Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling, solo tomo parte de ello por diversión, sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.

Advertencia: la presente viñeta puede insinuar detalles que no siguen el canon ya que está ligada a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.

La presente viñeta participa en "¡Te reto! Sí, a ti. Escritor de fanfics", de TanitbenNajash.


J de Jones.

En honor a la verdad, Megan sabía que lo que sentía no era normal.

Susan la sermoneaba por aquello cada vez que tocaban el tema. Megan podía ser testaruda, pero no idiota. Sabía perfectamente que sus sentimientos no seguían la menor lógica; sin embargo, allí estaban, acelerando su corazón con cualquier provocación.

Aunque bien mirado, no debía preocuparse por ello en esos días.

Era un curso difícil de por sí, con los TIMO'S siendo nombrados en cada clase y las cosas tan horribles que sucedían sin que el Ministerio las reconociera. Echaba de menos a Sally–Anne, pero no había vuelto al colegio por orden de su padre, así que debía conformarse con las cartas que podía enviarle de vez en cuando. Para acabar, esa nefasta Umbridge hacía que se preguntara si no debía salir corriendo, tal como Eloise sugiriera semanas atrás.

Una noche, Megan vio a Hannah charlando con Ernie en un par de butacas lejos de la chimenea. Eso de entrada era inusual, pues a Hannah no le gustaban esos rincones de la sala común. La sospecha de Megan fue en aumento cuando Susan se les unió: la joven Bones se hartaba de Ernie con facilidad y allí estaba, escuchando atentamente lo que él decía, para luego acabar asintiendo y retirándose con una leve sonrisa.

—Raro, ¿no? —comentó Justin a la derecha de Megan, sonriendo de lado.

—Sí, lo sé. ¿Tienes alguna idea?

—No, aunque más raro fue lo de esta mañana: Granger se acercó a hablar con Ernie y Hannah. Pensé que era cosa de prefectos, ¡pero luego Zacharias llamó a Granger! ¿Qué tal?

Ante aquello, Megan usó todo su intelecto en intentar hallar una explicación, pero no parecía haberla. Zacharias Smith, admitía, era poco apreciado por los de su casa cuando mostraba su faceta altanera (la cual, según había oído, era herencia de su padre), pero por lo general el muchacho prefería andar por su cuenta o con Wayne. ¿A qué vendría eso? Quiso preguntarle a Justin, pero él se había retirado sin que se diera cuenta.

No fue sino hasta semanas después, poco antes de las vacaciones de Navidad, que tuvo alguna pista. Increíblemente se lo dijo Zacharias una tarde, en la sala común, cuando la halló sentada a una mesa de trabajo, escribiendo una carta.

—¿Es para Sally? —inquirió él, tras saludar y ocupar una silla a su lado.

—Sí, ¿cómo supiste?

—Está llena de esas manchas que parecen caras.

—¡Son caras!

Zacharias se encogió de hombros, aunque una ligera sonrisa se asomaba a sus labios.

—Lo que digas. ¿Crees que te conteste? No se sabe de ella desde octubre.

—Está muy ocupada, su madre se empeña en que estudie casi todo el día. ¿Y cómo sabes que no escribe desde octubre? ¿Te lo ha dicho Eloise?

—No, le he escrito yo.

Por unos minutos, el silencio envolvió a ambos de manera cálida, o quizá fue debido al abundante fuego de la chimenea. Como fuera, Megan lo dejó pasar, centrada en terminar la carta que enviaría al día siguiente, pero por dentro se sentía como uno de los troncos que se consumían unos metros más allá, chamuscado y agrietado, que pronto no sería más que cenizas que no tendrían forma alguna.

Lo dicho, sus sentimientos no seguían ninguna lógica, pero tampoco la dejaban en paz. Ella sospechaba, desde hacía tiempo, que Zacharias se había fijado en Sally–Anne; sin embargo, ésta no se daba cuenta de nada. ¿Acaso lo haría precisamente ahora, cuando solo convivía con el chico a través de palabras escritas?

—Sally–Anne no te ha mencionado —comentó Megan, fingiendo que en realidad no le importaba el tema.

—Le escribí al principio del curso. Cuando empezamos las espantosas clases con Umbridge. Además… ¿Sabes lo que ha estado haciendo Susan últimamente?

—¿Cuándo, las noches que no podemos quedar para hacer deberes? Le pregunté, pero me dijo que prometió no contárselo a nadie, así que ya no quise saber.

—¿En serio ya no te interesa?

—Ahora vas a decirme que tú sabes algo, Zach.

—¡No me llames así! Y sí, sé algo. ¿Quieres que te diga o no?

—No sé, ¿me conviene?

—Creo que sí. Wayne me contó que admiras mucho a tu tía Hestia.

—¿Eso qué tiene que ver?

Zacharías volvió a sonreír de medio lado, de forma muy tenue, lo cual fue para Megan la confirmación de que su corazón podría no tener lógica, pero tampoco era idiota.

Ojalá lo que estaba por oír la acercara más a Zacharias. No se paró a pensar que quizá Susan fuera a regañarla por hacerse falsas ilusiones. Era mejor eso a nada.

Estaba cansada de estar tan enamorada y no ser correspondida.

–&–

Bienvenidos sean a esta letra, que siendo sincera, a mí me trae algo de nostalgia.

En esta ocasión me he decidido por Megan Jones, al menos mi versión de ella. Es uno de esos personajes que JK solo nombró, pero que no hizo ninguna aparición en los libros: una chica de Hufflepuff del curso de Harry y compañía que, en mi canon mental, es pariente de Hestia Jones, integrante de la Orden del Fénix, a quien por cierto, Megan admira.

La presente viñeta, sin embargo, explora los sentimientos de Megan, que en su quinto curso, le resultan más claros que el agua, lo mismo que muy problemáticos. He colado unas cuantas menciones a otros miembros de Hufflepuff conocidos y no tan conocidos, aunque seguramente lo que a muchos les da nervio es que Zacharias Smith no se comporte como un completo idiota. Qué quieren, en mi canon mental hay cierta parte de Zacharias que compensa sus tonterías, aunque en esta ocasión no se note.

Esperando que les gustara mi Megan, me despido. Cuídense y nos leemos a la próxima.