Más tarde, Diamante se encontraba en camino a donde había dejado a Serena y Rini, caminaba apresurado, preguntándose como se encontrarían ambas. Ensimismado en sus pensamientos no se fijó en la figura que se acercaba hacía el a toda prisa.
-Diamante, ¿haz visto a Serena?...dime que si.-preguntó Zafiro desesperado.
-No, no, no, me tengo que ir.
Fue su única respuesta y Zafiro lo vio alejarse, por alguna razón le resultaba difícil creerle, por lo que decidió seguirlo discretamente. Diamante dobló en la biblioteca y en vez de entrar a ella salió hacía el jardín trasero, lo que le pareció raro a Zafiro.
Se escondió tras los arbustos enormes que estaban junto a los ventanales y lo observó con mucha atención. Diamante se acerco con lentitud a Serena, como si temiera acercarse. Ella se volvió para verlo y no pudo evitar sonreír, Rini también lo vio y corrió hacía el, dándole un abrazo, a Diamante le pareció extraño pero no se quejó, después Serena se puso de pie y en su rostro no podía ocultarse el gusto que tenía de ver a Diamante.
-Que bueno que haz llegado… es algo tarde y no tengo idea de cómo Rini regresará a casa sin que se enteren de que estaba conmigo.
-Ya arreglaremos algo.-respondió Diamante, frío.
Zafiro no creía la escena, Diamante había sabido todo el día en donde se encontraba Serena y no había dicho nada a nadie, lo había ocultado, se preguntó si fue por que ella se lo pidió o por que simplemente no quería que nadie supiera su paradero.
Caminaron los tres hacía el estacionamiento y Zafiro los siguió de cerca. Rini tomó la mano de Serena y con la otra la de Diamante, mientras caminaban, Reika Nishimura pasó por delante de ellos hasta que notó su presencia, Serena estaba concentrada en Rini, por lo que no prestó atención, pero Diamante si sabía lo que pasaría ahora.
-¡Rini!, ¿qué haces aquí?
Rini se giró rápidamente y se encontró con los ojos olivo de su hermana.
-Reika…
-No puedes estar aquí, ¡menos con esta!, ¡ven conmigo!-dijo arrebatándola de los brazos de Serena.
-No lo hagas, Reika, ella vino a verme a mi.
-Calla, Serena, cuando mi padre se entere de esto no le va a gustar nada, te aconsejo que ya no te metas en más problemas.
-No puedes llevártela así como así, ¡tu no la quieres!-gritó desesperada mientras las veía alejarse.
Rini comenzó a derramar lágrimas sin poder hacer nada para librarse.
-Ya aprenderás, Serena Tsukino, no permitiré que tengas tranquilidad, no dejaré que puedas llevar una vida feliz, ¿escuchaste?
Serena estaba a punto de correr tras ella y arrebatarle a Rini pero Diamante la había detenido del brazo.
-Será mejor que no vayas, ella ya se encargará de todo, no te preocupes, si es necesario te ayudaré…ya no hay nada que podamos hacer, lo lamento.
-Tendré serios problemas, Diamante, el señor Nishimura se enojará realmente.
-¿Por qué ese señor no deja que tu hermana te vea o tenga contacto contigo?
Serena le dio la espalda, con un nudo en la garganta, se calmó y luego respondió.
-Él no me quiere, nunca me ha querido, desde que mi padre murió y ha estado cerca de mi madre…nunca fue bueno conmigo, y mi madre nunca ha hecho nada para defenderme, siempre le importó poco que mi madre tuviera ya una hija, simplemente me ignoró y siguió prefiriendo a Reika, su verdadera hija, parece que nunca le gustó que mi madre tuviera ya una hija no concebida por él. Después nació Rini y terminó por desplazarme, le dio toda la importancia a ella, yo me convertí en un cero a la izquierda, y ahora cree y dice que seré una mala influencia para ella y por eso me mandó a vivir a aquí.
Hubo un largo silencio, Serena se enjugó las lágrimas que habían resbalado por su mejilla, Diamante la miraba, sorprendido de que Serena le hubiera hecho tales confesiones, nunca creyó que en su vida tuviera desdicha, de pronto se sintió muy interesado.
-¿Qué le pasó a tu padre?
-Murió en la guerra.-fue la única respuesta de Serena.
-Entiendo como debes de sentirte…yo nunca conocí al mío, y perdí a mi madre muy joven.
Serena se volvió para mirarlo de frente y se acercó unos cuantos pasos a él. Se miraron por un largo tiempo, en silencio, parecían querer confesarse algo con la mirada.
-¿Por qué a veces siento que…nos conocemos desde hace tiempo?-dijo Serena en voz alta, levantando la mano y acercándola al rostro de Diamante. La pregunta había sido más para ella que para el. Diamante no respondió, tan solo recordó que le sucedía exactamente lo mismo, sintió la mano de Serena acariciar su mejilla, de pronto imágenes de su pequeña rubia llegaron corriendo a su cabeza, recordó aquella vez en que ambos se habían metido al río juntos y habían nadado durante horas. De pronto Diamante aventó la mano de Serena y ella lo miró desconcertada. Diamante le dio la espalda y su respiración era entrecortada.
-¡Por qué!-dijo con firmeza.- ¡Eres tan parecida a ella!, ¡te odio!-gritó.
Serena se quedó pasmada por lo que escuchó, no entendía mucho, pero las palabras de Diamante la habían herido y algunas lágrimas cayeron por su rostro. No pudieron continuar hablando por que en ese momento Reika volvió, pero ya no sola, esta vez la acompañaban su padre, e Ikuko, junto con Rini.
-Serena Tsukino.-habló con frialdad el señor Nishimura.-Eres la mujer más irresponsable que conozco. ¡Cómo te atreviste a persuadirla así!, sabías perfectamente que no te quería cerca de mi hija, ¡ingrata!
-Ella vino aquí, ella quería verme, ¡no me grite!
-Será mejor que no me contestes, dudo mucho de que mi pequeña Rini haya venido aquí, sola, ¡desagradecida!
-Mejor váyanse de aquí, te veré después, Rini, te quiero.-dijo Serena con tristeza.
Diamante no pudo evitar fijarse en la tristeza de su voz, supo que le dolía mucho separarse de ella. Ikuko Tsukino tampoco había dicho nada, prefirió no meterse, como siempre. La familia Nishimura-Tsukino desapareció entre la noche junto con Reika, y ambos quedaron solos de nuevo.
Diamante se acercó a ella pero Serena se alejó, lo miró con los ojos húmedos y después corrió hacia su habitación. Diamante se quedó varios minutos más en el jardín, tranquilizándose.
Zafiro decidió volver a su cuarto, no podía creer muy bien las múltiples escenas que había visto. Primero pudo darse cuenta, a juzgar por la actitud de Diamante hacia Serena, que él la quería, que desde hacía bastante tiempo estaba enamorado de ella, aunque demostrara justo lo contrario, y pudo percibir que por parte de ella también había un sentimiento muy fuerte, ninguno lo sabía, pero a Zafiro le había bastado con observarlos para darse cuenta. Se sentó un momento a pensar, con la vista clavada en el suelo, comenzó a recordar todo, como se miraban, como se hablaban, como si los dos trataran de decirse algo más, se miraban como si se desearan, aunque tampoco ninguno lo percibía, pero también descubrió algo muy, muy importante. Ese amor que Zafiro pudo encontrar en los dos, no era algo que había sucedido hace poco, descubrió quien era realmente Serena Tsukino, Serena, rubia, hermosa, pálida, joven, perfecta, ¿cómo no se había dado cuenta de ello desde el primer día que la vio?, y peor aun… ¿cómo Diamante no la había reconocido ya?, todo había pasado tan rápido que aun no lograba comprenderlo del todo, esa pequeña niña a la que tanto habían buscado, ¡había estado ahí todo ese tiempo!
El día del baile todas las chicas estaban muy emocionadas, Serena se había quedado en cama leyendo, pues se había negado a ir con todos los chicos que la invitaron, al final, Zafiro invitó a Hotaru, quien al parecer se mostraba muy feliz, y Serena comenzó a comprenderlo.
-Me he dado cuenta de que sientes algo por Zafiro.
-El te quiere a ti.
-Yo no lo quiero a el.
-Eso no importa.
-Hotaru, eres hermosa, estoy segura de que hoy Zafiro quedará encantado.
Serena vio como todas las chicas se arreglaron para ir al baile, mientras ella, con pijama se introducía bajo las cobijas.
Zafiro se colocaba los últimos detalles de su traje, debían llevar máscaras, por lo que la saco del empaque y la colocó sobre la cama. Durante los últimos dos días no había podido quitarse de la cabeza que Serena era quien tanto esperaba, ni siquiera había podido dirigirle la palabra normal, sin poder pensar en que ella era aquella frágil niña, ¿cómo se lo diría a su hermano?, no podía hacerlo, prefirió guardar el secreto y esperar a que pronto ellos mismos lo averiguaran. Diamante se encontraba leyendo, sobre el diván, con su viejo pijama, lucía tan tranquilo, sin embargo, Zafiro sabía que no era así, que desde aquel entonces vivía con un interminable dolor. Salió de su cuarto hacia el dormitorio de las chicas.
Una hora más tarde, Serena se había puesto de pie para ir al baño, cuando se percató de que había una nota bajo la puerta y la recogió, la estudió para saber a quien estaba dirigida y se sorprendió al ver que era para ella.
"Serena: Te espero en el baile, amaría bailar contigo." A Serena se le aceleró el corazón, ¿Quién pudo haberle enviado esa nota?, ni Seiya, ni Andrew ni Zafiro pudieron habérsela enviado, todos ellos ya tenían pareja y ninguno era tan romántico para enviarle una nota. Una amplia sonrisa se dibujo en su rostro y decidió que debía cambiarse.
Buscó entre sus cosas y encontró ese vestido sencillo, pero muy lindo que había traído consigo, era un vestido azul turquesa, que combinaba a la perfección con sus enormes ojos, se abrochó con cuidado los zapatos y se retoco el rostro y el peinado.
Media hora después, Serena se encontraba caminando entre las personas dentro del gran salón. Todos la miraban asombrados, al parecer se notaba más que las demás chicas. Caminó, ansiosa por saber quien era el que le había enviado esa nota, ansiaba conocerlo.
Diamante se encontraba del otro lado del salón, recargado contra la pared, ¿Qué hacía ahí?, solo por que una chica se había molestado en enviarle una nota, ¿Por qué lo hacía?, no entendía muy bien, pero esperaba que esa chica apareciera pronto, deseaba distraerse.
Mientras observaba a su alrededor notó a una chica rubia, con un vestido turquesa que caminaba como buscando a alguien. Por un momento se sorprendió, parecía haber visto un ángel, se quedó pasmado, estudiándola por bastante tiempo, hasta que se concentró en su mirada, ella era, Serena. No podía olvidar esa mirada aunque quisiera, algo lo llevó a acercarse a ella y a detenerla del brazo.
Serena lo miró, primero temerosa, pero después de verlo directamente a los ojos supo al instante de quien se trataba.
Una balada se escuchó en ese momento y Diamante, sin pensarlo siquiera rodeó a Serena por la cintura y la condujo para comenzar a bailar. Ella paso los brazos por su cuello, dejándose llevar por el ritmo y los pies de Diamante.
No hablaron durante mucho tiempo, tan solo se observaron el uno al otro, como si en la pista no existiera nadie más.
Fue Diamante quien rompió el silencio.
-Pensé que no vendrías al baile.
-Pensé que tu tampoco.
-Cambié de opinión…a última hora.
-Yo también…
-Al parecer, alguien quería encontrarse conmigo aquí.
-Que curioso, conmigo también.
Ambos se quedaron pensando al respecto, ¿acaso alguno de sus amigos les había jugado una broma?, en ese momento no les importó mucho, no paraban de bailar.
-Serena…no quise hablarte así yo…no sé como reaccionar muchas veces, no sé como vivir contento…alegre o como sea.
-Lo entiendo.-dijo ella mirándolo a los ojos.
-Hoy…luces…hermosa…
El ruido de la música atropelló las palabras de Diamante, pero eso no pudo evitar que Serena las escuchara muy bien, se sonrojó y noto como Diamante la apretaba más contra el, las luces se oscurecieron un poco más e instintivamente ella colocó su cabeza sobre el pecho de Diamante, y pudo escuchar su corazón latir rápidamente.
Alguien ordenó apagar las luces por completo y así fue, la música siguió su curso pero la luz dejo de iluminar el lugar, Diamante sintió como Serena se apretaba contra el, por el susto, el de pronto, sin pensarlo, tomo su rostro y aunque no podía verla supo que ella también intentaba mirarlo, acercó su rostro al de ella con lentitud, sintió su aliento golpearle el rostro y presionó sus labios contra los de ella. Al principio ninguno se movió, Diamante sintió como los labios de Serena se endurecían, después sintió como se suavizaban al reaccionar ante la insistencia de Diamante. Diamante la besó con pasión, con cierta desesperación, como si hubiera anhelado hacer eso por mucho tiempo. Serena terminó por rendirse ante la dulzura de los labios de Diamante, permitió con explorara su boca y ella hizo lo mismo con la de el, en ese momento le pareció que nunca había probado nada tan exquisito. Como si todo fuera un cuento que llegaba a su fin, Diamante se separó de sus labios y en ese momento la luz se encendió, ambos se miraban, con incertidumbre e incredulidad, pero al mismo tiempo con dulzura.
Una voz en el micrófono interrumpió sus pensamientos. "Es momento de anunciar a la reina y el rey del baile", indicó la figura desde el escenario. Ni Serena ni Diamante podían dejar de mirarse.
De pronto sintieron como los reflectores apuntaban hacía ellos, todos los miraban, Michiru y Haruka avanzaban hacía ellos muy decididas, los tomaron de las manos y los obligaron a subir al escenario.
Les colocaron coronas y Diamante pudo observar a sus amigos que los miraban con extrañeza, vio a su hermano sonreír, y entonces supo que el lo había planeado todo. Rei Hino los miraba con odio y enemistad, parecía que moriría del coraje. Escucharon los bitores durante un buen tiempo hasta que todos se acercaron a felicitarlos, pero el ya no podía seguir ahí, todo había sido un juego por parte de Zafiro, el había planeado llevarlos a los dos al baile, y que se alguna manera se encontraran, pensó en lo que había hecho, ¿Por qué la beso?, se preguntó miles de veces, sus miradas se encontraron, ¿Qué le sucedía a sus ojos?, parecían diferentes, parecían querer expresarle algo, su mirada se había convertido en algo hermoso y difícil de contemplar. Serena sintió como Diamante la atravesaba con los ojos, lucía asustado, pero al mismo tiempo la miraba con pasión, lo que la hizo enrojecer. Pero de pronto lo vio darle la espalda y correr hacía fuera del salón, nadie lo siguió mientras la rodeaban de felicitaciones.
Diamante corrió hacía su habitación, aventando su saco, se tumbó sobre la cama, tapando su rostro, pensando en lo que había pasado, ¡no podía ser!, había probado los labios de Serena Tsukino, por un momento la amó, la deseó, su boca fue lo más dulce y suave que probó nunca, un deseo ardiente lo invadió, deseo poder besarla de nuevo, pero estaba lejos, y trato de alejar esos pensamientos, Serena se le había metido al sistema, como si de una droga se tratara, haberla probado fue como haber caído hasta el fondo de su dolor. Y aunque todo fue muy extraño, recordó sus besos, un estremecimiento le recorrió el cuerpo.
Serena llegó espantada hasta su cama, ni siquiera se atrevió a quitarse el vestido, los demás habían ido a festejar, pero ella decidió quedarse, no podía pensar en otra cosa que no fuera Diamante y su delicioso beso. Se recostó con la imagen de su rostro, se toco los labios mientras recordaba lo hermoso que había sentido al ser acariciada por su boca, nunca pensó que justo el sería el primer chico que la besara, siempre creyó que su pequeño sería el primero, pero no estaba ahí, estaba lejos, y ahora no podía quitarse al chico de cabellos plateados de la cabeza, no pudo olvidar su largo y dulce beso, recordó como al principio se había quedado petrificada pero después, Diamante la invitó a seguir, su boca la había guiado a un placer extremo, dulce, pasional, su cuerpo vibró, deseo poder estar junto a el en ese momento, pedirle que la besara de nuevo, recordó sus ojos grises y enormes.
