Capitulo 10

"Feeling my way through the darkness
Guided by a beating heart
I can't tell where the journey will end
But I know where to start
They tell me I'm too young to understand
They say I'm caught up in a dream
Well life will pass me by if I don't open up my eyes
Well that's fine by me "

Wake me up - Avicii


—¡Eres un puñetero asesino!— la voz estridente de Iwaizumi, claramente fría pero herida entró por mis oidos. Ni siquiera supe cómo reaccionar.

Me sentía paralizado, con la sangre helada ante las posibles consecuencias de un acto involuntario. ¿Acaso alguien iba a creerme si decía que todo había sido un accidente? ¿Era un accidente que hubiera tirado el cuerpo de Oikawa al mar? Estaba claro que había hecho aquello porque no tenía ni idea de cómo reaccionar, y había sido lo único que se me había ocurrido, huir, ocultar las pruebas, escapar… Desde luego no había sido la mejor idea.

Hajime me agarró del kimono con fuerza, agresivo y lleno de ira. Podía sentir todas aquellas emociones por el simple calor que desprendía su cuerpo, y sin embargo yo solo quería ponerme a llorar. Pero mi cuerpo estaba paralizado.

—¿Ni siquiera vas a defenderte? — preguntó empujándome y yo aparté con suavidad sus manos hacía otro lado. Mi pasividad me asqueaba, pero no sabía que otra cosa podía hacer ¿No había sido culpa de aquella pasividad que había muerto Oikawa? ¿No había sido aquella pasividad también la que me había destrozado la vida una vez tras otra?

—Yo no.. yo no lo he matado — dije con claridad. Y era cierto ¡joder! Era absolutamente cierto.

Me lanzó una mirada de asco, esperando alguna explicación pero yo no tenía ninguna, por lo que se hizo el silencio en unos instantes que parecieron décadas. Los pasos por el pasillo de aquella estancia rompieron la incomoda situación, con la sombra oscura plantarse frente a la puerta corredera. Ambos nos giramos a mirar el shoji abrirse y ver aparecer a Shirabu tras la puerta.

—Vas a disculparnos un momento — le dijo a Iwaizumi, mientras se acercaba a mi y tras agarrarme de la manga del kimono, igual que cuando eramos críos, me arrastró fuera de la habitación.

Su sonrisa espectral, manipuladora, que indicaba que iba como mil pasos por delante de mi me indicó que estaba en problemas. Sacó del interior de su traje la carta de mi prometida, tirándola al suelo frente a mi. Las hojas, esparcidas por el suelo y aquella foto de su cara redonda, con los ojos enormes y claros.

—Vas a renunciar a casarte con alguien tan ridículo ¿verdad? — dijo mordiendose levemente el labio inferior y dibujando una sonrisa de sorna en su cara—. Mirala, si con esa nariz tan grande no puede ser ni una mujer de verdad… Aunque quizá por eso te gusta ¿no?

Empezó a reírse. Y el bloqueo seguía en mi. Como si no me sintiera fatal ya de por sí, ahí estaba él para burlarse de mis propias aspiraciones.

—¿Eso es lo que quieres? ¿Que no me case y me quede contigo? — mi intención no era sonar con la chulería con la que llegó mi propio tono a mis oídos. Era posible que empezara a estar demasiado harto de todo. Él asintió mientras giraba la mano de un lado a otro, como diciendo "más o menos"—. Y ¿qué es lo que gano a cambio?

Ladeó su sonrisa. Otra reclamación de confianza ciega en él. Ni siquiera pensaba en aquel momento lo mucho que me estaba reclamando Shirabu, yo solo quería que todo fuera bien y simplemente aún no entiendo cómo podía confiar en alguien que claramente me había estado usando constantemente.

— Piensa que de lo que haga ahora, puedo revocar mis palabras y entonces estarás completamente perdido así que comprometete de una vez a no tener nada con esta patética dama — contestó esperando que yo le lanzara una aprobación. Ni siquiera estaba seguro de que lo hubiera hecho, pero él debió tomaraselo como tal. Le vi abrir el shoji de nuevo y mirar a Iwaizumi—. Tal como pensaba, Hajime-san, nos encontramos con un caso de posesión.

Asomé la cabeza, quedándome en el pasillo con la foto de aquella mujer rubia con la que había soñado con tener a mi lado. Y aunque solo hubiera sido una bana ilusión, perderla me dolía tanto como perder tantas otras cosas más tangibles.

—Cuéntale esa mierda a quien le interese— contestó Iwaizumi.

Era un tipo lógico, creía en lo que veía y no en todas aquellas mierdas de fantasmas que a mi siempre me habían hecho dudar. En cierto modo, y a pesar de la situación comprometida en la que me encontraba, admiraba a aquel hombre. Era recto, correcto y adecuado, sin creer en cuentos chinos ni tonterías. Realista y autentico. La muerte de Oikawa tenía que dolerle como a mí.

—Bueno, pero ya sabes que si vas al pueblo y cuentas sobre la muerte de Oikawa, serán a mi a quien crean y no a ti — añadió estirándose sobre el tatami—. Los monjes seguimos teniendo un plus de credibilidad a pesar de lo mucho que ha avanzado la puñetera sociedad desde que nos abrimos al exterior.

Creo que Shirabu esperaba firmemente que Iwaizumi cerrara la boca. Pero Iwaizumi no era como yo, él no se quedaba acojonado a un lado, lloriqueando y confuso. Le observé salir al pasillo y mirarme con asco.

—Esto no quedará así — me amenazó pasando de largo y dirigiéndose a la puerta de salida.

Yo miré a Shirabu compungido. No había hecho nada de nada y esperaba que ¿yo hiciera qué?

—No te preocupes — dijo señalando que me sentara a su lado. Ciertamente yo no quería, no entendía nada. Estaba molesto—. Vamos a pedir que nos traigan algo de comer, olvida a Hajime, está todo controlado.

Le ignoré y me largué hasta el jardín. Me senté nuevamente frente a la tumba de aquella mujer que no era mi madre pero yo recordaba claramente cono alguien que había cuidado verdaderamente de mi. Me sentía tan incomodo conmigo mismo que no sabía si era digno de estar allí sentado, como cuando era un crío. Todo se dibujaba en mi cabeza como un deja vu molesto.

Hacía un calor pegajoso, el sol brillaba de aquel modo picajoso que anunciaba posibles lluvias y una leve brisa le acompañaba. Sin saber cuándo en la linea del tiempo, perdido en pensamientos me quedé dormido allí mismo, lo cual no era raro tras dos días completos sin pegar ojo. Acurrucado sobre mi mismo, en posición fetal, abrí los ojos en un mundo diferente, donde una calma extraña me invadía.

Todo estaba en el mismo lugar. Todo parecía igual, pero era ligeramente diferente. Una bruma leve envolvía el claro del espacio entre la tumba, los arboles y el camino hacía la casa. Unas manos acariciaban mi pelo, eran suaves y delicadas. Una voz femenina tarareaba una melodía dulce y un olor acaramelado invadió mis fosas nasales.

Levanté la cabeza al notar aquellas manos apartando el pelo de mi cara, dejando mi frente completamente al descubierto. Me sentía como cuando era un niño pequeño.

—Pensaba que no ibas a despertar nunca — la cara ovalada de la que yo había creído mi madre me miraba con condescendencia. La examiné en silencio, con sus labios rosados, sonrientes y complacidos, aquellos ojos rasgados, de un color marrón oscuro casi negro. Era ella quien me hacía seguir estando en calma—. Sigues siendo un niño pequeño, Wakatoshi.

Intenté hablar, pero ella me colocó el dedo indice en los labios como signo de silencio. Tampoco sabía demasiado bien qué diablos decirle. No era mi madre, pero para mi lo era y todo resultaba tan confuso.

—-De todos los niños que podría haber elegido, tú eras el que estaba destinado a ser mi hijo así que no tienes que pensar en todas esas cosas que la gente te hace creer de las lineas de sangre — empezó a decir como si me leyera el pensamiento—. En esta vida y en todas las demás que te quedan por ver, Wakatoshi-kun, solo tú puedes elegir qué es lo que quieres y entonces debes moverte por conseguirlo. Yo no podía tener hijos propios, siempre nacían muertos así que te elegí a ti por algo ¿lo entiendes?

Asentí confuso. Realmente no entendía nada. Ella se rió cubriéndose la cara.

—No importa, porque tarde o temprano lo entenderás— añadió y besó mi frente con la ternura de antaño.

Parpadeé levemente, deseando ver su rostro una vez más pero al abrir los ojos allí ya no había nada. Había vuelto a mi mundo, donde unas nubes amenazantes de lluvia campaban a sus anchas por el cielo que hasta hacía unos instantes estaba despejado. La leve brisa era intensa y tras echar un vistazo a la tumba de mi madre, pensé en el sueño que acaba de tener. Quizá los fantasmas si existían, pero no eran malos como siempre nis habían hecho creer. Entré en casa. Tenía planes por hacer, porque en cierto modo algo si había entendido de lo que madre había mencionado.

NA: Esta historia iba en una dirección porque estaba dedicada a una persona, pero esa persona ya no está en mi vida y bueno, a mi no me acaba de gustar esa dirección, así que he decidido cambiar el final de esta historia en un final que a mi me gusta más. Si sois de los seres humanos a los que les conté por MP el final que iba a tener, bueno espero que lo leáis igual, y si no, pues bueno tampoco vais a notar la diferencia. Baiiii que tengáis una feliz semana. La mía lo es, me voy a disneyland. :D

PD: la canción no pega ni con cola tal vez, pero i got a feeling.