CAPÍTULO 9 VIÉNDOTE DE NUEVO

Octubre 1995, Chicago

Esme contuvo el aliento cuando vio que padre e hijo se moraban a los ojos por primera vez.

En lo más recóndito de su mente, Esme se imaginó una infinidad de veces ese utópico momento en el que se pequeño ya no tan pequeño conociera a Carlisle. Ninguno de los momentos imaginados tuvo la más mínima similitud con la escena que estaban presenciando sus ojos.

Se estaba librando una batalla interior.

Daniel observaba a Carlisle con aparente tranquilidad; él sabía quién era, no hacía falta ser un genio para averiguarlo. Pero Esme conocía a su hijo como a ella misma, sabía que ese sentimiento de sobreprotección que Daniel había desarrollado hacia ella a lo largo de los años era más fuerte que cualquier otra cosa; en ese momento vio a su hijo con una madurez que parecía increíble para sus trece años.

—Hola — Esme miró a Carlisle con ganas de felicitarlo por ser tan valiente…o imprudente, según como se mire, por ser el primero en romper el hielo en esta tensa situación. Este adelantó una mano titubeante hacia Daniel—. Soy….eh…bueno…

—Sé perfectamente quién eres — dijo su hijo —, evitemos el apelativo "padre"…al menos de momento, ¿de acuerdo?

La situación parecía surrealista como poco.

Tanto Esme como Carlisle se quedaron en silencio mirando a Daniel mientras este se deshacía de su mochila y se quitaba la pesada chaqueta. Sin decir nada se marchó a la cocina, se sirvió un vaso de leche y cogió algunas cosas para comer. Se sentó con toda la tranquilidad del mundo en la mesa de centro del salón y comenzó a comer.

Carlisle no sabía si reírse o llorar.

—¿Puedo preguntarte a qué has venido después de tanto tiempo? — Esme ladeó la cabeza sorprendida por la pregunta de su hijo.

—¡Daniel! —le reprendió.

—Mamá, creo que tengo derecho a saber, ¿no crees? Llego del colegio y me encuentro aquí a mi padre — escupió —, el mismo hombre que te abandonó antes…antes de que naciéramos. Veo tu cara, mamá…y sé que ahora no eres la mujer más feliz del mundo — luego miró a Carlisle esperando una respuesta coherente a todas sus dudas; este tomó aire antes de abrir la boca.

—Te…te juro por todos los cielos que mi intención no es hacer daño a tu madre — se acercó lentamente hasta él para sentarse tentativamente en una silla. No estaba lo suficientemente cerca que él hubiera deseado, pero de momento tenía que valerle. Además, ¿qué esperaba? ¿Qué corriera hasta sus brazos? ¿Una fiesta con confeti? Por todo lo sagrado, era un maldito desconocido para su hijo —. Supongo que una de las razones que me han hecho…aparecer…es el querer conocerte.

—¿Justo ahora? — Esme miraba a ambos como si estuviera viendo un partido de tenis. Quiso intervenir, pero la reacción de Daniel no estaba sino aumentando su orgullo al verse tan defendida por su pequeño. Decidió esperar un poco. También debía de reconocer que el hecho de ver al gran Carlisle acorralado por su propio hijo la satisfacía interiormente,

—Bueno…han pasado algunas cosas que me han hecho darme cuenta de que me he comportado como un auténtico gilipollas — Daniel curvó sus labios hacia arriba ante la maldición de Carlisle —, la vida es demasiado corta…y no suele dar segundas oportunidades una vez que se ha pasado tu tiempo…

—¿Y cómo sabes que no se ha pasado el tuyo? — preguntó Esme. Carlisle la miró como hace trece años. Sus ojos se llenaron de ternura y de algo más, algo que ella no supo o no quiso identificar. Suspiró casi aliviada cuando su ex amante apartó la mirada de su cara, aunque no se esperaba lo próximo que dijo.

—Me casé — Esme se encogió internamente ante las palabras del hombre. No deberían de haberla molestado ni por asomo, pero lo hizo. Su parte más racional la gritó que esa rabia era simplemente porque él logró seguir con su vida…mientras una parte de la suya había muerto para siempre —. Me casé hace ocho años…murió hace cinco — la estancia se quedó en silencio; lo único que se podía oír era el tic tac del reloj de la bisabuela de Daniel. El chico apartó el vaso prácticamente entero y miró la escena.

—Lo siento —musitó Esme —, de verdad — Carlisle asintió.

—Siento que desde el principio lo he hecho todo mal. Me casé con una mujer maravillosa, aunque siempre sentí que me faltaba algo…Cuando anoche encendí la radio y oí…¡Dios! Cuando oí la terrible historia contada por tus propios labios me sentí miserable y enfadado conmigo mismo…aunque a la vez iluminado. ¿Qué está mal conmigo? ¿Por qué siempre pierdo a las personas que he amado? —Esme decidió para sí misma que ese comentario no la iba a afectar.

—Quizás no las pierdas, quizás seas tú mismo el que las aleja — Carlisle asintió al comentario de su hijo dándole la razón.

—Eres un muchacho tan inteligente como tu madre — sonrió con tristeza —. No puedo cambiar el pasado por mucho que me pese…pero sí puedo intentar cambiar lo que está por pasar.

—¿A qué has venido? — preguntó por segunda vez Daniel. Carlisle suspiró con decisión.

—Sé que es tarde…pero he venido a pedirte que me dejes estar en tu vida…de la forma en que tú quieras que esté. Lo que me faltaba…eráis vosotros — miró a Esme—. También he regresado para ganarme tu perdón y, por supuesto, a ayudar en la búsqueda de nuestro hijo —Daniel se levantó y encaró a su padre.

—Pareces sincero — sentenció —. Haz lo que debas hacer. Por mí está bien, aunque no será fácil. Ven a verme cuando quieras, ármate de paciencia...haz lo que quieras para redimirte, pero ante todo cumple siempre tus promesas. Ayuda a mamá a buscar a mi hermano e intenta ganarte su perdón…pero jamás se te ocurra dañarla de nuevo. Como eso ocurra ya puedes ir apuntando a otro más en tu lista de personas perdidas…

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Abril 2012, Forks

La mañana se estaba haciendo un poco pesada.

La gente aprovechaba los inusuales días soleados del pueblo para irse de acampada el fin de semana, para irse de pesca, para desconectar…así que apenas había habido movimiento en la cafetería y eso era malo para mi mente; inevitablemente viajaba a momentos, lugares y sentimientos a los que no debería acudir ni de visita. Hacía poco más de dos semanas que mi tía nos había dejado, los mismos días que Edward había vuelto a su perfecta vida al lado de Tanya. No habíamos vuelto a tener noticias de él.

Bien…evidentemente, no podía culparlo.

Se había ido de este pequeño trozo de tierra en mitad del bosque para labrarse un futuro prometedor y brillante. Y lo había conseguido. A pesar de que pudiera parecer lo contrario, estaba feliz de que a su lado tuviera a una persona como Tanya; no habría soportado verlo con alguna de esas chicas idiotas que se molestan cuando se les estropea el maquillaje cuando sus novios las besan. Aunque sólo la había conocido por unas horas, sabía que Tanya no era así. Y lo agradecía enormemente.

De nuevo nos separábamos para ambos seguir con nuestras vidas.

Traté por todos los medios volver a mi rutina de siempre, pero las constantes visitas carentes de mala intención por parte de Jacob no me lo ponían nada fácil. Había estado mucho tiempo a su lado; muchas mañanas, al verlo entrar por la puerta de la cafetería con su mono lleno de manchas de grasa mientras se acercaba a mí con una sonrisa, quería creer de todo corazón que nada malo había pasado entre nosotros. En realidad no había pasado nada malo…pero tampoco nada necesariamente bueno que nos mantuviera juntos.

Ser su amiga…sólo su amiga, se estaba convirtiendo en un reto demasiado difícil en un momento complicado. ¿A quién quería engañar? Necesitaba su cercanía, su calor y sus bromas…lo necesitaba porque él había sido el que me había arrancado una sonrisa en mis peores momentos. No podía seguir siendo egoísta con una persona que no se lo merecía; ya me había regalado demasiado tiempo a su lado son pedir nada a cambio.

Rehacer mi vida con el corazón roto se estaba volviendo una tarea más que complicada. Supongo que eso se debía a la depresión post ruptura…o post huida de Edward…

—Dime que saldrás con nosotros esta noche —miré a James con una ceja alzada —. ¡Vamos, Bella! ¿Qué te cuesta? Sólo iremos a Port Ángeles a tomar algo. Ya sabes…salir, distraerse…conocer a más gente…Además, estás súper graciosa cuando te tomas un par de mojitos — sonreí.

—Lo siento, cielo…pero tengo cosas que hacer — dije mientras apagaba el horno.

—¿Cosas? ¿Cómo qué? ¿Hacer la maldita colada y ver algún culebrón descafeinado? — fruncí el ceño.

—Por todo lo sagrado, James…sabes que odio los culebrones. Con el mío ya tengo suficiente…Aunque he de reconocer que con lo de la colada has acertado — sonreí cuando vi a James poner los ojos en blanco; me encantaba ponerlo de los nervios.

—Menudo planazo, Bella…Excelente para pasar la noche del viernes — murmuró mientras secaba unos vasos y los colaba en la estantería —. ¿Quieres que te regale un par de gatos y así completas la viva imagen de la solterona aburrida? — le pegué un codazo en las costillas.

—¡Hey! No te pases.

—James sólo intenta hacerte ver que estás desperdiciando tu vida encerrándote en casa — fingí una mala mirada hacia Ángela aunque ella me contestó con una sonrisa —. Si te animas, ya sabes dónde vamos a estar…Por cierto, ahí fuera está Rosalie, ha venido a verte…

Abandoné la cocina y los reproches de mis amigos para ir en busca de mi prima; era extraño que estuviera aquí tan pronto. Fruncí el ceño preocupada al ver la palidez de su rostro. ¿Ahora qué pasaba? Me acerqué rápidamente hasta la apartada mesa en la que se había sentado y la saludé.

—Rose...¿qué haces a estas horas por aquí? ¿Te encuentras bien? — me ofreció una sonrisa nerviosa.

—Siento de verdad haber venido hasta aquí para verte…no podía esperar a que salieras de la cafetería. No quería molestar…—me senté a su lado y puse mi mano sobre la suya.

—Sabes perfectamente que no me molestas, Rose…Dime, ¿qué te pasa? — la rubia cerró los ojos y suspiró como si estuviera cansada…o asustada.

—Tengo que hacerme un test de embarazo…y me da pánico — por un momento no supe qué decir porque no podía leer con exactitud los sentimientos que estaba viviendo Rosalie.

—Creí que Emmtett y tú queríais ser padres — asintió.

—¡Pues claro que queremos tener un bebé! — agachó la cabeza y se sorbió la nariz con un pañuelo de papel —. Pero me da miedo que pase lo de las otras veces…

—¿Lo de las otras veces? No entiendo…¡Oh! No me digas que…lo…perdiste…—susurré.

—En realidad…no — alzó la cabeza —. He estado varios meses en tratamiento preparándome para una inseminación artificial —mi cara de asombro no pasó desapercibida —. No conseguía quedarme embarazada por el método tradicional, ya sabes — asentí —. Los dos primeros intentos fracasaron. Si esta vez no funciona tendremos que optar por la fecundación in vitro. Temo…¡Dios! Temo defraudar a Emmett de nuevo — empezó a llorar. Pasé mi brazo por sus hombros y dejé que se desahogara. No podía hacer otra cosa.

El mundo era una mierda y en momentos como este mi sospecha se hacía realidad; a veces las cosas más sencillas podían convertirse en las más complicadas. ¿Cuántas mujeres descubrían cada día que estaban embarazadas sin haberlo deseado? ¿Cuántas adolescentes abortaban de manera clandestina arriesgando su salud? ¿Cuántas abandonaban a sus bebés recién nacidos? Y aquí estaba Rose, llorando sobre mi hombro por miedo a no poder ser madre. La vida era injusta y completamente descompensada.

—Rose…por favor…No te atormentes antes de saber el resultado. ¿No…no se supone que deberías ir al médico y que él mismo te lo confirmase? — me miró mortificada con sus ojos azules enrojecidos por el llanto. Mierda, verla así no me hacía bien. Yo misma estaba tan híper sensible que temía ponerme a llorar también.

—Tengo que ir mañana con Emmett. Pero necesito saberlo antes…no podría soportar de nuevo el gesto de desilusión de su cara delante de un médico — negó con la cabeza como si esa opción le pareciera del todo inviable. Suspiré.

—Estoy completamente convencida de que jamás desilusionarías a Emmett. Él te adora — suspiré con nostalgia—. Bien…—me levanté y me quité el delantal ante la atenta mirada de Rosalie—, supongo que debemos ir a una farmacia, ¿no?

Apenas cinco minutos después estábamos comprando un test de embarazo en la farmacia en la que trabajaba Lauren, una de las superficiales novias de juventud de Edward, y diez minutos aún más tarde atravesábamos la puerta de mi casa acompañadas por un helado de chocolate de un litro.

Nada más abrir la puerta añoré la presencia de mis padres; la casa estaba extremadamente vacía sin ellos. Habían decidido salir unos días al pueblo para relajarse e intentar volver a la vida normal tras la inesperada y terrible pérdida que habíamos sufrido. Mi madre no levantaba cabeza, así que mi amoroso padre alquiló una casa en medio de la nada en la que sólo estaban ellos, la montaña y la tranquilidad.

A Rosalie y a mí nos vendría bien esta inusual privacidad

Subimos a mi cuarto y sacamos el test. Era evidente que Rosalie se había hecho más de uno de estos por la familiaridad con la que lo preparó todo. Tras una rápida visita al señor inodoro esperamos mirando como imbéciles al pequeño aparatito; parecíamos dos adolescentes nerviosas.

—Si es positivo, ¿qué color tiene que salir?

—Este no va por colores. Va por rayas. Uno negativo, dos positivo — asentí.

—¿Cómo…cómo ha sido el tratamiento?

—Duro — murmuró sin dejar de mirar el test —. A veces molesto, a veces doloroso…sobre todo pesado. He pasado muchos nervios durante estos meses. Ahora mismo no hay nada que desee con más devoción que un bebé…¿Cuánto tiempo ha pasado? —miré el reloj.

—Cuatro minutos.

Ambas nos asomamos para mirar el test. El recuadro en el que saldría el resultado estaba blanco de momento, aunque poco a poco empezó a colorearse con una raya…al agarre de Rose en mi brazo comenzó a flaquear. Se apoyó en la pared de mi baño y se deslizó por ella hasta tocar el suelo con su trasero.

—Lo sabía…—susurró—, sabía que de nuevo fallaría.

—¡No estás fallando a nadie, por el amor de Dios! Y deja de llorar, por favor…—miré de reojo al aparato del demonio —. Oh, espera…Dos…Rosalie, aquí hay dos rayitas — Rose dejó de llorar al instante y me arrebató el aparato del demonio de un tirón.

Comenzó a llorar de nuevo, pero esta vez no necesitó mi consuelo sino mis felicitaciones. Ahora lloraba de felicidad. Me abrazó efusivamente transmitiéndome una alegría enorme que hacía tiempo que no sentía. Tras unos largos minutos se separó de mí, se limpió al maquillaje corrido como buenamente pudo y respiró hondo.

—Es la primera vez que veo un test de embarazo positivo. Me parece increíble — susurró —. Vale…tengo que calmarme. Tengo que esperar a mañana, necesito que mi ginecólogo me lo confirme, necesito oírlo en voz alta…—avanzó hasta mi cama para sentarse en ella —. Creo que me está empezando a entrar el pánico.

—¿Por qué? — pregunté sentándome a su lado.

—Porque me hicieron la inseminación hace solo tres semanas. Aún hay cien mil cosas que pueden salir mal…

—Pero ahora no debes pensar en eso, Rose…Debes disfrutar de este momento. Tiene que ser maravilloso saber que dentro de ti está creciendo una vida hermosa y preciosa. Emmett se va a poner loco de contento —ambas sonreímos.

—Sí, lo sé. No le digas nada, por favor…quiero ver su cara cuando el médico nos lo confirme.

—Hazle una foto — bromee—. ¿Qué te parece si lo celebramos a nuestra manera?

—¿El helado de chocolate? —preguntó esperanzada.

—Y de stracciatella…creo que aún queda un poco de mi última crisis — se relamió los labios —. Vamos abajo…

Cuando llegamos al salón nos inundó un inusual silencio. Rose, aún con el Predictor en la mano como si fuera lo más preciado del mundo, puso la televisión mientras yo sacaba dos tarrinas de helado de litro y un par de cucharas. Pasé de los platos, el helado directamente desde su envase a la boca sabía muchísimo mejor.

—Supongo que tendremos que hacer una celebración por la buena noticia…cuando sea oficial, claro — a Rosalie se le iluminó la cara.

—Me encantaría….aunque quizás la familia no tenga ganas de celebrar nada. Han pasado muy pocos días desde la muerte de Sulpicia — suspiré.

—Rose, la vida sigue. A Sulpicia le habría llenado de gozo la noticia de tener un nieto y por lo tanto habría querido que la noticia fuera celebrada por todo lo alto —la cogí de la mano—. Todos estarán felices…—me dedicó una gran sonrisa.

—¿Puedo hacerte una pregunta? — asentí —. ¿Cómo vas con Jacob? No te he vuelto a ver con él desde…desde el entierro…

—No estamos juntos —Rose no pareció sorprendida ni por asomo —. Lo nuestro había llegado a un punto en el que no podía avanzar más…era inútil por nuestra parte seguir manteniendo una relación estancada. Él se merece algo mejor…y supongo que yo también — murmuré.

—¿Al menos habéis quedado como amigos? — sonreí con tristeza.

—Lo estoy intentando, pero de momento eso no es posible…aunque espero que con el tiempo así sea — me relamí los labios antes de cambiar de tema sin ninguna sutileza —. ¿Me pasas un poco de tu helado? ¿Rose?

Al ver que no me contestaba miré a Rosalie; había dejado de lado su interés por el helado porque había encontrado otra distracción. Mi amiga miraba fijamente la televisión.

—Oh, Dios mío…¿Has visto eso? Es…es como…— miré a la pantalla quedándome con las ganas de que terminara su frase.

En ella aparecía una mujer de una edad indefinida entre los cuarenta y los cincuenta años. Su intensa mirada verde observaba a la periodista que en esos momentos la estaba entrevistando. Definitivamente no era alguien a quien hubiera visto en la televisión con anterioridad. Fruncí el ceño cuando vi que ambas mujeres estaban en la puerta de un hospital de Chicago y rodeadas de gente.

—¿Qué es esto, Rose? ¿Qué….?

Mi frase se quedó a medias cuando en la pantalla apareció un hombre. Un hombre joven agarrando la mano de la mujer de ojos verdes que estaba siendo entrevistada.

—No puede ser — susurré.

¿Quién demonios era esa mujer….y qué hacía Edward con ella?


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué os ha parecido la reaparición de Esme en la televisión?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

Manligrez, Sarai GN, Anamart05. Amanda Culle Salvatore, Betza MB, Yasmin cullen, Belgica orosgarcia, LauCullenBlackSwan, Jacke94, Kjmima, Guest, Dracullen, Evetwilight, Gaby Rivera, Rafaela monterro, NardaMar, Elizabeth Lecter, Lydia Zs Carlton, Liduvina, Lory24, Iku cSwan, Anisa Eliana, Ludgardita, Ettena, Day Lynn Leery, Masilobe, Maripo Cullen, Nyx 88, Maze2531, BABYBOO27, Orisweetcullen, Elaine Haruno de Uchicha, DiAnA FeR, JimeBellaCullenSalvatore, Gretchen CullenMasen, Kimjim, Yuliette06 y a todos los lectores anónimos.

Muchísimas gracias por seguir leyendo, nos vemos dentro de unos días. Un besote enorme!