Capitulo 10.

Sam se seco el pelo frente al espejo del baño con aire cansado. Estaba deseando irse a la cama a dormir de una vez. Estar todo el día jugando al escondite con el bipolar de su hermano era agotador para cualquiera. Y es que, Dean, después de lo que ocurrió en el patio, desapareció y se escondió, Dios sabría donde. Jodido Dean…
Con un suspiro se miro en el espejo y casi le dio un infarto cuando vio a un hombre con gabardina detrás suya.

- ¡¡Joder!! – mascullo, volviéndose. - ¿Quién coño eres tu? – pregunto de mal modo y buscando con la mirada el cuchillo que siempre llevaba en los pantalones… pantalones que no tenia puestos y que no estaban ahora a su alcance…

- Tú ya sabes quien soy, Sam. – el chico frunció el ceño, disgustado.

- Eres el ángel que saco a Dean del Infierno, ¿verdad?

- Soy Castiel, si.

- El plumífero… - soltó Sam aguantando la risa y recordando alguno de los motes que Dean le había puesto al ángel. Castiel puso los ojos en blanco.

- Ya veo que tu hermano te ha hablado de mí. Y no bien, por lo que parece…

- Un poco, si… ¿Qué quieres? – el ángel se sentó en el filo de la bañera y lo miro con calma.

- Lo normal. Evitar el Apocalipsis, que Lucifer no consiga escapar, que tu dejes de usar tus poderes… - el pequeño lo fulmino con la mirada a través del espejo. – Deberías saber que eso no solo te esta dañando a ti, sino también a tu hermano.

- ¿A que te refieres?

- Intentare explicártelo lo mas simple posible… cuando Dean hizo el pacto para salvarte, de alguna manera vuestras almas quedaron conectadas. Los poderes que tan alegremente usas provienen de la sangre demoníaca que Azazel te hizo beber. Cada vez que los usas, tu alma se vuelve mas oscura, Sam. Y, al estar conectado con el alma de tu hermano, la de Dean también, pero el doble. De ahí esas extrañas… ¿Cómo las llamaste? ¿No-posesiones? Pues eso… - Sam se cruzo de brazos a la defensiva. ¿Estaba diciéndole que era culpa suya lo que le pasaba a Dean?

- No entiendo…

- Dean estuvo en el Infierno. Es más susceptible a esos poderes…

- Tú fuiste quien le dijo a Bobby lo del colgante.

- Digamos más bien que le deje esa información en su subconsciente en nuestro primer encuentro. Intuía que podía pasar algo así. – Sam se enfurruño.

- ¿Y por que funciono? Que yo sepa, ese colgante no tiene nada especial. – Castiel río.

- Para tu hermano, si. Y eso es suficiente. Yo solo ayude un poquito…

- Entiendo… pero… Dean ya se lo ha quitado en dos ocasiones… ¿no se puede hacer algo para que no pueda quitárselo mas? – el ángel sonrío, benevolente.

- Eso es porque esta perdiendo poder el hechizo. Pero tu ya sabes otra manera de volverlo a la normalidad… - Sam sintió arder la cara. – Cuando… ¿Cómo lo dicen ahora los humanos? ¿Llegar al final? Nunca conseguí aprender esa jerga mortal… - ahora si. Ahora estaba rojo, rojo, rojo.

- Er… ¿estas insinuando que…?

- Exactamente. Total, después de lo que hicisteis ayer… - Sam se paso la mano por el pelo, revolviéndoselo.

- Joder… Dean tiene razón. Necesitas un hobbie…

- Nah… ya me entretengo bastante con vosotros…

Cuando Dean entro en la habitación, Sam salía del baño aun con cara de alucinado y tratando de digerir lo que le había dicho el ángel. Dean iba a la habitación a dormir, con la vana esperanza de que su hermano estuviera ya dormido. Vana e inútil esperanza, por lo visto. No quería encontrarse con el despierto… no quería hablar con el… deseaba estar bien lejos de Sammy en esos momentos… pero eso fue antes de verle salir del baño, recién duchado, con el pelo aun húmedo, con una toalla como toda vestimenta y… esa cara de no entender demasiado bien algo… esa expresión tan de su hermano. Fue ver eso y olvidarse de que quería huir. Ahora quería otra cosa mas divertida.

Sam ni siquiera había notado al mayor en la habitación, sentado en su cama. Iba demasiado metido en su mundo para hacerlo.

- ¿Qué tal la ducha? – si Sam hubiera sido un dibujo animado, habría acabado en el techo del susto.

- ¡¡Joder!! ¿Os habéis propuesto matarme todos de un infarto o que?

- ¿Uh? ¿De que hablas, tío? – por un segundo, Sam considero la idea de contarle a Dean la visita del ángel, pero finalmente decidió que no. No estaba muy seguro de cómo explicar la charla del ángel cuando el mismo no la había entendido muy bien.

- Er.. no importa… - el pequeño se estremeció al notar la mirada lujuriosa de su hermano recorriéndole el cuerpo. – Será mejor que me vista… - mascullo antes de darse la vuelta para ir a su cama.

- Sam… ven aquí… - Sam se quedo helado a medio camino entre su cama y la de Dean. La orden fue un simple susurro, pero le dejo clavado en el sitio. Se dio la vuelta despacio, para encarar a su hermano.

- ¿Q… que? – Dean seguía sonriendo torcido.

- Ven aquí, Sammy. – y otra vez ese susurro ronco. Sam se acerco a su hermano hasta quedar frente a el. La sonrisa de Dean se volvió lobuna. El pequeño le miro a los ojos para asegurarse de que seguían verdes, no fuera que hubiera vuelto a quitarse el colgante. Vale, si, completamente verdes. Se le escapo un suspiro de alivio… que acabo como un gemido de sorpresa cuando noto la mano del mayor subiendo por su pierna hasta su cintura.

- ¿Dean? ¿Qué… que quieres?

- Solo que te quedes quieto un rato, Sam.

- ¿Uh? – Dean arranco de un tiron la toalla que cubría a Sam.

- Tu solo quédate quieto… - repitió el mayor, empezando a darle besos y mordiscos por los muslos, subiendo hasta la cadera. A Sam se le fue toda la sangre a la entrepierna, haciéndole tener una erección del demonio y que empeoraba cada vez que su hermano la rozaba con el pelo, la camiseta o con cualquier cosa… la rozaba pero no la tocaba directamente, lo cual estaba volviendo loco al pequeño.

- Dean… - gimió frustrado cuando el otro le lamió la cintura, pasando de largo otra vez. Dean soltó una risita.

- Todo a su tiempo, Sammy, todo a su tiempo. – Dean deslizo las manos hacia el trasero del pequeño, aferrandole y acariciándolo. El cuerpo de Sam tembló entero cuando sintió a la vez la lengua de Dean lamiendo su miembro y uno de sus dedos colándose, lento pero implacable, por su entrada. Una mezcla de placer y dolor le recorrió de los pies a la cabeza, haciéndole gemir.

El leve dolor desapareció casi instantáneamente, pero regreso cuando Dean metió un segundo dedo. El siseo de protesta de Sam se quedo a medio camino ya que, en ese momento, Dean se introdujo entero en su boca su miembro. El pequeño tuvo que agarrarse a los hombros de su hermano para no caerse redondo al suelo ya que tenía las rodillas como un flan. A esas alturas ya estaba al borde del orgasmo, pero Dean siempre paraba en el momento justo para evitarlo. Sam gimió de frustración cuando su hermano dejo de lamerle, pero no le dio tiempo ni a protestar, porque Dean le tiro sobre la cama y se coloco sobre el, besándole apasionadamente en los labios.

- Dean…

- Sam… cállate de una puta vez… - gruño, mordiéndole el cuello.

- Pues haz algo para que me calle… o lo hare yo. – Dean río por la amenaza y le levanto con brusquedad las caderas para empezar a introducirse en su interior.

- ¿Qué tal esto? – cuestiono, dando una fuerte embestida. Sam hizo una mueca de dolor y el mayor se quedo congelado. - ¿Te estoy haciendo daño? – el pequeño sonrío al oír la nota de pánico en su voz.

- Tío… que no soy una muñequita de porcelana, joder. Muévete. – con una risa, Dean volvió a embestir en su interior que les hizo gemir a los dos. El silencio de la habitación fue roto por los gemidos y gruñidos de ambos. El miembro de Sam se rozaba con el estomago del mayor con cada embestida que este daba, hasta que ya no pudo mas. El orgasmo le pillo por sorpresa, haciéndole temblar y un gruñido salio de su garganta. Dean embistió un par de veces mas antes de unírsele y caer rendido sobre el. Cuando Dean volvió a besarle en el cuello, Sam le cogio el rostro para poder mirarle bien a los ojos. volvió a suspirar aliviado.

- ¿Qué? – pregunto Dean, sonriendo y recibiendo un beso suave en los labios.

- Nada. Son verdes… todo esta bien… mejor que bien… - el mayor río, algo confundido.

- Tío… estas fatal…


- ¡Chicos! ¿Os queda mucho? – el viejo cazador oyó como las risas se interrumpían justo un segundo antes de llegar hasta donde había dejado a los Winchester "pintando" esa tarde. Se sentía mas aliviado desde que, dos días antes, Sam le había contado que el problema de Dean parecía haberse solucionado y esas risas lo confirmaban. – Pero… ¿Qué demonios…? ¿Otra vez? – bufo a medio camino entre el enfado y la risa al comprobar que, como el se temía, los dos chicos no habían estado pintando mucho que digamos. A menos que a ponerse de pintura hasta las cejas se le llamara ahora pintar, claro. Ignorando por completo el sonrojo de ambos, la marca de dientes en el cuello de Sam y la camiseta desaparecida de Dean, se centro en tratar de componer una expresión enfadada. Aunque tenia que morderse la lengua para conseguirlo y no sonreír. - ¡Con la pintura no se juega!

- ¡Ha empezado el! – se acusaron a la vez los dos. A Bobby se le escapo una sonrisa.

- ¡Dean! ¡No seas crío! Parece que tengas la edad mental de un niño de nueve años.

- ¡Y tu la de uno de cinco!

- ¡Basta los dos! ¡Esta noche os quedáis sin postre! ¡Y terminad de pintar de una puta vez la pared! – ambos chicos le miraron con caras compungidas.

- Er… no queda pintura, Bobby… - el viejo cazador se llevo una mano a los ojos, para no matarlos ahí mismo.

- Pues ya estáis tardando en ir a por más. Malditos crios… - refunfuño volviéndose a la casa. En cuanto lo perdieron de vista, ambos empezaron a reír.

- Uh… un par de días más así y Bobby desiste de que le pintemos la casa. ¿Qué te dije? Soy el puto amo. – fanfarroneo Dean, guiñando un ojo a su hermano. Sam ahogo una risita.

- Ya, Dean… no te lo tengas tan creído. Además… estoy harto de mancharme. Tardo horas en quitarme todo esto del cuerpo. – Dean le abrazo por la espalda y le dio un mordisco en el cuello.

- ¿Y si te ayudo con eso?

- Bueno…

Fin!!