— TRAICIONADO POR EL ANILLO —
10
Tras el incidente del día y que la Catedral volviera a su estado normal, todos los presentes estallaron en gritos de jubilo, pues para ellos eso significaba que su heroína volvía a ganar. Sí, se sorprendieron al ver como el sol desaparecía en un halo negro, pero todo había vuelto a la normalidad, así que no les importó demasiado... a la mayoría (y con mayoría me refiero a todos menos a Alya). No se imaginaron ni por un segundo que su heroína podría estar desfallecida y su héroe fuera de servicio, habiendo tomado su relevo un fantasma. Para ellos todo volvía a ser perfecto.
Poco a poco la gente volvió a lo suyo como si no hubiera pasado nada, como siempre hacían, aunque Alya le seguía dando vueltas y vueltas a ese halo que fundió todo en la oscuridad más absoluta por unos segundos, mientras regresaba a su hogar. Decidió tomar su móvil y marcó uno de sus números de marcación rápida, después de los de sus padres.
— Nino —nombró al chico después de que le tomara la llamada.
— ¡Hey, nena! —saludó alegre a su novia desde la otra línea— Déjame adivinar, estuviste viendo la pelea en directo, ¡yo la acabo de ver en televisión, menuda pasada!
— ¿Viste ese sospechoso halo negro?
— ¿Dices el que salió de Chat Noir? —preguntó Nino sorprendiendo a su novia— ¡Fue una pasada, me quede alucinado! Creía que solo Ladybug tenía más de un poder, pero parece que Chat Noir también tiene varios ases bajo la manga. Increíble, ¡yo siempre le creí el típico ayudante bocazas! Hay que ver lo calladito que se lo tenía.
Alya pareció recuperar al fin el habla.
— Espera, rebobina, ¡¿dices que la oscuridad repentina fue cosa de Chat Noir?! —así que nuevo look, nueva personalidad... ¿y también nuevos poderes?
— ¡Sí! Lo estuvieron televisado desde un helicóptero de las noticias, Chat tenía esas raras cuchillas flotantes... pero no las usó en ningún momento en su combate contra Volpina hasta que apareció Ladybug. Ella no hacía más que invocar un montón de armas, pero aun así él la enfrentó con las manos desnudas, ¡y logró vencerla! ¿Te lo puedes creer? ¡Chat Noir ganándole a un akuma, aun cuando está en obvia desventaja! ¡Chat Noir! ¡En condiciones normales no habría apostado por él ni aunque tuviera una pistola en la sien!
No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que Nino estaba acelerado por lo que acababa de presenciar... y que el gato negro de París se había ganado un nuevo fan.
— Nino... —le interrumpió la chica, habría exclamado su nombre para que se centrara, pero Alya entre sorprendida y maravillada por lo que escuchaba.
— ¡Ah, sí, la oscuridad! —el chico recordó porque se había iniciado esa conversación— Pues sí, resulta que después de que Ladybug llegase a lo alto de la Catedral y se desmayase...
— ¡¿QUÉ?! —chilló su novia, obviamente preocupada por su heroína.
— Dejame terminar, que esto tiene final feliz —dijo Nino para después reírse él solo de su propia ocurrencia—. Pues después de la apareción de Ladybug y que quedase fuera de servicio, Chat Noir se puso entre ambas, gritó algo que no pude escuchar, pero verle me recordó al Lucky Charm de Ladybug, solo que en vez de que apareciera algo para combatir a Volpina, empezó a salir humo negro de las cuchillas flotantes y cegó por completo la cámara del helicóptero de las noticias, supongo que es el mismo halo negro que tú dices. ¡Como sea! Cuando por fin se pudo volver a ver algo Lila había vuelto a ser ella misma, así que, aun sin intervención de Ladybug, ¡final feliz!
— ¿Y Ladybug? —Alya seguía preocupada.
— Aun desmayada cuando Chat la cargó al estilo novia —seguro que esa escenita se hacía viral entre sus shippers— y se la llevó lejos de ahí. Pero justo después su cura milagrosa reconstruyó la Catedral, así que supongo que se encuentra bien.
Alya recargó su espalda en la pared de un edificio, procesando todo lo que Nino acababa de decirle.
— Esto no me gusta... —comentó para si misma.
— ¿Por qué? —el sonido de la voz de su novio la sobresaltó un momento, estaba tan abstraída que había olvidado de colgar— A lo mejor Chat guarda sus poderes para usarlos solo cuando Ladybug no puede luchar... Desde luego el efecto sorpresa lo consiguió.
Alya negó apenada con la cabeza, a pesar de que sabía que Nino no podía verla.
— No, no es solo eso, antes de la batalla me encontré con Chat Noir cara a cara. Esta distinto a cuando estuvimos con él en persona las veces que estuvo el instituto para combatir a Horrificator y a Reflekta. Definitivamente, no es el mismo.
— ¿Y qué sugieres? Digievolución —opinó Nino de forma sarcástica, dejando entre líneas lo que opinaba sobre las sospechas de su novia, aun recordaba muy bien el error que la llevó a convertirse en Lady WiFi, seguro que a Chat Noir no le ocurría nada, al menos eso es lo que él creía.
Lejos de sentirse ofendida, Alya rodó los ojos con fastidio.
— Jaja, muy gracioso, en serio —bufo, entonces, dentro de su molestia, recordó algo...—. Oye Nino, ¿todavia conservas el corto de Horrificator, más allá de la pequeña parte cortada que me mandaste para el Ladyblog?
Esta vez fue el turno de Nino para bufar fastidiado.
— ¿Ese que el alcalde dijo que era bazofia? Sí.
— ¿Tienes bastantes primeros planos de Ladybug y Chat Noir en ese corto?
— ¿Y cómo crees? —sonaba casi ofendido— ¡Por supuesto que si, son los héroes de mi película! Y esas tomas son, reitero, oro puro. El alcalde no tiene gusto.
En el rostro de Alya se dibujo una sonrisa astuta que no auguraba nada bueno.
— Perfecto, vas a tener que dejárme una copia. Estoy cerca de tu casa, llegare en unos cinco minutos. Tenlo preparado.
— Ya... Respecto a eso, mejor que no, mis padres no están en casa y los vecinos siempre se hacen ideas equivocadas, así que mejor que no... —dijo tratando de que colase.
— Cinco minutos, Nino —reitero ella con una voz que no admitía reproche.
— Sí, señora —se apuró a contestar desde el otro lado de la línea, poniéndose instintivamente tenso. A veces su novia daba miedo cuando se le metía algo en la cabeza.
Nino colgó y suspiró hastiado.
Tendría que apurarse y limpiar el desastre que había dejado en el salón regando algún al cosas por el suelo con la emoción de la pelea, además de ponerse algo que no parecía que le habían caído un montón de palomitas grasosas encima. Y él que esperaba no recibir visitas.
Mientras, en el mismo parque en el que había aparecido Volpina tiempo antes, un prestigioso fotógrafo por fin se permitió calmarse y volver a su puesto de trabajo. Solo entonces se dio cuenta de que faltaba alguien.
Cuando la villana había hecho su aparición, el hombre, como todo el mundo, había echado a correr poniendo pies en polvorosa y dejándolo todo atrás, incluso al chico al que le estaba haciendo la sesión fotográfica para la revista en la que trabajaba. Adrien Agreste no había vuelto. Otros fotógrafos le habían asegurado que el chico siempre volvía después de que el peligro hubiera pasado, si es que se daba el ataque de un akuma, así que permitió despreocuparse de él.
Pero no había vuelto. Le había estado esperando para que saliera de donde fuera que se había escondido (también le habían dicho que se escondía bastante bien) un tiempo, pero no había vuelto.
Cundió el pánico dentro del hombre. ¡El ungenito de Monsieur Agreste había estado, prácticamente, a su cargo! Y ahora no estaba. Le iba a caer una buena. Aun así, dio la voz de alarma, solo para encontrarse con que el guardaespaldas del chico tampoco estaba. Seguramente había salido a buscarlo mucho antes que él, teniendo en cuenta la tendencia que el rubio tenía de escaparse.
No cabía duda, como el joven no apareciera pronto, Gabriel Agreste iba a arrancarle la piel personalmente y a hacer que sus costureras trabajaran con ella.
Gorila nunca lo admitiría en voz alta... de hecho, no hacía nada en voz alta, pero ya le estaba empezando a hartar el mocoso de su jefe y sus fugas sorpresa. No le culpaba, él también fue un adolescente y si tuviera un padre tan axfisiante como Agreste, más parecido a Madre Gothel tratando de encerrar a Rapunzel en la torre sin que pudiera tener contacto con el exterior, también habría huido en cuanto se presentara la oportunidad, adtemas de que últimamente le había notado más incómodo alrededor de su padre que de costumbre. Pero había momentos y momentos, desde luego desaparecer justo después de un ataque akuma no era bueno.
Busco por todas las inmediaciones, preguntando por él, sobretodo a las chicas jóvenes, que seguro no habrían pasado por alto su presencia, pero nadie le había visto. Lo que quería decir... Joder, que no fuera eso.
Recordó una vez en la que un maleante armado interceptó la limusina, con obvias intenciones de secuestrar a Adrien. Antes de que pudiera hacer nada, dicho delincuente ya estaba gimiendo de dolor en el suelo. Adrien de alguna forma había logrado librarse de su agarre y estamparlo contra el suelo, con pistola y todo, en un tiempo récord, el chico ni siquiera había estado asustado. Fue solo después de denunciar al tipo a la policía que el rubio se dio cuenta de que Gorila le miraba entre sorprendido y admirado, casi con la boca abierta, no se había esperado que el niño de papá pudiera hacer eso (¿dónde demonios había aprendido a hacer eso? En clases de esgrima lo dudaba mucho) y se permitió sonrojarse en vergüenza.
"Si papá pregunta, me protegiste tú, ¿okey?" —y aun por encima le había pedido, casi suplicado, que no le dijera nada a su padre sobre las habilidades de lucha que ahora solo él sabía que el chico tenía.
Para él tanto mejor que el jefe no se enterara, no quería perder el empleo y además ahora sabía que Adrien podía defenderse solo si la situación lo requería. Pero una cosa era un humano corriente y otra cosa era estar solo frente a un akuma...
Se puso en contacto con Nathalie. Él solo no podría con esto.
Gabriel estaba cabreado en su despacho. Muy cabreado. No solo esta vez había perdido a manos de su hijo, si no que faltaba el libro de los héroes en su caja fuerte. ¿Quién demonios...?
— ¡Señor! —le llamó la atención Nathalie— Adrien no está en su sesión de fotos.
Ah, claro.
Pulsó el botón para hablar con su secretaria.
— Dejelo —fue solo esa palabra. Firme, concisa y clara.
Desde que sabía que Adrien era Chat ya no se preocupaba tanto por donde estaba y lo que hacía cuando nadie sabía su paradero. ¿Respuesta? Estaba limpiando las calles de París de maleantes disfrazado de gato. En estos momentos seguramente velando por "su Lady". Tuvo que controlar una arcada.
— ¡Pero, señor! —Nathalie estaba preocupada por Adrien, se notaba, y también estaba sorprendida de que su jefe no se preocupara por eso— Hace nada tuvo lugar un ataque akuma. Pudieron tomarle de rehén, podría estar herido en alguna parte...
— O podría no ser nada —él la cortó, incluso aunque no supiera la verdad, no se había preocupado, por supuesto que no habría dejado que ninguno de sus akumas dañara a su hijo—. Ladybug y Chat Noir no dejarían que le pasase eso a nadie. Dejelo, llegara tarde o temprano, entonces le esperara una buena reprimenda por dejar su puesto.
— ...Sí, señor Agreste —y cortó la comunicación. Nathalie estaba compungida a pesar de todo, preocupada.
No dejo de pensar en Adrien en todo el día.
Gabriel tampoco dejo de pensar en su hijo. Anteriormente habría montado en cólera, ahora... Estaba el Unlucky Sin, además de que... Faltaba el Libro de los Héroes, su hijo era un héroe y caía de cajón que tenía un kwami que, como Nuuru, atravesaba paredes... y cajas fuertes. Las alarmas de la mansión no habían saltado en ningún momento, por lo que alguíen de dentro tenía el Libro: Adrien y ese tal "Plagg".
Perfecto, simplemente perfecto. No quería que Adrien supiera que él era Hawk Moth, no de momento, así que ¿cómo le explicaba que él, un "simple civil", tenía en su poder información milenaria de los Miraculous? No le quedaba otra opción, salvo... su mirada se posó en la foto que tenía en su despacho de su difunta esposa. La acarició débilmente.
"Ya sé que te prometí que él nunca lo sabría —pensó—, pero ha terminado teniendo un Miraculous en su poder de todas formas"
En cuanto Adrien volviera a casa, sabría que su madre tambien fue una superheroína... y lo mal que acabó por ello.
