ni incómodo, Ayano decía juegos de palabras constantemente al mencionar todos los ingredientes que necesitaban para hacer el pudín y por primera vez, Yui reía sin desviar la mirada, pero sí tapándose el rostro y conteniéndose de hacer alguna escena divertida. De esa misma forma le respondía con otros puns aun más poderosos y también le sacaba lágrimas de risa a la tsundere.
Por un momento, olvidaron esos días en que no hablaban y mientras compraban lo necesario para la cena, Yui sintió como si ya fueran una pareja e incluso la encargada de la tienda les miró con curiosidad al ver lo bien que se entendían. Quién lo diría, solo bastaba dejar de avergonzarse por la gracia que le causaba la forma de hablar de Ayano, quien parecía aprovechar sus reacciones al máximo.
Salieron con las bolsas en la mano y Yui escuchaba con atención lo que Ayano le contaba, hablaba acerca de un experimento que intentó hacer su kouhai Oomuro-san poniendo una serpiente de peluche en la bolsa de Furutani-san, "quiero ver si sus pechos saltan hasta el techo por el susto", había dicho. ¿Qué diablos? Eso había terminado en tragedia, quien casi se estrellaba contra el techo de la sala del Consejo fue la misma Oomuro-san.
Ayano se veía tan linda cuando hablaba de cosas que le divertían. Aunque aun mantenía la voz suave, sus ojos brillaban de emoción mientras explicaba lo divertidas que eran las tardes en el Consejo desde que sus dos kouhais habían vuelto con ellas. Pero también recordaba con nostalgia a sus senpais de tercer año con quienes no pudieron compartir tanto como hubieran querido.
Antes de comenzar a cocinar, Ayano tomó la mano derecha de Yui y le revisó la herida que ya casi cicatrizaba. Le regañó al tiempo que le agradecía a Akaza-san (aunque no estuviera allí), que le hubiera atendido la lesión en los días en que ella no pudo hacerlo. Yui solo alzaba las cejas y entreabría la boca, sorprendida; diablos, estaba sonrojándose demasiado de solo pensar que Ayano parecía una esposa preocupada.
Un momento, ¡¿esposa?! ¡¿Cuándo la cosa se había tornado tan seria?! Ella aun seguía inútilmente sin poder decirle sobre sus sentimientos.
Yui puso todo su empeño en preparar el pudín más delicioso que Ayano hubiera probado jamás mientras ella preparaba la cena, le veía de rato en rato incluso con admiración por lo confiada que se notaba al mezclar los ingredientes. A las ocho de la noche, ya tenían un rico curry con arroz y pudín de postre. El plato principal sabía tan delicioso que Yui no reparó en servirse otra ración.
—¿Te gustó, Yui? — le preguntó Ayano con curiosidad, se cruzó de brazos —. N-No es que lo haya preparado así para ti o algo.
—Está en verdad delicioso — aseguró Yui saboreando el picante del curry que estaba en su punto.
—Esa forma de preparar me la ensañó mi mamá — sonrió la tsundere.
Al instante, la mirada de Ayano se ensombreció, luego bajó la cabeza.
—¿Qué sucede? — Yui alzó las cejas, preocupada.
—E-Es… no he dejado de hablar… lo siento — miró a un costado.
—E-Emm… — la muchacha arrugó las cejas y también desvió la mirada.
—E-Es… — Ayano dio un largo suspiro sin verle a la cara—. Pensé que e-estabas molesta c-conmigo — titubeó.
Yui se dio cuenta que la muchacha no diría más que eso, pero era suficiente para entenderle. Ella se referiría a la forma en que le estuvo evitando durante todos esos días. ¿Sería posible eso? La chica fuerte, confiable y "genial" que le gustaba a Ayano, ¿era ella? Sonaba tan hermoso y a la vez utópico, tanto que su corazón daba saltitos de solo pensarlo. Si la vicepresidenta realmente sentía algo por ella, entonces Yui le habría lastimado huyendo de ella de esa manera. Habría pensado de nuevo que le odiaba o algo parecido.
—Me saturé con el manga de Kyouko — intentó explicar, pero la muchacha no parecía animarse.
Yui frunció el ceño y a pesar de que moría de los nervios, se llenó de valor una vez más en esa noche. Se acercó a Ayano e hizo un esfuerzo sobrenatural para ignorar el temblor en sus brazos; se arrodilló a su lado y rodeó los hombros de ella con suavidad.
—¡Kyaa! ¡¿Qué haces, Yui?! — a pesar del grito al cielo que pegó Ayano, no intentó separarse.
Yui cerró los ojos, apoyó su quijada en la cabeza de Ayano y le acarició un brazo con cuidado. ¡Demonios! ¡Qué calidez! ¡Qué emoción! ¡Su corazón ya se habría salido de su pecho si no hubiera sido fisiológicamente imposible! Disfrutó del momento, aquello se sentía hermoso, se sentía increíble, casi irreal. Se sintió morir y revivir en una milésima de segundo cuando se dio cuenta de que la tsundere se apoyaba contra su pecho aun a pesar de que su rostro estaba rojo como un tomate, pero poco a poco volvía a la normalidad.
¿Entonces sí era posible? Yui era la persona fuerte, confiable y genial que le gustaba a Ayano. ¿Cómo fue que la tsundere fue a fijarse en alguien como ella?
Yui abrió los párpados, su corazón latía a mil por minuto y una de sus manos se aventuró a acariciar la mejilla de la muchacha con mucha delicadeza, pero muy segura.
Vio que Ayano aun no comía el postre, tal vez se lo daría después…
Ayano levantó la mirada, Yui le miró a los ojos y pudo notar que brillaban mucho, demasiado tal vez.
Akari solía emitir un aura brillante cuando decía cosas demasiado tiernas para alguien de su edad…
La distancia entre ellas se redujo tan solo un centímetro y el resto del mundo dejó de existir de un momento a otro, solo sentía la conexión que había entre ellas. Ayano cerró los párpados y entreabrió los labios. Yui se sintió poseída por alguna fuerza que aun desconocía y que en ese momento ni le interesaba averiguar qué demonios era.
Adrenalina… oh, claro…
Con el corazón latiendo a mil por segundo, Yui por fin cerró los ojos y pegó sus labios a los de Ayano y aunque sintió en sus brazos cómo el cuerpo de la muchacha se agitaba apenas, no le soltó. No quería soltarle nunca y no quería que ese momento acabara jamás. Era dulce, era suave, era indescriptible. Por poco caía desmayada cuando los brazos de la chica tsundere se aferraban a la espalda de su playera, arrugándola apenas.
En ese breve momento, Yui supo que ya no tenía salvación. Si antes al menos tenía la certeza de que olvidaría a Ayano con el paso del tiempo hasta que llegara el verano, ahora se sabía presa de sus encantos. Pero no se arrepentía de nada, aquél era su primer beso y se lo dio a la persona que admiraba y que le gustaba por todo lo que era…
Sin embargo, pronto sintió que las manos de Ayano tiraban de su playera con fuerza y rompía el beso bruscamente. Yui aun se sentía en las nubes, por lo que solo alzó las cejas al tiempo en que se daba cuenta de que sus mejillas estaban muy calientes; estaría sonrojada. Se llevó una mano a la boca, pero pronto, los rápidos movimientos de la tsundere le hicieron volver a la realidad. La susodicha se puso de pie a toda velocidad y parecía tener lágrimas en los ojos… un momento, ¿qué?
—Y-yo, perdóname, Funami-san — se llevó ambas manos a la cabeza y habló muy rápido, casi atropellando las palabras, respiraba de forma entrecortada —. S-solo me aproveché de tu amabilidad y-yo — alzó su mochila del suelo —. L-lo siento… d-debes odiarme…
—Esp-
—No es que me importe realmente — se colgó la mochila y casi salía huyendo del departamento de Yui.
La chica gamer se quedó allí de rodillas, perpleja, aun mirando la puerta.
¡No podía ser cierto! ¡¿Qué demonios acababa de hacer?! Ayano bajaba las gradas a toda velocidad y con lágrimas en los ojos, su corazón retumbaba tan fuerte que tenía la sensación de que podía oírlo mientras golpeaba su pecho a toda velocidad. No esperó al ascensor siquiera, debía escapar de ese lugar. ¿Cómo se le ocurrió besar a Yui-san? ¿Qué rayos pasaba por su cabeza? ¡Ahora ella debía odiarle! ¡De seguro pensaba que se había aprovechado de su hospitalidad!
"¡Sugiura Ayano, eres una tonta!", se gritó a sí misma apretando los párpados y corriendo calle abajo hacia la estación. Llamó la atención de varios transeúntes, pero ya era imposible que su vergüenza fuera mayor. Estaba aterrada y no tenía idea de cómo enfrentaría aquello cuando volviera a ver a Yui-san. ¿Cómo pudo ponerse en evidencia de esa forma? Ya había sido suficiente con que To… Kyouko-san se hubiera dado cuenta quién le gustaba… ¿y ahora arruinarlo así? ¿Después de tantos días de no haber hablado casi nada?
Robó el primer beso de Yui-san.
Se sonrojó por completo mientras se tapaba la boca con una mano, también había sido el suyo y no podía dejar de repetir el momento en su mente. Eso era lo que más le desesperaba, que hubiera querido repetirlo. Pero de seguro Yui-san le odiaba.
¿Qué había hecho?
Llegó por fin a la estación jadeando sin control, la calle ya estaba un poco más vacía pues eran las nueve de la noche. Una chica de su edad andando por ahí a esas horas… ¡pero no era su culpa! Chitose le dijo que llevara todas las cosas necesarias para ayudar a Yui-san con el manga de To… Kyouko-san; TODA LA NOCHE. Se suponía que no debía regresar a su casa, pero definitivamente los planes habían cambiado y más aun porque su mejor amiga nunca se presentó y le dejó hacer semejante cosa.
Sí, Chitose tenía la culpa. Se llevó una mano a la frente desechando esa tonta conclusión, no estaba pensando con claridad y menos aun por la imagen mental que no abandonaba su cerebro. En esos momentos no era sincera respecto a lo que sentía, ni siquiera consigo misma; se odiaba por haber robado el beso de Yui-san. Pero en el fondo la emoción le invadía como una fiera a punto de devorar su ser. ¡Todo eso era tan complicado!
El tren llegó y Ayano se levantó del asiento de espera, sus brazos y piernas temblaban y aun respiraba agitada. Suspiró tratando de tranquilizarse y fue detrás de las pocas personas que se disponían a embarcar. De repente, alguien le sostuvo de la mano con firmeza.
Asustada, Ayano se dio la vuelta, pero su corazón dio un vuelco cuando se encontró con el rostro de Yui-san. Aspiró rápido.
—Espera… Ayano — le dijo Yui-san, tenía el rostro agachado y jadeaba, habría corrido todo el camino hasta allí.
—Y-Yui…
Vio que con la mano libre y de entre los pliegues de su playera, Yui-san sacaba el pequeño collar que ella misma le había regalado. Giró la pequeña estrella entre sus dedos al menos tres veces. Detrás de ellas, las puertas automáticas del tren se cerraron y éste comenzó a acelerar para irse del lugar.
—Perdóname — musitó Yui-san con la voz entristecida —. Yo fui quien te besó.
—¡N-No! Fue mi culpa…
—¿Cómo podría serlo? — Yui-san le miró con un cierto semblante de angustia —. No es tu culpa el que… me… — tomó aire y vio a otro lado, pero sonrió con tranquilidad —. Me haya enamorado de ti.
—¿Eh? — el rostro de Ayano retrocedió involuntariamente en una reacción de sorpresa.
Esa simple frase llenó su corazón de una calidez inmensurable y se sintió saltando de alegría por dentro, pero frunció el ceño y negó con la cabeza; incrédula. Una chica tan linda como Yui-san no podía haberse enamorado de ella…
—¡¿Q-Qué estás diciendo?! — pero sabía que el rubor ya cubría sus mejillas casi por completo. Se cruzó de brazos, soltándose del agarre de Yui-san —. ¡N-No voy a creer eso!
—Es la verdad — la muchacha apretó los labios mientras sus mejillas se sonrojaban. Resopló y le vio con esos ojos seguros y esa expresión fuerte que tanto le gustaba —. Eres una persona admirable, fuerte, responsable, amable y sobre todo… hermosa. Las veces que no puedes ser honesta con lo que sientes, para mí son tan tiernas y dulces.
—Y-Yui…
—Nunca mentiría sobre lo que siento, nunca antes me había enamorado.
Yui-san le miraba fijamente, sin titubear siquiera; se notaba muy decidida. Esa era la parte de ella que le había enamorado, a pesar de la presión… siempre se mantenía tan segura y fire con lo que quería. Ayano no sabía qué decir, pero debía aceptar que se sentía como en un sueño; por un momento, toda esa época triste que pasó a causa del rechazo indirecto de Kyouko-san; desapareció por completo. Contra todo pronóstico y a pesar de su propia inseguridad, la persona que le gustaba sí correspondía sus sentimientos.
—Ayano — Yui de nuevo tomó la pequeña estrella de su collar y la giró entre sus dedos una vez más pero sin dejar de mirarle —. ¿Te gustaría, ser mi…?
Pero Ayano le calló con un beso dulce en los labios. Un beso que parecía eterno y a la vez tan corto. Un beso que Yui le correspondió al instante. Un beso que una vez más, Ayano interrumpió empujándole los hombros con ambas manos.
Tenía una sonrisa de oreja a oreja y sabía que sus ojos estarían brillando sobre sus sonrojadas mejillas. Sin desdibujar la expresión de sus labios, frunció el ceño, se cruzó de brazos, cerró los ojos y se mostró superior ante la mirada sorprendida de Yui. Pasó por su lado encaminándose a la salida de la estación, sabiendo que la muchacha le observaba aun desconcertada, pero comenzando a esbozar una ligera sonrisa.
—No creas que volveré a hacerlo — le dijo con victorioso orgullo —. Esta vez no tenía otra opción.
—¿Debería sentirme afortunada? — Yui se acercó a ella y le vio con sus graciosos ojos vacíos.
Intercambiaron miradas por un instante, Yui miró a otro lado con una sonrisa genial y una mano sobre la cintura, mientras Ayano tapaba una tierna risilla con una mano cerrada sobre su quijada.
Regresaron al departamento de Yui y aunque Ayano quiso resistirse, al final no pudo decirle que no a la siempre tranquila sonrisa de Yui que le ofrecía un bocado de pudín de su cucharilla. Aunque pasaron el rato en silencio, Ayano sentía la mirada de la muchacha sobre ella y eso le ponía nerviosa. Estaba feliz, emocionada, ansiosa. No sabía cómo se sentía, pero no era para nada desagradable.
Nunca creyó que pasaría algo así entre ellas, en secundaria habría sido casi imposible porque no tenían idea de lo bien que podían llevarse si dejaban de ser reservadas la una con la otra. Sin embargo, los años y las situaciones se encargaron de acercarles y ahí estaban. Ayano no se lo había dicho, pero estaba enamorada de Yui y podía tener la certeza de que ella correspondía sus sentimientos pues se lo dijo con tanta confianza y firmeza; que le hizo sentir segura…
¡Aun así no se lo dejaría tan fácil! Era la vicepresidenta del Consejo de Estudiantes después de todo.
Eran las nueve y treinta de la noche y ambas se sentaron frente a la televisión en silencio, en algún dorama que se estuviera transmitiendo. Ayano estaba feliz, pero muy avergonzada, creía haber sido maleducada con Yui; no podía ser sincera con sus sentimientos y terminaba siendo algo brusca por tratar de fingir. Sabía que de cierta forma, ya no tenía por qué "fingir", pero era su naturaleza.
—Ayano… — la de pelo violeta se estremeció al escuchar el llamado de Yui.
—¿S-Sí?
Se volteó hacia ella y solo se encontró con su rostro de perfil, viendo fijamente la televisión. Se transmitía una telenovela en la que la protagonista corría desesperadamente para alcanzar a su amor que estaba punto de irse a otro país. A Ayano le gustaban los shows románticos, pero se notaba que Yui preferiría las películas de terror o acción.
—¿Quieres…? — comenzó, pero se detuvo de un momento a otro.
Giró la pequeña estrella del collar varias veces entre sus dedos, Ayano alzó las cejas al ver aquella acción por tercera vez. ¿Le daba seguridad?
—¿Sí, Y-Yui? — respondió la otra, algo insegura.
—Sal conmigo… — se giró hacia ella y le miró a los ojos, la de pelo violeta se sonrojó por completo.
—¡¿Q-Qué estás diciendo?! — con una fuertísima (pero agradable) presión en el pecho, le dio la espalda. "Vamos, debes ponerte retos de vez en cuando", se dijo a sí misma y apretó los párpados.
—M-Me refiero… — oyó la entrecortada voz de Yui —. A-A que s-seamos… p-pareja…
Ayano alzó las cejas al notar que la otra muchacha se estaba esforzando mucho por decirle lo que sentía mientras ella solo se la pasaba negándose. "Vamos, Sugiura Ayano, dile tus verdaderos sentimientos". ¡Kyaa! ¡Pero era difícil! Muy difícil en verdad.
—L-Lo siento, creo que me precipité…
—¡No! ¡No es eso! — se giró a toda velocidad y se encontró con el semblante entristecido de Yui, quien desvió la mirada con seriedad.
A pesar de lo ocurrido en la estación, no habían concretado nada en realidad, era muy probable que la chica gamer lo viera necesario para estar segura. Qué tierna. Los recuerdos de esos tristes meses llorando el que To… Kyouko-san le hubiera rechazado de manera indirecta ya solo eran distantes memorias de un pasado incierto; pasado borrado por una sola persona que estuvo ahí. Siempre. Ayano tomó aire, se decidió por fin y sonrió con esa dulzura que le caracterizaba; alzó la mano de Yui entre las suyas y le vio a los ojos.
—Saldré contigo — sonrió orgullosa cerrando los ojos y frunciendo el ceño —. No tengo otra opción.
—¡Uwa! ¿En serio? — qué linda se veía Yui cuando se alegraba por algo.
—Oh vamos, no vayas a dar brincos por la sala — se burló Ayano haciendo un ademán con la mano.
—¡Ah! ¡¿Todavía lo recuerdas?! — la expresión de horror de su… ¿novia? (¡kyaa!) le hizo reír.
—Juju — puso ambas manos en la cintura con un porte victorioso —. Nunca lo podría olvidar, calamar.
—¡Pjoo!
Se quedaron un rato más viendo la televisión y a momentos, Yui y Ayano intercambiaban accidentalmente miradas y solo las desviaban de nuevo. Sin embargo, a diferencia de antes, el silencio no era incómodo; era más bien agradable. Cuando apartaban la vista no ponían expresiones tensas y serias, sino suaves sonrisas.
Durante uno de esos intercambios de complicidad, Ayano sintió la mano de Yui apoyándose sobre la suya. A pesar de que el primer impulso de la vicepresidenta fue apartarla por vergüenza, solo se quedó ahí a disfrutar el momento. Ser sincera con sus sentimientos sí que costaba, pero tenía la esperanza de que pronto dominaría el miedo.
A las diez y treinta de la noche, se dispusieron a armar los futones para dormir, pues Yui comenzaba a caer de sueño. Era evidente que no había dormido bien en los últimos días. La de pelo violeta fue al baño a ponerse un pijama color verde limón que usaba de vez en cuando y cuando salió, la otra ya estaba lista para apagar la luz.
Cada una se acostó en un futón y se quedaron viendo al techo por lo que parecieron ser horas, Ayano escuchó el movimiento de los cobertores del lado de Yui. La curiosidad le invadió y se volteó a mirarle, se dio cuenta de que ella se había volteado de costado y le observaba con fijeza. Sus labios esbozaron una tímida sonrisa, Ayano no pudo evitar sonrojarse al tiempo en que su corazón latía más rápido que de costumbre.
—Ayano...
—¡¿Je?! — se exaltó la susodicha, moría y revivía al mismo tiempo cada vez que Yui le llamaba por su nombre. Trató de calmarse —. ¿Qué sucede, Yui?
—¿Puedo acostarme a tu lado?
Pero más que una petición, aquello había sido una afirmación. Pues tan pronto terminó la pregunta y sin esperar respuesta alguna, Yui salía de su futón, levantaba apenas los cobertores de Ayano y se echaba a un lado suyo. La respiración de la vicepresidenta se agitó y su primera acción reflejo fue cubrirse el rostro con el cobertor, pero podía sentir el hombro de su… ¿novia? (¡kyaa!) pegado al suyo.
—¡N-No tengo opción! — intentó.
—No la tienes — Yui le sonrió con dulzura y le abrazó con cuidado.
Ayano se acurrucó en su regazo y por primera vez, se sintió segura.
Continuará…
