Comienza la introducción de los futuros sucesos cúlmines en ambas historias. Espero que les guste este capítulo, sobre todo por que será la transición al final. Tal como lo dice el título comienza la cuenta regresiva.


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Cuenta regresiva.


Ese día se habían levantado tarde y comieron bastante para variar. Estuvieron toda la mañana hablando de trivialidades. Ace le cambió las vendas a Sabo y Luffy pasó la mitad de la mañana viendo televisión, totalmente idiotizado por aquella caja mágica que según sus términos se trataba de un extraño aparato misterioso que tenía las propiedades de un Den Den Mushi transmisor. Pronto, los tres hermanos se sentaron juntos a ver la televisión, estaban viendo una comedia de la cual no se podía encontrar sentido alguno pero, Luffy reía desquiciadamente.

—Ya se acabó. – formuló Luffy, terminando de reír.

—¿Qué sigue en la programación? – preguntó Ace mientras se sentaba, había ido a la cocina para hacerse un sándwich.

—Aquí dice que… - Sabo estaba leyendo una guía de papel. —Es una telenovela. – alzó una ceja. —¿Cambiamos de canal?

—¿Ace, que es una telenovela? – preguntó inocentemente Luffy.

—Es una especia de… historia en donde hay mucho drama y esas cosas.

—¿Y las personas actúan de manera divertida?

—Bueno, más que comedia actúan como si el mundo se fuera a acabar.

—¿Ah sí? – sonrió abiertamente. —¡Tenemos que verla!

—¿Lo dices en serio? – Ace alzó ambas cejas no se esperaba eso.

—¡Sí, ya comenzó! – guardó silencio mientras daban una introducción.

Sabo estaba cerca de ellos, había tomado el teléfono y marcaba una y otra vez a Shirohige, necesitaba comunicarse con él. Frunció el ceño cuando por quinta vez el buzón de voz hizo su aparición. Miró casi con rencor el pequeño aparato, era muy extraño que su padre no le contestara; una vez lo comprendía, dos quizá también, pero más de tres… era simplemente inverosímil.

—¿Todo bien? – escuchó la voz de su hermano de misma edad y le miró aparentando no estar preocupado.

—Sí. – se acercó a ellos y se sentó en el largo sillón. —Entonces, ¿Qué veremos?

—Luffy quiere ver esto. – señaló el programa.

—¿Es enserio?

—Shhh. – Luffy los calló para comenzar a escuchar la historia.

La novela trataba acerca de una niña huérfana que había tenida que sobrevivir a expensas de la pobreza y el maltrato hasta ser una adulta. Estudiaba en la universidad y se mantenía duras penas. Un día había conocido a un joven encantador quien se convertiría en su amado, pero él era un hombre de alta sociedad y ella a penas una pobretona, la familia de aquel joven no les permitían estar juntos…

No supieron exactamente cuándo, pero los tres hermanos estaban totalmente pegados a la pantalla. Ace no había terminado su emparedado, Luffy tenía los ojos muy abiertos y una expresión de seriedad inusual en él, Sabo estaba con una mueca llena de admiración sus brazos estaban cruzados.

¡Por favor, debes olvidarme! – gritaba la chica mientras forcejeaba con su amado, en un intento por separarse de él.

¡Jamás te dejaré! – él la sujetaba con fuerza y la halaba hacia así, la cernía de la cintura y le abrazaba a su pecho. —Eres la persona más especial en el mundo para mí. Te amo y no dejaré que mi familia se interponga.

¡Tú y yo somos de mundos diferentes! – gimoteaba ella, aferrándose a su ropa.

¡¿Y eso que importa?! – gritó él desesperado.

Ace, Sabo y Luffy asintieron siguiéndole la corriente al actor.

¡Pero es que…! – y él la calló con un beso, le apretó contra él y le dejó sin aliento. Cuando la liberó la chica comenzaba a derramar lágrimas llenas de felicidad.

Nunca te vayas de mi lado… - le besaba de nuevo. —Nunca.

Jamás. – decía ella.

Entonces la novela terminó y los créditos comenzaron verse. Los hermanos se destensaron cuando se dieron cuenta que todo había terminado. Cuando la música se acabó se miraron los unos a los otros y carraspearon un poco apenados.

—Eso fue… Increíble.- Luffy les miró con lágrimas conmovidas.

—No puedo creer que tuvieran que sufrir tanto. – Sabo se sonó su nariz, totalmente sensible.

—Fue dramático… pero el final estuvo muy bien.- terminó de decir Ace, igualmente conmovido.

Entonces tocaron a la puerta y sin previo aviso Zoro entró a la casa. Se detuvo en seco cuando les vio totalmente sonrosados y con expresión atónitas.

—Amm, ¿Interrumpo algo? – dijo el muchacho de cabello verde, confundido.

—¡No, no! – los mayores negaron inmediatamente.

—¡Oh, Zoro! – Luffy se paró para saludarle.

—Hola. ¿Recuerdas que pasaría por ti?

—Sí, ¿Puedes espérame? Voy al baño. – corrió a tocador. Ace, Zoro y Sabo se miraron fijamente.

—¿Todo… va bien? – preguntó Zoro al ver sus expresiones.

—Claro que sí. – gruñó Ace y cambiaba de canal para ver lucha libre. —Ah, sí me fascinan estos programas de violencia. ¿Verdad, Sabo?

—Claro, a mí también. – se pudieron a verlos en silencio, con una gotita de sudor que brotaba de sus frentes.

Zoro simplemente alzó una ceja.

—¡Listo! – Luffy llegó a su lado contento.

—Bien, vamos. – los dos Mugiwaras salieron del departamento y al hacerlo inmediatamente Ace tomó la teleguía.

—Aquí dice que el siguiente capítulo es en cinco minutos.

—¡Cambia de canal! – dijo inmediatamente Sabo.

Y mientras los dos hermanos mayores de Luffy se conmovían por la historia de aquella desdichada mujer, el moreno menor caminaba alegremente por las calles de Tokio sin la mayor preocupación. Comenzaba a acostumbrarse a ese mundo, a pesar de tener poco tiempo. No le era complicado ya que tenía a sus hermanos y ahora sentía que estaban más unidos que nunca.

—Nami, Sanji y Usopp nos esperan en un restaurante que comida china que está cerca de un parque. – dijo Zoro. —Amm, me dieron un mapa. – lo mostró, estaba absolutamente lleno de indicaciones por parte de Nami e insulto por parte de Sanji.

—No tengo idea de dónde queda todo eso. – agregó Luffy, cruzándose de brazos.

—Será mejor que les llamemos. – sacó un teléfono celular.

—¿Qué es eso? – Luffy alzó una ceja.

—Es un teléfono. ¿No tienen de estos en tu mundo?

—Creo que… ¿Es como un Den Den Mushi? – preguntó interesado.

—No sé qué es eso, pero supongo que sí. – marcó el número de Nami.

¿Diga?

—Oye, Nami…

Ah, Zoro. – respondió la chica con una acostumbrada resignación.

—¿Por dónde queda…?

Sanji-kun va para allá. – suspiró. —Adiós. – le colgó.

—¡Oye, pedazo de idiota! – gritó Sanji desde lejos. Los dos le miraron llegar con malhumor.

—Ah, es el bueno para nada. – Zoro frunció el ceño.

—¡Sanji! – Luffy saludó animado.

—Hola, Luffy. – fue neutral con él. —¿Y tú, idiota?

—¿Qué quieres, pervertido? – se miraron con desafío.

—¡Arrgg! – gruñó el rubio. —Por tu culpa no pude pasar tiempo a solas con Nami-san. – señaló acusadoramente con el dedo.

—Nee, Sanji. – Luffy le llamó antes de que iniciaran una pelea.

—¿Qué pasa, Luffy?

—¿Vamos a ir a comer?

—Sí, tengo unos volantes de un restaurant de comida china. Es un bufett. – le mostró los papeles. —Será mejor que nos apresuramos, Usopp y Nami-swan esperan. – comenzaron a caminar en dirección al establecimiento.

Tomaron camiones y también el tren. Cuando finalmente llegaron al dichoso restaurante Luffy pudo observar la vista al mar y por tanto, no pudo evitar cierta nostalgia y necesidad de navegar. Había estado con sus hermanos y eso era oro molido, pero no cabía duda que todavía seguía siendo un pirata y por lo tanto adoraba estar ahí afuera, viviendo aventuras. Sonrió al pensar en sus nakamas de su mundo, les extrañaba en verdad.

—¡Luffy! – Zoro le llamó, pues estaba muy distraído. —Apresúrate.

—Claro. – se acercó a sus amigos.

—¿Ya estamos todos? – pregunto Usopp.

No. le hubiera gustado comentar a Luffy, pero era claro que no se encontraba en el lugar adecuado ni en el tiempo.

—Sí. – respondió Nami.

Los cinco entraron al restaurante y enseguida las fosas nasales de Luffy se abrieron captando todos los olores disponibles. No tardó en babear.

—¡Que rico huele! – gritó emocionado.

—Tomen una silla, iré a dejar los boletos especiales. – dijo Sanji.

—¡Nee, Sanji! ¡¿Ya puedo servirme?! – pidió Luffy desesperado.

—Eso creo.

—¡Perfecto! – y corrió a la barra de alimentos. Este sería un buen día después de todo.

Ya era hora de comer y Sabo y Ace estaban en la cocina preparando de comer. Después de un maratón completo de aquella novela se sentían muy hambrientos.

—No cabe duda, el mundo de las telenovelas es de lo más dramático. – argumentó Ace, mientras se sentaba a la mesa y comía del tazón de estofado que habían hecho.

—Tampoco había visto tal cosa. – dijo Sabo, recargándose en su silla y tomando un vaso con agua.

Entonces tocaron la puerta. El rubio se levantó y abrió; del otro lado, Jabra el mitómano y chismoso vecina del departamento contrario estaba ahí.

—¡Hola! – saludó con alegría.

—Hola. – susurró Sabo, mirándole extrañado.

—Me he enterado que eres el nuevo vecino. – le sonrió con complicidad.

—Amm, algo así. – admitió.

—Bien, bien. Quería saludarte y eso, como buen vecino que soy. – su sonrisa escandalosa volvió a emerger. —Y dime, ¿Cómo te llamas muchacho?

—Sa-

—Jabra-san. – Ace había llegado de sorpresa, interrumpiendo a Sabo.

—¡Ace-kun! – le estiró la mano, Ace le respondió con algo de rechazo. —Estaba platicando con tu…

—Que atento de su parte. – le habló educadamente. —Pero es la hora de la comida y me temo que nos ha interrumpido. – haló a Sabo de un hombro. —Adiós. – y comenzó a cerró la puerta.

—¡Ace, eso fue grosero! – regañó el rubio.

—Créeme, ese sujeto no trae nada bueno. En una ocasión inventó que Luffy y yo éramos… - carraspeó antes de decirlo. —Éramos pareja.

—¡¿En serio?! – no pudo contener la risa y se comenzó a reír contundentemente.

—No es gracioso. – gruñó Ace.

—¡Claro que sí! – alegó mientras se limpiaba las lágrimas de tanto reír.

—Cállate, Sabo. – le pegó levemente en la frente. —Vamos, la comida se enfría.

—Sí, ahora voy. – la curiosidad le gano y abrió la puerta una vez más para ver si aquel tipo no se encontraba espiando. Al no verlo ahí se encogió de hombros, pero antes de cerrar la puerta se fijó en un objeto que estaba en el suelo. Lo recogió con cuidado y se dio cuenta que se trataba de un periódico. Tragó saliva, al verlo sus ansias se dispararon de la nada y se sintió extrañamente desprotegido.

Abrió la primera plana…

Sus ojos se extendieron totalmente incrédulos.

—Sabo. – Ace le llamó, se estaba tardando más de lo debido. El chico apretó el papel en sus manos y se tragó un enorme nudo que le quemó la garganta. Miró desesperado el suelo y la puerta, tentando a salir de ahí y…

—¿Sabo? – la voz de Ace le regresó a la tierra. —¿Qué pasa? – se le acercó lentamente desde la espalda.

—Nada.- contestó.—Sólo, veía las noticias.

—¿Pasó algo?

—No. – mintió. Dejó el periódico en una mesita y se acercó a Ace. —¿Comemos o qué?

—Seguro. – los dos hermanos mayores se fueron a la mesa.

Comieron en silencio el humor de Sabo había cambiado por completo, estaba muy serio e incluso comía despacio.

—Sabo. – Ace le llamó.

—Ace. – el muchacho le encaró. —¿No tienes sueño?

—¿Sueño? – pensar en eso le hacía tener ataques de narcolepsia algunas veces. —Bueno. – comenzó a parpadear. —Ahora que lo dices… - ahí estaba la misma sensación. —¿Sabes es extraño que…? – y calló dormido sobre la mesa, roncando a sus anchas como siempre.

Sabo sonrió. Ese truco siempre funcionaba. Ace lo había olvidado pero cuando eran niños el rubio usaba ese truco para despertar su narcolepsia, era chistoso ver a Ace cayendo dormido de vez en cuando, en este caso, era una suerte que todavía funcionara. Se levantó cuidadosamente y miró con pesar a su hermano mientras babeaba sobre la mesa. Fue al cuarto de lavado y tomó la ropa con la que había llegado. Se cambió y colocó su sombrero. Miró el periódico una vez más.

Sabía lo que tenía que hacer.

—Perdóname, Ace.

—¡Geppo! – el vicealmirante Strawberry pareció volar por toda la habitación maltrecha. Robin se estremeció cuando sus brazos ya no pudieron alcanzarle y Chopper simplemente lo contempló. —¡Rankyaku! – comenzó a soltar patadas en gran cantidad y por cada una se desprendían corrientes cortantes de aire.

—¡Robin! – Chopper saltó sobre ella para protegerla. —¡Guard Point! – la enorme masa de pelo y cuerpo se extendió de una manera sobresaliente, empujando al oficial de élite sin proponérselo y lo estrelló contra la pared, ejerciendo tal presión que la destrozó con todo y el marine en su camino.

El oficial se recuperó, pues no esperaba algo como eso. Se levantó aún más y los observó.

—¿Una mole de pelo? – reflexionó. —¡Tobu Shigan "Bachi"! – lanzó pequeñas balas de aire hacia el enorme cuerpo de Chopper sin éxito. El marine frunció el ceño. —¿Qué clase de defensa es esa?

—¡Black Ball! – es escuchó de la nada y el Vice-Almirante alzó una ceja, buscando de dónde provenía aquella voz.

—Oh, pero si es la Gata Ladrona. – frunció el ceño. —Eres mía. – se lanzó apresuradamente contra ella. A lo que Nami no retrocedió, cuestión que nunca esperó, en vez de eso sonrió.

—¡Lion Rod! – profesó y antes de que Strawberry pudiera tocarla una hilera muy larga de bolas negras se acomodaron alrededor de él.

—¿Qué es esto? – alzó un dedo para tocar una de las bolas y automáticamente una corriente electrizante se apoderó de su cuerpo.

—¡Ahora, Chopper! – la voz de Robin sobresalió de la enorme bola de pelos y Chopper regresó a un estado normal. —¡Mil Fleurs! ¡Gigantesco Mano! – automáticamente un brazo enorme emergió de la tierra, destrozando aún más la oficina.

—¡Rumble! – Chopper se echó una píldora amarilla a la boca y creció hasta seis metros en un solo instante. —¡Monster Point! – anunció.

Strawberry estaba en el suelo, sacudiéndose las chispas de su traje y recuperándose. La sombra de Chopper llamó su atención y cuando elevó la vista abrió los ojos más que sorprendido.

—¿Un monstruo? – no concebía lo que veía.

—¡Stamp! – gritó Robin.

—¡Kotei Palme! – Chopper le acompañó, de manera que, sin que el marino pudiera esperarse le arrasaron del suelo mandándolo fuera de la habitación el golpe en conjunto había sido suficiente como para sacarlo de balance y mandarlo lejos.

—Tenemos que salir de aquí. – dijo inmediatamente Nami. —Ese hombre puede regresar en cualquier momento y necesitamos reagruparnos.

—Entendido. – asintieron los dos Mugiwaras.

—Vengan. – la pastosa voz de Chopper las intimidó levemente. —Yo las llevaré. – se subieron a sus manos.

—¡Disparen! – no tardaron en escuchar a una horda de marines que llegaban en auxilio del Vice-Almirante.

—¡A un lado! – gritó Chopper pasando con su gran tamaño sobre ellos y sin sentir las balas. De un salto pasó de largo por todo el pasillo, destrozándolo sin querer y cuando logró ver el patio, el ejercito que habían enviado para derrotar a sus nakamas se encontraba ahora en el suelo.

—¡Chicos! – llamó Nami.

—Es Nami-san. – anunció Brook.

—¡Tenemos que salir de aquí! – volvió a ordenar y al momento se levantó hacia el cielo una figura conocida.

—¡No escaparán de mí! – era Strawberry quien se negaba a ceder, se aproximó a máxima velocidad hacia ellos.

—Chicas. – anunció Chopper con una voz lastimera. —El efecto de la Rumble ball está pasando. – su tamaño comenzó a hacerse pequeño.

—¡No escaparán! – se preparó para lanzarles otra corriente de aire afilado.

—¡Esto es malo! – Zoro se apresuró a donde estaban ellos para defenderlos.

—¡Déjamelo a mí! ¡Sky Walk! – Sanji despegó directamente para interceptar el golpe del marine.

—¡Rankyaku! – lanzó varias patadas hacia un agotado Chopper que ya había terminado de encogerse.

—¡Hell Memories! – Sanji lo interceptó de a tiempo deteniendo las corrientes de aire con su propio ataque.

—Pierna Negra. – reconoció el marine. —¿Puedes usar Geppo?

—No confundas mi Sky Walk con esa basura del CP9. – bufó molesto el cocinero. —¿Cómo te atreves a dañar a dos lindas damas… y a Chopper? – le apuntó acusadoramente con su cigarro.

—Criminales son criminales. – se preparó para atacarle.

—¡A un lado! – de la nada y al momento todos reconocieron la voz de Franky. Strawberry se distrajo para observar la reluciente silueta del Franky Shogun.

—¿Un robot?

—¡No te distraigas! – Sanji le embistió con una serie de patadas que el oficial de elite sostuvo con sus brazos y el Tekkai. Pero en medio de toda la ronda de ataques Sanji emitió una ligera sonrisa que le desconcertó.

—¡Diable Jumbe! – con ambas piernas le acertó un golpe que simplemente no pudo contener. El Vicealmirante retrocedió escupiendo un poco de sangre.

—Maldito.

—¡Ahora Franky! – Sanji se alejó precipitadamente mientras daba aviso.

—¿A dónde crees que vas? – intentó detenerlo.

—No tan lejos como tú.

—¿De qué…?

—¡Franky Radical Beam! – sin esperarse aquello un poderoso rayo láser lo atrapó en una honda dolorosa y calorífica, mientras lo hería y lanzaba tan lejos como podía.

—¡Sanji-kun, apresurate! – llamó Nami, al momento que subía a los brazos del robot y comenzaban a escapar.

—¡Los marines nos están siguiendo! – gritó Chopper, sin poder moverse.

—¡No por mucho! – Usopp emergió desde atrás de la máquina de batalla. — Midori Boshi: Bamboo Javelin. – enormes estacas de bamboo les permitieron escapar mientras los marines se quedaban colgados en aquellas estacas.

—¡Arian-kun se quedó en el Sunny! – informó Franky mientras avanzaban.

—Apresurémonos a llegar… - Nami tragó saliva. —Tengo malas noticias.

—¡Ahí está! – señaló Robin, el barco de los sueños se alzaba decidido, esperando por ellos.

Subieron rápidamente y alzaron las anclas. Los marines habían escapado de las plantas de Usopp y ahora se dirigían hacia ellos, armados con bazookas. Lograron escapar a pesar de las explosiones y todo el jaleo.

Todos exhalaron levemente fatigados, correr siempre resultaba cansino cuando tenían otras cosas en mente. Finalmente, Nami se paró en medio de todos y profesó agónicamente lo que acababa de escuchar.

—Escuchen todos. – los Mugiwaras y Arian se colocaron serios, ahora que el Sunny estaba fuera de peligro podía relajarse un poco, ¿no?

—¿Cuáles son esas malas noticias, Nami? – preguntó sin rodeos Zoro, comenzaba a sospechar de qué se trataba.

—Van a ejecutar a Luffy. – contestó secamente. Todos abrieron los ojos impactados. No tenían palabras, para ser sinceros esperaban una noticia así.

—¿Cómo lo sabes? – balbuceó Usopp.

—Escuche por un Den-Den Mushi en la oficina del Vice-Almirante, lo van a ejecutar en una base naval lejos de aquí. – sacó de su pantalón una hoja de papel finamente doblada, la extendió sobre la cubierta y también sacó un Eternal Pose que había robado. —Esta de aquí. – suspiró con fatiga.

—Tenemos que apresurarnos a llegar antes de cualquier cosa. – espetó Franky, dirigiéndose al timón.

—La isla está a más de medio día. – Nami tragó saliva. —Y está anocheciendo. – lamentó, todos comenzaron a comprender.

—Nami. – con una cruda expresión Robin se le acercó y le tocó un hombro. —¿A qué horas será su ejecución? – la chica del East Blue apretó los puños.

—A las 11:00 am. – y todos contuvieron la respiración.

—¡No hay tiempo que perder! – Franky se preparó para hacer un efectivo Coup de Burst, pero entonces se dio cuenta muy a su pesar que los barriles de cola estaban vacíos. —¡Chicos! – llegó corriendo donde ellos. —No tenemos cola.

—Franky. – Zoro se levantó con una enorme aura de preocupación. —Dirígenos hacía esa base, aprovecharemos todo lo que podamos. – miró a su tripulación, la cual estaba devastada e incrédula. —¡Arriba todos! Esto es una cuenta regresiva. – gruñó. —No permitiremos que Luffy muera.

Eso bastó para alzar los ánimos de la tripulación pirata.

—¡El marimo tiene razón! – Sanji se levantó decidido. —Abramos las velas, necesitaremos todo el viento disponible. ¿Verdad, Nami-san?

—Así es. – asintió un poco más animada. —Vamos, tenemos que salvar a nuestro capitán falso.

—¡Sí! – respondieron todos. Se pusieron manos a la obra, debían llegar a la base antes de las once de la mañana del día siguiente.

Smoker caminó pesadamente hasta la celda de Mugiwara. Esta vez fumaba tres puros puesto que se sentía más estresado de lo normal. No había podido evitar sentirse extraño desde el momento que vio a Monkey D. Luffy, era como si su instinto de cazador le indicara que no era su presa, sino alguna especia de copia.

Los guardias al verlo le abrieron el paso. El Vice-Almirante entró solo hasta la celda más profunda y mejor resguardada. Antes de entrar escuchó la voz animada de Luffy, parecía estar hablando con alguien y a juzgar por las respuestas se trataba de alguien joven. Entró pesadamente y al hacerlo la conversación de los presos cesó.

—¡Smoker-san! – saludó Luffy, sin ninguna clase de temor. El marine simplemente bajó la cabeza y alzó una ceja.

—Mugiwara. – después dirigió su vista al otro reo, el cual había ignorado la primera vez que estuvo ahí. El individuo simplemente le miró directamente desde las sombras, dos pequeñas velas iluminaban aquella habitación desolada, pero no eran suficientes. Decidió ignorarlo y sentarse a espaldas a él para estar cara a cara con Luffy.

Hubo un periodo de silencio, en realidad no sabía que decirle.

—Ejem. – carraspeó buscando algo de qué hablar. —Verte en esta celda me recuerda a Arabasta.

—¿Arabasta? – ladeó la cabeza. —¿Es una prisión?

—No, es un país. – se sintió extraño de tener que recordarlo, sobre todo porque después de aquella ocasión el pirata le pidió a su primer oficial que le salvara la vida. —¿No recuerdas lo de Arabasta? Le pateaste el trasero a Crocodile.

—¿Crocodile? – lo miró escandalizado. —¡Yo jamás tocaría a ese señor! Además, es el esposo de una de mis maestras. – se expresó con verdadera causa.

—¿De qué estás hablando? – Smoker se irritó. —Desde que llegamos aquí te has comportado de una manera extraña, Mugiwara. – dejó salir todo el humo de sus habanos.

—No me escupas tu humo, Smoker-san. – comentó molesto el chico de goma. —Además, no estoy siendo extraño, siempre soy así.

—¿Siempre? – apretó los puños contra su pantalón.

—¿No es divertido? – escuchó de repente la voz de S a su espalda. —Este chico me cae bien.

—No te metas en donde no te llaman. – gruñó molesto el marino.

—Yo sólo decía. – pudo percibir que se encogía de hombros.

—Mugiwara. – le ignoró para seguir hablando con él. —¿Cómo es que dejaste que te atraparan tan fácilmente? – aquello parecía más un lamento que una pregunta.

—Me tropecé. – dijo sin más.

—¿Sabes que te van a matar, verdad?

—¿Me van a matar? – contestó con total tranquilidad. —¿Lo dice enserio?

—Claro que sí. – apretó los dientes, casi partía sus puros.

—Bueno. – se encogió de hombros. —Eso no importa… mis amigos vendrán por mí.

—¿Y si no lo hacen? – le dijo afligido. —¿Qué harás?

—¿Por qué lo dice? – alzó las cejas.

—Por nada. – se levantó rápidamente. —Esta conversación no tiene sentido. – le miró por última vez. —Espero que hagas algo, Mugiwara. – lentamente se perdió en la oscuridad de un pasillo. Luffy simplemente se quedó callado.

—Ese es un hombre justo. – dijo S.

—¿Tú crees? – Luffy sonrió de lado. —¿Sabes algo? Él me salvó la vida cuando era un niño.

—¿Ah sí? – S miró el camino que Smoker había tomado. —Te creo. – sonrió de lado.

—¿Será cierto eso? – dijo Luffy después de una pausa.

—¿Qué cosa?

—Qué van a ejecutarme. – su voz a pesar de tranquila sonaba con un matiz de preocupación.

—No te angusties. – intervino su compañero de celda. —Después de todo, ¿No decías que tus nakamas vendrían por ti?

—¡Tienes razón! – sonrió motivado. —Ellos vendrán por mí. Estoy seguro.

—Ya verás que sí. – complementó S, mientras miraba hacia la vela. —Ya es tarde, chico. ¿Qué te parece si dormimos un poco?

—Está bien. – Luffy se recostó en el suelo, sus cadenas sonaron. —Buenas noches, S.

—Buenas noches, Luffy.

El moreno no tardó en quedarse dormido, pues sus ronquidos resonaron en aquella habitación. En cambio, S le veló durante unos minutos, su mirada parecía enigmática algo perturba.

—Tus nakamas llegaran… Deben hacerlo. – musitó y después se recostó, quería creer.

Continuará…

Bien, pues espero haberles dejado un buen sabor de boca. Espero sus comentarios, qué les gustó y que no. Gracias por leer.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.