Disclaimer: solo la historia me pertenece, los personajes y Crepúsculo le pertenecen a Stephenie Meyer.
Gracias a Shaolyn Cullen por pre-leer esto para mí.
BORN TO BE WILD
Capítulo 10 – Egipto
Octubre de 2012. Presente
— ¡Oh Dios mío, Edward! — Los únicos ruidos que se escuchaban en la habitación eran nuestros gemidos y respiraciones agitadas, y el zumbido del ventilador, necesario por la asfixiante temperatura.
Los dedos de mis pies se curvaron. Cerré los ojos y juro que vi estrellas mientras el orgasmo explotaba en mi interior y Edward llevaba sus manos a mis caderas, moviéndome sobre él antes de explotar también unos segundos más tarde.
Caí contra su pecho y él se apoyó contra el cabecero para sostenernos a los dos. Respiramos profundamente un momento, intentando recuperar el aliento. Cuando nuestras respiraciones se calmaron y me sentí más relajada, giré la cabeza a un lado, todavía a horcajadas sobre él, y miré por el ventanal abierto.
— Voy a echar esto de menos, — dije. Desde la altura de nuestra habitación, teníamos la ciudad de El Cairo a nuestros pies, con las luces brillando en la oscuridad de la noche.
— Yo también, — dijo él, besándome la cabeza. — Voy a tener que acostumbrarme a no poderte hacer gritar a diario. — Rio. Le di un golpe en el pecho con el dorso de la mano. Rio más fuerte.
Un momento después me levanté de encima de él, cruzando la habitación para dirigirme al baño. Por el camino, me fijé en nuestras maletas ya apiladas junto a la puerta.
De los diez días que iba a durar nuestra luna de miel, habíamos pasado cinco días en El Cairo, visitando la ciudad y los museos, las pirámides y los templos funerarios, empapándonos de la cultura y la gastronomía… Los últimos cinco días habíamos estado en Luxor; el director de mi tesis consiguió que nos dejaran visitar unas excavaciones que se estaban realizando en el Valle de los Reyes.
Fueron a buscarnos en avioneta, nos dejaron dormir en el campamento, tuvimos acceso completo a las tumbas de los reyes y reinas del antiguo Egipto, y además nos llevaron un día a visitar los templos de Abu Simbel. Estaba haciendo mi tesis doctoral en el Egipto de la Dinastía XIX, así que aquello fue un paraíso para mí y adquirí conocimientos que me harían avanzar enormemente en mi investigación.
Pero no todo fue estudio. Edward y yo pudimos hacer el amor en el desierto, bajo los ojos vigilantes de los antiguos reyes y reinas del pasado…
Parecía sacado de una película… la tienda de campaña, de lona blanca… un pequeño colchón en una esquina… una lámpara de aceite… y la inmensidad del desierto frente a nosotros, bajo un cielo oscuro iluminado por una inmensidad de estrellas.
Decían que las temperaturas asfixiantes del desierto caían por la noche, pero yo sentía mi cuerpo arder mientras Edward se colocaba detrás de mí y me besaba el cuello. Me apartó el pelo y yo eché la cabeza atrás para darle mejor acceso.
— ¿Recuerdas lo que te dije de hacer el amor en el desierto? — preguntó y no pude resistirme a tomarme el pelo.
— ¿Quieres que empiece a rezar para que no venga una tormenta de arena?
Gruñó, empujándome para tumbarme sobre la cama y colocándose a horcajadas sobre mí, con cuidado de no aplastarme bajo su peso. — No sé si necesitarás rezar, — dijo. — Pero sí que estoy seguro de que voy a hacerte entrar en éxtasis.
— ¿Voy a ver ángeles? — pregunté.
— Y estrellas… puede que hasta veas a alguno de tus antiguos reyes.
Lo que siguió fue una de las experiencias más intensas de mi vida aunque, ¿qué experiencia con Edward no lo era?
No se tomó su tiempo para desnudarme, pero sí para recorrer mi cuerpo con sus manos, con su boca… provocándome, controlando mi cuerpo como un experto cada vez que me hacía llegar al borde para luego apartarse y hacerme sentir un placer inimaginable cuando me volvía a tocar.
Cuando finalmente entró en mí, estaba tan excitada que exploté casi al instante y él gimió fuertemente cuando mis paredes se cerraron a su alrededor. Con las piernas alrededor de su cintura, hundí los talones en su trasero; mis uñas se clavaron en su espalda mientras él seguía moviéndose dentro de mí… embistiendo cada vez con más fuerza… cada vez más rápido.
Pronto, nuestros ahogados gemidos y nuestras respiraciones agitadas resonaron, no solo por la tienda, sino por el espacio abierto del desierto, olvidándonos de que no estábamos solos… perdidos en nuestro placer.
Fue algo realmente romántico; sin embargo, los oídos del equipo de excavación funcionaban mejor que los ojos de dichos reyes. Así que a la mañana siguiente hubo risitas, miradas nada disimuladas y los más valientes felicitaron a Edward con esas palmadas y sonrisas que decían: "Bien hecho. Eres todo un macho."
Dicen que las mujeres somos complicadas, pero nunca entendería esa necesidad que tenían los hombres de subirse el ego unos a otros.
Así que acabábamos de volver de Luxor a nuestro hotel de El Cairo y al día siguiente volvíamos a casa.
Por una parte, no quería abandonar la pequeña burbuja que nos habíamos creado, pero por otra… moría por ver a Will de nuevo, además de la excitación por empezar a buscar una casa y prepararlo todo para la llegada del bebé. Además estaban mis padres, quería saber si el paso que habían dado yendo a la boda podría llevar a algo más en el futuro…
— ¿Dónde has ido? — preguntó Edward en un susurro mientras sus brazos rodeaban lentamente mi cintura por detrás.
Sacudí la cabeza. — A ninguna parte, — susurré también antes de girarme en sus brazos y besarle.
Al igual que yo, no se había tapado antes de acercarse y sentí su erección crecer contra mi estómago.
— Deberíamos dormir un poco. Mañana tenemos que coger un avión, — le dije, mientras sus labios dejaban un camino de besos por mi cuello.
— Entonces ya dormiremos en el avión, — dijo contra mi piel. — Ahora vamos a aprovechar las últimas horas aquí, — terminó, antes de echarme sobre su hombro y caminar hacia el baño.
Solté una risita mientras él entraba y abría el grifo de la ducha. Nos tomamos nuestro tiempo lavándonos el uno al otro, explorando nuestros cuerpos y, como él había dicho, aprovechando las últimas horas que nos quedaban.
Y vaya si las aprovechamos…
Hasta aquí llegamos... ya solo queda el epílogo que, tal y como lo tengo pensado, va a ser algo más largo.
Espero que hayais disfrutado de la historia, habrá otras más escritas por mí.
Muchisimas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos. La fecha de actualización está en mi perfil.
-Bells, :)
