Hola Chicas!
Espero por favor que no me maten por el siguiente capítulo. Si así lo quieren, dejen Reviews, pero que no sean ofensivos ^^ Haha.
Me costó trabajo ingeniar este capítulo, pues estoy pasando por un momento difícil, por el que he ido perdiendo a mis 'amigas' por así decirlo. Muchos besos, espero que las deje con la intriga.
Disclaimer: J.K. Rowling/ Escenarios y Personajes.
Trama: ValerieMalfoyCullenHale.
Canción de hoy:
Emergency- Paramore.
Chapter 10.
Lo antes nuevo, comenzó a volverse monótono.
Los días se hacían más largos, más exhaustivos. Liam seguía creciendo. Ellos envejeciendo. O así creían. Se creían desgastados, usados, añejos. No sentían lo que se había encendido en un principio. Pero lo callaban. Solo por costumbre se saludaban con un corto roce de labios. La mayoría del tiempo, Hermione comenzó a quedarse con Liam. Encerrada en su habitación, con el pequeñito sentado en la alfombra, jugando con algún coche; mientras ella se rompía la cabeza escribiendo sus deberes, o pensando en Malfoy. Que ahora llegaba más tarde cada noche.
No es que estuviese haciendo cosas relativamente malas, como viendo prostitutas; pero se tardaba más en la biblioteca del instituto, o se iba a algún café y leía un libro mientras tomaba una taza gigante de chocolate caliente. Todo para no llegar temprano al departamento y toparse con la castaña. Le era insufrible, pues ella siempre quería solucionar las cosas pero él quería estar solo. Acompañado por su soledad, su silencio.
Extrañaba su hogar. Por primera vez extrañaba a su madre, y no había una razón alguna. La había visitado la semana anterior y la había observado realmente desgastada. Un poco más arrugada que la última vez que la vio. Y había llevado a Liam consigo. Quería que su madre lo viese; y aunque su madre se negó, lo llevó de igual forma. La vieja Narcissa Malfoy se llevó una sorpresa al ver a su pequeño nieto. Pues parecía su propio hijo.
Se había disculpado con su hijo por su antigua actitud, alegando que nunca se le había ocurrido que pudiese tener un hijo tan hermoso con la mejor amiga de Harry Potter.
Que ya ni tan amigos eran. Hermione se había aislado demasiado del mundo que antes tenía en Londres. Aunque es cierto que llamaba a su padre cada noche, y lloraba al teléfono que lo extrañaba, no quería regresar. No hasta graduarse. Liam aun no hablaba, pero aprendía nombres con facilidad y reía mucho. Era un pequeño feliz, y por él, era que la castaña seguía esforzándose en la escuela de Leyes, pues aunque esa era su profesión, y lo sabía; no quería seguir con la farsa en la que vivía.
Visitó a su padre un par de veces, cuando el turno de trabajar era de su madre. Pues su madre la había borrado de su mapa a tal escala, que parecía nunca haberla conocido. Por lo menos, su padre vivía muy bien, aunque preocupado por su hija y su pequeño nieto. Lloraba aun más cuando visitaba a su padre, y observaba su cuarto, transformado por obra y gracia de su madre, en un depósito de basura. Muebles, ropa y pinturas viejas. Entre todo eso, su biblioteca personal.
Lloró más, cuando su madre; un día, entró a la casa, y decidió obviar que su nieto corría por la sala y que su esposo y su hija, enjugada en lágrimas, charlaban en la cocina.
De alguna extraña manera; Malfoy nunca se enteró de las visitas a casa de los señores Granger; y Hermione nunca se enteró de las visitas a la casa de Malfoy.
Los días se hacían cada día, más parecidos. Iguales, aburridos, monótonos, ilógicos. Grises. Pues el color se había agotado un mes atrás. Malfoy sabía y ella sabía. Pero no querían alejarse por el bien del pequeño.
Uno de esos días. Hermione no pudo más. Se hartó de vivir así, de mentiras. De falsas expectativas. Se cansó de esperar a que la situación mejorara, se aburrió de los discursitos de Malfoy cuando llegaba tarde en la noche. Comenzó a contar desde cuantos días en el pasado había comenzado la monotonía, y eran más de dos meses.
Decidió sacarle los trapitos al sol. Decirle todo lo que tenía por dentro y lo hizo. Sin miedo, sin vergüenza alguna. Se quejó de todo. Mientras Malfoy solo la observaba, callado. Por un momento se dio cuenta de que ya no se decían por sus nombres. Ya ni hablaban. La observó, e hizo movimientos con una parsimonia inigualable. Sentado frente a ella, que derramaba lágrimas y derrochaba gritos. El pequeño estaba asustado, llorando en la cuna. Pero a Hermione no le importó. Sabía que Malfoy no la estaba escuchando en verdad, así que repitió de forma resumida lo que había comenzado a decir.
-No pienso seguir viviendo en un lugar en donde no me tomas en cuenta, en donde no tomas en cuenta ni a tu propio hijo. Un lugar en el que ni hablas, extraño a mi padre y tú a tu madre. No podemos seguir con esta farsa, los días cada vez son más parecidos. No quiero decir que ya no te quiero, pero debo hacerlo para alejarme de ti, Malfoy; ¿Lo ves?, ya hasta te digo por tu apellido-
El rubio se levantó de su asiento, la miró de pies a cabeza, estaba roja de la rabia y la cara la tenía empapada en saladas lágrimas. No quiso decirle nada; pero las palabras se le atoraron en los labios y no hizo más que dejarlas salir.
-¿No tomo en cuenta a Liam? Tú eres la que grita sin cesar cada vez que llego tarde en la noche, lo asustas y lo dejas llorar por un rato, encerrado en su cuna. No sé qué te ocurre Granger. Pero a mí me ocurre algo parecido. Se me hace monótono volver al departamento cada noche y escucharte gritarme como si fueses mi madre. No tengo nueve años, tengo diecisiete y legalmente puedo hacer lo que me plazca. Si quieres irte, eres libre de hacerlo-
Dijo el rubio, con el ceño fruncido. Caminó hasta la puerta de entrada y abrió la puerta. Dejándola abierta para que ella se fuera. Ella lo tomó a mal. Sí que lo hizo.
Casi corrió hasta el dormitorio de su hijo, lo tomó en brazos. Caminó, aun llorando, junto con el rubiecito. Tomó las llaves de su coche, el bolso del bebé y su bolso. Bajó aparatosamente por el ascensor y subió enojada, triste y melancólica al auto. Lo encendió, encendió la calefacción; pues con la conmoción había olvidado tomar su chaqueta.
Malfoy la observó desde la ventana, llorando de impotencia. Queriendo que la cosa no hubiese terminado así. Si te hubieses quedado callado Malfoy, no se hubiese ido. Se decía a sí mismo. La castaña no arrancó hacía la estación de trenes, sino una hora después. No podía parar de llorar, y por lo tanto, el bebito también lloraba. Tuvo que calmarse, pues el bebito estaba muy triste y no dejaba de llorar.
Malfoy intentó llamarla a su teléfono móvil. Varias veces. Pero la castaña lo había desarmado y lo había lanzado a la cajuela antes de salir del estacionamiento. Quiso seguirla, pero sabía que sería en vano. Y que no quería, en el fondo, que ella regresara. No quería que se volviera como había sido.
Pero él no se esperaba, que extrañarla le dolería tanto. Sentía la soledad impregnada en cada palabra que usaba, que pensaba. Pensaba todo el tiempo en el pequeño rubio y en ella. Como si jamás hubiese extrañado nada, como si nunca le hubiese hecho falta algo, comenzó a sentir un disgusto inmenso. Siempre estaba molesto, agotado. Había comenzado a jugar al Rugby, con algunos compañeros del instituto. Un deporte muggle, parecido al Futbol americano, pero sin protección. Ahora tenía más moretones que articulaciones en el cuerpo. Aunque jugaba solo para pasar el rato, ya se había vuelto costumbre quedarse en el parque de la escuela, jugando con el balón con gorma de rombo. No le importaban las heridas, las hematomas, nada. Mientras se liberara un poco de su soledad, su compañera soledad, todo estaba bien.
Mientras que la castaña ahora estaba notoriamente mejor. El pequeño Liam, solo había preguntado por su padre, el primer mes de lejanía. Habían vuelto en tren a Londres y ella había pasado sus papeles a la sucursal del instituto de Leyes en Londres. El padre de Hermione la ayudaba a pagar un apartamento de una habitación, cocina y baño. Simple, como ella prefería. Cerca del centro de la ciudad. Ahora tenía más contacto con su mejor amigo. Y a veces olvidaba que ya habían derrotado a Voldemort, le preguntaba cosas sobre los Horrocruxes y luego se reía sobre las preguntas con su amigo.
Ronald había aparecido de la nada, y había vuelto a ser el mejor amigo de ambos. Hermione le agradecía a Morgana, Merlín y Circe, por haberle devuelto estabilidad a su vida. Los días eran divertidos, libres de toda preocupación; centrada en su carrera y en su hijo. El pequeño rubio ya no preguntaba por su padre. Aunque tal vez lo recordaba, ya no lo necesitaba. O eso pensaba Hermione, aun molesta con el rubio mayor.
No había un día en el que no pensara en él. Pues él había sido su real primer amor, su primera vez, su aparatoso final. Él había constituido una parte de ella que no quería desaparecer. Una Hermione materialista, celosa, ambiciosa y orgullosa. La había vuelto igual a él, así como ella lo había vuelto igual a ella. Hermione nunca había sido así. Por ahora se esforzaba por esconderlo, no quería ser juzgada por nadie por ahora parecerse a Malfoy. Malfoy. Malfoy. Malfoy. Una y otra vez, el nombre volvía a su cabeza. No era su físico, no era su apellido, no era su pasado. Era lo que había logrado para hacerla cambiar de manera abrupta y repentina. Ya no leía libros hasta la media noche, ya no hablaba como una sabelotodo. Ahora su voz había tomado mayor seguridad, se había hecho más dulce cuando pedía favores y con ella lograba manipular a los que la rodeaban.
Se asustaba de sí misma.
Ese día, se encontraba en el parque, con Liam. Toda la tarde había pasado lentamente y estaba totalmente nublado. Así que para que el pequeño no pescara un resfriado, los subió al auto, sin antes, meter el bolso a la cajuela. Cuando la abrió, saco de allí en teléfono celular. Desarmado. Se subió al deportivo, con el techo cerrado y le colocó el cinturón a la sillita de Liam en la parte trasera del auto.
Antes de arrancar el deportivo, decidió armar de nuevo el teléfono celular; era mera curiosidad y puro materialismo. Pero poco le importó, estaba sola con su hijo y ya nadie tenía derecho a decirle lo que estaba bien y lo que estaba mal. El teléfono encendió sin ninguna dificultad y cuando terminó de iniciarse, un mensaje de texto llegó, informando lo siguiente:
-90 llamadas perdidas
-Número: 500-096-3689 – Draco Malfoy.
Las lágrimas brotaron sin pausa pero sin prisa. No podía detenerlas, estaba inmóvil, con el aparato en una mano y la otra en el volante. Minutos luego, cuando el pequeño Liam amenazaba con seguirla en su triste llanto, ella se enjugó las lágrimas y se hizo la fuerte, aunque aun lloró, en el camino al departamento; muy bajito.
No quiso ver ni a Harry ni a Ron cuando se aparecieron por el departamento. Quería estar sola. Ahora comenzaba a extrañarlo, a extrañar Paris. A extrañar todo. Tres meses comenzaban a pasarle por la cabeza en cuestión de minutos. Lo extrañaba demasiado.
Se acostó en su cama, luego de alimentar al pequeño y dormirlo. Lloró más que nunca, sintiéndose extraña, triste, gris. Sobre todo eso, pues el mundo de colores que Malfoy había creado para ella, se había ido por el inodoro la noche de la gran discusión.
Poco a poco, las sábanas comenzaron a mojarse, saladas lágrimas culpables de aquello. Tristeza extrema.
Y no sabía que Malfoy se sentía de igual manera; que Malfoy se encontraba en posición fetal, acostado en su cama. Acariciando al hermoso Crookshanks, lo único que le quedaba de la castaña, su más preciada posesión. Lo cuidaba, lo peinaba, lo llevaba a donde fuera. Se había vuelto una extraña obsesión, pero quería volver a verla, y no se daría por vencido. Todos los días había llamado al menos una vez. Pero eso no tenía valor, y lo sabía. Sabía que nunca contestaría otra cosa que la grabadora.
Hasta cinco meses luego, cuando ya Liam había cumplido los dos años de edad. Cuando ya creía estar todo perdido.
Marcó el número, acostumbrado, por costumbre, a las diez de la noche del día del cumpleaños de Liam.
Algo cambió, alguien tomó el teléfono y su voz no había cambiado nada. Temblorosa, y temerosa.
¿Hola?
¡¿HERMIONE?- dijo extasiado, demasiado feliz.
¿Draco?- dijo la voz de la muchacha, feliz pero algo apagada.
¡Vuelve!- fue lo único que pudo articular el rubio.
Draco, hay alguien aquí que quiere escuchar tu voz- dijo ella. Luego de un ratito, se escuchó un grito, de una voz de pequeño. Liam había tomado el teléfono.
¿Papá?- preguntó con un hilo de voz. Draco no pudo más y lágrimas se salieron solas de sus ojos.
Si, Liam. Soy yo. ¿Quieres verme?- preguntó.
Ssssssssssssssssíííííí´- gritó el pequeño.
Luego de otros diez segundo, Hermione volvió a tomar el teléfono.
Centro de Londres, Edificio Lullaby, frente al puesto de frutas. Piso nueve, departamento nueve c; ven rápido- dijo su voz.
El rubio corrió, tomó todo lo que necesitaba.
El regalo que había comprado para Liam, Crookshanks, un cambio de ropa y metió todo en una mochila, excepto al gato. Que llevaba en brazos. Dio dos pasos en el living y se apareció en la entrada del departamento de Hermione y Liam.
Hermione la esperaba, con lágrimas en los ojos, con Liam en brazos y el rubio no hizo más que abrazarlos. La felicidad lo embargaba, y Hermione quería gritar. Pues siempre su salvador había sido él. El pequeño se lanzó a los brazos del rubio y lo abrazó. Feliz de verlo.
Malfoy, con los ojos humedecidos le dijo fuerte y claro:
-Feliz cumpleaños Liam-
El pequeño comenzó a reí mucho, hasta que comenzó a dolerle la panza. Malfoy, cuando el pequeño había entrado al departamento, lleno de sus seres queridos; abrazó a Hermione como nunca lo hizo antes. Ambos sintieron que era algo nuevo, desconocido. Atemorizados por el nuevo sentimiento, Hermione lo besó en los labios. Se mantuvo así hasta que se escuchó un plato quebrar desde la pequeña cocina. Ambos se separaron al instante y dijeron al unísono:
-Liam-
Por suerte no había pasado nada grave. Pero ya dentro del departamento, Malfoy saludó a todos los presentes. Entre ellos estaban Ginny y Harry, el Señor Granger, Annie y Matt. Malfoy miró hacia la oscura esquina del living, en donde una silueta elegante estaba sentada en el sillón. No hizo más que abrir la boca de sorpresa cuando se dio cuenta de que era su propia madre. Fue hacia ella y la abrazó fuerte, aunque no tanto por miedo a quebrarle algún hueso o lastimarla.
Hermione por primera vez se percató del cambio físico que presentaba el rubio. Tenía brazos más fuertes, la espalda más ancha y un moretón en el brazo derecho. No amargaría la felicidad de su hijo con una escenita, pero esa noche no dormiría hasta saber que había ocurrido con Malfoy.
La fiesta no duró mucho más. Todos los invitados se fueron diez minutos luego, pues ya Liam se iba a dormir y todos sabían que Malfoy y ella tendrían cosas de las que hablar. Hermione preparó dos tazas de té y se sentó en la barra de la cocina, esperando escuchar la historia que Malfoy le tenía preparada. Tomó un sorbo caliente de la taza y lo observó con curiosidad.
-¿Qué quieres saber?- preguntó con una sonrisita de medio lado.
-Todo- dijo ella, lo miró directo a los ojos -¿Cómo te hiciste todos esos moretones y cómo te volviste tan grande y musculoso?- preguntó.
-Rugby-dijo bajito. Hermione abrió los ojos desmesuradamente y estuvo a punto de escupir el té que tenía en la boca.
-¿Qué tú hiciste qué?- preguntó exaltada.
-Jugar Rugby- dijo tranquilamente.
-¿Con quienes?- preguntó la castaña.
-Los chicos del instituto- dijo más tranquilo aun.
-No podía ser golf, ni polo. ¿Tenía que ser rugby?- preguntó ella.
-Sí, es un deporte de contacto que me mantenía alejado de mi soledad y mis pensamientos- confesó –Me ayudaba a dejar de pensar en ustedes por minutos escasos-
-Malfoy, no digas babosadas; tú lo menos que hiciste fue extrañarnos- dijo ella con sorna.
-¿Y las cuatrocientas llamadas no cuentan?- preguntó él -¿Crees que si yo hubiera sabido la dirección hubiese dejado de venir?, si quieres me iré, pero me llevo a Liam conmigo- dijo enojado.
-No, no Draco. No quiero que te vayas, era solo para ver como reaccionabas- dijo sonriendo, algo triste. –Yo también te he extrañado demasiado-
-No parece, en realidad parece que no me quieres aquí- dijo él.
-No es eso. ¿Crees que no estoy feliz de que hayas venido?, Mas que nunca. Créeme cuando te digo que te necesitaba más que Liam. No sabes cuánto cambie, me di cuenta que me parezco demasiado a ti, y no es algo que me incomode- le confesó ella.
Dejó la taza a un lado y se levantó para abrazarlo. El abrazo perduró en su memoria y en sus pensamientos desde ese momento, hasta que una hora más tarde, Malfoy se fue a dormir en la única habitación que había en el departamento. Hermione se sintió incomoda, como una chiquilla en un museo. Todo estaba en silencio, Liam y Malfoy dormidos y ella lavando y limpiando lo que quedaba de la fiesta. En ese momento, comenzó a sonar la melodía de un teléfono celular dentro de la mochila de Malfoy.
Hermione, inocentemente, haciéndole un favor; tomó el teléfono celular y observó la pantalla.
-1 llamada perdida.
-Número: 500-369-5698 –Pansy Parkinson.
Decidió; muerta de la rabia; escuchar el mensaje que había dejado en la contestadora. Oprimió el botón verde y escuchó la aguda y chirriante voz de Pansy Parkinson.
Se sintió tan mal como la vez en que Malfoy se había acostado con ella en la habitación contigua a la suya en St. Lois. Se sintió tan mal que hubiese preferido el Crucio que le había lanzado Bellatrix Lestrange. Sintió un dolor inmenso al escuchar las palabras de la muchacha, sádicas, excitadas, lujuriosas. Su risa de puta mal pagada no la dejó dormir en toda la noche. Pues se sentó a analizar la llamada, a las doce de la noche.
Se sintió utilizada, engañada. Todos los besos, las noventa llamadas, todo era mentira. Sintió que no valía la pena seguir con eso. Quiso desaparecer. En realidad comenzó a recoger todas sus cosas. Hechizó a Malfoy para que no pudiera escuchar mientras hacía la cantidad de ruidos que fuesen necesarios.
Draquiito, cariño. No olvides que te espero en mi departamento. Esta noche será taaan divertida. Bueno, te espero amorcito. Te quiero.
Recogió todos los regalos de Liam, los libros, las cosas. No sabía cómo había podido darle la dirección. Cómo había podido creer semejante patraña. ¿Malfoy realmente se habría preocupado por su hijo y la madre de éste?, no. Obviamente todo era mentira. No quería volver a verle la cara. ¿Cómo había podido engañarla tan fácilmente?, ¿cómo podía dormir sin remordimientos de conciencia?.
Lo que ella no sabía era que Malfoy estaba haciéndose el dormido. Sabía que se iba. Pero no quería darle más problemas. Sabía que era su culpa; que no tenía que haber recurrido a Pansy Parkinson para ahogar sus penas con lujuria y deseo incompletos. La única mujer que podía hacerlo feliz se estaba yendo de nuevo de su vida. Pero él sabía que todo era su culpa. Siempre tú, Malfoy. Se dijo a sí mismo, y luego de darse una bofetada mental, se levantó, rompiendo el hechizo y tomando de la mano a la castaña.
Asustada, soltó el agarre e intentó correr, pero el rubio la atajó por la cintura.
-Suéltame Malfoy- exigió.
-No- dijo él. Con tono tristón en su oído.
-Vamos Malfoy, puedes irte con tu verdadero amor. No la hagas esperar- dijo ella con amargura. Trató de dar otro paso, pero el rubio no lo permitió.
-Hermione, no. No te vayas- pidió el rubio. Ella se volteó, soltó lo que tenía en sus manos y le dio la bofetada de su vida. Tomo aire. Aceptando su culpa. –Por favor, perdóname-
-¿Qué te voy a perdonar si tu y yo no somos nada?- preguntó ella. Lágrimas brotaron de los ojos de ella, Malfoy tomó su mano y volvió a decir: 'No te vayas'.
-Tengo que hacerlo- dijo ella. –No soy yo, eres tú-
-Lo sé, lo acepto, pero por favor perdóname- pidió.
-Malfoy, estaba bien que te sintieras solo, pero ella era la menos indicada. ¿Crees que olvidé cuando te acostaste con ella en St. Lois?, pues no- dijo Hermione dándose la vuelta. Le dio la espalda.
-Hermione por favor- pidió de nuevo.
-¿Cómo quieres que confíe de nuevo?, si acabas de decirme que me amas y la tipeja esa acaba de llamarte- dijo ella.
-Dame otra oportunidad- pidió.
-¿Cuántas más?- preguntó con sorna.
-Estoy hablando en serio-dijo enojado.
-Y yo también- dijo ella. El rubio la observó directo a los ojos.
-Quédate- le pidió de nuevo.
-No lo sé, Malfoy- dijo ella.
De repente de la habitación única del departamento, salió la silueta de un pequeñito rubio con los ojos enrojecidos en lágrimas. Miró a sus padres de pies a cabeza desde allá abajo, a su altura. Se acercó a ellos y pronunció:
-NO- realmente lo dijo tan alto, que algunos vecinos despertaron.
Tiró de los vaqueros que tenían puestos sus padres y los intentó juntar. Luego, cuando estaban tan cerca que sus alientos se mezclaban. Los labios de uno incitaban al otro a besarlo y viceversa. Se observaron directamente a los ojos, hasta que el rubio menor empujó a su madre por las piernas y por inercia sus labios se encontraron con los de Malfoy.
Sus brazos poco a poco se fueron enroscando en el cuello del muchacho, y los de él, se posaron en las caderas de ella. El pequeñito se fue tranquilamente al dormitorio y se acostó en su cama. Su trabajo de pequeño Cupido estaba hecho, y ya era hora de descansar.
En lo que a Hermione respecta, Malfoy la ayudó a empacar todo para llevársela a un nuevo departamento al día siguiente. Y lo que menos hicieron esa noche fue dormir. Pues no hicieron cosas muy macabras ni llenas de lujuria. Pero no dejaron de besarse, ambos tratando de dormir en el sillón del Living.
Ni pensar que un pequeñito de dos años de edad podía ser tan inteligente y tan tenaz.
De verdad! No me maten por el principio, pero eso le dió un sabor azucar-amargo a mi historia!
Reviewss! :)
