X

Por iniciativa

Harry no sabía qué decir.

Hermione le había contado a su amigo que ella y Ginny eran lesbianas, que habían descubierto sus verdaderas orientaciones sexuales. Sin embargo, Harry tenía objeciones que hacer, no por prejuicioso sino por saber que había algo que no cuadraba.

—¿Y no podrá ser que están despechadas por mi culpa?

—Antes era por eso, créeme. —Hermione encontraba sensata la observación de Harry por lo que no le recriminó nada—. Pero después que hicimos el amor, nos dimos cuenta que no éramos simples mujeres despechadas, sino que sentíamos algo más, algo parecido a lo que sentimos las mujeres por los hombres pero, por otra mujer. No lo entenderías.

—Por supuesto que no lo entiendo —admitió Harry humildemente—. Así como tampoco entiendo que tú, Hermione, te enamoraras de tu mejor amiga. Pero creo que si es lo mejor para ti, entonces no hay razón para que tenga que detenerte en tu relación. Pero, te quiero dar un consejo: la mayoría de las personas no son como yo. Si se enteran de esto, las tratarán de enterrar y discriminar y me apenaría mucho tener que verlas escapando una y otra vez de los magos prejuiciosos, viviendo en las sombras sin ser felices ni libres en su relación. Así que, por favr, sean discretas con lo que llevan entre ustedes. Tienes mi voto de silencio: no permitiré que su secreto salga a la luz.

—Gracias, Harry. —Hermione le dio un beso en la mejilla a modo de agradecimiento. Sin embargo, recordó algo que su amigo debía saber.

—Harry. Tienes que saber algo más.

—¿Qué? ¿Que Cho también es lesbiana?

Hermione quedó muda.

—¿Cómo lo sabes?

—¿Te sirve de algo que yo conozca a Xaero?

Su amiga castaña volvió a quedar muda. Luego, habló con voz entrecortada.

—Fue ese chico tan hermoso que me cautivó en sexto año. Sentía una atracción animal por ese hombre y dejé que me dibujara desnuda. Fue uno de mis momentos más apasionados y pensé que después me haría el amor pero, cuando abrí los ojos, ya

se había ido y nunca más lo volví a ver. Era la primera vez que veía a ese chico en Hogwarts. Lástima. Era el chico más hermoso que conocí en mi vida.

—Yo también me enamoré de ese chico —dijo Harry.

Hermione se quedó muda otra vez.

—Es porque Xaero no era hombre sino una chica. Juré mantener en secreto su identidad. Lo único que puedo comentarte era que usó poción multijugos para adquirir la apariencia de un chico, para que pensaras que era, en efecto, un hombre.

—¿Y porqué una mujer querrá dibujarme desnuda, camuflada bajo la apariencia de un hombre?

—Podría ser mero arte. Pero ese no es el problema. Cho obtuvo de alguna manera aquel dibujo pero ni me preguntes qué hace con él. La verdad es que preferiría no saberlo.

Hermione supo que Harry no tenía más que decir por lo que se levantó de su silla.

—Recuerda mi consejo.

Ella le sonrió y se fue en dirección a su clase de Transformaciones, donde seguramente Ginny la estaba esperando.

-------O-------

En la noche del dia siguiente, Hermione y Ginny tenían que cumplir con su segunda semana de castigo en los baños de los chicos. En un alarde de eficiencia, ya habían limpiado las paredes y parte del piso brillaba como nuevo. Sólo faltaban los retretes, los lavabos y parte del piso, que todavía lucía mugriento y descuidado.

Sin embargo, limpiar era la mitad del plan.

Pero esta vez, el juego sería más suave, no tan lascivo como la otra vez, ahora que el despecho ya estaba evacuando las mentes de ambas. Aunque les era difícil contenerse, trapeaban el piso y metían las manos en los apestosos retretes como si aquella fuera una labor rutinaria para ellas.

—Los chicos nunca van a aprender a orinar —observó Ginny a medida que pasaba un paño por la pared interior de una taza de baño. Olía como los mil demonios. Hermione pasaba por algo similar, cuando tuvo que pasar el trapo por una pared perdida de algo que no quiso saber qué era.

—Esto cuesta —gruñó la castaña—. No sé quien tendrá sus minutos felices en el baño pero me está haciendo el trabajo complicado.

—Sácalo con esto. —Ginny le tiró una botella llena de un gel verde que se usaba para lavar platos—. Esto puede quitar cualquier mancha.

—Gracias.

Limpiaron la mitad de los cubículos y las dos terceras partes del piso en una hora y media, lo que les dejaba como dos horas para envolverse en pasión. Ahora que el ambiente estaba un poco más higiénico, no tenían miedo de contagiarse con algún mal de chicos.

—Menos mal que traje esto —dijo Ginny, tendiendo sobre el suelo una toalla rosada, gigante, que las podía separar del frío piso del baño. Hermione aseguró la puerta con alguna cosa alargada y metálica para que nadie pudiera entrar mientras ellas hacían su otro trabajo.

—¿Ves? Te dije que habría una segunda vez.

Ginny sabía exactamente lo que significaba aquella sentencia y se emocionó mucho. Ahora ella era la que iba a tomar la iniciativa en el sexo y eso la traía muy emocionada… y excitada. Además, Snape podía llegar en cualquier momento y encontrar la puerta cerrada, lo que acarrearía graves sospechas por parte del profesor de Pociones acerca de la condición de ambas. Aquello las asustaba pero, como sucedió la semana pasada, la adrenalina era un poderoso afrodisiaco, el peligro de ser descubiertas las animaba a apasionarse más. Lo sé, suena contradictorio pero eso es lo que sucede cuando el peligro se encontraba a la vuelta de la esquina, literalmente.

En ese momento, no usaban el uniforme del colegio, sino que vestían ropas más sutiles, más comunes para no llamar tanto la atención de los chicos que las observaban juntas. Ginny temblaba de la emoción de ser la que tome la iniciativa, la que esté encima de Hermione, la que iba a hacer sentir cosas a la castaña, ya que todavía no lo sentía. Era una delicia extrema, como el sexo con un hombre pero distinto e igual de excitante. Quería que Hermione lo sintiera, deseaba que estuvieran en igualdad de condiciones en materia de sensaciones. Vaya que iba a tomar la iniciativa.

Hermione y Ginny se encontraban de rodillas sobre la toalla, que tenía el tamaño de una sábana de cama de dos plazas,

tomándose por la cintura y besándose lentamente. Sé que todavía suena chocante ver a dos mujeres que eran buenas amigas, besándose en la boca, listas para… ¡tener sexo!, sobre todo cuando aquellas dos mujeres eran Hermione y Ginny, pero eso era lo que estaba pasando en esos precisos momentos. Ya Ginny desabotonaba los jeans de su ¿amiga? Hace una semana que ya no eran meras amigas, vale la pena recordarlo. Hermione hacía lo propio con la camiseta de Ginny, ligeramente inclinada hacia atrás, como hablándole con el cuerpo, recordándole que ahora ella iba a ser la sometida. Ginny hizo un además con la mano para que Hermione se levantara y pudiera quitar de una vez aquella apretada prenda. La castaña se quedó de pie mientras la pelirroja pasaba sus labios por las piernas de Hermione, acariciando y besando sus sedosas extremidades, a medida que la que estaba siendo tocada en esos instantes, se quitó la medianamente ajustada sudadera roja que usaba y la arrojó a un lado, cuidando que no cayera en el lado sucio.

Ginny, apasionada como nunca, le quitó las pantaletas a Hermione y las tiró para que no estorbaran. Hermione, adivinando lo que deseaba su pelirroja amante se recostó sobre la toalla y se quedó de espaldas al suelo, lista para recibir algo esperado y desconocido. Era como estar a las puertas de otra dimensión. Ginny recorrió su cuerpo desde la boca hasta su vientre, levantando un poco la camiseta de Hermione.

Sobrevino lo esperado.

La castaña nunca creyó que aquel placer existiera pero ahora, que lo estaba sintiendo en toda su dimensión y realidad, alejó los imposibles de su mente. Era algo que deseaba pero que no veía con claridad pero, entre la excitación y la pasión, perdida en un laberinto de rosas bajo un cielo plateado y un sol dorado, se quiso aferrar a esa intensa pero efímera sensación de volar, de llegar al cielo mientra se dejaba tocar por aquella mujer que en un tiempo que ella ignoraba, en un momento demasiado distante para cogerlo con la memoria, era su amiga. Sin embargo, ya no era aquella sensación libidinosa que era antes, aquella volcanica explosión de la que fue testigo de excepción, aquella llamarada que envolvía a su amante. No, era un fuego que calentaba, no quemaba, no ardía descontroladamente como un incendio; era un fuego que hacía sentir a ambas en un ambiente como de primavera, como el de un cuadro colgado en una pared al calor de las brasas en un día de invierno.

Ginny también disfrutaba de una forma más apacible lo que estaba sintiendo en esos momentos. Antes de su relación con Hermione, veía las relaciones homosexuales como algo sin sentido, como si fueran incapaces de sentir lo que un hombre y una mujer sentían cuando hacían el amor pero, aquella sensación de tener todas sus piezas en su lugar, de sentirse completa y liviana, de flotar en un mar de espuma y olores fragantes, trascendía incluso el mismo género. No era como lo pintaban las películas eróticas muggles, que servían sólo para vender el sexo a las masas. El amor entre mujeres era perfectamente posible, una realidad a la que la sociedad estaba poco acostumbrada y, por lo mismo, discriminada. Era fantástico amar a una mujer, porque no caían en los tópicos en los que siempre caían los hombres, eran amantes más confiables y fieles y no tenían porqué chocar a causa de sus iguales personalidades. Era fantástico porque podían apasionarse de la misma manera en que lo hacían con un hombre pero con una dulzura que cada vez se perdía más en el género opuesto. Era como encontrar a Harry en una mujer, el único hombre que había conocido que era sensible y atento a sus emociones.

Cuando todo terminó, fue como si salieran del mismo paraíso. Su acto de amor había transformado un baño a medio limpiar en un Edén personal. Ambas desnudas sobre la toalla que las separaba del piso, se tocaban y se besaban de vez en cuando, con un pensamiento mucho más mundano: vestirse para que nadie advirtiera algo raro. Lo hicieron con parsimonía, para no sentirse apresuradas y agitadas en caso que alguien osara entrar al baño de los chicos. Dos segundos después de terminar de vestirse, Hermione arrancó la barra de metal que bloqueaba la puerta y la depositó en el mismo lugar en donde la encontró, justo en el momento en que la puerta se abría y aparecía el profesor Snape, acompañado de su fantasmagórica presencia.

—Veo que lo están haciendo bien —dijo, enarcando una ceja—. Creo que para la tercera semana estará listo para usarse. Luego, ya veré en qué puedo usarlas en su última semana de castigo.

Hermione y Ginny se quedaron de pie.

—¿Qué esperan? Lárgense de aquí antes que les prolongue el castigo un mes más.

Regocijadas, ambas abandonaron su lugar de trabajo, que al mismo tiempo fue su nido de amor y se fueron a la Sala Común,

mirándose con dulzura, con unas miradas que nadie podía adivinar, descifrar ni entender. En ese momento entendieron una cosa, trascendente y lapidaria.

Ahora sí que eran amantes.

Nota: Para qué recordar que soy hombre, porque me han confundido con una mujer muchas veces. Quiero explicitar que no escribí esto para ver a las relaciones homosexuales como prohibidas o pecaminosas, sino como algo real que está pasando y, lo que deseo transmitir es simplemente "no a la discriminación". Sólo eso.

Trataré de ponerme las pilas porque estoy trabajando en caminos y no es mucho lo que puedo escribir, pero haré un esfuerzo.

Con cariño.

Gilrasir.