Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR Para gran alegría suya; yo solo juego un poco con los personajes. :P
mucho tiempo sin apareceme por aquí, ¿no es cierto?
la verdad es que esto salió sin planear. La inspiracion llegó a mí para otro fic (uno que por cierto los invito a leer, mi primer James&Lily que creo les gustarí :D) y después me sentí llena de inspiración y dije, "bien, ahora qué hago" decidí que era momento ideal para escribir mis fics que ya parecían abandonados y que por ningun motivo era de esa manera.
dejen les digo que durante todo el año abría el capitulo para ver si podía escribir, pero nunca me llegaron las palabras. hasta hoy. Sí, todo el capitulo lo escribí en el transcurso del día. Aunque agradezco eso a las vacaciones y a que no tengo otra cosa que hacer mas que ponerme en lo que mas me gusta. Osea escribir.
ya no los entretendré más. :D
Disfruten!
Capítulo 10
Su mirada se clavó en la de su padre; en el momento en que reaccionó supo lo que tenía que hacer inmediatamente. Se separó de Scorpius y bruscamente lo empujó para alejarlo de ella, estuvo a poco de terminar tirado en el piso.
Se bajó de la cama y se interpuso en el camino de la mirada que su padre tenía clavada sobre Scorpius. Sus ojos resplandecían de furia.
—Papá, no es lo que piensas —Dijo alargando una mano intentando detener la furia que escaparía de su padre en cualquier momento.
—¿Qué es lo que pienso, Rose?
No estaba segura de qué era lo que pensaba su padre, ni siquiera estaba segura de qué era lo que pensaba ella, de qué era lo que acababa de pasar.
—Yo… yo…
—Señor, déjeme explicarle —Intervino Scorpius al fin poniéndose de pie y acercándose a Rose.
—No quiero escuchar ninguna explicación.
—Pero…
—No aquí —Sentenció y abrió la puerta por completo— A mi despacho —Dejó el espacio para que pudieran salir.
—Papá…
—Ahora.
No pudo decir nada ante ese tono de voz autoritario que no pegaba para nada con su padre, y que cuando utilizaba solo quería decir algo muy concreto: estaba verdaderamente enojado.
Suspiró mientras un escalofrío recorría todo su cuerpo. Acababa de mantener una pelea con su padre tan solo unos cuantos minutos antes y ahora se iba a meter en otra aun mayor y tal vez con mayor repercusiones y por algo que aun no estaba segura de lo que significaba.
Buscó con su mirada la de Scorpius, veía el obvio temor en su mirada y no podía decir que no tuviera bases para presentar esa mirada; pero había algo más, algo que no era capaz de descifrar, parecía como si su mirada estuviera guardando un secreto, uno que ni siquiera quería compartir con ella.
Sintió la mirada de su padre sobre su nuca y supo que no era al momento de tratar de descifrar sus dudas. Alargó la mano para ofrecérsela a Scorpius y tras intercambiar una mirada cómplice tratando de que sus ojos dijeran que todo estaría bien lo incitó a no perder tiempo en tomarla. Sintió la calidez de la otra mano en la suya y jalando lo más fuerte que podía lo sacó de inmediato de su cuarto.
Bajó la escalera lo más aprisa posible tratando de ganar un poco de tiempo a solas con Scorpius. Cuando cruzó las puertas del despacho de su padre las cerró inmediatamente tras de sí y para darles unos segundos más echó el seguro.
—Escúchame, tienes que irte, ya —Decretó aun nerviosa. Su padre podía entrar en cualquier momento.
—Pero Rose…
—¿Cómo llegaste?
—Me Aparecí.
—¿Te…? —Nadie podía aparecerse en su casa a menos que su padre lo autorizara— ¿Cómo te apareciste?
—La verdad no lo entiendo muy bien, pero creo que las moléculas del cuerpo ante una vibración que creamos con el pensamiento…
—No pregunté cómo se aparece un mago, sino cómo te apareciste aquí, en mi casa.
Una sonrisa burlona llenó sus labios.
—Lo cierto es que sospeché que te referías a eso.
—Entonces, ¿Por qué…?
—Necesito que te relajes y pienses que todo va a salir bien.
Con tan solo esas simples palabras ella explotó.
—No puedo creer que estés diciendo esas estupideces. ¿Sabes lo que acaba de pasar? ¿Llegas a comprender siquiera un poco de lo que pasó? —Estaba furiosa, bien podía empezar a salirle humo por la nariz—. Mi padre, oh señor omnipotente y también protector hasta un punto inconcebible, acaba de ver como una de las personas que más detesta estaba besando a su única hija, a su primera hija, a su "bebé"
Se dejó caer en el sillón más cercano y con sus manos sostuvo su cabeza.
—Así que… ¿estamos jodidos, ah? —Preguntó Scorpius.
—Mas que jodidos, estamos muertos.
—¿No puedes ser un poquitín positiva y pensar que podemos salir ilesos con mas partes de nuestro cuerpo de las que crees?
—Ese es un bonito pensamientos, pero…
Tuvo que callar a media frase, la manija de la puerta empezaba a dar vuelta tratando de abrirse. Gracias al cielo que había puesto seguro.
—Vamos, ¿Qué esperas? Desaparece.
—¿Qué?
—Vete.
—¿Cómo quieres que me vaya?
—Tal como llegaste.
Una sonrisa de disculpa se instaló en sus labios.
—No puedo.
—¿Qué?
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque como bien sabes hay todo un sistema de protección en tu casa. Albus y Hugo solo fueron capaces de quitarlo por un periodo corto de tiempo para traerme aquí. Si deseas que Desaparezca tenemos que pedirle permiso a tu padre.
Se hundió más en el sillón. Eso era genial, simplemente genial.
—Rose, abre la puerta.
Se puso de pie y a regañadientes fue hasta la puerta y quitó el seguro, un segundo después la puerta empezaba a abrirse lentamente. Agradecía enormemente que no le faltara aceite, sino eso sería realmente escabroso.
En cuanto entró su padre sintió todo el peso de la culpa sobre sus hombros. Agachó la cabeza y se dejó caer en el sillón más cercano. Un minuto después sintió la mano de Scorpius sobre la de ella. Una parte de sí misma se tuvo que alegrar por sentir ese pedacito de apoyo que le otorgaba un poco de esperanza.
Levantó la mirada y se encontró con la de su padre que no la veía a ella, veía a Scorpius quien también se enfrentaba a él de la misma manera. Ese sería un duelo de titanes. Uno por el cual ella no querría ser la culpable.
—Papá…
—Rose, déjanos.
¿Qué?
Un momento, haber, de nuevo.
¿Qué?
—¿Papá?
—Fuera Rose.
Ella sin siquiera pensarlo sabía la respuesta.
—No.
Rompió el contacto visual con Scorpius para sostenerlo con ella.
—No te estaba preguntando si deseabas dejarnos, Rose. Por una vez en tu vida hazme caso y déjanos.
¿Su padre en verdad pensaba que le iba a hacer caso?
—No —Afirmó.
—Rose —La sueva voz de Scorpius se materializó entre la discusión—, hazle caso.
Si no le hacía caso a su padre, ¿Por qué demonios creería que le haría caso a él? Además de que lo que intentaba era salvarlo, ¿Qué no podía darse cuenta?
Un segundo después de que buscara su mirada para decirle lo que pensaba se dio cuenta de que había sido una mala idea.
Scorpius tenía una mirada tierna como pocas veces, con una sonrisa en sus labios que solo podían significar una frase "Por favor" Una que él nunca utilizaba, una que le estaba obsequiando a ella. Una mirada que ella no podía botar así como así.
—Rose —Repitió con ese único matiz de voz tan de él.
—Rose —Fue de su padre, y esta vez con una clara advertencia entre el medio del tono.
—¡Oh, está bien! Me voy —Se detuvo justo en el resquicio de la puerta y con una mirada de advertencia se dio la vuelta y los apuntó con el dedo—, pero si alguno de ustedes lastima al otro nunca, nunca, nunca, se lo perdonaré.
Y entonces salió, cerró la puerta con un portazo y tan pronto le fue posible corrió.
—¿Dónde está mamá, Hugo? —Preguntó a su hermano, quien estaba en la sala.
—No sé.
¡Demonios! ¡Ahora tendría que buscar por toda la casa!
—Creo que salió hace un rato.
¡Oh, no! Estaba pero que si bien jodida.
—¿Seguro?
—No.
—¡Hugo!
—Bueno, ¿qué quieres que haga? No es como si mamá me dijera todo lo que hace. Deberías llamarla al celular, seguro que lo tiene con ella.
¡Tenía razón! Bien, ahora se daba cuanta por qué era importante tener un hermano menor. Alguna vez podrían tener alguna buena idea que a uno podría salvarle la vida.
Ahora bien, ¿dónde estaba el maldito teléfono?
Ron Weasley no era como se lo había imaginado. Sí era todo presencia, con ese cabello rojo como el de Rose y esas pecas bañando su cara, con esa nariz tal cual copia de Hugo y esa mirada azul penetrante tal cual su hijo, pero aun y con todos los rasgos que veía de sus amigos en él no es lo que había esperado. Y es que claro, siendo sincero, esperaba un dragón aventando fuego por la boca, algo mas… "normal" dadas las circunstancias. No todos los días se encuentra uno a su hija besándose con un completo extraño además de un indeseado.
No, no esperaba el aura de tranquilidad que se despegaba por sus poros, ni la paciencia que tenía desde atrás del escritorio cuando lo observaba con esa penetrante mirada que tendía a estremecerlo, pero aun y con eso no decía nada. Absolutamente nada.
Tal vez esperando a que él diera el primer paso.
Algo aterrador. Pero bien, si él quería que fuera así, así sería.
—Señor…
—Shhh —Lo mandó callar mientras observaba detenidamente la puerta—. Aun no.
¿Aun no qué?
—Pero señor…
—Shhh —Repitió poniéndose de pie y acercándose a la puerta de madera por la cual había entrado.
Se acercó tan sigilosamente como si esperara que algo sucediera y claro que sucedió cuando el señor Weasley estuvo a una distancia prudente y con un simple jalón la puerta se abrió de par en par tirando a un Hugo Weasley al suelo.
—¡Papá! ¿Por qué…?
—Tal vez esto te enseñe que es mejor seguir los modales que te enseñó tu madre y tu abuela. Ahora largo.
No alcanzaba a ver la expresión de Hugo pero bien podía adivinar que no estaba nada contento, pero no es cómo si su padre no tuviera razones para hablarle como lo hizo.
—Y no te atrevas a volver a escuchar; si te atrapo, te quitaré los videojuegos por un mes —La sentencia no pudo haber dado en lo mas hondo de Hugo. Quitarle los videojuegos, era como quitarle la entrada a la biblioteca a Rose.
Cerró la puerta y esta vez cuando el click del seguro se escuchó el señor Weasley convocó un hechizo insonorizador que le hizo tragar saliva. Sin duda alguna, no podría pedir ayuda llegado el momento.
—Bien, ahora sí ya podemos hablar.
Regresó con paso firme al escritorio.
—Lo más seguro es que dispongamos de poco tiempo para hablar. Hermione no debería de tardar en llegar.
Sabía que se refería a su esposa, pero, ¿eso qué tenía que ver?
Enarcó una ceja.
El señor Weasley sonrió.
—Conozco perfectamente a mis hijos. Cuando es Rose la que está del otro lado de la puerta y quien está dentro está en graves problemas corre a buscar a su madre, cuando es Hugo quien está fuera corre a pegarse a la puerta para ver qué escucha. Es fácil deducir sus actitudes.
Scorpius lo que le gustaría deducir era la tranquilidad que mostraba el señor Weasley.
—Siéntate, por favor —Pidió indicando un sillón que estaba justo frente a su escritorio. Así que así sería el asunto. Quería tenerlo a su alcance.
Como no estaba en posición de discutirlo dadas las circunstancias se puso de pie y caminó hasta su destino.
El señor Weasley fue tras su escritorio y sacando una botella de un pequeño estante la puso sobre el escritorio.
—¿Quieres? —Preguntó amablemente como si esa fuera una visita de cortesía.
Algo estaba tramando, seguro estaba envenenado.
—No, gracias —Una mirada recelosa se clavó en Scorpius que tragó saliva antes de agregar—, señor.
El señor Weasley se encogió de hombros y se sirvió en un vaso un poco de ese líquido que reconoció de inmediato. Siendo el mismo que había tomado hacía tan solo unas horas antes. Whisky.
Bastante extraño era que a pesar del poco tiempo que había pasado desde el momento que dejó su casa hasta ese preciso instante se sentía como si siquiera hubiera pasado todo el mismo día.
Siendo lo peor la reacción del señor Weasley. Le estaba poniendo los nervios de punta el simple hecho de que ninguna advertencia o ninguna maldición hubieran salido aun de su boca. ¿Por qué no actuaba como todos le habían dicho que actuaría al encontrarlo en su casa?
—¿Señor, se siente bien? —Preguntó con el mayor tacto posible.
—¡Claro que sí! —Exclamó derramando un poco de whisky sobre la alfombra—, ¡estoy espectacular!
Su reacción fue más de lo que pudo esperar. Observó el whisky, debía de tener alguna droga. Seguro que era eso.
Entonces, de pronto el señor Weasley lanzó una carcajada.
—¿Una droga?
Scorpius palideció. Él seguramente que no había leído sus pensamientos, ¿verdad? ¡¿verdad?
—Sí —Respondió Ron Weasley clavando su mirada en Scorpius.
No pienses, no pienses, no pienses, no…
Repitió tantas veces como pudo.
—Ya deja de hacer eso —Pidió sentándose frente a él y clavando su mirada—. No pienso leer más tu mente.
Él no estaba para nada seguro.
—Solo voy a contestar a tu pregunta.
Enarcó una ceja. ¿Cuál pregunta había hecho en toda esa extraña conversación?
—Esto —Indicó su bebida— no tiene ninguna droga y tampoco es una bebida que aprecie siquiera un poco, pero presiento que es lo único que me está controlando de sacar mi varita y hacerte explotar en mil pedazos.
La advertencia salió tal cual comentario sin importancia. Pero vio la realidad en el agarre de ese vaso, en cómo se aferraba a él y cómo la otra mano de Ronald Weasley parecía estar deseando hacer otra cosa que no fuera cerrarse una y otra vez con tal fuerza que podía despedazas un hueso.
Tragó saliva. Antes de ese momento no había sentido temor de estar en una habitación solo con el papá de Rose. En ese momento lo que quería hacer era gritar por auxilio. Y entonces recordó que la habitación había sido insonorizada.
Estaba jodido.
¡El teléfono!
¿Dónde estaba el maldito teléfono?
Ya había revisado la cocina, la sala, el salón de juegos, la alberca, los baños, su habitación, la de su hermano… ¿Dónde se había metido ese teléfono?
¿Dónde, dónde, dónde…? Piensa Rose, piensa…
—¿Qué haces Rose? —Preguntó su madre a su espalda mientras ella seguía con los ojos cerrados y con una mano en su cabeza tratando de pensar.
—Buscando el teléfono.
—¿El teléfono? ¿Por qué está toda la ropa sucia tirada?
Su última parada había sido la lavandería y había terminado por arrojarse a la ropa sucia. No fuera que su hermano lo hubiera lanzado ahí mientras jugaba. No es como si no hubiera pasado antes ya.
—Ya te lo dijo, estoy buscando el teléfono.
—¿Tan desesperadamente?
—Sí.
—¿Con quién necesitas hablar?
—Pues con… —Se detuvo a media frase cuando se dio la vuelta y se dio cuenta de a quién tenía enfrente— ¡Mamá!
—¿Sí?
—¡Eres tú!
Su madre se tocó la cara dramáticamente y partes de su cuerpo.
—Sí, la última vez que comprobé era yo.
—¡Gracias, gracias, gracias! —Se arrojó a los brazos de su madre y la abrazó fuertemente— ¡Al fin te encontré!
—¿No estabas buscando el teléfono?
—Sí, para poder llamarte a tu celular.
—Pero si he estado en mi cuarto todo el tiempo, cariño.
Él único lugar que aun no había revisado. Genial.
Bien, ya eso no importaba. Lo que importaba era llevar a su mamá de inmediato al despacho.
—Vamos mamá, rápido —La tomó de la mano y la obligó a caminar hacia fuera del cuarto.
—¿A dónde?
—¡A salvar a Scorpius!
—¿A quién? —Preguntó confundida.
—A… —Se detuvo a media frase. Su madre no sabía nada. Nada de nada.
¡Demonios, demonios y mil veces demonios! Ahora tenía que explicárselo todo y perder valiosísimo tiempo.
—Scorpius Malfoy, mamá.
—Ah… —Suspiró—. Y… ¿Por qué precisamente lo vamos a salvar?
—¡Porque lo amo!
La declaración salió con tal ímpetu que su madre estuvo a punto de caer de espaldas. Pero ya no iba a ocultar eso. Nunca. Jamás. Lo amaba y si estaba en su poder que él la amara de igual manera lo iba a conseguir.
—¿Lo…?
—¡Sí, mamá!
—Oh, vaya… y… exactamente ¿Cuándo paso esto?
—Mamá te aseguro que este no es el momento exacto en el que deberíamos estar platicando de eso. Ahora lo que necesito es tu ayuda para salvarlo.
—¿Salvarlo? —Hizo una mueca—. Me siento totalmente perdida en esta conversación. ¿Hay algo que puedas decirme que me aclare esto?
—Mamá —Agarró la cara de su madre entre sus manos y la miró directamente a los ojos—, Scorpius vino a hablar conmigo, llegó hasta mi cuarto y terminamos besándonos —Un sonrojo quiso invadir sus mejillas. Eso era vergonzoso, pero en ese momento no estaba para eso, así que se tranquilizó tanto como pudo— y en ese preciso momento mi papá entró a mi cuarto.
Un grito ahogado se atoró en la garganta de su madre quien solo se tapó la boca con su mano.
—Oh, no…
—Oh, sí. Y ahora mi padre tiene a Scorpius en el despacho y no permitió que me quedara. ¿Entiendes la situación?
—Tu padre lo va a querer matar.
—Más que eso, madre, va a querer hacerlo picadillo.
—Pero el prometió que… —Se soltó del agarre de Rose y le dio la espalda— que no iba a hacer nada si se aparecía aquí. Dijo que lo ignoraría, pero claro eso fue antes de verlo besándote. Y entonces eso no entra dentro de lo que prometió, entonces…
—¿De qué hablas mamá? —Interrumpió los pensamientos de su madre mientras enarcaba una ceja.
—De que tu padre ya me contó lo que le dijiste.
Rose ardió en furia.
—¿Entonces por qué me retienes aquí para que te cuente todo lo que ya sabes?
Su madre sonriendo mientras la observaba cálidamente. Como solo una madre podía hacerlo.
—Porque quería escucharlo de tus labios, hija, quería saber si algo que me dijo tu padre con tanta vehemencia era cierto.
—¿Qué te dijo? —Quiso saber. Aunque tenía ciertas sospechas. Bien pudo decir que Scorpius era un idiota, que solo la hacía sufrir, que se merecía morir antes de acercarse a ella, que…— ¿Qué te dijo, mamá? —Insistió. Necesitaba saber.
—Dijo… —Ahora fue su madre quien enmarcó la cara de ella entre sus manos— que realmente estabas enamorada de él.
El mundo entero se movió para Rose mientras repasaba esas palabras. ¿Su padre había dicho que ella estaba enamorada de Scorpius?
—Y no solo dijo eso, Rose —La sonrisa de su madre era risueña y llena de felicidad—, dijo que él sabía que en verdad, en verdad, tú lo amabas.
¿Cómo demonios su padre había sido capaz de llegar a ese pensamiento? Ella solo mencionó que estaba enamorada, pero… ¿Qué su padre lo creyera y que se lo dijera a su madre con tanta vehemencia? ¿En serio había pasado?
—Mamá… entonces… —Tragó saliva. Lágrimas querían salir de sus ojos— ¿Entonces entiendes por qué necesito tu ayuda para salvarlo?
—Sí, cariño, por supuesto que te entiendo.
Y dándole un suave beso en la mejilla se dispuso a emprender el camino hasta el despacho. Tenía que salvarlo. En verdad esperaba que su padre no hubiera arremetido contra Scorpius. Aunque tenía la esperanza de que nada hubiera pasado aun; si ese fuera el caso, los hechizos ya se escucharían por toda la casa.
Tanía que salvarlo. Tenía que lograr que toda la furia Weasley no cayera sobre él.
—Y… ¿cómo fue esta vez, Rose? —Preguntó su madre mientras iban caminando por el pasillo de la cocina.
—¿Cómo fue qué, mamá?
—El beso con Scorpius.
—¡Mamá! —Gimió y empezó a caminar más rápido, tan solo alcanzaba a escuchar la risa que soltó su madre. Sintió sus mejillas enrojecer ante el recuerdo.
Unos labios que marcaban, una esencia que hipnotizaba, unos brazos que se aferraban y un poder que bien podía apresarla para siempre y ella bien podía decidir quedarse junto a él.
Pero por supuesto que no le iba a decir eso a su madre.
—Entonces… —Tragó saliva—. Si no va a hacerme explotar, ¿qué es lo que planea hacer?
—Algo que jamás había hecho antes —Declaró con una mirada mortal clavada en Scorpius.
¿Acaso se pondría a practicar con él la magia oscura que no estaba permitida utilizar a los Aurores? ¿O era que iba a utilizar técnicas muggles para así no utilizar mágica, pero que aun así dolerían como mil demonios sobre él? ¿O tal vez…?
—Te voy a escuchar.
¡¿Qué?
Sacudió su cabeza como si no hubiera escuchado bien, y es que eso era lo que seguramente había pasado.
—¿Disculpe?
—Que te voy a escuchar.
—¿A escuchar?
—Sí —Entrelazó sus manos y se inclinó mas al escritorio. Más cerca de Scorpius—. La verdad es que yo prefiero golpear y después escuchar, pero contigo voy a hacer una pequeña concesión tan solo porque te atreviste a venir a mi casa aun y sabiendo de las consecuencias que podrías acarrear. ¿Por qué conocías las consecuencias, no es cierto?
¿Qué si las conocía? Hugo, Albus, Lily e incluso James se habían encargado de darle todas las advertencias necesarias.
—Sí.
—Bien, por eso te ganaste unos minutos de mi atención para escuchar la explicación que me vas a dar en cuanto a lo que acabo de ver en el cuarto de mi hija —Apretó los labios como si estuviera tratando de tragar ese recuerdo que perturbaba sus sentidos—. Así que… habla.
Scorpius se removió en su asiento. ¿Qué podía decirle? Mas bien, ¿cómo podía explicarle a alguien como Ronald Weasley que se está enamorado de su hija? Además… ¿Qué tanto sabría sobre todo? Lo cierto es que no parecía estar sorprendido de verlo ahí, tal vez enfurecido, pero sorprendido no.
—¿Usted… —Se aclaró la garganta—, usted esperaba mi llegada?
Ron tomó un largo trago de whisky y después hizo una mueca de desagrado antes de contestarle.
—Sí.
"¿Por qué?" Se preguntó Scorpius.
—Porque Rose me contó lo que había pasado.
Scorpius palideció. Él dijo que ya no iba a leerle la mente.
—No leí tu mente, niño —Dijo al verlo reaccionar—, pero que no lo haga no quiere decir que no puedo leer tu lenguaje corporal. Soy un auror. Me entrenaron para eso.
No se podía estar más nervioso ni siquiera si estuviera frente al primer ministro o frente a la mirada reprobatorio de su abuelo. Nada de eso le daba más temor que estar frente a Ron Weasley, frente a la persona que bien podía decidir que jamás en su vida podría acercarse nuevamente a Rose.
—Así que… ¿me explicarás por qué estás aquí?
—Yo… —Volvía al mismo terreno, ¿cómo explicárselo a él cuando aun siquiera se lo había dicho a Rose?
—Tu tiempo se agota, niño.
De nuevo llamándolo niño, si le hacía sentir mejor podía llamarlo cobarde a la cara y sería el mismo resultado. Gruñó entre dientes y clavó su mirada en Ronald Weasley.
—No soy ningún niño —Aseguró.
—Entonces no te comportes como uno y habla.
—¿Quiere que hable? —Preguntó sintiéndose furioso— pues bien voy a hablar. Hay una simple y sencilla razón por la que vine a su cara a pesar de lo que sabía iba a encontrar, a pesar de saber que no soy bien recibido entre estas paredes, a pesar de saber que probablemente usted lo que desea más que otra cosa es desgarrar mi cuerpo en pedacitos; hay solo una razón para el suicidio que he cometido este día al hablar con mi padre y después al atreverme a venir aquí —Se puso de pie y le dio la espalda. Tenía que decírselo, tenía que hacerlo. Bien podría morir por ello. Regresó su vista a su torturador—: estoy enamorado de su hija.
—¿Por qué? —Preguntó Ron entre dientes.
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué la amas?
¿Qué pregunta era esa?
—¿Disculpe?
—¿Por qué estás enamorado de mi hija?
Scorpius parpadeó tantas veces como le era posible. ¿Qué diablos significaba esa pregunta? ¿Por qué tenía que hacer esa pregunta?
¿Cómo que por qué la amaba?
Ni siquiera sabía cómo contestar. Podía decir que estaba enamorado de ella por la maravillosa persona que era, por las veces en que necesito a alguien que estuviera a su lado simplemente junto a él y ella estuvo ahí, también podía decir que estaba enamorado de ella por lo hermosa que era, que se había enamorado por el calor que sus ojos le transmitían, por su sonrisa y lo que le hacía sentir, incluso podía decir que se había enamorado de ella porque era la única que le decía que era un imbécil y que se quedaba a demostrárselo.
Podía decir que estaba enamorado de ella porque fue inevitable.
Porque no podría haber sido de ninguna otra manera.
Porque no podía imaginarse no haciéndolo.
Sonrió. Nunca se había puesto a pensar, pero… esa era la realidad. La amaba simplemente porque no parecía haber otro camino en su vida, ella era su camino en la vida. Ella era el todo.
¡Oh, vaya! Un enorme descubrimiento para la simple edad de diecisiete años. Algunos se pasan toda una vida buscando a esa persona que va a significar el todo. Él la había encontrado y ni siquiera se había percatado de ello hasta que ya todo parecía haber sido demasiado tarde. Pero estaba dispuesto a rectificarlo. De inmediato.
—¿Y bien? —Insistió su futuro suegro.
Suegro…
Le daría un ataque a Ronald Weasley. Pero estaba decidido a conseguirlo.
Sonrió mientras se acercaba mas al escritorio y clavaba su mirada en la de Ronald Weasley. Quería que escuchara atentamente sus palabras y que las creyera.
—La amo porque no parece haber ninguna otra razón por la que yo exista en este planeta. La amo porque no puedo imaginarme el mundo de otra manera. La amo simplemente porque… —Se encogió de hombros— no sé, no puedo imaginándome no habiéndome enamorado de ella.
—Una muy… —Carraspeó— emotiva respuesta.
—Yo opino que es bellísima —Una nueva voz se unió a ellos. Se dio la media vuelta y se encontró con una copia mayor de Rose pero con el pelo castaño parada justo en la entrada del despacho. Seguramente era la señora Hermione Weasley. Era muy hermosa con el cabello castaño llegándole a los hombros y unos ojos idénticos a los de su hija que parecían ser igual de luminosos y con la misma inteligencia que reflejaban los de su hija que en ese instante salió de detrás de su madre y clavó la mirada en él.
¿Habría escuchado sus palabras? Lo más probable era que la respuesta fuera sí.
—¿Qué hacen aquí, Hermione?
—Eh… Veníamos en plan de un rescate —Respondió Hermione entrando al despacho.
—¿Rescate?
—Pero parece ser que no es necesario ninguno.
El señor Weasley se cruzó de brazos y clavó su mirada en su esposa.
—¿Por qué no tocaron a la puerta?
—Cariño, en el preciso momento en el que me di cuenta de que estaba cerrada y que no se escuchaba absolutamente nada pensamos lo peor y no puedes culparnos.
—Si yo cerré la puerta y puse en un hechizo sobre la habitación fue por algo. ¿no se te ocurrió que no quería que nos molestaran?
—Claro que se me ocurrió, cariño —Hermione ya estaba junto a su esposo y tenía las manos sobre su cara para quitar esas arrugas en el rostro—, pero no estaba segura de por qué no querías que los molestaran.
—¿Creíste que lo eliminaría?
—Mínimo.
—¿Te hice algo, muchacho?
Bien, había dejado de ser un niño.
Scorpius cortó la conexión de miradas que mantenía con Rose y volteó.
—No, señor.
—¿Lo ves?
—¿Entonces qué estaban haciendo?
—Estábamos hablando, Hermione, hablando.
—¿En serio?
—¿No confías en la promesa que te hice?
—Confío en las promesas que me haces cuando estás en tus cinco sentidos —Volteó a ver tanto a Scorpius y a Rose—. Dadas las circunstancias en las que te encontrabas, no estaba segura de cómo reaccionarías. Pero me alegra mucho tu actitud —Y para corroborar sus palabras le dio un beso en la mejilla a su esposo.
Por un momento las defensas de Ronald Weasley se desquebrajaron y su mirada dejó de ser acusadora y dejó de tener esa mortal advertencia para tan solo regalarle a su esposa una tierna mirada y una cálida sonrisa.
—Ya no soy un adolescente, cariño —Acarició su mejilla.
—Algunas veces sí que lo eres —Sonrió y con esa sonrisa le recordó perfectamente a Rose cuando le sonreía a él—, pero no te preocupes, eso me encanta.
Se perdieron en si mirada y Scorpius se sentía como si estuviera en un lugar y en un momento en el que ellos desearían tener privacidad. Dirigió su mirada para otro lado. Buscando evitar a los señores Weasley y fue cuando se topó de nuevo con la mirada de Rose. Estaba clavada sobre él, sus ojos seguían abiertos de par en par y una delicada sonrisa, casi imperceptible se formaba en sus labios.
—Creo que deberíamos dejarlos solos —Volteó de nuevo y se encontró con la mirada de la señora Weasley clavada en ellos de una manera tierna y comprensiva. Por otro lado el señor Weasley con los labios fruncidos y una mirada de advertencia.
—Yo no estoy tan seguro.
—Y yo digo que sí —Jaló a su esposo obligándolo a salir de detrás del escritorio.
—Creo que son ustedes las que deberían salir, yo aun no termino de hablar con él.
—Pues tendrás que dar esta plática por concluida ó continuarla en otro momento, ahora ellos son los que necesitan hablar.
Scorpius estaba seguro de que escuchó salir unas cuantas maldiciones de parte de Ron, pero no quiso prestarle atención.
—Suerte —Dijo la señora Weasley cuando pasó a su lado.
—No me agradas —Fue lo que dijo él señor Weasley deteniéndose junto a él— y tal vez nunca lo hagas, pero eso no va a influir en que desee la felicidad de mi hija y si eso eres tu bienvenido seas —Se acercó hasta que su voz se convirtió en un simple susurró para sus oídos—, pero en el momento en que le hagas daño habrás deseado siquiera haber nacido.
Tragó saliva, pero estaba seguro de que si algún día se atrevía a dañar de nuevo a Rose bien se merecería cualquier cosa que fuera a provocarle Ronald Weasley y toda su familia.
Los vio llegar hasta su hija y Ron se acercó a su hija para decirle algo al oído que la hizo sonreír. Después, dándole un beso cada quien se dispusieron a salir, pero antes de hacerlo Ron regresó sobre sus pasos.
—A propósito. ¿Dijiste que hablaste con tu padre antes de venir aquí? —No recordaba muy bien en qué momento habían salido esas palabras, pero probablemente si lo hiciera. Asintió— ¿Lo dijiste en serio? —Volvió a asentir— ¿Cómo reaccionó?
Scorpius sonrió. Sería un tanto difícil el explicar la reacción de su padre, más porque él mismo difícilmente se la podía explicar.
—Ya déjalos, Ron.
—¡Pero Hermione! ¡Quiero saber!
—Te enterarás después —Y con esa declaración la puerta se cerró por completo.
Tragó saliva y fijó su mirada en Rose. Estaban solos, de nuevo. Pero esta vez estaba dispuesto a hacer las cosas bien. Estaba dispuesto a que ella entendiera por qué había llegado hasta ahí y por qué no iba a permitir que ella lo echara.
Estaba dispuesto a dejarle clara una cosa.
La amaba.
Como nadie.
Y no iba a permitir que las tonterías que dijera un día en medio de tanta confusión los alejaran de la felicidad que estar juntos representaba.
Rose caminó hacia él lentamente temerosa de cada paso que daba.
—¿Es cierto, Scorpius? —Preguntó. Su voz temblorosa.
—¿Qué cosa?
—Lo que dijiste.
El espacio entre ellos quedó reducido a tan solo un paso de distancia.
—¿En verdad me amas? —Preguntó con una inocencia y con una preocupación tan genuina que derrotó sus miedos de expresarse ante ella como lo deseaba.
Rompió el espacio entre ellos y atrapando su cara entre sus manos la besó.
...Continuará...
¿que les pareció? merece un comentario?
espero que sí...
tengo que ser sincera. creo que si no hubiera esperado tanto tiempo jamás hubiera escrito tal como lo hice, y dejenme decirles que me encantó cómo quedó, ¿a ustedes?
les aseguro que en estas vacaciones terminaré este fic. es mi propósito y empecé bien, ¿no?
quiero agradecer enormemente a todas aquellas personas que a pesar del tiempo se pasaron por mi fic a leerlo y dejarme un review, creo que en parte eso me alentó a continuar esta historia que no le falta mucho para llegar a su fin...
miles de gracias, en verdad :D
besos!
y nos veremos pronto :D
XOXO
rosa . chocolate
