Ya saben porque motivos este fic esta bajo la categoría M, pero como es mi deber avisar, por favor si no estuvieron de acuerdo con la historia hasta ahora, no sigan, si les gusto les invito a leer, besos.
Aca esta el capìtulo corregido, gracias a mi beta Laia-bcn, gracias por tu paciencia y tu tiempo invertido, besos
Repito, que una excelente niña, Rainbow raw hizo un fanmade en youtube de esta historia: :http : / www .youtube .com / watch?v = dhSoQZdvfJo(todo junto); así que si pueden pasen y lo ven, gracias.
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.
La lengua
"…Y aun tengo miedo, porque eres mi todo y nada, lo completo e incompleto, sin ti nada existe, muero, me lamento, añorando por tenerte sin descanso. Mas me destruyes, me aniquilas sin piedad alguna ¿Cómo puede ser que lo que me da vida también me la quita? Tu eres eso, y yo…la misma nada…" (Found it)
A veces quería morir. Esa era una idea fugaz que en ocasiones cuando bajaba la guardia, cuando se perdía permitiéndose experimentar la alegría, la pura felicidad, amargaba su ser, era una verdad que estaba latente, oscureciendo todo a su paso, prometiendo romper esa burbuja donde se resguardaba de la realidad y no estaba bien. Nada estaba bien, eso era parte de la mentira, de lo que tuvo que pretender para no dañar, no desgarrar, no dejar que la bestia se libere. Todo a su alrededor se renovaba y florecía ajeno a sus pensamientos ya que seguía ahí, jamás se fue ni invernó, solo observaba paciente, mudo ante las circunstancias, ante las limitaciones, preparándose, juntando las fuerzas necesarias, por que al final del día, Edward sabía lo que pasaría solo que se estaba mintiendo para disfrutar de lo prohibido hasta que llegase el momento adecuado y nada pudiese detener lo que estaba en lo profundo. El pecado se reiteraba una y otra vez, incontables veces, haciéndolo feliz, dejándolo experimentar el placer en primera persona, ya que el cielo solo se descubre después de la muerte y él, el maldito enfermo ya lo podía sentir en vida. El tiempo pasaba junto a sus horas y días, y eso no le afectaba, sino que le alentaba, porque ella se estaba desarrollando ante sus ojos y era sumamente excitante y apremiante. Sus pequeños pechos crecían de a poco, sus caderas intentaban marcarse mientras que su cintura se afinaba cada vez más, porque su ángel se estaba preparando para ser devorada y a él se le había la boca agua.
No existía una formula mágica para evitar lo que siempre intentaba desmoronarlo, no sabía como repelerlo, o al menos resguardarse, ya que no quería que ella lo supiera…quería que ella no supiera tantas cosas; pero lo había visto en su mirada, ella al menos lo había captado y estaba aterrado que algún día reaccionase, que lo pensara cuerdamente y se alejase, que le abandone para ser feliz y tener un futuro, destruyéndolo a él en el proceso. Sus procesos mentales no podían obviar ciertas situaciones o gestos, él no descansaba, jamás lo hizo, sino que se agudizaba y buscada una huella de lo que ella pensaba, sentía y no compartía, ya que no había explicación alguna, el amor de ella no podía ser tan potente como para soportarlo, así que tenía que haber algo más, ella ocultaba algo y él se desesperaba por saberlo. Y la realidad era aplastante, no dándole respiro alguno, ya que ni él mismo se permitía disfrutar, solo dejar que los sonrojos de ella existiesen en su mundo, esas sonrisas tímidas y ese tentador labio fuese mordido; las recriminaciones jamás se iban, no podían irse, ya que no podía expresar la fuerza que escondía, no podía tocar como correspondía, morder y masticar como tanto deseaba, porque él no sabía como controlarse, ya demasiado tenía que soportar tenerla tan cerca y dispuesta, como para luchar si se permitía un poco más, solo un poco más.
Tantas veces se preguntó por qué tenía que sentirse así, por qué no podía mantenerlo en un plano inocente, solo tomar su mano, aspirar su aroma, rozar sus labios, lo más casto y puro que se pudiese, conformarse con lo mágico, y sabía la respuesta, pero trataba de evitarla ya que eso traería consigo más reproches y satisfacción; la había probado, había chupado sus jugos, ese rico líquido viscoso que salía de entre sus piernas, donde estaba la delicia que deseaba lamer, mordisquear y eventualmente penetrar, desgarrar todo a su paso para marcarla y así comer como siempre añoro. Y …a veces quería morir, ya que sabía que estaba mal sentirse así, ella era un niña, y él era un enfermo que quería mostrarle lo que verdaderamente significaba estar a su lado, como nada era suficiente y era más que probable que la destruyese; no era una persona fácil, sino compleja e incansable, y era puro terror cuando aparecían en su mente las ilusiones, las proyecciones, como su mano no tomaría la de ella si pudiera sino su pecho, apretándolo, para que lo sienta, como abriría las piernas de ella si solo dejaba libre un poco de lo que deseaba, para que le deje entrar y él jamás se iría de ahí, ya que MÍA, ELLA ES MÍA, y cada vez se sentía peor. Así que jamás descansaba, era una constante vigilancia controlar sus impulsos y movimientos, ya que ella tan frágil, tan dulce y él podía romperla si dejaba que lo verdadero tomase control. Ya no había culpa por tenerla, no tenía vergüenza en fingir enfrente de sus padres y conocidos que él era un ser normal y sano, no le podía importar menos lo que los demás pensasen, aunque le amargaba que ella si tuviese también que pretender que nada sucedía; estaría orgulloso poder besarla enfrente de todos, enfrente del perro sarnoso y apestoso para que al fin lo entiendan y ni siquiera pretendiesen quitársela, ya que ella suya, y eso era lo horrible.
Ella era la única razón por la que huía de ese sentimiento, ya que a veces quería morir por lo que le estaba haciendo y de lo que haría, ya que podía percibir el temblor en sus manos, ansiosas de más, de poder abrirla completamente y ver como su sangre brillaría ante él; pero no moriría, y ese era el peor castigo, que ella estaba viva y él deseaba tanto poder al fin clavar sus dientes por esa pálida piel, que ella grite y bañarse en esos suplicios que solo daría para él. Su dentadura molestaba ya que faltaba la carne de ella incrustada entre sus dientes, y la bestia siempre estuvo callada, no tenía nada que decir, ¿Cuál sería la razón de acotar cuando experimentaba todo en primera persona? Ya que siempre lo supo, el marica de Edward caería en la tentación, como cualquier humano débil, y cuando cruzo el límite entre lo bueno y lo malo, donde una barrera gris no existía, fue lo único que necesitó para fusionarse, para ser parte de él, porque los jugos de ella fue la fuerza necesaria, el néctar que le permitió al fin poder respirar en la superficie. Y aun así luchaba, no quería que ella sufra, cuando posaba sus labios sobre los de ella, cuando se permitía sentir esa delicadeza, quería más, lo quería todo y se percibía tan pequeña bajo sus manos que le aplacaba el remordimiento y se alejaba instantáneamente, no podría revivir ese espectacular momento, ya que ella era una niña y las niñas no deben ser tocadas en ciertos lugares.
Y a veces quería morir, ya que siempre lo supo, y era espantoso tener que comprobarlo, él era monstruo, y ella tenía la culpa por no dejar que se pudra en su miseria dándole lo exquisito con cada respiro ¿Por qué la tocó? ¿Por qué se fijo en ella en primer lugar? ¿Por qué no podía tocarla como quería? ¿Por qué no podía ser un buen hombre o al menos un hombre? ¿Por qué…? suspiro pesadamente queriendo despejar los porqués que siempre le asfixiaban colocando la capucha gris sobre su cabeza, el frío estaba apareciendo nuevamente en Forks, pero eso no dejaría la rutina, lo único que le permitía no hacer lo imperdonable. Por lo que cada día, cuando no tenía guardia nocturna, salía a las 5 de la mañana para correr y no parar, intentando quitar los nervios, las ganas de hacer algo más, así agotarse y separarse un poco de ella. Aun estaba oscuro, por suerte las calles estaban iluminadas, su constante entrenamiento parecía al de un boxeador, no solo por lo arduo del ejercicio sino por la dieta a la que se sometía, ya que la comida no le llenaba y casi se podía afirmar que no la necesitaba, porque el alimento, lo que realmente le daría la verdadera saciedad, ahora compartía la cama con él y no podía probarla. Había pasado casi un año desde esa noche, donde él coloco sus dedos en esa parte caliente, mojada e hinchada de ella, donde palpo lo suave y carnoso, donde tuvo que luchar contra el titán de sus deseos para no dejare llevar. En su lengua seguía el gusto, lo había gravado para la posterioridad, y lo rememoraba siempre, fue salada, deliciosa y aun no sabía como hizo para contenerse.
Los gemidos de ella resonaban cuando cerraba los ojos y no percibió en ese momento lo niña de ella sino la mujer, su mujer, la única en el mundo, creada antes que Lilit y Eva, del cual él nació de su sombra para observarla y admirarla desde lo oscuro; y cuando sus facciones, sonrojadas y marcadas por el placer, por ese maravillo orgasmo se relajaron lo vio nuevamente, ella era una niña, aunque estaba más que excitado, solo se limitó a besarla por más que estaba desesperado a hacer más, al fin romper sus tímpanos con los jadeos de ella y no pudo hacerlo, simplemente no podía dañarla…aun. Habían establecido esa noche, lo que ahora se cumplía a la letra, ella aceptó la propuesta y supo porque lo hizo, el orgasmo había sido muy potente para su cuerpo, no comprendiéndolo, por lo que atontada e intimidada, no puso resistencia a las reglas que tuvo que imponer para no romper le límite, para no hacer lo imperdonable. El cielo comenzaba a aclararse lentamente levantando más frío del piso, pero eso no le afectaba, ya que estaba concentrado, tenía que agotar las ganas, para solo conformarse con un beso casto por parte de ella. Se había impuesto que jamás volvería a suceder algo similar a lo que paso esa noche, estarían juntos pero no se de esa manera al menos hasta que ella cumpliese la mayoría de edad, y ese lapso de tiempo que faltaba cada vez se le hacía más pesado porque ahora dormían juntos: eso fue lo único que ella pidió, poder descansar entre sus brazos y él no pudo estar más complacido por eso. Tener su cuerpo caliente cerca suyo, solo separado por las ropas le proponía tantas cosas a su mente, tantas peripecias que deseaban ser completadas que tenía que cansar a su cuerpo para no hacer lo que tanto se imaginaba cuando la veía tan indefensa cerca suyo.
Por este motivo, todos los días ejercitaba por horas, ya que era un hombre joven y saludable de 27 años que no practicaba el sexo desde hacía años y tenía la energía de la bestia dentro suyo que le hacía imparable; la dejaba descansando y era más que probable que ya estuviese levantada cuando regresara, y era lo mejor, era mejor de esta manera, sus ojos chocolates le pedían tanto, más cortesía de la que podía ofrecer, más amor dulce y delicado que su anatomía de roca podía proporcionar, por lo que tenía que restringirse por más que le dañaba no ser más cariñoso con ella. El clima gélido se notaba mientras que de su boca se visualizaba su respiración caliente que se convertía en humo, la ciudad iba despertando y sus músculos, ya acostumbrados a la constante actividad no se cansaban; este tipo de comportamiento conseguía exaltar el magnetismo sensual que le rodeaba. Él era hombre perfecto para todas, no solo por su carisma, por su sonrisa y encanto cuando pasaba la mano por sus cabellos desordenándolos, sino también por el misterio de tanto entrenamiento, distinguiendo cada músculo de ese hermoso cuerpo, como nadie le conocía pareja alguna y el hecho de que cuide a una joven desde hace años, le daba más fama de que sería un excelente padre. Y así era la vida de Edward Anthony Cullen, idealizado por todos y ocultando tantas interrogantes en su persona.
Miró su reloj, mientras que el trote seguía constante desde hace dos horas, y cuando ya el amanecer había establecido su espacio, decidió que era hora de regresar a su casa. Saludó a varias personas en el camino, sin prestarle atención a ninguna, lo hacía maquinalmente ya que su mente estaba en otro lado, ubicándose concretamente en ese espacio que era suyo en la cama, junto a ella, y tenía que abandonar cada mañana para calmarse y seguir con el acto de que todo estaba bien, siendo que dentro suyo el caos, las preguntas y el desprecio hacía si mismo aumentaba. Aumentó la marcha cuando ya sintió la quemazón en sus piernas y el dolor en sus hombros por la actividad realizada; tan pronto como subió las escaleras del pórtico, se descubrió la cabeza quitando la capucha mientras abría la puerta. El aroma a café molido estaba en el ambiente y aspiró sonriendo, ella como siempre estaba preparando el desayuno, esperándolo a él; la buscó por el comedor y la cocina y no la encontró, por lo que sigiloso fue hacía el pasillo para buscarla, quería verla y abrazarla, sentir su esencia y probar un poco de sus labios, para saber que hacía lo imposible por una buena razón, ella aun no estaba preparada y él aun resguardaba el cuerpo y alma de ella.
Siguió su camino hacia la habitación de él, que ahora ambos compartían, cuando notó que la puerta de la antigua habitación de ella estaba entornada, ya que para evitar sospechas o preguntas incomodas ella mantenía toda sus pertenencias en ese lugar, porque nadie lo comprendería y eso era seguro. Hace un año su madre volvió con el mismo reclamo, y jamás pensó experimentar tanto odio hacia esa maravillosa mujer, aunque no le dio la vida, si le dio más amor que su pétreo corazón pudo aceptar; Esme quería que su hija más pequeña, como la creía a Bella, estuviese con ella, ya que no veía motivo para que siguiese viviendo con él. Estuvo por gritarle porque había motivos, era suya, siempre lo fue, él fue creado para amarla y atormentarse con su presencia, la había tocado y sus jugos fueron saboreados por su boca, estuvo deliciosa, y no podían quitarle eso, no le robarían sus sonrojos, como ella se acurrucaba en su pecho en busca de protección y amor. No le importaba si Bella necesitaba a su madre cerca, era así de egoísta, ya que ella no necesitaba a nadie, solo a él, que respirase para él, que lo mirase solo a él, que gimiese solo para él, porque él sería su todo, la presa necesita solo al predador para existir y a él se le urgía chupar sus huesos. Logró controlarse, milagrosamente en esa ocasión, imponiendo una verdad que ocultaba sus torcidas razones, no podían llevarse a Bella como si fuese un objeto, ella estaba acostumbrada a vivir con él, y no por capricho de su madre eso iba a cambiar, aunque las circunstancias habían cambiado ahora eso no significaba que el tiempo se había quedado quieto, y ya desde años que la jovencita vivía en esa casa junto a él. Si hubiese tenido sentimientos puros y buenos le hubiese dañado el dolor en su madre, así que pretendió que era lo mejor para Bella, sintiendo que solo estaba almacenando la comida cerca suyo hasta que pudiese comerla.
Esme nunca más volvió a tocar el tema, quería a su hija cerca, no solo cuando él tenía que realizar alguna guardia extensa y nocturna, pero no desistiría, aunque levantase sospecha, no dejaría que se la llevasen, no cuando ella era su todo y sus labios siempre era el mejor lugar para alejar cualquier pensamiento horrible y sádico que le invadía sin piedad. Sintió un ligero escalofrío, premonición de lo desconocido e impenetrable, por lo cual, dudoso, sin realmente comprenderlo, se acercó hacia la puerta entornado, para mirar que es lo que ella estaba haciendo. La encontró sentada a un costado de la cama, a espaldas de él, estirando su espalda, mirando el techo, aunque su mente estaba en otro lugar; no le dio importancia, se estaba por ir, para dejar que se disperse en la nada, cuando ella susurro.-…Dios…-sonó con tristeza, pidiendo algo al todopoderoso, que le obligo a detenerse en su lugar, confirmando sus sospechas, ella tenía sus secretos, hechos y pensamientos que no debelaba y lo excluía de lo que ella conformaba. Bella estiró la espalda, esta estaba tensionada, demostrando el peso de sus preocupaciones, quería tomarla, que le de parte de su agobio, que le de todo que él se encargaría de disiparlo y evaporarlo para que solo sonría y se sonroje para él. Y el monstruo no lo comprendía, sus procesos analíticos no abarcaban que le afectaba a la hermosura por lo que comenzó a elevar el enojo y la impotencia, contaminándolo y las emociones, lo que jamás expresaba pero eran más potentes que el mismo Big Bang, despertaban y querían distorsionarlo todo.
No pudo realizar nada cuando detrás de él, sonó en el living el teléfono, sobresaltando a Bella, que se giro para encontrarlo parado en el umbral; y jamás lo entendería ¿Cómo era posible que un ser tan perfecto existiese? Y no se refería a su cuerpo, sus músculos y esa hermosa quijada que poseía, sino a su intelecto, como con una sonrisa le derretía y con sus ojos verdes lograban parar su corazón. A cada día se volvía más hermoso, madurando con los años, haciéndolo más enigmático y sublime, y aun así no podía tolerar la situación, porque ya no sabía que hacer para acercarse a él y nada era como antes pero tampoco había progresado la relación. Se paro incierta, ya que notó que él quería preguntar algo, pero sus labios apenas se movieron y parecía dudoso; entonces, el teléfono sonó nuevamente, y ella reaccionó, no dejando que la verdad la aplaque y fue hacía la puerta, donde ahí, él se hizo a un costado, no tocándola y reprimiendo como le dolía eso, fue a contestar la llamada. Como cada mañana se despertó sola y por primera vez se alegró de eso, él siempre se iba todas las mañanas, cuando al fin podían estar solos y juntos, él se marchaba a realizar ejercicios, dejándola con el frío espacio donde él tendría que estar. Y fue lo mejor esa mañana, ya que lo sintió, nació desde su vientre y le despertó atemorizándola y dejándola deseosa de más; no recordó lo que soñó, pero el perfume de él estaba involucrado en su proyección inconsciente, ya que pudo sentirlo, casi tan potente como esa noche cuando él puso sus dedos, esos largos y maravillosos dedos entre los labios de su vagina, y pasó esa mañana, solo que fue fugaz pero logró que vibrara todo su cuerpo, dejándola caliente y esperando que siguiese pero no sucedió, ya que el palpito fuerte, que la despertó, estuvo ahí pero se fue ya que él no estaba y ya no la tocaba.
Apenas la besaba, rozando sus labios para luego alejarse y hacer otra cosa, porque cualquier hecho o situación era más importante que ella, apenas le abrazaba, demostrando la incomodidad que existía y ella no sabía de donde salía; apenas le hablaba, siendo lo mismo que desde el principio, cuando solo era oscuridad en su mundo esperando que la hermosa luna iluminase hacía ella, apenas… ¡todo! Y no sabía como acercarse, como romper esa pared que había impuesto, porque no se merecía eso, no podía darle lo mejor de la vida y muerte para luego quitárselo cruelmente, fingiendo que le importaba lo que ella sintiese o pensase. Le agotaba tener que tolerar que el tiempo llegue, ¡si le amaba ahora! ¿Acaso no lo entendía? Quería vivir, sentir, amar, experimentar y que le deje morir en sus brazos, necesitaba tenerlo como era necesario, le destruía el abismo entre ambos, siendo que a cada noche compartían la cama, como si fuesen una pareja, para acurrucarse entre sus brazos y pecho, mientras que él le daba un mísero beso en su frente y luego despertaba sola y más asqueada de tener que ser ella. Quería decirlo, gritarlo y que la comprenda, pero no podía, las palabras jamás salían, tal vez cobarde, tal vez impotente, o tal vez temerosa de obtener una respuesta que la inmolase.
Sabía agridulce cada momento con él, que su ángel la rechace sin palabras queriendo suplicarle, rebajarse y no le importaría si con eso obtuviese algún premio, pero no lo haría, ya que también lo comprendía y detestaba hacerlo, porque la razón desprecia a los sentimientos y los sentimientos desconocen lo que es el razonamiento mientras que la realidad jamás permite que estas dos se entrelacen y por simple propiedad transitiva ella lo entendía perfectamente. La presión a la cual él se sometía al estar con ella, no era tonta, solo que a veces le gustaría poder ser caprichosa e impulsiva, dejar que los apetitos dominasen y comportarse como tendría que hacerlo ante él; el tiempo jamás fue su aliado, sino que le discriminaba y alienada de lo que ella aspiraba y así tenía que conformarse con las migajas, pero esa mañana supo que su cuerpo si estaba preparando y anhelaba lo que él le estuvo negando sin siquiera preguntarle si estaba de acuerdo. Estaba cansada de todo eso, porque él aun no la consideraba una mujer, pero ella traspiraba, anhelaba y soñaba con lo que él podía entregar ¿no es lo que una mujer hace? Pero no, siempre regresaba al punto de partida de todo, donde se encontraba lo complicado y obtuso, ella no era una mujer ante los ojos de él y por eso se alejaba y eso era lo horrible, que jamás le incluya en sus decisiones, ya que al final del día jamás fueron una pareja, solo una mocosa estúpida enamorada de su tutor. Se odiaba, quería destruirse por dentro al considerar las implicancias de lo que él había propuesto e implemento estrictamente, aumentado las restricciones y ahora no quedaba nada de esa noche, donde se entusiasmo y diseño un futuro juntos; pero fue hace un año, y apenas sabía como besar, ya que ni siquiera lo practicaban, cuando él ya toco esa parte de ella, donde el palpito apenas dejaba respirar y se fundió bajo sus dedos.
Y ese mañana se dio cuenta que tenía sus necesidades y realmente quería estar más cerca de él, que la tocase, sino era como esa noche, que dé muestra de su amor, que le reafirme, como toda mujer necesita, que era la única en su vida y realmente a él también le imperaba tenerla. Cuando llego al living tomo el teléfono, para atender.- Hola….
-Bells...-llamo del otro lado su hermano, Jasper, ahora de 18 años, cursaba el primer año de comercio exterior en la universidad, ubicada a 9 horas de Forks, su ida fue dolorosa para la familia, pero lo más horrible fue que su novia se mudase con él, y viviesen juntos. Carlisle no mostraba ningún tipo de opinión sobre esto, pero su madre si expresó su oposición, más que nada porque la joven María no estudiaba sino que vivía a expensas del dinero de Jasper. Rosalie, que estudiaba para maestra de chicos con capacidades especiales, no tuvo necesidad de mudarse, aunque cada tanto tenía que irse por períodos de dos o tres meses a Los Ángeles, para cursar algunas asignaturas que le interesaban. Desde que María estaba con Jasper había tomado la resolución de no hablar con su hermano hasta que recupere la razón o como ella denominaba "que le crezcan nuevamente las bolas que la puta de María se había tragado en la primera mamada". Por estos motivos, Jasper estaba enojado con su madre y hermana gemela, y su orgullo solo le permitía tener contacto con su padre, su hermano mayor y su pequeña hermanita. La joven Bella sabía perfectamente que Jasper no era feliz con María, hasta juraría que no la soportaba, y aun daba vuelta por su mente lo que una vez, quebrada, Alice le afirmo "esa golfa coge bien, por eso esta con ella, si la amase no se hubiese acostado conmigo". Trataba de no odiar a su hermano por lo que le había hecho a su mejor amiga, y lograba fingir espectacularmente que no estaba enterada de lo que paso entre ambos, ya que ninguno realmente podía afirmar lo que pasaba por su mente, así de buena era ocultando sus pensamientos y sentimientos, los años sufriendo y llorando por su ángel le había entrenado de esa manera.- ¿Cómo te va?
- bien…-respondió tímidamente, más que nada porque aun no lograba despejarse de lo que paso esa mañana, fue ligera pero lo suficientemente potente la sensación, como para querer más y comprender que ya no podía seguir así, no cuando la solución era sencilla pero siempre fue lo más complicado del mundo.
-¿estas bien, Bella? – se preocupo Jasper.-te siento medio…no sé…-ella se sonrojo ya que era perceptible en su voz, que algo le aplastaba y coaccionaba, se quiso golpear por ser tan tonta, por darle tanta importancia a lo que era diario, y no quería alertar a nadie, y menos a su hermano mayor que estaba a cientos de kilómetros.
-si…solo que recién me levanto…-le quito importancia al asunto, esperando que él se lo crea.- ¿Cómo te va en la universidad? ¿Tienes muchos cursos? ¿Es linda la ciudad?...-Bella se giro, pasando su vista hacia la cocina, que al estar conectada con el comedor y living pudo ver como Edward fue hacía la heladera, sin quitar sus ojos verdes, profundos e instigadores, de ella. Parecía dominarla, dándole un cierto matiz oscuro a su mirada, como si estuviese molesto por algún motivo; tembló ligeramente, sin saber porque razón, pero sintió ese escalofrío que recorrió su espalda y sin pensarlo, movió su pie en un ligero tenue intento de retroceder.
-Bien, son bastantes, por suerte no tengo problemas con ninguna…-casi no escuchaba lo que su hermano decía, sino que estaba concentrada de él, su ángel, que quitando la leche de la heladera, la puso en el café, y cada movimiento de él, suave y simple, parecía una dicotomía por lo que se rostro pasaba. Sus facciones estaban duras, casi analizando algo más allá de lo que realmente pasaba en el momento, tragó con cierta dificultad, cuando le vio pasando la mano por sus cabellos, él estaba nervioso y molesto por algún motivo, e instintivamente su corazón comenzó a palpitar con fuerza. Era tan grande, sus hombros eran duros y amplios, la sudadera que tenía puesta le calzaba perfectamente, ya que era perceptible bajo la ropa el cuerpo de él, y solo podía imaginarlo como estupendo; muchas veces lo palpo por encima de sus ropas, cuando dormían juntos, lo forzuda y dura de su figura, y quería conocerla, poder tocarla sin impedimentos, sentir como era su piel, como era el verdadero cuerpo de un hombre, pero el problema no se iba, él no lo permitía, ya que para él, ella no era una mujer y eso es devastador para cualquier fémina enamorada. -…la semana que viene iremos a un concierto…-continuo Jasper, pero ella siguió encauzada en él, perdida en sus movimientos, mientras que Edward se dirigió hacía ella, a paso decidido y continuo, con la taza de café en mano. Cuando se coloco enfrente de ella, a solo unos centímetros, por lo que podía jurar que el cuerpo de él parecía tan frío por lo duro que se percibía pero al mismo tiempo, misterioso e invitador, Edward extendió la mano para que le de el teléfono. Ella se sorprendió, descolocada momentáneamente, esperaba algo más, no supo que, pero no que él le pidiera el teléfono.
Se sonrojó por lo que su mente y cuerpo esperaba, y mordiendo su labio, interrumpió a su hermano.-Jasper, Edward quiere hablar contigo…-por alguna razón la mandíbula de Edward estaba apretada, oprimiendo los labios. Él le ofreció para que sostenga la taza de café, a lo que ella aceptó, cuando sostuvo el asa de la taza sus dedos tocaron los de él, y ahí estaba, no se había ido y no desistía en intensidad, la corriente eléctrica siempre intacta y severa, recorrió su cuerpo, naciendo del contacto de pieles; ella sonrió un poco, pero los ojos verdes de él, no cambiaron su potencia, cosa que le desconcertó. Ella le entrego el teléfono, y se estaba por marchar, la proximidad de su cuerpo, sin poder realizar nada de lo que realmente aspiraba, era demasiado para ella, pero Edward coloco su mano sobre la pared, aferrando el cuerpo de ella hacía la pared, y sin quitar su mirada de los ojos chocolates avergonzados, habló.
-¿Cómo te va Jasper?...-saludo, saliendo su voz despreocupada, descompaginada de la postura de su cuerpo acercándose hacía ella, las manos de ella estaban a un costado de su cuerpo, mientras que su sonrojo aumentaba, y adoraba ese color, como su piel se pintaba para él, como su respiración aumentaba y como su pequeñez le incitaba a hacer más, mucho más, inventar maneras para poseerla, ya que el cuerpo es tan poco y las emociones tantas, mientras que su imaginación se expandía como el mismo universo para realizar nuevas proezas. Bajó su rostro para posicionarlo a escasos milímetros del rostro de ella, percibiendo la respiración, como exhalaba con dificultad, y su pecho se movía trabajosamente; los orbes de Bella se abrieron sin comprender pero él no le explicaría, quería saberlo, necesitaba saberlo, que le fatigaba y agobiaba, ya que no podía leer su mente, así que ella tenía que expresarlo, dejar que su boca se abra para que las palabras fluyan.
-Bien, gracias, hermano…le estaba contando a Bells que…-y no le podía importar menos lo que su hermano tenía que decir, porque las ganas jamás se iban, incluso cuando su cuerpo estaba cansado, ya que su mente no se detenía, alertando sus sentimientos y sensaciones, ella estaba tan cerca y no solo sus propios impedimentos, que eran indispensables para esconderse un tiempo más, para no dejar que se escape, podía sentirlo, solo era necesario concentrarse en lo más profundo y sentirlo, era constante, tal vez sonoro, y estaba ahí, siempre lo estuvo, jamás se fue…y podía sentirlo. Y ella seguía tentándolo, no solo con su cuerpo, con sus ojos y calor, sino también con su silencio, con lo que no compartía y eso le arrinconaba, no podía comprender y estaba desesperado por un poco de sus pensamientos. Ella estaba cohibida y la vio tragar con fuerzas, y notó como temblaba ligeramente ante la proximidad y le gusto eso, alterarla, que demuestre algo más, que le comunique que siempre sería de él, por más que no fuese lo mejor para ninguno de los dos. Sonrió, torciendo eso labios tan ricos y finos, enfocando sus ojos a los de ella, tan profundos y hermosos.
-discúlpame un segundo, Jasper…-le pidió, deteniendo quien sabe lo que estaba diciendo, bajando la mano la coloco sobre la cadera de ella, a lo que ella se sobresalto, y aun seguía tan pequeña, tan deliciosa bajo su mano, quería detenerse, no podía probar ni un poco, no podía zafarse de la dieta impuesta, pero ella escondía algo y él lo sabría.-hazme el favor, Bella…-le comunico para llevarla al limite, por como sus ojos se enfocaron en el teléfono, estaba preocupada en que su hermano se pudiera enterar de algo, de la verdad y lo que a él le gustaba comer. Pero a él no le agobiaba eso, ya no más, porque ella se estaba desarrollando y quería marcar su territorio, por más que no fuese lo recomendable; y el monstruo estaba ahí, presente enfrente de ella, disfrazado con masculinidad y elegancia, con porte y belleza, siempre estuvo ahí, y Edward en ese momento quería que ella lo supiera.-..Intenta no tirar el café…-la vista de ella se disparo hacia un costado donde se había olvidado de su propio cuerpo y fuerzas, donde ya la taza inclinada estaba tirando el café el piso.-..Sigue Jasper ¿y que pasó?...- la vergüenza le domino, y el cuerpo de él que no le tocaba pero no le permitía irse de ahí, la estaba mareando, quiso mover nuevamente su cabeza, pero no pudo, ya que el rostro de él se posicionaba justo en su cuello, y le sintió inhalar su fragancia, por lo que se agitó suspirando.
Sus pulsaciones aumentaban, mientras que la mano en la cadera de ella le alteraba al punto que no sabía si realmente podía pensar algo concreto; las ganas se fueron presentando, elevando la temperatura de su cuerpo, ya que la respiración de él en esa zona despertaba su cuerpo, que esperaba que el palpito regrese, que él le ayude a sentir lo que estaba dentro de ella y experimentar el cuerpo de ese soberbio ser. Los labios de él tocaron su piel, consiguiendo que ella liberase una muestra de relajación de su boca, besando ligeramente siguió su trayecto hacia la mandíbula de ella; el perfume de Edward, era tan fuerte, mezcla entre sudor y hombre, por lo que cerrando los ojos se dejo perder, solo percibir y derretirse con esos labios. Colocó su mano libre sobre esos salvajes y sedosos cabellos, sintiendo como sus dedos se enterrando en estos y gracias a ese acción, él apretó más su cuerpo hacia el de ella, pegando su pecho a el estomago de ella, mientras que él abrió la boca, para morder ligeramente su piel. Ella reprimió el jadeo, y el fulgor se quería presentar, la urgencia de que no se detenga, porque lo quería todo y era lo mejor del cielo y la tierra ese hombre; la mano de él descendió, tocando un poco de la nalga de ella, pero sin detenerse sino que yendo lentamente, fue hacia su muslo, y así le instigo a levantar la pierna. Ella respondió automáticamente, mientras que Edward besaba su mandíbula yendo hacía su mejilla, y entonces, ella habló.
-Edward…- ese tono íntimo y necesitado se mezcló con su voz de niña y tuvo que detenerse, era tan fácil olvidarse de que ella aun era pequeña y no podía aprovecharse de eso; suspiro un poco, mientras que sintió como del otro lado del teléfono, Jasper contaba algo sobre un lugar, y quitó la fuerza de su brazo para permitirle que ella se pare correctamente; de pronto, los labios de ella se detuvieron en el oído de él, percatándose que quería decirle algo, espero unos segundos pero ella no moduló palabra, apretó los dientes, porque el monstruo no gritaba ni exigía, sino que era él mismo, ya que no había batalla que encontrase la paz en su interior, era un caos propio, la constante colisión entre los deseos, impulsos, realidades y pretender ser buena persona, y no toleraba que ella no le dijese que necesitaba, que no le sancione o felicite por las penurias a las que se exponía al no tocarla. Quitó su mano de ella, separándose lentamente, elevando su columna, alejándose de ella.
Bella no le miró, sino que con el labio apretado, y aun visiblemente agitada, se deslizo por la pared, para no tocarle y fue hacia la cocina, él no la siguió, sino que se enfoco donde todo el contenido de la taza manchaba el piso. Pasó la mano por sus ojos, cansados de tener que limitarse, realmente estaba agotado, ya no tenía las fuerzas, cualquier movimiento de ella, inclusive el mínimo soplo le alentaba a buscar más, de conseguir lo imposible, de sentir la vida y desaparecer en esta. Y nada jamás cambio con los años, siempre fue lo mismo, por más que ella estuviese dispuesta, él siempre fue su peor enemigo, temeroso de cometer otra imprudencia, de que el pago por los pecados cometidos sea perderla, ambicionaba tantas cosas y no sabía como obtenerlo sin destruir todo a su paso.-…por eso te pregunta… ¿Qué te parece?- demando del otro lado Jasper, haciendo referencia si quería ir a visitarle y ver el departamento, se giro buscándola pero ella ya se había marchado hacía el baño.
-no sé, Jasper, déjame pensarlo…-y nada jamás había cambiado, ella no hablaba, él no actuaba, forse colpa di lei, forse colpa di lui, constantemente con el mismo resultado, él a veces quería morir pero el sonrojo de ella no se lo permitía, por más que ya se le hacía imposible poder controlarse.
Tanto el desayuno como el trayecto en el auto fue una tortura, ella no hablo en ningún momento ni maniobro para mirarlo al rostro, sabía que había sido cruel, empezar el juego, tantear su piel, fresca y sedosa, para luego retractarse, pero no pudo seguir, aun no era tiempo, aunque ya estaba tan hambriento y cansado que no sabía si estaba haciendo lo correcto. Quería rendirse, no sería un vergüenza hacerlo, solo que una parte de él, mínima pero muy molesta le recordaba, que ella aun era pequeña para él, y cualquier toque, roce y suspiro estaba mal, por más que ella lo amara y él a ella. Cuando detuvo el volvo plateado en el estacionamiento del instituto educativo, ella esperó un poco antes de bajar hasta que al final intentó abrir la puerta y él la detuvo, sosteniéndola del brazo. Pero ella no se giro para mirarlo, sino que agachó un poco la cabeza dejando que sus cabellos cubrieran su rostro. Desde fuera del Volvo nadie se daba por enterado que él se estaba inclinando hacia ella, el vidrio polarizado no permitía visualizar que sucedía dentro de este. No podía manejarlo, no sabía como sobrepasar la distancia que ella imponía, ya que no era solo él, sino que también su ángel se alejaba y estaba perdido; desprotegido ante la mudez de ella, como no le daba una parte de sus pensamientos, como al final del día no podía saborear nada de ella ni siquiera su voz.-Bella…-susurró, colocando su cara en el hombro de ella, aspirando la Fresia, ese aroma a cielo e infierno, la sintió temblar un poco, por lo que paso su mano por su cintura, para acercarla hacía él y ella no puso resistencia alguna. Aun con las ropas de invierno, ella era tan chica y el monstruo que disfrutaba cada espectáculo de ella en primera fila, sonrió mostrando sus podridos dientes, ocasionando que Edward también sonriese.
Al tener ella el cinturón suelto, Edward logró levantarla un poco para luego pasarla a sus piernas, para que se sentase sobre estas, hacía tiempo que no tenían este tipo de cercanía, y era su culpa, pero eso no importaba ahora, solo conseguir que ella le entregue algo, aunque lo deseaba todo y aun con eso no bastaría, así de apetitosa estaba ella. Bella no realizó movimiento alguno, dejándose manejar por él, para afectarse con lo que él restringía, el contacto y los respiros que disparaban su corazón y obligaba a su ser revolucionarse. Él la acomodó encima de suyo, mientras que Bella apoyaba la cabeza encima del pecho de él a lo que su pecho de granito le pareció el lugar más cómodo del mundo. Al estar colocada su cabeza sobre el hombro de él, Edward paso su nariz por el contorno de su rostro, percibiendo su pureza y delicadeza, a lo que su mano, que aun estaba en la cintura de ella, fue en busca en donde comenzaba su abrigo, y cuando lo encontró, metió la mano debajo de este, permitiendo que sus dedos tocasen la piel de ella. La descarga eléctrica estaba a medida que sus dedos recorrían su piel, ella respiraba agitada, conociendo la mano de él bajo su ropa y el rostro de él estaba a escasos centímetros; la barba de él, que aun afeitándose había vestigio de esta, le pinchaba la piel y eso le hizo sonrojar, ya que no le molestaba sino que quería que esa barba estuviese por toda su cuerpo.
Él abrió la boca, sacando su lengua afuera cuando sus dedos delinearon el ombligo de ella, a lo que Bella se agito, porque podía sentirlo en todos lados, envolviéndola para invitarla a hacer más, mucho más, y el calor de su cuerpo quería quemarla; ya que no se consideraba una niña, no podía serlo para estar con él, estando consciente que debajo de su trasero estaba la hombría de él y rememoró esa vez cuando lo sintió tan grande y caliente bajo su mano, y ahora sí que quería sentirlo sin ropas de por medio. Lamió parte de su mejilla, como quien come una paleta, sin ser inocente sino buscando probar su sabor y calmar el hambre; y era rica, como una vez había establecido, era tan rica, nutritiva y se le hacía agua la boca, por lo que sin darse cuenta, aplicó presión sobre el estomago de ella, para aproximarla más, y así logro que las nalgas de ella se refregaran por esa parte de él, que podía destruirla y a él darle un poco de relajo a tanta abstinencia. Gruñó, como un animal en celo, cuando una mano de ella se coloco sobre una de sus piernas, aferrando su agarre, ya que ella también estaba afectada por la situación. Continúo pasando su lengua por un costado de su quijada, mientras que su mano siguió tanteando bajo la ropa y la otra sobre la mano de ella que estaba sobre su pierna, entrelazada fuertemente para que no se atreviese a mover; ella no era una parte perdida de él, era su todo, no su complemento la que llenaba el vació de su alma. Estaba caliente, su ser estaba despertando, mientras que pasaba la lengua en esa deliciosa piel. Su corazón jamás fue ecuánime, podía parecerlo exteriormente, pero esa no era la realidad, ya que ella le forzaba a que este experimentar tantos sentimientos, en tan poco tiempo y con tan poco espacio, y ella respiraba agitada, moviendo su cuerpo, consiguiendo que esa parte de él se vea estimulada, por lo que reprimió la presión que quería tomar lugar, concentrándose en la piel de ella. Fue hacia la oreja de ella, para morderle ligeramente el lóbulo, consiguiendo que ella se estremezca, y su mano, que se sostenía a su muslo, perdiese fuerza y todo su cuerpo se relaje momentáneamente.- ¿Qué es lo que quieres, Bella?..-susurró en su oído pero ella no escuchó: el toque de él que seguía acariciando su estómago le hipnotizaba, y su aliento le daba escalofríos que afectaba toda su tortura. La mano de Edward, que estaba sobre la de Bella se despegó para ir hacía el mentón de Bella, para levantarlo y así pudo con mayor espacio, posar sus labios sobre su garganta, justo donde la vena palpitaba. Era espectacular tenerla a su merced, como sus contaminadas manos la dominaban y le daban la posición más satisfactoria, el monstruo seguía ahí, entonando al compás de la respiración pesada de ella, como solo él, era capaz de descubrir esa forma de ella.-dime que es lo que necesitas…-reiteró, mientras que sus dientes se clavaron, ahora sin tanta delicadeza sobre su piel, a lo que un jadeo salió de Bella.
Bella no entendía, las palabras no eran coherentes, sus pensamientos no se entrelazaban para encontrar el axioma adecuado, se sentía tan desprotegida con las boca de él en su garganta pero al mismo tiempo protegida con su mano sobre su estómago que no lo analizó, era imposible hacerlo en ese punto, así que su cuerpo le demostró a él lo que quería. Moviendo un poco cadera hacía delante tomo el impulso para regresarla hacía atrás, chocando su trasero con la zona pélvica de él, tomándolo por tanta sorpresa que tuvo que ocultar su rostro en el hombro de ella, a lo que un jadeo doloroso apareció; ella estaba roja, no solo por su osadía, sino porque podía sentirlo bajo suyo, estaba duro, hacía más de un año que lo sentía así, y él estaba petrificado. Cada exhalación de Edward era errática, mientras que lentamente quitaba su mano del estómago de ella, pero Bella no se atrevió a moverse, ya que no sabía como sopesar lo que había hecho y como él estaba sufriendo. Su necesidad se diluyó, aumentando su preocupación por el bienestar de Edward, que no se movía sino que intentaba controlar su respiración, podía sentirlo, como quería abrirse paso entre sus nalgas, como esa parte de él estaba dura y quería romper el pantalón. Giró un poco su cabeza para hablarle, sin realmente saber que hacer, una vez había escuchado que podía ser doloroso y desesperante para un hombre sino se descargaba, para ella esa mañana fue muy inquietante así que el malestar de él era más que probable que fuese agónico.- Edward…-le llamó a lo que él presiono más su rostro en el hombro de ella.-…yo…-se sintió culpable y lo sentía tenso mas su erección no desistía bajo de ella.
- No…-murmuró dificultoso, recomponiendo cada parte de él lentamente, quitando de a poco la mano ella para colocarla sobre el asiento.
Mordiéndose el labio, segura de que ella podía ayudarle, se ofreció. -…puedo ayudarte…- él levantó instantáneamente su cabeza, enfocándose en el manubrio, ella vio cada rasgo de él severo, y estaba por continuar, cuando la interrumpió.
-quítate, Bella…-le indico y jamás se sintió tan poca cosa como en ese momento, quiso llorar, se juntó en su nariz la molestia cuando cada parte de ella perdió vitalidad, sintiendo asco por ser ella, por no dar nada que le interesase, ya que al final del día él seguía viéndola como una niña, y ella no servía para nada. No pudo evitar tragar con fuerza, reflejo para reprimir la vergüenza y aversión hacía si misma, su mente reaparecieron cada imagen, cada hecho y momento donde él se alejaba o el odio se observaba en él, y nadie conseguía en él eso, solo ella ¡que afortunada que era al ser el único ser que despreciada! Las lágrimas querían salir, por lo que oculto su rostro bajo sus cabellos, porque no le daría eso, no le daría nada, sino quería su placer tampoco obtendría su dolor, por que reprimió todo incluso ese día, que regreso con fuerza hacía ella, ya que ya no era una niña como esa vez y ahora lo entendía. Esa situación donde le vio moverse bajo la sabana, oscilando su cadera con una joven, no se había evaporado, solo espero paciente por ese momento, donde lo comprendió perfectamente que jamás él la consideraría como una mujer, solo una nenita, y detesto el aborrecimiento que sintió de su propia piel. Rápidamente, reaccionando, se quito encima de él, y casi expulsada por una fuerza centrípeta, salió del vehículo, Edward no lo entendió y estaba por detenerla, pero primera vez ella fue más veloz y fue corriendo hacía el establecimiento educativo.
Frunció el ceño, no lo hizo con maldad alguna, siempre hay una primera vez para todo, no sabría como controlarse, y aunque esas palabras fueron poesía en su más pura expresión, aun era muy pronto y no quería exponerla a un territorio que no era acto para ella. Por lo que creyó que hizo lo correcto, y ya con la erección más relajada, quiso ir a buscarla, pero le daría su tiempo, después hablaría con ella, ella no podía negarle sus reflexiones, ya que al final de cuentas, era lo único que evitaba que no fuese por un bocado más grande. La abstinencia era la clave de todo, la espera en la eternidad, y por más que ella enviase invitaciones para hacer el milagro no podía, ya que trataba de conservarla un poco más a su lado, antes de envenenarla con su ponzoña y llevarla donde la noche era el único lugar posible para habitar. Inclinándose un poco, cerro la puerta del pasajero, para acto seguido arrancar el vehículo, tenia que calmarse, no solo bajar su erección sino que tenía que detener esos comportamientos erráticos, donde histérico por obtener algo de ella, la tocaba sintiendo su piel, se exponía a lo sabroso, cuando sus tripas ya gruñían queriendo comer. Por lo que se alejó, para controlarse y dejar de atormentarla y castigarse con lo más horrible y maravilloso de la vida.
-…bueno, es por eso que creo que fue lo mejor que mi hermana se haya ido de casa…-conto Alice, Irina, su hermana mayor se había marchado a New York en busca de una carrera como modelo, la joven en cuestión era muy linda, aunque era más que probable que no tuviese suerte, más que nada porque tras años de vivir a la sombra de su amiga, Rose Cullen, quería probarse que podía atraer hombres lo suficientemente apuestos y enérgicos como para consentirla. Alice, a diferencia de sus padres, conocía las verdaderas intensiones de su hermana, no estaba muy de acuerdo con su comportamiento, pero resolvió que era mejor no opinar del tema, ya que una meta tan vacía solo podía traer consigo unos buenos golpes contra la pared y era justo eso lo que necesitaba su hermana mayor para reaccionar. A veces se sorprendía pensar que Emmett era más maduro que Irina en muchas ocasiones. Además tenía un punto a favor de ella en esta situación, sus padres estaban tan preocupados por la mayor de sus hijas que no le prestaban mucha atención, por lo que, ya cansada de ser una buena chica, porque el destino jamás acompaña a los que se portan como debe ser, sino a los que se arriesgan y disfrutan la esencia misma del espíritu son los que pueden ir más allá de lo estipulado y ella quería vencer su providencia para lograr borrar cualquier rastro de Jasper en su mente y alma. Por lo que quería aprovechar su adolescencia al máximo, aunque hasta el momento lo único arriesgado que había hecho fue comprar unos zapatos que estaban por encima de su presupuesto por 20 dólares, que luego por miedo a que sus padres se enteraran, los cambio por un par más económico.
Se estiro un poco sobre el asiento de piedra, era hora del almuerzo, y el sol, por más que hiciese frío, estaba hermoso como para encerrarse en la cafetería. Extrañada se enfoco en su amiga que estaba enfrente suyo, y confirmo que realmente no la estaba escuchando, ya que la joven Swan, se mordía el labio mientras que sus ojos se encauzaban en una tapita de refresco. Sonriendo, siguió un poco más.
-…entonces yo le dije al tu padre que Rose no es virgen desde los 13 años…-pero Bella siguió concentrada asintiendo con la cabeza como si prestara atención por más que su mente estaba a millones de kilómetros.-…y tengo las fotos que saco Emmett ¿Cuánto crees que me dará para que se las entregue, Bella?...-al escuchar su nombre, la joven regreso de la nebulosa donde se encontraba y quiso responder, pero como no había oído nada de lo anterior, solo pudo abrir la boca para luego cerrarla. Alice, sonrió, agitando la cabeza, donde las hebillas cerezas en sus cabellos se agitaron un poco.- ¿Dónde estabas, Bella?- la aludida se sonrojo un poco, y pasando la mano por su rostro suspiro.
-lo siento…es que…-quito las manos de su rostro, y Alice la percibió tan madura en ese momento, como una persona mayor, no solo por como se tensionaban sus facciones sino por la duda y el dolor que su cuerpo expedía.-…creo que…-y no pudo seguir, mientras que sus hombros caían rendidos. Alerta, Alice, se paro para luego rodear la mesa de piedra, sentándose al lado de su amiga; pasando sus brazos alrededor de ella, le abrazo, y ese calor, ese resguardo, rompió cualquier intento de reprimir lo que estaba dentro, el dolor y el desprecio de ser así, de no poder abarcar la plenitud con sus manos, que cada palabra dicha por él no se entrelazaba con la realidad y sus acciones, ya que no la tocaba, no le dejaba sentir lo que él podía ofrecer, ni reconocer lo que ella podía entregar, no permitiéndolo expresarse como mujer sino que condenarla a ser la eterna niña desvalida. Y las lágrimas, que se acumularon en su garganta y mente, se liberaron en sus ojos, no pudiendo detenerlas. ¿Por qué no estaba invitada? ¿Por qué no le dejaba entrar en él? sabía que él era una esencia estoica y profunda, noto lo oscuro que podía ser, y aun así quería saber más, enterarse sobre el origen del universo y si corroborar que no había un Dios era el precio a pagar, lo haría, ya que se quedaría con él, pero Edward se alejaba, la tocaba, le excitaba para luego marcharse dejándola sin nada y más impotente que antes. Ella no era un objeto sin vida, respiraba, sentía y vivía por él, y no tenía consideración de sus sentimientos, jugaba con ella, y era repulsivo tener que aceptar esa posibilidad.
Se desmorono en los brazos de Alice, porque no quería comprenderlo, no quería ser razonable, quería gritar, chillar, que le dejen respirar la aroma de él, perderse en sus brazos, potenciando los sentidos para absorber cada movimiento y toque, y no podía, porque él no le daba nada…. ¡absolutamente nada! Era un infeliz, eso es lo que era, no era justo, porque a cada rato perdía más la cordura, la llevaba al limite donde no sabía si amarlo u odiarlo por todo lo que originaba en ella, y quería tanto poder besarlo sin restricciones, poder ser amada sin peros y contras, porque agotaba luchar contra quimeras enfermas e desconocidas, y solo se limito a llorar. Percibió la mano de Alice acariciando su cabeza, intentando calmarla y el pecho de su amiga también estaba errático.
-por favor, Bella, no llores…porque me haces llorar…-le indico con la voz rota, porque ese dolor, del cual no conocía la causa, era tan potente que llegaba a ella, obligándola a rememorar los peores momentos de su vida para llorar por esas cosas que jamás se van y siempre duelen. Bella se oculto en el pecho de ella, la impotencia, los nervios que aumentaban y podía correr una maratón sin cansarse de las ganas de escapar que tenía, de desaparecer para encontrar una solución y solo poder respirar sin tener una pared enfrente suyo que no le permitiese ver el paisaje fresco y maravilloso de la libertad, mientras aferraba sus manos a la ropa de su menuda amiga.-todo va a estar bien…-le aseguro para aspaventar cualquier demonio nocturno que quisiese destruirla, ya que los fantasmas existen y no están en las casas encantadas sino que residen en la mente y alma para atormentarnos ante la más mínima posibilidad.-…yo estoy aquí, Bella, por favor no llores….-Bella abrió la boca, expirando un lamento, y se ahogo un poco con la misma bronca y soledad.
-lo siento…yo…-pero Alice, se hizo callar dulcemente, sin dejar de acariciarla.
-no te tienes que disculpar…yo estoy aquí…eso es lo que quiero que siempre sepas…-no iba a hondear la causa de su dolor, ya que conocía bien a su amiga, y ella tenía secretos, de eso estaba segura, solo que jamás creyó que estos fuesen tan dolorosos como para obligarla a explotar así. Los pensamientos no desistieron ni mucho menos las sensaciones, pero logro calmarse, y creyó escuchar el ruido de la campana para dar inicio a las clases, por lo que agradeció que estuviesen en una parte apartada de los demás, ya que no quería que nadie se enterase de lo sucedido. Se separo un poco, para enfrentar a Alice, y vio que su amiga también había llorado, siendo desastroso que un rostro tan hermoso se llenase de lamentos; Al levanto su mano, para acariciar el rostro de Bella, que se agito porque quería seguir llorando solo que reprimía la necesidad.- ¿estas mejor?...-Bella asintió, ya con los músculos agotados, y se sintió tan pesada, que apenas podía concentrarse en el frío del ambiente.
-gracias…-miro a su alrededor, y no vio a nadie, pero no se desespero por ir a clases, ya no le importaba, quería seguir llorando un poco más, solo que en un lugar más cómodo. Alice sonrió tristemente, ya que sus lágrimas fueron por lo que jamás se dejaba acongojar, ya que Jasper no podía ser tan redundante en su vida, y aun así, las mentiras no le convencían para alejarlo de su corazón. Acomodando su saco violeta, Alice se paro para luego extender a su amiga la mano.
-¿vamos?- indicando con la cabeza hacia otra dirección que no era la del establecimiento educativo, y Bella no se resistió, no tenía las fueras para hacerlo, solo quería perderse un poco, y dejar de pensar en el dolor que le daba su ángel. Así las dos amigas, se marcharon, en medio de la jornada educativa.
Lo yuxtaposición de lo opuesto se podía resumir en un solo nombre y ese era el nombre de Edward Cullen, era antinatural que reuniese tantas contradicciones un solo cuerpo y aun así seguir respirando, pero lo hacía y eso era lo que le más le apresaba. La odiaba, la amaba, la tocaba, se alejaba, la sentía, la despreciaba, y aun así bajo ningún concepto dejaba de pensar en ella, por lo que amaba trabajar, fingir que le importaba, al menos para mentirse momentáneamente, que le interesaba algo aparte de ella, su hermosa ángel. Por lo que días como esos, cuando tenía su descanso, apenas podía detener o si quiera resguardarse de los pensamientos…esos malditos pensamientos, y las sensaciones…esas maravillosas sensaciones; y la dicotomía tomaba lugar nuevamente, porque podía ser apuesto, resuelto ante los demás, pero lo que estaba en las tinieblas, lo que verdaderamente importaba era asqueroso, pestilente y adoraba poder jugar con la presa. En parte también había sido una dicha no tener que ir a trabajar, porque no sabría como disimular la maldita erección que se marcaba en sus pantalones y quería liberarse dentro de ella…ella, quería tanto poder devorarla, diseccionarla para comprender que pasaba por su mente, porque ella había causado que su falo estuviese entusiasmado y dispuesto, ella era la causante y responsable, ella era la verdadera culpable de todo. Agitó su cabeza mientras entraba en su casa para hacer lo único que podía hacer bajo las circunstancias, masturbarse pensando en ella.
Estaba tensionado, quería esquivar las palabras dichas pero estas se gravaron, fueron marcadas con acido para neutralizar cualquier intento de bloquearlas, ella pronunció el cielo y él sencillamente se negó; sabía porque lo hizo, fue muy generoso y altruista de su parte, quería salvarle, darle un poco más de tiempo, que crea un poco más que él podía cambiar, que la oscuridad en él no era tan grave, y aun así, bajo cualquier justificación, por más certera que fuese, fue difícil, como querer mover una montaña con las manos. Fue impulsado por la misma necesidad de protegerla, por más que le dolió tener que rechazarla, cuando ya su cuerpo no era suyo sino que se accionaba a cada suspiro suyo, y como ella meneo sus caderas, rozando su hombría y excitándolo. Quiso tocarla, y no solo eso, que le toque, satisfacerse con lo prohibido y hacerlo todo, lo que tanto aguardo, porque la semilla ya había germinado y la rosa era tan hermosa y suave como para no tocar sus pétalos, como para no probar su sexo. Se le hacía agua la boca, mientras que su pene palpitaba, apretando y tensionando todos sus músculos, por lo que rápidamente fue hacía el baño, no mancharía su habitación, el santuario que compartía con ella. La vida esta compuestas por misterios, esas pequeñas o grandes cosas que aun son desconocidas para el intelecto humano, y seguía siendo una incógnita como aun soportaba la presión, porque no era una buena persona, si lo fuese no ocuparía el mismo lugar que ella, le dejaría que se desarrolle feliz y alegremente, que tenga la vida que no tendría junto a él; así que no esa no era la razón por la que aún se confinaba a no sentirla, y regreso a su mente que tal vez tuviese miedo ¿de que? De decepcionarla, de no ser lo que ella esperaba, de que su negrura fuese tan horrible que ella se aterrase y huyese despavorida.
Bajo sus pantalones, seguía palpitando, oprimiendo y seguramente manchando su bóxer, su pene estaba despierto y no se dormiría fácilmente. Tan pronto como entro al baño, apretó los dientes, fastidiado, no solo por la frustración sino porque parecía un maldito crío que jamás había experimentado ninguna actividad sexual y estaba excitado a cada momento; ya que ella solo le rozó, nada más, y eso fue suficiente. El celibato era muy pesado cuando se tiene la mayor tentación a tu lado. Cerrando la puerta detrás de él, fue hacía el inodoro levantando la tapa velozmente, ahí se dio cuenta que ni siquiera se había sacado el saco, enervándose más. Ella no hablaba, sabía que era su culpa por todo lo que no hacía o hacía cuando no controlaba las ganas, pero eso no era una escusa, era suya ¡suya! De nadie más, cada parte de su cuerpo le pertenecía, sus sonrojos, sus ojos chocolates, sus pensamientos, como se mordía ese labio…aflojó la hebilla de su pantalón, no controlando su agitación, el aire no bastaba y sus rasgos se fueron transformando en desesperación. Palpitaba, caliente cuando lo tomó en con su mano derecha, a lo que no perdió tiempo y comenzó a refregarlo, estirando la piel sensible, medio bruto, pero no pensaba en su placer, sino apaciguar un poco las ideas, esas ilusiones que siempre cuando volvía a la realidad le quitaban todo, y no quería perderlo todo, ya demasiado tenía que soportar que ella no hable como para seguir empeorando todo con sus análisis exhaustivos. Era un movimiento mecánico, ya que su cuerpo no era suyo, tenía que liberar el orgasmo y nada más, ni siquiera le interesaba eso, sino que continuar con las posibilidades de lo que estaba molestando a su Bella.
Es mía, sintió en su cabeza, estaba manejando su mano, esperando lo desconocido, podía captar como sus músculos se tensionaban, como el grosor de su pene se inflamaba, pero no le prestaba atención, no estaba en ese momento masturbándose, ya que su mente no era correlativo con su cuerpo. Tú lo sabes, es tiempo siguió en su cabeza, no era solo el monstruo, sino que estaba ahí también incluida su parte sensata, la que también aspiraba a potenciar el placer, a probarla como solo el universo anhelaba; estaba flotando, no se ahogaba pero tampoco se salvaba a si mismo, pudo sentirla sobre él, lo pequeña que era, y aunque sabía que estaba mal, le gusto eso, como ella jadeó, como respiró convulsionaba, como él aferro su mano sobre la de ella para no se desintegre con el fulgor. Era sádico, y no le importaba admitirlo, mientras que las ganas se acumulaban y una gota de sudor caí de su frente…supéralo, ella es mía, siempre lo fue, susurró tan bajo, pero al mismo tiempo lo oyó y coincidió con él, tenía que superarlo, porque no le gustaba masturbarse, ya que quería masturbarla a ella, abrir su piernas para pasar su lengua, probarla y morderla para que grite. Su mano se percibía áspera, no era la adecuada para calmarlo, pero por suerte, aun sintiendo un poco la relajación cuando se libero, estaba concentrado en otra cosa, en el silencio de ella. Fue tan lejano el orgasmo, que apenas lo sintió, por lo que gruño enojado, el chasco fue tan grande, que solo se dio cuenta que se había liberado fue cuando vio su semen esparcido por el inodoro.
Se levantó fastidiado los pantalones junto al bóxer, sin asquearse de si mismo como otras veces, ya que ni disfruto de ese momento condensado en lo que el monstruo murmuraba, lo que establecía y él estaba de acuerdo, no había motivo por seguir repeliéndolo si ella no le hablaba, si le negaba lo mínimo que le sustentaba a no soltar a la bestia en él. No le decía nada, ni que le hacía feliz, lo que le entristecía, si lo odiaba o le amaba, no le daba nada ¿Por qué no se lo hacía fácil? ¿Por qué le complicaba la abstinencia? ¿No se daba cuenta que apenas podía soportarse como para soportar sus silencios? Ella es mía, no importa la edad ¿no lo entiendes? Prosiguió el veneno de adentro, sus juicios eran verdaderos por más que fuesen hechos con la mayor maldad y cizaña posible; lo intento, batallo durante tanto tiempo, y ¿ella se callaba? ¿No le daba esa parte preciosa de ella? Se acercó hacía el lavado, donde sus manos ya temblaban de la bronca, de la ira contenida que quería explotar, quería gritarle, recriminarle y hacerle sufrir por hacerle pasar por ese calvario, por quitarle lo poco que podía tomar sin lastimarla y…¿le quitaba eso? Abrió la canilla, dejando que agua corra mientras se lavaba las manos, y no podía apaciguarse, el monstruo no se detenía, sino que instigador disfrutaba romperlo, para que al fin realice lo que siempre supo que pasaría, para que la presa sea comida de una buena vez. Apretó los dientes, le costaba respirar, los nervios aumentaba junto la presión en su pecho ¡hazlo! ¡Hazlo, puto marica! Tu lo quieres y yo lo necesito, que aprenda que no nos puede hacer esto, lo sabes…subió sus manos mojadas a su cabeza tomando mechones de su cabellos violentamente, mientras que movió un poco su cabeza hacía delante, queriendo gritar, ella no hablaba, no podía tocarla, ella era suya, y no lo entendía, cada acto tiene su consecuencia, el monstruo no se detenía, nada jamás cambiaba, no se detenía, ella no sonreía, no compartía nada, no le daba nada, nada, nada, absolutamente nada, no la dejaría que se marche, era suya, siempre lo fue, sus ojos verdes se fueron oscureciendo, coléricos y tóxicos. ¡Hazlo! Dámela, es mía zumbó como un mosquito, molesto en su oído, el cuello de Edward se hincho, colorado, a lo que no lo pudo aguantar más, así que gritó como una bestia, llena de rencor y en busca de sangre.- ¡maldita seas Bella!...- y en un segundo ahí, él se perdió, como pasaría el año siguiente cuando el perro inmundo la toque y el infierno en lo profundo alzase sus llamas para quemar a la joven Bella.-…¡eres mía!...-sus manos violentamente tiraron la taza que estaba sobre el lavado, y fue una suerte que no desprendiese el botiquín en la pared.- ¡te odio tanto!...-murmuro tragando con fuerza, y ese horrible monstruo, que ya se le desprendía la piel como un leproso para tomar la forma de él, sonrió contento con su trabajo.
Trató de que el piso no se moviera bajo suyo, pero este parecía seguir estorbando cada paso que daba hacía la sala, era la quinta vez que iba al baño a orinar, y fue bueno que el día anterior hayan limpiado la casa, sabía que Emmett era muy despelotado y ahora había empeorado desde que se había separado de Rose. El departamento donde vivía ahora el joven, era pequeño, solo dos ambientes, pero le pareció tan lejano el pasillo que separaba el baño de la cocina/comedor/ sala; cuando casi se tropezó con un obstáculo invisible, rio divertida, sin poder controlarlo, de fondo se escuchaba la música, jamás fue fanática de la música electrónica y sin embargo ahora le parecía genial. Cuando llego a la sala, encontró a Alice moviéndose, como una gacela, por lo que pudo jurar que música fluía a través de su cuerpo, en una mesita al costado acerco su mano para tomar la lata de cerveza, aunque en los dos primeros intentos esta se movió de lugar dificultándole la tarea.- si que eres escurridiza…-menciono con dificultad, por lo que Alice se enteró que ella ya había regresado.
- estas borracha…-le incrimino con un dedo, pero Bella negó con la cabeza mientras tomaba otro sorbo del líquido amargo, no era agradable pero ya ni se fijaba en eso, solo en seguir tomando.- no me lo niegues, estas hablándole a la lata…-ambas estaban sudadas, y con los cabellos desordenadas, habían estado las últimas 6 horas bailando y tomando la dotación de cervezas que Emmett tenía ocultas, aunque no era un gran misterio que estaban bajo el lavado. Mc Carty le había dado una copia a Alice para que pase cuando quisiese, menos, como él había expuesto, cuando estuviese teniendo sexo desenfrenado con alguna chica, ahora que era soltero podía tener todo el sexo que quería. Aunque también era sabido que el desasosiego porque Rose decidió dejarlo apenas le permitía comer, guardaba esperanzas que ella algún día regresase a él, pero ese mes y medio era el peor periodo del joven. Bella se encogió de hombros, quitando la lata de sus labios, se le escapo un poco del contenido entre los labios.- ¡que asco, Bella!- puso cara de asco tomando el contenido de su lata.
-tu eres la borracha ¿a quien le estuviste hablando mientras estaba en el baño?-Bella, torpe y lenta, se acercó hacía Alice, que sonrió.
-a mi amigo, aun no me dice su nombre…-señalo a una almohada que estaba sobre el piso, que por algún motivo estaba mojada.- le gusta mucho tomar, solo que no puede manejar la bebida…-hipo un poco, a lo que Bella se cayo sobre el sofá, cuando no pudo controlar que el cuarto diera vueltas, mareándola. Grito, eufórica, ante el bip de la música.-…don´t stop the party…-agito sus manos hacía arriba, derramando a su paso cerveza, mojando un poco la cabeza de Bella, que se paso la mano para limpiarse.
-cuidado…no quiero que mis padres sepan que tome…-apretó los labios riéndose, seguida por una histérica Alice.-…call me verbal criminal…-Bella tomo de un trago lo último que le quedaba y se levanto tirando la lata en el piso.-…now, baby, don´t stop it….
-¡sí! Don´t stop the party…-grito Alice descontrolada, y ambas comenzaron a saltar, incitadas por la música y el alcohol.
Pensar que hacía unas horas tenía la fuerza para destruir al mundo, era el mayor predador que existiera así que no tenía oponente que pudiese aniquilarlo, y toda su furia estaba destinada a esa joven, a una chica de solo 14 años. Odiaba tantas cosas, tener que analizarlo todo hasta el último detalle, buscando la respuesta adecuada, tal vez en cualquier persona normal y correcta sería una excelente cualidad, pero no en él, ya que no descansaba, ella era fascinante, completamente adictiva y no podía dejar de pensar. Su mente no paraba, no le dejaba poder expresarse, ya que eran tantas ideas, tantos estudios realizados en solo escasos segundos, que no lograba procesarlos, detenerse para poder controlarse, estudiaba cada posibilidad, cada salida y excusa, cada consecuencia probable o improbable, no podía parar y mucho menos ahora cuando ella no le hablaba. Se aborrecía, no quería ser él, quería morir, dejar de existir para ir directamente al infierno, cualquier lugar era mejor a lo que su mente le obliga a experimentar. Necesitaba más, el todo y la nada era parte de él, el vació y el horror que lo componía, ya no podía esperar, no lo soportaba más; quería arrasar con ella, que se sumerja con él para que lo comprenda, no podía controlarse, no podía darse el lujo de solo respirar un poco con tanto caos dentro suyo. No podía hacerlo, se odiaba por no poder ofrecer más, cualquier cosa, todo menos lo que él era, la devastación y la complejidad que él era; se consumía en sus anhelos, en cuanto quería mamarla, tomar sus jugos, esos deliciosos jugos que ella solo producía, que suspire, que gima, que se retuerza. Por lo que estaba decidido, aunque no sabía como ponerlo en práctica, no podía vivir con tanto veneno, tenía que pedirle que le comunique, que hable, que grite si fuese necesario, ya que no podría soportar más lejanía, no cuando eso evitaba que cometa lo horrible, que al fin pueda llenarse con la grandiosidad mientras que tomase su sangre.
Coloco su rostro sobre la almohada de ella, aspirando ese aroma, se sentía ligeramente conciliador, el momento de furia había pasado y ahora más calmo, se dedico a tomar una resolución, de ahora en más hablaría con ella, que le dijera que era lo que le abrumaba para que le incluya en ese mundo donde él no podía penetrar, eso le daría cierto respiro, para seguir un tiempo más, para poder estar cerca de ella sin lastimarla. Sonrió, torciendo sus labios, ese maravilloso olor a Fresia siempre le alegraba, era generoso, llenando sus pulmones, dándole la pauta que ella era el único lugar donde quería estar, junto a ella podía sentirse pleno. La superficie mullida le sentó cómoda, invitándolo a dormir, todavía faltaba dos horas para que fuese a buscarla al establecimiento educativo, y estaba cansado, tanto que sus parpados le pesaban. Ocultando su rostro en la almohada cerró los ojos, al tiempo que su respiración se acompasaba cuando escucho cercano sonar su móvil; giro su rostro, hundiéndose más en la almohada pero al tener la responsabilidad impartida por su profesión, sabía que tenía que atender rápidamente ante cualquier llamado. Suspiró pesadamente, tomando, a tientas, el móvil de la mesita de noche; colocando en su oreja, habló.
-hola…-no logro abrir los ojos, realmente sus ojos ardían un poco por el sueño que le estaba dominando
-Edward…-le dijo su madre, pero no reacciono sino que ya sentía cada palabra con cierta lejanía.-te llamaba para preguntarte…-percibió la duda en su voz, por lo que le hizo darse vuelta, boca arriba, para poder despabilarse.
-¿Qué pasa, mamá?-
-¿hoy llevaste a Bella al colegio?...hummm….porque no esta ahí…- y con eso abrió los ojos, a lo que en signo de amenaza el monstruo gruño.
-..Eso es lo que nos falta….tener novios…-aseguro Alice, ya perdida entre las epifanías que le bombardeaban mientras que la borrachera le obligaba a quedarse quieta; Bella bailaba descontroladamente, estaba sudada, sentía como el calor no descendía y no podía parar de moverse, por más que sus piernas estuviesen agotadas, era maravilloso el sonido de la música, lo grandioso de sentir que no había barrera posible, y que podía conquistar el mundo en ese momento.
-¿no lo sientes? Amo a esta mujer…-gritó por encima de la música desmedida, apenas tenía una remera con mangas cortas, mientras que en el medio de la sala creyó estar poseída por la música.-…you have my heart and soul in your hands…but you played it…
-eso es…-prosiguió Alice convencida que había encontrado la respuesta a todos su problemas, aunque la ultima media hora llorando, ya sin saber el motivo, aun se visualizaba sus ojos hinchados.-…es la única manera…¡a la mierda Jasper!...-Bella sonrió dando una vuelta, donde casi más se tropieza, desatando en las dos un ataque de risa.
-¡a la mierda!...-le acompaño la joven Swan, pasando las dos manos por sus cabellos, enredándolos más, siguió con un risa de oreja a oreja.- ¡todo se puede ir a la mierda!..-eso impulso a que Alice se levantase, con dificultad, del sillón, incitada.-…you gonna wish it, never have met me…
-¡a la mierda con todo!- abrazo a su amiga y Bella siguió gritando, agitada.
- ¡a la mierda tu y tus malditas reglas, Edward! ¡Te odio!...-si hubiese estado sobria Alice hubiese pensado que tenía problema de convivencia con su tutor, pero la situación era más grave, las implicancias eran profundas y el dolor era supremo. De pronto, la puerta del departamento se abrió, pero ninguna de las jóvenes se dieron por enteradas, eso es lo que causa ocho latas de cerveza en personas que no beben. Cualquier otra persona se hubiera molestado seriamente por el desorden en la casa o que se hubiesen tomado cosas que no le perteneciesen para consumirlas, pero ese no era Emmett McCarty, que tan pronto atinó a hacer cuando las vio, fue tomar su móvil y así tomar unas fotos para la posteridad, una desprolija Alice y una descontrolada Isabella era algo que valía la pena registrar. El enorme muchacho que practicaba fútbol, había desarrollado su figura en una manera casi amenazante, pero su rostro despreocupado le quitaba cualquier tipo de preocupación, claro estaba que este tinte que siempre lo acompaño ahora se mezclaba con cierta tristeza, desde que Rose decidió separarse sin dar motivo alguno, no podía evitar expresarla en su mirada. Mas el espectáculo de su prima y su ex cuñada bailando locamente, ebrias, le animó notoriamente.
Temprano había recibido el mensaje de su tía preguntando si sabía donde estaba Alice, una profesora advirtió ver a la joven irse del establecimiento antes del comienzo de clases, por lo que llamaron a los padres avisando esta falta, y desde temprano buscaban a la chica, por lo que después se supo que Bella tampoco había ingresado al establecimiento. No era tonto ni lerdo, por lo que vio su oportunidad de poder hablar con ella, con su ex novia, esa chica que había decidido separarse después de años de noviazgo y amor; esperaba que fuese una fase, que lo reconsiderase, sus amigos del equipo le lograron convencer que saliese con otras chicas, pero no logro besar a ninguna ya que sentía que la estaba engañando, Rose era la mujer que siempre quiso y ninguna podía remplazarla. Así que fue hacía fuera nuevamente para lograr hablar sin que el ruido de la música le disturbase.
Espero unos segundos, ella estaba en marcación rápida y rogó que le atendiese, los primeras semanas le llamaba constantemente por lo que Rose dejo de atender el móvil, así que espero que lo hiciese esta vez.-…Emmett tengo una emergencia aquí, así que…-le contesto molesta, el sonido de su voz le hizo sonreír, procurando no trasmitir la emoción que era hablar con ella nuevamente.
-mi tía me conto que perdieron dos pajaritos…-
-no me jodas, Emmett, estoy ocupada…-pero ella no corto la llamada, era algo a su favor.
-bueno, señorita "yo ahora soy una universitaria y me cago en todo el mundo", te llame para decirte que le avises a tus padres que encontré a tu hermana…-no fue necesario fingir el fastidio, estaba enojado de su actitud, él no fue que acabo la relación que un día anterior era perfecta, por lo que no se merecía ese tipo de respuesta.-…esta borracha, así que prepáralos…
-¿Qué?- sonó desconcertada Rose del otro lado, mas él no quería lidiar con ella uso el mismo tono que ella empleaba.
-lo que escuchaste, en 10 minutos estamos ahí.-corto la conversación, y la bronca se acumuló en tan agradable ser, que exteriorizando un poco de la impotencia, golpeó el móvil contra la pared, destruyéndolo.
Permaneció quieto, procurando no mover un músculo, si rompía esa postura reaccionaría y no era bueno que eso sucediese, más cuando dentro de él era pura destrucción y odio. Estuvo la última hora tratando de llamar a Bella, pero no contestó, se atrevió a ignorarlo, sería gracioso a no ser que quería verla suplicar misericordia por tal ofensa, que sangre y se quiebre, que grite y… ¿ignorarlo? ¿A él? ¿Qué mierda le pasaba? ¿Quién mierda se creía que era? ¡Era suya maldita sea! ¡Era suya y no se le perdonaría! Pudo pasarle cualquier cosa, Emmett había indicado que estaba intoxicada ¿acaso era estúpida? ¿Era una acéfala? ¿Cómo pudo ser tan imprudente para exponerse a los peligros que rodean cuando los sentidos se retardan? ¡Era una mocosa! ¡Eso es lo que era! ¡Una mocosa malcriada que no tenía conciencia de las implicancias de sus acciones! ¿No comprendía que él moriría en agonía si ella resultase lastimada, si fuese expuesta a alguna amenaza que no fuese la de él? ¡Sí, era egoísta! Solo podía pensar que él no podría subsistir sin ella, ella era su todo y eso no evitaba pensar las ganas que tenía de lastimarla, de dañarla y que suplique, porque era una mocosa y eso no se cambiaba con nada.
Paso su vista por la cocina, su madre estaba cocinando, era lo que siempre hacía cuando estaba tensionada, esa característica había absorbido Bella; era normal que Jasper o Rose tuviesen algún tipo de dificultad de vez en cuanto, algún tipo de problema por su comportamiento fuerte y salvaje, Carlisle y Esme no estuvieron preparados para eso, el mayor de sus hijos fue la excelencia personificada así que no experimentaron hasta que los mellizos fueron adolescente los problemas que acarreaba tener a un ser humano con las hormonas exaltadas y la conciencia adormecida. Pero Bella tenía la sensatez desarrollada a tal punto que podía uno confundirse con un adulto, aunque ser adulto esta tan sobrestimado, no era capaz de realizar algo tan tonto como irse de clases para dedicarse a tomar cerveza, y lo había hecho, ahora era una adolescente, y eso era lo que más desconcertaba a su padre. Carlisle caminaba desde la cocina hacia la puerta de entrada, mirando hacia la puerta y después de agitar la cabeza molesto, regresaba a la cocina nervioso, Rose hizo apego a su prudencia, sorprendida que su hermanita haya realizado algo como eso, no sabía si sentirse orgullosa o estar enojada, así que solo se limito a mirar por la ventana. Todos estaban tan abstraídos en sus propias cavilaciones que no atendieron al volcán que estaba por activarse, uno más devastador que el que se encuentra bajo tierra en Yellowstone, eran ciegos ante lo más obvio, mas ¿Cómo ver lo horrible ante nosotros si las mentiras son más hermosas y dejan seguir con vida? Edward continuaba sentado con sus ojos enfocados en el piso, procurando no explotar, no dejar fluir la bronca, lo corroído de su persona aflore y destruya todo a su paso, como la lava caliente. Esto no era un juego, acá no había un premio consuelo para el perdedor, era el todo y la nada, la vida y la muerte, que ella se retuerce bajo sus garras o huya para ser feliz; no había termino medio, ella no podía pretender más de él para después actuar imprudentemente. No era un juego, no podía serlo, no cuando la bronca se acumulaba y le cortaba el aliento, las fuerzas se acumulaban a consecuencia de la privación, del hambre y las ganas de más, el ayuno le estaba volviendo loco, y esa misma mañana no pudo controlarse…¿Qué esperas? Murmuro tentador en su cabeza, cosa que le altero ligeramente, ansioso, cuando vio a Rose ir hacía la puerta.
-ahí llegan…-avisó, por lo que fue seguida por sus padres; esperó sentado, no sabía como reprenderla, no era cualquier persona, así que el castigo tampoco podía ser normal, la normalidad jamás podía existir con todo lo que respectaba a ella. Ella no hablaba, no decía nada, no le explicaba esos encantadores pensamientos que solo ella podía tener, y las ganas estaban ahí, el fondo del mar, en lo profundo donde solo hay oscuridad y frío se acumulaban las ganas de matar, de destruir todo a su alrededor, por ser tan imbécil, por no permitirse hacer todo lo que sentía, lo que necesitaba y estaba enfrente suyo. Y ella no tenía la culpa, quiso recapacitar, ella no la tenía y aun así era la responsable de todo, de cada sentimiento, de cada idea retorcida y alentadora, de cada impulso reprimido que le paralizaba los músculos dañándolo; no era una victima, ella lo hacía apropósito, tenía que hacerle entender que no era un juego, la casa no ganaba aquí, nadie ganaría nada, todos perderían y solo él y el monstruo se deleitarían con sus gritos agonizantes. Pesa, lo sientes ¿no es cierto? ¿Duele? ¿Quieres gritar, marica de mierda? Prosiguió contento por su sufrimiento, para que sepa lo que es aguardar y el odio que eso ocasionaba. Ese peso en el pecho, que apenas le permitía respirar, como si el aire no bastará, ya que lo potente necesitaba más que esta realidad para subsistir, lo concreto no era adecuado, así que siempre se ocultó en fantasías maravillosas que al final terminaban siendo lo que realmente le amenazaba con matarle, como ese peso en el pecho que a cada momento quería ser más grande. Pasó la mano por sus cabellos, cerrando un poco los ojos, estaba exhausto y con muchas energías, así que al escuchar la voz de Carlisle, tuvo que enfrentarla y saber si ella le hundiría más en lo horrible o le salvaría de su mente que jamás se detenía.
Lentamente fue hacía la puerta de salida, donde visualizó la camioneta todo terreno de Emmett, donde el joven en cuestión bajo para ir hacia la parte del acompañante, como era vidrio polarizado no se podía distinguir lo que pasaba dentro.-esta es mi primera parada, todavía tengo que llevar a Alice a su casa…
-en serio, Emmett, lo lamento…-se disculpo avergonzada Esme, mientras que la postura tanto de Edward como Carlisle era dura, esperando el combate. Rose se mantuvo al margen, intentaba evitar a su ex novio pero cada tanto le encontraba, por más que supiera que inconscientemente ella iba donde sabía que él estaría; fue la peor decisión la que tuvo que tomar, pero no tuvo opción, no lo hizo por ella como todos así reflexionaban, lo hizo por él, para que sepa lo que era ser un adolescente sin compromisos, para que después no la abandone por alguien más o se canse de ella ya que no había vivido su juventud a pleno. Una conversación con su compañera de clases, Tía, le había dado los suficientes fundamentos para terminar con Emmett, él era más joven que ella y por ende, había probabilidades de que él decida dejarla un día en busca de alguien más joven o más experiencias; casi le destruye presenciar como él lloro delante de ella, como le suplicó que no le dejase negando con la cabeza, no comprendiendo las tontas razones que había inventado. Pero su fuerte, se aferro a la mentira que le olvidaría y él estaría bien, y ahora viéndolo, más grande con el cabello más corto y las facciones fuertes, se tuvo que reafirmar que hizo lo correcto por más que cada noche dormía llorando aferrada a su móvil, tentada con llamarlo.
-no se preocupe…-no le dio importancia, mientras reticente, miro hacía un Carlisle sumamente enojado, aunque lo que realmente le inquieto, y no era la primera vez que lo percibía, era el aura pesada que rodeaba a Edward, que estaba detrás de su padre, unos escalones más arriba del pórtico. Suspirando, abrió la puerta trasera, donde Bella se reía recostada sobre las piernas de Alice, que denotaba querer dormir. Carlisle fue hacía ella, por lo que Emmett se hizo a un costado, tomando la mano de su hija para ayudarla a sentarse; su cabello estaba enredado, estaba traspirada con los ojos rojos pero sin dejar de reírse.
-estós en problemas, jovencita.-recito Carlisle cosa que le hizo reír más a Bella, cuando su padre trato de tomar sus piernas para alzarla, ella se negó, moviéndose torpemente.
-yo puedo caminaris…-dijo en voz desarticulada y lenta, por lo que tapo su boca, para reírse con más fuerza.- ¿caminaris?...-coloco sus pies en el piso, y ahí fue cuando ella se mareo. El doctor Cullen la agarro con fuerza para asistirle a caminar.-yo puedo caminar sola…-se negó sin fuerza, con las piernas débiles y temblorosas, sin lograr alejarse de su padre.-…también volar…-soñó feliz.
-quiero ir al baño…-se despertó Alice perdida y descompuesta. Emmett rápidamente la alzo sin hacer esfuerzo alguno.
-vamos, duende, no quiero que ensucies mi camioneta…sue…-se detuvo automáticamente, antes de terminar la palabra suegra que iba dirigida hacía Esme; sus ojos viajaron hacía Rose, que parecía triste, pero no le importo, por primera vez no le importaba, ella había ocasionado esa situación, ella le había dejado, le había obligado a odiarla sin lograr contaminar el amor que le tenía pero si determinando su comportamiento, como había sucedido ese día a Bella.- señora Cullen ¿puedo llevar a Alice al baño?- Esme lo entendió perfectamente, jamás se había dirigido solemnemente hacía ella, ya que desde el primer día se había considerado parte de la familia, pero esa conexión ya no existía, aunque eso no evitaba que no comprendiera la decisión de su hija ni dejara de extrañar al joven en la casa.
-sí, gracias Emmett…-fue hacía su hija.- Rose ayuda a Alice…-su hija mayor no se quejo solo se callo, siguiendo a Emmett hacía el baño de la planta baja. Y pendiente de Bella, sin quitar sus ojos de ella estaba Edward, la paz se quería instaurar, ella estaba a salvo y eso era lo importante, pero eso era una mentira, una de las miles que siempre se tenía que gritar para fingir, actuar, ya que ella estaba ahí, había sido descuidada y estaba más que hermosa. ¿No quieres pasarle la lengua? Sabes lo rico que es su traspiración ¿no se te hace agua la boca? Tosió un poco incomodo, queriendo bloquear lo imparable. Esme se acercó a Bella tomando su rostro sobre sus manos.
-¿estas bien, hija?- se preocupo, pero haciendo fuerza Carlisle la alejo, mientras que Bella cantaba alguna canción inventada o reciclada de tantas otras.
-no cuando termine con ella…-aseguro Carlisle llevándola dentro de la casa, pasando al lado de Edward, donde los ojos de Bella tan pronto le vieron se enseriaron, riendo sin alegría, para luego desviar la mirada rápidamente. Tan pronto como estuvieron dentro de la casa, Bella se solo corriendo sin coordinación ni velocidad hacía la sala, para continuar bailando sin gracia.- ¡basta!- le reto su padre.
-…dream on, dream on…-se burlo sacando la lengua.-...Maybe tomorrow the good Lord takes you away….-continuo bailando sin música, solo siguiendo pasos en su cabeza.
-¿Cuánto tomaste, cariño?- quiso razonar con ella tiernamente Esme. Por lo que su marido dio un paso adelante furioso.
-no le hables así, se portó mal y sigue haciéndolo, tan pronto como estés sobria te espera un castigo muy grande, Isabella.- Edward se mantuvo quieto sin dar ningún tipo de proclama, no podría controlarse, no cuando el monstruo no se detenía, maravillado y curioso como las caderas se movían libremente, hasta cierto punto deseoso de verla danzar frente a él sin ropa ¿te lo puedes imaginar? No me digas que no quieres chuparla de nuevo, sé que te gusto, sabrosa y ella no se giraba a verlo, ignorando su presencia, como si no estuviese en esa habitación, eso seguía irritándolo sin piedad alguna.
-no tomé nada.-aseguro trabándose con su lengua, pasando su mano por sus cabellos desordenándolos más.- lo juro, solo nos estábamos divirtiendo…no hicimos nada malo…-justo en ese momento, ya con Alice caminando pero con ayuda de Emmett, Bella abrió los ojos entusiasmada, parándose sobre uno de los sillones de la sala.-Ali tenemos que ir a bailar un día…-sin comprender, Alice miro hacía todos lados.
-tengo hambre…-dijo débilmente. Todo esto logro que Emmett rieran por la excesiva energía de Bella, y la falta de fuerza de su prima.
-bájate de ahí que te vas a caer.-sancionó su padre, cosa que logro que Bella comenzase a saltar rebelde, no se va a cansar cuando la tome, tiene las fuerzas para soportarme, tu lo sabes, esta indefensa ¿no te gusta eso? Solo para ti entonces Bella se fue hacía atrás, por suerte él y la bestia fueron rápidos, y tomaron su ropa, pasando su otra mano por la cintura de ella para evitar que se cayera.
-¡cuidado!-gritó asustada Esme, cuando él la sostuvo, antes de que la sorpresa dominase a todos, cuando la mano de Bella viajo hacia la mejilla de Edward, golpeándole. Todos se quedaron callados, impresionados de tal acto, incluso logrando que Alice se incorporase lucidamente; Bella abrió los ojos, sorprendida, mientras que Edward se quedaba pálido sin palabras. El corazón de Edward latió fuertemente, retumbando en todo su cuerpo, apenas le dolió la cachetada, pero si le aniquilo por dentro, la onda expansiva de las implicaciones de tal actitud estaba aniquilando todo a su paso, mientras que sus piernas temblaron. Ella se estaba alejando, era libre, no podía conservarla, le golpeo y eso fue desastroso. Trago con fuerza, mientras que Bella respiro pesadamente para luego reír histérica, moviendo sus manos para que él le soltara. No quería hacerlo, y no lo hizo, así que ella comenzó a forcejear cuando él la acerco lentamente y con cierta dificultad; entonces, Bella frunció el ceño, a lo que unas lágrimas comenzaron a empañar sus ojos.
-suéltame.-le pidió, cayendo unas lagrimas pesadas portadoras de la historia de la creación y la destrucción del hombre.-me tienes cansada, así que suéltame…-¿Quién diría que la bestia podía ser herida? Esta comenzó a aullar lastimada, en pena y dolor, por lo que Edward lucho para aferrarla a sus brazos, porque no podía decirle eso, no podía ignorarlo y abandonarlo, no se podía rendir cuando él ya estaba débil y estaba a solo escasos segundos de explotar.-…¡déjame en paz, maldito!- chilló desesperada, golpeando su pecho con furia, pero él no cometería tal sacrilegio, ella no podía decirle esas cosas, no podía lastimarle así, no podía irse y dejarle sin pellejo y expuesto a la intemperie.-¡me tienes hastiada! ¡Me cansaste, bastardo de mierda!- Los ojos de Esme se llenaron de lágrimas, era obvio que su hija escondía cosas y estas le dolían, por lo que le dañaba jamás albergar la idea de que ella estuviese sufriendo.
-¡estas lastimando a tu hermano!- grito Carlisle, yendo en ayuda de Edward, pero se detuvo no supo porque motivo, que ya le rodeaba con los brazos, sintiendo todo el calor de ella, y como su cuerpo temblaba llorando, pero él no podía exteriorizarlo, simplemente estaba noqueado su mente no procesaba nada, solo la desesperación que no atendía nada, encauzado en no dejarla partir, era suya, siempre lo fue y ella le odiaba, cosa que siempre temió y ahora soportaba.
-¡déjame en paz!- prosiguió entre lagrimas corrosivas, mientras que sus válvulas se destruían, procuraba evitar mirarle a los ojos, o sino se rendiría y estaba agotada de tener que fingir que podía vivir de esa manera, así que continuo batallando para que los brazos de él la liberen; se sentía tan bien, era correcto pero él jamás lo comprendió de estaba manera y ella estaba superada, el desprecio hacia ella misma hicieron su marca y no quería sentirse así, quería sentirlo a él, que le ame y él no lo hacía. Era un mentiroso, siempre lo fue, y ahora quería odiarlo tanto, para poder respirar un poco, pero se asfixiaba al alejarlo, por lo que sus ojos se enfocaron en los de él, y ahí se quedo; en el dolor de esos ojos verdes, como lo consumían todo, era la brisa que necesitaba, quemando todo a su paso para ser lo único que quedaba para ella. Sus labios temblaron, no soportando la presión en su garganta y pecho, la pesadez comenzó a aparecer, adormilando su cuerpo, obligándole a detenerse, por lo que se quedo con él, con lo que le destruía a cada momento, lo que le daba vida y jamás se iba. Quería ser libre, mas lo cierto es que él era su libertad. Un lamento escapó de su boca, tan lastimero que una parte de su alma desgarrada se mostró, y se va, como todo se va, el dolor, el amor, la bronca y el hastío cuando él aparecía, cuando sentía sus brazos, para ser remplazado con la plenitud del infinito y el vació, amargo y dulce cada momento y el toque de él. Bajó su cabeza, rendida, ya pasando sus manos por los hombros de él, aferrándose, como una muñeca rota; a lo que Edward, la sostuvo, alzándola mientras que la cabeza de ella bajaba para posarse en su hombro.- ¿porque me haces sentir tan miserable, Edward?- demando en un murmullo sobre su oído, para que él solo lo oyera, para luego dejar de hablar, logrando que él se agite con fuerza. ¡Oh! Ella si que podía ser cruel, era peor que él, porque no importar, cuando a él se le iban los últimos suspiros en no vivirla, era tan horrible, como matarlo sin clemencia, torturándolo para que las ratas terminen el trabajo.
El monstruo chilló en pena, lastimado, sangrando sin parar, por lo que Edward, tuvo que ocultar un poco su rostro en el cuello de ella, para aspirar su aroma, tomando la fuerza necesaria para seguir abrazándola sin romperse. Se endureció un poco, sin pensar, aunque se repetía como un eco las palabras de ella en su cabeza. Miró hacia la sala, donde su madre abrazada a su hermana lloraban sin comprender, pero lo sintieron, era imposible no hacerlo, la pequeña joven estaba herida y ahora se enteraban; Carlisle estaba pasmado, sin saber que hacer, pasando la mano por sus cabellos nerviosamente. Alice se aferraba a Emmett, mientras lloraba, a lo que el joven solo se quedo cabizbajo; todos lo percibieron, la unión potente y avasalladora que había entre Edward y Bella, aunque jamás concibieron la verdadera naturaleza de esta, como la indecisión de Edward estaba desintegrando la pureza e inocencia de la joven. La aseguró en sus brazos, para luego ir hacia el pasillo, escalera arriba, yendo hacia el área de las habitaciones.- ¿Qué vas a hacer?- demando Carlisle preocupado. Edward sin darse vuelta, le contestó.
-tiene que descansar, cuando se encuentre mejor puedes hablar con ella…-y así, la bestia herida llevó a la presa para que repose.
No pensaba, su mente no reaccionaba, el monstruo chillaba sin comprender, no tenía el desarrollo emocional para hacerlo, ya que en las profundidades donde el tiempo ni la vida importa, era el todo y nada, lo que hay en el medio es lo incomprensible, lo abstracto, y ahora cuando ella clavó el puñal, no sabía como actuar. La percibió tan frágil bajo sus manos, como la contraposición entre el cuerpo de ambos era el balance del mismo cosmos, y ahora, ella lo había dicho, años de trabajo y esfuerzo al fin dieron su fruto, ella le rechazo, se cansó y no podía estar más asqueado. ¡Hijo de puta! ¡Tú hiciste esto! ¿Porque no te mueres de una buena vez? Le recriminó enojado y llorando lágrima oscuras formadas de petróleo, como un infante caprichoso, la bestia, Edward solo apretó su agarre, sin querer pensar, no podía hacerlo, porque o sino se rompería, lloraría y suplicaría misericordia, porque no quería morir, al final de cuentas jamás quiso morir, como siempre, esa fue una de las incontables mentiras que se había dicho, mentiras que jamás evitaron nada y solo causaron dolor. Sintió la respiración de ella sobre su cuello, trasmitiendo escalofríos por su cuerpo, y jamás se le hizo tan difícil subir las escaleras, la fuerza de sus piernas se estaban yendo, abandonándolo, como todo le estaba dejando, podridos de esperar el momento adecuado para destruir y amar, los tiempos de Edward eran tan lejanos. Su madre hablo de fondo, pero no supo decodificar sus palabras, eran lejanas, por lo que siguió caminando cuando todo a su alrededor comenzó a desmoronarse, necesitaba separarse de todo, poder respirar un poco más su aroma y que le deje morder su piel así poder seguir, para pretender que nada de lo anterior casi le aniquila.
Cuando entró al cuarto, cerro la puerta tras él, no quería que nadie diga nada, no era necesario y hasta sería perjudicial, porque la bomba había caído y la radiación estaba destruyendo cada célula de su cuerpo; movió un poco la cabeza hacía atrás para poder mirarla un poco, solo logrando visualizar sus labios, que estaban entreabiertos, temblando ligeramente, dando la pauta de que no estaba dormida.- Bella…-le llamó y en su voz rota dejo reflejar el dolor que había en su interior, lo que su exterior de piedra no podía demostrar. Ella agito la cabeza negando, mientras que su labio inferior tembló con fuerza, reprimiendo el llanto severo que deseaba salir. La llevo hacia la cama, consiguiendo que ella se sentara para luego tomar su lugar enfrente de ella, Bella siguió con su rostro oculto en cuello, ya que él permaneció inclinado, cuando el sollozo se hizo más fuerte, pero aferrando sus dedos a la ropa de él; la bestia estaba perdida, el infierno le alcanzo con sus poderosas flamas queriendo consumirlo y no sabía a que dirección poder refugiarse. Y ahí estaba, una lágrima sola que representaba la destrucción de la humanidad cayo por el rostro de Edward, quemando sus ojos y oprimiendo su pecho.-Bella, por favor…-le suplicó, a lo que ella separó su rostro para mirarle levantando la cabeza; las perfectas facciones de él estaban contraídas en desesperación y agonía, pidiéndole todo lo que jamás quiso tomar, consiguiendo que a ella se le hiciera un nudo en la garganta.
-por favor…-imitó en forma triste, llevando sus manos de los hombros de él, para colocarlos en sobre sus mejillas.-por favor…-reitero bajamente, y su cabeza fue hacia el cuello de él, posando sus labios bajo a su barbilla, encima de su manzana de adán, donde todos los pecados se resumen y son tan ricos y estimulantes que no importa el precio a pagar, el edén es una mierda si no se saborea la manzana cada día. Edward suspiró relajadamente, como si el peso del mundo no fuesen sostenidos por los titanes sino por sus hombros y ahora el mundo fuese hecho de aire; tenía miedo, así que tembló, no quería perderla, no podía, nadie se merece tal castigo, ni siquiera el monstruo putrefacto. Las manos de Bella manejaron el rostro de Edward, acariciándolo, sintiendo como la barba de él pinchaba, como adoraba esas maravillosas picaduras, obligándole a que se incline un poco hacía la izquierda, donde ella tuvo más espacio para seguir besando dulcemente su cuello; el perfume de él era tan masculino, mareándola más que alcohol que corría por sus venas, pero quería poder tenerlo, necesitaba tocarlo que le considere como alguien para construir una vida, para obtener todo de la vida misma y no alejarla, despreciándola.
El mundo estaba construido solo para ellos dos. Nadie estaba en esa habitación solo ellos dos, como siempre lo fue sin interrupciones, nadie podía detener lo que siempre fue destinado a pasar; los labios de ella recorrieron la piel de él, caliente, y podía sentir que no era ella sola quien respiraba agitada, sino que también él, por lo que no lo pensó, no quería meditar ninguna consecuencia, solo quería tenerlo, instigarlo a actuar. Por lo que movió su cuerpo, levantándose ligeramente, sin soltar su agarre del rostro de él, para luego abrir sus piernas y sentarse sobre las piernas de él, rodeándolo; las manos de Edward, se dirigieron hacia los hombros de ella pero se detuvieron en el aire, mientras que tuvo que cerrar los ojos, el calor de la boca de ella en su cuello le afectaba, le pedía que haga más, y el monstruo, se aferraba a la promesa de que ella estaba dispuesta a ser devorada, ¡demonios! ¡Como necesitaba comerla! No pasaba desapercibido que el centro de ella estaba tan cerca de su miembro, donde lo prometedor quería palpitar y reaccionar. Ella acerco su cuerpo hacía el de él, rozando su pecho con el de él, mientras que sus labios, dulces y suaves, seguían su camino, la tierra prometida, ya llegando hacia la comisura. No lo hagas, por favor, ya detente suplico el monstruo, como jamás lo había hecho, impotente y agotado, cuando leyó los pensamientos de él, porque la lucha era tan larga y era un milagro que aun estuviera en pie, respirando. Le dolía cada beso de ella, por lo que soltó otra lágrima, porque no quería morir, no podía hacerlo, ella no se lo permitía, pero ahí esta, jamás se iba, lo correcto es una porquería y era lo que le impedía ser feliz.
Los labios de Bella estaban ya sobre su comisura, y por un momento, creyó que lo lograría, por un momento consideró que podía alcanzar el cielo en la tierra, y él lo hizo de nuevo…lo hizo nuevamente. Edward tomo las muñecas de ella para que no siga, para que se detenga, por lo que se petrificó en su lugar, mientras comenzó a temblar, porque el abismo candente en el centro de la tierra era mucho mejor a su rechazo, por lo que apretó fuertemente los ojos, ignorándolo, porque no podía pasar esto, no podía degradarla de esa manera, no podía despreciarla como la escoria. Empujó su boca sobre su comisura, rozando un poco sus labios, percibiendo lo rico de su boca, mientras que el agarre en las muñecas se hizo más grande, pero sin realmente colocar fuerza.-ya basta, Edward, por favor…ya basta…-le suplico, y él lo hizo, rompiendo su corazón, pisoteando ese órgano ya lastimado y moribundo, separo su rostro del de ella. Se le hizo un nudo en la garganta, amenazando con asfixiarla, pesando en su esófago hasta llegar a su estómago descomponiéndola; y no abrió los ojos, imponiendo una distancia del pecho de él, negando con la cabeza tenuemente.
-entiende….-le pidió, pero ella negó con más fuerza la cabeza, a lo que su piel se fue poniendo roja por la presión que nacía desde el centro de ella, por la bronca, el odio y amor que solo él era posible originar en ella. Y volvió a luchar para librarse del agarre de las manos de él, mientras que, parándose empujaba hacía atrás.
-¡déjame en paz!-gritó desde lo más profundo de su alma destruida, que solo buscaba poder descargar el dolor que evaporaba todo a su paso.- ¡hijo de puta! ¡suéltame!...-Edward negó con la cabeza desesperadamente, aferrándose a ella, concentrado la pena de ella, y como la bestia, ese asqueroso monstruo destruía cada cosa buena en él, para que se muera en forma horrible y así poder ser libre, porque ella así lo quería, no las prohibiciones que no servían para nada. Ella levantó sus manos, dándole cachetadas en el rostro pero él no soltaba ni intentaba calmarla, solo no quería que ella se fuese; ese soberbio ser era tan egoísta, queriendo todo a su manera sin comprender que lo concreto, donde los sentimientos y remordimientos no tienen sentido alguno, no es posible poder manejar el mundo sin que este nos atropelle con sus verdades y crueldades. Estaba tan consumido en lo comprensible pero aun así no compatible con la realidad, que no sintió la puerta se abrió tras de él, entrando ahí Carlisle, que escucho desde la plata baja los gritos de su hija.- ¡déjame en paz, desgraciado!- aulló desesperada, tratando de conservar lo que él había dejado de su presencia, absolutamente nada, ni siquiera dejo un mísero pesado para mantenerse entera. Carlisle la tomó de la espalda, logrando que alejarla de Edward.
-¡Bella! ¡Ya basta!-se desespero Carlisle. Pero Bella retorcijando su cuerpo, sin controlar la explosión de lo que siempre oculto seguía luchando con él y lo invisible.
-¡vete!- Edward no pudo controlarlo, su duro rostro quebró cada roca que formaba sus músculos para contraerlos, y así comenzó a llorar asustado; la soledad, el rechazo y la muerte le estaba consumiendo. No sintió las manos de su madre que se fijo las lastimaduras en su rostro, como la mano de Bella había cortado su labio y dejado un rasguño en su pómulo derecho.- ¡te odio! ¡Maldito desgraciado! ¡Como te odio!...- Los coros en su cabeza decían no, que era lo correcto, y no estaba mal lo que estaba haciendo, pero ¿Quién se lo decía a la mancha oscura que era su alma? ¿Quién se lo hacía comprender al desesperado y horrible monstruo? ¿Quién le aclaraba que ella no podía ser su todo ya que no se merecía nada, ni siquiera la vida? Por lo que se levantó de la cama, con la furia del mundo resumida en su persona, odiando no poder controlarse, no tener en régimen su propia mente y cuerpo, siendo que ella dominaba todo a su alrededor, acercándose amenazante hacía ella. Fue tal la potencia que despedía su cuerpo hacia ella, que su padre la intento proteger, abriendo los ojos asustado, ya que jamás considero ver tal odio y oscuridad en la mirada de su hijo mayor, dando unos pasos hacía atrás.-…¡maldito!...-ahí estaba la bestia, al menos la sombra de esta.
-¡Edward!- llamaron al unísono su hermana y madre, por suerte, todavía Emmett seguía en la casa, que apurándose lo tomo de la cintura, temeroso de su postura, le pareció tan fuerte, incluso siendo defensa para el equipo de fútbol, fue tuvo que aplicar más presión para que Edward no siguiera.
-¡Edward, vete de aquí!- le ordeno sobrepasado por todo Carlisle, aunque no comprendió ninguna palabra, su cerebro no hacía ningún tipo de descarga eléctrica para formar algo coherente, lo notó en su rostro, el miedo, el terror de lo que él realmente era y ahora ellos vislumbraban. Bella, exhausta, ya dejaba de pelear, casi sin voz, bajo los brazos cayendo rendida lentamente. Tonto, quiso escapar, huir del dolor, no ahogarse con los sentimientos y pensamientos, por lo que giró, sin enfocarse en nadie y huyo de la habitación, pasando la mano por sus cabellos nervioso y tembloroso, saliendo de la casa. Sus veloces piernas no pudieron seguir mucho, no tenían el valor ni fuerza para alejarse de ella siendo que estaba destruida y él era el culpable; saliendo de la casa, solo logró llegar al patio a lo que cayo rendido sobre sus rodillas, y tomando su cabeza comenzó a gritar furioso y arrepentido por todo lo que ocasionó en ella, llevándola a la mutilación. Es tu culpa, hijo de puta, maricón de mierda, es tu culpa, es mía ¡dámela! ¡Hijo de puta, dámela! Con voz transformada le repudio ya inconsciente el monstruo de tanto dolor; su cuerpo comprimía sus músculos por la fuerza aplicada, ejercida desde el odio y desgracia que sentía; los brazos de alguien le rodearon, para sostenerlo y que no desintegre con la caída, masajeando su cabeza. Quiso detener su voz, por lo que cerró la boca, pero el sonido lastimero que atentaba con acabar sus cuerdas bocales, salía sin poder detenerlo.
-suéltalo, Edward…-le aconsejo dulcemente Rose, su corazón lleno de egoísmo y egocentrismo solo reconocía a sus amados, y Edward era uno de ellos; le abrazo, teniendo miedo de que se quebrara entre sus brazos, por más que la estructura de él fuese dura y formada, pero la desolación que emanaba era tan profunda y horrible que solo significaba la muerte de alguien internamente.-hiciste todo lo posible durante años, Edward…-prosiguió entre llantos, el temblor de él se detuvo mientras que Rose le obligaba a que él le mirase a la cara; el hermoso rostro de Edward, podría estremecer a cualquiera, con los ojos rojos y sus rasgos en infinita pena, por lo que Rose trago con fuerza.-no tienes que ser perfecto, hiciste lo mejor que pudiste e incluso más…-haciendo referencia a su carácter y la crianza de Bella, como desde joven siempre fue responsable y se hizo cargo de la menor de ellos.-suéltalo Edward, no esta mal no ser perfecto, no esta mal solo rendirse un poco…-y esas palabras que tenían otro significado fue lo necesario para liberar todo, haciendo que el monstruo, con una sonrisa asquerosa comenzase a sanarse clavando sus garras sobre sus sesos y Edward con la vista perdida se olvidase de la muerte y se aferrase a la vida eterna.
Su cabeza palpitó tenuemente, mientras que un dolor constante se despertaba en su frente y ojos, quiso abrir sus orbes, pero estos estaban tan pesados, hinchados y cansados; su cuerpo estaba adolorido pero con cierta vitalidad, por lo que estiró sus brazos, queriendo estirarse logrando que varias partes de su cuerpo sonasen por la rigidez anterior. Sintió como su estómago daba vueltas, queriendo vomitar, pero consiguió reprimir la sensación, cuanto también tuvo hambre; con cierto letargo, logro abrir los ojos, ajustando su vista a una lámpara a un costado prendida. Se movió un poco, y notó a un cuerpo detrás de ella, pero se dio cuenta al instante que no era él, no estaba su perfume; giró un poco un cabeza, para ver a su padre, recostado a su lado abrazándola. La mirada piadosa de Carlisle, a parte de su proximidad, le obligo a sonrojarse por lo que quiso moverse pero todo se dio vuelta a su alrededor, tirando su cabeza hacia atrás por el mareo.- ¿Cómo te sientes?- demandó Carlisle, y ella supo al instante a lo que se refería, ni siquiera el ácido podría borrar de su mente como ella reventó, permitiendo que su frustración y suplicio saliesen a la superficie. Un ligero lamento salió de su boca, jamás quiso que eso pasara, dañarlo, pero no pudo contenerlo más tiempo, él le había llevado a eso; puso sus manos sobre su rostro cubriéndose un poco más, por que la realidad le aplacaba y no ofrecía ningún tipo de relajo para aferrarse.
-lo siento…-aseguro con voz rota, porque en serio, no había mentira algún detrás de sus palabras, la pura y triste verdad, porque lastimó a Edward y eso le desgarraba a ella el corazón. Su padre se movió, pasando las manos hacia la cabeza de ella, acercándola, para besarle la frente delicadamente.
-todo estará bien, Bella…nadie esta enojado contigo.- por lo que ella lloró con más fuerza, refugiándose en los brazos de ese hombre que tanto quería y respetaba.-tu hermano no esta enojado, él te ama, como nosotros ¿lo sabes, no?...-y el cuerpo de Bella comenzó a temblar.
Tuvo que bañarse, estaba apestada de transpiración, con olor a alcohol, y el vomitó que le ensucio cuando se quiso levantarse por primera vez de la cama. Su madre y hermana habían ido a asistirla, Rose le había avisado que Jasper llamó para hablar con ella, indicando que lo único bueno de esto era que ahora sus hermanos se volvían a hablar, al menos para comunicarse noticias importantes. Por más que haya intentado no recordar no pudo, el arrepentimiento por atreverse a develar lo que su mente ocultaba, lo que quiso alejar de él para no lastimarlo, solo fluyó por su boca, a borbotones como la sangre que sale de la aorta, aunque no existiese axioma para expresar la impotencia, la marginación y como los que más amamos son los que más nos dañan; solo con 14 años, ella ya conocía la verdad más pura del universo, lo que los mayoría no descubre a lo largo de su vida, el cielo no existe, solo es una utopía, nada es perfecto, no puede serlo, sería aburrido e estresante la pura paz, la claridad máxima que solo puede cegar. Aceptaba todo lo malo de él, por más que no haya visto ni la mitad de esta parte contaminada, porque ella tampoco era perfecta, él era su cielo, con todo lo malo, lo bueno y lo horrible, él era lo que quería, pero su constante rechazo, dejando solo el odio y rencor fue lo que estallo de su interior, hiriéndolo, y eso fue lo que jamás quiso hacer ¿Cómo dañar a tan maravilloso ser y salir impune, sin castigo alguno? El desmoronamiento en esos ojos verdes fue peor que cualquier tortura y tenía que repararlo, que tenía que solucionar lo que ella había ocasionado, ya que él era el único ser que podía darle placer y dolor con su solo respiro. Eso era él y mucho más.
Se arregló un poco, se entero que durmió durante un día, ya siendo mediodía, no tuvo el valor para preguntar por él a sus padres o Rose, pero sabía que estaba en la casa, podía sentirlo cerca, esa mezcla entre peligro y excitación que levantaba los vellos de su brazo estaba ahí, indicando su presencia próxima a ella. Sus ojos ya no estaban hinchados, pero la congoja no se iba, al menos hasta que supiera que él no había sido lastimado en forma profunda, no era estúpida, él tenía que sentir algo por ella, y aunque fuese mínimo sería suficiente para apreciarlo como el mayor tesoro. Bajo lentamente la escalera, ya no le dolía la cabeza, era un ligero aturdimiento pero no suficientemente fuerte como para amedrentarla, miró hacía todos lados, le resulto raro que nadie estuviera en la cocina, pero del otro lado de la casa, alguien le llamo.- Bella…-Carlisle le indico con la mano que se acerque a la sala, donde estaba su madre sentada en uno de los sillones con una sonrisa cálida, determinando que no tenía que temer, Rose estaba cerca de la puerta, y lo busco, pero no encontró a Edward en ningún lado. Tosió con dificultad, mientras suspiro pesadamente, y fue hacia ellos, tomando un lugar cerca de su madre, su padre se mantuvo parado con la mirada rígida.
-lo siento…realmente lo siento por todo lo que hice…-soltó en penitencia, deteniendo el discurso que su padre tenía planeado en su mente; se atragantó un poco, consiguiendo junto a su rostro transfigurado en puro arrepentimiento, su madre le abrasase.- pueden castigarme hasta que cumpla los 50, me lo merezco, no debí comportarme como una malcriada…-retrocediendo en su postura de patriarca severo, papel que jamás fue adecuado para él, Carlisle, bajo un poco los hombros, sonriendo un poco.
-como te dije, no tienes de que preocuparte, nadie esta enojado contigo…-Rose levanto una ceja, era verdad que no quería que nadie maltratase a Bella, y aunque amase mucho, su parte rebelde y celosa del trato preferencial hacia la menor de ellos, acotó.
-¿Cómo que nadie esta enojado?- dio un paso hacia delante, para girar hacia Bella que tenía los ojos bien abiertos.-nada personal Bella, pero… ¿y el castigo? Cuando yo falte a clases un día, me gritaste durante una hora y me castigaste por un mes…-agitando la cabeza, su padre replico.
-en primer lugar, es la primera ofensa de tu hermana, y espero que la última ¿de acuerdo?- indico hacia Bella que asintió fervientemente.- en segundo lugar, no faltaste un día, fueron tres seguidos, solo para estar con Emmett y si mal no recuerdo, jamás te disculpaste por eso ¿o me equivoco?- quiso contradecirle, pero no encontró forma de rebatir su exposición, y agitando las manos al aire, bufando volvió hacía su lugar.- como iba diciendo…-regreso hacía la más pequeña, que no sabía que esperar.- estás castigada, durante dos meses no hay internet ni tv ¿capito?- Bella bajo la cabeza, sin intentar defenderse; pero el suspiró pesado de su padre le llamo la atención, percibiendo como él se acercó, arrodillándose frente a ella.- Cariño ¿quieres hablar de algo? Tu madre y yo estamos aquí para ti, lo sabes ¿verdad?-se giro hacia su madre, que buscaba comprenderla manteniendo una dulce sonrisa, mientras acariciaba su espalda.
-sí, lo sé…-siempre lo supo, pero los que más amamos son los primeros que reciben nuestra furia y pena, jamás podría comunicarle la causa de su dolor siendo que era la misma de su felicidad ¿Cómo poder decir lo que se siente cuando no podía ponerlo en palabras? Era gastar aliento en algo que jamás podría ser comprendido, así que prefirió separar de su mente lo mal que estaba haciendo, era para resguardarse y poder seguir conservando a su familia, ella ya sabía la respuesta, y años después la pondría en práctica, ella lo preferiría antes que a su familia, por más que en esa futura oportunidad, terminase sin ninguna de las dos partes. Esme asintió, intuyendo que ella no hablaría de los motivos de su exabrupto y opto con darle su tiempo, tenía la estúpida fe de que todo al final se arreglaría, porque todo al final del día estaría bien… ¿no es cierto? Y esa incrédula idea seguiría en su mente, hasta el día que el ángel cayó del cielo manchando su nueva mesa de vidrio con sangre, paralizando todos sus músculos y matando su mundo, mientras que el monstruo horrible, no solo fuese presentado bajo la forma de Edward, sino también en la de Carlisle.
-¿quieres comer un poco?- ofreció dulcemente, a lo que Bella negó con la cabeza, aunque tenía hambre tenía el estómago cerrado, el pavor por saber los resultados en él de lo que paso se estaba elevando en su cuerpo. Y lo sintió antes de que todos los demás se dieran cuenta, girando su cabeza hacia la entrada de sala, él estaba ahí, sin dirigir su mirada hacía ella, sino que se mantuvo enfocado en Carlisle; sus cabellos cobrizos, sin perder su desorden usual, estaba brillosos indicando que recién se había bañado. Sus ojos verdes se mantenían duros, mientras que captó, un corte en su labio y un moretón tenue sobre su pómulo; sin poder evitarlo, se paro, yendo hacía él, deteniéndose a escasos centímetros.
-lo siento…-dijo suavemente con la voz atragantada, pero él no se digno a verla, a lo que notó como apretaba la mandíbula. Se sintió tan chica a su lado, como jamás le había pasado, disminuyéndose a cada momento mientras él se expandía, no pudiendo delimitarlo, bajo los hombros un poco, reprimiendo las lágrimas, que jamás servían de nada, agachando la cabeza.-Edward….-susurro, pero él se dio vuelta, yendo hacia la entrada.
-Edward…-le reprendió su madre, mas él no desistió en su postura tomando su saco del perchero. No quiso pensar, no quiso sentir, no quiso nada porque sino se desmoronaría, y esa era su pena por lo que había dejado salir, al compartir una parte de su mente, cuando jamás daba indicios de lo que había en esta fue contraproducente. No se fijo en él, pero no le escucho moverse, pareciéndole extraño.
-¿Qué haces ahí?- la voz de él la sobresalto, no solo por lo dura, sino el hecho de que le hablase. Levanto su mirada y le vio en la puerta, esperándola.- toma tus cosas, nos vamos a casa…-sin procesar nada, no pudo evitar levantar las comisuras, en un intento de sonreír, por más que la mirada de él permaneciese dura, porque estarían juntos, y eso era lo único que ella necesitaba para seguir en esta tierra.
-¿ya se van?- pregunto su padre extrañado. No le gusto las facciones duras de su hijo mayor, pero se lo achaco a que aun estaba molesto porque Bella le había golpeado.-tu hermana tiene que comer, descansar…- Bella fue hacía la puerta tomando su abrigo, y buscando su mochila giro sobre si misma, apurada por irse, cuando notó que Edward la tenía en la mano, sonrojándose por ser tan despistada.
-ustedes ya pusieron su castigo, y en casa tiene cosas que hacer…-Bella no escuchaba nada, notándose en su anatomía que estaba más relajada, fue a saludar rápidamente a su madre, dándole un beso en la boca, esa muestra de afecto era normal entre Esme y sus hijos, por más que Jasper intentase huir de eso desde hace años. Después abrazo a su padre y saludando con la mano se despidió de Rose.- allá tampoco tendrá nada de internet y tv…
-no seas tan severo con ella…-le sugirió entre una mezcla de dulzura y amenaza Esme; Edward levanto un poco la barbilla sin contestar y abrió la puerta, saludando con la mano seguido por Bella.
-Adiós má, adiós pá…-y así los dos desaparecieron. Carlisle agito la cabeza, resignado, pasando la mano por su cara.
-a veces creo que estos chicos hacen lo que quieren…-indago a su alrededor, frunciendo el ceño.- ¿Dónde esta Rose?...
-se fue hace rato…-contesto Esme, a lo que ambos sonrieron. Mas de pronto una nube oscura les cubrió, por lo que se trasmitieron con la mirada su preocupación.-…ellos dos son su propio mundo…ellos dos….-y se detuvo, aunque la palabra estaba en la punta de su lengua, balanceándose, pero no dándose a conocer, la negligencia por no querer reconocer lo que estaba ahí, enfrente de ellos, fue la mejor bendición para la subsistencia de su frágil familia durante años.
Fue el viaje más pesado de su vida, procurando no respirar de más para no hacer ningún ruido, él como siempre no demostraba nada, solo lo duro que podía ser, manteniendo su figura rígida sin quitar su mirada de la carretera. Le lastimaba haberle herido, fue algo que jamás había si quiera pensado, pero las imposiciones, lo que adentro se acumula y ella no dejo salir de a cuenta gotas, solo manó sin coto alguno no pudiendo controlar lo que no quiso mostrar, sus secretos eran tan profundos que ni ella misma los conocía, no permitía salir lo que podía detener su corazón para siempre. Cada tanto espiaba hacia la dirección de él, y por alguna razón desconocida le pareció que estaba relajado, de una manera que jamás lo había presenciado; abrió un poco la boca, porque la fijación oral por pedir disculpas por cosas que no tenía que hacerlo seguía ahí, pero la voz no salió, ya que no sabía como sentirse, no lograba captar nada de lo que estaba dentro y fuera de ella, solo enfocada en pretender que nada había pasado y todo podía seguir como antes. El Volvo plateado se detuvo en la acera de la casa y fue ahí cuando se enteró donde estaban, al moverse le dolió ligeramente, ya que en todo momento estuvo rígida en su lugar, tan pronto como él bajo del vehículo aspiro profundamente, tomando aire que le faltaba en sus pulmones y el aroma a él estaba, mezclado con loción para después de afeitar. Torpemente descendió, y aunque quiso mantener la mirada con él que se encauzaba en ella, esperándola para entrar, no pudo luchar en contra de esos ojos verdes, profundos e incógnitos, avergonzada no solo por lo que había pasado sino también por las huellas de los golpes de ella.
Cuando él abrió la puerta de la casa dejándola pasar a ella, se apoyó instintivamente hacia un costado, probando no tocarlo y como jamás lo había sido, se movió rápidamente entrando a la casa. Detrás de ella la puerta se cerro, junto al ruido de la mochila caer al piso y de pronto, las manos de él tomaron sus brazos, mientras que se acercaba su cuerpo al de ella; estaba ahí, era sonoro, casi aturdidor subiendo el volumen a lo que el corazón de ella quería salirse de su pecho por lo veloz que latía, el rumor de batalla, con el fuerte aroma a lo feroz y hermoso. Las manos de él cubrían sus brazos, aun encima de la ropa podía percibir lo ásperas de estas y lo caliente que podía ser; Bella cerro los ojos, respirando pesadamente, casi liberando un suspiro, cuando él coloco su rostro sobre un costado de la cabeza de ella, pasando su nariz sobre sus cabellos.-...jamás quise…-anunció sin lograr concluir, cuando la mano derecha de él, fue hacía su boca sin taparla pero posando sus dedos sobre sus labios; rozo lentamente la superficie de su rostro, a lo que ella se le debilito las piernas.
-shhhhh…-susurro sobre su oído, mientras que pasaba su otro brazo sobre hacía abajo hasta llegar a su mano para entrelazar sus dedos con los de ella. Tanteo con la palma de su mano derecha su mentón, mandando esas nefastas y prometedoras descargas eléctricas; el tamaño de él, en contracte con el de ella, era cada vez más predominante y más, cuando Edward, apoyo su pecho a la espalda de ella, subiendo su rostro, besando suavemente la frente de ella. La carga del momento, no solo entusiasmado por el aliento de él sobre su piel, sino también por la intimidad en un movimiento tan simple pero dulce, hizo que ella temblara, la mano de Edward sobre su rostro, recorriendo sus contornos se le hizo agonizante, más que nada porque estaba ahí, queriendo activarse, la molestia que el día anterior le despertó, frustrándola cuando no hubo ninguna asistencia necesaria. Por lo que rememorar el martirio que siguió a ese pálpito desconcertante y potente, que solo fue la antesala al deseo, hizo que ella levantara su mano libre para ubicarla sobre la de Edward para detenerlo.
-basta…-le ordenó sin voz, a lo que él levanto su cabeza, distanciándose de ella. Había abierto cada puerta para dejarlo entrar, pero eso no significaba que él era suyo, ya que era tan grande, demasiado profundo como para comprenderlo, no le molestaba el duro camino que tuviese que hacer para llegar hasta él, ya que la recompensa era tan perfecta pero no quería sufrir si al final del camino seguía siendo rechazada, viéndose reducida a subsistir entre la basura. Ella dio unos pasos hacia delante, y aunque él intento aferrar su mano a la de ella, al fin tuvo que soltarla, girando lentamente para enfrentarlo.-…siento haberte lastimado…-comunico lentamente, yendo contra la prevención que su mismo cuerpo imponía, el porte de Edward, esos ojos verdes estaban tan oscuros, aunque había cierta sorpresa en su rostro. Era apuesto, como ningún hombre jamás podría llegar a serlo, no quería seguir llorando sin antes poder expresarlo todo, no quería perderse entre espejismos que solo dificultaban poder reconocer la verdad, y esa verdad estaba latente, destruyendo sus aspiraciones y amor, él siempre retrocedía, no tomando conciencia de las consecuencias de sus acciones, como hacían mella en ella y le consumían al eterno invierno.-…siento lo que te hice…-sonrió tristemente, mientras que sus orbes chocolates se humedecían, reprimiendo la cosquillas en su nariz que amenazaban con hacerla llorar. Se impondría, daría su opinión en algo tan importante como la relación con él, no sería una niña temerosa como siempre lo había sido, sería una mujer para que al fin comprenda que ella estaba preparada y si no lo la aceptaba al menos caminaría con la frente en alto sin esconderse por la vergüenza.-…no debí ser tan impulsiva y…
El monstruo estaba ahí, bajo esos ojos verdes y esa cabellera cobriza, procurando no atacar, para que la presa creyera que tenía la última palabra, el hambre era grande y ya nada le importaba, al igual que Edward. Pasó la mano por sus cabellos, nervioso, no solo por la distancia que ella practicaba, sino también por los celos, mientras ella estuvo durmiendo pesadamente, a consecuencia del alcohol, fue a verla y la encontró entre los brazos de Carlisle, por lo que agradeció que ella se hubiese bañado, intensificando la Fresia, no podía soportar que ella tuviera el perfume de otro hombre sobre ella, incluso si este fuese su padre, nadie jamás estableció que los celos tenían que ser lógicos. Lo conseguiste, ella dijo lo que pensaba ¿te gusto el resultado, maldito estúpido? Se mofó el monstruo, conociendo lo que esa noche pasaría, y no podía estar más contento con eso. –Bella no tienes…-intento interrumpida, pero ella se hizo la desentendida, y siguió con su argumento.
-…sé que me ves como una mocosa molesta o algo por el estilo, y no ayude nada la situación con la tontería que hice…-él abrió los ojos, sin captar donde ella quería ir con todo esto, los golpes de ella no le dolieron física, pero si las palabras, el razonamiento de ella como todos sus años de lucha al fin tuvieron su resultado y nada le hizo más daño como ella sintiéndose miserable. Confundido, frunció el ceño, dando un paso hacia delante, pero ella retrocedió al instante, dejándole paralizado; ella se enteró por sus facciones que no esperaba ese tipo de acción pero se detendría, y el alcohol ahora no estaba impulsándola darse a conocer, sino el mismo cansancio, las ganas de morir antes de seguir jugando a que tenía algo con él cuando era parte de una detestable mentira.-…pero fue cierto, odio como me haces sentir…-la voz de ella se rompió, por lo que tuvo que tragar con fuerza mientras pasaba la mano por sus ojos, limpiándolos cuando las lagrimas empezaron a caer.-…es una mierda sentir que soy tuya y tu no quieres….
-¡no digas eso!-grito exasperado, sin saber como guardarse, y el monstruo, no se hizo oír, sino que se quedando estudiando la distancia que había entre ella hasta el pasillo que llevaba a su cuarto, donde el sacrificio sería llevado esa misma noche, ya aburrido de tener que esperar, esa noche era suya, y ella al fin sería saboreada.-Eres tú, es todo para ti… todo lo que hago- estalló revoltoso, agitando la cabeza queriendo contradecirla impacientemente, Bella apretó los labios, mientras que más lágrimas caían por su rostro, indignada y adolorida de tal falacia.
-¿por mí?- se señalo en el pecho, levantando la graduación de su voz, frunciendo la boca.- ¡¿por mí, Edward? No soy una muñeca, tengo sentimientos y vives jugando conmigo…siempre lo hiciste…-la furia de él se presento, más avasalladora que nunca, no estaba dispuesto a escuchar terrible sarta de injurias hacia la verdad. Se abalanzo hacía ella, tomando sus brazos, ella se asusto un poco, no solo por su figura oscura y poderosa, sino también de las implicaciones de lo que ella misma expresaba; mas no desistiría, porque el amor no es suficiente sino hay un esfuerzo en medio, no viviría de migajas, prefería desnutrirse antes de testear tan poco del gran banquete que estaba enfrente suyo.
-maldita pendeja ¿Cómo puedes decir eso? Me desvivo por ti, desagradecida…-y el monstruo no tuvo nada que ver con esto, sino que todo vino por parte de Edward, ya que ella no sabía reconocer el esfuerzo que hacía cada día, como le costaba alejarse para no hacer lo imperdonable, para no quebrarle, por más que deseaba ver la sangre de ella sobre su piel, abrirle las piernas y penetrarla enloquecedoramente. Cada beso de ella, por más pequeño que era, le instigaba a obtener más y aun así siguió luchando ¿y le decía eso? ¿Quién mierda se pensaba que era? ¿No quererla? No existía palabra para poder abarcar lo que ella significaba, era una ciega de porquería, eso es lo que era. Sus facciones se trasformaron con odio, con la bronca, mientras sin estar atento, apretó fuertemente sus manos sobre los brazos de ella, logrando que ella frunciera su rostro de dolor pero el desafío no se iba ni disminuía.-…cada día lucho por no tocarte, ¿lo entiendes?...-gritó acercando su rostro al de ella, mientras la sacudía ligeramente, desordenando el cabello de ella que caía por sus hombros en forma de cascada.-…desde el primer día que te conozco tengo que aguardar hasta que crezcas, no tienes la más puta idea de lo que quiero hacerte, Bella ¿o la tienes?...-y la burbuja que les separaba del exterior regreso, apresándolos, mientras él seguía acercando su cuerpo al de ella, tocando ligeramente su pecho.-¿sabes lo que puedo hacerte o lo que quiero hacerte?...solo tenía que esperar a que crezcas, solo esperarte y es una jodida mierda esperarte…-ella se sonrojo, mordiéndose el labio inferior por lo que los ojos de él fueron hacia esa zona, distraído de ese espectáculo. Soltó sus brazos, para ir a tomar sus caderas, acercándola hacía él.-…solo te pido que lo entiendas…-ella cerró los ojos, hastiada de lo que su mente, su corazón y cuerpo deseaban, ya sin importarle nada sus justificaciones, porque los placeres son tantos y la vida tan corta para experimentarlos, y palpitaba, su vagina palpitaba por la proximidad de él.
Bella subió sus manos, tomando su rostro, guiándolo hacia ella, deteniéndose a unos cinco centímetros, y abrió los ojos con la resolución ya tomada, la deliberación fue tan corta y era tiempo de dictar la sentencia-Yo tengo tanto derecho como tú en pedir algo…absolutamente ninguno, sabes como se siente ¿y aun así eres capaz de hacerme pasar por esta situación, Edward? ¡Te amo y quiero más!...- le aclaro, a lo que él comenzó a respirar agitadamente, apretando los dientes. Una lágrima sola, ya que sus ojos ya estaban secos de tanto llorar, se deslizo por su mejilla.- lo quiero todo…-y acercó su rostro al de él, besándolo, sin ser dulce sino que demandando lo que siempre se le era negado, y no tuvo que esperar cuando él comenzó a responder a su llamado. Edward sacó su lengua pasándola por los labios de ella, para tomar el sabor de su boca y ella la abrió para que la asaltara sin piedad. Exploró toda su caverna, sin ser sincronizado ni seductor más que nada porque estaba desesperado por hacer lo que siempre estuvo mal y era lo más hermoso del mundo, y ella no se quedaba atrás, sino que paso sus manos hacia el cuello de él para que entrara más en ella; los dientes chocaban, mientras que Edward tomo las nalgas de ella para levantarla, siendo osada, paso sus piernas por la cintura de él para aferrarse, y podía sentirlo, el miembro duro y gordo de él, como se refregaba sobre la entrepierna de ella. Las lenguas danzaban sin seguir un paso definido, solo buscando catarse, como el mejor vino tenía que ser testeado; la respiración se condensaba mientras que se le hacía difícil seguir el ritmo violento y desbocado de él, pero no le importaba, solo seguir besando aunque sentía que se estaba asfixiando. Los dedos de él se clavaron en sus nalgas, haciendo que ella diera un ligero grito, separando su boca de la de él, a lo que Edward pudo dirigirse al cuello de ella, mientras que presuroso fue hacía el sillón de dos cuerpos de la sala para al fin dejarla ahí para que se parara y así no tenía que bajar tanto la cabeza, ya que Bella apenas le llegaba a la mitad del pecho.
A tientas puso sus pies sobre el sillón, mientras que él seguía trabajando con sus labios sobre la piel en su cuello, la temperatura aumentaba y le incitaba a hacer lo que desconocía, por lo que bajó sus manos para llegar hacia el cuello del saco de él para comenzar a deslizarlo para sacárselo. Edward se detuvo, estupefacto, y levantó su rostro para mirarla a la cara. Le fascino lo colorada que estaba, como profundizaba esa dulzura en sus rasgos y la excitación en sus orbes chocolates, captó en su expresión que ella tenía miedo de que él la detuviera, por lo que sonrió torciendo sus labios, hipnotizándola, aumentado su sonrojo y nerviosismo, quedándose quieto mientras que ella temblorosa le quitaba el saco que le cubría. Tan pronto como la prenda cayó al suelo, él subió su mano para acariciar su mejilla, haciendo que ella tiemble, suspirando relajada por conseguir tal proeza; la tersura de su piel era invitadora, tan candente y prometedora, por lo que siguió con la vista hacia el labio de ella, dirigiendo sus dedos hacia su boca.-abre la boca, Bella….-murmuro íntimamente, y ella lo hizo. El dedo gordo de él se introdujo dentro de la boca, masajeando dentro de esta, tomando la mayor cantidad de saliva, entrando de la boca siendo retirada pero sin quitarla completamente de dentro de ella; el pecho de ella se movía pesadamente, tratando de procesar el aire, cohibida ante el mandato de la mirada de él. Era la mirada de un hombre, de un hombre excitado, muchas veces la presencio en él pero ahora era más potente.-no uses tus dientes… ¿lo entiendes?- casi se pierde lo que él explico, y no lo registró hasta que su entrepierna molesto tanto obligándole a darle un significado específico a lo que se refería. Abrió los ojos pasmada, pero no desistió sino que uso su lengua, pasándola sobre la lengua, para lamerla, y él río entusiasmado y divertido. Quitó su dedo de la boca de ella, para luego llevarlo a su boca y chupó la saliva de ella.-…yo sí voy a usar mis dientes…-
Casi se le fueron las fuerzas en sus piernas ante el tono terciopelado utilizado, mientras que la promesa del infinito y la inmortalidad estaba ahí, ellos dos nacieron para no morir jamás, era algo sabido por todo el universo. El lenguaje corporal de él era seductor, cuando comenzó a quitarle el abrigo de ella, no obteniendo resistencia alguna a sus movimientos, la prenda desapareció del otro lado del sillón y las manos de Edward, fueron hacia el pecho de ella apretando por encima de la ropa sus tetas mientras que él sonrió felizmente. Bella no queriendo demostrar lo intimidada que estaba, dirigió sus labios hacía los de él, donde le encontró dispuesto tomando con sus pequeñas manos los costados de la anatomía de él; se percibía tan forzudo, desarrollado y precioso, sus manos viajaron hacia por encima de la hebilla del pantalón de él, para tratar acceder a lo que había bajo estos. Y sonrió sobre los labios de ella, nervioso por la cercanía de ella, fueron muchos años sin sexo y milenios deseando las manos de ella sobre él.
-no te apures…tenemos todo el tiempo del mundo…-le avisó sobre sus labios, dándole pequeños besos. Ella se alejó un poco, donde pudo presenciar lo agitada que estaba y el calor que bañaba sus mejillas haciéndola más hermosa.
-ya lo sé, solo que quiero tocarte…-dijo con pudor pero aun con cierta entereza, por lo que tragó con fuerza, comprendía que podía ser una situación desbordante, lo era para él y seguro que más para ella. Por lo que pasó la vista por toda la habitación, queriendo portarse comprensivo por más que no existiese nada bueno en ninguna de sus decisiones y acciones; tomó la hebilla de su pantalón, para desabrocharla y así dándole espacio, sin bajar los pantalones pero si para la mano de ella se pudiese completar su empresa. Ella se mordió el labio ligeramente aprensiva, enfocada en su zona pélvica, donde se notaba el bulto y él lo captó.
-no tienes que hacerlo…-informó suavemente, ella asintió sonriendo tenuemente, apoyando su frente sobre el pecho de él, ocultándose avergonzada. Sus manos fueron hacia el estomago de él, y podía sentir como el corazón de Edward latía tan fuertemente que no se sintió sola en esto, él lo quería tanto como ella y levantó con una mano la cintura del pantalón para luego introducir, después de un segundo de duda, su mano bajó el pantalón. Pudo palpar, por debajo del bóxer, los pelos púbicos de él, como eran duros y rasposos, pero siguió su camino, el calor de esa zona envolvía su mano y llegó hacia la base del miembro que ya estaba duro; Edward gruñó un poco por lo que ella sonrió por lograr ese efecto. Las yemas de sus dedos tocaron parte de su miembro, como la piel ese lugar era suave y rígida; se denotaba tan grande, por lo que quiso saber su extensión y mandó su mano, rodear esa península, hasta llegar a la punta. Percibió las venas y como se calentaba, casi palpitando, subió su cabeza para besar el cuello de Edward, que tenía la rostro a un costado, procurando no perderse en lo maravilloso que todos sus movimientos; los besos de ella, su mano que subía y bajaba por su miembro, estirando la piel, dándole la vitalidad requerida y exigida, comprimía todos sus músculos, mientras que la necesidad aumentaba, mandando escalofríos por toda su columna.-demonios…-tomo el rostro de Bella para volver a besarla, y como su cuerpo era más chico, tuvo que soltar su miembro para poder responder a la pedido de él. El pantalón de Edward se cayó un poco, mientras que se notaba porque el bóxer también estaba bajo, como la parte de su miembro estaba expuesto.
Bella contesto a sus besos, desesperados y profundos, mientras la lengua de Edward se metía en lo más profundo, pero no pasó desapercibido como él estaba levantando su pullover y camiseta de una sola vez, sin preámbulo alguno. Se separó un poco para quitarle por la cabeza, solo dejándola con el sostén violeta, color que representa el cambio y lo nuevo por venir; la piel blanca de ella, casi pálida se teñía con el sonrojo que se expandía por todo su cuerpo, y le gusto esa tonalidad. La guío para que se sentara y mientras lo hacía, Bella pudo apreciar lo que antes había tanteado, el miembro de él que estaba parcialmente cubierto. Era grande y grueso, oscuro tal vez por los pelos púbicos, hinchándose cada vez más, se sonrojó mientras que su mismo cuerpo aumentaba la presión dentro de ella, mandando cosquillas por la parte baja de vientre y elevando la temperatura por toda su anatomía; Edward se mantuvo parado sacándose la ropa de la parte superior de su cuerpo, dando a conocer sus marcados abdominales, ella siempre los percibió cuando dormían juntos, como su anatomía era grande y formada. El pecho de él era grande pero no de mala manera, todo en él era pura proporción, como el David de miguel ángel representaba la pura perfección; era de él, siempre lo fue y ahora podía probárselo, no dejo que las dudas le albergasen por más que estaban amenazándola a retroceder en el progreso conseguido. Era grande a comparación de ella y era más que seguro que dolería. Tragó con fuerza, cuando él quedo solo con los bóxer y pantalones; se arrodilló enfrente de ella, pasando su mano sobre la mejilla de ella, acariciándola, dándole una sonrisa para que no temiera, pero era tan hermoso ¿Cómo no tener miedo a algo tan magnifico?.
-no tengas miedo…no te dañaré ¿de acuerdo?- intento reconfortarle suavemente, Bella asintió aturdida por su propio nerviosismo y como su corazón se expandía por todo su cuerpo latiendo fuertemente. Sus orificios nasales se abría tratando de respirar adecuadamente, pero apenas podía mantener una gerencia de lo que pasaba por ella, como cada reacción era pesada y desconocida por ella. Los ojos verdes de Edward fueron hacia el pecho de ella, y dirigió sus manos hacia los breteles de sostén para bajarlos lentamente; ella se distrajó cuando él pasó su lengua por sus labios, como si estuviese por comer algo delicioso, mientras que Edward bajó el sostén, descubriendo sus pechos, hacia la mitad de estómago sin quitárselo. Era la maravilla representada con sus tetas, como esos pezones pequeños se erigían impulsados por la imponencia de la situación; mira que hermoso acotó el monstruo casi temblando por que la utopía se estaba cumpliendo, dando brincos emocionado sin poder calmarse. Levanto la mirada, buscando en ella la aprobación, y aunque era más que probable que ella no lo supiera. No había miedo en ella, aunque temblaba ligeramente; mando su rostro hacía delante, inclinándose hasta llevar su boca hacia el pecho izquierdo, para besarlo. Casi se le van los ojos para atrás, tomada desprevenida por tal hecho por lo que se apoyó completamente sobre el respaldo del sillón; la lengua de él lamió sin miramientos ni vergüenza la zona que rodeaba el pezón, delineándolo, absorbiendo las proteínas de su piel. Abrió la boca para al fin tomar el pezón, chupándolo con fuerza, consiguiendo que ella diera un grito mezclado con jadeo estirando la cabeza hacía atrás; era tan sabrosa, por lo que mamo ese pequeño y erecto pezón, su vista fue hacía ella, como se acaloraba, y sonrió ante tal espectáculo, nada podía ser tan pomposo como ella respirando agitada y excitada.
Él gruñó sobre el pezón, mordiéndolo ligeramente, adoraba masticar su piel, como la presa se entregaba para ser devorada; tomo las piernas de ella, para abrirla y acercarla hacía él, yendo hacía más adelante. Pasó hacía el otro pezón a lo que la boca de Bella se abría y cerraba sin poder decir palabra alguna, la presión en su centro, como el pálpito y la presión desde el centro de la creación aumentaba, sacándole el aire y la coherencia con la lengua de él. No sintió el ruido de su pantalón siendo abierto, solo siguió con la corriente cuando tuvo que levantarse tenuemente para permitir que, junto sus bragas, su sexo fue expuesto ante él; no era un territorio desconocido para él, pero solo lo había palpado, estimulándolo pero jamás visto. Se alejó un poco, dejándola perdida para la manzana, el pecado original, entre sus piernas, tenía algunos rizos no gruesos cubriéndolo y solo esa visión casi le obliga a acabar sin siquiera tocarse; reprimió la potencia en su pene, como demandaba ser atendido como correspondía. El monstruo se energizo al punto que no pudo detenerlo y tomó control del cuerpo de Edward, para agacharse, dirigiendo su rostro hacia la vagina de ella; siguió con una mano masajeando el pecho de ella, cuando sus labios se posaron sobre la carnosa piel. Ella tembló casi violentamente, sorprendida y estaba por tomar la cabeza de él, obligándolo a levantarse, pero el aliento y la lengua se posaron sobre esa parte de ella, y tuvo que cerrar los ojos para soportarlo. Paso su nariz por la raya que separaba sus labios, aspirando su excitación y sonrió gustoso porque tantos años de impedimentos al fin tenían su recompensa, ella estaba desnuda ante él, más pura que nunca y nada era más apremiante que eso.
Agarró sus piernas para colocarlas sobre sus hombros, y ella no puso resistencia alguna, estaba entregada a ser brutalmente amada, con su lengua abrió su camino, separando los labios superiores de ella. Estaba absolutamente mojada, el néctar que producía era tan sabroso que lo degustó como la vez anterior hace casi un año; su complexión se activada, saliendo desde su columna, invadiendo todo su cuerpo, impulsando la presión en su falo, por lo que una vez que las piernas de ella estuvieron cómodas sobre sus hombros, utilizó su mano izquierda para ayudarse a abrir los pliegues del paraíso y con la derecha, se termino de bajar su ropa, para tomar su miembro y comenzar a masajearlo al compás de las lengüetadas dadas. Su pene estaba duro, rojo e hinchado a más no poder, mientras que sintió el clítoris de ella erecto exponiéndose para ser devorado por su boca; no quito la inspección de ella, como se re retorcía bajo su boca, como su cuerpo se convulsionaba y sus manos no sabían como comportarse. Siguió lamiendo, tragando el jugo de ella, no paraba de mojarse, siendo el sabor y la humedad constante, su mano sobre su pene siguió masajeando con mayor presión ya sintiendo como se estaba apretando dentro de él, casi dolorosamente, pero en promesa de liberarse casi destructivamente. Las venas de su pene se hinchaban y se le estaba agotando el aliento, no solo impregnado por el aroma de ella sino porque sus bronquios no podían trabajar maquinalmente; era un gran esfuerzo no acabar ahí, la iluminación estaba a un paso y ella seguía gimiendo sin cesar. Entonces lo percibió, por suerte fue rápido, no podría soportarlo por mucho más tiempo, ella ya se estaba viendo en su boca, cuando apretó las piernas a los costados de su cabeza y las manos de ella fueron hacía el cabello de él, mientras todo su ser vibraba.
Dio unos manotazos más en su pene, estirando eufórico la piel sobre el glande, a lo que sus bolas se tensaron dispuestos a realizar su labor, que incluso el monstruo lo sintió por más que estuviese concentrado en como ella no podía dominar su propio cuerpo.- ¡Dios!- grito histérica ya comprimiéndose al llegar la fuerza devastadora de la naturaleza dentro de ella, y fue así que se vino en la boca de él, impulsando el él. Todas las respuestas estaban en el semen que salía manchando parte del suelo y el sillón, coaccionando todo su ser, apretando cada músculo e inventando otros para ser comprimidos, experimentando después de tal inhumano esfuerzo el puro relajo acompañados del éxtasis. El orgasmo de su boca empapo los labios de él, mientras se caía rendida, deslizando sin fuerzas una de las piernas hacia los costados de él, Edward tuvo que sostenerse del sillón para no caer rendido mientras que procuraba tomar cada gota de ella; el calor de ambos cuerpo era desbordante, haciendo que ambos estuvieran traspirados. Ya intentando tomar el aire que se le iba y no quería completarlo, besó tiernamente la vagina de ella subiendo beso a beso hacia ella, sin desatender sus pechos antes de llegar a su rostro. La encontró con unos cabellos pegados a su frente por la transpiración, queriendo establecer la compostura y cuando pudo enfocarse en él, sonrió tímidamente, sin que en ninguno momento desapareciera ese cautivador sonrojo.
-¿Cómo te sientes?- demando besando su barbilla, y no pasaba de su atención que su miembro tocaban directamente las piernas de ella, pero ignoro cualquier intento de volver a actuar, no queriendo arruinar lo hermosa que estaba. Ella siguió masajeando sus cabellos, absorbiendo la sensación de sus dedos entre esas pulcros y suaves pelos, riendo bajamente.
-mío…al fin eres mío, Edward…-susurró sin ninguna pizca de la niña que hubo hasta hace horas, esas palabras le paralizo, ya que siempre habían sido suyas, retumbando sin descanso en su cabeza y dirigió sus labios hacía los de ella, besándola profundamente. Porque MÍA, ELLA ES MÍA era la única verdad que el infinito necesitaba conocer para explotar hasta el fin de los tiempos; ya que jamás moriría, no cuando ella se abría para él, y estaba bien si eran destruidos de tal manera ¿a quien no le gustaría sufrir este tipo de agonía por toda la eternidad?
Espero que les haya gustado. Hasta el próximo capítulo.
